El voto es a la vez derecho y deber. Yo quiero ejercerlo.... y vos???
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"Hoy más que nunca la alegría es un artículo de primera necesidad, tan urgente como el agua o el aire. Pero nadie nos va a regalar ese derecho de todos; .... es preciso pelearlo...."
Eduardo Galeano
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Primero se llevaron a los comunistas pero a mí no me importó porque yo no era. En seguida se llevaron a unos obreros pero a mí no me importó porque yo tampoco era. Después detuvieron a los sindicalistas pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista. Luego apresaron a unos curas pero como yo no soy religioso tampoco me importó. Ahora me llevan a mí pero ya es tarde.
El decano de la facultad de Psicología, Luis Leopold admitió que el grupo de académicos entiende que no es buena cosa bajar la edad de imputabilidad, y que en ningún caso donde se ha aplicado, ha dado resultados positivos.
La recolección de firmas por la baja de edad de imputabilidad generó un movimiento de académicos de la Universidad de la República que empezó una contracampaña en la que se proponen entablar un “debate informado”.
Los académicos entienden que la situación de inseguridad no es tan grave como la están transmitiendo los promotores de la campaña.
Este lunes se reunieron los decanos de las facultades de Derecho, Dora Bagdasarian, Ciencias Sociales, Susana Mallo, Psicología, Luis Leopold, y de Humanidades, Álvaro Rico, para luego, dentro de unas semanas, redactar una declaración que será sometida a juicio del Consejo Directivo Central (CDC) de la Universidad.
El movimiento parte de la base de que la situación de inseguridad no es tan grave como la plantean los promotores de bajar la edad de imputabilidad y sostienen que ese no es el camino.
Hace un mes que, encomendados por el CDC, los decanos se reúnen para discutir el tema de la baja de la imputabilidad y sus eventuales consecuencias.
Hace una semana se organizó una actividad con ponencias de expertos sobre el tema en el Paraninfo de la Universidad, por ejemplo.
El Espectador dialogó con Luis Leopold, decano de la facultad de Psicología, quien prefirió no hablar de “contracampaña”. Dijo que a pedido del CDC, buscan sumarle argumentos al debate sobre la baja de imputabilidad y la inseguridad para enriquecer la discusión.
Al respecto Leopold aludió al artículo 2 de la Ley Orgánica que dice que la Universidad tiene que contribuir al análisis de interés general de la población.
Leopold admitió que el grupo de académicos entiende que no es buena cosa bajar la edad de imputabilidad, y que en ningún caso donde se ha aplicado, ha dado resultados positivos.
El decano de Psicología argumentaba de esta forma:
“Internacionalmente esta asumido y respetado por muchos países la Convención Internacional de los Derechos del Niño, Uruguay esta suscripto, este es un primer elemento a tener en cuenta”, declaró Leopold, el cual agregó que “el proceso de responsabilización de los sujetos, ese proceso tan complejo de construir, en adolescentes y jóvenes, es otro elemento a procesar” y “tiene que apelar a la sanción cuando se infringen acuerdos sociales”.
Ese proceso justamente “tiene que estar vinculado con un proceso educativo que no pasa por tratar a esos niños y jóvenes como si fueran adultos”, señaló.
Leopold entiende que someter a los menores infractores al mismo recinto donde están recluidos los delincuentes adultos es acercarlos a que perfeccionen sus estrategias delictivas en vez de reformarlos.
Un estudio reciente de la empresa Interconsult, publicado por el matutino Últimas Noticias, sostiene que la inseguridad pública es la principal preocupación de los uruguayos. El 67% lo puso en ese lugar, entre otros problemas.
El decano de Psicología dijo que el movimiento no minimiza esta sensación ni culpa a los medios de ese efecto.
“Las medidas como bajar la imputabilidad para menores no han aportado la solución, es mas genera situaciones para su incremento, nosotros no desconocemos los problemas de clima pero insistimos que esta medida no es solución”, agregó Leopold.
“El foco se pone sobre adolescentes y jóvenes como no se hace en los adultos, lo cuales para nosotros es un error porque éstos últimos son los responsables de no menos del 95% de las acciones delictivas”, sentenció.
El diario El Observador dijo que este grupo de académicos invitó al gerente del Sistema de Ejecución de Medidas a los Jóvenes en Infracción (Semeji) del Inau, Rolando Arbesún, quien es además docente de la Facultad de Psicología, y mantuvo algunas discrepancias con el enfoque y algunos argumentos del grupo.
Leopold señaló que Arbesún fue a la primera reunión y luego no concurrió más, pero que él no advirtió tales diferencias.
Desde hace un mes este grupo estudia informes y escucha voces expertas en procura de elaborar un documento que se hará público dentro de algunas semanas, luego de someterlo a la aprobación del CDC de la Universidad.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por su sigla en inglés) advirtió sobre el aumento de los índices de desnutrición infantil en Haití, situación que puede agravarse por la llegada de las lluvias y a la posterior sequía.
''Se espera que la predominante desnutrición aguda aumente en los próximos meses debido a la situación de los desplazados, a la llegada de la época de lluvias y a la posterior época de sequía'', expresó el organismo de la Organización de las Naciones Unidas en un informe.
El texto realizado por representantes de la Unicef en Haití especifica que de un millón de niños menores de cinco años que hay en este país, 24 por ciento sufre de desnutrición crónica, 90 mil de tipo aguda y 22 mil de severa.
Agrega que el 60 por ciento de las muertes que ocurren en menores de 18 años en la isla responde a casos de desnutrición.
El documento señala también que las zonas rurales son las que más casos de malnutrición en infantes presenta, por la miseria predominante.
Además, explica que este problema siempre ha estado presente en la nación, sin embargo, se intensificó luego de que el territorio fuera azotado por el terremoto de 7,3 en la escala de Ritcher en el año 2010.
Antes del sismo en la isla del caribe, indica la Unicef, uno de cada tres niños padecía de desnutrición crónica y uno de cada 20 de desnutrición aguda.
La Unicef añadió que pese a que la desnutrición infantil es uno de los grandes desafíos que enfrenta el organismo en Haití, se duplicarán los esfuerzos para solventar la situación y evitar que miles de niños sin hogar mueran de hambre.
''Los análisis preliminares indican que se tendrá que duplicar el número de intervenciones en materia nutricional para cubrir las necesidades actuales'', expresa el ente.
Aunado a esto, la ONU comentó las precarias condiciones sanitarias en las que viven la mayoría de los haitianos que perdieron sus casas por el terremoto, lo que incrementa los riesgos de muerte por deshidratación y enfermedades producidas por la contaminación de las aguas.
''El agua, la sanidad y la higiene son absolutamente vitales para seguir con vida y mantener la higiene personal. Sin embargo, el acceso a estos servicios por parte de los desplazados no está asegurado’, afirma el organismo en el informe de la Unicef.
El terremoto ocurrido en Haití el 12 de enero de 2010, además de dejar a casi toda la nación en ruinas, causó por lo menos 230 mil muertos y más de un millón de damnificados.
El problema de la pedofilia ha alcanzado los titulares de los medios de comunicación aquí en Europa. El último, el sacerdote católico italiano que abusaba de niños y los inducía a las drogas. Por eso, la medida que ha tomado el gobierno alemán nos parece justa y necesaria. Ante todo la defensa del niño cuando es objeto sexual de aquellos que ni siquiera respetan a los más indefensos dentro de una sociedad de ansias, búsquedas sin metas, que pisotean lo más sagrado que nos ha dado la naturaleza: la infancia, en su increíble inocencia de abrir los ojos maravillados ante todo lo nuevo que se le va presentando en su marcha hacia la vida.
Así es, el gobierno alemán ha designado a la ex ministra de Familias Christine Bergmann, “encargada independiente para el estudio del abuso sexual de niños”. Hace meses puso manos a la obra y reunió en torno de su trabajo a setenta psicoterapeutas, médicos y pedagogos sociales. Finalmente, el martes pasado presentó su informe ante el gobierno alemán, de más de mil páginas, en una reunión de prensa. Entre las llamadas instituciones culpables va primero, sola, bien a distancia de las demás involucradas, la Iglesia Católica. Más del 40 por ciento de los criminales pedófilos pertenece a sus filas, seguidos a gran distancia por miembros de la Iglesia Evangélica, de clínicas y consultorios médicos, de clubes deportivos y, por supuesto, de las mismas familias de las víctimas. Casi las dos terceras partes de estos delitos sexuales tienen lugar en los dormitorios de los niños.
En su estudio de 300 páginas, la responsable del estudio aconseja más y mejor terapia y ayuda para las víctimas, alargar los plazos para la prescripción de los delitos y una ley de indemnización para los violados. Además, ofrecer cursos de información y de esclarecimiento para sacerdotes, educadores, médicos, terapeutas y docentes de deportes y entrenadores de equipos. Entre estos últimos existen núcleos que exigen a los jóvenes vida sexual mutua con promesas de grandes futuros deportivos.
