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02 junio 2011

Miguel Hernández: La condena franquista volverá al Tribunal Supremo



La Sala de lo Militar del Tribunal Supremo tendrá de nuevo sobre la mesa el próximo 15 de junio la posible anulación de la sentencia del Consejo de Guerra Permanente número 5 de Madrid que el 18 de enero de 1940 condenó a Miguel Hernández.

La familia del poeta alicantino presentó un incidente de nulidad contra el auto del alto tribunal que el pasado mes de marzo rechazó la posibilidad de tramitar un recurso extraordinario de revisión de la decisión franquista.

La pena de muerte impuesta a Hernández, por un delito de adhesión a la rebelión -previsto en el Código de Justicia Militar de 1890-, fue posteriormente conmutada por la de reclusión durante 30 años, si bien el poeta falleció en la cárcel el 28 de marzo de 1942, como consecuencia de las malas condiciones que sufrió durante su reclusión.

Fuente: La República.es

18 diciembre 2010

Serrat, la lluvia y Montevideo


Foto: EFE


El idilio que mantiene Montevideo con el cantautor español Joan Manuel Serrat volvió a reafirmarse el viernes, pese a la tormenta que arreció durante la presentación del espectáculo "Hijo de la luz y de la sombra", dedicado al poeta Miguel Hernández.

Más de 10.000 espectadores, la mayoría veteranos que hacía mucho que no salían a un concierto al aire libre, se congregaron para presenciar el espectáculo del catalán sin hacer caso del viento y la lluvia que acompañaron el recital y que amenazaron con suspender el evento.

"Buenas noches, bienvenidos, iniciamos un concierto con una propuesta que recoge un manojo de poemas de Miguel Hernández, un poeta que nació en Orihuela en 1910 y que murió con 31 años en las cárceles de Franco", dijo el músico, que se presentó ante el público relajado y sonriente.

"Llegó con tres heridas", uno de los poemas que Serrat canta en su último disco de homenaje al poeta alicantino, sirvió para abrir el recital, canción que fue recibida con todo el público en pie y entusiasmado.

Tras la presentación, Serrat se dedicó a desgranar una tras otra, en tono intimista y cómplice, las canciones de su disco, que intercaló con poemas de Miguel Hernández, el protagonista indiscutible de la noche.

"Elegía", "Dale al aspa, molino", "Soy pastor de cabras", entre otras, fueron canciones que el catalán interpretó sobre el escenario, antes de pasar, ya hacia el final, a temas imprescindibles y muy esperados por los montevideanos como "Mediterráneo" o "Cantares", que quedaron una vez más encantados y más que satisfechos.

Fuente: Montevideo Portal


30 octubre 2010

“A Miguel...”


Ilustración: Paco Arnau


Cuando hablo con algunos compañeros sobre la poesía de Miguel, siempre surge ¡cómo no! la comparación con otros poetas de la época, Lorca, Alberti, Neruda...... Cada uno de nosotros da su versión sobre la capacidad de transmitir sensaciones y emociones, pero, al final, siempre terminamos hablando de Miguel, de lo que yo llamo “la poesía de las entrañas”, la poesía desgarrada, la que se hace desde la esencia del hombre. Miguel centró gran parte de su producción poética en torno a tres ejes, la muerte, la vida y el amor (“llegó con tres heridas, la del amor, la de la muerte la de la vida....”), pero no deseo hablarles de la muerte, sino de la pasión por vivir las cosas sencillas.

La profundidad de la poesía hernandiana nos enseña el valor de esas pequeñas cosas que son la esencia de la vida, las que en definitiva merecen la pena. Y ello lo vemos, no sólo en sus escritos, también en sus palabras, las que dirigía a sus amigos y conocidos precisamente a la hora de compartir esos momentos cotidianos.

