El voto es a la vez derecho y deber. Yo quiero ejercerlo.... y vos???
Campaña por el voto en el exterior
Esquina por la alegría
"Hoy más que nunca la alegría es un artículo de primera necesidad, tan urgente como el agua o el aire. Pero nadie nos va a regalar ese derecho de todos; .... es preciso pelearlo...."
Eduardo Galeano
Esquina por Verdad y Justicia
Coordinadora Nacional por la Nulidad de la Ley de Caducidad
Nunca más terrorismo de estado
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Campaña por nuestros derechos sexuales y reproductivos
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PIT-CNT
Escritores por la Tierra
Foro social mundial de las migraciones
Esquina por la Paz
Esquina por la aparición de Julio López
Esquina Bertold Bretch
Primero se llevaron a los comunistas pero a mí no me importó porque yo no era. En seguida se llevaron a unos obreros pero a mí no me importó porque yo tampoco era. Después detuvieron a los sindicalistas pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista. Luego apresaron a unos curas pero como yo no soy religioso tampoco me importó. Ahora me llevan a mí pero ya es tarde.
Este artículo critica la maniobra del establishment artístico conservador (a ambos lados del Atlántico) de despolitizar la obra artística de Picasso, señalando la coherencia que tal autor tuvo durante su vida, resultado de un compromiso político que explica su apoyo a la causa republicana española, en contraste con la incoherencia y servilismo de Dalí.
Un objetivo del establishment artístico de EEUU (que es profundamente conservador) es despolitizar el arte, marginando o desdeñando el arte comprometido en el proyecto de cambio de la sociedad. Un ejemplo de ello es el artículo que el crítico John Richardson acaba de escribir en The New York Review of Books (la revista intelectual más prestigiosa de EEUU) sobre Picasso y su compromiso político (25-11-10), a raíz de la exposición de las pinturas de Picasso sobre el tema Libertad y Paz –que se está exponiendo en Viena y se presentará después en Copenhague–.
Tal artículo intenta despolitizar cualquier expresión artística, intento que es, por cierto, profundamente político.
Siempre recordaré la primera vez que vi el original del Guernica de Picasso en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) en los años setenta. No había en la descripción del cuadro ninguna referencia a la Guerra Civil española. El grado de gimnasia intelectual que los críticos de arte del establishment artístico conservador estadounidense tienen que hacer para evitar el contexto político que configura la obra de arte presentada es enorme. Hablar del Guernica sin hablar del bombardeo de aquella ciudad por la aviación nazi alemana es toda una proeza, limitándose a presentar el cuadro como una imagen en contra del horror, sin más.
En este objetivo de despolitizar el arte, se enfatiza la vivencia existencial del artista sin ninguna reflexión sobre el contexto político que la configura. Ello explica que John Richardson llegue a atribuir las variaciones en el arte de Picasso, primordialmente, a los cambios de amantes y la influencia que estas tuvieron –según Richardson– en el pintor. Es cierto que cita que Picasso fue miembro del Partido Comunista desde el año 1944 y que nunca dejó de serlo, pero trivializa este hecho como si fuera una mera anécdota sin importancia. En realidad, dice que los vaivenes políticos de Picasso (le atribuye erróneamente ser monárquico antes de la Guerra Civil) eran tan constantes como los cambios de amantes.
El Osario - 1944
Picasso, en realidad, fue un artista profundamente comprometido con la causa republicana en España. Su compromiso fue constante, durante y después de la Guerra Civil y colaboró con las fuerzas antifascistas que lucharon por el restablecimiento de la democracia en España. La biografía enormemente insuficiente y sesgada que ha preparado El Prado reconoce tímidamente este compromiso del pintor, definiéndolo erróneamente como un liberal. Picasso nunca fue un liberal, por mucho que ahora esta definición esté de moda. En realidad, el Partido Liberal fue un partido que apoyó el golpe militar.
Durante la Guerra Civil, Picasso se puso a disposición del Gobierno republicano. Nombrado en su ausencia (dos meses después de que se iniciara la sublevación militar) director de El Prado, le afectó profundamente que la Legión Cóndor, la aviación nazi alemana, pudiera bombardear ese museo, lo cual determinó que se desplazaran gran número de cuadros a Valencia y más tarde a Ginebra. Picasso contribuyó con cantidades significativas aportadas de su bolsillo para pagar el coste del transporte (75 camiones), una de las medidas más exitosas de transporte de obras de arte durante la guerra. Sólo dos cuadros fueron dañados: uno de ellos de Goya. Algunos de los guardas de los camiones fueron detenidos por los franceses y entregados a los nazis, quienes les llevaron a Mauthausen.
Durante la dictadura, Picasso ayudó activamente a la resistencia antifascista. El grado de ignorancia de John Richardson sobre este hecho es enorme. Por ejemplo, llega a indicar que Picasso estuvo en contacto con círculos próximos al dictador, citando sus contactos con el torero Dominguín, al que asume cercano a los círculos fascistas. En realidad, Dominguín colaboró con la resistencia antifascista siendo un hombre de ideas antifascistas.
Una última nota. Picasso ha sido uno de los pintores que más coherencia han mostrado en su vida. Es el caso opuesto a Dalí que, para congraciarse con la dictadura, insultaba públicamente a Picasso, llegando a enviar telegramas de felicitación al dictador cuando este firmaba penas de muerte para los miembros de la resistencia detenidos (y fusilados) por la dictadura. Pocas veces ha alcanzado un artista, o un ser humano, el nivel de vileza de Dalí. No era de extrañar que, cuando se estableció la democracia, Dalí se fuese durante una temporada a Francia, temeroso de que la población lo linchara. Hoy el establishment conservador español y catalán adora y promueve a Dalí, e ignora a Picasso.
La guerra de Corea
El comportamiento oportunista y vil de Dalí, sin embargo, contrastó con la integridad de Picasso, que desde el principio hasta el final mostró su horror por la guerra, por el nazismo y por el fascismo, y por todos sus semejantes que todavía persisten. Y ahí quedan su Guernica, La violación de las Sabinas, Masacre en Corea y muchos otros cuadros, piezas que continúan siendo relevantes, como lo demostró el hecho de que, durante la Guerra de Irak, el secretariado de Naciones Unidas ordenara sacar una reproducción del Guernica de la sala de prensa de Naciones Unidas donde se daban las conferencias de prensa sobre la invasión de Irak.