Quien lea el informe de Bergmann se encuentra en un mundo desconocido: “De eso no se habla”. Ese es el principal motivo por el cual casi la totalidad de los crímenes contra la niñez y la juventud hayan quedado sin castigo en el mundo de los hombres. No hablan las víctimas, ni sus familiares, ni los familiares de los culpables. “De eso no se habla”, es la consigna tácita no propuesta.
Más, en los miles de testimonios está justamente eso: cuando niños han dicho a los padres que fueron abusados por sacerdotes, por ejemplo, los padres los han tratado de mentirosos y les ordenan no hablar nunca de eso. Porque para ellos está, ante todo, la autoridad eclesiástica.
Ante el informe Bergmann, la Iglesia Católica, a través de sus obispos, de inmediato se comprometió a pagar 5 mil euros a cada una de las víctimas de sacerdotes o de los llamados “hermanos”. Esta propuesta le ha parecido a la encargada del estudio un poco mezquina, pero será la Justicia la que resuelva en definitiva. Hasta ahora el obispado cristiano se ha comprometido en pagar la tercera parte del fondo para víctimas, que es de 120 millones de euros. No es sólo con dinero que se soluciona un problema tan profundo. “Ha llegado la hora de la verdad”, ha declarado la valiente funcionaria que cree más en las investigaciones de cada caso, en reuniones sobre ética, en seminarios sobre conducta de docentes y principalmente de padres y madres que viven atentamente ese aspecto de la vida educativa o los primeros pasos en la religión de sus hijos.
Está el famoso caso del colegio elitista Odenwaldschule, donde el director del mismo durante trece años –de 1972 a 1985– abusó sin problemas de alumnos que él elegía. Era un colegio de pupilos y ese director cada noche invitaba a algunos adolescentes a cenar en su casa –situada en el mismo colegio– y luego a dormir con él. Les hablaba, antes, de la cultura de la antigua Grecia con su entusiasmo por la belleza de los cuerpos y la libertad del amor sin diferencia de sexos. Los alumnos elegidos se sentían muy importantes y creían que eso era parte de la enseñanza. Lo mismo hizo durante décadas un profesor de música, amigo del director. Las anécdotas de los métodos que empleaban esos docentes llenarían páginas: evidentemente tenían mucha imaginación sexual. Los demás docentes sabían y comentaban entre ellos ese tema, pero nunca se atrevieron a hacer la denuncia de los hechos porque, claro, el director estaba nombrado por los dueños de la escuela privada, y esos docentes no sabían cómo reaccionarían los dueños ante la denuncia. Tampoco los padres reaccionaron porque para ellos era un orgullo que sus hijos estudiaran en el famoso colegio elitista, y les recomendaban a ellos que jamás hablaran de ese tema.
Y si hubo algún padre que se atrevió a denunciar el hecho a la policía, ésta le contestaba que no podía basarse en el testimonio de menores de edad para hacer tamaña acusación. Es decir: el poder sabe cuidarse entre sí. La ética está siempre donde cabe el poder. Un caso muy parecido es el cometido en el Colegio Canisius, de los jesuitas, casos callados durante décadas.
Hasta que finalmente hubo alumnos y padres que tuvieron el coraje civil de hacerse cargo de las denuncias y hacerlas públicas, que fueron tomadas por uno o dos medios, y así explotó toda la malignidad social que significa aprovecharse de quienes les han sido confiados para su educación.
Las cartas recibidas por la comisión Bergmann, de perjudicados por la pedofilia, son de un valor humano imperdible. Por ejemplo, está la de un hombre de 70 años, violado repetidamente cuando niño: “En sí fuimos dos veces mancillados, primero por los bestias violadores y luego por los adultos que no nos quisieron escuchar en nuestro dolor. Y como resultado, la confianza perdida en la sociedad y en uno mismo”.
Ese es el resultado. Lo dice el psicólogo Jean Rossilhol, partícipe de todo este informe, que señala que hubo llamados telefónicos anónimos de víctimas: “Cuando se trata de abusos sexuales, no existen ya historias que no han sucedido. Tengo todavía en mi oído relatos de mujeres que cuando eran niñas les confiaron a sus propias madres que habían sido violadas y por ello recibieron de ellas tremendas palizas por contar eso. Y de hombres que fueron aislados por sus familias porque habían acusado al señor párroco de la iglesia por haberlo violado cuando niños. Porque eso no es cierto. Un dignatario cristiano no hace eso”. El escritor Raimund Neuss, ante el informe Bergmann, ha escrito: “La fe autoritaria da al clero un enorme poder psicológico. Y es fatal eso cuando producen en la víctima dependencia y complejo de culpa, y se impide la crítica social. En esto, la Iglesia Católica, para un examen a fondo de sus principios, está recién al comienzo”.
También hay otro aspecto del informe Bergmann: los internados católicos de niños huérfanos. El informe señala que, hasta la década del ’70, hubo más de medio millón de niños huérfanos en esos internados, y en el estudio se ha comprobado que vivieron en condiciones de explotación por los trabajos a los que fueron obligados y en muchos casos sufrieron castigos físicos.
Pero, como ya hemos escrito en notas anteriores, se nota ya un movimiento de liberación en los claustros religiosos del catolicismo. Aunque algunos la pagan caro. Es el caso del padre Georg Schwikart, teólogo y escritor, que iba a ser consagrado diácono en la catedral de Colonia. Pocas horas antes, el obispo Meissner, muy conservador él, le negó el derecho de ese nombramiento. Cuando los periodistas le preguntaron al padre Schwikart por qué su Iglesia le negaba ese cargo, respondió: “Como pensador, cometí la ingenuidad de proponer en mi Iglesia reformas que podían renovarla; por ejemplo, pedí que también las mujeres podían ordenarse como sacerdotes católicos y no solamente los hombres”. Cuando supo la resolución del obispo, el padre Schwikart resolvió ingresar a la Iglesia Evangélica Luterana de Alemania. Y éstas fueron sus palabras: “Yo sé que no marcho hacia el paraíso, pero estoy convencido de que en la Iglesia de la Reforma se respira un aire más libre, es menos jerárquica, más democrática y diría hasta más honesta”. Y agregó: “Para tener fe se necesita conciencia, que es lo que me da fuerza para dar este paso. Sólo aquel que cambia se mantiene fiel consigo mismo”.
Como se ve, por todas las reacciones últimas, algo está pasando en el complejo cristiano de la humanidad. Ojalá se sigan escuchando aquellas voces de seres como los obispos argentinos Angelelli y De Nevares, que tanto futuro estaban ofreciendo a una nueva Iglesia Católica.
Y vamos a terminar con un hecho que nos tiene que llenar de gozo y ternura. En primer lugar, un hecho negativo que dio origen a algo generoso y positivo. En el pueblo renano de Eudenbach, en una misa de primera comunión, el cura Udo Schiffers, como los niños presentes conversaban durante el oficio, dijo en voz alta: “O se van todos o suspendo la misa”. Esto causó sorpresa e indignación en los padres y madres presentes, que tomaron de la mano a los niños y se retiraron. Este episodio salió en los diarios con distintos comentarios. “Dejad que los niños vengan a mí”, dijo alguna vez Jesús. Esta frase fue repetida por algunos medios que censuraron al cura cascarrabias. Pues bien, el miércoles, el Congreso alemán acaba de aprobar una resolución por la cual se protege a los ruidos infantiles. Es decir, todo bullicio infantil está permitido y no se puede iniciar juicio por él como “ruido molesto”. Muy bien por esos diputados y senadores. Eso es votar vida. Porque las voces de los niños nos acercan al cielo.
La prensa los bautizó “megaoperativos”. Son así: unos 70 agentes de la seccional local, la Policía Montada, la Guardia de Coraceros, la Metropolitana, de Investigaciones y del plantel de perros, asistidos por el Comando de la Jefatura de Montevideo en pleno, se hacen presentes en una de las 350 zonas de la capital a las que se ha dado en llamar “rojas” mientras la sobrevuela un helicóptero de la Fuerza Aérea. Los oficiales, enmascarados, avanzan en formación. La cosa impresiona. En cada uno de los tres operativos realizados se detuvo a medio centenar de personas. Pero los procesados no pasaron de cinco. Muchos vecinos se quejan del arresto de gente honesta y la distorsión de la actividad normal en sus barrios.
Luego de la primera incursión, que se llevó a cabo el jueves 7 en el área llamada Chacarita de los Padres, un juez penal explicó a El País que la Policía no había registrado “elementos probatorios de una conducta delictiva” y que “casi todos” los detenidos lo fueron “por falta de documentación”. Tras la segunda, siete días después en La Cruz de Carrasco, otro, o el mismo, juez penal dijo a ese diario: “No sé por qué se hacen estos procedimientos. No sé cuál es el objetivo. Hablando claro, se trata de razzias”. Ayer, jueves, otro magistrado (o el mismo) dijo al portal Observa que la Policía “debe” hablar “con el juez de turno, informando a la Justicia lo que hace” antes de implementar estas intervenciones.