El médico oriolano Vicente Escudero recuerda una de esas anécdotas: de regreso de su primer viaje a Rusia, Miguel se encontraba en la estación de tren de Alicante, y allí fue recibido por un grupo de amigos dispuestos a acompañarle en el viaje de regreso a Orihuela. Por aquel entonces, la comodidad y la rapidez de los trenes de cercanías no eran precisamente lo que tenemos hoy en día. Los asientos eran de madera, y el tren tardó más de dos horas en realizar el trayecto entre Alicante y Orihuela. Los pasajeros tenían tiempo incluso para bajar del tren en marcha, arrancar algunas naranjas de los huertos contiguos a la vía férrea, y volver a subir a otro vagón. Había tiempo también para la conversación pausada. Escudero le preguntó a Miguel por Rusia, cómo era aquel país, sus grandes avenidas, sus museos..... Miguel le dijo que para conocer de verdad la esencia de Rusia había que viajar a la estepa, a las pequeñas villas, donde se encontraba el alma del pueblo ruso. Y le puso un ejemplo: “es como el pastel de gloria de Orihuela, el soplillo es lo primero que vemos, pero si hurgamos en el interior encontramos la yema, que es lo mejor del pastel....”.

Miguel quería vivir, sacar jugo a la vida, por eso desgranaba la esencia del ser humano como se pela una granada. Pero para él vivir era sobre todo ser, no tener, era la espiritualidad del ser humano, no su materialidad. Y ello lo vemos continuamente en su poesía, incluso en la escrita en los momentos más críticos de agonía en la cárcel de Alicante:

“El hombre no reposa, quien reposa es su traje,
cuando colgado mece su soledad con viento.
Más una vida incógnita, como un vago tatuaje,
Mueve desde las ropas dejadas un aliento....”.


Francisco Escudero Galante

Fuente: InfoPoesía





27 octubre 2010

Sino Sangriento: Representación de la obra teatral de Marcos Ana




Representación de la obra de teatro "Sino Sangriento"

Escrita y dirigida por Marcos Ana,

en homenaje al poeta y camarada Miguel Hernández.



Domingo 31 de octubre de 2010 - 18:30

Teatro Arniches

Alicante - España


En Otoño de 1960, al cumplirse el 50 aniversario del nacimiento del poeta universal Miguel Hernández, víctima de la represión franquista, un grupo de presos políticos representó en el penal de Burgos la obra SINO SANGRIENTO, escrita y dirigida por Marcos Ana en homenaje al poeta y camarada.

Al cumplirse el centenario del nacimiento de Miguel Hernández y el cincuenta aniversario de la representación de la obra, la fundación INSTITUT D'ESTUDIS POLÍTICS de EUPV tiene el gusto de invitarle a la representación de SINO SANGRIENTO en versión adaptada por DESVÁN, grupo independiente de teatro.





17 octubre 2010

Vuelo




Sólo quien ama vuela. Pero, ¿quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo.

Amar... Pero, ¿quién ama? Volar... Pero, ¿quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.

Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido.
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado.
Donde faltaban plumas puso valor y olvido.

Iba tan alto a veces, que le resplandecía
sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave.
Ser que te confundiste con una alondra un día,
te desplomaste otro como el granizo grave.

Ya sabes que las vidas de los demás son losas
con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya.
Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas.
A través de las rejas, libre la sangre afluya.

Triste instrumento alegre de vestir; apremiante
tubo de apetecer y respirar el fuego.
Espada devorada por el uso constante.
Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego.

No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas
por estas galerías donde el aire es mi nudo.
Por más que te debatas en ascender, naufragas.
No clamarás. El campo sigue desierto y mudo.

Los brazos no aletean. Son acaso una col
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de debatirse sola.
Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento.

Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala
un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve
como un élitro ronco de no poder ser ala.
El hombre yace. EL cielo se eleva. El aire mueve.


Miguel Hernández



17 setiembre 2010

Cien Años con Miguel Hernández




Parque Dolores Ibárruri

Escenario central

San Fernando de Henares

Madrid

Sábado 18 de septiembre

13:00 hs.


La Fiesta del PCE homenajea al poeta Miguel Hernández con un acto en el participa su familia, a través de su nuera Lucía Izquierdo y de su nieta María José.

El homenaje, que incluye lecturas de poemas y cuenta con actuaciones musicales, reune a un gran número de intelectuales y artistas que desean recordar su vida y su obra como Felipe Alcaraz, Enma Cohen, Pedro Marset, Marcos Ana, Marga Sanz, Susana Oviedo, Willy Toledo, Manuel Gerena, Armando López Salinas, Juan Genovés, Andrés Sorel, Alicia Martínez, Omar F. Mauri, Alicia Martínez...

