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"Hoy más que nunca la alegría es un artículo de primera necesidad, tan urgente como el agua o el aire. Pero nadie nos va a regalar ese derecho de todos; .... es preciso pelearlo...."
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Primero se llevaron a los comunistas pero a mí no me importó porque yo no era. En seguida se llevaron a unos obreros pero a mí no me importó porque yo tampoco era. Después detuvieron a los sindicalistas pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista. Luego apresaron a unos curas pero como yo no soy religioso tampoco me importó. Ahora me llevan a mí pero ya es tarde.
El pasado 7 de octubre una abarrotada sala pequeña del madrileño Teatro Español aplaudió el estreno de Sueño Lorca o el sueño de las manzanas, la obra dirigida por la novel María Caudevilla sobre nuestro más querido poeta, y producida por Baraka Madrid. Una caja de madera llena de lo que fuimos y no fuimos centra el sentido circular de la escena, una noria de palabras en boca de cinco fantasmas que desgranan versos y memoria, metáforas y anhelos, sortijas y miedos de Federico García, su imaginación desde una perspectiva múltiple e inteligente, aún con inocencia y atrevimiento.
Entre fragmentos de piezas lorquianas casi ajenas al público (El paseo de Buster Keaton, El maleficio de la mariposa) y de otras famosas (La zapatera prodigiosa, Doña Rosita), así como de cartas, escritos inacabados, entrevistas y opiniones vertidas por compañeros de generación (Vicente Aleixandre), María no sólo sueña etapas significativas de la vida del genio, sino también sus rincones vitales. Así, el hombre del verano (José Manjón) y el hombre del paraguas (Roberto Yagüe) convierten las palabras en alacranes durante su periplo por un desierto sin arena, cualquiera de las tardes compartidas entre Lorca y Salvador Dalí en la Residencia de Estudiantes. Así, el niño Lorca (Ana María Montero) transforma en versos las fragancias de la noche de Granada mientras acaricia a su gata, poco antes de que su infancia intuya algo llamado muerte. Así, el hombre melancólico (Luis Escudero), viajero de viajes irrealizables, lee la carta escrita por el poeta a su familia desde Nueva York, donde la naturalidad del niño ante un espectáculo sin igual describe el suicidio de un hombre aplastado sobre el asfalto a las puertas del Hotel Astor. Así, el hombre del verano confiesa su homosexualidad a su amiga la mujer de las manzanas (Sara Montgomery Campbell). “Si yo me convirtiera en pez luna”, le dice ella, “yo me convertiría en cuchillo”, responde él. Por encima de la tentación de una heterosexualidad que redimiera su juventud ante una sociedad opaca, por encima de manzanas que morder para mitigar el dolor y la culpa, esta escena sublime desvela su búsqueda del amor verdadero.
El amor y la muerte yacen dormidos detrás de los sueños. María ha soñado Lorca y en su sueño cae una fina capa de lluvia que transparenta al poeta ante el espectador. Al margen de la intertextualidad, la escenografía o los diálogos, ahí se esconde la principal virtud de la obra.
Nos identificamos con el niño que juega, que anhela, que teme, que nace y que muere mil y una veces en cada vida y en cada poema. María ha sabido transmitir la inocencia de la mirada lorquiana en su planteamiento, se ha enfrentado a ella desde la intuición y no sólo desde el análisis. “Quise hacer un collage que reflejara su espíritu soñador, de juego y diversión, viajero, inquieto, irreverente”, explicaba esta autora de ojos profundos en la cafetería del teatro, sólo un par de horas antes del estreno.
Escrita en abril de 2008, Baraka presentó la obra tres meses después en el Festival de Almagro. Ian Gibson, el ilustre hispanista de origen irlandés, se mostró entusiasmado. Una mañana de ese mismo verano en la plaza de Santa Ana, junto a la estatua de Lorca, de cuyas manos una paloma está a punto de volar hacia las puertas del Español, María volvió a soñar. “Allí nos reunimos las ocho personas que actualmente formamos la compañía y Ian Gibson, que nos dijo: ‘en esa sala pequeña deberíais estar vosotros’. Y aquí estamos”, recordaba María, que ha convertido en realidad el sueño de cualquier poeta.
Gibson también cumplió un sueño acudiendo al estreno en el Teatro Español y volvió a vivir Lorca “casi desde dentro”, tal y como lo vivió en el Arcola Theater de Londres allá por agosto de 2008. Actualmente, Baraka gestiona con la embajada española el reestreno de la obra en la capital británica. María, responsable de la compañía en España, espera que las representaciones del Español “nos permitan dar el salto a futuras giras”. Aunque la dramaturga confiesa que “fueron toda una sorpresa”, las tres nominaciones a los Premios Max 2010 reconocieron la brillantez de Ana María Montero como actriz de reparto, de Flavia Mayanx y José Mora por una iluminación al servicio de la lírica y la imaginación, y de Baraka como productora de otro pequeño gran espectáculo levantado con escasos recursos. Como reproche, algunas coreografías no encajan con la sencillez escénica propuesta, dejando al descubierto contrastes innecesarios.
Fundada en 2005, Baraka ha llevado al Arcola Theater otras obras de y sobre Lorca, El amor de Don Perlimplín con Belisa en su Jardín y Hace Federico, ambas dirigidas por Emily Kate Lewis, directora de la compañía en Londres. En noviembre Matadero de Madrid acogerá el estreno de Miguel Hernández, labrador del viento, escrita y dirigida por María Caudevilla y premiada por el Teatro Español en su certamen de creación contemporánea 2009. Baraka (término serbio para choza y juego de palabras con La Barraca, compañía fundada en 1931 por Lorca para representar los clásicos españoles) apuesta por un nuevo viaje escénico al interior de los poetas de la Generación del 27.