Querer presentar a Picasso como apolítico y carente de compromiso es una mezquindad y una ofensa a su memoria y a la de miles y miles de artistas que defendieron los valores de la justicia pagando un enorme coste por ello. Para Picasso, tal coste fue –como para cualquier exiliado– no vivir en el país al cual dedicó parte de su vida: España. Hay un deber pendiente de España y de El Prado hacia Picasso. Debería hacerse una exposición de las pinturas del artista que mostraran su amor a su país y su compromiso con la democracia en España.
El gobierno del presidente Laurent Gbagbo, boicoteado por la comunidad internacional, descartó una intervención castrense regional a favor de su contrincante, Alassane Ouattara, porque podría "desatar una guerra civil".
El viernes, la Comunidad Económica de los Estados de Africa Occidental (CEDEAO) dejó entrever que podría enviar un contingente militar para desalojar a Gbagbo del poder, en beneficio de su contrincante, reconocido por la ONU, la Unión Europea, Estados Unidos y Francia.
El anuncio de la CEDEAO fue calificado de "complot del bloque occidental dirigido por Francia" por un portavoz del gobierno de Gbagbo, que cuenta con el apoyo del ejército y la policía, según informes recogidos en esta capital.
La semana pasada Gbagbo apeló al patriotismo de los marfileños contra lo que describió como la injerencia extranjera en los asuntos internos de su país y aseguró que no la permitiría.
Desde entonces ambos políticos y sus partidarios están empeñados en un pulseo: Gbagbo desde el Palacio Presidencial y Ouattara en un céntrico hotel de Abiyán, la capital económica marfileña, protegido por Cascos Azules de la ONU y tropas francesas.
La crisis se desató después que la Comisión Electoral Independiente proclamara a Ouattara ganador de la segunda vuelta de los comicios presidenciales el pasado 28 de noviembre, un dictamen refutado por el Consejo Constitucional, que dio vencedor a Gbagbo.
Choques entre seguidores de los dos rivales han resultado en la muerte de 173 personas, en su mayoría partidarios de Ouattara, según informes avalados por la ONU.
"El PCE supo convertirse en el mejor partido republicano que había existido en España"
El Partido Comunista de España (PCE) se convirtió en piedra angular del esfuerzo bélico de la República hasta su derrota por el franquismo gracias a su eficaz maquinaria de propaganda y a su capacidad para captar apoyos exteriores, señala el historiador Fernando Hernández Sánchez en su última obra.
"La otra razón del éxito del PCE en el marco de la España en guerra es que supo ocupar el espacio dejado por otras fuerzas, como el Partido Socialista, incapaces de sostener ese esfuerzo de la guerra debido a sus divisiones internas y de explotar el ideario republicano de izquierdas y progresista", explica Hernández.
"Uno no sólo gana espacio porque lo conquista, sino porque otros lo ceden", subraya este historiador español que acaba de publicar "Guerra o revolución" (Crítica), un intento de "redimensionar" el papel que tuvo el Partido Comunista de España durante la guerra civil (1936-1939), derribando mitos y colocando a esta fuerza en su justo lugar del siglo XX.
Para Hernández, profesor asociado de la Universidad Autónoma de Madrid el PCE fue "una de las pocas fuerzas que pudieron garantizar la estabilidad del Gobierno republicano en guerra y, a la vez, captar apoyo exterior".
Este acierto "es un giro que prefigura la Gran Guerra Patria de la Unión Soviética contra la invasión nazi. Se crea un proyecto nacionalizador de resistencia, con una estrategia defensiva contra la pujanza rampante del fascismo como amenaza suprema", subraya.
Otra de los éxitos del PCE, apunta Hernández, fue la capacidad para trocar su esencia revolucionaria en un "ideario patriótico", requerido por ese esfuerzo bélico y por la necesidad de "caer bien" en los países que veían la lucha contra el franquismo en España como la plasmación del combate entre democracia y fascismo.
Los comunistas españoles "supieron conjugar su esencia de izquierdas con su llamamiento a la movilización intensiva en el marco de una guerra total", refiere. El PCE también se adelantó a sus compañeros de la izquierda española, a la vez aliados y rivales, en su habilidad para atraer a una juventud sin experiencia, pero que se había radicalizado.
"Y éste fue su mayor éxito, al privar a otras fuerzas de izquierda, como el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), de la capacidad de renovación generacional", destaca Hernández.
Hernandez señala que hay que reconocer al PCE su habilidad para convertirse "en el mejor partido republicano que había existido en España", con una apuesta clara por las reformas sociales y con una gran capacidad para "mantener una sólida vinculación entre el frente y la retaguardia".
El Partido Comunista de Argentina rinde homenaje a su presidenta Fanny Edelman, brigadista internacional en España, que cumple 100 años.
En un anfiteatro abarrotado, representantes de organizaciones políticas, sociales y de defensa de los Derechos Humanos han rendido un caluroso homenaje a la presidenta del Partido Comunista de Argentina (PCA), Fanny Edelman.
Exaltar la figura de Fanny, que pronto va a cumplir 100 años, constituye un imperativo ético, político e ideológico, afirmó Miguel Monserrat, copresidente de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos promotora de la iniciativa.
Monserrat alabó “la perseverancia, la coherencia total y el firme espíritu de resolución” de la que fue también fundadora en 1947 de la Unión de Mujeres Argentinas y añadió, “no sólo ha luchado y hecho sacrificios, sino que ha sido también fuente de energía e inspiración”.
En un mensaje enviado desde la Republica Popular de China, el presidente del Parlamento cubano, Ricardo Alarcón subrayó que Fanny Edelman encarna la solidaridad humana y ha insistido en el hecho de que ella “nunca ha dejado de acompañarnos (al pueblo y al gobierno cubano) en el dolor y en la esperanza”.
La directora ejecutiva del Instituto Espacio para la Memoria, Ana María Careaga, evocó a la combatiente veterana de la causa comunista, una mujer llena de vida, llena de multitud de sueños y al servicio, desde su juventud de la libertad plena e integral.
