Mostrando las entradas con la etiqueta Sudáfrica. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Sudáfrica. Mostrar todas las entradas

22 diciembre 2010

Despidiendo a Mandela


Ilustración: J.R.Baker


Nelson Mandela posee, por lo menos en Sudáfrica, el don de la ubicuidad.

Se lo encuentra en canciones infantiles, en avisos publicitarios, en discursos oficiales y conversaciones informales, en boca de policías y pobladores y banqueros, donde uno coloca la mirada o aguza el oído, el rostro y remembranza sonriente de Madiba (el nombre de clan con que todos lo llaman) incita a sus compatriotas a la emulación incesante.

Una resonancia tan categórica es comprensible. Mandela encarna, para los sudafricanos como para el resto del mundo, la derrota del apartheid y la milagrosa transición a la democracia en una tierra que avanzaba inexorablemente hacia una sangrienta guerra civil. Liberado de un cautiverio que duró veintisiete años despiadados, utilizó su aureola legendaria como el preso político más famoso del planeta para extender una mano de amistad y reconciliación a sus carceleros en vez de predicar la venganza. El prestigio de Mandela se acrecentó aún más cuando, siendo el primer presidente elegido libremente en la historia de su país, rehusó perpetuarse en el poder como es habitual para mandatarios en ese continente.

Yo también he participado en esta idolatría. Yo también lo considero uno de los pocos gigantes morales de que disponemos en nuestra época avara y mezquina.

A pesar de esta admiración, cuando visité Sudáfrica por primera vez en 1997, me inquietó que Mandela fuera la única figura simbólica en torno de la cual podían comulgar todos los sectores, ricos y pobres, gente de derecha y de izquierda, blancos y negros y un arco iris de otras tonalidades de piel. Retornando este año para dar la conferencia que se dicta en su honor, descubrí que esta reverencia por un héroe de carne y hueso se había convertido en algo aún más exaltado: se lo trata hoy, en 2010, como si fuera un santo. Aunque es cierto que Mandela fue indispensable para instaurar un gobierno más justo en su país y cierto también que sigue siendo el pegalotodo que aglutina y hermana las facciones de una nación turbulenta y dividida, consideré que tal culto era peligroso, colocando sobre sus hombros una carga de responsabilidad imposible de sobrellevar e impidiendo a su pueblo discutir seriamente cómo vivir en un mundo donde ya no contaremos con su presencia.

Resulta que nada menos que Mandela mismo comparte mi recelo. En la página final de su nuevo libro, Conversaciones conmigo mismo –sin duda el último que este anciano de noventaidós años publicará bajo su nombre–, ése viene a ser su mensaje postrero: “Algo que me preocupaba profundamente en la prisión era la falsa imagen que involuntariamente proyectaba al mundo exterior: de que se me viera como un santo”. Y concluye: “Nunca fui nada parecido, aun sobre la base de la definición terráquea de que un santo es un pecador que siempre sigue tratando de superarse”.

Con la esperanza, por lo tanto, de moldear un legado que dentro de poco no podrá defender en persona, Madiba busca contar la historia de su vida desde una perspectiva diferente de la que conocíamos en sus consagradas memorias, Largo camino a la libertad, publicadas en 1994. Para que sus lectores tuvieran la oportunidad de encontrarse con un Mandela abierto y asequible, autorizó a un equipo de investigadores a cosechar del mar casi infinito de su archivo un autorretrato más frágil y profano.




No me sorprende que tal misión tardara seis años en llevarse a cabo. Pude inspeccionar en Johannesburgo esos materiales masivos que contienen los residuos de la vida de Mandela durante mi reciente visita a la fundación que lleva su nombre. Para penetrar en ese santuario, uno debe primero descender una amplia escalera en espiral hasta un piso subterráneo, enseguida pasar por una serie de oficinas con grandes ventanales de vidrio y finalmente detenerse ante una puerta de doble llave, detrás de la cual espera una vasta colección de recuerdos: las fotos iniciales de la juventud de Madiba, sus cédulas de identidad y pasaportes verdaderos y fraudulentos, los diarios de vida y calendarios escuetos y los manuscritos clandestinos sacados de contrabando de Robben Island, además de un acopio de notas de todo tipo y tamaño.

Si bien sólo unas gotas destellantes de este caudal pudieron recogerse en Conversaciones conmigo mismo, los lectores tenemos la sensación íntima de estar recorriendo ese archivo, saboreando sus prohibidas delicias, escuchando en forma casi indiscreta los pensamientos y emociones más latentes de Mandela, a sólo unos pasos y redobles de su mero corazón, especialmente cuando se nos permite asomarnos a las transcripciones de conversaciones que sostuvo con sus más cercanos colaboradores. Ahí llegamos a congeniar con un icono que se ríe, que vacila y carraspea, que adora los chismes, que acepta sus equivocaciones o insiste en que tiene razón, corremos el velo sobre un hombre que lamenta haberse olvidado de un viejo amigo, sugiere que le gustaría averiguar el paradero de un guardia que alguna vez se portó bien con los presos.

Todavía más reveladores son los extractos de la correspondencia que se salvó de las décadas en Robben Island, escrita con una dignidad feroz y conmovedora. Es casi como si, en sus horas más oscuras, aun cuando no había esperanza de que se lo liberara, incluso el día en que recibió la noticia de la muerte de su hijo o el funeral de su madre, aun cuando borroneaba palabras que sabía nunca llegarían a su destino, aun en esos momentos, especialmente en esos momentos, estaba imaginando un mañana donde cada una de sus expresiones tendría un significado ulterior, cada una meticulosamente examinada, no por cancerberos, sino por una multitud de habitantes de su patria y del mundo entero.

Hay un aspecto aún más notable de estas cartas desde el presidio. Mientras las hojeamos, podemos adivinar de qué modo astuto Mandela tomó en cuenta la vigilancia de los censores que escudriñaron y obstruyeron su correo. También les está escribiendo subrepticiamente a ellos: casi se puede discernir su certeza de que él es capaz de turbar a esos guardianes con palabras que evidencian la crueldad absurda con que tratan a los reclusos, la confianza de que esos centinelas pueden ser educados. Aunque, de hecho, también se está educando a sí mismo, preparándose para la tarea de sobrepasar el abismo racial y la división de clases sociales que amenazaba con destruir a Sudáfrica.

Tal vez por eso encuentra tan alienante y desacertado que se lo considere un santo. No fue debido a su separación de sus semejantes, su lejanía de la maldad, su distancia de los desalientos de una humanidad vulnerable, que pudo prevalecer. Por el contrario, fue zambulléndose en lo que era negativo en su propio interior y en el doliente mundo que lo rodeaba, fue así que pudo transformarse en el hombre que terminó siendo Nelson Mandela. ¿Cómo llevar a cabo esta hazaña? Hay una palabra suya que retorna una y otra vez: integridad. Su propia integridad y su convicción de que esa entereza existe en todos los seres humanos, por mucho que esté escondida bajo una costra de miedo e intolerancia. La fe de Mandela de que si se apela a los mejores instintos de hombres y mujeres, ellos sabrán, en definitiva, responder. Pero sólo lo podrán hacer si comprenden que quien les exige una mejor humanidad compartida no ha traicionado los valores más generosos de la especie, el deseo de un mundo más justo y compasivo, sólo es posible esta transformación si quien lleva a cabo la apelación ha trazado una línea ética inquebrantable en las arenas movedizas de la historia.




Es un mensaje que la patria de Mandela necesita volver a escuchar. Su prodigiosa Sudáfrica se encuentra de nuevo en peligro, desorientada, casi sin rumbo. Su tierra que dentro de poco tendrá que enfrentar un largo siglo de lucha renovada por la solidaridad y la paz y la verdad sin la mano conductora de Madiba.

Porque Mandela se está despidiendo.

¿Y cómo, entonces, responderle? ¿Cómo honrar su legado, su sabiduría, su magnanimidad?

Sólo puedo responder con las palabras que le brindé al final de nuestra conversación de una hora hace unos meses en Johannesburgo. Décadas de una vida plena y dura y múltiple lo han extenuado, pero conserva intacta una cierta –no hay otra palabra– majestad, y me alegró notar de vez en cuando un brillo travieso en sus ojos. Yo estaba consciente de que la precariedad de su salud podría disuadirlo de atender la conferencia que me tocaba pronunciar unos días más tarde, y que probablemente ésta era la última oportunidad de la que dispondría para agradecerle lo que había realizado, el ejemplo de su vida. De manera que cuando él me dijo adiós, aproveché para pedirle que no hiciera ningún esfuerzo desmedido para asistir a mi presentación, agregando, tal vez con excesiva solemnidad, que era importante que descansara.

–Durante tantos años –le dije–, es usted el que nos ha llevado a cuestas. A su país, al mundo entero, a mí. Ahora nos toca a nosotros.

Y fue entonces que, sin soltarme la mano, Nelson Mandela me brindó una sonrisa.

He ahí una posible respuesta. Si sabemos llevarlo a Mandela con nosotros hacia el futuro, tendremos la bendición de su sonrisa. ¿O acaso hay algo más que podamos pedirle a este hombre que, afortunadamente para él y para el mundo, no es, después de todo, un santo?

Ariel Dorfman

Fuente: Página 12


Contra el imperialismo no hay tregua


Marcha de los estudiantes durante la clausura del XVII Festival.
Foto: Diony Sanabia


La denuncia contra el imperialismo y su expansión militar retumbó en los jardines del Union Building, sede del Gobierno de Sudáfrica, cuando miles de jóvenes llegaron a ese lugar en una marcha compacta, para clausurar el XVII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, que sesionó en esta capital desde el 13 de diciembre.

Las delegaciones marcharon en bloques por toda la avenida Church, una de las principales de la ciudad, para reunirse frente a uno de los lugares más emblemáticos de la historia sudafricana, con el propósito de cerrar la cita que durante ocho días reunió a unos 15 000 jóvenes de diferentes partes del mundo, con el gran objetivo de construir estrategias de lucha contra el imperialismo.

En la Declaración final del Festival, los jóvenes alertaron sobre el incremento de la presencia de Estados Unidos en África, a través de su comando militar para esta región.

Las deudas externas y los déficits, una realidad de muchos países, son el resultado de las políticas seguidas por las fuerzas capitalistas, se destacó en el texto, al precisarse que en el sistema imperialista internacional no hay lugar para las relaciones de igualdad y respeto mutuos entre las naciones.

La denuncia también señaló al Tribunal Penal Internacional por su ataque a líderes africanos, así como por todas las campañas mediáticas promovidas por el imperialismo para desestabilizar la región.

El XVII Festival condenó enérgicamente la ocupación del Sahara Occidental por parte de Marruecos, y defendió el derecho de ese pueblo a la autodeterminación, al tiempo que exigió a Occidente acabar con sus sanciones y castigos a Zimbabwe.

Los delegados a esta cita denunciaron las políticas intervencionistas del imperialismo, la instalación de sus bases y misiones militares en América Latina y la reactivación de la cuarta flota, cuyo objetivo es reforzar la ofensiva contra los procesos revolucionarios que representan una alternativa histórica.

