Paula junto a Chicha Mariani, quien sigue buscando a su nieta
“Esas mujeres eran locas y sus hijos tirabombas”
Su abuela Elsa la ubicó en poder de los apropiadores en 1982, pero recién logró que Paula recuperara su identidad en 1987. Con ella se utilizaron por primera vez las pruebas de ADN que finalmente se convirtieron en una herramienta indiscutible.
Paula Logares tiene un recuerdo antiguo de las playas de Mar del Plata, de haber estado una o dos veces ahí. En esas playas aparece una escena, la imagen de los aplausos de la gente. Cree que alguna vez preguntó a quienes suponía sus padres qué es lo que hacía esa gente. Que en ese momento le explicaron que los aplausos eran porque un niño se había perdido, y eran señales para buscar a la familia. “No me acuerdo bien –dice Paula ahora, miles de años después–, pero creo que en ese momento, yo misma, entonces, fragüé una pequeña perdidita, creo que fue así.”
Hubo otras dos veces en las que intentó perderse como si intuyera algo de su historia y de un padre que era subcomisario de la brigada de San Justo y, aún bajo la dictadura, aparecía con autos de la Mercedes Benz porque estaba contratado por la compañía. Una vez sucedió en el patio, cuando se quedó mirando una puerta pequeña convencida de que podía llevarla a algún lado. Otra vez ocurrió cerca del Obelisco. Quien hacía de madre entró a un hotel, ella se quedó atrás, imaginó qué pasaría si no la seguía. Lo hizo. No la siguió. Caminó unos metros en dirección contraria hasta que de repente sintió que su apropiadora la agarraba de los brazos.
“Me parece interesante marcar esto de que yo no estaba tan cómoda ahí, desde la perspectiva de una nena”, dice Paula. “Yo les decía papá y mamá a ellos pero era como si eso no fuese natural, como si yo estuviese de alguna manera enajenada, viviendo una situación sin vivirla y aun así es como que podía ver los roles de cada uno, tal vez algo que para una criatura no es habitual.”
A Paula la secuestraron a los 23 meses de edad. El 18 de mayo de 1978 en Uruguay una patota se la llevó con su madre Mónica Grinspon y su padre Claudio Logares. Era un día feriado, ellos bajaban de un colectivo y subían a otro camino al parque Rodó. Paula estuvo los siguientes seis años con los apropiadores: Raquel Teresa Mendiondo y Rubén Lavallén, el subcomisario de San Justo. Su abuela Elsa Pavón caminó todos esos años para encontrarla. La vio una vez cuando Paula había cumplido seis años, pero cuando quiso volver a verla los Lavallén habían dejado la casa. Las dos contaron la historia en las audiencias por el plan sistemático de robo de bebés. Elsa habló tres horas. Lloró la sala, los abogados y tres de los cuatro jueces del Tribunal Oral Federal 6 que no sabían cómo taparse la cara. La mujer habló de esa lógica siniestra del “acá está” y “acá no está” que reproducen las vueltas de una calesita. Y mientras lo hacía, y revivía cada aparición y desaparición, dijo lo que respondió cuando estaba a punto de encontrarla: “Y si me dicen finalmente que no es ella, no importa: al otro día me pongo los zapatos y empiezo otra vez”.
La reconstrucción de Paula
Paula está convencida de que Lavallén conoció a sus padres porque pasaron por el centro clandestino de la Brigada de San Justo. Los Lavallén la anotaron como hija biológica con dos años menos de edad, como si hubiese nacido más tarde.
Una vez, dice, escuchó en televisión una especie de juego en el que decían: socorro y auxilio. “Me acuerdo que con Lavallén nos pusimos a jugar en la calle, íbamos caminando y cuando él me agarraba yo empezaba a gritar socorro y auxilio. Era un juego –dice–, pero hoy lo miro distinto: creo que hay juegos y juegos y uno no se pone a jugar así, a pedir socorro y auxilio en la calle porque sí.”
Dicen que sus apropiadores no pudieron cambiarle el nombre. Que cuando llegó a la casa Paula lo repetía constantemente. “Del nombre yo no me acuerdo tanto –dice Paula–, pero sí de un juego que se repetía. Un día estaba ella, Raquel, y una especie de vecina en el departamento y me dicen: ‘A ver, hoy jugamos a que te llamás de tal manera’. Yo en esos momentos me recostaba en la cama, daba vueltas y cuando me insistían era como si me cansara y me iba a jugar a otra parte.”
Años más tarde, ya en casa de su abuela, Paula le preguntó si tenía su ropa de bebé. Habían pasado pocos días desde la recuperación, Paula la estaba midiendo. Ante una imagen de las rondas de las Madres por televisión, ya le había dicho a su abuela que esas mujeres eran locas y los hijos tirabombas. Ahora pedía la ropa. Elsa se la dio. Paula le dijo que una vez también se la había pedido a su apropiadora. La primera vez, la mujer le dijo que no la tenía porque la había donado a los chicos pobres. La segunda vez le dijo lo mismo, pero le preguntó si era egoísta. La tercera vez, le dijo egoísta y le dio una cachetada.
Paula no se acuerda. “Siempre me acuerdo que él le pegaba a ella en general en el baño –dice–, aunque alguna vez lo hizo delante mío. Me acuerdo que ella me pegó una vez, y es más, yo siempre pensé que era la única: yo tiré un plato de porcelana, tendría cerca de ocho años, y sólo me acuerdo que la miré y no volvió a pegarme.”
La búsqueda
Elsa buscó y buscó. Su consuegro le dijo una vez: “¿Se miró al espejo, Elsa?”. O: “¿Vio en qué estado está?”. Le sugirió que dejase la búsqueda, que a lo mejor su nieta ya estaba con otra familia: “¿Y usted qué va a hacer? ¿Va a volver a sacarle a los padres?”. Elsa respondió con lo que iba a decir siempre: que iba a seguir, que ésos no eran los padres.
Con el tiempo, Abuelas tuvo fotos de los Lavallén por una vecina que escuchó una discusión. Elsa vio a Paula en la puerta de la casa, pero cuando intentó volver encontró un cartel de alquiler con el departamento vacío. Dos años después, con la apertura democrática y los murales de Abuelas en las calles, alguien aportó otro dato. Paula estaba ahora a cuatro cuadras de Chacarita. Elsa viajó todos los días desde Banfield a comprar verduras frente a la casa. La primera vez que la vio entró en shock porque su nieta tenía un guardapolvo de preescolar cuando debería haber tenido uno de primaria. Elsa no sabía de la inscripción de nacimiento retrasada ni de lo que después los psicólogos le explicaron como estrés de guerra: desde el secuestro, Paula había empezado a tener retrasos de crecimiento.