Esta semana, el diputado blanco Javier García opinó que se trata de una “operación mediática” del gobierno. El senador Carlos Moreira, también nacionalista, anunció que convocará al ministro del Interior, Eduardo Bonomi, para que explique los procedimientos. En cambio, el senador y secretario general del Partido Colorado, Ope Pasquet, se mostró satisfecho por los “megaoperativos” y los anotó como un triunfo de su sector: “Tuvo que salir el Partido Colorado a plantear el tema directamente a la ciudadanía para que se salga a controlar”, dijo a Observa, en referencia al proyecto infanticida de reforma constitucional.
El objetivo de estas irrupciones policiales es “llevar el peso del Estado a todos los rincones”, según dijo Miguel Iraola, director de Seguridad del Ministerio del Interior, a El Espectador. “La reacción es la esperada y la de siempre. Cuando hay policías cerca desaparece […] toda la actividad delictiva y las cosas vuelven al cauce”. Aplauso, medalla y beso.
Este razonamiento encierra la admisión de un fracaso: el Estado está ausente en las zonas donde se han realizado y se realizarán los “megaoperativos”. Cabe dudar si es acertada la pretensión de restaurar su presencia con tal espectacularidad, por sorpresa, armado hasta los dientes y enmascarado. Que semejante “alegría” vaya por barrios alimenta la previsión de que el Estado vuelva a abandonar una “zona roja” para atender otras. La esmirriada proporción de procesados entre tantos detenidos abona otras dudas alarmantes: o la Policía malgasta sus limitados recursos arrestando inocentes o la aqueja una notoria incompetencia para cumplir con las formalidades que exige la remisión de supuestos delincuentes a la Justicia.
En su informe al Parlamento el 1º de marzo, el presidente José Mujica afirmó que en su primer año de gobierno había “sentado las bases de un nuevo modelo de seguridad pública”. Este “modelo” tendrá aciertos, pero sus fallas son flagrantes. La Policía reprimió con exceso los festejos de hinchas de Peñarol en mayo pasado: 290 detenidos y apenas dos procesados. El Poder Ejecutivo se lavó las manos ante el incendio que acabó con 13 vidas en la cárcel de Rocha. Bonomi sembró tantas suspicacias sobre el trabajo del Observatorio Nacional de la Violencia y la Criminalidad que su titular, Rafael Paternain, se vio obligado a renunciar, lo que les restó credibilidad a las estadísticas sobre las que se debería establecer la política de seguridad. El oficialismo accedió al pedido de mantener los registros de antecedentes de los adolescentes en conflicto con la ley después de los 18 años de edad. Los “megaoperativos” parecen confirmar una línea, que se resume en dos palabras: mano dura. No se sabe si para aplacar a una oposición que halló en la sensación de inseguridad su mejor herramienta o a un público que, como decía la ex ministra Daisy Tourné, quiere un policía vigilando cada casa.
Sea como fuere, la política de seguridad del gobierno baila al ritmo que le marca la oposición. Como consecuencia, muchas personas honestas corren riesgo de sufrir abusos policiales, de ser encarceladas sin razón, de perder sus empleos y jornadas de trabajo. Barrios enteros quedarán marcados como criminales. Para los predicadores de la “mano dura” y la “tolerancia cero”, serán células sanas extirpadas en el necesario tratamiento contra el cáncer de la delincuencia. Bajas colaterales de una guerra que será televisada.
La escuela del mundo al revés es la más democrática de las instituciones educativas. No exige examen de admisión, no cobra matrícula y gratuitamente dicta sus cursos, a todos y en todas partes, así en la tierra como en el cielo: por algo es hija del sistema que ha conquistado, por primera vez en toda la historia de la humanidad, el poder universal. En la escuela del mundo al revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos.
Los modelos del éxito
El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian a la naturaleza: la injusticia, dicen, es ley natural. Milton Friedman, uno de los miembros mas prestigiosos del cuerpo docente, habla de "la tasa natural de desempleo". Por ley natural, comprueban Richard Herrnstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la nuturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del mundo siguen creyendo que Charles Danvin escribió sus libros para anunciarles la gloria.
¿Supervivencia de los más aptos? La aptitud más útil para abrirse paso y sobrevivir, el killing instinct, el instinto asesino, es virtud humana cuando sirve para que las empresas grandes hagan la digestión de las empresas chicas y para que los países fuertes devoren a los países débiles, pero es prueba de bestialidad cuando cualquier pobre tipo sin trabajo sale a buscar comida con un cuchillo en la mano. Los enfermos de la patología antisocial, locura y peligro que cada pobre contiene, se inspiran en los modelos de buena salud del éxito social. Los delincuentes de morondanga aprenden lo que saben elevando la mirada, desde abajo, hacia las cumbres; estudian el ejemplo de los triunfadores y, mal que bien, hacen lo que pueden para imitarles los méritos. Pero "los jodidos siempre estarán jodidos", como solía decir don Emilio Azcárraga, que fue amo y señor de la televisión mexicana. Las posibilidades de que un banquero que vacía un banco pueda disfrutar, en paz, del fruto de sus afanes son directamente proporcionales a las posibilidades de que un ladrón que roba un banco vaya a parar a la cárcel o al cementerio.
Cuando un delincuente mata por alguna deuda impaga, la ejecución se llama ajuste de cuentas; y se llama plan de ajuste la ejecución de un país endeudado, cuando la tecnocracia internacional decide liquidarlo. El malevaje financiero secuestra países y los cocina si no pagan el rescate: si se compara, cualquier hampón resulta más inofensivo que Drácula bajo el sol. La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado. Los organismos internacionales que controlan la moneda, el comercio y el crédito practican el terrorismo contra los países pobres, y contra los pobres de todos los países, con una frialdad profesional y una impunidad que humillan al mejor de los tirabombas.
El arte de engañar al prójimo, que los estafadores practican cazando incautos por las calles, llega a lo sublime cuando algunos políticos de éxito ejercitan su talento. En los suburbios del mundo, los jefes de estado venden los saldos y retazos de sus países, a precio de liquidación por fin de temporada, como en los suburbios de las ciudades los delincuentes venden, a precio vil, el botín de sus asaltos.
Los pistoleros que se alquilan para matar realizan, en plan minorista, la misma tarea que cumplen, en gran escala, los generales condecorados por crímenes que se elevan a la categoría de glorias militares. Los asaltantes, al acecho en las esquinas, pegan zarpazos que son la versión artesanal de los golpes de fortuna asestados por los grandes especuladores que desvalijan multitudes por computadora. Los violadores que más ferozmente violan la naturaleza y los derechos humanos, jamás van presos. Ellos tienen las llaves de las cárceles. En el mundo tal cual es, mundo al revés, los países que custodian la paz universal son los que más armas fabrican y los que más armas venden a los demás países; los bancos más prestigiosos son los que más narcodólares lavan y los que más dinero robado guardan; las industrias más exitosas son las que más envenenan el planeta; y la salvación del medio ambiente es el más brillante negocio de las em- presas que lo aniquilan. Son dignos de impunidad y felicitación quienes matan la mayor cantidad de gente en el menor tiempo, quienes ganan la mayor cantidad de dinero con el menor trabajo y quienes exterminan la mayor cantidad de naturaleza al menor costo.
Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia.
¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazadas, nuestra única libertad posible? El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen, son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela.
Los alumnos
Día tras día, se niega a los niños el derecho a ser niños. Los hechos, que se burlan de ese derecho, imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura. Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tiene atados a la pata del televisor, para que desde muy temprano acepten, como destino, la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños.
Los de arriba, los de abajo y los del medio
En el océano del desamparo, se alzan las islas del privilegio. Son lujosos campos de concentración, donde los poderosos sólo se encuentran con los poderosos y jamás pueden olvidar, ni por un ratito, que son poderosos. En algunas de las grandes ciudades latinoamericanas, los secuestros se han hecho costumbre, y los niños ricos crecen encerrados dentro de la burbuja del miedo. Habitan mansiones amuralladas, grandes casas o grupos de casas rodeadas de cercos electrificados y de guardias armados, y están día y noche vigilados por los guardaespaldas y por las cámaras de los circuitos cerrados de seguridad. Los niños ricos viajan, como el dinero, en autos blindados. No conocen, más que de vista, su ciudad. Descubren el subterráneo en Paris o en Nueva York, pero jamás lo usan en San Pablo o en la capital de México.
Ellos no viven en la ciudad donde viven. Tienen prohibido ese vasto infierno que acecha su minúsculo cielo privado. Más allá de las fronteras, se extiende una región del terror donde la gente es mucha, fea, sucia y envidiosa. En plena era de la globalización, los niños ya no pertenecen a ningún lugar, pero los que menos lugar tienen son los que más cosas tienen: ellos crecen sin raíces, despojados de identidad cultural, y sin más sentido social que la certeza de que la realidad es un peligro. Su patria está en las marcas de prestigio universal, que distinguen sus ropas y todo lo que usan, y su lenguaje es el lenguaje de los códigos electrónicos internacionales. En las ciudades más diversas, y en los más distantes lugares del mundo, los hijos del privilegio se parecen entre sí, en sus costumbres y en sus tendencias, como entre sí se parecen los shopping centers y los aeropuertos, que están fuera del tiempo y del espacio. Educados en la realidad virtual, se deseducan en la ignorancia de la realidad real, que sólo existe para ser temida o para ser comprada.