Por su parte, el secretario general del PCA, Patricio Echegaray, puso de relieve el hecho de que en un mundo lleno de ambiciones detestables, “la única ambición de Fanny ha sido y es trabajar cada día más para acercar el momento de la liberación definitiva de nuestros pueblos.”
Resaltó que su presencia en la guerra civil española le dio la entereza y la identidad solidaria e internacionalista que han definido su vida y su personalidad política, cuyo centro de gravedad se encuentra en el antifascismo.
El Premio Nobel de la Paz, Adolfo Esquivel reconoció en Fanny a “una mujer que ha luchado y lucha por un mundo mejor” y destacó que toda su vida constituye un testimonio de resistencia.
Receptiva a este homenaje, la ex secretaria de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIF) afirmó que “si se le pudiera atribuir un merito especial, es el de haber manifestado una lealtad indefectible al Partido Comunista”.
La presidenta del PCA señaló a América Latina como el corazón con el hoy late el cambio de época, y definió el siglo XXI, como el siglo de la izquierda, de la unidad y de las transformaciones políticas y sociales.
Finalmente, declaró que “para ayudar a la llegada de la primavera que es el socialismo del siglo XXI, continuaré militando con mis camaradas hasta el último suspiro”.
Fanny Edelman nació el 27 de febrero de 1911 en la provincia argentina de Córdoba y es militante del Partido Comunista de Argentina desde hace 76 años.
La creación del Quinto Regimiento en el verano de 1936 fue un acto generoso y solidario para fomentar la resistencia del pueblo de Madrid, promovido por el Partido Comunista (PCE).
La sede elegida como cuartel fue el Colegio de los Salesianos en el barrio de Estrecho, en la actual confluencia de las calles Francos Rodriguez con Bravo Murillo. Este colegio se convirtió en centro de reclutamiento militar y sede del Quinto Regimiento.
El colegio Salesiano se ubicó en el populoso barrio de Estrecho en 1902. La presencia salesiana en esta barriada fue muy controvertida durante el periodo previo a la guerra civil. La izquierda lo consideraba un foco de captación de jóvenes utilizando la enseñanza como pretexto.
Tras el asalto y toma del Cuartel de la Montaña en los días posteriores al 18 de julio de 1936, en concreto el 20 de julio, los integrantes de las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas del barrio de Cuatro Caminos comandados por el comunista Arturo Arellano requisan el colegio, del que habían huido los religiosos salesianos ante las iras del pueblo de Madrid en respuesta al golpe de estado contra la II República. Estas milicias se constituyeron en la tarde del 18 de julio con las armas repartidas en el parque de artillería el coronel Rodrigo Gil.
El Partido Comunista comenzó, apenas iniciada la guerra civil, fue consciente de la necesidad de crear un nuevo ejército, y lo hizo con las formaciones que constituyeron el Quinto Regimiento de Milicias Populares. Está organización que se hizo famosa durante el conflicto español llegó a contar en sus filas con unos 70.000 combatientes, todos ellos voluntarios. El Quinto Regimiento se configura, por tanto, como una gran milicia popular antifascista, contribuyendo a la unificación de las milicias de partido o sindicato en una única milicia que sirviera de base al Ejército Popular. También se desarrollaron en sus instalaciones la formación política de mandos y dirigentes del Partido Comunista, entre ellos Enrique Líster y Juan Modesto. Su fundador y primer comandante fue el militante comunista Enrique Castro Delgado, que a las pocas semanas dejó paso al dirigente comunista internacional Vittorio Vidali (alias Carlos Contreras).
Castro contó con la colaboración del médico y diputado por Cádiz Daniel Ortega encargado de la logística, del italiano Carlos Contreras como consejero militar de la Komintern, del dirigente universitario Manuel Carnero Muñoz, del comandante Lucas Fernández Navarro y del teniente retirado de la Guardia Civil Francisco Galán.
El Quinto Regimiento no sólo desarrollo acciones militares, también realizó una intensa labor social, política y cultural, manteniendo lazos estrechos entre el frente de batalla y la retaguardia, de ahí su extraordinaria fama entre los combatientes y el pueblo. Impulsaron el desarrollo de la educación y la cultura luchando contra el analfabetismo a través de bibliotecas fijas e itinerantes, editando carteles y periódicos, llevando el teatro a la calle y a las trincheras por medio de las “guerrillas teatrales”. En sus filas o ligados al regimiento se encontraban famosos intelectuales como Rafael Alberti, Miguel Hernández o María Teresa León.
Miguel Hernández en el V Regimiento
Una vez finalizada la guerra civil el centro de Estrecho volvió a manos de los salesianos y recuperaría su función como centro escolar, actividad que sigue desarrollando en la actualidad, conocido popularmente como Salesianos de Estrecho, aunque su nombre oficial es el de Colegio Salesiano San Juan Bautista.
Buenaventura Durruti, el impetuoso líder anarquista que se puso al servicio de la II República para combatir el alzamiento fascista en España, ya tiene su monumento en León.
Coincide esta inauguración con el aniversario de su muerte, un 20 de noviembre de 1936, en pleno frente de Madrid y tras haber encabezado la derrota de la asonada militar franquista en Barcelona, en julio de aquél mismo año.
Aquel hecho le otorgó un enorme prestigio guerrillero entre la población y su funeral sigue siendo el más masivo que se haya conocido en Barcelona, con cientos de miles de ciudadanos y representantes del Gobierno y de todos los partidos y sindicatos antifascistas que se agolparon en Vía Layetana para decirle adiós.
Este viernes, cerca de 300 personas han asistido a la inauguración de la obra esculpida por el artista Diego Segura que se ha instalado en la plaza Santa Ana.
Al acto de presentación, organizado y dirigido por la CGT, han asistido militantes de dicho sindicato, familiares, amigos y curiosos, además del vicealcalde, Javier Chamorro, y el concejal de Personal, Ibán García del Blanco, en representación del Ayuntamiento.
Salió también a relucir en los discursos la fecha de la inauguración, la de este viernes, 20-N, aniversario de la muerte del dictador Francisco Franco y sus acólitos fascistas en la actualidad.
Diego Segura se dirigió a los más de 300 asistentes destacando que hacía falta “sacar del olvido el anarquismo y a Durruti, y aquí lo tenemos”.