El documento también exigió el levantamiento del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba y la libertad para los Cinco.

El protagonismo de la Isla en la organización de estos eventos fue resaltada ante los miles de congregados en los jardines del Union Building, cuando se dijo que Cuba no solo había sido sede del Festival en dos ocasiones, sino que al preparar el de 1997 ayudó a ese movimiento a retomar su cauce.

El mensaje solidario llegó al pueblo puertorriqueño en su lucha por la autodeterminación y al haitiano, sumergido en una precaria situación debido al colonialismo.

Los jóvenes también denunciaron las prácticas racistas de Israel, que acude al asesinato y a la expulsión de los palestinos y otros árabes de sus tierras, y apoyó el establecimiento de un Estado palestino con su capital en Jerusalén, de conformidad con las resoluciones de la ONU.

«Es momento de continuar la lucha por el desarrollo juvenil y por nuestros valores económicos, sociales y culturales. Construiremos un futuro de justicia, igualdad, paz, esperanza y alegría para la humanidad», se dice en el texto.

El futuro de una nueva etapa de la historia está en nuestras manos y depende de los pueblos, de las masas trabajadoras, de la juventud mundial y su poder de transformación para construir un mundo de paz y solidaridad, donde el poder y la riqueza producida sea propiedad de los pueblos, proclama.

Luego de la lectura de la Declaración, Tiago Vieira, presidente de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas, destacó el éxito de este Festival, y exhortó a continuar la lucha contra las políticas imperialistas y a favor de la soberanía de los pueblos, así como por la defensa del pleno derecho a la educación, la salud, el deporte y la cultura.

Mientras, Julius Malema, presidente de la Liga Juvenil del Congreso Nacional Africano, convocó a la unidad de los pueblos para mantener la soberanía.

Jorge L. Rodríguez González

Fuente: Juventud Rebelde


20 diciembre 2010

El imperialismo: único culpable


Foto: Roberto Ruiz


Los jóvenes progresistas del mundo se dieron cita en la actividad más trascendental del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, para levantar el dedo en posición acusadora contra el responsable de tantos dolores dispersos: el imperialismo.

Han pedido la palabra para acusar a un único culpable, ese que a su conveniencia ha pretendido organizar este mundo, y lo que ha provocado es una cadena extensa de desgracias.

Por esa ruta larga preñada de angustias y de dolores dispersos, transitó la jornada de este domingo, en la que representantes de varias nacionalidades levantaron su dedo contra el culpable de tantos crímenes en el Tribunal Antiimperialista.

En este espacio, devenido encuentro esencial de estas citas, dejaron escuchar sus voces las víctimas de Cuba, Honduras, Sahara Occidental, Corea del Norte, Vietnam y Palestina, entre otros países.

Luis Manuel Ruiz Morales habló en nombre de nuestros muertos y de los del mundo, de todo el daño que ha causado el enemigo a la familia cubana.

Subió al estrado para compartir el sentimiento de todo un pueblo que aún llora por el acto terrorista de Barbados, donde este joven perdió a su abuelo Luis Alfredo Morales.

En su comparecencia hizo referencia a los 3 478 cubanos que han muerto a causa del ensañamiento del Norte con la Isla, y al hacerlo reconocía el dolor profundo y las desgarraduras de tantas familias que han perdido a sus seres queridos como consecuencia de esta brutal política.

Entre las claves de su discurso condenatorio estuvieron también las casi 2 100 víctimas que también han sufrido toda su vida las secuelas del odio del gobierno norteamericano contra un pueblo que decidió desplegar sus alas un 1 de enero.

Su exposición fuerte y enérgica nos colocó en las costas de Barbados, en aquel día aciago en que Posada Carriles encarnó todas las maldades de este planeta que habitamos, e hizo una secuencia de las miles de acciones que han desarrollado para exterminar a la mayor de las Antillas.

«A pesar del sufrimiento causado, Posadas admite que no siente remordimientos. Y lo más insólito, es que viviendo en un país que irónicamente se ha proclamado como la punta de lanza contra el terrorismo, se pasea libremente por las calles de Miami como un héroe», dijo rotundo.

El joven explicó a los presentes que a la hoja de servicio de este mercenario que mató a su abuelo y a sus compañeros, se suma el propósito que tuvo de exterminar al líder de la Revolución cubana.

En su sentida exposición delante de los magistrados de este Tribunal Antiimperialista, Luis Manuel argumentó que para estos sanguinarios no fueron suficientes los años de dolor en los que sumió a estas familias, sino que se han dedicado a crear el pánico y a diseñar nuevas variantes genocidas.




El dolor de cinco familias cubanas

Después de doce años, la injusticia y el dolor siguen golpeando a cinco familias cubanas. Desde diversas latitudes, miles le acompañan y piden al presidente de Estados Unidos alguna cuota de justicia, aunque se sabe que ya eso es imposible, porque cinco hombres inocentes y defensores de la vida no merecían estar en prisión.

Parecía que se le iba la vida en esa denuncia. Con todo su dolor, Irma González, hija de René, uno de nuestros luchadores antiterroristas, defendió la nobleza de su padre, quien junto a Ramón, Antonio, Fernando y Gerardo partió un día a Estados Unidos para infiltrar organizaciones terroristas que planificaban crímenes contra Cuba.

Contó que fue testigo del odio de esos hombres de la ultraderecha de Miami que solo pensaban en cómo asesinar a Fidel o poner bombas en la Isla. Sin embargo, mientras estos asesinos siguen libres cinco hombres están presos por combatir a esos criminales, comentó la joven.

Irmita, como cariñosamente la conocen muchos en Cuba y el mundo, narró las constantes violaciones de derechos humanos a los que fueron sometidos los Cinco, los chantajes de la Fiscalía para que su padre firmara un documento que hiciera constar que él y sus compañeros estaban espiando al gobierno de los Estados Unidos; o la confinación en el hueco durante 17 meses, humanamente insoportable durante todo ese tiempo, porque los enemigos de Cuba querían resquebrajar su dignidad y su determinación.

Recuerda que su padre no flaqueó ni cuando lo chantajearon con deportar a su esposa a Cuba, si no mentía diciendo que era un espía. Lleva muy bien guardado el recuerdo de la primera vez que fue a verlo, y su hermana mucho más pequeña, al verlo esposado dijo que su papá parecía un perrito, así como la respuesta de René: el perro no soy yo. Tampoco olvida la agresividad de la prensa de Miami, que buscaba azuzar el odio contra Cuba para que fuesen juzgados con la mayor condena.

Precisamente, contó sobre nuevas evidencias que utilizarán en el habeas corpus -último recurso legal- que dejan claro que la prensa era financiada por el gobierno para crear en la comunidad de Miami un ambiente de hostilidad contra los Cinco.

Posteriormente, Ailí Labañino, hija de Ramón, leyó un mensaje de su padre a los jóvenes del mundo que participan en el XVII Festival, exhortando a la juventud a luchar por la solución de los grandes problemas que enfrenta hoy la Humanidad.

También, Gerardo hizo llegar a los jóvenes, a través de un amigo canadiense de la solidaridad, un mensaje inscrito en una tarja que le fue entregada a Tiago Vieira, Presidente de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas.




Los crímenes de Marruecos

La Corte Antiimperialista también juzgó a Marruecos y las potencias que apoyan al reino alauí en la colonización del Sahara Occidental, y mantienen silencio en torno a las permanentes violaciones de los derechos humanos en los territorios ocupados. Mientras los testigos saharauis describían la crueldad con la que son maltratados a diario en la parte ocupada por la monarquía de Rabat, en una gran pantalla se develaban los rostros de los torturados, con las secuelas del ensañamiento y la crueldad de los colonialistas.

Sultana Jaya, una joven a la que Marruecos le tiene prohibido la entrada a los territorios ocupados, narró cómo un soldado magrebí la golpeó brutalmente en la cabeza hasta sacarle un ojo. «Vi el ojo caerme en la mano empapada en sangre. No me dieron ningún tratamiento médico, ni ningún médico vino a verme, pues ellos forman parte de la policía marroquí».

Mientras, Sukena Jadahlu Sid, presidenta de la Federación de Mujeres Saharauis manifestó el temor de que a su regreso a los territorios ocupados, la policía marroquí secuestre, encarcele y torture a los delegados saharauis que vinieron de los territorios ocupados para participar en el XVII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, pues antes de salir a Sudáfrica, los gendarmes de Rabat encarcelaron a once de ellos.

Un joven, llamado Mohamed, también contó su historia, que en su opinión, es solo una mínima parte de lo que sufre a diario su pueblo. En una ocasión, un oficial marroquí ordenó a un conductor de una guagua a lanzarse a toda velocidad contra él y sus demás compañeros de la Universidad. Al igual que Sukena, tampoco ha recibido tratamiento médico y hoy tiene inmovilizado uno de sus brazos. «Son unos criminales», sentenció.


Foto: Roberto Ruiz


Honduras y Vietnam

La complicidad del gobierno estadounidense en el golpe de Estado en Honduras contra el presidente Manuel Zelaya a mediados del pasado año también fue denunciada en este espacio.

Grecia Luna, delegada de la nación centroamericana, refirió los terribles momentos vividos por el pueblo tras la asonada militar y recordó cómo Zelaya fue sacado de su casa en la madrugada del 28 de junio de 2009 y llevado a otro país.

En nuestra propia tierra nos enfrentamos a maltratos físicos, torturas psicológicas y a una gran manipulación por parte de los medios de comunicación masiva al servicio de los golpistas, encabezados por Roberto Michelleti, expresó.

Por otra parte, vietnamitas acusaron a Estados Unidos por los crímenes cometidos contra su pueblo y se presentó ante el tribunal una víctima del llamado agente naranja, de 24 años de edad e hija de una campesina expuesta directamente al ataque.

De acuerdos con cifras mencionadas este domingo, más de tres millones de personas sufrieron y sufren los efectos de esa salvaje contaminación.

A varias décadas de la agresión estadounidense contra un pueblo que quería ser independiente y nada más, todavía continúan naciendo niños afectados por el agente naranja, manifestaron dos jóvenes del país asiático.

La muchacha afectada, con la pérdida de sus extremidades inferiores y el brazo izquierdo, apuntó que está a punto de graduarse en la universidad, pero otros, lamentó, permanecen postrados en cama.

Con información de Juventud Rebelde y PL


19 diciembre 2010

Comienza el Tribunal Antiimperialista en el encuentro juvenil del orbe




El comienzo de las sesiones del Tribunal Antiimperialista distingue hoy la antepenúltima jornada del 17 Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, con sede en Sudáfrica desde el pasado 13 de diciembre.

A ese universal encuentro, cuya primera edición aconteció hace 63 años en Praga, asisten unos 15 mil delegados de más de 140 naciones y su lema es Por un mundo de paz, solidaridad y transformaciones sociales, derrotemos al imperialismo.

Este sábado, dedicado a acercarse a la situación del Medio Oriente, también se desarrollarán seminarios sobre la crisis internacional del capitalismo, y las guerras, las ocupaciones y las resistencias.