El acto sirve para presentar tres libros dedicados al poeta alicantino. El primero de ellos, "Cien años con Miguel Hernández", publicado por el PCE, es un número especial de Nuestra Bandera, la revista de debate político del Partido en la que colaboró el poeta de Orihuela en plena guerra civil. El segundo, "Para Miguel" es una obra colectiva que reúne el trabajo de más de 30 poetas y está publicado por Atrapasueños. El tercero, "Miguel Hernández. La voz de la herida", de la Editorial El Páramo, pretende devolverle a Miguel Hernández el componente político y social.

Y además, durante el acto se conmemora la R de Resistencia, República y Revolución con un homenaje colectivo a los hombres y mujeres que plantaron cara al fascismo-franquismo.

Fuente: PCE





28 marzo 2010

Recordando a Miguel Hernández





SENTADO SOBRE LOS MUERTOS



Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
la mano del corazón
y el alma que lo sostiene.

Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre.

Acércate a mi clamor,
pueblo de mi misma leche,
árbol que con tus raíces
encarcelado me tienes,
que aquí estoy yo para amarte
y estoy para defenderte
con la sangre y con la boca
como dos fusiles fieles.

Si yo salí de la tierra,
si yo he nacido de un vientre
desdichado y con pobreza,
no fue sino para hacerme
ruiseñor de las desdichas,
eco de la mala suerte,
y cantar y repetir
a quien escucharme debe
cuanto a penas, cuanto a pobres,
cuanto a tierra se refiere.

Ayer amaneció el pueblo
desnudo y sin qué comer,
y el día de hoy amanece
justamente aborrascado
y sangriento justamente.
En su mano los fusiles
leones quieren volverse:
para acabar con las fieras
que lo han sido tantas veces.

Aunque le faltan las armas,
pueblo de cien mil poderes,
no desfallezcan tus huesos,
castiga a quien te malhiere
mientras que te queden puños,
uñas, saliva, y te queden
corazón, entrañas, tripas,
cosas de varón y dientes.
Bravo como el viento bravo,
leve como el aire leve,
asesina al que asesina,
aborrece al que aborrece
la paz de tu corazón
y el vientre de tus mujeres.
No te hieran por la espalda,
vive cara a cara y muere
con el pecho ante las balas,
ancho como las paredes.

Canto con la voz de luto,
pueblo de mí, por tus héroes:
tus ansias como las mías,
tus desventuras que tienen
del mismo metal el llanto,
las penas del mismo temple,
y de la misma madera
tu pensamiento y mi frente,
tu corazón y mi sangre,
tu dolor y mis laureles.
Antemuro de la nada
esta vida me parece.

Aquí estoy para vivir
mientras el alma me suene,
y aquí estoy para morir,
cuando la hora me llegue,
en los veneros del pueblo
desde ahora y desde siempre.
Varios tragos es la vida
y un solo trago es la muerte.


Miguel Hernández
1937



22 enero 2010

Serrat y el centenario de Miguel Hernández



Foto: Agustín Catalán


Joan Manuel Serrat iniciará el próximo 27 de marzo en Elche (Alicante) su gira internacional "Hijo de la luz y de la sombra", acto central de las actividades organizadas con motivo del Centenario de Miguel Hernández. El cantautor catalán presentará las canciones de su último disco, el segundo en el que pone música a los versos del poeta de Orihuela, y que sale a la venta el próximo 23 de febrero.

"Miguel Hernández ha tenido tan mala suerte que hasta el año de su centenario le pilló la crisis. Tuvo mala suerte hasta 100 años después", dijo este jueves Serrat, en relación a la trágica historia de Hernández, quien ya de niño tuvo que dejar el colegio "de mala manera" para ser pastor, aunque las inquietudes como poeta le llevaron a mantener a escondidas su interés por la lectura. "Y eso cuesta un esfuerzo".

Finalmente, en Madrid pudo codearse con la élite literaria de la Generación del 27 pero, tras vivir la guerra civil en el bando republicano, fue encarcelado y murió en 1942. "A Miguel Hernández le gustaría que, si no pudo escribir más, al menos, su obra se dé a conocer", opinó Serrat, quien recibió el pasado mes de diciembre el I Premio Nacional de Músicas Actuales del Ministerio de Cultura, por, entre otras virtudes, haber puesto "su música al servicio de los grandes poetas".

Serrat ya rindió tributo a Hernández en 1972 con un primer disco de poemas hernandianos, en el que se incluían "Nanas de la cebolla", "Elegía a Ramón Sijé" o "Llegó con tres heridas". En este nuevo trabajo, están 13 poemas, algunos de juventud como "La palmera levantina", obras teatrales ("Si me matan, bueno") o versos de "Hijo de la luz y de las sombras".