“Hoy el capital sigue expoliando a la clase trabajadora, por eso el pensamiento de Durruti está más vivo que nunca”, sostuvo, tras denunciar la lectura “sesgada” que se está haciendo de la memoria histórica, “que se está plasmando en una ley que quiere poner punto final cuando no hay un compromiso por parte de la Administración de buscar desaparecidos, ni se condena explícitamente el franquismo”. “La clase trabajadora tiene que seguir poniéndose en pie”, concluyó.
Hace setenta años, se desencadenaba el peor genocidio de la historia. Al final de la guerra, la humanidad respiró aliviada. “Never more” parecían decir todos. En campos de concentración, en aldeas arrasadas, en ciudades destruidas, en la batalla de los ejércitos, en la represión a la resistencia clandestina, cayeron millones. Al holocausto de los judíos se añadió la desaparición de millones de seres humanos, actores en el combate y víctimas inocentes. Pocos escaparon a esos años terribles sin marcas en la carne y en la memoria. Subsisten los rituales del recuerdo, piadosos actos formales, mientras se olvidan las causas, se diluye la responsabilidad de los políticos que fueron cómplices del ascenso del fascismo.
Un artista genial, Pablo Picasso, detectó las señales del apocalipsis. Porque en Guernica, aldea inerme bombardeada, se expresó el preludio de lo vendría después. La guerra de España fue el laboratorio donde se experimentaría el ejercicio de la destrucción. Los acontecimientos de entonces conservan inquietantes resonancias en la contemporaneidad. En el seno de una república, elegida con amplia base popular, el pronunciamiento de Franco interrumpió el cauce de la historia y frustró momentos de eclosión en la cultura y en el desarrollo de las instituciones políticas.
Ay Carmela, eran cuatro generales, con el quinto regimiento se va la flor más roja del pueblo, fueron los cantos que recorrieron la resistencia rente a la arremetida del fascismo. Inspiradas en las tonadas tradicionales alentaron las trincheras y el heroísmo de los madrileños. Vencieron el hambre, el miedo, constituyeron asidero para la esperanza y el legendario “no pasarán”. La España derrotada fue víctima de las disensiones que socavaron el frente popular y de la falsa neutralidad de las potencias occidentales. Detrás de la Italia fascista llegaban armas, municiones, militares experimentados, pilotos y aviones; Francia e Inglaterra cerraban el paso al trasiego de los recursos más elementales, incluidas las contribuciones solidarias de los respectivos pueblos. La Unión Soviética pudo mandar más de dos mil asesores e intérpretes, nunca combatientes situados en la línea de fuego. Por otra parte, anarquistas, socialistas y comunistas se dejaron arrastrar por contradicciones fratricidas. La lección fue amarga, pero no ha sido aprendida.
El pronunciamiento franquista se produjo cuando España transitaba por un auténtico renacer de sus instituciones de enseñanza, de la ciencia y de la cultura. Paradójicamente, otra guerra, la de Cuba, con la ruptura del último eslabón imperial, condujo a la toma de conciencia autocrítica de la generación del ’98. Vendría luego la eclosión poética del ’27. En ese dominio se restauraba un diálogo sin rencores con los escritores hispanoamericanos. Algo similar estaba ocurriendo con la música. En la Ciudad Universitaria madrileña se manifestaba un estallido de creación a través de la convergencia electrizante de Lorca, Buñuel, Salvador Dalí. El aliento de la modernidad parecía enterrar definitivamente la España sombría de la reacción y los requetés. Se entronizaba la influencia reveladora del surrealismo y, sin embargo, muy pronto la Ciudad Universitaria se convertiría en campo de batalla, Lorca sería fusilado y Buñuel, como tantos otros, pasaría al exilio.
Mi generación conoció el dolor de España a través de sus exiliados. A diferencia de los colonizadores, los emigrados, portadores de una nostalgia incurable, llegados también con las manos vacías, dejaron huella profunda en América sembrando saber e instituciones. A ellos se debió, en gran medida, el auge editorial de México y la Argentina, así como el espíritu renovador de las ideas en la vida universitaria.
Las circunstancias de la época y el anquilosamiento de las instituciones no hicieron de Cuba un refugio propicio para los españoles en busca de trabajo.
Encontraron la solidaridad de un pueblo que había enviado mil combatientes –cifra elevada teniendo en cuenta la población del país- a los frentes de la guerra en defensa de la república. Tuvieron el apoyo de los intelectuales desde instituciones como el Lyceum y la Hispanocubana de cultura, pero carecieron de la necesaria ayuda oficial. Empecinados, algunos se quedaron. Unidos por el antifascismo, aquellos exiliados cubrían el más ancho espectro ideológico. María Zambrano anduvo peregrina en procura de vías para asegurar la subsistencia. Gustavo Pittaluga, notable hematólogo, no encontró cátedra disponible. Otros pudieron esperar hasta que la Universidad de Oriente, libre de las ataduras que paralizaban la bicentenaria universidad habanera, abriera sus puertas e instaurara nuevos conceptos de organización docente. Allí se instaló Juan Chibás, historiador de la literatura para coincidir, en un mismo ámbito, con Prat Puig, apasionado e imaginativo restaurador de la arquitectura colonial. También estaban allí el penalista y ex fiscal de la república José Luis Galbe, el químico Julio López Rendueles, el pedagogo Herminio Almendros. Ya por entonces, en un proceso acelerado por las luchas contra la dictadura de Batista todos ellos hablaban en cubano. Sin renunciar al dolor de España, se entregaron a la obra nueva. Más allá de banderías políticas, eran parte de la flor más roja del pueblo.
Hace setenta años terminaba la guerra civil española, preludio del gran genocidio. Si la historia es maestra de la vida, ese acontecimiento aleccionador no puede ser olvidado. Al menor descuido, el fascismo puede dar su zarpazo de violencia e ignominia. Tragedias de tal dimensión dejan heridas que tardan mucho en cicatrizar, truncan proyectos irrecuperables. Para contar la verdadera historia de lo ocurrido con los rejuegos de cancillerías, las disensiones entre grupos políticos, con el trasfondo económico y cultural y, sobre todo, con el inmenso sacrificio del pueblo, tendrán que seguirse abriendo los archivos en beneficio de la indispensable memoria histórica.