De acuerdo con el programa del evento, que se dedica de manera especial a los líderes Fidel Castro y Nelson Mandela, un foro de solidaridad mostrará el apoyo a la causa del pueblo palestino y se desarrollará un encuentro entre jóvenes sindicalistas.

La historia de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas (FMJD) recoge el apego a la defensa de las causas progresistas del orbe, resaltó la víspera su vicepresidente Yogendra Sheihi.

Al intervenir en uno de los debates del 17 Festival el dirigente destacó el papel desempeñado por la organización desde su nacimiento en 1945.

Sheisi hizo un recuento de la posición asumida en momentos difíciles para la Humanidad, como la Guerra Fría, y reafirmó el rol que le corresponde jugar ahora a las nuevas generaciones.

Nuestra FMJD expresó solidaridad con el pueblo sudafricano en su lucha contra el segregacionista régimen del apartheid y por la liberación de su líder, el legendario Mandela, ejemplificó.

Hemos rechazado, precisó el joven de Nepal, todo lo que ha hecho el imperialismo contra los países socialistas y el comunismo a nivel internacional.

Apuntó que la FMJD se solidariza con la lucha de Cuba contra el bloqueo impuesto por Estados Unidos hace casi medio siglo y exige la liberación de cinco antiterroristas de la mayor de las Antillas presos en cárceles norteamericanas desde 1998.

Señaló que Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González, Antonio Guerrero y René González defendían a la mayor de las Antillas del terrorismo e irónicamente el gobierno de Washington respondió con su envío a las celdas por mucho tiempo.

Además, hemos estado al lado de los pueblos saharaui y palestino en sus batallas por el reconocimiento de la soberanía, manifestó Sheihi.

La juventud representa la vanguardia en los procesos revolucionarios, y se ha sacrificado mucho por alcanzar avances progresistas en sus naciones, enfatizó el serbio Aleksandar Banjanac.

Por otra parte, la solidaridad con el pueblo haitiano también ocupó hoy un emotivo espacio en el encuentro y participantes en esta cita siguieron con atención las palabras del cubano Luis Morlote.

El presidente de la Asociación Hermanos Saíz de la mayor de las Antillas, que agrupa a jóvenes artistas, aludió a las más recientes reflexiones de Fidel Castro, en las cuales el líder de la Revolución critica los intentos por desconocer la labor de los médicos cubanos en Haití.

Morlote expuso a los presentes en el salón de la Feria de la Amistad la labor de la Brigada Martha Machado que llevó durante 50 días el arte a los haitianos tras el devastador sismo del 12 de enero pasado.

Entrevistado por Prensa Latina, el artista plástico Sandor Martínez destacó que con esa experiencia creció muchísimo como ser humano y nunca olvidará los momentos vividos.

Diony Sanabia Abadia

Fuente: PL


18 diciembre 2010

Desde Sudáfrica, la juventud del orbe mira a Europa




Con una mirada enfocada en los problemas de Europa llega hoy a su sexta jornada el 17 Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, que se desarrolla en Sudáfrica desde el pasado 13 de diciembre.

El derecho a la salud, y la lucha de los estudiantes por una educación pública gratuita y con calidad aparecen entre los temas de debate de los participantes en este universal encuentro, cuya primera edición se celebró en 1947.

La actual cita acoge hasta el próximo 21 de diciembre a unos 15 mil delegados de más de 140 países bajo el lema Por un mundo de paz, solidaridad y transformaciones sociales, derrotemos al imperialismo.

En la agenda de este sábado también está prevista la realización de un foro de solidaridad con Chipre, y un intercambio entre jóvenes discapacitados y discriminados por su orientación sexual.

Ayer, el 17 Festival reflexionó sobre la situación de los derechos humanos para las nuevas generaciones del orbe y se abundó sobre la necesidad de que los gobiernos tengan en cuenta el ofrecimiento de beneficios económicos, políticos y sociales a los pueblos.

Representantes de España, Grecia, India, Cuba, Suráfrica, Vietnam y Palestina alzaron sus voces en el capitalino Centro de Eventos de Tshwane a favor del reconocimiento de las garantías básicas de vida.

La conquista del acceso a la educación, la salud pública, la cultura, la libertad de reunión, asociación y expresión, y al trabajo fueron temas recurrentes en las intervenciones de los jóvenes.

También se mencionó el derecho a la participación política, el respeto a profesar cualquier creencia religiosa, la no discriminación por motivos de razas, y la equidad entre mujeres y hombres.

Durante el intercambio en este foro suscitaron especial interés las violaciones cometidas en el caso de cinco antiterroristas cubanos presos en Estados Unidos hace más de 12 años.

Antonio Guerrero, hijo de uno de esos luchadores de igual nombre, abundó sobre las arbitrariedades en el proceso judicial y los daños provocados en las familias de quienes son considerados héroes en Cuba.

La defensa de las causas de los pueblos palestino y saharaui, y la condena al golpe de Estado en Honduras el pasado año también ocuparon espacio en la reunión.

Por otra parte, se decidió enviar una carta al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, para que libere a Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Fernando González y Antonio.

El texto plantea que la misión de ellos consistía en detectar los planes de las organizaciones terroristas de origen cubano, radicadas en Florida, en el sur estadounidense.

Los Cinco, como son conocidos a nivel internacional, desarrollaban sus acciones "sin portar armas, sin lastimar a nadie, sin cometer delito alguno, defendían a su pueblo y protegían también la vida de ciudadanos estadounidenses y de otros países".

Nunca los antiterroristas cubanos tuvieron en sus manos, ni buscaron información relacionada con la seguridad nacional de los Estados Unidos, reafirma la misiva.

Diony Sanabia Abadia

Fuente: PL


14 diciembre 2010

Mensaje a los participantes en el XVII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Sudáfrica


Compañeras y compañeros:

Es muy grato para mí y un gran honor acceder a la solicitud que me hicieron llegar de transmitirles un mensaje con motivo del XVII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes que tiene lugar en la Patria de Nelson Mandela, símbolo viviente de la lucha contra el odioso sistema del apartheid.

Cuba fue sede de dos festivales mundiales: el XI, en 1978; y el XIV, en 1997.

Por primera vez el Festival dejaba de realizarse en Europa para hacerlo en un país de este hemisferio.

La decisión fue tomada por la IX Asamblea de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas que tuvo lugar en Varna, Bulgaria, a fines del año 1974.

Eran tiempos diferentes: el mundo se enfrentaba a problemas serios, pero menos dramáticos. Los jóvenes más progresistas luchaban por el derecho de todos los seres humanos a una vida digna; el viejo sueño de los mayores pensadores de nuestra especie cuando era evidente que la ciencia, la tecnología, la productividad del trabajo y el desarrollo de la conciencia lo hacían posible.

En un breve lapso de tiempo la globalización se aceleró, las comunicaciones alcanzaron niveles insospechados, los medios para promover la educación, la salud y la cultura se multiplicaron. Nuestros sueños no eran infundados. En ese espíritu se llevó a cabo el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en el que participó también nuestro pueblo.

En el Consejo General de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas, celebrado precisamente en la heroica Sudáfrica a principios de octubre de 1995, se aprobó la realización en La Habana del XIV Festival, en el que participaron más de 12 mil delegados de 132 países. Nuestro país llevaba entonces casi 37 años librando la batalla política e ideológica contra el imperio y su brutal bloqueo económico.

Hasta la década de 1980 no solo existían la República Popular China, la República Popular Democrática de Corea, Vietnam, Laos y Kampuchea, que habían soportado guerras genocidas y los crímenes de los yankis, sino también el campo socialista de Europa y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, un enorme Estado multinacional de 22 millones 402 mil 200 kilómetros cuadrados, con enormes recursos de tierra agrícola, bosques, petróleo, gas, minerales y otros. Frente a la superpotencia imperialista, con más de 800 bases militares desplegadas por todo el planeta, se erguía la superpotencia socialista.

La disolución de la URSS, fuesen cuales fueran los errores en uno u otro momento de la historia, constituyó un duro golpe al movimiento progresista del mundo.

Los yankis se movieron rápidamente y extendieron las bases militares y el uso de instalaciones construidas por la URSS para cercar más estrechamente con su maquinaria de guerra a la Federación Rusa, que aún continúa siendo una gran potencia.

El aventurerismo militar de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN se incrementó en Europa y Asia. Desataron la guerra de Kosovo y desintegraron a Serbia.

En el ámbito de nuestro hemisferio, aún antes de la desintegración de la URSS, invadieron en el año 1965 a la República Dominicana; bombardearon e intervinieron con fuerzas mercenarias a Nicaragua; invadieron con sus tropas regulares a Granada, Panamá y Haití; promovieron sangrientos golpes militares en Chile, Argentina y Uruguay y dieron apoyo a la brutal represión de Stroessner en Paraguay.

Crearon la Escuela de las Américas, donde no solo entrenaban a miles de oficiales latinoamericanos en conspiraciones y golpes de Estado, sino también familiarizaron a muchos con doctrinas de odio y prácticas sofisticadas de torturas, mientras se presentaban ante el mundo como paladines de “los derechos humanos y la democracia”.

En la primera década de este siglo, la superpotencia imperialista parece desbordarse de su propio cauce.

Los sangrientos sucesos del 11 de septiembre de 2001, en que fueron destruidas las Torres Gemelas de Nueva York -un episodio dramático en el que perdieron la vida alrededor de 3 000 personas-, y el ataque posterior al Pentágono, vino como anillo al dedo al inescrupuloso aventurero George W. Bush para instrumentar la llamada guerra contra el terror, que constituye, simplemente, una peligrosa escalada en la brutal política que Estados Unidos venía aplicando en nuestro planeta.

Está más que demostrada la bochornosa complicidad de los países de la OTAN con tan repudiable guerra. Esa organización bélica acaba de proclamar su propósito de intervenir en cualquier país del mundo donde considere que sus intereses, es decir, los de Estados Unidos, estén amenazados.

El monopolio de los medios masivos de información, en manos de las grandes transnacionales capitalistas, ha sido utilizado por el imperialismo para sembrar mentiras, crear reflejos condicionados y desarrollar instintos egoístas.

Mientras los jóvenes y los estudiantes viajaban hacia Sudáfrica a luchar por un mundo de paz, dignidad y justicia, en Gran Bretaña los estudiantes universitarios y sus profesores libraban una batalla campal contra los fornidos y bien equipados cuerpos represivos que, sobre briosos caballos, los atacaban. Pocas veces y tal vez ninguna otra en la historia se vió un espectáculo semejante de la “democracia” capitalista. Los partidos neoliberales gobernantes ejerciendo su papel de gendarme de la oligarquía, traicionando sus promesas electorales, aprobaron medidas en el Parlamento que elevaban a 14 mil dólares anuales el costo de los estudios universitarios. Lo peor de todo fue el descaro con que los parlamentarios neoliberales afirmaron que el “mercado resolvía ese problema”. Solo los ricos tenían derecho a los títulos universitarios.