Qué hay personas debajo, señores!. Con esa gráfica expresión que hago mía recibieron Delphine Crespo y los activistas del grupo de “Barcelona contra la impunitat”, en su página Facebook hace unos días, las informaciones publicadas en distintos medios sobre la construcción de una urbanización y un parquecito sobre el probable emplazamiento de la tumba de Federico García Lorca y otros “paseados” en la localidad granadina de Alfacar, Granada.
Informaciones y desconcierto agravado, si cabe, con aquellas primeras declaraciones desorientadas en El Pais por parte del Comisario Andaluz de la Memoria Histórica, Sr. Juan Gallo – seguramente consciente de la dimensión de los hechos y de que algo habría que decir – : “(…) puede haber fosas o no. Para proteger la zona tenemos que tener seguridad” sostenía…así que como no tenemos pues construyamos felices, le falto decir al parecer. (Contrástese: El Gobierno niega que pueda proteger las zonas de fusilamientos de Alfacar. El Ayuntamiento aprovecha la falta de restricciones para edificar: http://www.elpais.com/articulo/anda...)
Tela. Marinera no, más.
¿Entenderá algún día el Sr. Gallo que es al revés, que si no se sabe seguro si hay personas o no debajo, es una auténtica bestialidad que se meta pala y cemento?
¿Que lo civilizado es asegurarse primero de que no hay nadie debajo antes de construir?
¿Que, como he reflexionado más ampliamente en otro lugar, lo de “enterrar a los muertos” – sin construirles casas, ni parques o ninguna otra cosa encima – forma parte de la civilización más elemental ya desde las «siete Obras de la verdadera Misericordia» del antiguo Egipto?
No le faltó de nada al Sr. Gallo al sostener también que dicha protección brindarse además “a petición de los familiares de las víctimas” Una y otra vez el mismo argumento de la impunidad, y habrá que explicarlo a la ciudadanía cuantas veces haga falta: a los familiares de las víctimas de Franco no les compete asumir las responsabilidades y funciones del Estado en ningún caso.
Y el mismo rechazo por ese tipo de comportamientos desatinados, y que crean desatino, vaya para la alcaldesa socialista de Alfacar, la Sra. Fátima Gómez, que ni corta ni perezosa, aprovechó la insuficiente protección de aquel lugar para abrir las puertas a la edificación.
Porque, por si no lo sabían, el Ayuntamiento que ha permitido que se eche cemento sobre el posible emplazamiento de la fosa de Federico García Lorca no es del PP, como erróneamente hubiésemos podido pensar a la vista de lo sucedido en Málaga y en otros lugares en estos días, – aunque entre los ayuntamientos protagonistas, por cierto, también en el ayuntamiento de Cáceres donde la alcaldesa del PSOE, Dª María Carmen Heras Pablo, mantiene ya durante largo tiempo retirada la lápida con los fusilados de aquel cementerio (Cementerio de Cáceres: La lápida de los fusilados sigue desaparecida: http://armhex.blogspot.com/2010/07/...) –.
Qué va! En Alfacar es a un Ayuntamiento del PSOE al que le ha parecido que lo mejor que se podía hacer con el posible emplazamiento de la fosa clandestina de Federico García Lorca era construir encima una urbanización antes de estar completamente seguros de que ello no es así. Y ello en una Comunidad Autónoma del PSOE, la andaluza, la que según parece no le ha puesto objeción alguna al Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) del municipio que preveía hacer esto desde hace varios años, según declaraciones de la alcaldesa.
Y eso ya sería injustificable incluso antes de que el Sr. Gallo quisiese echar balones fuera con declaraciones inciertas como las suyas. Lo que ha provocado que tenga que enmendarle la plana su superior, el Consejero de Gobernación y Justicia, Sr. Luis Pizarro, que ya se ha encargado de decir que, por supuesto, que la Junta asumirá su responsabilidad de proteger… de proteger lo que quede “del resto” de la zona, al margen de la edificación ya desarrollada, le ha faltado decir…
No me digan que si no fuese porque se está poco menos que profanando lugares de enterramiento clandestino de víctimas brutalmente asesinadas – y brutalmente tratadas ahora también por Ayuntamiento de Alfacar y Junta de Andalucía –, si fuese otro el tema, no resultaría hasta entretenido seguir pendientes de las nuevas peripecias, declaraciones y contra declaraciones, del Sr. Juan Gallo, alto representante, como se ve, para la Memoria Histórica de la Junta de Andalucía, que resulta que al final sí que podía hacer algunas cosas al parecer sin tener que descargar sus responsabilidades en las familias de las víctimas, pero D. Juan no se acordaba…
¿Qué se puede decir ante todo ello?, ¿Cómo se ha podido construir en un lugar de la memoria como ese y en tales condiciones, encima de Federico García Lorca y todos ellos?.
En medio de una gran expectación y con medidas de seguridad extremas, que van desde la continua vigilancia policial a las instalaciones hasta la firma de un contrato de confidencialidad obligatorio para todos los que participan en la operación, comenzaron ayer en Granada las labores de excavación en la zona en la que se presume que se encuentran los restos del poeta Federico García Lorca, asesinado por un comando franquista al inicio de la Guerra Civil Española. Los trabajos comenzaron pese a la decisión de la familia del poeta, que se ha negado a que se aclare si los restos del autor de Bodas de sangre descansan en esa fosa, y por expreso pedido de los familiares de otras dos víctimasdel franquismo cuyos cuerpos se presume que se encuentran en el mismo lugar.
Según los estudios previos realizados por la Junta de Andalucía, el sitio en el que se presume que se encuentran los restos de García Lorca ocupa una superficie de doscientos metros cuadrados que ha sido techada desde días atrás por una carpa bajo la cual se desarrollarán los trabajos de excavación. En el interior de la carpa se encuentran cámaras de televisión encendidas permanentemente, pero las imágenes que capten no se darán a conocer al público en bruto, sino que serán editadas evitando en todo momento que se puedan ver huesos o restos de vestimenta y otros objetos que sirvan para identificar a los cuatro cuerpos que según los análisis exploratorios previos se encuentran en el lugar.