Un día siguió a un micro, y supo dónde estaba la escuela. Otro día le pidió a su marido que se acerque a la niña para preguntarle nombre y apellido para la denuncia. Cuando su marido se topó con la niña tuvo la impresión de que ella estuvo a punto de decirle “abuelo”. “Mi abuela me contó eso después, pero yo tengo presente otra escena –dice Paula–: tengo el registro de gente que me miraba, y un día hubo alguien que me llama la atención y entonces me acuerdo de haber mantenido la mirada, era la hora de la salida de la escuela, yo iba camino al micro. Yo miro, sostengo la mirada pero no de forma desafiante sino como para ver qué pasaba”.
Paula después supo que ése era su abuelo. Que ese día se quedó preocupado porque no sabía si ella había reconocido en forma instintiva algún detalle y que pudiera decir algo en la casa.
Luego de las búsquedas, llegó la denuncia. Hubo jueces que hicieron todo lo posible para retrasar el encuentro. No ordenaron allanamientos, no permitieron los exámenes con los que pese a la diferencia de edad entre las dos Paulas se podía saber si era o no. Cuando el dato finalmente estuvo, hubo quien no quiso entregar a la niña hasta que no resolviera la cuestión de fondo de la causa. Paula finalmente conoció a su abuela en diciembre de 1987, fue la primera nieta restituida por ADN. El juez Andrés D’Alessio de la Cámara de Casación las presentó: “El lugar era como un castillo con sillones enormes y había una mesa ratona. Me acuerdo que me presentan a mi abuela y yo daba vueltas alrededor de la mesa porque no quería entrar en contacto con ella, ella se sienta y me muestra unas fotos de cuando yo era chica, una a upa de mis padres y otra donde estaba yo de beba. Lo que sucedió en ese momento es que en una de esas fotos yo me reconozco, me doy cuenta de que era yo, porque era una foto igual a las primeras que me habían sacado en la otra casa, pero miro y en ese momento no dije nada, y no dije nada por mucho tiempo, tal vez se lo dije años después”.
Paula tenía ocho años. “Eso era por el escepticismo que yo tenía, creo que me manejaba un poco así, desconfiaba. De pronto no sé muy bien cómo pero estoy llorando y me agarra sueño, y no era natural. Quería dormirme, como si necesitara descansar, pero no me animaba porque no estaba segura dónde hacerlo. Ahí había una asistente social. Me acuerdo que me dijo que me duerma tranquila, que ella me daba un anillito que tenía: ‘Vos te dormís con el anillo y cuando te despertás me lo das’. Yo le dije que no, y le pedí el otro anillo que tenía en la mano porque me imaginaba que si no me lo había ofrecido era porque tenía más valor.”
Alejandra Dandan
Fuente: Página 12
Foto: Pablo Dondero
“Cerré una etapa y abrí otra”
Ezequiel trabajaba en la Fuerza Aérea cuando confirmó que era hijo de desaparecidos. Después de oponerse a los análisis de ADN, habla del encuentro con su familia. Hoy dice que su objetivo es “sumar”.
Durante diez años se opuso a que le hicieran una prueba de ADN para establecer si era o no hijo de desaparecidos. Allanaron su casa y se llevaron su ropa, pero eso tampoco dio resultado. Lo pararon en la calle, lo escoltaron al juzgado, le pidieron la remera y otras prendas y entonces sí, se estableció que sus padres eran María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein, secuestrados en julio de 1977. La confirmación de esa noticia no se la dio un juez, sino la entonces ministra de Defensa, Nilda Garré. Es que Ezequiel Vázquez Sarmiento trabajaba en la Fuerza Aérea. Es el nieto 102 recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo y es la primera vez que da una entrevista. De hecho, él la propuso. “Quiero agradecer”, explica: “Yo pensaba que querían revancha y venganza y al final nada que ver. Uno después habla con la gente de allá y lo único que fue es contención y calidez. Para mí, el post enterarme e interactuar con las personas de Abuelas fue muy importante para cambiar los prejuicios”.
La particularidad más ostensible del caso de Ezequiel es que al momento de confirmar que era hijo de desaparecidos y durante buena parte de lo que duró el proceso judicial para establecer su identidad, él trabajaba en la Fuerza Aérea. Es el primer nieto recuperado que es empleado de las Fuerzas Armadas. Su apropiador, un oficial de esa misma fuerza, está prófugo desde 2003. Ezequiel lleva su apellido y no quiere modificar esa situación, al menos por ahora. El no dice apropiador. Dice “mi padre”, o “la persona que considero mi padre”.
Ezequiel vive con la mujer que lo crió, su esposa y sus tres hijas e incorporó a su vida a sus dos parientes biológicas más cercanas: su abuela materna y su tía. Además, otras dos mujeres intervinieron en este proceso: la ministra de Seguridad (en ese entonces de Defensa) y la presidenta Cristina Kirchner.
En septiembre del año pasado, el joven fue convocado al despacho de Garré. No conocía a la funcionaria personalmente y creyó que había hecho algo mal, aunque no sabía bien qué. Se preparó para un reto: “Fue un diálogo muy ameno, ella me quería adelantar y contar el resultado del ADN, pero conteniéndome y respetando mi postura. Me dijo que conocía mi caso y estuvimos hablando un montón, hasta de temas familiares. Fue la primera persona con la que tuve una charla así”.
Luego vino el anuncio de las Abuelas de Plaza de Mayo. Ezequiel prefirió mantenerse al margen. Pero la distancia le duró poco. Enseguida decidió hablar con su familia biológica: quería contarles lo que sentía, explicarles. Fue a Mar del Plata para conocer a su tía y a su abuela: “Bajé del avión y en el aeropuerto me esperaba mi tía, la reconocí porque era la única mujer que estaba llorando”. Tiempo después ellas vinieron a Buenos Aires. Ezequiel les presentó a la mujer que llama “mamá”, o “vieja”. “Apenas las saludó, mi mamá se puso a llorar y mi tía y mi abuela biológica la abrazaron, la consolaron. Eso para mí fue muy fuerte. Ellas no tenían rencor ni bronca.”
–¿Entendés igual que es un poco paradójico, no?
–¿Por qué decís paradójico?