Hace pocos días, el actual Secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, al comentar los secretos divulgados por Wikileaks declaró: “El hecho es que los gobiernos tratan con EE.UU. porque les interesa, no porque les gustemos, no porque confíen en nosotros, y no porque crean que podemos guardar secretos. Algunos gobiernos tratan con nosotros porque nos temen, algunos porque nos respetan, la mayoría porque nos necesita. Todavía somos esencialmente, como se ha dicho antes, la nación indispensable”.

No pocas de las personas inteligentes y bien informadas albergan la convicción de que el imperio yanki, como todos los que lo precedieron, ha entrado en la etapa final y que las señales son irrebatibles.

Un artículo publicado en el sitio Web TomDispatch, traducido del inglés por el sitio Rebelión, expone cuatro hipótesis del probable curso de los acontecimientos en Estados Unidos, y en todas ellas la guerra mundial figura como una de las posibilidades, aunque no excluye que pueda haber otra salida. Añade que definitivamente ese país perderá su papel dominante en las exportaciones globales de mercancías, y en menos de 15 años perdería su papel dominante en la innovación tecnológica y la función privilegiada del dólar como moneda de reserva. Cita que ya este año China alcanzó un 12% frente a Estados Unidos 11% en la exportación mundial de mercancías, y aludió a la presentación por el Ministro de Defensa de China en el mes de octubre de este año del superordenador Tianhe-1A, tan poderoso que, como expresó un experto estadounidense, “liquida la máquina Nº 1″ existente en Estados Unidos.

Nuestros queridos compatriotas, al llegar a Sudáfrica, entre las primeras actividades rindieron merecido tributo a los combatientes internacionalistas que dieron su vida luchando por África.

Desde hace 12 años en el vecino Haití nuestra misión médica presta su servicio al pueblo haitiano; hoy con la cooperación de médicos internacionalistas graduados en la ELAM (Escuela Latinoamericana de Medicina). Allí luchan también por África combatiendo la epidemia del cólera, que es la enfermedad de la pobreza, para impedir que se extienda a ese continente, donde al igual que en América Latina hay mucha pobreza. Con la experiencia adquirida, nuestros médicos han reducido extraordinariamente la tasa de letalidad. Muy cerca de Sudáfrica, en Zimbabwe, en agosto de 2008, de “forma explosiva” estalló esa epidemia según el diario “Herald” de Harare. Robert Mugabe acusó a los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña de introducir la enfermedad.

Como prueba de la total falta de escrúpulo yanki, es necesario recordar que el Gobierno de Estados Unidos entregó armas nucleares al régimen del apartheid, que los racistas estuvieron a punto de usar contra las tropas cubanas y angolanas, que después de la victoria de Cuito Cuanavale avanzaban en la dirección Sur, donde el mando cubano, sospechando ese peligro, adoptó las medidas y tácticas pertinentes que le daban el dominio total del aire. Si intentaban usar tales armas, no habrían obtenido la victoria. Pero es legítimo preguntarse: ¿qué habría ocurrido si los racistas sudafricanos hubiesen utilizado las armas nucleares contra fuerzas de Cuba y Angola? ¿Cuál habría sido la reacción internacional? ¿Cómo habría podido justificarse aquel acto de barbarie? ¿Cómo habría reaccionado la URSS? Son preguntas que debemos hacernos.

Cuando los racistas entregaron el gobierno a Nelson Mandela, no le dijeron una sola palabra, ni qué hicieron con aquellas armas. La investigación y denuncia de tales hechos sería en estos instantes un gran servicio al mundo. Los exhorto, queridos compatriotas, a presentar este tema en el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!


Fidel Castro Ruz
Diciembre 13 de 2010

Fuente: CubaDebate
Foto: Alex Castro



16 julio 2010

El reino mágico




Pacho Maturana, colombiano, hombre de vasta experiencia en estas lides, dice que el fútbol es un reino mágico donde todo puede ocurrir.

El Mundial reciente ha confirmado sus palabras: fue un Mundial insólito.

* Insólitos fueron los diez estadios donde se jugó, hermosos, inmensos, que costaron un dineral. No se sabe cómo hará Sudáfrica para mantener en actividad esos gigantes de cemento, multimillonario derroche fácil de explicar pero difícil de justificar en uno de los países más injustos del mundo.

* Insólita fue la pelota de Adidas, enjabonada, medio loca, que huía de las manos y desobedecía a los pies. La tal Jabulani fue impuesta aunque a los jugadores no les gustaba ni un poquito. Desde su castillo de Zurich, los amos del fútbol imponen, no proponen. Tienen costumbre.

* Insólito fue que por fin la todopoderosa burocracia de la FIFA reconociera, al menos, al cabo de tantos años, que habría que estudiar la manera de ayudar a los árbitros en las jugadas decisivas. No es mucho, pero algo es algo. Ya era hora. Hasta estos sordos de voluntaria sordera tuvieron que escuchar los clamores desatados por los errores de algunos árbitros, que en el último partido llegaron a ser horrores. ¿Por qué tenemos que ver en las pantallas de televisión lo que los árbitros no vieron y quizá no pudieron ver? Clamores de sentido común: casi todos los deportes, el básquetbol, el tenis, el béisbol y hasta la esgrima y las carreras de autos, utilizan normalmente la tecnología moderna para salir de dudas. El fútbol, no. Los árbitros están autorizados a consultar una antigua invención llamada reloj, para medir la duración de los partidos y el tiempo a descontar, pero de ahí está prohibido pasar. Y la justificación oficial resultaría cómica, si no fuera simplemente sospechosa: El error forma parte del juego, dicen, y nos dejan boquiabiertos descubriendo que errare humanum est.




* Insólito fue que el primer Mundial africano en toda la historia del fútbol quedara sin países africanos, incluyendo al anfitrión, en las primeras etapas. Sólo Ghana sobrevivió, hasta que su selección fue derrotada por Uruguay en el partido más emocionante de todo el torneo.

* Insólito fue que la mayoría de las selecciones africanas mantuvieran viva su agilidad, pero perdieran desparpajo y fantasía. Mucho corrieron, pero poco bailaron. Hay quienes creen que los directores técnicos de las selecciones, casi todos europeos, contribuyeron a este enfriamiento. Si así fuera, flaco favor han hecho a un fútbol que tanta alegría prometía. Africa sacrificó sus virtudes en nombre de la eficacia, y la eficacia brilló por su ausencia.

* Insólito fue que algunos jugadores africanos pudieran lucirse, ellos sí, pero en las selecciones europeas. Cuando Ghana jugó contra Alemania, se enfrentaron dos hermanos negros, los hermanos Boateng: uno llevaba la camiseta de Ghana y el otro la camiseta de Alemania.

De los jugadores de la selección de Ghana, ninguno jugaba en el campeonato local de Ghana.

De los jugadores de la selección de Alemania, todos jugaban en el campeonato local de Alemania.

Como América Latina, Africa exporta mano de obra y pie de obra.




* Insólita fue la mejor atajada del torneo. No fue obra de un golero, sino de un goleador. El atacante uruguayo Luis Suárez detuvo con las dos manos, en la línea del gol, una pelota que hubiera dejado a su país fuera de la Copa. Y gracias a ese acto de patriótica locura, él fue expulsado pero Uruguay no.

* Insólito fue el viaje de Uruguay, desde los abajos hasta los arribas. Nuestro país, que había entrado al Mundial en el último lugar, a duras penas, tras una difícil clasificación, jugó dignamente, sin rendirse nunca, y llegó a ser uno de los mejores. Algunos cardiólogos nos advirtieron, desde la prensa, que el exceso de felicidad puede ser peligroso para la salud. Numerosos uruguayos, que parecíamos condenados a morir de aburrimiento, celebramos ese riesgo, y las calles del país fueron una fiesta. Al fin y al cabo, el derecho a festejar los méritos propios es siempre preferible al placer que algunos sienten por la desgracia ajena.

Terminamos ocupando el cuarto puesto, que no está tan mal para el único país que pudo evitar que este Mundial terminara siendo nada más que una Eurocopa. Y no fue casual que Diego Forlán fuera elegido mejor jugador del torneo.




* Insólito fue que el campeón y el vicecampeón del Mundial anterior volvieron a casa sin abrir las maletas.

En el año 2006, Italia y Francia se habían encontrado en el partido final. Ahora se encontraron en la puerta de salida del aeropuerto. En Italia, se multiplicaron las voces críticas de un fútbol jugado para impedir que el rival juegue. En Francia, el desastre provocó una crisis política y encendió las furias racistas, porque habían sido negros casi todos los jugadores que cantaron "La Marsellesa" en Sudáfrica.

Otros favoritos, como Inglaterra, tampoco duraron mucho. Brasil y Argentina sufrieron crueles baños de humildad. Medio siglo antes, la selección argentina había recibido una lluvia de monedas cuando regresó de un Mundial desastroso, pero esta vez fue bienvenida por una abrazadora multitud que cree en cosas más importantes que el éxito o el fracaso.

* Insólito fue que faltaran a la cita las superestrellas más anunciadas y más esperadas. Lionel Messi quiso estar, hizo lo que pudo, y algo se vio. Y dicen que Cristiano Ronaldo estuvo, pero nadie lo vio: quizás estaba demasiado ocupado en verse.




* Insólito fue que una nueva estrella, inesperada, surgiera de la profundidad de los mares y se elevara a lo más alto del firmamento futbolero. Es un pulpo que vive en un acuario de Alemania, desde donde formula sus profecías. Se llama Paul, pero bien podría llamarse Pulpodamus.

Antes de cada partido del Mundial, le daban a elegir entre los mejillones que llevaban las banderas de los dos rivales. El comía los mejillones del vencedor, y no se equivocaba.

El oráculo octópodo influyó decisivamente sobre las apuestas, fue escuchado en el mundo entero con religiosa reverencia, fue odiado y amado y hasta calumniado por algunos resentidos, como yo, que llegamos a sospechar, sin pruebas, que el pulpo era un corrupto.




* Insólito fue que al fin del torneo se hiciera justicia, lo que no es frecuente en el fútbol ni en la vida.

España conquistó, por primera vez, el campeonato mundial de fútbol.

Casi un siglo esperando.

El pulpo lo había anunciado, y España desmintió mis sospechas: ganó en buena ley, fue el mejor equipo del torneo, por obra y gracia de su fútbol solidario, uno para todos, todos para uno, y también por las asombrosas habilidades de ese pequeño mago llamado Andrés Iniesta.

El prueba que a veces, en el reino mágico del fútbol, la justicia existe.

* * *




Cuando el Mundial comenzó, en la puerta de mi casa colgué un cartel que decía "Cerrado por fútbol".

Cuando lo descolgué, un mes después, yo ya había jugado sesenta y cuatro partidos, cerveza en mano, sin moverme de mi sillón preferido.

Esa proeza me dejó frito, los músculos dolidos, la garganta rota; pero ya estoy sintiendo nostalgia.