Fast food, fast cars, fast life: desde que nacen, los niños ricos son entrenados para el consumo y para la fugacidad, y transcurren la infancia comprobando que las máquinas son más dignas de confianza que las personas. Cuando llegue la hora del ritual de iniciación, les será ofrendada su primera coraza todo terreno, con tracción a cuatro ruedas. Durante los años de la espera, ellos se lanzan a toda velocidad a las autopistas cibernéticas y confirman su identidad devorando imágenes y mercancías, haciendo zapping y haciendo shopping. Los ciberniños navegan por el ciberespacio con la misma soltura con que los niños abandonados deambulan por las calles de las ciudades.
Mucho antes de que los niños ricos dejen de ser niños y descubran las drogas caras que aturden la soledad y enmascaran el miedo, ya los niños pobres están aspirando gasolina o pegamento. Mientras los niños ricos juegan a la guerra con balas de rayos láser, ya las balas de plomo amenazan a los niños de la calle.
En América latina, los niños y los adolescentes suman casi la mitad de la población total. La mitad de esa mitad vive en la miseria. Sobrevivientes: en América latina mueren cien niños, cada hora, por hambre o enfermedad curable, pero hay cada vez más niños pobres en las calles y en los campos de esta región que fabrica pobres y prohíbe la pobreza. Niños son, en su mayoría, los pobres; y pobres son, en su mayoría, los niños. Y entre todos los rehenes del sistema, ellos son los que peor la pasan. La sociedad los exprime, los vigila, los castiga, a veces los mata: casi nunca los escucha, jamás los comprende.
Esos niños, hijos de gente que trabaja salteado o que no tiene trabajo ni lugar en el mundo, están obligados, desde muy temprano, a vivir al servicio de cualquier actividad ganapán, deslomándose a cambio de la comida, o de poco más, todo a lo largo y a lo ancho del mapa del mundo. Después de aprender a caminar, aprenden cuáles son las recompensas que se otorgan a los pobres que se portan bien: ellos, y ellas, son la mano de obra gratuita de los talleres, las tiendas y las cantinas caseras, o son la mano de obra a precio de ganga de las industrias de exportación que fabrican ropa deportiva para las grandes empresas multinacionales. Trabajan en las faenas agrícolas o en los trajines urbanos, o trabajan en su casa, al servicio de quien allí mande. Son esclavitos o esclavitas de la economía familiar o del sector informal de la economía globalizada, donde ocupan el escalón más bajo de la población activa al servicio del mercado mundial:
en los basurales de la ciudad de México, Manila o Lagos, juntan vidrios, latas y papeles, y disputan los restos de comida con los buitres; se sumergen en el mar de Java, buscando perlas; persiguen diamantes en las minas del Congo; son topos en las galerías de las minas del Perú, imprescindibles por su corta estatura, y cuando sus pulmones no dan más, van a parar a los cementerios clandestinos; cosechan café en Colombia y en Tanzania, y se envenenan con los pesticidas; se envenenan con los pesticidas en las plantaciones de algodón de Guatemala y en las bananeras de Honduras; en Malasia recogen la leche de los árboles del caucho, en jornadas de trabaio que se extienden de estrella a estrella; tienden vías de ferrocarril en Birmania; al norte de la India se derriten en los hornos de vidrio, y al sur en los hornos de ladrillos; en Bangladesh, desempeñan más de trescientas ocupaciones diferentes, con salarios que oscilan entre la nada y la casi nada por cada día de nunca acabar; corren carreras de camellos para los emires árabes y son jine tes pastores en las estancias del río de la Plata; en Port-au-Prince, Colombo, Jakarta o Recife sirven la mesa del amo, a cambio del derecho de comer lo que de la mesa cae; venden fruta en los mercados de Bogotá y venden chicles en los autobuses de San Pablo; limpian parabrisas en las esquinas de Lima, Quito o San Salvador; lustran zapatos en las calles de Caracas o Guanajuato; cosen ropa en Tailandia y cosen zapatos de f útbol en Vietnam; cosen pelotas de fútbol en Pakistán y pelotas de béisbol en Honduras y Haití; para pagar las deudas de sus padres, recogen té o tabaco en las plantaciones de Sri Lanka y cosechan jazmines, en Egipto, con destino a la perfumería francesa; alquilados por sus padres, tejen alfombras en Irán, Nepal y en la India, desde antes del amanecer hasta pasada la medianoche, y cuando alguien llega a rescatarlos, preguntan: "¿Es usted mi nuevo amo?"; vendidos a cien dólares por sus padres, se ofrecen en Sudán para labores sexuales o todo trabajo.
Por la fuerza reclutan niños los ejércitos, en algunos lugares de África, Medio Oriente y América latina. En las guerras, los soldaditos trabajan matando, y sobre todo trabajan muriendo: ellos suman la mitad de las víctimas en las guerras africanas recientes. Con excepción de la guerra, que es cosa de machos según cuenta la tradición y enseña la realidad, en casi todas las demás tareas, los brazos de las niñas resultan tan útiles como los brazos de los niños. Pero el mercado laboral reproduce en las niñas la discriminación que normalmente practica contra las mujeres: ellas, las niñas, siempre ganan menos que lo poquísimo que ellos, los niños, ganan, cuando algo ganan.
La prostitución es el temprano destino de muchas niñas y, en menor medida, también de unos cuantos niños, en el mundo entero. Por asombroso que parezca, se calcula que hay por lo menos cien mil prostitutas infantiles en los Estados Unidos, según el informe de UNICEF de 1997. Pero es en los burdeles y en las calles del sur del mundo donde trabaja la inmensa mayoría de las víctimas infantiles del comercio sexual. Esta multimillonaria industria, vasta red de traficantes, intermediarios, agentes turísticos y proxenetas, se maneja con escandalosa impunidad. En América latina, no tiene nada de nuevo: la prostitución infantil existe desde que en 1536 se inauguró la primera casa de tolerancia, en Puerto Rico. Actualmente, medio millón de niñas brasi leñas trabajan vendiendo el cuerpo, en beneficio de los adultos que las explotan: tantas como en Tailandia, no tantas como en la India. En algunas playas del mar Caribe, la próspera industria del turismo sexual ofrece niñas vírgenes a quien pueda pagarlas. Cada año aumenta la cantidad de niñas arrojadas al mercado de consumo: según las estimaciones de los organismos internacionales, por lo menos un millón de niñas se incorporan, cada año, a la oferta mundial de cuerpos.
Son incontables los niños pobres que trabajan, en su casa o afuera, para su familia o para quien sea. En su mayoría, trabajan fuera de la ley y fuera de las estadísticas. ¿Y los demás niños pobres? De los demás, son muchos los que sobran. El mercado no los necesita, ni los necesitará jamás. No son rentables, jamás lo serán. Desde el punto de vista del orden establecido, ellos empiezan robando el aire que respiran y después roban todo lo que encuentran. Entre la cuna y la sepultura, el hambre o las balas suelen interrumpirles el viaje. El mismo sistema productivo que desprecia a los viejos, teme a los niños. La vejez es un fracaso, la infancia es un peligro. Cada vez hay más y más niños marginados que nacen con tendencia al crimen, al decir de algunos especialistas. Ellos integran el sector más amenazante de los excedentes de población. El niño como peligro público, la conducta antisocial del menor en América, es el tema recurrente de los Congresos Panamericanos del Niño, desde hace ya unos cuantos años. Los niños que vienen del campo a la ciudad, y los niños pobres en general, son de conducta potencialmente antisocial, según nos advierten los Congresos desde 1963. Los gobiernos y algunos expertos en el tema comparten la obsesión por los niños enfermos de violencia, orientados al vicio y a la perdición. Cada niño contiene una posible corriente de El Niño, y es preciso prevenir la devastación que puede provocar. En el Primer Congreso Policial Sudamericano, celebrado en Montevideo en 1979, la policía colombiana explicó que "el aumento cada día creciente de la población de menos de dieciocho anos, induce a estimar una mayor población POTENCIALMENTE DELINCUENTE". (Mayúsculas en el documento original.)
En los países latinoamericanos, la hegemonía del mercado está rompiendo los lazos de solidãridad y haciendo trizas el tejido social comunitario. ¿Qué destino tienen los nadies, los dueños de nada, en países donde el derecho de propiedad se está convirtiendo en el único derecho? ¿Y los hijos de los nadies? A muchos, que son cada vez más muchos, el hambre los empuja al robo, a la mendicidad y a la prostitución; y la sociedad de consumo los insulta ofreciendo lo que niega. Y ellos se vengan lanzándose al asalto, bandas de desesperados unidos por la certeza de la muerte que espera: según UNICEF, en 1995 había ocho millones de niños abandonados, niños de la calle, en las grandes ciudades latinoamericanas; según la organización Human Rights Watch, en 1993 los escuadrones parapoliciales asesinaron a seis niños por día en Colombia y a cuatro por día en Brasil.