El dispositivo de seguridad montado en torno de la carpa metálica y las medidas que se han tomado para evitar que los resultados de la investigación lleguen en bruto a la prensa tienen que ver con el pedido expreso de la familia de García Lorca que ha querido evitar lo que llaman “el circo” mediático. Los familiares del poeta aún no han clarificado ante la Consejería de Justicia andaluza si permitirán que se conozcan los resultados de los análisis una vez que terminen los trabajos, con lo cual es muy probable que dentro de dos meses, cuando las labores lleguen a su fin, se siga sin saber con certeza si los restos de García Lorca se encuentran o no en ese paraje granadino, a pocos kilómetros de la que era su casa familiar.
La presidenta de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Granada, Maribel Brenes, explicó ayer que “no está previsto que los familiares entren al recinto, aunque estudiaremos las peticiones si las hay”. La Asociación ha sido una de las más activas a la hora de exigir que se conozca la verdad sobre el trágico final del autor de Doña Rosita la soltera y brindó desde un principio todo su apoyo a los familiares del banderillero Francisco Galadí, uno de los hombres enterrados junto al poeta granadino en el mismo paraje. En la misma fosa se presume que se encuentra también el maestro Dióscoro Galindo, cuyos familiares no han explicado si están a favor de la identificación de su cuerpo. Al igual que ocurre con los restos de Lorca, el equipo técnico que lleva a cabo la investigación sólo podrá dilucidar la identidad de los cuerpos si la familia aporta muestras de ADN, cosa que hasta el momento los familiares de García Lorca no han hecho.
Aunque sus contratos impiden que se comuniquen con la prensa, los miembros del equipo forense que participan en las excavaciones manifestaron días atrás a algunos medios de comunicación las dudas que tienen sobre las condiciones en las que se encuentran los huesos, que se presumen están entre 0,6 y 1,8 metro de profundidad, por el peso de la tierra y los años que han pasado desde los asesinatos. Una vez que concluyan las exhumaciones, los restos serán enviados al Laboratorio de Identificación Genética de Granada, donde un equipo dirigido por el forense José Antonio Lorente llevará adelante la identificación genética y antropológica.
Federico fue detenido el 16 de agosto de 1936 en casa de su amigo, el poeta Luis Rosales. La Guerra Civil había estallado un mes antes, el 18 de julio, y desoyendo los consejos de sus allegados, el escritor se dirigió a Granada, su tierra natal, que se encontraba bajo el control del bando franquista. Su padre, de nombre Federico igual que él, era un cacique progresista odiado por los terratenientes de la zona por su adhesión a la República y su crítica al caciquismo retrógrado granadino, lo que hizo suponer en un principio que el asesinato del hijo pródigo era también una venganza con tintes de disputa regional. Pero a Federico los fascistas lo odiaban por muchas más razones. Detestaban que fuera abiertamente homosexual y no podían soportar esa rara mezcla de catolicismo y anarquismo; “tradicionalista, monárquico y libertario a la vez”, como le gustaba definirse.
Nacido el 5 de junio de 1898, García Lorca era ya un autor célebre a los 38 años. Durante los últimos años de su vida había cobrado incluso fama mundial, luego de su paso por Nueva York, y gozaba un reconocimiento inaudito gracias al éxito que habían tenido entre el público obras como La casa de Bernarda Alba y Yerma, escritas durante sus últimos años. Ya desde joven se había codeado con lo más granado de la generación de su tiempo, como los poetas Rafael Alberti y Jorge Guillén, el cineasta Luis Buñuel y el pintor Salvador Dalí, con quien mantuvo una turbia y platónica relación.
Quizá fue su fama internacional, piensa su máximo biógrafo Ian Gibson, la que le dio a Lorca la confianza para acudir a Granada días después del estallido de la guerra. El franquismo no había mostrado aún su cara más criminal y la amistad que el propio Federico mantenía con personajes como José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange, le impidieron sospechar que irían por él. “Esto es un horrible error”, les dijo a los hombres que siguiendo las órdenes del gobernador civil de Granada José Valdés Guzmán y del general Queipo de Llano vinieron a buscarlo ese día a casa de Luis Rosales. En la madrugada del 17 al 18 de agosto, García Lorca fue asesinado y enterrado luego en una fosa común junto al maestro Galindo y los dos banderilleros, Galadí y Arcollas. Años después, el dictador Francisco Franco defendió el crimen en un ejercicio de refinado cinismo: “Era un gran poeta –afirmó–, pero las autoridades tenían que prever cualquier reacción contra el Movimiento por elementos izquierdistas. Por eso fusilaron a los más caracterizados, y entre ellos a García Lorca”. Ian Gibson logró entrevistar para uno de sus libros a Ramón Ruiz Alonso, el matón que lo ejecutó. “Le he metido dos tiros por el culo, por maricón”, soltó apoyado en la barra de un bar sin una mínima pizca de arrepentimiento.
Miguel Hernández, el gran poeta campesino español, fue fusilado el jueves 20 en Madrid, por sentencia de un consejo de guerra. Delito: haber sido miliciano en la guerra. Con Miguel Hernández y Federico García Lorca perdieron las letras españolas sus dos primeros poetas jóvenes.
Si me muero que me muera con la cabeza muy alta. Muerto y veinte veces muerto, la boca contra la grama, tendré apretados los dientes y decidida la barba.
Miguel Hernández ha muerto. Ha muerto apretando los dientes, la boca contra la grama. Pero no era aquella muerte la que él estaba dispuesto a aceptar, con altanero fatalismo… En otros versos, nos había explicado, cómo podía morirse “con la cabeza muy alta”:
Los quince y los dieciocho, los dieciocho y los veinte… Me voy a cumplir los años al fuego que me requiere, y si resuena mi hora antes de los doce meses, los cumpliré bajo tierra. Yo trato que de mí queden una memoria de sol y un sonido de valiente.