Ya empiezo a extrañar la insoportable letanía de las vuvuzelas, la emoción de los goles no aptos para cardíacos, la belleza de las mejores jugadas repetidas en cámara lenta. Y también la fiesta y el luto, porque a veces el fútbol es una alegría que duele, y la música que celebra alguna victoria de esas que hacen bailar a los muertos, suena muy cerca del clamoroso silencio del estadio vacío, donde ha caído la noche y algún vencido sigue sentado, solo, incapaz de moverse, en medio de las inmensas gradas sin nadie.

Eduardo Galeano

Fuente: Página 12


21 junio 2010

Sudáfrica la mueve




Los índices más altos del planeta en materia de VIH pero con legislaciones a la par de países avanzados en materia de género y diversidad son algunos de los mosaicos que construyen Sudáfrica, el codo del sur africano que durante este mes de fútbol estará en la mira de las lentes del mundo.

El mundo que pasa por detrás de los noteros de siempre, de los humoristas que todavía hacen el chiste de hablarle en otro idioma al entrevistado y las promotoras que ofrecen, mostrando todos los dientes, las maravillas de la comida local, ese mundo de fondo que estamos viendo en las pantallas nuestras de estos días hasta que los muchachos le pifien o se alcen con la copa, es uno lleno de matices y particularidades que, como nuestra propia historia ya nos ha enseñado, poco tienen que ver con lo que todas esas cámaras muestran.

Sudáfrica vivió el fin del apartheid mientras se derrumbaba el Muro de Berlín y eso tal vez haya velado un poco su trascendencia histórica, pero créase o no, en Sudáfrica la raza negra era la mayoría excluida y maltratada per se. Por dar solo un ejemplo y evitando el lugar común que menciona siempre el transporte público segregado, las áreas residenciales asignadas a los negros no tenían electricidad o agua y el ingreso a las universidades estaba directamente vedado.

Lo que vino después, durante la década del ‘90, produjo una mezcla que hace de Sudáfrica una nación de excepciones: mientras buena parte de su realidad los ancla en los coletazos de aquel régimen, su legislación y buena parte de sus proyectos son de avanzada. Es que las sudafricanas pueden abortar durante el primer trimestre de embarazo sin ser criminalizadas. El aborto es legal desde 1997, y con esta medida el país redujo un 90 por ciento la muerte por gestación. Fue durante la presidencia de Nelson Mandela que se aprobó la “ley de elección de interrupción del embarazo”, lo que habilita el aborto seguro y hospitalario en las primeras 12 semanas, aun para las menores de edad. Desde 1997 entonces, con el apoyo de la Fundación Rockefeller, Planned Parenthood, y el arzobispo anglicano Desmond Tutu, en Sudáfrica se realizan 10 mil abortos por semana. Si bien la resistencia del personal médico existe y las zonas rurales son flancos a trabajar, en general la ley se cumple y los anticonceptivos de emergencia y la RU486 también se entregan en las instituciones sanitarias.

El reverendo anteriormente mencionado no lo fue por casualidad: Premio Nobel de la Paz, el señor que tanto luchó por el fin de esa locura que segregaba a su raza y que tanto hizo por apoyar a Mandela en la legalización del aborto, es el que bautizó a Sudáfrica la Nación del Arco Iris, para que el deseo de la diversidad étnica sea una realidad.

Pero es el arco iris de la bandera Lgttb la que flamea realmente en suelo mundialista desde noviembre de 2006, cuando el Parlamento aprobó la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo, con 230 votos a favor, 41 en contra y 3 abstenciones. A pesar de los conservadores de siempre, y que en Sudáfrica los hay a montones, la reglamentación es coherente con su propia Constitución (argumento también válido para nuestra patria bicentenaria: “ningún individuo podrá ser injustamente discriminado por su orientación sexual”) y revela una convivencia compleja: la del pesado lastre de años de segregación e injusticia avalada por el Estado, y el deseo de mirar para adelante poniendo a la nación en el top five de los países que aceptan las uniones homosexuales.

Por otra parte, bien es sabido que Sudáfrica es uno de los países con más infecciones de VIH, ya que una de cada nueve personas está contagiada. Esto quiere decir que 20 mil se infectan cada 3 semanas, o 1500 por día. En suma, hay cerca de 500 mil nuevas infecciones al año y cerca de 400 mil muertes. Y el 90 por ciento de los casos son jóvenes de entre 15 y 24 años. Si bien los programas de prevención incluyen campañas permanentes y el presupuesto de salud está orientado en esta dirección, según dijo Ann Veneman, directora ejecutiva de Unicef, en las vísperas de este campeonato no han sido suficientes y la pandemia no muestra indicios de retroceso. Ante el fracaso de las políticas públicas, la ex ministra de Salud Bárbara Hogan habló de la necesidad urgente de una vacuna como única posibilidad para frenar el avance. En un país donde la violencia sexual empieza por habilitarse desde la asunción de un primer mandatario acusado de violar a una mujer (el inclasificable Jacob Zuma, una especie de muñeco similar al Menem más inflamado, casado con tres mujeres gracias a la tradición zulú que honra la poligamia masculina, acusado y absuelto, claro, de haber violado a la hija de un amigo) la tasa de violaciones también es una de las más altas del mundo: 100 personas por cada 100 mil habitantes fue víctima de abuso en su vida, siendo la mayoría de esas víctimas, niños y niñas. Y a pesar de que la pedofilia y la explotación infantil no son una rara avis en las huestes de los delitos sexuales, en Sudáfrica hay un plus que remarca su expansión: el mito que dice que tener sexo con una mujer virgen cura el sida. Una creencia que ya estaba documentada en la Inglaterra victoriana, donde las enfermedades venéreas hacían estragos en los descensos de la población y algo de esa pureza que tienen los-que-nunca-lo-han-hecho parecía ser la cura del mal. Una encuesta realizada en 2002 arrojó un resultado esperable: 2 de cada 10 personas creían que tener sexo con menores de diez años no era un acto de violación. En este caso, Sudáfrica está a la altura de una nación avanzada en materia legal, pero esas leyes son difíciles de implementar. En 2005 hubo un caso emblema en el que seis hombres abusaron de una beba de 9 meses (porque cuanto menor es la víctima más posibilidades de curarse hay, según la creencia) y hoy están libres. Una cadena de repudio internacional presionó para el mantenimiento de la UPM (Unidad de Protección del Menor) que amenazaba con ser clausurada por esos días, y este caso impidió ese cierre. Sin embargo, los delitos contra menores no disminuyeron.

La nota de color de esta cobertura “mundial” la viene a dar Sonnet Ehlers, una médica especialista en atención de víctimas de violencia sexual, que creó un dispositivo que popularizó como “condón antiviolación” y repartió 30 mil unidades en las inmediaciones de los estadios de fútbol para evitar agresiones sexuales. Un preservativo que se inserta en la vagina como si fuera un diafragma pero que tiene, en su interior, pequeñas sierras y ganchos que atrapan el pene y obligan al agresor a salir corriendo al hospital. Hubo críticas por la posibilidad de que el “enganchado” agreda con más furia a la víctima, pero Ehlers aseguró que con las heridas, es difícil que pueda hacer mucho.

Flor Monfort

Fuente: Página 12


17 junio 2010

Diego Forlán: el hombre que silenció las vuvuzelas en Pretoria


Foto: EFE


El delantero uruguayo Diego Forlán consiguió hoy lo que tantos habían intentado y nadie había conseguido: acallar, al menos por un momento, las escandalosas vuvuzelas en la Copa Mundial de fútbol Suráfrica-2010.

Un doblete del atacante del Atlético de Madrid disminuyó los niveles de entusiasmo de la hinchada local en el partido del grupo A entre Uruguay y los Bafana Bafana, disputado en el capitalino estadio Loftus Versfeld y ganado 3-0 por los primeros.


Foto: Reuters


La anotación inicial de Forlán en el minuto 24 sembró la duda en la gradería, pero no minó por completo el espíritu de los seguidores surafricanos, quienes seguían confiando en la remontada y generaban una bulla inconcebible.

Pese a que el once anfitrión no mostrada signos de mejoría, su barra continuó optimista hasta el minuto 80, cuando un penalti sobre el atacante Luis Suárez prácticamente sentenció el cotejo en favor de los suramericanos.

Para colmo, el portero Itumeleng Thune recibió una tarjeta roja directa por impedir una clara ocasión de gol al derribar a Suárez en el área chica.

Tras unos minutos de incertidumbre en espera del ingreso a la cancha del cancerbero suplente Moneeb Josephs, la debacle se consumó cuando Forlán acertó en el cobro de la pena máxima y colocó el 2-0 en el lumínico.

Con dos anotaciones debajo y un hombre de menos, la fortaleza de los parciales locales no soportó más y colapsó: la nutrida batería de vuvuzelas se apagó y en los restantes 10 minutos apenas se sintió ruido en el centenario recinto.




Por primera vez en el certamen se escuchó el aliento de una afición visitante por encima de los parciales de Suráfrica. La banda charrúa no desaprovechó la ocasión y entonó a toda voz su canto de guerra "Soy Celeste" y se desgañitó gritando Uruguay, Uruguay...

El trabajo empezado por Forlán lo apuntaló el centrocampista Alvaro Pereira al decretar la goleada en tiempo de descuento y dejar en terapia a la selección anfitriona, obligada a ganar en su próxima salida ante Francia.




A la salida de la instalación algunos seguidores locales cantaban y bailaban, con la intención de tomar la derrota con deportividad, o quién sabe si para calentarse ante las bajas temperaturas.

Frank Marín Vergara

Fuente PL


16 junio 2010

Un solo grito: Vamo' Uruguaaayyyy, carajoooooo!!!




Hoy brilló el sol en el cielo CELESTE de Pretoria






Uruguay 3 - Sudáfrica 0




Diego Forlán, el goleador de la tarde






Maradona: “Todos tenemos que estar con ellas”


Foto: EFE


La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo viajó a Sudáfrica para promocionar la candidatura al Premio Nobel de la Paz. “Los argentinos queremos saber la verdad”, dijo el DT de la Selección después de saludarla.

Estela de Carlotto fue a ver una práctica de la Selección en Sudáfrica, donde viajó para promocionar la candidatura al Premio Nobel de la Paz para las Abuelas de Plaza de Mayo. Terminado el entrenamiento, Diego Maradona se acercó a saludarla y le dio su apoyo. “Es una luchadora”, dijo sobre la titular de Abuelas. También reconoció el trabajo que está haciendo la entidad para recuperar a los hijos de desaparecidos apropiados durante la dictadura. “Los argentinos queremos saber la verdad”, sostuvo. “Todos tenemos que estar con ellas, y los que no quieren estar es porque se hacen los giles.”

Carlotto viajó a Sudáfrica para realizar una serie de actividades, entre ellas entrevistarse con Nelson Mandela, aunque esa reunión se suspendió luego de que una bisnieta del ex presidente sudafricano –Zenani, de 13 años– perdiera la vida en un accidente de tránsito.

