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22 enero 2011

El compromiso político de Picasso




Este artículo critica la maniobra del establishment artístico conservador (a ambos lados del Atlántico) de despolitizar la obra artística de Picasso, señalando la coherencia que tal autor tuvo durante su vida, resultado de un compromiso político que explica su apoyo a la causa republicana española, en contraste con la incoherencia y servilismo de Dalí.

Un objetivo del establishment artístico de EEUU (que es profundamente conservador) es despolitizar el arte, marginando o desdeñando el arte comprometido en el proyecto de cambio de la sociedad. Un ejemplo de ello es el artículo que el crítico John Richardson acaba de escribir en The New York Review of Books (la revista intelectual más prestigiosa de EEUU) sobre Picasso y su compromiso político (25-11-10), a raíz de la exposición de las pinturas de Picasso sobre el tema Libertad y Paz –que se está exponiendo en Viena y se presentará después en Copenhague–.

Tal artículo intenta despolitizar cualquier expresión artística, intento que es, por cierto, profundamente político.

Siempre recordaré la primera vez que vi el original del Guernica de Picasso en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) en los años setenta. No había en la descripción del cuadro ninguna referencia a la Guerra Civil española. El grado de gimnasia intelectual que los críticos de arte del establishment artístico conservador estadounidense tienen que hacer para evitar el contexto político que configura la obra de arte presentada es enorme. Hablar del Guernica sin hablar del bombardeo de aquella ciudad por la aviación nazi alemana es toda una proeza, limitándose a presentar el cuadro como una imagen en contra del horror, sin más.

En este objetivo de despolitizar el arte, se enfatiza la vivencia existencial del artista sin ninguna reflexión sobre el contexto político que la configura. Ello explica que John Richardson llegue a atribuir las variaciones en el arte de Picasso, primordialmente, a los cambios de amantes y la influencia que estas tuvieron –según Richardson– en el pintor. Es cierto que cita que Picasso fue miembro del Partido Comunista desde el año 1944 y que nunca dejó de serlo, pero trivializa este hecho como si fuera una mera anécdota sin importancia. En realidad, dice que los vaivenes políticos de Picasso (le atribuye erróneamente ser monárquico antes de la Guerra Civil) eran tan constantes como los cambios de amantes.


El Osario - 1944


Picasso, en realidad, fue un artista profundamente comprometido con la causa republicana en España. Su compromiso fue constante, durante y después de la Guerra Civil y colaboró con las fuerzas antifascistas que lucharon por el restablecimiento de la democracia en España. La biografía enormemente insuficiente y sesgada que ha preparado El Prado reconoce tímidamente este compromiso del pintor, definiéndolo erróneamente como un liberal. Picasso nunca fue un liberal, por mucho que ahora esta definición esté de moda. En realidad, el Partido Liberal fue un partido que apoyó el golpe militar.

Durante la Guerra Civil, Picasso se puso a disposición del Gobierno republicano. Nombrado en su ausencia (dos meses después de que se iniciara la sublevación militar) director de El Prado, le afectó profundamente que la Legión Cóndor, la aviación nazi alemana, pudiera bombardear ese museo, lo cual determinó que se desplazaran gran número de cuadros a Valencia y más tarde a Ginebra. Picasso contribuyó con cantidades significativas aportadas de su bolsillo para pagar el coste del transporte (75 camiones), una de las medidas más exitosas de transporte de obras de arte durante la guerra. Sólo dos cuadros fueron dañados: uno de ellos de Goya. Algunos de los guardas de los camiones fueron detenidos por los franceses y entregados a los nazis, quienes les llevaron a Mauthausen.

Durante la dictadura, Picasso ayudó activamente a la resistencia antifascista. El grado de ignorancia de John Richardson sobre este hecho es enorme. Por ejemplo, llega a indicar que Picasso estuvo en contacto con círculos próximos al dictador, citando sus contactos con el torero Dominguín, al que asume cercano a los círculos fascistas. En realidad, Dominguín colaboró con la resistencia antifascista siendo un hombre de ideas antifascistas.

Una última nota. Picasso ha sido uno de los pintores que más coherencia han mostrado en su vida. Es el caso opuesto a Dalí que, para congraciarse con la dictadura, insultaba públicamente a Picasso, llegando a enviar telegramas de felicitación al dictador cuando este firmaba penas de muerte para los miembros de la resistencia detenidos (y fusilados) por la dictadura. Pocas veces ha alcanzado un artista, o un ser humano, el nivel de vileza de Dalí. No era de extrañar que, cuando se estableció la democracia, Dalí se fuese durante una temporada a Francia, temeroso de que la población lo linchara. Hoy el establishment conservador español y catalán adora y promueve a Dalí, e ignora a Picasso.