Entre una punta y la otra, el medio. Entre los niños que viven prisioneros de la opulencia y los que viven prisioneros del desamparo, están los niños que tienen bastante más que nada, pero mucho menos que todo. Cada vez son menos libres los niños de clase media. "Que te dejen ser o que no te dejen ser: ésa es la cuestión", supo decir Chumy Chúmez, humorista español. A estos niños les confisca la libertad, día tras día, la sociedad que sacraliza el orden mientras genera el desorden. El miedo del medio: el piso cruje bajo los pies, ya no hay garantías, la estabilidad es inestable, se evaporan los empleos, se desvanece el dinero, llegar a fin de mes es una hazaña. Bienvenida, clase media, saluda un cartel a la entrada de uno de los barrios más miserables de Buenos Aires. La clase media sigue viviendo en estado de impostura, fingiendo que cumple las leyes y que cree en ellas, y simulando tener más de lo que tiene; pero nunca le ha resultado tan difícil cumplir con esta abnegada tradición. Está la clase media asfixiada por las deudas y paralizada por el pánico, y en el pánico cría a sus hijos. Pánico de vivir, pánico de caer: pánico de perder el trabajo, el auto, la casa, las cosas, pánico de no llegar a tener lo que se debe tener para llegar a ser. En el clamor colectivo por la seguridad pública, amenazada por los monstruos del delito que acecha, la clase media es la que más alto grita. Defiende el orden como si fuera su propietaria, aunque no es más que una inquilina agobiada por el precio del alquiler y la amenaza del desalojo.
Atrapados en las trampas del pánico, los niños de clase media están cada vez más condenados a la humillación del encierro perpetuo. En la ciudad del futuro, que ya está siendo ciudad del presente, los teleniños, vigilados por niñeras electrónicas, contemplarán la calle desde alguna ventana de sus telecasas: la calle prohibida por la violencia o por el pánico a la violencia, la calle donde ocurre el siempre peligroso, y a veces prodigioso, espectáculo de la vida.
Fragmento de "Patas arriba - La escuela del mundo al revés"
N. de R.: Según las palabras de Benedicto XVI, parece ser que el gran culpable de la pederastia en la Iglesia es el "contexto". Hasta cuando los van a seguir encubriendo???
"El rostro de la Iglesia está cubierto de polvo", afirmó Benedicto XVI, y abogó por la renovación de la Iglesia Católica tras la "humillación" por los casos de pederastia. Dijo que la jerarquía eclesiástica tuvo su "correspondiente responsabilidad", pero al mismo tiempo culpó al "contexto de nuestro tiempo". En un discurso ante la Curia Romana en el Vaticano, con motivo de la felicitación de las fiestas navideñas, el Pontífice arremetió contra los sacerdotes que han cometido abusos contra menores, a quienes culpó del "polvo" que, según el Papa, cubre la Iglesia Católica actualmente.
"El rostro de la Iglesia está cubierto de polvo y es así que nosotros lo hemos visto. Su vestido está desgarrado por culpa de los sacerdotes (...) Tenemos que aceptar esta humillación como una exhortación a la verdad y una llamada a la renovación. Sólo la verdad salva", dijo Benedicto XVI.
"Tenemos que preguntarnos qué podemos hacer para reparar lo máximo posible la injusticia que ha ocurrido. Tenemos que preguntarnos qué había de equivocado en nuestro anuncio, en toda nuestra manera de configurar el ser cristiano, para que una cosa así pudiera ocurrir", agregó.
El papa incidió además en que deben ser capaces "de penitencia" y agradeció a todos aquellos que "se han comprometido en ayudar a las víctimas para volver a darles la confianza en la Iglesia, la capacidad de creer en su mensaje".
"Somos conscientes de la particular gravedad de este pecado cometido por sacerdotes y nuestra responsabilidad correspondiente. Pero no podemos tampoco callar ante el contexto de nuestro tiempo en el que se han hecho ver estos hechos. Existe un mercado de la pornografía con niños que, de algún modo, parece que es considerado por la sociedad cada vez más como una cosa normal", apuntó el papa.
El Pontífice explicó que la Iglesia cierra este año "con gran gratitud", a pesar de que éste se ha desarrollado de un modo "inesperado", pues los escándalos de pederastia la han "trastornado" en una dimensión "inimaginable".
Los niños y niñas que miran la violencia de su papá hacia su mamá ya no se consideran testigos, sino víctimas. A veces, los chicos y chicas sienten la necesidad de defender a su mamá o de echar a los agresores. Otras veces las impulsan a denunciar. A veces, pero no todas ni necesariamente, repiten la historia y se vuelven –de jóvenes o adultos– agresores o agredidas. La repetición de la violencia se puede evitar. Pero para eso es central contar con educación sexual y talleres con perspectiva de género que trabajen sobre las creencias machistas y eduquen sobre modelos de igualdad que puedan romper con la cadena de la violencia.
“Papá no lo hagas”, le pidió su hijo de 12 años. Pero él lo hizo. Mató a su ex mujer y a su ex suegra. Mató a la mamá (Silvia Morañan, de 50) y a la abuela (Marta Peñalba, de 68 años). Las mató frente a él y a pesar de él. “Papá no mates a la mamá y a la abuela”, pidió, en vano, su hijo de 12 años, a su papá, el 18 de octubre pasado. “No te preocupes que a vos no te va a pasar nada”, le dijo como si para un hijo o una hija perder a su mamá y a su abuela, como si perderlas porque su papá las asesina, fuera hacerle nada.
En Twitter alguien se llegó a preguntar: “¿héroe o asesino?”, porque el asesino –Mario Elizalde– se tiroteó con la policía después de matar a Marta y Silvia, en General Rodríguez. La pregunta es sólo una muestra de cómo se invisibiliza la violencia hacia las mujeres. Y, también, la violencia que genera –incluso en los niños, niñas y adolescentes– la violencia hacia las mujeres. Mario no aceptaba la decisión, el deseo y la autonomía de Silvia. Ella ya se había separado. Mario saltó la reja y los límites entre sus sentimientos y la vida de Silvia. Entró a la casa y atacó a balazos a su ex mujer y su ex suegra. Su hijo, que le había pedido que no las mate, huyó por una ventana y corrió hasta la casa de un vecino a pedir auxilio.
Nadie pudo auxiliarlo para detener la muerte de su mamá. ¿Se puede auxiliar a otros chicos/as que piden auxilio para detener la violencia contra sus madres? ¿Se lo puede ayudar a él, que ya perdió a su mamá, a que la violencia machista, no se le haga carne, cuerpo y cobre vida cuando él forme su pareja? ¿O a una chica que creció con un modelo de una madre maltratada para que ella se ubique en otro lugar que no sea el de víctima?
NO SON TESTIGOS: SON VICTIMAS
“Se observa que los niños defienden a sus madres y las madres deciden acercarse a hacer una denuncia cuando la violencia directa empieza a involucrar a los niños”, cuenta Verónica Tomé, jefa de equipo de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de la Nación (OVD). Mientras que la abogada Analía Monferrer, coordinadora de la OVD, explica: “El debate, en estos momentos, es si es necesario hacer una diferencia entre niño testigo y niño víctima porque hay una cantidad de profesionales que entienden –yo no soy especialista en el tema– que lo que muchas personas denominan el ser ‘testigos’ de violencia, en realidad es ser ‘víctima’ de violencia.”
Monferrer –que intenta ponerle freno a la violencia familiar– también quiere frenar la inercia de estigmatizar a los niños y niñas que vieron golpes, insultos, indiferencia o maltrato en su infancia como potenciales repetidores de esas situaciones. “No hay una relación estricta entre ser víctima/testigo de violencia en la infancia con ser en el futuro una persona violenta”, remarca. Aunque, para evitar esta reiteración, hace falta implementar la Ley de Educación Sexual Integral –para generar nuevos modelos de masculinidad y femineidad–, hacer campañas contra la violencia de género, promover relaciones equitativas de pareja, prevenir los noviazgos violentos y proporcionarles tratamientos a los y las jóvenes que tengan huellas de machismo y maltrato en su historia. Gustavo Galli, director de una escuela media del conurbano, desnuda: “Si un pibe tiene que cuidar que no le peguen a su mamá es porque las instituciones brillan por su ausencia y porque los adultos miran para otro lado”.
ELEGIR OTRO CAMINO
“El 15 de junio del año pasado mataron a una amiga, de 24 años y alumna de teatro en El Salvador. Ella tenía un hijo de 9 años y su papá la mató delante de él”, relata Pamela Palenciano Jodar, autora de No sólo duelen los golpes, un proyecto de exposición de fotos y talleres de prevención de violencia machista. A diferencia de las noticias policiales que terminan con el horror, ella siguió viendo al niño que cumplía 10 años el 17 de junio: el día que enterró a su madre. Pamela –una experta española en violencia de género que ahora vive en Centroamérica– continuó con sus ojos puestos donde la tinta negra no sigue y donde la violencia y el desamparo sólo pueden producir furia. “He estado viendo al niño a ratitos y es increíble cómo se ve la violencia, la rabia, el dolor en sus ojos, la sed de venganza”, transmite desde lo personal. Y lo lleva a lo político: “Yo creo que Dani y tantos niños que presencian esto, que ven la violencia en su casa, que se encaran con su propio padre para defender a su madre, son niños con dolor, con rabia”, Y de lo político vuelve a lo personal en ese ir y venir que la intimidad social no deja de hacer girar. “Mi pareja, Iván, se cuadraba con su padrastro defendiendo a su madre. Iván, de grande, dice que ha hecho –desde la rabia– todo lo contrario a lo que vio en su casa.”