La visita de ayer a la Selección tuvo en parte el objetivo de hacer un gesto de agradecimiento a Maradona. El equipo argentino está respaldando públicamente la postulación de Abuelas de Plaza de Mayo para el Nobel de la Paz. En el partido de despedida antes de viajar a Sudáfrica, que el seleccionado jugó contra Canadá, los jugadores salieron a la cancha con una bandera que decía “Apoyamos a las Abuelas de Plaza de Mayo para el Premio Nobel de la Paz”. La pancarta viajó a Sudáfrica y está ahora colgada en las tribunas del estadio de Pretoria durante los entrenamientos.

Carlotto llegó al Centro de Alto Rendimiento de la Universidad de Pretoria con un vestido de invierno negro. Hacía un frío polar que calaba los huesos, y el viento, intenso, helaba manos y narices. Carlos Bilardo le prestó un camperón de los que usan los integrantes del cuerpo técnico.

Terminada la práctica, Maradona y ella charlaron a un costado de la cancha durante unos cinco minutos. “Gracias por venir, las quiero mucho”, le dijo el DT de la Selección. Diego le regaló además un banderín argentino y tuvo gestos de afecto como tomarle las manos y despedirla con un cerrado abrazo. La escena fue vista desde las tribunas, a las que Maradona se dirigió después para decir, sobre el trabajo de Abuelas, que “todos los argentinos queremos saber la verdad”.

Diego se confundió también en un abrazo con Gabriel Batistuta, quien presenció el entrenamiento en las tribunas mezclado entre los periodistas. “¡Aquí traemos a buenas personas!”, les gritó a los periodistas que cubrían el entrenamiento.

Carlotto, por su parte, contó del encuentro que le había agradecido por la actitud de “su hija Dalma, que es muy solidaria, y a través de su arte, del Teatro por la Identidad, nos ayuda a buscar a nuestros nietos”.

“Me recibió con gran cariño y ternura”, agregó. “Tiene dos hijas maravillosas y él también es abuelo ahora. Abrazarlo es abrazar algo muy querido, con la ternura de una abuela. El representa a los argentinos que luchan desde abajo, desde donde surgieron.”

La presidenta de Abuelas conoció a Maradona un 1º de Mayo en Cuba, donde había sido invitada por Fidel Castro para los festejos del Día de los Trabajadores. Ayer se dijo ilusionada con la posibilidad de que el seleccionado se consagre campeón del mundo y que las Abuelas consigan también su reconocimiento. Carlotto comparó este mundial con el que se hizo con Videla en el palco presidencial: “En el Mundial ’78 se hacían los goles y los papás de desaparecidos llorábamos, a pesar de ser argentinos, porque mientras se hacía un gol se apagaban los gritos de los que estaban secuestrados y estaban siendo torturados e iban a ser asesinados”, recordó. En cambio, dijo, el Mundial de Sudáfrica “nos llena de esperanza”. “Qué lindo sería que la Argentina se merezca el premio que es esta copa y el Nobel que es para todos los argentinos”, apuntó.

La dirigente llegó a Sudáfrica el sábado. El domingo estuvo en el Pabellón Argentino, una muestra en Sandton, a unos pocos kilómetros de Pretoria, y en el Museo de la Memoria, en Soweto. Tiene previsto asistir mañana, antes de volver a Argentina, al partido que la Selección disputará ante Corea del Sur en el estadio Soccer City de Johannesburgo, donde tal vez pueda sacarse las ganas de ver a Juan Sebastián Verón, al que ayer no pudo saludar. La titular de Abuelas contó que conoce a Verón “desde que es bebé”, porque su familia frecuentaba en La Plata “al papá de Sebastián”. “Conozco a Bilardo, al papá de Sebastián y a él de cuando era bebé. Además hay algo especial, mi esposo era fanático de Estudiantes. Todavía recuerdo el campeonato del ’68”, cuando el equipo de La Plata ganó el titulo de campeón del Mundo.

La candidatura de Abuelas para el Premio Nobel de la Paz fue aceptada por el comité noruego el pasado 20 de abril. La postulación fue impulsada por Daniel Filmus, quien las propuso como “un ejemplo no sólo de recuperación de la memoria, sino de cómo buscar un futuro mejor para todos”. El ganador del Nobel se dará a conocer a mediados de octubre y la ceremonia de entrega se realizará en diciembre en la ciudad de Oslo, Noruega. Hasta el momento, Abuelas logró localizar y restituir a 101 jóvenes apropiados por el terrorismo de Estado. En el organismo estiman que todavía quedan otros 400 por encontrar, para muchos de los cuales, cuando ellas no estén, quedará el registro del Banco de Datos Genéticos. “El mejor premio, siempre, es encontrar otro nieto”, reiteró ayer Carlotto ante los medios que registraron el encuentro con Maradona.

Fuente: Página 12


13 junio 2010

Sí, sí, pero


Sí, sí, ganamos... pero. Sí, la Pulga, bien. Verlo nos hizo volver a aquellos años ’30 y ’40, aquel Moreno, aquel Cherro, ese Sastre, De la Mata. Para no hablar del Torito Aguirre, el mejor de todos y además canaya. Pero ayer parecía que imitábamos a los ingleses. El pase justo, todo calculado, sin sudar la camiseta. Mientras los africanos jugaron a lo rioplatense de antes, la gambeta, bien sudados, todos para adelante, luchando la redonda hasta la raya. Pero eso sí. Messi. Para aplaudirlo, tiene mucha mostaza. Y el cabezazo del Gringo que nos hizo respirar y esperar tranquilos a los chinos de Corea. Sí, y otro más, el que nos salvó con su cabezazo matemático, el Gringo Heinze, natural de aquellas colonias santafesinas tudescas de donde venimos varios. Pero después, todo como juego de señoritos, mientras la negrada se comía el césped de puras ganas de jugar. Además, ¿por qué Maradona siempre en pantalla? Se vieron más escenas de Maradona que de la pelota. La chantada en colores, esta vez vestido como un niño bien de la calle Florida y mirando desde lo alto como el Espíritu Santo. Falta que le recemos una oración en vez de cantar el Himno al empezar...

El mejor jugador del partido fue sin duda el arquero africano. Las paró todas, menos el cabezazo del Gringo.

De los demás nuestros podemos hablar bien del arquero Romero, un guardavallas que me hizo recordar a aquel Bossio, a Yustrich, a Bello, a Gualco, que vi jugar bajo los palos cuando niño y que con los dedos en la boca pegaban un silbido a los compañeros para que se avivaran que podía venir la carga por la izquierda y dos chiflidos si venían por derecha.




Sí, ayer jugaron bien los argentinos pero les faltó algo más, más alma, más entusiasmo, más calor. Apenas por un gol, porque chingamos muchos otros, pero ellos también, los africanos estuvieron varias veces ahí nomás del empate. Debo decir que, más allá del frío del equipo, también me gustaron –además de Romero y la Pulga (el mejor), el Pipa, el Galgo, la Bruja y La Fiera y, como ya dije, el Gringo, por su cabezazo que nos salvó. A lo mejor, ese cabezazo es el que nos clasifique, pero vamos a ver cómo nos va con esos japonesitos de Corea que ya dejaron a los griegos en el camino.

Apenas uno a cero. Y menos mal que llegó pronto el final. Con nostalgia recordé aquello que nos hablaban los mayores, cuando los argentinos en 1928, en el Mundial de Amsterdam, les ganamos 11 a 2 a Estados Unidos, 6 a 3 a los belgas y 6 a 0 a los egipcios. ¡Qué tiempos aquéllos! Claro, perdimos la final 2 a 1 con los uruguayos, pero los periódicos nuestros disimularon la derrota titulando: “Triunfó el fútbol rioplatense”. ¡Qué tiempos aquéllos, repito! Bueno, empezaríamos por decir que en esa época el fútbol no se jugaba dinero de por medio, era amateur. Los jugadores nacían y morían defendiendo a un solo club, esa camiseta.

Pero no hablemos de ese tema... porque nos pondríamos a ventilar el poder del dinero y estamos en la sección deportes. Vivamos también la ilusión de que hoy lo hacen por la camiseta. Este viejo del tablón –“tablón”, palabra que se usaba antes para designar a la tribuna– va a tratar de “modernizarse”. No vamos a aguar la fiesta, por el momento.

Osvaldo Bayer

Fuente: Página 12


12 junio 2010

El otro mundial


1.500 personas, casi todas zimbabuenses, fueron desalojados de Chambers, uno de los edificios abandonados y en ruinas que están situados en el corazón financiero de Johannesburgo. La expulsión fue llevada a cabo con total impunidad por un grupo de seguridad privado llamado “Hormigas Rojas”. La policía sudafricana, presente en el lugar, no se opuso al desalojo en ningún momento. Foto: Sara Hjalmarson/MSF


El apartheid social

Organizaciones sociales sudafricanas aumentaron en las últimas horas el tono de la denuncia. Acusan a las autoridades municipales del *Cap* y de otras ciudades del país de expulsar a miles de “sin techo” hacia zonas periféricas alejadas de la vista de los visitantes.

Derrotado heroicamente el apartheid en 1994, sin embargo el impacto colonial no ha sido superado radicalmente en estos tres lustros de la nueva Sudáfrica, principal potencia económica del continente.

Si bien desde 1995 el ingreso mensual medio de la mayoritaria población de color aumentó en un 37 %, en igual período el de la población blanca superó el 83%. África del Sur es una de las diez naciones del mundo con mayor desigualdad interna.

El 20 % de las familias más ricas concentran el 62 % de los ingresos a nivel nacional, mientras que el 40 % más pobre de la población total araña apenas el
10 %.

El desempleo explota junto con la desesperación. Oficialmente, el 24.3% de la población en edad productiva no tiene trabajo. Cifra que en realidad oscila en el 40%. Uno de cada dos jóvenes esta excluido del proceso productivo. Tasa que aumenta sensiblemente entre los jóvenes negros: 70% de ellos no tiene acceso al trabajo al concluir la escuela.

Cuatro de cada diez sudafricanos viven con menos de 2 dólares diarios – frontera del concepto de la pobreza según las Naciones Unidas-. Desde 1990 a la actualidad la esperanza de vida media descendió de 62 a 51 años.

¡Fuera de juego!: tarjeta amarilla a la FIFA

Más de 13 mil suizos sostuvieron con su firma la campaña lanzada en abril pasado contra la FIFA y en solidaridad con los sectores más excluidos de la población sudafricana.

Iniciativa promovida por la “Ayuda Obrera Suiza” (AOS), que dio así continuidad a la Campaña Internacional a favor del “Trabajo Digno” lanzada por las principales centrales sindicales mundiales en el marco del Foro Social Mundial de Nairobi, Kenya, en enero del 2007. Ya entonces se anticipaban los potenciales estragos sociales que llegarían de la mano del mundial 2010.

Esa organización de solidaridad helvética acusa a la Federación con sede en Zürich de pasividad o falta de compromiso activo en tres áreas sensitivas.

No presionar a los países organizadores de competencias (en este caso África del Sur) para que sus empresas y auspiciantes respeten las normas mínimas de trabajo digno y consulten a los sindicatos.

No denunciar la violación de derechos humanos, en particular las expulsiones de los “sin techo”. Y en tercer lugar, no respetar a fondo la libertad de prensa.