La guerra de Corea


El comportamiento oportunista y vil de Dalí, sin embargo, contrastó con la integridad de Picasso, que desde el principio hasta el final mostró su horror por la guerra, por el nazismo y por el fascismo, y por todos sus semejantes que todavía persisten. Y ahí quedan su Guernica, La violación de las Sabinas, Masacre en Corea y muchos otros cuadros, piezas que continúan siendo relevantes, como lo demostró el hecho de que, durante la Guerra de Irak, el secretariado de Naciones Unidas ordenara sacar una reproducción del Guernica de la sala de prensa de Naciones Unidas donde se daban las conferencias de prensa sobre la invasión de Irak.

Querer presentar a Picasso como apolítico y carente de compromiso es una mezquindad y una ofensa a su memoria y a la de miles y miles de artistas que defendieron los valores de la justicia pagando un enorme coste por ello. Para Picasso, tal coste fue –como para cualquier exiliado– no vivir en el país al cual dedicó parte de su vida: España. Hay un deber pendiente de España y de El Prado hacia Picasso. Debería hacerse una exposición de las pinturas del artista que mostraran su amor a su país y su compromiso con la democracia en España.

Vicenç Navarro

Fuente: Tlaxcala


19 noviembre 2010

Berlusconi: El pene de la discordia


Comparación de la estatua original (izquierda) y después de la restauración
Foto: REUTERS


Berlusconi restaura el pene y las manos de Marte y Venus

La estatua restaurada sin tener en cuenta las leyes que las protegen, data del siglo II

El Primer Ministro de la República italiana, Silvio Berlusconi, es de nuevo noticia. A Il Cavaliere se le ocurrió preguntarle un día a su arquitecto: "¿Por qué las esculturas en China parecen todas nuevas y a las nuestras les faltan brazos y cabezas?" Esta duda fue la razón por la que tomó la decisión que tomó: restaurar la estatua de Venus y Marte descubierta en Ostia, -en los aledaños de la ciudad de Roma-, en el siglo II. Una decisión que ha sorprendido tanto a los italianos como a los amantes del arte. Y más que sorprenderles, les ha ofendido.

Berlusconi ha decidido recolocar el pene que le faltaba al dios de la guerra y las manos a la diosa del amor. Estas estatuas de mármol blanco, con más de dos metros de alto, ya fueron objeto de polémica cuando se sacaron del prestigioso museo romano para decorar el patio del Palazzo Chigi, la residencia oficial de Berlusconi.

Este traslado de principios de año indignó especialmente por tratarse de un desplazamiento inusual, sobre todo si se tiene en cuenta que Italia se caracteriza por ser uno de los países que más defiende y protege su patrimonio histórico arqueológico, con importantes leyes modelo para el resto de países -que esta vez no se han respetado-, y con prestigiosos restauradores.

La restauración -que ha costado 70.000 euros- ha llegado justo tras el derrumbe de una de los monumentos turísticos más relevantes de la república italiana, la Casa de los Galadiadores -en Pompeya- y en una época de recortes de casi el 50% de los fondos del ministerio de Cultura para el 2011.

Fuente: Público


23 setiembre 2010

"Gloriosa victoria" de Diego Rivera será expuesto en Guatemala


Gloriosa Victoria - Diego Rivera


El mural “Gloriosa victoria”, del pintor mexicano Diego Rivera, será exhibido en octubre por primera vez en Guatemala, en una exposición que busca resaltar el proceso democrático iniciado en 1944 y sepultado por un complot militar urdido por Estados Unidos en 1954.

“Gloriosa victoria” retrata la sangrienta invasión encubierta estadunidense, orquestada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que condujo a la caída del gobierno reformista de Jacobo Arbenz (1951-1954).

El mural, que estuvo perdido durante 50 años (olvidado en la bodega de un museo ruso) y nunca fue exhibido en Guatemala, forma parte de la exposición "¡Oh Revolución! 1944/2010", que estará abierta durante octubre en el Palacio Nacional de la Cultura (antigua casa de gobierno).

El coordinador presidencial para la exposición, Fernando Barillas, señaló a medios locales que la obra de Rivera (1886-1957) llegará a Guatemala el sábado.

En el mural, encargado a Rivera por un grupo de pintores mexicanos para "apoyar al pueblo guatemalteco recién invadido por Estados Unidos", el personaje principal es el entonces presidente norteamericano Dwight Eisenhower (1953-1961), a quien personifica como un tirano invadiendo América Latina.

Sin embargo, el mural no agradó a quienes lo encargaron, porque fustigaba al comandante aliado de la Segunda Guerra Mundial, por lo que no fue exhibido en esa época.

Según el ministro de Cultura y Deportes, Jerónimo Lancerio, esta muestra será la más importante en Guatemala en los últimos 60 años.

