31 agosto 2008

El "Pepe" Sasía






Jorge Pasculli

Periodista



Vivió siempre de una única manera: siendo fiel a sus principios, convicciones. Un justiciero innato, orejano, cascarrabia, pendenciero con los más poderosos, cualesquiera fueran éstos. Dentro o fuera de la cancha. Devolviendo naranjazos en el estadio de Puerto Sajonia, en Paraguay, cuando no había tele, ni relatores con trajes italianos. En ese estadio el Pepe hacía jueguito con las naranjas, luego chupó una y después las devolvió a la tribuna enardecida por el coraje inconsciente de los uruguayos. No se vanagloriaba de esas historias. Más bien como que les daba vergüenza. Veinticinco años después, siendo técnico de Olimpia, en ese mismo estadio, aguantó a pie firme la prepotencia impune del yerno de Stroessner, Osvaldo Domínguez Dibb y sus guardaespaldas armados.


El Pepe nació un 27 de diciembre de 1933. Se crió en Aires Puros y amasó la guinda en la cancha del Ipiranga, donde no había alambrado, ni guardia policial, ni 222. Casi siendo un gurí debutó en Defensor y con la celeste. Apenas un muchachito encabezó la delantera de Boca y en 1961 encabezó años gloriosos con Peñarol. Se cansó de hacer goles importantes, como contra Palmeiras en el 61 acá y allá rompiendo la red. O como contra Benfica, allá y acá, logrando el primer titulo intercontinental. Fue leyenda en América. Pelé habla de cuatro o cinco jugadores, uno de ellos, el Pepe. Pero él nunca se quedó quieto. En Peñarol aconsejaba a los más jóvenes a la hora de los contratos. Eso no gustaba a la dirigencia. Peleaba los premios, el pago de los salarios. En aquella época el tema laboral de los futbolistas era muy sui generis. Pero el Pepe fue dirigente primero y luego presidente de la Mutual. Y peleó como en el barrio, como en Puerto Sajonia, por los jugadores más necesitados. Y eso no gustaba.


En 1965 se juega la final de América entre Peñarol e Independiente en Buenos Aires. Ya había televisión.


Corner para Peñarol. Sasía se acerca a Santoro, se agacha, de repente el arquero se agarra la cara. El juez peruano Yamasaki expulsa al Pepe. Esta vez lo habían visto tirarle tierra en la cara. Se estaba terminando el fútbol donde jugar de visitante era ir a una guerra y donde valía defenderse como se pudiera. La televisación se hacía cada vez más frecuente.


Lo estaban esperando. La "inconducta" tantas veces festejada esta vez fue la excusa para sacarse de encima a un líder sindical innato.


Se la comió callado. Se fue a jugar a Rosario Central, donde fue ídolo total.


Los cuentos de Menotti sobre el Pepe son impagables.


Luego se vino, anduvo por Racing, volvió a su querido Defensor, y hasta jugó seis meses en Nacional. Pero no quiso seguir porque era manya y su hijo más. Pero también de esa época el "Mudo" Montero Castillo habla con admiración y respeto del Pepe.




Luego se dedicó a la dirección técnica. Con el Arys en Grecia llegó a la final de la Eurocopa. Dirigió por todos lados. Siempre igual, bajo perfil, orejano, de pocas palabras frente a quienes no respetaba.

Tuve el privilegio de conocerlo por dos causas en común. Eramos hinchas fundadores de Falta y Resto y siempre nos veíamos siguiéndola por cada tablado. Con el Flaco Raúl un día nos sacamos el gustazo de hacerle un largo reportaje para Orsai, un semanario de humor deportivo que sacábamos por el 83. Era tan humilde el Pepe que minimizaba todo lo que tenía que ver con él.

Y para mí fue un honor integrar el Comité Frenteamplista del Deporte en 1984 ­que nos llenaba de orgullo a todos los que participábamos­ y que él lo presidiera. No eran muchos los que se animaban. Porque el fútbol casi siempre estuvo gobernado por gente de derecha, o muchos militares en la época de la dictadura, y a la gente le daba miedo quemarse porque después nadie te daba trabajo. Pero al Pepe eso nunca le importó. Siempre fue al frente. Me acuerdo cuando se presentó el Comité en plena campaña. Se hizo un partido en el Platense y el Pepe encabezó otra vez la fila como capitán vistiendo la tricolor. Fue un fenómeno en todo sentido. Siempre solidario. De una, espontáneo, natural, como respirar.

Por eso, al cumplirse doce años de su muerte, quería que lo recordásemos porque fue uno de esos tipos bien uruguayos, bien nuestro. Uno de esos que ya no salen. Por eso, era muy justo recordarlo, ya que ayer se jugó en Venezuela para obtener fondos para hacer casas para ex futbolistas que necesiten, en una causa muy noble de la Mutual. Causas como las que abrazó siempre el Pepe para defender a su querida Mutual.

La vida del Pepe debería ser materia obligatoria no sólo para los que quieren ser directores técnicos, o futbolistas, o deportistas, o dirigentes, o periodistas, o liceales, o simplemente para todos. Si el Pepe viera hoy muchas cosas que pasan en el fútbol le daría mucha vergüenza.

El Pepe es uno de los nuestros. Es uno del que tenemos mucho para aprender. De sus virtudes, sus actitudes, su coraje, su solidaridad. Y también de "mis errores", como decía él. Por suerte nuestro país tiene vidas muy intensas a las que habría que estudiar. Para aprender de sus experiencias de vida, valores que no deberían pasar de moda y que podrían ayudar a los jóvenes a encontrar caminos propios y saludables, en un mundo que, cada vez más, se les presenta tentadoramente diabólico.

Fuente: La República









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