Graziella Pogolotti*
*Ensayista, crítica de arte y literatura. Doctora en Filosofía y Letras, Universidad de La Habana, 1952. Estudios postgraduados de Literatura francesa contemporánea, Sorbona, París 1953.
El próximo domingo 8 de Noviembre se inauguran simultáneamente en Montevideo y en Madrid, sendas estelas recordatorias de la heroica participación de los 54 combatientes uruguayos que integraron las brigadas internacionales. En el acto a realizarse se colocará una placa recordatoria que llevará la siguiente inscripción:
"En los dias de la República Española se alzó la primera barricada contra el fascismo y en ese frente estuvieron 54 uruguayos que aún hoy nos están dando ejemplo de coraje y solidaridad".
¡ Viva La República! 1936-1939
En Montevideo:
Hora 11 - Parque de la Segunda República Española en el Pueblo de Santiago Vázquez (Barra de Santa Lucía).
Oradores:
El Presidente de la Junta Departamental de Montevideo - Dari Mendiondo Director de la Dirección para Asuntos Consulares y Vinculación del MREE- Carlos Flanagan El Director del Departamento de Cultura de la IMM- Mauricio Rosencof Cerrará el acto El Sr. Intendente de Montevideo- Ricardo Ehrlich
Centro Cultural Museo de la Memoria Avda. de las Instrucciones 1057, casi Bvar. José Batlle y Ordoñez Tel. (0598) (02) 355 58 91 museodelamemoria@imm.gub.uy
En España:
Frente del Jarama - Morata de Tajuña- y en Rivas Vaciamadrid
Hora 12:00 - Colocación de una placa conmemorativa
Dicha placa será descubierta por el Embajador Uruguayo acompañado de asociaciones, movimientos sociales y fuerzas políticas de diferentes partidos.
Lugar:
Monumento realizado por el artista español Chirino ubicado en las afueras del casco urbano de Morata de Tajuña emplazado en la ruta M362 y la intersección de la M311.
Cómo llegar:
Tomando la general de Valencia llegamos hasta el puente de Arganda y nos desviamos hacia Chinchón. A 11 Km. encontraremos el cruce de San Martín de la Vega, lo dejamos a la derecha y seguimos dirección a Chinchón. A pocos metros nos encontramos con el de Chinchón; lo dejamos también a la derecha, continuamos en línea recta y llegamos a Morata de Tajuña, donde nos encontramos en la calle del Carmen, 36.
Hora 14:00 - Comida en el MESÓN "EL CID".- Carmen, 36 - MORATA DE TAJUÑA
MENÚ 10 EUROS
• SOPA DE PICADILLO • ENSALADAS • LOMO ASADO CON PURE • TARTA CASERA • POSTRE CASERO • CAFÉ Y BEBIDA
Quienes vayan a acudir a la comida pueden comunicarlo al correo electrónico, indicando el número de personas: brigadas@centrouruguayo.es
ORGANIZAN: Centro Uruguayo de Madrid
COLABORAN: Ayuntamiento de Ribas Vaciamadrid Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales
En medio de una gran expectación y con medidas de seguridad extremas, que van desde la continua vigilancia policial a las instalaciones hasta la firma de un contrato de confidencialidad obligatorio para todos los que participan en la operación, comenzaron ayer en Granada las labores de excavación en la zona en la que se presume que se encuentran los restos del poeta Federico García Lorca, asesinado por un comando franquista al inicio de la Guerra Civil Española. Los trabajos comenzaron pese a la decisión de la familia del poeta, que se ha negado a que se aclare si los restos del autor de Bodas de sangre descansan en esa fosa, y por expreso pedido de los familiares de otras dos víctimasdel franquismo cuyos cuerpos se presume que se encuentran en el mismo lugar.
Según los estudios previos realizados por la Junta de Andalucía, el sitio en el que se presume que se encuentran los restos de García Lorca ocupa una superficie de doscientos metros cuadrados que ha sido techada desde días atrás por una carpa bajo la cual se desarrollarán los trabajos de excavación. En el interior de la carpa se encuentran cámaras de televisión encendidas permanentemente, pero las imágenes que capten no se darán a conocer al público en bruto, sino que serán editadas evitando en todo momento que se puedan ver huesos o restos de vestimenta y otros objetos que sirvan para identificar a los cuatro cuerpos que según los análisis exploratorios previos se encuentran en el lugar.
El dispositivo de seguridad montado en torno de la carpa metálica y las medidas que se han tomado para evitar que los resultados de la investigación lleguen en bruto a la prensa tienen que ver con el pedido expreso de la familia de García Lorca que ha querido evitar lo que llaman “el circo” mediático. Los familiares del poeta aún no han clarificado ante la Consejería de Justicia andaluza si permitirán que se conozcan los resultados de los análisis una vez que terminen los trabajos, con lo cual es muy probable que dentro de dos meses, cuando las labores lleguen a su fin, se siga sin saber con certeza si los restos de García Lorca se encuentran o no en ese paraje granadino, a pocos kilómetros de la que era su casa familiar.
La presidenta de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Granada, Maribel Brenes, explicó ayer que “no está previsto que los familiares entren al recinto, aunque estudiaremos las peticiones si las hay”. La Asociación ha sido una de las más activas a la hora de exigir que se conozca la verdad sobre el trágico final del autor de Doña Rosita la soltera y brindó desde un principio todo su apoyo a los familiares del banderillero Francisco Galadí, uno de los hombres enterrados junto al poeta granadino en el mismo paraje. En la misma fosa se presume que se encuentra también el maestro Dióscoro Galindo, cuyos familiares no han explicado si están a favor de la identificación de su cuerpo. Al igual que ocurre con los restos de Lorca, el equipo técnico que lleva a cabo la investigación sólo podrá dilucidar la identidad de los cuerpos si la familia aporta muestras de ADN, cosa que hasta el momento los familiares de García Lorca no han hecho.
Aunque sus contratos impiden que se comuniquen con la prensa, los miembros del equipo forense que participan en las excavaciones manifestaron días atrás a algunos medios de comunicación las dudas que tienen sobre las condiciones en las que se encuentran los huesos, que se presumen están entre 0,6 y 1,8 metro de profundidad, por el peso de la tierra y los años que han pasado desde los asesinatos. Una vez que concluyan las exhumaciones, los restos serán enviados al Laboratorio de Identificación Genética de Granada, donde un equipo dirigido por el forense José Antonio Lorente llevará adelante la identificación genética y antropológica.