Memoria de sol y sonido de valiente acompañaban ya en vida la historia contemporánea de Miguel. Perdonado cien veces por la metralla, curtido por el sol de los frentes, el poeta cantó magníficamente en las trincheras, vistiendo el pardo uniforme de los milicianos. Canciones de vida y muerte, de júbilo y luto, que adquieren ahora, ante un cable escueto, singular relieve dramático:
¡Qué sencilla es la muerte; qué sencilla, pero qué injustamente arrebatada! No sabe andar despacio, y acuchilla cuando menos se espera su turbia cuchillada.
De la Elegía a García Lorca son estos versos dramáticamente proféticos:
Como si paseara con tu sombra paseo con la mía por una tierra que el silencio alfombra, que el ciprés apetece más sombría. Rodea mi garganta tu agonía como un hierro de horca y pruebo una bebida funeraria. Tú sabes, Federico García Lorca, que soy de los que gozan una muerte diaria.
El cable ha hablado: Tres años exactamente después de fusilado el poeta de Yerma, Miguel Hernández ha caído bajo las balas de un pelotón ejecutor. “Veinte veces muerto” por veinte balas, se ha desplomado, “la boca contra la grama”, en el patio de una siniestra prisión madrileña.
Miguel, que ha vivido con la cabeza muy alta, sólo puede haber muerto con la cabeza en alto: esa cabeza cuyos ojos de niño reflejaban la limpidez de una conciencia sin remordimientos.
Jean Cocteau llamaba a Raymond Radiguet “el milagro del Marne”. A Miguel habría podido llamársele “El milagro de Orihuela”, porque su caso constituye una excepción dentro de la historia de una literatura (excepción que tiene un precedente en la literatura inglesa del siglo XVIII): Miguel Hernández fue poeta antes de aprender a leer y a escribir.
Hijo de humildes pastores de cabras, trabajó desde niño en el cuidado del ganado y el cultivo de la tierra… Las toscas canciones que surgieron de sus labios, en los primeros años de su vida, justifican estas frases dirigidas por él a Vicente Aleixandre, en la dedicatoria de Viento del pueblo: “A nosotros, que hemos nacido poetas, entre todos los hombres, nos ha hecho poetas la vida junto a todos los hombres…”
Miguel Hernández había nacido poeta entre todos los hombres. Aprendió a escribir su nombre en la escuela pública de Orihuela, y, a pesar de que los primeros libros que cayeron entre sus manos eran detestables folletines por entrega, de los que pueden falsear el gusto de un hombre sencillo, el pastor de cabras halló, por instinto, el camino que habría de conducirlo a las más puras fuentes de la poesía castellana. Devoró las obras de los clásicos españoles en un círculo obrero de su pueblo. Conoció por un feliz azar, poemas de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Y un buen día publicó una serie de octavas reales, escritas bajo la influencia peligrosa y egregia de Góngora.
Miguel Hernández no había cumplido veinte años, cuando José Bergamín publicó su primera obra seria, un auto sacramental, en Cruz y Raya… Los jóvenes poetas de Madrid comprendieron que había “nacido un poeta entre todos los hombres”. Un poeta por instinto. Un poeta auténtico. Un poeta que podría escribir un día: “Nuestro cimiento será siempre el mismo: la tierra. Nuestro destino es parar en las manos del pueblo…” Miguel Hernández fue festejado, elogiado, publicado. El aspecto milagroso de su aparición en el firmamento de las letras españolas, le confirió la categoría de héroe poético del día.
Pero el éxito no modificó en nada el carácter de Miguel. En la Cervecería de Correos, junto a Federico García Lorca; en la casa de Pablo Neruda, llena de máscaras javanesas; en el estudio de Rafael Alberti, presidido por los inquietantes dibujos de Alberto —escultor en barro de Castilla— Miguel Hernández seguía siendo el pastor de cabras, hijo de pastores de cabras, de los campos de Orihuela.
¡Cuántos siglos de aceituna, los pies y las manos presos, sol a sol y luna a luna pesan sobre nuestros huesos!
Miguel Hernández había nacido con el cutis duro y terroso de los campesinos. Ignorante de coqueterías, llevaba cortísimo un pelo espeso que ningún peine habría sabido domar. Manos anchas, manos de labriego.
Estas sonoras manos, oscuras y lucientes las reviste una piel de invencible corteza, y son inagotables y generosas fuentes de vida y de riqueza…
Miguel no era elegante. Prefería cualquier indumentaria refinada, el rudo pantalón de pana de los campesinos, y esas alpargatas levantinas, con ocho cordones negros, que habrían de ser el calzado de campaña de los primeros milicianos.
Pero dos cosas resultaban inolvidables en el poeta: la limpidez de su mirada clara y el timbre varonil y profundo de su voz.
Esa voz la he apresado. La tengo aquí, en La Habana, en mis maletas.
A principios de 1938, Miguel Hernández llegó inesperadamente a París. Desde los primeros instantes de la guerra, el poeta se había inscripto en el 5to. regimiento:
Echa tus huesos al campo, echa las fuerzas que tienes a las cordilleras foscas y al olivo del aceite ………………………………………. Sangre que no se desborda, juventud que no se atreve, ni es sangre, ni es juventud, ni relucen, ni florecen…
Había trabajado en la construcción de fortificaciones. Ahora, destinado a infantería, luchaba como miliciano en la brigada del “Campesino”… Para imponerle un descanso merecido, y sustraerlo momentáneamente a los cotidianos peligros del frente, el Gobierno republicano lo había nombrado delegado a un Congreso Internacional de Arte Dramático.