–Porque tu tía y tu abuela son las víctimas, junto con vos y tus padres, claro.
–Para mí fue como decir “a pesar de lo pasado no te tenemos bronca”. Ellas empezaron a hablar, a preguntar, y mi vieja les contaba cosas de mi infancia.
–¿Qué les dijiste a tus hijas?
–Son chicas. La más grande tiene ahora seis años. Cuando en noviembre fuimos a festejar mi cumpleaños a Mar del Plata, estaban mis primas, sus hijas. Mi hija más grande me dice “ahora tengo más primas”. Yo sólo les dije: “Ella es la abuela Nely, ella es la tía Pato”, creo que es difícil de entender. Aunque ellas lo tomaron como algo natural.
–¿Cómo te enteraste de que no eras hijo biológico de quienes pensabas que eran tus padres?
–Me enteré en 2001. Hablando con mi mamá, antes de que me llegara la notificación policial. Yo tenía 24 años, estudiaba Economía. Tengo toda la carrera cursada en El Salvador, pero al final dije no, esto es una mentira...
–Ah... y estudiaste Derecho, que es algo serio
–(Se ríe.) Bueno, eso dejémoslo para otro momento. Ella me contó que yo no era hijo biológico de ella. Yo le dije “quiero que me cuentes hasta acá”. Ahora seguiremos en la causa judicial.
–¿Por qué no quisiste saber detalles?
–Me contó que ella tampoco sabía de dónde era yo, que con el paso del tiempo se lo planteaba más. Tampoco tuve la necesidad de seguir indagando porque mi principal fuente de preocupación era que no le pasara nada a ella.
–A ella.
–Sí, a ella. En realidad a los dos, pero a ella en primer lugar.
Dolor
María Graciela Tauro y Jorge Rochistein militaban en Montoneros y estudiaron en la Universidad Nacional del Sur. El, Ciencias Económicas. Ella, Bioquímica. Así se conocieron. Se casaron el 30 de enero de 1976, después de un largo noviazgo, y fueron secuestrados el 15 de mayo de 1977 en Hurlingham. Graciela estaba embarazada. Fueron llevados a la Comisaría 3 de Castelar, luego a Mansión Seré, el centro clandestino que regenteaba la Aeronáutica y a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde nació Ezequiel.
Juan Carlos Vázquez Sarmiento es un oficial de la Fuerza Aérea. Su foto, con la gorra de aviador y bigotes gruesos, se puede ver en alguno de los avisos que el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos publicó ofreciendo cien mil pesos a quienes aporten datos que ayuden a encontrarlo. Está prófugo desde 2003. Las denuncias en la causa señalan que fue miembro de la Regional Buenos Aires de Inteligencia (RIBA) de la Fuerza Aérea. Ezequiel lo defiende de las acusaciones sobre su posible participación en un grupo de tareas.
–¿Cómo convivís con el hecho de que quien considerás tu papá está prófugo?
–En su momento se toman decisiones..., yo no lo considero responsable. Yo trabajé en la Fuerza Aérea y conozco la responsabilidad de un cabo principal y más en esa época. Para mí es doloroso. Pero ya con el mote de militar y con la gorra en la cabeza se sabía que mucha alternativa no había.
–¿No creés que se debería presentar y hacerse cargo?
–Por un tema de preservación de él, yo no tengo contacto. Es más doloroso verlo detenido que no verlo.
–Haber sabido la verdad de la forma en que haya sido, ¿fue un bien para vos?
–Recién ahora me planteo el hecho de sumar. Lo veo como experiencia de vida. Si no se hubiese judicializado el tema supongo que lo hubiese querido saber antes..., pero hoy por hoy, sí, hoy tengo la suerte de que tanto mi vieja como mi familia biológica son personas maravillosas y por el tema judicial por ahí me perdí de diez años, pero ya está. Para mí es fuerte que me hayan buscado y la forma en que lo hicieron sin querer hacerme daño.
–¿Pensabas que las Abuelas querían hacerte daño?
–No. Yo nunca interactué con ellos. Era un tema judicial. Pero en el imaginario... uno pensaba que era “revancha y venganza”, y al final nada que ver. Uno después habla con toda la gente de allá y lo único que fue es contención y calidez. Para mí el post enterarme e interactuar con las personas de Abuelas fue muy importante para cambiar los prejuicios.
La Presidenta
Hace veinte días un grupo de Abuelas de Plaza de Mayo y nietos recuperados fue a visitar a la Presidenta, que los recibió para felicitarlos por el premio que la Unesco le otorgó a la institución. Estela Carlotto invitó a Ezequiel, quien aceptó de buen grado. “Uno no conoce todos los días a un Presidente.” El encuentro, que tal vez imaginaba protocolar, lo sorprendió: “Eramos un grupo de veinte personas. Nos reciben en el despacho de ella. Yo sería el séptimo u octavo en la fila de saludos..., entonces se da vuelta Estela y me dice ‘¿la saludaste?, ¿le dijiste quién sos?’. Me agarra y le dice: ‘Presidenta, él es Ezequiel’ y le empieza a contar. Ella deja de saludar a todo el mundo y empieza a hablar conmigo. Me dijo: ‘Quería conocerte pero no queríamos que te generara una presión, por eso ese día con Nilda no te trajimos acá, para que yo pueda hablar con vos, pero estaba interesada en tu caso. Estoy muy contenta de que estés acá’. Se acordaba de cómo había sido el proceso. Yo le agradecí. Para mí fue demasiado fuerte. Estela le dice en un momento: `El es demasiado formal’... yo soy el acartonado. Cuando nos sentamos a la mesa volvió a hablar conmigo. Imaginate todos los problemas que tiene y se preocupaba por mí, no como Presidenta, sino como persona. También le agradecí la contención que me había brindado Nilda, que fue una persona que me contuvo en los peores momentos. No tenía obligación. Fue algo humano y algo muy genuino. Salí bastante emocionado de esa experiencia en Casa Rosada”.
La verdad
–¿Cómo te sentiste cuando supiste la verdad?
–Yo sabía la verdad, no sabía de quién era. Sabía que mi origen era dudoso. Pero mi hermana también era considerada apropiada y ella en 2005 fue voluntariamente a hacerse el ADN y dio negativo. Ella es hija biológica de la que yo creo que es mi mamá. Yo no sabía si la familia que me reclamaba judicialmente era realmente la familia. Aunque esa no era mi preocupación, sino mi vieja. Se hizo todo lo que se pudo hacer y pude luchar hasta donde pude luchar. Si no fue voluntario deja de ser mi responsabilidad. Si me decís si hoy por hoy lo recomiendo hacerlo así... Es medio heavy...