"Gran admiración"

"Leo a Miguel Hernández con poca objetividad, con gran admiración y un respeto tremendo", afirmó Serrat, quien ha querido "refrescar" el repertorio del poeta con un disco en el que están poemas "para entender el universo hernandiano".

Respecto a las posibles similitudes con el trabajo de los años 70, Serrat afirmó que son dos discos diferentes. En este nuevo reto, dijo, ha tenido la "satisfacción" de moverse en la "poesía intemporal del único poeta pobre que llegó a escribir como los poetas ricos". "El cantautor le debe más al poeta", dijo, afirmando que con su nuevo trabajo quiere "abrir las puertas a la gente" para que profundice en la poesía de Hernández.

Los poemas de Miguel Hernández, a quien se le "debería hacer un reconocimiento público mayor del que ha tenido", no han sido difíciles de musicar para el cantautor. "Se puede poner música a las páginas amarillas y hasta al BOE", bromeó Serrat, un músico cuyos poetas de cabecera "están todos muertos" por lo que no pueden ponerse "celosos" de que repita ahora con Hernández.

"Pastor de cabras"

"Es distinto a Machado, tanto en su génesis (uno era maestro de escuela y otro pastor de cabras), como en su trayectoria: Hernández murió a los 31 años de una forma terrible, dejó de escribir a los 29 años, muy poco tiempo para una gran evolución poética", explicó sobre un escritor que "absorbía el conocimiento con urgencia".

"Me gustaría poder tener el carácter de poeta de Miguel Hernández. Vivió con un rigor ejemplar", reconoció Serrat, a quien a sus 66 años le gustaría "no tener que renunciar" a ninguno de sus sueños. "Aunque estén al otro lado del río, aún sé nadar".

Para la gira de Serrat, que a falta de cerrar fechas concluirá en Orihuela a finales de octubre, todavía no hay escenografía. "Llevo meses trabajando pero no tengo decidido como será el espacio escénico", subrayó el músico.

Durante la rueda de prensa, en la que también estuvieron presentes el alcalde de Elche, Alejandro Soler, y Francisco Escudero, coordinador de los actos culturales del Centenario, Serrat no quiso pronunciarse sobre las descargas en Internet ni las malas cifras del mercado de la música anunciadas este jueves por Promusicae. "Ya es muy difícil hacer un disco, defenderlo y llevarlo a la gente", concluyó.

Fuente: La República.es


27 noviembre 2009

CARTA





El palomar de las cartas
abre su imposible vuelo
desde las trémulas mesas
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.

Oigo un latido de cartas
navegando hacia su centro.

Donde voy, con las mujeres
y con los hombres me encuentro,
malheridos por la ausencia,
desgastados por el tiempo.

Cartas, relaciones, cartas:
tarjetas postales, sueños,
fragmentos de la ternura,
proyectados en el cielo,
lanzados de sangre a sangre
y de deseo a deseo.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré.


En un rincón enmudecen
cartas viejas, sobres viejos,
con el color de la edad
sobre la escritura puesto.
Allí perecen las cartas
llenas de estremecimientos.
Allí agoniza la tinta
y desfallecen los pliegos,
y el papel se agujerea
como un breve cementerio
de las pasiones de antes,
de los amores de luego.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.


Cuando te voy a escribir
se emocionan los tinteros:
los negros tinteros fríos
se ponen rojos y trémulos,
y un claro calor humano
sube desde el fondo negro.
Cuando te voy a escribir,
te van a escribir mis huesos:
te escribo con la imborrable
tinta de mi sentimiento.

Allá va mi carta cálida,
paloma forjada al fuego,
con las dos alas plegadas
y la dirección en medio.
Ave que sólo persigue,
para nido y aire y cielo,
carne, manos, ojos tuyos,
y el espacio de tu aliento.

Y te quedarás desnuda
dentro de tus sentimientos,
sin ropa, para sentirla
del todo contra tu pecho.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré.


Ayer se quedó una carta
abandonada y sin dueño,
volando sobre los ojos
de alguien que perdió su cuerpo.
Cartas que se quedan vivas
hablando para los muertos:
papel anhelante, humano,
sin ojos que puedan serlo.