"Esta exposición forma parte de los esfuerzos del gobierno de Guatemala de impulsar un proceso de reconocimiento histórico a personajes y acontecimientos que marcaron nuestra vida como nación", dijo el funcionario.

El mural llegará a Guatemala en calidad de préstamo, luego de que el presidente Álvaro Colom suscribiera un convenio con el Museo de Pushkin de Moscú, donde la obra estuvo guardada durante décadas, hasta que fue localizada en 2000.

“Gloriosa victoria” fue exhibido en México en 2007, al cumplirse medio siglo de la muerte de Rivera.

Fuente: La Jornada


11 agosto 2009

Picasso, el pintor comunista





En 1944, la adhesión del artista al Partido Comunista francés levantó olas que llevaron incluso a desmerecer sus obras de ese período. La exhibición Picasso: Peace and Freedom busca, según su director, “que el público se haga su propia opinión”.

Jonathan Brown

El 4 de octubre de 1944, menos de seis semanas después de la liberación de París –donde se había exiliado– Pablo Picasso sorprendió al mundo con su anuncio de que se unía al Partido Comunista francés. Su alistamiento en la causa era un golpe increíble para Moscú, una movida que dividió a los expertos en arte y política para siempre. Algunos cínicos dudaron de sus convicciones y alegaron que era sólo un mero exponente de las visiones de moda expuestas en los círculos intelectuales de izquierda en los que él se movía. Otros supusieron que su arte nunca recobraría su vieja gloria, mientras el hombre se encontraba enredado en la cada vez más amarga batalla de propaganda de la Guerra Fría.

Ahora, el público tendrá la oportunidad de hacerse su propia opinión sobre el prolongado Período Rojo de Picasso como miembro del Partido Comunista, una relación que sobrevivió al levantamiento húngaro y la Primavera de Praga, y que el artista mantuvo con fidelidad hasta su muerte en 1973. Una gran exhibición que incluye más de 150 trabajos del pintor español abrirá el año próximo en la Tate de Liverpool, en un intento de arrojar nueva luz en un capítulo controvertido de una carrera extraordinariamente productiva. Entre las estrellas de la muestra estará su monumental The Charnel House, que no ha sido vista en Inglaterra en más de medio siglo, inspirada en las imágenes de campos de concentración liberados. La exhibición, montada en colaboración con el museo Albertina de Viena, presentará La violación de las sabinas, recreación del célebre Rapto de las Sabinas creada en el pico de la crisis de los misiles cubanos en 1962. En la muestra también habrá ejemplos y bocetos de la paloma de la paz que se convertiría en el instantáneamente reconocible símbolo del movimiento mundial por la paz.

Picasso: Peace and Freedom (Picasso: Paz y Libertad), que sucede a la exitosa exhibición de 2008 sobre Gustav Klimt, es el resultado de años de planeamiento y una exhaustiva investigación que llevó a los expertos al Picasso Institute en París, donde se conserva buena parte de la correspondencia del artista. Christoph Grunenberg, director de la Tate Liverpool, tiene la esperanza de que a partir de esta muestra el público pueda tener una apreciación más sutil del artista en los años posteriores a 1945. “Es mirar a Picasso durante la Guerra Fría, alejarse de su mito como genio creativo y playboy con un compulsivo talento expresivo, para tener una visión con más matices”, señala el director. “La gente ha tratado de desmerecer su compromiso político, pero él fue miembro activo y completo del partido, y estaba claramente involucrado en el movimiento pacifista”, agrega.

Una de las cosas que resultaba curiosa de la asociación entre Picasso y los comunistas era que el partido adoptaba oficialmente la escuela de realismo social, en oposición oficial al movimiento moderno del cual el “decadente” Picasso era quizá el mayor exponente. Pero su largo exilio de la España natal por su oposición al régimen del general Franco, combinado con las brutales experiencias de la vida durante la ocupación nazi de París, llevaron a que viera al comunismo como un ideal de paz y la llave para un mundo libre de fascismo. En el momento, su decisión desató toda una serie de consecuencias. Hubo protestas de grupos de derecha en sus exhibiciones y se le prohibió la entrada a Estados Unidos. Pero el artista comenzó a viajar por todo el mundo, presentándose en conferencias públicas por primera vez y realizando donaciones a causas varias, incluyendo el regalo de un millón de francos a los mineros de carbón franceses en huelga. Se unió a protestas contra la Guerra de Corea y la ejecución de Nikos Beloyannis, comunista griego y líder de la resistencia.