–¿Pero entendés que no había otra alternativa?
–Entendía que no había otra alternativa bajo la lógica de defensa planteada por mí.
–¿Y estás contento de haber conocido a tu familia?
–Sí. Claro. A partir de eso cerré una etapa y abrí otra. Las dos cosas confluyen. Para mí, fue bisagra. Yo tomé la iniciativa de ir a ver a mi familia biológica a Mar del Plata. Me recibieron con los brazos abiertos. Lo único que me dijeron fue que no me querían hacer ningún daño. “Lo único que queremos es encontrarte”, me dijeron. Después yo las acompañé al juzgado, porque mi tía y mi abuela quisieron expresar eso en el juzgado.
–¿Qué sabés de tus papás?
–Mi abuela me mostró fotos de cuando Graciela era chica y bebé. Mis tres hijas son fotocopias y si las ponés al lado de una foto de ella, no sabés cuál es cuál. Del lado paterno no tengo parientes cercanos, hay un primo que vive en Estados Unidos y se contactó conmigo. Se preocuparon por mí, pero es un vínculo más lejano.
–Cuando eras chico, ¿sabías que había desaparecidos?
–No. Imaginate que yo tengo 33 años. Fui chico en los ’80, ’90. Acá hubo un quiebre después del 2003, del resurgimiento de los derechos humanos.
–Bueno, pero pasaron cosas antes. Cuando fueron los 20 años del golpe, en 1996, hubo una movilización muy importante, por ejemplo.
–Los noventa fueron despolitizados. La militancia que hay hoy no existía.
–¿Y cómo empezaste a trabajar en la Fuerza Aérea?
–Yo estudiaba Economía en El Salvador. Mi viejo trabajaba en la Fuerza Aérea y empecé a trabajar ahí. El tema de la abogacía tiene mucho que ver con la causa. Empecé en 2004 a estudiar Derecho por la causa y por tener otra actividad remunerada. Ahora trabajo en el Ministerio de Defensa.
–¿Cómo era tener el juicio sobre tu identidad y trabajar en la Fuerza Aérea?
–Nunca me pusieron objeciones a nada ni palos en la rueda. Me respetaron el tema. Para mí fue un tema que ellos consideraron privado y me respetaron y siempre el apoyo humano me lo brindaron, pero más que nada las personas.
–¿Cómo fue el encuentro con tu familia? ¿Cuándo los conociste?
–Yo quería exponerles mis motivos y mi sentir. Abuelas hizo el anuncio un lunes –y agradezco la forma en que lo hicieron, respetaron mi postura– y el jueves tomé la decisión de ir a ver a mi familia biológica a Mar del Plata y exponer mis motivos y mi sentir, quise dar el primer paso. Ellas iban a respetar mis tiempos, así que se emocionaron de que yo haya querido ir a verlas. Me fue a buscar mi tía al aeropuerto y me di cuenta quién era porque era la única mujer que estaba llorando.
–Vos te negaste a hacerte el ADN e hicieron un allanamiento que resultó negativo. ¿Me vas a contar qué pasó?
–Vinieron un día a las seis menos cuarto de la mañana a casa. Eran dos policías con un perito del Hospital Durand y dos testigos. Se llevaron prendas que estaban en mi casa, por así decir...
–Bueno, no me vas a decir. Pero después te fueron a buscar y te llevaron al juzgado.
–En definitiva se extrajo ADN de mi remera, que no fue entregada voluntariamente, en el juzgado.
–¿Qué les dirías a otros jóvenes, como en el caso de los Noble Herrera, que no quieren hacerse el análisis de ADN?
–Si me decís previamente a esta nueva situación..., pero hoy sinceramente les diría “no perdés nada, tratá de sumar y quitate la duda”. No sólo para ellos, para cualquiera que esté en esta situación. En definitiva no vienen con mala intención, igual, yo hablo de mi caso personal. Hay que tratar de sumar en la vida.
Victoria Ginzberg
Fuente: Página 12
María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein,
los padres del nieto 102, fueron secuestrados en mayo de 1977.Estela Carlotto lo anunció en la sede de Abuelas. Es el hijo de los militantes montoneros María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein, secuestrados en 1977. No quisieron dar el nombre del joven ni de su apropiador.“El documento es de una persona que no existe –dijo Estela Carlotto– porque existe otra persona que va a tener que recuperarlo, y eso es obra de la Justicia.” La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo presentó así la noticia de la recuperación del nieto número 102. Un caso que no es sencillo, dijo, porque el joven no aceptó hacerse voluntariamente los análisis genéticos. Después de muchos años y de varios fallos judiciales, confirmaron finalmente que es hijo de María Graciela Tauro y de Jorge Daniel Rochistein, dos militantes de Montoneros secuestrados el 15 de mayo de 1977. El joven, del que no se dijo su nombre, no estuvo en la casa de las Abuelas para la conferencia de prensa. Hubo un dato en la causa que fue especialmente subrayado en Abuelas: la existencia de un allanamiento donde se fraguaron las pruebas con la intervención del mismo comisario que actuó en otros casos similares, como el de los hermanos Herrera Noble. “En el fondo, él desea saber quién es”, dijo Estela. “Y va a seguir amando a quien quiera.” Las Abuelas, siguió, “no pueden decir como dicen livianamente algunos miembros del Poder Judicial cuando dicen ‘pobrecitos’, ‘déjenlos’”, explicó. “Este es un derecho de acción pública: si las Abuelas dicen ‘pobrecito’ están encubriendo un delito, siendo parte, siendo cómplices, por eso tenemos que llevarlo a la Justicia.”
La sala de la sede de Abuelas estaba repleta de cámaras, micrófonos de televisión y voces de cronistas de tonos extranjeros. “Estamos en un país en democracia –explicó Carlotto cuando le preguntaron por el rol de los medios–, donde no tenemos que tener miedo para hablar de una situación que no está resuelta. Los medios pueden ser portadores de la verdad o pueden ocultarla.”