Por aquel entonces, disponiendo de las máquinas de mi estudio, yo no perdía una oportunidad de “poner en conserva” la voz de los grandes poetas contemporáneos. Había editado los poemas Guernica y Madrid 1937, de Paul Eluard. Había guardado en mis gavetas las voces de Langston Hughes, Rafael Alberti, José Bergamín, Octavio Paz, Pablo Neruda y otros… Al saber que Miguel (a quien había conocido en Madrid bajo las bombas del año anterior) estaba en París, lo invité a que grabara un disco.
Era la primera vez que el ex pastor de cabras veía un estudio consagrado a estos trabajos. Todo lo maravillaba: las máquinas, los micrófonos, los amplificadores, los tonemesser que permiten ver la voz, los pomos de cristal en que la escoria filiforme de los discos se entrega a danzas fantásticas, al ser enmarañada por aspiradores. Miguel reía como un niño al ver los aparatos destinados a producir ruidos. Al oír un balido producirse en una caja misteriosa, exclamaba:
—¡El borrego!...
Entendido en la materia, hallaba que las cabras mecánicas de mi estudio no eran del todo exactas.
—¡Si hubieses venido a Orihuela!... ¡Allí eran de verdad!...
Por fin, Miguel se detuvo ante el micrófono. Se encendieron las luces rojas. Se encendieron las azules. Y el poeta comenzó a declamar, con su voz maravillosa y su acento aldeano, las estrofas de la Novia del soldado.
Sobre los ataúdes feroces en acecho sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho hasta en el polvo, esposa…
Este disco no se llegó a editar, pero conservo el original, único ejemplar, junto a mis papeles más preciados. Trataré de hacer algunas copias de él que regalaré a los que fueron amigos del poeta.
¡Cuerpo presente!... ¡Único retrato viviente que nos queda de esa voz que simbolizó, por su masculinidad, la vida misma de Miguel Hernández!...
¿De quién es Lorca? Mientras esta pregunta no obtenga una respuesta unánime no concluirá la controversia soterrada, pero con cierto grado de enconamiento, entre los sobrinos de Federico García Lorca que administran su legado, por una parte, y las asociaciones de la memoria histórica, numerosas voces en la izquierda y buena parte de los admiradores de la obra del poeta, por otra. Encabezados por Laura García-Lorca de los Ríos, los portavoces familiares vienen, en definitiva, a sostener que los versos de Lorca son de todos, pero sus huesos son de la familia, mientras que los alineados en la trinchera de enfrente defienden, con el hispanista Ian Gibson a la cabeza, que versos y huesos son de todos.
A. Avendaño / A. Munárriz
Un relato sin moraleja
Aun así, esta no es una historia de buenos y malos: el repaso detallado de los argumentos y actitudes de un lado y otro no arroja una conclusión clara ni desprende una moraleja nítida con la que atizar las cabezas culpables de los adversarios.
Extraña situación. Y extraña familia: su comportamiento no sólo es poco comprendido, sino que se ha ganado la animadversión de una gran parte de la izquierda, en la que a su vez se sitúan los miembros más notorios del clan. "Los restos de Federico y su memoria son de la humanidad. No es patrimonio exclusivo de sus sobrinos, como sí lo es su obra, y bien que lo aprovechan", afirma Francisco González Arroyo, ex presidente de la ARMH. Rafael López, presidente de Memoria Histórica y Justicia de Andalucía, coincide con Arroyo en que "Lorca es un personaje público que no debería pertenecer exclusivamente a la memoria particular de su familia". "Nuestro deseo es que no se remuevan los restos", replica la familia, que añade que las circunstancias de la muerte del poeta son de sobra conocidas y no es preciso ahondar más. Aun así, los herederos han ido modificando su negativa inicial para admitir, en sus últimas alegaciones a la apertura de la fosa, la posibilidad de identificar los restos del poeta.
Entre ambos contendientes intenta situarse la Consejería de Justicia de la Junta de Andalucía, cuya titular Begoña Álvarez ha impulsado el proceso de exhumación de la fosa granadina de Alfacar, donde, además de Lorca, yacerían los restos del maestro Dióscoro Galindo, los banderilleros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, el inspector de tributos Fermín Roldán y tal vez el restaurador Miguel Cobo Vílchez. En todo caso, la Junta siempre ha garantizado a la familia Lorca que respetaría su voluntad de no exhumar sus restos ni identificarlos sin su permiso.
Un protocolo sin Lorca
Aunque los trabajos preliminares ya están en marcha desde hace semanas, el pistoletazo final del proceso tendrá lugar el próximo miércoles cuando se firme en Granada el protocolo de investigación y exhumación entre la Junta de Andalucía, la Diputación de Granada, el Ayuntamiento de Alfacar, la Universidad de Granada y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Faltarán, pues, la Fundación y la Casa Museo de la Huerta de San Vicente, lo cual no deja de ser paradójico puesto que si en Alfacar no se creyera que está Lorca, no se habría puesto en marcha todo el complejo operativo de exhumación.
Casi nadie tiene claro a qué juega la familia Lorca. Los seis firmantes de las alegaciones contra la apertura de la fosa, con Laura García-Lorca al frente, mantienen una visión patrimonialista de los restos del poeta que irrita a las asociaciones de memoria histórica y alimenta teorías extrañas y rumores que, siendo quizás verosímiles, carecen de base real, como el nunca confirmado de que se trasladó el cuerpo tras su asesinato. La familia Lorca no es una familia cualquiera. Tiene carácter. En la propia Junta de Andalucía se andan con mucho cuidado al hablar de asuntos relacionados con ellos. Desde la CGT, Cecilio Gordillo incluso se quejó de que, para abrir la fosa de Alfacar a demanda de la familia de Francisco Galadí, se creara un procedimiento ad hoc para las alegaciones de la familia Lorca, con el objeto de tenerlos contentos y no darles motivo de queja. Luego les ampliaron el plazo. Más tarde, cuando parecía que se habían salido del plazo, la Junta aclaró que tenían un día más. Pero eso no quitó para que las alegaciones de la familia estuvieran trufadas de confusos y velados reproches a la Junta.