Federico fue detenido el 16 de agosto de 1936 en casa de su amigo, el poeta Luis Rosales. La Guerra Civil había estallado un mes antes, el 18 de julio, y desoyendo los consejos de sus allegados, el escritor se dirigió a Granada, su tierra natal, que se encontraba bajo el control del bando franquista. Su padre, de nombre Federico igual que él, era un cacique progresista odiado por los terratenientes de la zona por su adhesión a la República y su crítica al caciquismo retrógrado granadino, lo que hizo suponer en un principio que el asesinato del hijo pródigo era también una venganza con tintes de disputa regional. Pero a Federico los fascistas lo odiaban por muchas más razones. Detestaban que fuera abiertamente homosexual y no podían soportar esa rara mezcla de catolicismo y anarquismo; “tradicionalista, monárquico y libertario a la vez”, como le gustaba definirse.
Nacido el 5 de junio de 1898, García Lorca era ya un autor célebre a los 38 años. Durante los últimos años de su vida había cobrado incluso fama mundial, luego de su paso por Nueva York, y gozaba un reconocimiento inaudito gracias al éxito que habían tenido entre el público obras como La casa de Bernarda Alba y Yerma, escritas durante sus últimos años. Ya desde joven se había codeado con lo más granado de la generación de su tiempo, como los poetas Rafael Alberti y Jorge Guillén, el cineasta Luis Buñuel y el pintor Salvador Dalí, con quien mantuvo una turbia y platónica relación.
Quizá fue su fama internacional, piensa su máximo biógrafo Ian Gibson, la que le dio a Lorca la confianza para acudir a Granada días después del estallido de la guerra. El franquismo no había mostrado aún su cara más criminal y la amistad que el propio Federico mantenía con personajes como José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange, le impidieron sospechar que irían por él. “Esto es un horrible error”, les dijo a los hombres que siguiendo las órdenes del gobernador civil de Granada José Valdés Guzmán y del general Queipo de Llano vinieron a buscarlo ese día a casa de Luis Rosales. En la madrugada del 17 al 18 de agosto, García Lorca fue asesinado y enterrado luego en una fosa común junto al maestro Galindo y los dos banderilleros, Galadí y Arcollas. Años después, el dictador Francisco Franco defendió el crimen en un ejercicio de refinado cinismo: “Era un gran poeta –afirmó–, pero las autoridades tenían que prever cualquier reacción contra el Movimiento por elementos izquierdistas. Por eso fusilaron a los más caracterizados, y entre ellos a García Lorca”. Ian Gibson logró entrevistar para uno de sus libros a Ramón Ruiz Alonso, el matón que lo ejecutó. “Le he metido dos tiros por el culo, por maricón”, soltó apoyado en la barra de un bar sin una mínima pizca de arrepentimiento.
Miguel Hernández, el gran poeta campesino español, fue fusilado el jueves 20 en Madrid, por sentencia de un consejo de guerra. Delito: haber sido miliciano en la guerra. Con Miguel Hernández y Federico García Lorca perdieron las letras españolas sus dos primeros poetas jóvenes.
Si me muero que me muera con la cabeza muy alta. Muerto y veinte veces muerto, la boca contra la grama, tendré apretados los dientes y decidida la barba.
Miguel Hernández ha muerto. Ha muerto apretando los dientes, la boca contra la grama. Pero no era aquella muerte la que él estaba dispuesto a aceptar, con altanero fatalismo… En otros versos, nos había explicado, cómo podía morirse “con la cabeza muy alta”:
Los quince y los dieciocho, los dieciocho y los veinte… Me voy a cumplir los años al fuego que me requiere, y si resuena mi hora antes de los doce meses, los cumpliré bajo tierra. Yo trato que de mí queden una memoria de sol y un sonido de valiente.
Memoria de sol y sonido de valiente acompañaban ya en vida la historia contemporánea de Miguel. Perdonado cien veces por la metralla, curtido por el sol de los frentes, el poeta cantó magníficamente en las trincheras, vistiendo el pardo uniforme de los milicianos. Canciones de vida y muerte, de júbilo y luto, que adquieren ahora, ante un cable escueto, singular relieve dramático:
¡Qué sencilla es la muerte; qué sencilla, pero qué injustamente arrebatada! No sabe andar despacio, y acuchilla cuando menos se espera su turbia cuchillada.
De la Elegía a García Lorca son estos versos dramáticamente proféticos:
Como si paseara con tu sombra paseo con la mía por una tierra que el silencio alfombra, que el ciprés apetece más sombría. Rodea mi garganta tu agonía como un hierro de horca y pruebo una bebida funeraria. Tú sabes, Federico García Lorca, que soy de los que gozan una muerte diaria.
El cable ha hablado: Tres años exactamente después de fusilado el poeta de Yerma, Miguel Hernández ha caído bajo las balas de un pelotón ejecutor. “Veinte veces muerto” por veinte balas, se ha desplomado, “la boca contra la grama”, en el patio de una siniestra prisión madrileña.
Miguel, que ha vivido con la cabeza muy alta, sólo puede haber muerto con la cabeza en alto: esa cabeza cuyos ojos de niño reflejaban la limpidez de una conciencia sin remordimientos.
Jean Cocteau llamaba a Raymond Radiguet “el milagro del Marne”. A Miguel habría podido llamársele “El milagro de Orihuela”, porque su caso constituye una excepción dentro de la historia de una literatura (excepción que tiene un precedente en la literatura inglesa del siglo XVIII): Miguel Hernández fue poeta antes de aprender a leer y a escribir.