Mientras los colmillos crecen,
cada vez más cerca siento
la leve voz de tu carta
igual que un clamor inmenso.
La recibiré dormido,
si no es posible despierto.
Y mis heridas serán
los derramados tinteros,
las bocas estremecidas
de rememorar tus besos,
y con su inaudita voz
han de repetir: te quiero.





17 octubre 2009

La muerte de Miguel Hernández






Miguel Hernández, el gran poeta campesino español, fue fusilado el jueves 20 en Madrid, por sentencia de un consejo de guerra. Delito: haber sido miliciano en la guerra. Con Miguel Hernández y Federico García Lorca perdieron las letras españolas sus dos primeros poetas jóvenes.

Si me muero que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Miguel Hernández ha muerto. Ha muerto apretando los dientes, la boca contra la grama. Pero no era aquella muerte la que él estaba dispuesto a aceptar, con altanero fatalismo… En otros versos, nos había explicado, cómo podía morirse “con la cabeza muy alta”:

Los quince y los dieciocho,
los dieciocho y los veinte…
Me voy a cumplir los años
al fuego que me requiere,
y si resuena mi hora
antes de los doce meses,
los cumpliré bajo tierra.
Yo trato que de mí queden
una memoria de sol
y un sonido de valiente.

Memoria de sol y sonido de valiente acompañaban ya en vida la historia contemporánea de Miguel. Perdonado cien veces por la metralla, curtido por el sol de los frentes, el poeta cantó magníficamente en las trincheras, vistiendo el pardo uniforme de los milicianos. Canciones de vida y muerte, de júbilo y luto, que adquieren ahora, ante un cable escueto, singular relieve dramático:

¡Qué sencilla es la muerte; qué sencilla,
pero qué injustamente arrebatada!
No sabe andar despacio, y acuchilla
cuando menos se espera
su turbia cuchillada.

De la Elegía a García Lorca son estos versos dramáticamente proféticos:

Como si paseara con tu sombra
paseo con la mía

por una tierra que el silencio alfombra,
que el ciprés apetece más sombría.
Rodea mi garganta tu agonía
como un hierro de horca
y pruebo una bebida funeraria.
Tú sabes, Federico García Lorca,
que soy de los que gozan una muerte diaria.

El cable ha hablado: Tres años exactamente después de fusilado el poeta de Yerma, Miguel Hernández ha caído bajo las balas de un pelotón ejecutor. “Veinte veces muerto” por veinte balas, se ha desplomado, “la boca contra la grama”, en el patio de una siniestra prisión madrileña.

Miguel, que ha vivido con la cabeza muy alta, sólo puede haber muerto con la cabeza en alto: esa cabeza cuyos ojos de niño reflejaban la limpidez de una conciencia sin remordimientos.

Jean Cocteau llamaba a Raymond Radiguet “el milagro del Marne”. A Miguel habría podido llamársele “El milagro de Orihuela”, porque su caso constituye una excepción dentro de la historia de una literatura (excepción que tiene un precedente en la literatura inglesa del siglo XVIII): Miguel Hernández fue poeta antes de aprender a leer y a escribir.

Hijo de humildes pastores de cabras, trabajó desde niño en el cuidado del ganado y el cultivo de la tierra… Las toscas canciones que surgieron de sus labios, en los primeros años de su vida, justifican estas frases dirigidas por él a Vicente Aleixandre, en la dedicatoria de Viento del pueblo: “A nosotros, que hemos nacido poetas, entre todos los hombres, nos ha hecho poetas la vida junto a todos los hombres…”

Miguel Hernández había nacido poeta entre todos los hombres. Aprendió a escribir su nombre en la escuela pública de Orihuela, y, a pesar de que los primeros libros que cayeron entre sus manos eran detestables folletines por entrega, de los que pueden falsear el gusto de un hombre sencillo, el pastor de cabras halló, por instinto, el camino que habría de conducirlo a las más puras fuentes de la poesía castellana. Devoró las obras de los clásicos españoles en un círculo obrero de su pueblo. Conoció por un feliz azar, poemas de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Y un buen día publicó una serie de octavas reales, escritas bajo la influencia peligrosa y egregia de Góngora.

