02 diciembre 2010

Mario Monicelli: Arrivederci Maestro!!!


Foto: AFP


El cineasta Mario Monicelli, un grande entre los grandes, se despidió del mundo dejando huérfana a la comedia italiana con un salto al vacío que, lejos de sepultarlo en las sombras, lo lleva en brazos a la eternidad.

Tenía 95 años y padecía un cáncer de próstata. Estaba internado en un hospital de Roma y eligió la forma de su propia muerte como "un acto extremo de libertad, de anticonformismo". Así lo ven sus amigos, los actores y actrices que trabajaron con él, como Stefania Sandrelli y sus familiares más entrañables.

La muerte, afirmaba con un sesgo irónico no exento de humanidad, es una fuente sublimo de lo cómico. Era su forma de burlarse de algo inevitable, terrestre, con frecuencia saturado de excesiva solemnidad.

Dejó tras sí un ramillete fragante de películas en las que hizo un retrato de la Italia crítico, mordaz, teñido con ráfagas de amargura, conforme con su credo de que la comedia debe ser filosa como el escalpelo de un cirujano, "perversa e incluso sin piedad".

En Cuba en tiempos todavía recientes, se organizó un ciclo con algunas de sus cintas memorables a cuya presentación prometió venir. Al final, su médico no autorizó el viaje. Ya transitaba por la etapa final de su enfermedad.

Acaso le quedara la nostalgia de la isla en lontananza, esa nostalgia de lo no conocido, de la fascinación que siempre rodea a todo viaje, en que lo vislumbrado se torna misterioso y a la vez, por extraña paradoja, palpable, real.


Gassmam y Mastroianni en "Ne I Soliti Ignoti"


Italia entera llora su muerte, el fin de una vida que también cierra una época de oro de la filmografía de ese país.

A sus órdenes trabajaron actores sobresalientes, artífices junto a él de la alta comedia, como Vittorio Gassman y Marcelo Mastroianni, quien lo define en sus memorias como una figura clave en los inicios de su carrera.

Con el filmó "Vida de perros", rememora, y "un episodio hermosísimo de Padres e hijos (...), había sin duda una melancolía profundísima en aquel episodio que resultó sin duda el más hermoso de la película".

También Rufufu (Il soliti ignoti) y una obra maestra, Los camaradas (Il compagni),la historia de los primeros intentos de huelga en la región del Piamonte, "guiados por un socialista idealista (...), una película hermosísima, tan creíble que parece un documento de la época, las postrimerías del siglo XIX".

Considerado por la crítica un heredero del neorrealismo y la commedia dell arte, se reia de las miserias humanas con el mismo fondo de compasión y tristeza que alienta en el humor maestro de Chaplin.

Monicelli permanece en la materia viva de sus películas, que siguen siendo actuales, hablando al hombre y la mujer de hoy día con el lenguaje imperecedero, universal, del arte.

Anubis Galardy

Fuente: PL





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