Las Abuelas mencionaron la historia de la causa del nieto 102, pero sobre la identidad del joven apropiado señalaron pocos datos. El joven se crió como hijo natural de un integrante de un grupo de tareas de la Fuerza Aérea, la fuerza de seguridad que mantuvo secuestrada a su madre en Mansión Seré desde donde la llevaron a dar a luz a la ESMA. Anoche, un cable de la agencia DyN divulgó el nombre del comodoro –prófugo de la Justicia desde hace años– que sería el apropiador del nieto recuperado. Pero, como solicitaron las Abuelas, Página/12 no lo dará a conocer para no obstaculizar el proceso de adaptación del joven a su nueva identidad.
Sus padres eran María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein. Ella era “La Gracie” entre sus familiares. Vivía en Bahía Blanca, tenía una hermana más chica, un padre tornero de los talleres del ferrocarril y propietario con su mujer de un quiosco de barrio. María Graciela estudió Bioquímica en la Universidad Nacional del Sur hasta tercer año, viajó a Buenos Aires, trabajó de empleada en una fábrica, era militante de la JUP y luego de Montoneros. Para sus compañeros era Raquel, Chela o Queda. Y era muy linda, dijo Estela, “tenía el cabello oscuro y ondulado”.
Jorge estudió Ciencias Económicas en la misma universidad. Su padre tenía una fábrica de carteras en Coronel Suárez, que luego mudó a Bahía Blanca. Jorge militaba en Montoneros. Entre sus compañeros era El Hippie, Ricardo o Iricardo. Los dos se conocieron durante los años de militancia, se casaron el 30 de enero de 1976 en Buenos Aires, y con los primeros meses del golpe estuvieron en el Gran Buenos Aires. Cuando los secuestraron, el 15 de mayo, ella llevaba cuatro meses y medio de embarazo. Pasaron por la Comisaría 3ª de Castelar, ella estuvo en el centro clandestino de Mansión Seré desde donde la llevaron a la ESMA. En noviembre de ese año dio a luz a un varón, asistida por el médico militar Jorge Luis Magnacco.
Según consta en la causa judicial, a ambos los ejecutaron en forma sumarísima durante un enfrentamiento fraguado de guerrilleros con militares, un procedimiento habitual en la época.
De lo que pasó después, Abuelas casi no dio información. La investigación para recuperar al niño se inició hace unos diez años por los datos de un represor, parte del grupo de tareas donde operó el apropiador del niño. Esa persona estuvo con María Graciela y pudo contar quién se llevó a la criatura. Su testimonio sin embargo cobró valor porque aportó además los datos de otro niño apropiado. Era el caso de Guillermo Francisco Gómez, que rápidamente se demostró que era nieto de Rosa Roisinblit. Ese apropiador, dijo Estela, “se animó por primera vez a hablar, cosa que ojalá todos los que participaron de la represión hicieran. Rosa lo supo hace ya diez años, en este caso demoró más porque el caso era mucho mas difícil”.
Como el joven se negó a realizar el estudio de ADN, el caso llegó a la Corte Suprema que se expidió contra la extracción obligatoria. Como sucede con el caso de los Noble Herrera, el tribunal consideró que se podían utilizar medidas alternativas para obtener la información genética. La causa estaba en manos del juez Rodolfo Canicoba Corral, quien ordenó un primer allanamiento para obtener muestras de sus objetos personales. “Como también sucedió en otros casos –explicó la presidenta de Abuelas–, las muestras fueron fraguadas y resultó imposible reconstruir el perfil genético.”
Los imputados supieron entre tres y cuatro días antes que se iba a hacer ese allanamiento. De acuerdo con los datos de la causa, le dieron a la Justicia un cepillo de dientes de la apropiadora. Canicoba volvió a convocar al joven. Esta vez, él mismo le compró ropa, ordenó el secreto de sumario y se aseguró de llamarlo después de un día de trabajo. Lo convocó a su despacho y presenció el momento en el que se quitaba y cambiaba la ropa para asegurarse de que no hubiese otro error.
Cuando le preguntaron a la presidenta de Abuelas por esa medida y la relación con el caso Noble Herrera, ella respondió: “La Justicia debiera ordenar la extracción como lo hizo Canicoba”.
Pero las Abuelas mencionaron otro dato. El allanamiento que ordenó Canicoba se hizo en mayo de 2008 y estuvo a cargo del subcomisario Carlos Garaventa de la División de Seguridad de Estado de la Policía Federal. En mayo de este año, Garaventa intervino en el allanamiento de los Herrera Noble. “Casualmente –dijo Estela–, en ambos procedimientos intervino el mismo jefe policial”. Garaventa fue separado de la fuerza el mes pasado (ver recuadro)
Con el avance de las investigaciones en Abuelas, ahora se sabe además que esa misma división estuvo a cargo de otro procedimiento fraguado en el año 2006 en el marco de la causa por la apropiación de Alejandro Sandoval Fontana por el gendarme Víctor Rei. Alejandro estaba ayer en la sede de Abuelas. En su caso, la policía llamó 48 horas antes a su apropiador para avisarle del operativo. Rei llamó a Alejandro a Campo de Mayo para que pase a buscar un cepillo de dientes suyo, un peine, una remera y una toalla. Elementos a los que sumó además el cepillo de dientes de un hijo biológico con la intención de fraguar los resultados. Alejandro declaró sobre el allanamiento hace dos meses en el juzgado de Sandra Arroyo Salgado, a cargo de la investigación de la causa Noble Herrera. Pero declaró en una causa paralela.
“Permitime, que quiero decir una cosa”, le pidió a Estela el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. “En este caso, con todas las dificultades que tuvo, se llegó a saber la verdad: eso nos fortalece la idea de que a pesar de todas las medidas dilatorias la Justicia va a avanzar”, concluyó.
Alejandra DandanFuente: Página 12
Foto: EFELa presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo viajó a Sudáfrica para promocionar la candidatura al Premio Nobel de la Paz. “Los argentinos queremos saber la verdad”, dijo el DT de la Selección después de saludarla.Estela de Carlotto fue a ver una práctica de la Selección en Sudáfrica, donde viajó para promocionar la candidatura al Premio Nobel de la Paz para las Abuelas de Plaza de Mayo. Terminado el entrenamiento, Diego Maradona se acercó a saludarla y le dio su apoyo. “Es una luchadora”, dijo sobre la titular de Abuelas. También reconoció el trabajo que está haciendo la entidad para recuperar a los hijos de desaparecidos apropiados durante la dictadura. “Los argentinos queremos saber la verdad”, sostuvo. “Todos tenemos que estar con ellas, y los que no quieren estar es porque se hacen los giles.”