Organizaciones del sector denuncian las restricciones impuestas para el trabajo informativo y las condiciones para la acreditación de sus miembros. En particular, el inciso que estipulaba que la actividad periodística “no debe atacar la reputación de la FIFA”. Esa fuerte reacción llevó a la Federación a relativizar ese punto.

La presión internacional y la movilización social interna produjeron frutos parciales. El caso de los obreros que construyeron los estadios fue significativo. Lograron pasar de los 2500 *Rands* por mes a 3000 *Rands* (en torno a los 460 dólares estadounidenses). Sin embargo todavía menor a los 700 dólares exigidos como salario mínimo – vital por parte de los sindicatos sudafricanos.

Flagelos sociales contra la niñez

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) convocó el jueves 10 de junio a su campaña “Ir derecho hacia el arco” para eliminar las peores formas de trabajo infantil hasta 2016.

Al tiempo que crece la excitación planetaria por el Campeonato Mundial de fútbol, señala la OIT, “215 millones de niños en todo el mundo deben trabajar para sobrevivir. Para ellos, la educación y el juego son un lujo”, sentencia.

Y es al organismo internacional de convocar, en este caso en colaboración con la FIFA, a la jornada “Tarjeta roja al trabajo infantil” a realizarse en 60 naciones, el mismo viernes de la apertura del Mundial.

En paralelo la Organización de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), aprovecha del telón de fondo de la competencia futbolística para lanzar un alerta sobre el riesgo de abusos sexuales potenciales contra niños y niñas durante esa competencia que reunirá a casi 3 millones de espectadores locales.

La resistencia hondureña

La cara oculta del “otro mundial” saldrá a la luz en actividades creativas de protesta y denuncia en los más diversos rincones del planeta.

Honduras – que hace parte del mismo grupo junto con España, Chile y Suiza- sufrió en junio del año pasado un Golpe de Estado. La actual “normalización” democrática encabezada por Porfirio Lobo es fuertemente criticada en Latinoamérica y por sectores solidarios europeos. La represión continúa y se agudiza contra el Frente de Resistencia y su militancia.

Asociaciones de solidaridad y de residentes latinoamericano en Suiza, por ejemplo, decidieron darle una imagen a la resistencia. Durante la transmisión televisiva de los partidos en que juegue Honduras, militantes solidarios distribuirán en locales públicos figuritas tipo “Panini” pero en este caso con las fotos de algunas de las víctimas de la resistencia.

Sergio Ferrari

Fuente: ALAI


Forlán fue elegido como mejor jugador de la cancha


Foto: EFE


Diego Forlán, pese a no haber conseguido abrir el marcador, fue elegido el mejor jugador de la cancha del encuentro entre celestes y galos. El ariete oriental dijo que el equipo uruguayo "nunca pudo entender cómo abordar el partido", y agregó que el trámite fue "bastante equilibrado". Forlán es la carta más temida por los futuros rivales.

El delantero uruguayo Diego Forlán confirmó los temores de los franceses y se mostró como el jugador más peligroso del ataque 'charrúa', llevando peligro con frecuencia, pero sin poder evitar que el encuentro terminara con un triste empate sin goles (0-0).

En un partido donde ambos estrategas consiguieron que sus defensas bloquearan el paso al rival, Forlán dio más de un problema a William Gallas y buscó en todo momento la meta de Hugo Lloris, fiel a su acreditado instinto 'matador'.

"Fue un partido duro, tuvimos algunas ocasiones, el resultado es este. El hecho de haber perdido un jugador por expulsión nos complicó el partido", dijo el uruguayo.
En el minuto 16, un disparo suyo obligó a intervenir al arquero del Lyon, en una de las ocasiones más claras de la primera mitad.

En la segunda siguió intentándolo a ráfagas, como su equipo, y dispuso de buenas ocasiones en los minutos 52 y 71. En esta última, funcionó la esperada conexión con Luis Suárez, que le habilitó con una gran asistencia, pero su disparo cruzado se fue a la izquierda de la meta europea.

Con los minutos avanzando, la estrella del Atlético de Madrid fue perdiendo la paciencia y su equipo se fue atrás, sobre todo tras la expulsión de Nicolás Lodeiro en el minuto 81.

Forlán, que fue elegido el jugador Budweiser, galardón que recibe el mejor jugador del partido y de acuerdo con FIFA, manifestó al portal de la Federación que "nunca pudimos entender cómo abordar este partido. Gozamos de algunas buenas oportunidades pero a menudo fallamos el último pase. Es una pena. A mí el partido me pareció bastante equilibrado".

En un grupo donde todos los equipos están igualados a un punto, tras el empate previo entre Sudáfrica y México (1-1), Forlán se presenta decisivo para los siguientes retos uruguayos, contra Sudáfrica el miércoles 16 y ante México el martes 22.

Fuente: Montevideo Portal


Magic




Todos confiaban en la “Mandela Magic”, esa que permitió que Sudáfrica ganara los dos grandes torneos internacionales que se disputaron en su tierra, el Mundial de Rugby en 1995 y la Copa Africana de Fútbol en 1996. En los dos casos, el legendario dirigente presenció el partido inicial y el último. Pero Mandela nunca llegó. Por la noche, su bisnieta Zenani, de 13 años, murió en un accidente automovilístico y el duelo cubrió a su familia y a todo el país. Sin el saludo del líder salieron apagados a la cancha y sufrieron el acoso de los mexicanos hasta que un golazo de Siphiwe Tshabalala les devolvió la confianza. Tshabalala es zulú, la misma tribu a la que pertenece el actual presidente sudafricano, Jacob Zuma.

Fuente: Página 12


10 junio 2010

Uruguay: Tabárez dió a conocer los 11 titulares que enfrentarán a Francia


Foto: EFE


El entrenador de la selección uruguaya de fútbol, Oscar Washington Tabárez, develó el misterio y dio a conocer los once titulares que enfrentarán a Francia en el debut del equipo, el próximo viernes en Ciudad del Cabo a las 15:30 (hora uruguaya).

El sistema puede variar según el posicionamiento de los franceses en el terreno de juego, pero lo que no cambiará es el once inicial.

El maestro colocará a Fernando Muslera; Mauricio Victorino, Diego Lugano y Diego Godín; Maximiliano Pereira, Egidio Arévalo Ríos, Diego Pérez y Álvaro Pereira; Ignacio González; Luis Suárez y Diego Forlán.

Finalmente, los cambios que se rumoreaban en los días previos se confirmaron. Arévalo Ríos ocupará el lugar de Walter Gargano en zona de volantes, y Mauricio Victorino ingresará por Andrés Scotti.

A pesar de que el sistema previsto es 3-4-1-2, el mismo puede variar fácilmente. Si bien Andrés Scotti ofrecía otras posibilidades debido a su polifuncionalidad en los puestos de la zaga, Victorino tuvo minutos como lateral derecho con Tabárez.

En el caso que el seleccionador francés Raymond Domenech utilice tres delanteros, el Maestro se inclinará por alinear cuatro hombres en el fondo.

Los informes de la prensa de aquel país indican que efectivamente, el responsable técnico galo colocará tres puntas, tal como lo viene haciendo en los cotejos de preparación.

Si no hay sorpresas, jugarán Lloris; Sagna, Gallas, Abidal y Evra; Gourcuff, Toulalan y Malouda; Ribery, Govou y Anelka.

Tal como sucede en los Mundiales, todos los demás integrantes de la lista de 23 futbolistas, estarán a la orden en el banco de suplentes, a diferencia de los encuentros de Eliminatorias en donde sólo se permiten siete jugadores.

Este jueves, los celestes viajarán a Ciudad del Cabo, donde reconocerán el terreno del Green Point Stadium, donde el viernes abrirán su participación mundialista ante el equipo galo.

Fuente: Montevideo Portal


08 junio 2010

Charla a fondo con Eduardo Galeano sobre el Mundial de Sudáfrica




A partir del sábado que viene y hasta la finalización misma del Mundial Sudáfrica 2010, como viene sucediendo desde hace muchísimo tiempo y cada cuatro años exactos, Eduardo Galeano exhibirá un cartel en la puerta de su casa: “Cerrado por fútbol”. El gesto, más divertido y diplomático que el “no molestar” de los hoteles (y al que podría acompañar con un “estoy trabajando para ustedes”, ya se verá), de todas maneras parece innecesario: “Durante los mundiales directamente me voy del Planeta Tierra. Me mudo al Planeta Pelota, igual de redondo pero más chico. Me dedico a ver todos los partidos, o al menos a intentarlo, porque siempre pasa que alguno me pierdo. Pero lo que quiero decir es que me siento con una cervecita bien fría delante de la TV y me meto en una pelota. Y de ahí no salgo hasta que el Mundial se termina. Así de sencillo”.

Pero el Mundial todavía no empezó. Y el escritor uruguayo, antes de perderse en el laberinto de fixtures y horarios, esas coordenadas particulares del Planeta Pelota cuando la escena ocurre lejos, habló de todo (en el programa De Puntín, de Ediciones Al Arco, AM 970, radio Génesis, sábados de 13 a 14). Habló de Lionel Messi: “Es el mejor del mundo porque sigue jugando como un chiquilín en el barrio”. Habló de Diego Maradona: “Ha sido injustamente atacado, y aunque una cosa es ser jugador y otra técnico, todavía hay que darle tiempo y espacio”. En definitiva, habló de fútbol.

–¿Sigue teniendo con el fútbol la misma relación de siempre?

–Absolutamente. No podría estar alejado del fútbol. Soy fútbol-adicto. Y esto viene de la infancia más remota, porque mi padre me llevaba al estadio cuando yo todavía era un bebé. Y luego, claro, toda mi vida jugué al fútbol.

–¿Jugaba bien?

–No. Mal, muy mal. Era entreala derecho, lo que hoy sería un volante ofensivo, pero siempre fui un chambón, un pata de palo. Así que al final me resigné, acepté mi destino y terminé intentando escribir para ver si podía hacer con la mano lo que con los pies no pude hacer nunca.

–Pero esos intentos fueron apenas eventuales hasta la aparición de El fútbol a sol y sombra.

–Es verdad. Hasta ese libro yo había escrito muy poco de fútbol, pero después me tomé el tema más a pecho. Por fin hice lo que quería: jugar al fútbol con las palabras y a mi manera. A este libro lo voy actualizando luego de cada Mundial, y eso también tiene que ver con aquello de “Cerrado por fútbol”.

–El ejercicio de unir literatura y fútbol, por cierto, parece cada vez más aceptado, o al menos es más practicado.

–Celebro que haya gente que escribe muy bien y que no oculte su pasión futbolera. Cuando tenía 20 años, dirigí en Uruguay un diario independiente de izquierda. Se llamaba Epoca y tenía buena resonancia, con 35 mil ejemplares. Eramos todos muy jóvenes y capaces de esa locura, una experiencia maravillosa en la que nadie cobraba y de la que todos los militantes, unos 5 mil, éramos accionistas. Así que recuerdo muy bien lo que eran las asambleas, con 200 o 300 personas hasta las siete de la mañana, en las que yo tenía que dar la cara y defender las páginas dedicadas al fútbol. Era la pelea más feroz de todas, porque para los militantes de izquierda aquello era dilapidar cinco o seis páginas de un vocero de la clase trabajadora, de un diario antioligárquico, para consagrar al fútbol, el “opio de los pueblos”. Recién ahora la izquierda se está curando de esa enfermedad en la que acusa al fútbol de que la gente no piense. Ahora los intelectuales no tienen vergüenza.