En cualquier caso, existe un problema de comunicación entre la familia y la sociedad. En las raras ocasiones en que Laura García-Lorca de los Ríos descuelga el teléfono, atiende con una amabilidad extrema, es sucinta, clara y didáctica a la hora de defender su postura, que se resume en "defender la dignidad y la memoria de nuestro tío". Entretanto se da un hecho paradójico: el "circo mediático" que la familia teme en torno a la fosa es en buena medida alentado involuntariamente por ella misma al rechazar una exhumación que suele ser voluntad de la mayoría de familiares de asesinados.
El poeta hispano-mexicano recibirá este viernes en Granada el premio Internacional de Poesía Federico García Lorca.
El poeta hispano-mexicano Tomás Segovia, quien mañana recibirá en Granada, sur de España, el premio Internacional de Poesía Federico García Lorca, afirmó hoy que su vida como escritor está íntimamente ligada al vate granadino.
En entrevista, Segovia explicó que "el hecho de que yo sea escritor está ligado a Lorca. El primer poema que escribí, con 14 años, fue sobre cómo me imaginaba el pueblo de García Lorca, y ahora mi trayectoria culmina con este premio que lleva el nombre del poeta".
Segovia, quien ya se encuentra en Granada, participa en un festival con lecturas de poemas y presentación de una obra antológica.
El Festival Internacional de Poesía Ciudad de Granada es el contexto en el que Segovia recibirá el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca, como reconocimiento a su trayectoria y a haber sido "un poeta de las dos orillas", según el jurado.
Segovia manifestó sentirse muy agradecido por este reconocimiento: "me conmueve que haya varias personas de un jurado que piensen en mí, que hubiera bastante gente que me apreciara", dijo.
Para expresar su sensación se refirió al concurso de poesía infantil del festival, cuando uno de los escolares premiados reaccionó a la noticia con la frase de "están locos". "Me hizo gracia, yo quería adoptar esa frase para mi discurso".
En relación al premio, el poeta explicó que "es muy significativo para mí, por llevar el nombre de García Lorca, por concederse en Granada (sur de España y cuna de Lorca), y por considerarme de las dos orillas, lo que homenajea mi situación".
Segovia adelantó que su discurso en la entrega del premio lo comenzará con esa referencia a las dos orillas. "En mi segunda orilla, que al principio era la misma, en la orilla del exilio, el mito unificador era Lorca", dijo.
"Federico García Lorca era el poeta que representaba nuestra tragedia, a la vez que nuestro orgullo", expresó Segovia, quien añadió que recibir este premio a sus 81 años es como cerrar un ciclo.
"A mi edad uno ya puede recibir reconocimientos, pero los premios son peligrosos cuando se es joven. Un premio convierte a un escritor en una especie de campeón, por lo que existe el riesgo de dormirse en los laureles", advirtió.
En relación a la obra antológica, titulada Sin nada en otra parte que se presentó recientemente, Segovia dijo que le pareció que está muy bien. "A mí, personalmente, me gustó, pero el autor es el menos indicado para opinar acerca de su obra".
La selección de poemas que componen esta antología corrió a cargo de la poetisa cubana Milena Rodríguez, quien siguió un criterio de orden cronológico por un lado, y tuvo en cuenta los dos aspectos de la poesía de Segovia más representativos.
"Creo que la selección que hizo Milena está muy bien y con mucha seriedad, el criterio es el de ella. Se ve que lo trabajó muy bien. Además se atrevió a seleccionar fragmentos de poemas míos larguísimos, que ocupan un libro entero", dijo el poeta.
Respecto al título, Segovia explicó que se trata de un verso extraído de uno de sus poemas, "En los ojos del día", precisamente frase que tituló una antología anterior a cargo de Aurelio Major para Círculo de Lectores.
"Es curioso que ambos escogieran frases del mismo poema para titular antologías sobre mi obra poética, que dice: somos nosotros sin escapatoria, sin nada en otra parte", recitó Segovia un fragmento de "En los ojos del día".
Una de las actividades que tuvieron lugar dentro del Festival Internacional de Poesía Ciudad de Granada fue una mesa redonda en la que poetas de las dos orillas hablaron de la figura y obra poética de Tomás Segovia.
El colombiano Darío Jaramillo, la cubana Isel Rivero y los españoles Ernesto Pérez Zúñiga e Itziar Mínguez alabaron la "inteligencia y actualidad" de Segovia, e hicieron una emotiva reflexión sobre su poesía, a la que el poeta asistió en compañía de su esposa.
Segovia se refirió a este encuentro como "una estupenda lección". "He estado entre el público aprendiendo quién soy yo y qué es mi poesía, aunque yo no hago mucha diferencia. Las cuatro intervenciones fueron diferentes, pero se percibía una unidad".
Interrogado por la salud de la poesía, tanto en España como en México, Segovia dijo no haber distinciones entre países en ese sentido. "La poesía siempre ha sido minoritaria a la par que prestigiosa", aseguró el poeta.
"Si la gente no lee es porque los periodistas dicen que no lee. Tras la mesa redonda se me acercó un chico lamentándose de ello, pero yo le dije que se fijara en la sala repleta", dijo, en relación al gran poder de convocatoria que tuvo el festival.
El Romancero gitano, del poeta español Federico García Lorca, subió a la escena habanera en una versión flamenca, con el baile como protagonista de un espectáculo pulido, de rica escenografía y pasajes de lucimiento especial.
Con dirección escénica de Juan Carlos Plaza y coreografía de Cristina Hoyos, el Ballet Flamenco de Andalucía –que ella dirige desde 2004- asumió el reto de traducir a otro lenguaje expresivo la poesía lorquiana, su ritmo profundo y su esencia extraída del alma popular.