Pero no se trata sólo de una decisión personal, sino, también, política. Pamela remarca: “Estos niños, si son varones, necesitan un tratamiento integral, con un referente masculino (de terapeuta o de educador) que sea diferente a su padre o su padrastro. Además, necesitan sacar la rabia, tener espacios de desahogo para poder expresar estas contradictorias emociones y, sin duda, es imprescindible que alguien los acompañe en el camino de vivir este dolor y si son niñas que alguien las eduque a no aguantar ni el maltrato, ni el control ni la humillación, ni los golpes”.
YO DE UN REPOLLO NO SALI
“Mi papá la golpeaba a mi mamá. Hay una situación que viví a los 14 años que no se me olvida más, que fue en una habitación que compartíamos con mi mamá y yo escuchaba los gritos de mi mamá cuando mi papá le pegaba. Yo me paré frente a mi papá y le dije que no la golpeaba más. Me agarré muy duro, a golpes de puño, como le dice uno, con mi hermano mayor, de 19 años. Ahí hicimos un parate en mi familia. Empezamos una nueva vida. Vos sentías cuando ella temblaba y decía ‘va a llegar tu padre y se me va a pudrir todo’ y veías cómo le temblaba la mano. Y me daba mucha impotencia tener una edad muy chica y no poder hacer nada por mi mamá”, relata a Las/12 Sebastián –la identidad está cambiada para protegerlo–, ahora de 16 años, con tanta crudeza como precisión, con tanto dolor como decisión, en una escuela bonaerense donde alza la mano y denuncia –en una clase de educación sexual– la justicia machista, con palabras tan claras que duelen. Con palabras tan claras que hablan de que Sebastián supo ser escuchado. “Yo vengo de una familia golpeadora”, relata sobre su familia, de tres hermanos varones y dos mujeres.
“Le dije a mi mamá que se pusiera las pilas e implementar una denuncia y mi papá no apareció más”, cuenta. Sabe contar. No es la primera vez. Pero tampoco es lo único que cuenta. “Yo pensaba dejar el colegio y ponerme a trabajar. Pero mi mamá me dijo que no, me dijo ‘yo sé que vas a tener un futuro’ y se puso a limpiar una oficina y con la plata de ella ahora puedo venir al colegio. A nosotros mi papá no nos está pasando nada. Yo no sé cómo la Justicia, con la tecnología que hay, no lo puede rastrear”, se queja de la Justicia, que expuso a su mamá a mantener a su hermana de 12 y a todos los más grandes para poder salir de la violencia.
“La mujer es la que lleva todo el peso porque la sociedad es machista”, dice, con ganas de decir y de hablar con esta cronista, a los ojos, con alivio de hablar y orgullo de salir de una violencia de la que habla en presente para que se vuelva pasado. No lo repite. Lo sabe. Lo vivió. Pero también, ahora, con clases de educación sexual, la piensa. “Yo a la mujer la respeto, la valorizo, porque yo de un repollo no salí. Yo salí de una mujer”, repite para no repetir. Y no repite lo mismo que repiten todos: “Por eso no me gusta la música, la cumbia, porque se ponen a hablar de la mujer, de la minifalda, del órgano femenino, no piensan que salieron de una mujer. No me gusta desvalorizar a la mujer”.
“La situación no daba para más. O se paraba o terminaba alguien muerto”, dice y desgarra. Pero él no. No se desgarra. Porque no es lo único que cuenta. Lo que más cuenta es su sonrisa. Y la charla en donde la equidad entre chicas y varones (propone que una chica no sea mal tildada si usa preservativo y critica la televisión con tantas ganas de observar de nuevo el mundo como de hacerlo de nuevo) y sus ideas salen de su voz, siempre firme, siempre genuina, simplemente empoderada por ser escuchada. “Es importante que haya un espacio en el colegio, que no sea sólo venir a estudiar, sino también poder tener clases de educación sexual para que los chicos y las chicas escuchen y hablen de la violencia y se sientan acompañados por el colegio y que no se sientan solos. Que no se queden callados. Que hablen que van a tener una ayuda. Porque es feo sentirse solo.” Sebastián no está solo. Está en clase. Otra clase. Donde su cuerpo aprende a amoldarse, a jugar, a reírse. A construir otra, nueva historia. “Yo no quiero la violencia para mi vida”, dice. Y la historia empieza de nuevo. Otra historia. Donde las palabras –y no los golpes– cuentan. Y donde la igualdad es –puede ser– una nueva historia.
Los niños migrantes de América Latina y el Caribe están expuestos a riesgos como abusos, explotación y violación de sus derechos, advirtieron especialistas del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
De acuerdo con los expertos Rut Feuk, Nadine Oerrault y Enrique Delamónicar, millones de menores están sufriendo “severas restricciones a sus derechos humanos debido a sus condiciones de migrantes o la de sus padres”.
El reporte, divulgado por la oficina en Santiago de la Unicef, indicó que la magnitud del problema se refleja en que cerca de seis millones de latinoamericanos han migrado dentro de la región y alrededor de 25 millones lo han hecho a Estados Unidos o Europa.
De acuerdo con cálculos de los especialistas de la Unicef, uno de cada cinco migrantes es un niño o adolescente, que puede estar expuesto a abusos, aunque su desplazamiento a otros lugares también trae algunos beneficios.
Los expertos afirmaron que las políticas migratorias restrictivas, así como la xenofobia, la discriminación y el tráfico de personas, “son algunos de los riesgos” a los que están expuestos los niños y niñas que dejan sus países de origen.
Los autores explicaron que la migración afecta a los niños de diferentes maneras durante su ciclo de vida, ya sea al migrar solos o junto a sus padres, así como si son abandonados por uno o sus dos progenitores.
El escritor Sánchez Dragó y Frédéric Mitterrand, titular francés de Cultura, representan la idealización y normalización del abuso sexual a menores.
El español de 31 años sube al metro en Tokio y se encuentra “con unas lolitas, pero no eran unas lolitas cualesquiera, sino de esas que se visten como zorritas, con los labios pintados, carmín, rimel, tacones, minifalda… Tendrían unos 13 años”.
“Subí con ellas y las muy putas se pusieron a turnarse. Mientras una se iba al váter, la otra se me trajinaba”."No hay nada como la piel tersa, los pechitos como capullos…". El autor de estas declaraciones publicadas en el libro Dios los cría y ellos hablan de sexo, drogas, España, corrupción (Ed. Planeta) es nada menos que el famoso Fernando Sánchez Dragó, multipremiado escritor español y conductor del programa literario Las noches blancas, de la televisión autonómica Telemadrid.
En la página 159, antes de narrar lo de las lolitas, el dramaturgo y coautor Albert Boadella le dice que a él le gustan las mujeres cincuentonas. Dragó le contesta: “A mí me gustan las de 15". Y sigue: "Llámame viejo, llámame como quieras pero es así. Como sus palabras quedaron publicadas, argumentó que si fue delito ya prescribió porque eso sucedió en 1967.
Otro europeo famoso, Frédéric Mitterrand, titular francés de Cultura, sobrino del ex presidente francés y emblema de la apertura de Sarkozy con la izquierda, escribió en su autobiografía La mala vida (publicada en 2005) sus visitas a prostíbulos de Bangkok en busca de niños.
Mitterrand escribe: "He cogido la costumbre de pagar chicos [...] Evidentemente, he leído lo que se ha escrito a propósito de esos chicos de Tailandia, he visto muchos reportajes [...] sé lo que hay de inconsciencia cuando no de avaricia en la mayor parte de las familias, las montañas de dinero que esto genera cuando los muchachos no se quedan más que las migajas, los detalles sórdidos de todo este tráfico [...] no dejo de pensar en eso, lo que no me impide volver. Todo ese ritual de feria de efebos, de mercado de esclavos, me excita enormemente".
Entre muchos otros famosos usuarios y promotores de la trata sexual de menores, estos dos reconocidos personajes representan la idealización del abuso sexual de infantes, la normalización de la pedofilia desde el poder mediático, político y cultural.
Aparentemente cuando estas confesiones se dan en un contexto intelectual y literario tiene perfecta cabida, sin ambages; eso es lo que permite a estos sujetos ufanarse y escribir a detalle lo que consideran arranques de exotismo erótico (aunque en el fondo saben que cometieron delitos y que saldrán librados).
Sánchez Dragó, ante las críticas en España, ha dicho que exageró en sus explicaciones. Mitterand, por su parte, aseguró que como era la ultraderecha quien lo criticaba, se sentía honrado.