Carlotto viajó a Sudáfrica para realizar una serie de actividades, entre ellas entrevistarse con Nelson Mandela, aunque esa reunión se suspendió luego de que una bisnieta del ex presidente sudafricano –Zenani, de 13 años– perdiera la vida en un accidente de tránsito.
La visita de ayer a la Selección tuvo en parte el objetivo de hacer un gesto de agradecimiento a Maradona. El equipo argentino está respaldando públicamente la postulación de Abuelas de Plaza de Mayo para el Nobel de la Paz. En el partido de despedida antes de viajar a Sudáfrica, que el seleccionado jugó contra Canadá, los jugadores salieron a la cancha con una bandera que decía “Apoyamos a las Abuelas de Plaza de Mayo para el Premio Nobel de la Paz”. La pancarta viajó a Sudáfrica y está ahora colgada en las tribunas del estadio de Pretoria durante los entrenamientos.
Carlotto llegó al Centro de Alto Rendimiento de la Universidad de Pretoria con un vestido de invierno negro. Hacía un frío polar que calaba los huesos, y el viento, intenso, helaba manos y narices. Carlos Bilardo le prestó un camperón de los que usan los integrantes del cuerpo técnico.
Terminada la práctica, Maradona y ella charlaron a un costado de la cancha durante unos cinco minutos. “Gracias por venir, las quiero mucho”, le dijo el DT de la Selección. Diego le regaló además un banderín argentino y tuvo gestos de afecto como tomarle las manos y despedirla con un cerrado abrazo. La escena fue vista desde las tribunas, a las que Maradona se dirigió después para decir, sobre el trabajo de Abuelas, que “todos los argentinos queremos saber la verdad”.
Diego se confundió también en un abrazo con Gabriel Batistuta, quien presenció el entrenamiento en las tribunas mezclado entre los periodistas. “¡Aquí traemos a buenas personas!”, les gritó a los periodistas que cubrían el entrenamiento.
Carlotto, por su parte, contó del encuentro que le había agradecido por la actitud de “su hija Dalma, que es muy solidaria, y a través de su arte, del Teatro por la Identidad, nos ayuda a buscar a nuestros nietos”.
“Me recibió con gran cariño y ternura”, agregó. “Tiene dos hijas maravillosas y él también es abuelo ahora. Abrazarlo es abrazar algo muy querido, con la ternura de una abuela. El representa a los argentinos que luchan desde abajo, desde donde surgieron.”
La presidenta de Abuelas conoció a Maradona un 1º de Mayo en Cuba, donde había sido invitada por Fidel Castro para los festejos del Día de los Trabajadores. Ayer se dijo ilusionada con la posibilidad de que el seleccionado se consagre campeón del mundo y que las Abuelas consigan también su reconocimiento. Carlotto comparó este mundial con el que se hizo con Videla en el palco presidencial: “En el Mundial ’78 se hacían los goles y los papás de desaparecidos llorábamos, a pesar de ser argentinos, porque mientras se hacía un gol se apagaban los gritos de los que estaban secuestrados y estaban siendo torturados e iban a ser asesinados”, recordó. En cambio, dijo, el Mundial de Sudáfrica “nos llena de esperanza”. “Qué lindo sería que la Argentina se merezca el premio que es esta copa y el Nobel que es para todos los argentinos”, apuntó.
La dirigente llegó a Sudáfrica el sábado. El domingo estuvo en el Pabellón Argentino, una muestra en Sandton, a unos pocos kilómetros de Pretoria, y en el Museo de la Memoria, en Soweto. Tiene previsto asistir mañana, antes de volver a Argentina, al partido que la Selección disputará ante Corea del Sur en el estadio Soccer City de Johannesburgo, donde tal vez pueda sacarse las ganas de ver a Juan Sebastián Verón, al que ayer no pudo saludar. La titular de Abuelas contó que conoce a Verón “desde que es bebé”, porque su familia frecuentaba en La Plata “al papá de Sebastián”. “Conozco a Bilardo, al papá de Sebastián y a él de cuando era bebé. Además hay algo especial, mi esposo era fanático de Estudiantes. Todavía recuerdo el campeonato del ’68”, cuando el equipo de La Plata ganó el titulo de campeón del Mundo.
La candidatura de Abuelas para el Premio Nobel de la Paz fue aceptada por el comité noruego el pasado 20 de abril. La postulación fue impulsada por Daniel Filmus, quien las propuso como “un ejemplo no sólo de recuperación de la memoria, sino de cómo buscar un futuro mejor para todos”. El ganador del Nobel se dará a conocer a mediados de octubre y la ceremonia de entrega se realizará en diciembre en la ciudad de Oslo, Noruega. Hasta el momento, Abuelas logró localizar y restituir a 101 jóvenes apropiados por el terrorismo de Estado. En el organismo estiman que todavía quedan otros 400 por encontrar, para muchos de los cuales, cuando ellas no estén, quedará el registro del Banco de Datos Genéticos. “El mejor premio, siempre, es encontrar otro nieto”, reiteró ayer Carlotto ante los medios que registraron el encuentro con Maradona.