Diez fueron los romances elegidos, algunos de ellos ya insertados en la memoria cotidiana como Preciosa y el aire, La casada infiel o Muerte de Antoñito el Camborio, interpretados con oficio por una compañía de técnica precisa, dueña de los recursos escénicos.
El resultado es desigual, con momentos brillantes como la secuencia de los herreros golpeando la fragua en el Romance de la luna, luna, mientras en el telón de fondo la imagen proyectada desgranaba las brasas ardiendo en el aire oscuro de la noche.
Rocía Alcalde encarnó con majestad la luna que irrumpe arrastrando tras sí un manto irradiante para llevarse con ella al niño encandilado por su resplandor pálido, mientras en la fragua “lloran, dando gritos, los gitanos”.
Otro momento logrado es el del trasvase al flamenco de La monja gitana, con una coreografía de acabado redondo y María del Mar Montero en el papel protagónico de la monja que sueña con la vida que bulle fuera del claustro.
En Reyerta, sin embargo, hubiera bastado con el duelo de navajas hendiendo el aire, el fragor del flamenco en pleno apogeo. El llanto a gritos de las mujeres, como en Preciosa y el aire, lejos de añadir intensidad, la disminuye, la lastra.
Vale mencionar también el Romance de la guardia civil española con toda la compañía en escena, en medio de una atmósfera sombría: Oh, ciudad de los gitanos/la Guardia Civil se aleja/por un túnel de silencio/mientras las llamas te cercan, clama el verso de Lorca.
Cristina Hoyos, como una vez dijo a Prensa Latina, prefiere mantenerse disfuminada, en los espectáculos de su compañía, a veces como un miembro más del coro que pespuntea el ritmo con sus palmadas. Otras como una presencia fugaz que atraviesa la escena en los momentos dramáticos.
En Romancero gitano aparece al final para transmitir su señorío al Romance de la pena negra, envuelta en un ropaje de oscura densidad, iluminado por ella.
Después cierra con el Verde que te quiero verde, el verso de Lorca que abre al inicio, la imagen de Federico, vivo, llameante, en el blanco y negro del telón de fondo. La compañía se despide y Hoyos vuelve al coro de los cantantes, con sabia y lúcida humildad.
Flamenco teatralizado sobre la escena, la poesía a veces suelta y otras inapresable. Un espectáculo de buen gusto, con luces y vestuario dignos de encomio. Otro acierto del XXI Festival Internacional de Ballet de La Habana.
La Diputación de Granada conmemorará este jueves al poeta español, García Lorca, en un homenaje que recorrerá todos los rincones de Buenos Aires.
Luego de 75 años, el espíritu del poeta español Federico García Lorca impregnará de nuevo las calles de la capital argentina, en un homenaje organizado por la diputación de Granada.
Tres años antes de morir, Lorca viajó a Buenos Aires invitado por la Sociedad Amigos del Arte para dar una serie de conferencias sobre literatura durante dos semanas, sin embargo la ciudad le cautivó y alargó su visita seis meses.
El homenaje se realizará en tres de los lugares que marcaron su estancia en la ciudad porteña, el Teatro Avenida, el Hotel Castelar y el Café Tortoni.
El 29 de septiembre de 1933, acompañado por el escenógrafo Manuel Fontanals, Lorca embarcó en Barcelona en el transatlántico italiano "Conte Grande" rumbo a Buenos Aires.
Llegó el 13 de octubre a la capital argentina, donde se acababa de estrenar con éxito "Bodas de Sangre", a cargo de la compañía de la actriz Lola Membrives, y se esperaba al escritor como una celebridad.
Lorca se instaló en la habitación número 704 del emblemático Hotel Castelar, un pequeño cuarto del séptimo piso con una extraordinaria vista sobre las cúpulas y tejados de los edificios de la Avenida de Mayo.
En los sótanos del Castelar participó más de una vez en las retransmisiones de la desaparecida radio Stentor, y en los salones del Tortoni compartió mesa con Carlos Gardel, el poeta chileno Pablo Neruda, Oliverio Girondo, Ricardo Molinari, Victoria Ocampo, Jorge Larco, Norah Lange, Amado Villar y Salvador Novo, entre otros.
Su habitación en el Castelar fue redecorada con motivos literarios en el 2003, coincidiendo con el 70 aniversario de su visita, tras un concurso de ideas organizado por el gobierno de la ciudad de Buenos Aires.
En el Tortoni, aún conservan un grabado que donó al café con los versos: "Sólo el misterio nos hace vivir. Sólo el misterio", que hoy se exhibe cerca de su mesa favorita.
En Buenos Aires, Lorca fue tratado como una estrella, tanto que en alguna ocasión reconoció estar abrumado por las atenciones que recibía.
Antes de partir de la capital argentina, el poeta español escribió: "Me voy con gran tristeza, tanta, que ya tengo ganas de volver".
Pero no volvió. En agosto de 1936 fue asesinado en Granada por un piquete de guardias civiles a las órdenes del ejército franquista.
Bajo el auspicio de la SECC y del Patronato de la Alhambra y el Generalife, reaparece la revista Gallo, en una edición facsímil con motivo del 80 aniversario de su aparición. La reedición se ha realizado tratando de respetar las características de la edición original.
Con motivo del 80 aniversario de la aparición de la revista "El Gallo", impulsada por Federico García Lorca, vuelve a ver la luz gracias a una edición facsímil, de los dos únicos números y del suplemento humorístico Pavo que aparecieron por primera vez en 1928.
La iniciativa fue promovida por la Revista de Granada, la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC), adscrita al Ministerio de Cultura, y el Patronato de la Alhambra y el Generalife.
"Gallo" nació en un panorama literario caracterizado por el despertar de las revistas poéticas vinculadas a la generación del 27. El título que tiene su origen en el gallo armado con escudo y espada nazaríes utilizado como logotipo en el periódico "El defensor de Granada" y cuyo membrete dibujó Salvador Dalí y caligrafió Federico García Lorca.