–¿Y qué espera de este Mundial, como hincha y como intelectual?

–Que me ofrezcan una fiesta para los ojos. Ese prodigio de hermosura que el fútbol es. Obviamente que quiero que gane Uruguay, y si no es Uruguay que sean la Argentina o Brasil, los países que siento más próximos. Pero antes que nada soy un fanático del buen fútbol.

–Más allá de los colores...

–Más allá de los colores. De chiquilín era hincha rabioso de Nacional. Iba al talud (la popular), detrás del arco, es decir la tribuna más pobretona y más violenta, porque en aquel tiempo yo también me fajaba como cualquier hijo de vecino. Era bastante peleón. Tenía 11, 12, 13 años. Pero con el paso del tiempo fui descubriendo que lo mío es el fútbol, sobre todo cuando alguien me ofrece esa fiesta, la del fútbol bien jugado. Cuando ocurre ese milagro, lo agradezco sin importarme el equipo o la selección. Y más todavía: incluso en partidos de Nacional, confieso que muchas veces quiero, secretamente, que gane el menos poderoso, el más pequeño. Como me dijo una vez un amigo español: “Estás condenado, porque vas a estar siempre de parte del toro”. Nunca del torero. Por eso me hizo feliz el título de Argentinos Juniors, la posibilidad de que se rompa el monopolio, más allá de que tengo amigos que son hinchas.

–¿Sigue yendo a la cancha?

–Sí, sigo yendo. Es curioso, hasta masoquista diría, porque el fútbol rara vez me devuelve en el estadio algo que se parezca a la expectativa que me lleva. Espero ver un espectáculo bello y muy rara vez ocurre.

–¿Y a qué le atribuye la insistencia?

–Primero, a la diferencia que existe, por ejemplo, entre el cine y el teatro. Una cosa es ver el partido en el estadio, donde se escucha la respiración de los protagonistas, y otra cosa diferente es verlo por televisión. Pero también creo que tiene que ver con algún residuo de mi formación católica.

–¿Cómo es eso?

–Tuve una infancia muy católica. Creía en Dios y creía que Dios creía en mí. Ahora no creo más en el cielo, ni en el dolor, ni en ese elogio del dolor que la Iglesia Católica me metió adentro, pero me debe haber quedado algún efecto residual de aquel aprendizaje: que todo lo que sufras en la Tierra será recompensado en el cielo. ¡Debe ser eso lo que me lleva a la cancha! Pero también me lleva el espectáculo del público, el fervor, esas oleadas de entusiasmo que sentís cuando la gente está a tu lado y no cuando lo ves por televisión o te lo cuentan. ¡Y las ocurrencias de la gente! Recuerdo que había un jugador de Nacional, Escalada, que de 90 veces que pateaba al arco, apenas una era gol. En las restantes le gritaban: “¡Con la herradura no, con la herradura no!”. Eso también es parte de la fiesta del fútbol y es algo que yo, que siempre fui un escuchador, disfruto de manera especial.

–De aquella infancia católica y futbolera, ¿qué cosa recuerda con cariño particular?

–La pared de mi pieza, en la que tenía un crucifijo rodeado de figuritas. Ahí estaban Rinaldo Martino, aquel de San Lorenzo, y tantos otros que jugaron en Nacional. Era toda la pared pegada de figuritas alrededor del crucifijo. Y abajo, como para que no se vieran mucho porque eran “enemigos” de Peñarol, también había pegado a (Juan) Schiaffino o a (Julio) Abbadie. ¡Me gustó tanto verlos jugar! Abbadie era capaz de hacer que la pelota fuera rodando por la línea lateral y con puros amagues, sin tocarla, iba eludiendo a sus rivales. Me gustaría escribir como Abbadie jugaba. Me gusta ese fútbol, el de las orillas, el del wing, que en inglés significa ala. Abbadie era un hombre con alas.

–Como Garrincha.

–Exacto. Tuve la suerte de verlo jugar dos veces en Río. Era como ver a Chaplin en la cancha. Garrincha disfrutaba tanto que terminaba una jugada y se sentaba arriba de la pelota, después de dejar a todos sus rivales en el camino, provocando, como diciendo “a ver si me la sacan”. Después algunos lo querían degollar porque a veces ni siquiera hacía el gol.

–¿Messi tiene ese perfil de jugador “orillero”?

–Yo creo que Messi es el mejor del mundo porque no perdió la alegría de jugar por el hecho simple de jugar. En ese sentido no se profesionalizó. Están los que escriben por placer y están los que escriben por cumplir con el contrato o ganar dinero. Messi juega como un chiquilín en su barrio, no por la plata. Cómo se mete, cómo engaña, esa picardía que es tan linda de ver en los potreros. Cuando el fútbol profesional me desengaña demasiado, me voy por la rambla de Montevideo a ver a los chiquilines jugando en los campitos.

–¿Y a Diego? ¿Cómo lo ve en su función de director técnico?

–Creo que ha sido injustamente atacado. Una cosa es ser jugador y otra director técnico, pero hay que darle tiempo y espacio, ver qué pasa. Lo que ocurre es que Maradona tiene que cargar con una cruz muy pesada en la espalda: llamarse Maradona. Es muy difícil ser Dios en este mundo, y más difícil comprobar que a los dioses no se les permite jubilarse, que deben seguir siendo dioses a toda costa. Y el de Maradona es un caso único, el deportista más famoso del mundo, a pesar de que hace años que ya no juega, esa necesidad de protagonismo derivada de la popularidad mundial que tiene.

–En su último libro, Espejos, habla de Diego como un “dios sucio”.

–Pero no en un sentido insultante. Quiero decir que es el más humano de los dioses, porque es como cualquiera de nosotros. Arrogante, mujeriego, débil... ¡Todos somos así! Estamos hechos de barro humano, así que la gente se reconoce en él por eso mismo. No es un dios que desde lo alto del cielo nos muestra su pureza y nos castiga. Entonces, lo menos que se parece a un dios virtuoso es la divinidad pagana que es Maradona. Eso explica su prestigio. Nos reconocemos en él por sus virtudes, pero también por sus defectos.

–¿Usted lo considera capaz de llevar a la Argentina hasta la Copa del Mundo en Sudáfrica?

–La Argentina es uno de los favoritos a ganar la Copa por la riqueza de su plantel, con esto no estoy descubriendo la pólvora. Pero hablar de Maradona en esos términos me parece una desproporción, porque hoy se les da a los técnicos una importancia que para mí no tienen y que termina perjudicándolos: de hecho se los hace casi únicos responsables de una derrota. Es otra de las deformaciones del fútbol: se le da al técnico un aura científica, como si fueran colegas de Einstein. Antes ni se sabía quiénes eran los entrenadores. El mejor que conocí fue un señor que se llamaba Cóppola, que dirigía al equipo de un pueblito muy chiquito de Uruguay, Nico Pérez. Era peluquero, un día se sacó la grande y puso un cartelito en su local: “Cerrado por exceso de capital”. La cosa es que toda la táctica y toda la estrategia de Cóppola se reducía a lo siguiente: acompañaba a sus jugadores a la cancha, los palmeaba en la espalda a medida que iban saliendo y les decía, sencillo: “Muchachos, ¡buena suerte!”.

–Por afuera de lo estrictamente deportivo, ¿podría perjudicar el camino de la Argentina en el Mundial esta presencia tan mediatizada de algunos barras en Sudáfrica?

–Sería una pena, teniendo la Argentina tanta calidad de jugadores, que se embarrara la cancha por un tema así. En principio, el hecho de que viajaran junto con el plantel me generó preocupación. Pero espero que no ocurra ningún desastre, que no empañen lo que creo será un alto lucimiento, que no haya episodios de violencia por estos fanáticos que no aman al fútbol del mismo modo que los borrachos no aman el vino. Entre muchas otras cosas, Da Vinci escribió un libro en el que recogió fábulas de la región toscana de Italia, y ahí hablaba de eso: de la ofensa de una botella de vino por la mala manera en que la tomaba el borracho. Siempre pensé que era una fábula muy justa y es la misma relación entre el fútbol y los fanáticos de la violencia, ese desahogo que hacen de lo peor que el alma humana tiene.

–¿Y a Uruguay? ¿Cómo lo ve?

–Creo que mejoró mucho con relación a tiempos no tan pasados. Lo que ocurre es que Uruguay sigue siendo un país exportador de “pie de obra”. Vendemos mano de obra y, en el caso de los futbolistas, pie de obra. Hay más de doscientos jugadores uruguayos en el exterior. Tener esa cantidad afuera, en un país cuya población entraría en Avellaneda, habla de que estamos muy desangrados. Al período de esplendor de nuestros futbolistas lo vemos por la TV. De todas maneras, en función de esa calidad de jugadores, porque por algo son convocados de las ligas más importantes del mundo, yo tengo la ilusión de que Uruguay juegue lindo, juegue bien. Aunque ya no somos los que éramos.

–¿En qué sentido?

–Hay una parte de la historia que parece inexplicable: cómo un país despoblado y pequeñísimo pudo ganar la medalla de oro en fútbol de los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928, el Mundial de Uruguay de 1930 y pudo vencer en el Maracaná, en el Mundial de Brasil de 1950, contra todo pronóstico. Pero eso tiene explicación: el papel fecundo que tuvo el Estado uruguayo en los albores del siglo XX. Uruguay estuvo en la vanguardia del mundo en educación libre, laica, gratuita y obligatoria, con un papel creativo, y allí estuvo integrada la educación física. Sembró campos de deportes en todo el país. Por no hablar de muchas otras cosas: las ocho horas laborales antes que en los Estados Unidos, el voto femenino antes que en Francia, la ley de divorcio 60 años antes que en España... cosas así. Eso explica cómo un país minúsculo pudo llegar tan alto. Pero el Estado perdió esa energía de cambio, se fue desinflando, y esa falta de continuidad en la vocación creadora del poder público se reflejó en el fútbol. Por eso digo que ya no somos los que éramos.

–El futbolista tampoco es lo que era.

–Eso es verdad. La gente deposita en ellos una carga enorme. Esto engorda el ego de quienes reciben el elogio multitudinario, pero a la vez representa una carga muy pesada. Hay una cosa muy perversa ahí.

–¿Cuál es, puntualmente?

–Fabricar ídolos para después voltearlos. Es un cuchillo de doble filo, en definitiva. La gente se reconoce en la alegría de un jugador, cuando gana o juega bien. Pero también los hace responsables de la desdicha colectiva cuando pierde. Porque allí el alma de mucha gente se de-sinfla.

Julio Boccalatte y Marcos González Cezer

Fuente: Página 12