Hijo de humildes pastores de cabras, trabajó desde niño en el cuidado del ganado y el cultivo de la tierra… Las toscas canciones que surgieron de sus labios, en los primeros años de su vida, justifican estas frases dirigidas por él a Vicente Aleixandre, en la dedicatoria de Viento del pueblo: “A nosotros, que hemos nacido poetas, entre todos los hombres, nos ha hecho poetas la vida junto a todos los hombres…”
Miguel Hernández había nacido poeta entre todos los hombres. Aprendió a escribir su nombre en la escuela pública de Orihuela, y, a pesar de que los primeros libros que cayeron entre sus manos eran detestables folletines por entrega, de los que pueden falsear el gusto de un hombre sencillo, el pastor de cabras halló, por instinto, el camino que habría de conducirlo a las más puras fuentes de la poesía castellana. Devoró las obras de los clásicos españoles en un círculo obrero de su pueblo. Conoció por un feliz azar, poemas de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Y un buen día publicó una serie de octavas reales, escritas bajo la influencia peligrosa y egregia de Góngora.
Miguel Hernández no había cumplido veinte años, cuando José Bergamín publicó su primera obra seria, un auto sacramental, en Cruz y Raya… Los jóvenes poetas de Madrid comprendieron que había “nacido un poeta entre todos los hombres”. Un poeta por instinto. Un poeta auténtico. Un poeta que podría escribir un día: “Nuestro cimiento será siempre el mismo: la tierra. Nuestro destino es parar en las manos del pueblo…” Miguel Hernández fue festejado, elogiado, publicado. El aspecto milagroso de su aparición en el firmamento de las letras españolas, le confirió la categoría de héroe poético del día.
Pero el éxito no modificó en nada el carácter de Miguel. En la Cervecería de Correos, junto a Federico García Lorca; en la casa de Pablo Neruda, llena de máscaras javanesas; en el estudio de Rafael Alberti, presidido por los inquietantes dibujos de Alberto —escultor en barro de Castilla— Miguel Hernández seguía siendo el pastor de cabras, hijo de pastores de cabras, de los campos de Orihuela.
¡Cuántos siglos de aceituna, los pies y las manos presos, sol a sol y luna a luna pesan sobre nuestros huesos!
Miguel Hernández había nacido con el cutis duro y terroso de los campesinos. Ignorante de coqueterías, llevaba cortísimo un pelo espeso que ningún peine habría sabido domar. Manos anchas, manos de labriego.
Estas sonoras manos, oscuras y lucientes las reviste una piel de invencible corteza, y son inagotables y generosas fuentes de vida y de riqueza…
Miguel no era elegante. Prefería cualquier indumentaria refinada, el rudo pantalón de pana de los campesinos, y esas alpargatas levantinas, con ocho cordones negros, que habrían de ser el calzado de campaña de los primeros milicianos.
Pero dos cosas resultaban inolvidables en el poeta: la limpidez de su mirada clara y el timbre varonil y profundo de su voz.
Esa voz la he apresado. La tengo aquí, en La Habana, en mis maletas.
A principios de 1938, Miguel Hernández llegó inesperadamente a París. Desde los primeros instantes de la guerra, el poeta se había inscripto en el 5to. regimiento:
Echa tus huesos al campo, echa las fuerzas que tienes a las cordilleras foscas y al olivo del aceite ………………………………………. Sangre que no se desborda, juventud que no se atreve, ni es sangre, ni es juventud, ni relucen, ni florecen…
Había trabajado en la construcción de fortificaciones. Ahora, destinado a infantería, luchaba como miliciano en la brigada del “Campesino”… Para imponerle un descanso merecido, y sustraerlo momentáneamente a los cotidianos peligros del frente, el Gobierno republicano lo había nombrado delegado a un Congreso Internacional de Arte Dramático.
Por aquel entonces, disponiendo de las máquinas de mi estudio, yo no perdía una oportunidad de “poner en conserva” la voz de los grandes poetas contemporáneos. Había editado los poemas Guernica y Madrid 1937, de Paul Eluard. Había guardado en mis gavetas las voces de Langston Hughes, Rafael Alberti, José Bergamín, Octavio Paz, Pablo Neruda y otros… Al saber que Miguel (a quien había conocido en Madrid bajo las bombas del año anterior) estaba en París, lo invité a que grabara un disco.
Era la primera vez que el ex pastor de cabras veía un estudio consagrado a estos trabajos. Todo lo maravillaba: las máquinas, los micrófonos, los amplificadores, los tonemesser que permiten ver la voz, los pomos de cristal en que la escoria filiforme de los discos se entrega a danzas fantásticas, al ser enmarañada por aspiradores. Miguel reía como un niño al ver los aparatos destinados a producir ruidos. Al oír un balido producirse en una caja misteriosa, exclamaba:
—¡El borrego!...
Entendido en la materia, hallaba que las cabras mecánicas de mi estudio no eran del todo exactas.
—¡Si hubieses venido a Orihuela!... ¡Allí eran de verdad!...
Por fin, Miguel se detuvo ante el micrófono. Se encendieron las luces rojas. Se encendieron las azules. Y el poeta comenzó a declamar, con su voz maravillosa y su acento aldeano, las estrofas de la Novia del soldado.
Sobre los ataúdes feroces en acecho sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho hasta en el polvo, esposa…
Este disco no se llegó a editar, pero conservo el original, único ejemplar, junto a mis papeles más preciados. Trataré de hacer algunas copias de él que regalaré a los que fueron amigos del poeta.
¡Cuerpo presente!... ¡Único retrato viviente que nos queda de esa voz que simbolizó, por su masculinidad, la vida misma de Miguel Hernández!...
“Cuando los años pasen y las heridas de la guerra se vayan restañando… hablad a vuestros hijos, habladles de estos hombres de las Brigadas Internacionales…” La voz de Pasionaria retumba en cada piedra como hace 70 años y, en varios sitios de Barcelona (monumento de las Brigadas Internacionales en la Rambla del Carmel, el Fossar de la Pedrera y, antes, en el Ayuntamiento de Sitges, una localidad cercana a la ciudad Condal, donde se inauguró la exposición “Archivo de la Brigada Lincoln” y se organizaron presentaciones de libros y filmes) volvieron a reunirse los brigadistas internacionales. Otra vez, para cantar los mismos himnos, sentir el siempre inusitado sentimiento que ha mantenido vivos los recuerdos de aquellos hombres y mujeres que desde 1936 llegaron a España para defender a la República.