Fuente: Página 12
Foto: FueciAunque parezca contradictorio, Estela Barnes de Carlotto tiene mala memoria. Lo asume frente a la foto de su hija Laura, cristalizada para siempre en una sonrisa de 18 años, el pelo negro, los ojos profundos, la alegría de una recién casada que ahora está ahí, aislada de la fiesta que fue en esa foto que su madre recortó y llevó mil veces sobre el pecho y en carteles, la misma que al principio de su búsqueda creyó que le iba a facilitar el encuentro con su nieto, Guido. Es que la memoria es un ejercicio que para esta mujer, necesariamente, se ancló en determinados hechos, determinadas frases, algunas pocas cotidianas, la mayoría dramáticas. Estela puede repetir sin equivocarse la frase que le dijo Reynaldo Bignone, el represor que se apropió de la presidencia de la república en el último tramo de la última dictadura militar argentina y que ahora, esta misma semana, por fin fue condenado por delitos de lesa humanidad a 25 años de prisión en una cárcel común. De esa frase se acuerda a fuerza de repetirla en juicios. Y también porque significaba la certeza de que no volvería a ver a su hija con vida. “Señora, usted ve lo que está pasando. Uno les dice que se entreguen voluntariamente, que se les reduce la pena porque ese lugar de rehabilitación que hemos inaugurado existe. Pero ellos se van del país y nos siguen fustigando o se quedan. Yo hace unos días he estado en Uruguay en las cárceles donde están los tupamaros, y le puedo asegurar que allí se fortalecen y hasta convencen a los guardiacárceles. Eso no queremos que pase aquí, señora; acá hay que hacerlo, hay que hacerlo...”. “Hacerlo” era la manera de nombrar el genocidio. “Hacerlo” fue, en el caso de Laura Carlotto, unos cuantos disparos, a la cabeza y en el vientre, tal vez con la idea de borrar las marcas del embarazo y el parto reciente. Pero los detalles nimios, esos que construyen la relación entre madres e hijas, esos retazos se le pierden en los laberintos de su memoria donde la ausencia gana terreno aunque no le quite voluntad. Ella es la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, la segunda después de que Chicha Mariani renunciara a ese lugar, la cara visible de un reclamo que excedió los límites de la militancia de Derechos Humanos y se coló en ficciones y canciones, en ciclos de teatro y en la conciencia de la mayoría. De alguna manera, la gestión de Estela Barnes de Carlotto, maestra, directora de escuela ahora jubilada, madre de cuatro hijos y abuela de una decena de nietos, logró ese efecto de gota que horada la piedra. Y no es sencillamente que el reclamo de las Abuelas apele a víctimas sin rasgos de dudas sobre su inocencia porque apenas habían nacido cuando fueron secuestrados, sino porque junto a sus compañeras lograron llenar de sentido ese reclamo e imponer la palabra “apropiación” por sobre la falsa adopción y los supuestos cuidados que las y los apropiadores brindaron a los secuestrados. Algo habrá tenido que ver su cuidado discurso, conciliador discurso, propio de una docente acostumbrada a reinar en el aula. Algo habrá tenido que ver su imagen invariable a lo largo de los años, el pelo de peluquería, los ojos maquillados, la elección de no lucir pañuelo y de entrevistarse con todos y cada unos de los presidentes que inauguraron la democracia que ya lleva 28 años sin interrumpirse, mientras la mayoría de los familiares de las víctimas del genocidio se negaban a tener relaciones diplomáticas con quienes aseguraban la impunidad de los victimarios. Curiosamente, al único presidente que no le pidieron audiencia fue a Néstor Kirchner. Y éste fue el único que las convocó por decisión propia, sellando una alianza que logró mellar de alguna manera su imagen impoluta. Ese acercamiento a la política institucional, su defensa de la gestión kirchnerista, una presidencia corta y conflictiva al frente de la Comisión Provincial de la Memoria —en la que fue acusada de mal manejo de los fondos públicos— además de un puesto de funcionario —titular de la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires durante la gestión de Felipe Solá— para su hijo menor, Remo, fueron cuestionamientos que soportó siempre con el mismo tono. El tono medido que usó, también, para defender a Aníbal Ibarra cuando la tragedia de Cromañón terminó con su destitución; aunque se le haya ido un tanto la boca cuando acusó a los padres de las víctimas de ese incendio de delincuentes. Nada de eso, sin embargo, logra empañar la gestión de las Abuelas, así en plural, aunque ella sea su cara más visible, ni tampoco su figura de señora de clase media que sabe que tiene que hablar en los códigos de su clase para ser entendida por la mayoría, para que el reclamo de recuperación de la identidad de los ahora jóvenes apropiados sea un reclamo común, una causa del más estricto sentido común, lo más puro de los Derechos Humanos. Más de cien jóvenes saben ahora cuál es su verdadera historia gracias al trabajo constante de estas mujeres. Muchos más todavía esperan recuperar su historia aunque eso ni siquiera cuente aún en la lista de sus deseos. Es ese trabajo el que consigue ahora mismo poner en jaque al monopolio de Ernestina Herrera de Noble más que ninguna otra cosa por la sospecha de que los jóvenes anotados fraudulentamente como sus hijos sean hijos de desaparecidos. Es que las Abuelas, con Carlotto como presidenta, han trazado una línea que no se puede cruzar. Han hecho comprensible para la mayoría cuál es el valor de la verdad. En la misma semana en que ese hombre que le advirtió que el destino de su hija era la muerte para entregarle graciosamente el cuerpo masacrado de Laura era condenado, las Abuelas recibieron la noticia de que eran candidatas para el Premio Nobel de la Paz. Tal vez eso no quiera decir demasiado, tal vez sólo signifique el desahogo económico para seguir en su lucha; no deja de ser un reconocimiento. Aunque el premio real sean esos 101 nombres que ahora se inscriben con la tinta indeleble de la verdad. 101 nombres que no sólo alientan a las Abuelas sino también a quienes aún no han logrado resolver qué hacer con esas dudas que cuestionan no sólo la identidad personal sino la de toda una generación.
Marta DillonFuente: Página 12
El Comité Noruego aceptó la candidatura de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, impulsada por el senador Daniel Filmus, para que les sea otorgado el Nobel de la Paz 2010.El senador porteño por el Frente para la Victoria destacó que "Abuelas como organización dio un ejemplo, no solo de recuperación de la memoria, sino de cómo buscar un futuro mejor para todos". "Con esta candidatura pretendemos no sólo que se reconozca el trabajo que las Abuelas hicieron en cuanto a la vigencia de los derechos humanos y en contra de los efectos de la dictadura en nuestro país, sino el gran impacto que ha tenido su tarea en el plano nacional e internacional por la perdurabilidad de sus conquistas, como el derecho a la identidad", manifestó el Senador.
La postulación de Abuelas al Nobel de la Paz -impulsada por Filmus- se realizó a fines de enero y recientemente fue aceptada su candidatura. El ganador se conocerá a mediados de octubre y la ceremonia de entrega de premios se realizará en diciembre, en la ciudad de Oslo, Noruega.
Abuelas de Plaza de Mayo es una ONG de defensa y promoción de los Derechos Humanos, que se ha ocupado especialmente del Derecho a la Identidad. Desde 1977, su finalidad es localizar y restituir a sus legítimas familias todos los niños secuestrados y desaparecidos por la represión política, que tuvo lugar en la República Argentina durante la última dictadura militar, y crear las condiciones para que nunca más se repita tan terrible violación de los derechos de los niños, exigiendo castigo a todos los responsables.
Hasta el momento, las Abuelas han logrado localizar y restituir la identidad de 101 personas apropiadas por el terrorismo de Estado. Además han logrado crear el "índice de abuelidad" (método específico para determinar la filiación de un niño en ausencia de sus padres, a través de análisis de ADN), el Banco Nacional Genético y de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad y colaboraron en la recuperación de los ex centros clandestinos de detención para ser transformados en espacios de la memoria, entre otros.