Durante siglos, el abuso sexual infantil ha sido exaltado en el mundo literario, las cosas comienzan a cambiar lentamente, pero mientras no encontremos a más líderes culturales y escritores tomando posturas éticas al respecto, la tragedia que viven a diario millones de criaturas esclavizadas, será la anécdota literaria de una generación de famosos indispuestos a asumir la responsabilidad de sus palabras y sus hechos.
Benedicto XVI inició en Edimburgo una visita de cuatro días al Reino Unido. Al aterrizar en la capital escocesa, el Papa admitió fallos de la Iglesia para impedir los abusos sexuales a niños, que provocaron un aluvión de denuncias contra clérigos católicos en todo el mundo.
"La autoridad de la Iglesia no fue suficientemente vigilante (...), no fue suficientemente rápida y firme para tomar las medidas necesarias", declaró el Sumo Pontífice a los periodistas que le acompañaban en el avión que le trajo a la capital escocesa, primera etapa de su visita de Estado que hasta el domingo le llevará también a Glasgow, Londres y Birmingham.
"Estas revelaciones fueron para mí un golpe y una gran tristeza", agregó el alemán sobre el tema que ha marcado su pontificado iniciado en 2005.
Benedicto XVI respondió así de entrada a los grupos laicos británicos que, en vísperas de su visita, lo criticaron por su falta de reacción ante las numerosas denuncias, especialmente en la vecina Irlanda, y llegaron a acusarle de encubrir algunos casos.
Otro de los grandes temas de Benedicto XVI en la primera visita de Estado de un Papa en más de cinco siglos a este país oficialmente anglicano, pero en el que la religión ha perdido peso, es la batalla contra el laicismo.
En su primer discurso, pronunciado durante el acto de bienvenida oficial que le prodigó la reina Isabel II en su residencia de la capital escocesa, Holyroodhouse, el Papa advirtió contra las "formas agresivas de secularidad".
"Hoy, el Reino Unido se esfuerza por ser una sociedad moderna y multicultural. En esta exigente empresa, espero que pueda mantener su respeto por los valores tradicionales y las expresiones culturales que formas más agresivas de secularidad hoy ya no valoran o incluso toleran", dijo.
"No dejemos que esto oscurezca el fundamento cristiano que apuntala sus libertades", agregó el Pontífice, que a lo largo de estos días debería insistir en el papel que las diferentes confesiones cristianas pueden desempeñar en una sociedad cada vez más secularizada.
La reina, jefa de Estado británica y gobernadora suprema de la iglesia anglicana, estrechó brevemente la mano de la máxima autoridad del Vaticano y de la Iglesia católica, al inicio de la pomposa ceremonia en el patio del palacio bañado por el sol.
El Papa se sometió a continuación al primer baño de multitudes en un recorrido de cinco kilómetros con su Papamóvil por el centro de la ciudad, engalanado con banderas del Vaticano.
Por la tarde, siguiendo los pasos de su antecesor Juan Pablo II en su viaje pastoral de 1982, presidirá una misa al aire libre en el parque Bellahouston de Glasgow ante unos 60.000 peregrinos que pagaron una "contribución" inédita de 20 libras por adelantado para poder asistir.
Al final de la jornada, Benedicto XVI volará a Londres, donde proseguirá su viaje destinado también a mejorar las tensas relaciones que Roma mantiene con los anglicanos desde hace casi cinco siglos, y poner de relieve el papel que ambas iglesias pueden desempeñar en una sociedad cada vez más secularizada.
La visita coincide con una nueva controversia provocada por el cardenal alemán Walter Kasper, experto en las relaciones ecuménicas de la Iglesia, que comparó despectivamente al Reino Unido con "un país del Tercer Mundo" en el que se ha extendido "un neoateísmo agresivo".
“Esta guerra no es contra los niños” le dijo el Mayor José Nino Gavazzo a la madre de Simón Riquelo cuando éste tenía apenas 20 días de vida.
El robo de bebés y niños con la sustracción de su identidad fue el mayor delito cometido por la dictadura cívico – militar. Cientos de niños, enmarcados en el Plan Cóndor fueron arrancados de los brazos de las detenidas que acababan de dar a luz en salas de parto improvisadas en distintos centros clandestinos de detención. Sus madres fueron asesinadas y ellos criados por familias que no son las suyas, algunos fueron encontrados, tienen poco más de 30 años y ya vivieron, por lo menos, dos vidas.
Nacidos en cautiverio o llevados a centros clandestinos de detención con sus madres, les arrebataron de un solo golpe a sus padres y su identidad. Crecieron pensando ser quienes no eran, llamando mamá o papá, en muchos casos, a los enemigos de sus verdaderos padres.
¿Cómo encontrar una explicación racional a este castigo a lo más vulnerable, a lo más indefenso, a lo inocente?
La experiencia recogida ha arrojado la conclusión de que ellos eran arrancados de sus padres y tomados prisioneros con la finalidad de redoblar el efecto represivo y aterrorizante, como una demostración de cuál era el extremo a que era llevado el terrorismo de Estado. En la convicción de que “todos eran subversivos” los militares y policías manifestaron la intención conciente de borrar todo rastro de núcleos familiares enteros para impedir su supervivencia y reproducción.
Ciertamente, se debe tener en presente que la “guerra” de la que hablaba Gavazzo, a diferencia de las guerras convencionales, tenía la peculiaridad de que en sus principales tramos, no enfrentaba a dos ejércitos, sino a un ejército contra su propio pueblo.
Existen testimonios de madres que fueron secuestradas y dieron a luz en centros clandestinos, las mujeres embarazadas no eran “trasladadas” hasta que no se produjera el parto. Sin embargo, la obtención final del botín de guerra humano no significaba que las detenidas embarazadas quedasen excluidas de las sesiones de tortura. Nada libraba a las prisioneras del tormento.
Los niños secuestrados junto a sus padres eran arrancados en forma violenta, llevando consigo el trauma de ser testigo de la violencia ejercida en el seno familiar, para luego ser entregados a otro medio, adoptados por parejas integrantes o vinculadas a los servicios represivos.
A esos niños, se les privó de sus progenitores, de su historia y de su identidad. Se le amputaron sus raíces.
Un caso emblemático de víctimas del “Plan Cóndor”
El 26 de setiembre de 1976 efectivos combinados del Ejército argentino, la Policía Federal y probablemente también fuerzas uruguayas, rodearon con numerosos vehículos y una tanqueta el domicilio de los uruguayos Mario Roger Julien y Victoria Lucía Grisonas en San Martín, Buenos Aires.
Una gran cantidad de personas fuertemente armadas y de civil entraron a la casa y provocaron un tiroteo. Al parecer Julien murió en el interior de la casa, mientras su esposa, herida, era sacada a rastras.
Un vecino que fue testigo relató que vio llevarse a dos niños pequeños que lloraban desconsoladamente y pedían por su madre, a la par que uno de los captores les decía: “La yegua de tu madre no está más”
Anatole de 4 años y Victoria Julien Grisonas de 14 meses fueron llevados con su madre al centro clandestino “Automotores Orletti”. Permanecieron en ese infierno casi 10 días, escuchando gritos de torturados, radios encendidas a todo volumen, quizá viendo a su madre sufriendo y a su vez, limitados a un pequeño espacio en ese clima de terror.
Los niños fueron trasladados a Montevideo después del 7 de octubre y llevados al local del SID.
El 29 de diciembre de 1976, el diario “El Mercurio” de Chile publicó una foto de dos niños, sentados en un banco de una plaza en Valparaíso. El diario decía: “Estas criaturas fueron misteriosamente abandonadas hace cerca de una semana en la plaza O’Higgins”. Los carabineros que los encontraron los entregaron al Juez de menores y éste los envió a un albergue. Parecían argentinos por el modo de hablar”.
A mediados de 1979, la abuela paterna de los niños, Angélica Cáceres fue invitada por la Comisión de DD.HH de la Arquidiócesis de San Pablo (CLAMOR) a viajar a dicha ciudad.
El Cardenal Evaristo Arns, le comunicó que sus nietos habrían sido encontrados en Chile, gracias a las fotos de los niños uruguayos desaparecidos, que recorrían el mundo.
Los niños habían sido trasladados en avión desde Montevideo a Chile y abandonados en una plaza de Valparaíso. El juzgado de menores dispuso que fueran entregados a un albergue y finalmente un matrimonio los adoptó.
Esos niños, hoy adultos, recuperaron su identidad, permanecen viviendo en Chile con su familia adoptiva pero pasan las vacaciones en Uruguay con su familia biológica.
Todos los niños restituidos lo fueron por acción de los familiares y de las instituciones humanitarias pero no del Estado, quien tiene la obligación y los medios para realizarla.
Esto impuso en madres y abuelas, el esfuerzo de sobreponerse a las angustias emocionales, propias de la pérdida sufrida, y llenarse de valor para afrontar las dificultades de la búsqueda.
La verdad es el único camino posible y pone a padres y abuelos en un trance durísimo: enfrentar a los niños secuestrados con un nuevo dolor, con un nuevo conflicto. El engaño, la mentira impuesta, bronca, rechazo, sentimiento de culpa, doble identidad, dos mundos, dos vidas.