Picasso recibió el Premio Stalin de la Paz y el Premio Mundial de la Paz, que compartió con el cantante estadounidense Paul Robeson y el poeta chileno Pablo Neruda, aunque luego declinó recibir la Legión de Honor francesa. En 1953, tras la muerte de Stalin, el estilizado retrato que Picasso hizo del joven dictador abrió una grieta con los comunistas franceses, que objetaron su falta de realismo. Los acontecimientos en Hungría enfriaron aún más la relación, pero Picasso, a pesar de sus crecientes reservas, no abandonó el partido y prefirió expresarse a través de la prodigiosa producción que caracterizó las últimas décadas de su vida. Por supuesto, no todos compraron la idea del artista como figura central de la izquierda. Salvador Dalí hizo un comentario famoso: “Picasso es pintor, yo también; Picasso es español, yo también; Picasso es comunista, yo tampoco”. Grunenberg cree que es una visión injusta, y que la caída del Muro de Berlín provocó un cambio sísmico en la apreciación de sus últimos trabajos. “Eso ya no tiene vigencia. Hay muchas piezas fantásticas que serán parte de la exhibición: Picasso siguió reinventándose a sí mismo y comenzando nuevos temas. Son trabajos maravillosos”, dice.

Fuente: Página 12

07 abril 2009

Ben Heine censurado por DeviantArt





Queremos denunciar que el artista, ilustrador y periodista belga, Ben Heine, al que tantas veces hemos recurrido en Esquina Montevideo, ha sido censurado permanentemente por DeviantArt (http://benheine.deviantart.com/), sin siquiera enviarle una nota comunicándole el porqué de esta acción.

El motivo fue la ilustración de Ben que acompaña este post y que fue realizada como respuesta a las declaraciones del Papa en Africa, el pasado marzo, acerca del uso del condón. Claro, este último tiene el privilegio de no ser censurado y mucho menos llevado a juicio cuando hace declaraciones engañosas y peligrosas.

Ben, hizo uso de su derecho a responder con su arte a las nefastas declaraciones del Pontífice. Una vez más, el arte político y comprometido es censurado por los perros guardianes de este sistema. Por suerte para todos, este tipo de acciones no lograrán silenciar la forma de expresarse de Benjamin, ni de otros que como él ponen su arte al servicio de los “sin voz”, al decir de Eduardo Galeano.

Desde esta Esquina, enviamos toda nuestra solidaridad a Ben y convocamos a nuestros lectores y amigos a boicotear la página de DeviantArt, como forma de protestar por la flagrante censura que ejercieron contra este magnífico artista.

Brujita








27 mayo 2008

El 7o. arte despide a uno de sus grandes: Sydney Pollack




Abordó los más disímiles temas pero sin perder esa fibra de sensibilidad tan cercana y entrañable para los espectadores: Sydney Pollack es como un amigo que se marcha y deja huérfanos de optimismo al cine.


Físicamente desde anoche ya no está más. Desbordados por la tristeza, numerosas voces en Francia y en todo el mundo no escatiman elogios para exaltar su figura.


Los cinéfilos lloran y ríen cuando recuerdan a su ingeniosa Tootsie, a su humanismo en Out of Africa, y a una historia de amor y de amistad que todavía estremece, The way we were (Nuestros años felices).


Por sus pupilas inteligentes se dieron muchos milagros del celuloide. El increíble Dustin Hoffman en su interpretación de Tootsie, el trío de lujo de Robert Redford, Meryl Streep y Klaus María Bandauer en Africa mía.


O aquellos jóvenes en la década del 70, Redford y la siempre exquisita Barbra Streissand, que dejó en el firmamento de los pentagramas una melodía marcada por cuadros cinematográficos (The way we were), al nivel de As time goes by, de Casablanca.


El toque especial con Paul Newman, Tom Cruise, Nicole Kidman, George Clooney, Faye Dunaway y Jessica Lange, por mencionar a algunos de sus rostros favoritos.


Fue y no por añadidura, un actor carismático y un productor apasionado. En ninguno de los casos, incluida la dirección, se alejó de su hilo conductor exitoso: el preciosismo.


Los críticos nunca lo encaramaron en el podio de los grandes maestros, pero si en una élite de artesanos de alto vuelo, inmersos en asuntos cotidianos, de la vida y también de la sociedad, con un proyecto no terminado de lleno en la política, Recount.


Indistintamente en sus tres roles, tuvo participación en importantes cintas como Michael Clayton (2007), Cold Mountain (2003), El talentoso Mister Ripley (1999), Eyes Wide Shut (1999), Sabrina (1995), La firma (1993) y Los tres días del cóndor (1975).


Leslee Dart, su vocero, indicó hoy que Pollack se vio obligado a abandonar hace 10 meses la filmación de la película para la televisión Recount, afectado por el cáncer, la cual finalizó su colega Jay Roach.


Recount se adentra en la cuestionada recolección de votos que dio la presidencia de Estados Unidos en el año 2000 a George W. Bush frente a Al Gore, un excelente tema de despedida de Sydney Pollack.


Fuente: Prensa Latina