Encanecidos, algunos ya en sillas de ruedas, pero con el alma y el corazón puestos en el pueblo español que un día les despidió en agradecimiento por la generosidad de su gesto, los abuelos y abuelas, acompañados de sus hijos, hijas o familiares cercanos, se juntaron, en el aniversario 70 de la despedida de las Brigadas Internacionales, para contar sus vivencias, anécdotas y dejar como evidencia la memoria de una parte entrañable de sus vidas, ligada a la utopía que significó para la humanidad la construcción de un proyecto de sociedad más digna, justa y solidaria.
Gracias a la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales y el Ayuntamiento de Barcelona y Sitges, junto a brigadistas de Austria, Canadá, Bulgaria, Francia, Gran Bretaña, Irlanda, Holanda, los EE.UU., Rumanía, Rusia, México, los asistentes de la delegación cubana: Ruth de la Torriente, el brigadista Universo Lípiz y su hija Loella, y Víctor Casaus, Elizabet Rodríguez e Idania Trujillo, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, participamos en los homenajes, cargados de emociones y vivencias. Y aunque se opongan muchos corazones, todos sabemos que este puede ser, a juzgar por el tiempo transcurrido desde la retirada de las Brigadas Internacionales de la contienda, aquel 28 de octubre de 1939, y el estado de salud de la inmensa mayoría de los que ahora nos acompañan, el último de estos encuentros.
Son visibles las huellas del tiempo en los rostros de estas mujeres y hombres. Sin embargo, cuando una los mira e intenta penetrar en sus sentimientos, nota que algo muy profundo ha quedado intacto: el espíritu que los unió y los sigue uniendo. No importa qué idioma hablen, de qué país procedan, de qué cultura, lo más hermoso de estos días ha sido verlos conversar, reír, bailar, llorar, blasfemar, rabiar, abrazarse, levantar el puño, y juntarse una y otra vez, siempre en suelo de España. Y una piensa, entonces, qué falta nos hacen en estos tiempos de despiadado neoliberalismo, donde en muchos sitios se ha perdido el sentido primero de comunión, de comunidad, de solidaridad. Cuánto tienen todavía que enseñarnos estos ancianos y ancianas a los jóvenes de hoy. Cuán vivo sienten y dejan por cada sitio que pasan el espíritu irreverente, comprometido y esperanzador que despertó en cientos de miles de ciudadanos de todo el mundo aquella República.
En Sitges ―municipio de la costa mediterránea perteneciente a la provincia de Barcelona― se les ofreció un homenaje organizado por el Ayuntamiento de esa localidad y la Dirección General de la Memoria Democrática, donde se reconoció su contribución como voluntarios en acciones militares en los diversos frentes y fuerzas de combate y en especial su inmensa capacidad para sobreponerse a las adversidades del clima, la lejanía de sus sitios de origen, la ausencia de sus familiares y amigos, el drama individual y colectivo que representaba enfrentarse a una guerra a la que fueron para defender unos ideales y de la que muchos nunca regresaron.
Si impresionante resultaron las imágenes del Fossar de la Pedrera, una antigua cantera situada en una profunda depresión en la montaña de Montjuic, lo fue aún más saber que estábamos muy próximos al sitio donde aún reposa Pablo de la Torriente Brau, el periodista cubano que recogió en sus crónicas y cartas el ambiente de los primeros meses de la guerra y murió “con el sol español puesto en la cara y el de Cuba en los huesos”, como dejara escrito Miguel Hernández en su “Elegía segunda”.
En el fossal de Montjuic se construyó el Monumento a los muertos por la Guerra Civil Española, y aunque la cantera estuvo abandonada por años y fue fosa común y lugar de enterramiento para muchas de las víctimas de la persecución después de terminada la Guerra Civil Española, hoy es un sitio de memoria histórica. El camino que conduce al Fossar está sembrado de cipreses y en la cima de la cuesta se observan grandes columnas de piedra en las que están grabados los nombres de las víctimas de los fusilamientos masivos de 1939. A partir de este punto, comienza a verse la inmensa cavidad de la cantera donde existen varios espacios de memoria dedicados a los muertos en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial y a los caídos y asesinados en la Guerra Civil Española. Ocupa un espacio destacado el mausoleo a Lluis Companys, último presidente de Cataluña, asesinado en 1940.
La historia es como una gran ola que sube y baja rítmicamente. El Fossar de la Pedrera es un sitio donde la historia ha dejado rastros tremendamente emotivos. El día 25 de octubre, junto a Ruth de la Torriente Brau, y a los 20 brigadistas internacionales que participaron en este homenaje, el cubano Universo Lípiz ―integrante de la Columna Durruti, quien luego de combatir en distintos frentes y pasar por varios campos de concentración, consigue escaparse de Dachau y huir a Francia, donde sale definitivamente a Cuba―, colocó una piedra en el monumento que recuerda a los miles de judíos y combatientes españoles y de otras naciones que sufrieron en carne propia los crímenes del fascismo.
Pero antes, en la mañana, habíamos asistido a un acto en el Monumento a las Brigadas Internacionales en la Rambla del Carmel. Allí hablaron algunos de los brigadistas rusos, ingleses y norteamericanos que 70 años antes habían saludado a la población barcelonesa y caminado por esa misma rambla entonando los himnos de las brigadas.
Nada puede ser más emotivo para quienes amamos la memoria y hacemos esfuerzos para que no sea condenada al olvido, vivir de cerca esta experiencia: oír cantar a Andrei Micu, un rumano bajito de 96 años que llegó abrazándonos y voceando: ¡Viva Cuba libre, viva Fidel! o las fabulosas historias del general ruso Víctor Laski o del búlgaro Marin Churov, las anécdotas del mexicano Juan Miguel de Mora, que con solo 15 años se enroló en el Batallón Abraham Lincoln, la sonrisa del estonio Erik Ellmann, la gracia inocente del inglés Jack Jones, la sabiduría del irlandés Bod Doyle y la inteligencia del cubano, matancero por más señas, Universo Lípiz.
Cuando pisamos por primera vez suelo barcelonés, Universo Lípiz, emocionado hasta los tuétanos y con dos lágrimas en los ojos, me confesó: “Tengo tantos recuerdos y emociones dentro del pecho que no sé si podré vivir con ellos los años que me quedan”.
La Pasionaria premonitoriamente lo había dicho aquel octubre de 1939 "¡Volved, camaradas, volved!" Aquí estuvieron y, de algún modo, aquí quedaron.