Fuente: Página 12
Las Abuelas de Plaza de Mayo pidieron pronto despacho ante la Cámara de Casación para rechazar la suspensión de las pericias a Marcela y Felipe Noble Herrera. Para los abogados de Noble, Casación tomó una medida “legal de indiscutible aplicación”.Estela de Carlotto redefinió el perfil del caso de Marcela y Felipe Herrera de Noble, hijos de la directora del Grupo Clarín, Ernestina Herrera de Noble, al definir que “ya hablamos de apropiados”. La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo confirmó que presentaron un pedido de pronto despacho ante la Cámara de Casación para rechazar la resolución dictada por la sala II de ese cuerpo, que decidió suspender las pericias que se les iban a realizar a Marcela y Felipe para determinar su filiación. Por su parte, los abogados de Noble expresaron que Casación aplicó “una norma legal de indiscutible interpretación y aplicación al caso” y que la resolución consideró “no sólo los serios fundamentos de raigambre constitucional planteados por los jóvenes Marcela y Felipe Noble Herrera, sino lo ya decidido por todas las instancias judiciales posibles”.
“Ya hablamos de apropiados, por el tiempo pasado. En ningún otro caso ha habido esta dilación, y no explicaron el por qué”, dijo ayer Carlotto en una conferencia que dio acompañada por el abogado de la organización, Alan Iud, Aída Kancepolski Rosenfeld, Abel Madariaga y el legislador Juan Cabandié, nieto recuperado. El abogado Iud informó que en el caso de que la Cámara no hiciera lugar a la solicitud podrían ir “en queja” ante la Corte Suprema. Carlotto manifestó que “el poder de Noble sobre sus hijos está perturbando” el desarrollo de la causa judicial. “Si fueran hijos de desaparecidos, van a seguir siendo lo que son. Nada va a cambiar en la herencia. Lo que va a cambiar es que la sangre que corre por sus venas no es la que creen”, señaló la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo.
Carlotto empleó en dos ocasiones la frase que busca dar un nuevo perfil al caso. “Estamos hablando de apropiación. Son prisioneros de la impunidad, que pasa por la práctica de la Justicia”, añadió. La titular de Abuelas dijo además que “no sé qué tipo de sanción merecen estos jueces. Yo denuncio a la Justicia por corrupta e injusta. ¿A dónde quieren llegar?” Frente al resultado obtenido por los abogados de la directora del diario Clarín, Carlotto expresó: “Ojalá que el día que encuentre a mi nieto no pase esto”.
Los letrados Jorge Anzorreguy, Alejandro Carrió y Roxana Piña emitieron un comunicado por la “aparición de comentarios que por ignorancia o mediante la tergiversación del expediente buscan ejercer presión sobre los jueces”. Al describir el devenir del caso, enfatizaron que fueron las familias querellantes en la causa las que provocaron la dilación de las medidas de pruebas. Las Abuelas les adjudican a ellos esta demora por no acceder a cotejar el ADN de los hermanos con las muestras del Banco de Datos Genéticos (BDG), donde se encuentra el registro de todos los posibles padres biológicos de los hijos de la titular del Grupo Clarín.
Anzorreguy, Carrió y Piña cuestionaron las iniciativas del Poder Ejecutivo al impulsar las leyes sobre la intervención del BDG en el esclarecimiento de casos vinculados con delitos de lesa humanidad y sobre extracción de ADN por métodos alternativos. También mencionaron que, a fines de 2009, los jóvenes Noble Herrera se presentaron voluntariamente en el Cuerpo Médico Forense para entregar muestras de sangre y saliva y que “ante la innegable presión ejercida por la querellante Abuelas de Plaza de Mayo, que criticó en durísimos términos al juez Bergesio, éste ordenó de manera totalmente innecesaria el allanamiento de las viviendas de los hijos de Noble para obtener compulsivamente las mismas muestras de ADN que ellos habían entregado el día anterior”. En definitiva, los abogados de Noble consideraron auspicioso que Casación haya “remediado” esa situación.
Fuente: Página 12
La organización Abuelas de Plaza de Mayo anunció la identificación de una hija de desaparecidos, con lo que ya suman 93 los niños robados que recuperan su identidad. La joven, nacida en 1977, reside actualmente en la provincia de Santiago del Estero.La organización humanitaria Abuelas de Plaza de Mayo anunció el viernes la identificación de una hija de desaparecidos, arrebatada al nacer durante la dictadura argentina (1976-83), con lo que suman 93 los nietos robados que recuperaron su verdadera identidad.
Se trata de la hija de Juan Oscar Cugura y Olga Noemí Casado, ambos militantes de la agrupación peronista de izquierda armada Montoneros, informó la entidad en un comunicado.
El matrimonio fue secuestrado en 1977 cuando la mujer de 20 años estaba embarazada, y habría dado a luz en el centro de detención clandestino conocido como "Puerto Vasco", en la ciudad de La Plata (60 km al sur), entre noviembre de 1977 y enero de 1978, según la nota.
La hija de Cugura y Casado fue robada al nacer e inscripta con el nombre de Alejandra en el registro civil por el matrimonio que la apropió (adopción ilegal), señaló la presidenta de Abuelas, Estela de Carlotto, sin revelar el apellido de la familia apropiadora.
La joven, de 30 años, reside actualmente en la provincia de Santiago del Estero (norte).
La mujer se presentó el jueves ante el juez federal de La Plata Manuel Blanco, quien le notificó su verdadera identidad, luego de que la misma fuera confirmada por un examen de ADN realizado por el Banco Nacional de Datos Genéticos, a pedido del magistrado.
"Ella ya no está en la ignorancia, sabe su identidad y ahora queda esperar el tiempo que cada nieto necesita para reencontrarse con su familia", dijo Carlotto, sobre la negativa de la mujer de entrevistarse con sus familiares de sangre en el juzgado.
Centenares de mujeres embarazadas, que fueron secuestradas y detenidas durante el terrorismo de Estado, dieron a luz en maternidades clandestinas, antes de ser desaparecidas mientras sus bebés les fueron arrebatados y entregados a represores o sus cómplices.
Abuelas de Plaza de Mayo estima que 500 bebés nacieron en cautiverio, de los cuales fueron identificados 93 desde que la organización inició su tarea de búsqueda en 1977, en plena dictadura.
Fuente: Montevideo Portal