La revista "Gallo" tuvo, como era frecuente en las publicaciones de los años 20, una vida efímera, pero se convirtió en expresión de la controvertida vanguardia española, puesto que en ella conviven muchas de las líneas argumentales más interesantes de la literatura y de las artes plásticas de su época.
En "Gallo" el lector encontrará personajes como Don Alhamo, protagonista del texto "Historia de este gallo", de Federico García Lorca, que encarna la innovación y el rigor artísticos. En sus números encontramos incluso la primera traducción al castellano del esencial manifiesto antiartístico de Dalí, Gasch y Montanyá.
El número 1 de "Gallo", aunque está fechado en febrero, apareció en las librerías el 9 de marzo de 1928. La cita que precede a los contenidos de la revista, dos versos de la obra de Lucrecio "De Rerum Natura", marca desde el comienzo su tono combativo; Gallo visualiza e intuye desde el principio a los enemigos de su propuesta.
La edición, que cuenta con la colaboración de la Fundación Federico García Lorca y ha estado al cuidado de la Residencia de Estudiantes, se ha realizado tratando de respetar las características de la edición original, a partir de los ejemplares que se conservan en la biblioteca de Luis Cernuda.
La edición facsímil de esta revista coincide con el paso por Madrid de la exposición "Gallo. Interior de una revista. 1928". La muestra que ofrece un recorrido por la historia y la gestación de la revista a través de más de 170 piezas originales que incluyen cartas, manuscritos, fotografías y documentación diversa.
Fuente: Telesur
Carta de Federico García Lorca a Jorge Guillén, febrero de 1927. Houghton Library, Harvard University.
Un profesor de la Universidad de Granada recupera tres poemas inéditos de Gabriel Celaya que lloran la muerte de Federico. Su lectura será parte de un homenaje al poeta granadino, el próximo día 17, en el lugar de Granada donde fue asesinado
Miguel A. Ortega
Es, con toda seguridad, el poeta en lengua castellana más leído, querido, admirado e idolatrado de todos los tiempos, con permiso de su amigo Pablo Neruda; su obra es la más traducida de nuestra literatura, sólo por detrás de El Quijote; su nombre, famoso hasta en la Luna, es sinónimo de artista total, de hombre con los ojos y las manos pernoctando "en las últimas habitaciones de la sangre".
Todo eso es Federico García Lorca. Es, porque hoy, 72 años después de su muerte, su vida, su obra, pero sobre todo el seísmo mundial que supuso su asesinato, en la madrugada del 17 (ó el 18 de agosto) de 1936, a manos de un grupo de falangistas al servicio de la campaña de terror del comandante Valdés Guzmán, en la serranía de Víznar, muy cerca de su Granada, continúa dando sombra.
Aún hoy, y a pesar de los treinta años transcurridos tras la muerte del dictador Francisco Franco, la muerte de Federico continúa revelando no sólo la magnitud de la tragedia de la Guerra Civil española, sino también el laberinto de silencio en que se perdieron multitud de acontecimientos, de testimonios, de versos, que siguieron contando la historia tal cual fue, a pesar del miedo, a pesar del odio de una posguerra interminable.
Tal es el caso: tres poemas de Gabriel Celaya, inéditos hasta ahora, y rescatados por el profesor de la Universidad de Granada Antonio Chicharro de un fondo documental de San Sebastián, responsable también de su edición. Tres cantos en los que el por entonces joven poeta vasco (Hernani, Guipúzcoa, 1911 - Madrid, 1991) llora el fusilamiento de su maestro y amigo García Lorca, como un beso y un homenaje, un "testamento poético de la amistad y el dolor", en palabras del propio Chicharro.
Se trata de "una protesta poética", según el profesor, que servirá para honrar al granadino en el próximo aniversario de su muerte, en el mismo lugar donde se cometió el crimen, el Parque García Lorca de Alfacar (Granada), y con el actor Manuel Galiana poniendo voz a los versos de Celaya.
Una ofrenda floral en el monolito dedicado a Federico y a todas las víctimas de la Guerra Civil, así como un concierto a cargo del músico José Luis Zafra, culminarán el acto, muy cerca de la tierra donde descansa el poeta junto al maestro Dióscoro Galindo y los banderilleros anarquistas Joaquín Arcollas y Francisco Galadí; esa tierra que continúa generando polémica, ante la negativa de los herederos de Lorca a realizar cualquier trabajo de exhumación de los cuerpos. Esa tierra en la que, como cuenta el poeta Félix Grande, Federico no tuvo, ni mucho menos, una muerte plácida.
'En un lugar cualquiera, un día que no nombro'
Bajo el título general de En un lugar cualquiera, un día que no nombro se han agrupado estos tres poemas hasta ahora desconocidos de Gabriel Celaya, uno de los hombres ineludibles de esa poesía española que siguió diciendo No después de 1939, de la poesía del exilio interior, del "arma cargada de futuro", que escribiría el mismo Celaya.
Elegía del muerto juvenil (escrito en 1938) son 28 versos "desgarrados" que pintan "la joven vida truncada y la sonrisa rota" de Federico; en la segunda pieza (1947), el autor vasco desgrana el carcácter de Lorca, con el estribillo constante de "Recuerdo a Federico"; Memoria de Federico, por último (1949), narra el asesinato del genio de Fuente Vaqueros.
"No traicionamos la memoria de Celaya si damos a conocer ahora su obra", ha señalado el Chicharro, quien ha señalado al autor de Cantos Iberos (1955) como "el poeta por antonomasia de la lucha contra la censura franquista".
El director del Patronato Cultural Federico García Lorca, Alfonso Alcalá -quien ha excusado al actor Emilio Gutiérrez Caba, que no podrá acudir al acto por enfermedad-, ha expresado, por su parte, que un sentimiento festivo, pero a la vez lúgubre, impregnará el homenaje, que se cerrará con la interpretación de una selección de sonetos y canciones lorquianas.