Miguel Hernández no había cumplido veinte años, cuando José Bergamín publicó su primera obra seria, un auto sacramental, en Cruz y Raya… Los jóvenes poetas de Madrid comprendieron que había “nacido un poeta entre todos los hombres”. Un poeta por instinto. Un poeta auténtico. Un poeta que podría escribir un día: “Nuestro cimiento será siempre el mismo: la tierra. Nuestro destino es parar en las manos del pueblo…” Miguel Hernández fue festejado, elogiado, publicado. El aspecto milagroso de su aparición en el firmamento de las letras españolas, le confirió la categoría de héroe poético del día.

Pero el éxito no modificó en nada el carácter de Miguel. En la Cervecería de Correos, junto a Federico García Lorca; en la casa de Pablo Neruda, llena de máscaras javanesas; en el estudio de Rafael Alberti, presidido por los inquietantes dibujos de Alberto —escultor en barro de Castilla— Miguel Hernández seguía siendo el pastor de cabras, hijo de pastores de cabras, de los campos de Orihuela.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna
pesan sobre nuestros huesos!


Miguel Hernández había nacido con el cutis duro y terroso de los campesinos. Ignorante de coqueterías, llevaba cortísimo un pelo espeso que ningún peine habría sabido domar. Manos anchas, manos de labriego.

Estas sonoras manos, oscuras y lucientes
las reviste una piel de invencible corteza,
y son inagotables y generosas fuentes
de vida y de riqueza…


Miguel no era elegante. Prefería cualquier indumentaria refinada, el rudo pantalón de pana de los campesinos, y esas alpargatas levantinas, con ocho cordones negros, que habrían de ser el calzado de campaña de los primeros milicianos.

Pero dos cosas resultaban inolvidables en el poeta: la limpidez de su mirada clara y el timbre varonil y profundo de su voz.

Esa voz la he apresado. La tengo aquí, en La Habana, en mis maletas.

A principios de 1938, Miguel Hernández llegó inesperadamente a París. Desde los primeros instantes de la guerra, el poeta se había inscripto en el 5to. regimiento:

Echa tus huesos al campo,
echa las fuerzas que tienes
a las cordilleras foscas
y al olivo del aceite
……………………………………….
Sangre que no se desborda,
juventud que no se atreve,
ni es sangre, ni es juventud,
ni relucen, ni florecen…


Había trabajado en la construcción de fortificaciones. Ahora, destinado a infantería, luchaba como miliciano en la brigada del “Campesino”… Para imponerle un descanso merecido, y sustraerlo momentáneamente a los cotidianos peligros del frente, el Gobierno republicano lo había nombrado delegado a un Congreso Internacional de Arte Dramático.

Por aquel entonces, disponiendo de las máquinas de mi estudio, yo no perdía una oportunidad de “poner en conserva” la voz de los grandes poetas contemporáneos. Había editado los poemas Guernica y Madrid 1937, de Paul Eluard. Había guardado en mis gavetas las voces de Langston Hughes, Rafael Alberti, José Bergamín, Octavio Paz, Pablo Neruda y otros… Al saber que Miguel (a quien había conocido en Madrid bajo las bombas del año anterior) estaba en París, lo invité a que grabara un disco.

Era la primera vez que el ex pastor de cabras veía un estudio consagrado a estos trabajos. Todo lo maravillaba: las máquinas, los micrófonos, los amplificadores, los tonemesser que permiten ver la voz, los pomos de cristal en que la escoria filiforme de los discos se entrega a danzas fantásticas, al ser enmarañada por aspiradores. Miguel reía como un niño al ver los aparatos destinados a producir ruidos. Al oír un balido producirse en una caja misteriosa, exclamaba:

—¡El borrego!...

Entendido en la materia, hallaba que las cabras mecánicas de mi estudio no eran del todo exactas.

—¡Si hubieses venido a Orihuela!... ¡Allí eran de verdad!...

Por fin, Miguel se detuvo ante el micrófono. Se encendieron las luces rojas. Se encendieron las azules. Y el poeta comenzó a declamar, con su voz maravillosa y su acento aldeano, las estrofas de la Novia del soldado.

Sobre los ataúdes feroces en acecho
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa…


Este disco no se llegó a editar, pero conservo el original, único ejemplar, junto a mis papeles más preciados. Trataré de hacer algunas copias de él que regalaré a los que fueron amigos del poeta.

¡Cuerpo presente!... ¡Único retrato viviente que nos queda de esa voz que simbolizó, por su masculinidad, la vida misma de Miguel Hernández!...

6 de agosto de 1939, Revista Carteles.


Alejo Carpentier


Fuente: La Jiribilla