Tendrán que luchar por mantener los dos mundos como algo parcelado, intuyendo desde el comienzo que no se pueden juntar.
NO HAY FINAL, NO HAY OLVIDO, NO PUEDE HABER PERDÓN.
El arzobispo católico de Johannesburgo, Buti Tlhagale, ha advertido que también el clero en África ha cometido abusos sexuales contra menores. Los abusos sexuales no son un problema occidental, sino que afectan también a África, dijo.
El arzobispo sudafricano, durante la celebración de su Misa Crismal, lamentó que la "imagen de la Iglesia Católica está prácticamente en ruinas debido al mal comportamiento de sus sacerdotes, los lobos vestidos de ovejas, que se aprovechan de las víctimas inocentes, causando un daño irreparable, y siguen haciéndolo con impunidad. Estamos poco a poco decididos a destruir la iglesia de Dios al socavar y destrozar la fe de los creyentes".
Hasta el momento, no ha habido escándalos de abusos sexuales dentro de la Iglesia Católica en África. Las revelaciones de abusos sexuales a miles de menores por parte del clero católico en América del Norte y Europa han sacudido la confianza en la Iglesia Católica y puesto en evidencia la reducida capacidad del Papa a la hora de liderar a la comunidad católica en esta crisis.
Pero la falta de revelaciones en África hasta la fecha no debe interpretarse como una señal de que todo está bien en el continente, advirtió el arzobispo Tlhagale. El hecho de que "la mala conducta de los sacerdotes en África no haya salido a la luz en los medios de comunicación al igual que está ocurriendo en otras partes del mundo", no significa que esta mala conducta no exista.
El arzobispo Tlhagale añadió que los sacerdotes católicos tienen ahora dificultad a la hora de hacer frente a temas morales, después de que se haya expuesto su propia débil moral. "Como líderes de la Iglesia, nos sentimos incapaces al criticar la conducta corrupta e inmoral de los miembros de nuestras respectivas comunidades".
"Nos hacemos reacios a criticar la avaricia y las malas prácticas de nuestras autoridades. Estamos paralizados a la hora de orientar a los jóvenes en los muchos dilemas morales a los que se enfrentan", lamentó en un comunicado al que tuvo acceso afrol News.
Tlhagale es el presidente de la Conferencia Episcopal Sudafricana y es considerado como uno de los más líderes católicos más influyentes de África.
África es uno de los principales campos de misión para la Iglesia católica, y es en este continente donde la membresía en la iglesia ha crecido más rápido. Sin embargo, ya se han empezado a dar las primera bajas entre miembros de la Iglesia Católica en el continente como protesta por las normas morales entre el clero católico.
Las víctimas de abusos sexuales cometidos por sacerdotes irlandeses han mostrado su decepción por el contenido de la pastoral de disculpa del Papa Benedicto XVI hecha pública el sábado por el Vaticano, ya que no reconoce la responsabilidad de las más altas instancias de la Iglesia católica.
En dicha pastoral, dirigida a los católicos irlandeses, el Papa Bendicto XVI ordena una inspección de diócesis y seminarios irlandeses implicados en los casos de pederastia y afirma que los sacerdotes implicados deben "responder ante Dios y los tribunales por las acciones criminales y pecaminosas que han cometido".
El Papa expresa "abiertamente verguenza y remordimiento" por los abusos sexuales a los que fueron sometidos centenares de menores por parte de sacerdotes católicos durante años en Irlanda y dice que "siente mucho" el sufrimiento que tuvieron que padecer.
A los culpables les ha instado a que "asuman la responsabilidad de sus pecados" y "busquen personalmente la expiación de sus acciones", mientras que a los encubridores les emplaza a "admitir graves errores de juicio y fallos de liderazgo que han minado seriamente su credibilidad y eficacia".
En su misiva, propone una serie de "iniciativas concretas" para que los católicos de todo el mundo tengan la oportunidad de "reparar los pecados del abuso que tanto daño han causado".
Con ese fin, anuncia su intención de realizar una Visitación Apostólica a ciertas diócesis irlandesas, que se desarrollará "a su debido tiempo" y en colaboración con la Curia Romana y la Conferencia Episcopal de Irlanda, para ayudar a la Iglesia local "en su camino a la renovación".
Decepción de las víctimas y satisfacción del primado
La directora del grupo de víctimas, Maeve Lewis, ha expresado su "profunda decepción" por el contenido de la carta, ya que "no alcanza a responder las necesidades de las víctimas" y no se solicita en ningún caso la dimisión del máximo responsable de la Iglesia en Irlanda, el cardenal Sean Brady, como reclamaban los afectados por los abusos.
Por el contrario, el primado de la Iglesia Católica se ha congratulado de la misiva del Papa. "Resulta evidente que el Papa Benedicto XVI está profundamente consternado por lo que él describe como ’actos criminales y pecaminosos’ y por la manera en que las autoridades de la Iglesia en Irlanda los han abordado".
Brady se ha visto obligado esta semana a pedir perdón por haber ocultado el caso de abusos de menores cometidos por un sacerdote pederasta en la década de los 70.
El arzobispo de Friburgo Robert Zollitsch, admitió que la Iglesia católica de ese país ocultó "por años" la pedofilia
El presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, el arzobispo de Friburgo Robert Zollitsch, admitió por primera vez que la Iglesia católica de ese país ocultó "por años" los casos de abusos sexuales cometidos por religiosos contra niños y adolescentes.
"Sí, esto sucedió durante años, sin embargo, seguimos un curso opuesto", dijo Zollitsch en una entrevista con el semanario Focus.
El jefe de los obispos alemanes sostuvo que Iglesia no fue la única en comportarse de este modo, ya que los abusos sexuales contra los menores de edad "fueron mantenidos en secreto por la sociedad entera durante décadas".
El semanario alemán Der Spiegel informó sobre la existencia de documentos y dio detalles sobre el caso de un sacerdote paidófilo que el papa Ratzinger, cuando era arzobispo, había aceptado curar en su diócesis de Munich en 1980, y luego fue puesto en actividades pastorales con menores de edad. "El propio Papa, como arzobispo, no tomó en serio el problema de un abusador de niños", advirtió el semanario en su edición de hoy.
En tanto, Martin Werlen, miembro de la conferencia episcopal suiza y prior de la abadía benedictina de Einsiedeln, en diálogo con el diario SonntagsBlick propuso la creación de un registro de miembros del clero sospechados de paidofilia, para que pueda ser consultado por los obispos.
La representante de UNICEF en Haití, Francoise Gruloos, calificó de preocupante el trafico de niños luego del terremoto, pese a que aún es imposible cuantificar el número de pequeños sacados del país.
"Existen muchos movimientos de niños, es muy preocupante, porque hay personas que olvidan que el niño tiene papá, mamá o ambos", expresó la funcionaria a Prensa Latina.
Hay padres hoy buscando a sus hijos y tal vez estos están fuera del país, precisó Gruloos.
De acuerdo con la experta de la Organización de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), desde antes del terremoto, el norte de Haití era una ruta utilizada por contrabandistas para el tráfico de menores de edad, zona por donde salían unos dos mil 500 infantes al año.
Después del sismo ese número creció, lo que aún no se dispone de cifras, aseguró.
Gruloos recordó que al momento del terremoto -el 12 de enero a las 4:52 de la tarde- las familias estaban dispersas, y muchos de los niños no estaban acompañados de sus padres.
De manera que esa separación, que muchos pensaron sería por un breve espacio de tiempo, sólo instantes, para ir a buscar un producto al mercado o realizar determinada gestión, se convirtió en un prolongado distanciamiento, marcado por el sismo.
Un gran número de niños víctimas de la catástrofe fueron llevados solos a los hospitales para ser atendidos de urgencia, sin conocimiento de sus padres, mientras no pocos adultos ingresados durante la emergencia desconocían el paradero de sus hijos.
Señaló la funcionaria que el sistema establecido por UNICEF en coordinación con otras agrupaciones para viabilizar los reencuentros de familiares arroja resultados pese a transcurrir más de un mes de la tragedia.
"Se producen encuentros muy emocionantes, sobre todo de niños hospitalizados que eran desesperadamente buscados por sus padres", indicó.
Otra problemática presente es la de los huérfanos, que de acuerdo con la experta también contempla a pequeños que antes del terremoto habían sido entregados a orfanatos por sus padres al carecer de condiciones para cuidarlos.
Previo al sismo había unos 50 mil pequeños sin familia, sin embargo sumaban 300 mil los confiados a orfelinatos por sus progenitores.
"Pero fue a causa de la pobreza que los padres los dejaron, no por falta de amor, todo lo contrario, los dejaron en instituciones benéficas para que fueran atendidos, les dieran comida, esa era la situación", indicó la funcionaria.
Especialistas de UNICEF concluyeron un censo en días recientes en todo el país e identificaron 415 orfelinatos, pero muchos de ellos están en una situación muy precaria o quedaron destruidos. Tales instituciones fueron siempre blanco de acción de los contrabandistas.
Este jueves podrían quedar en libertad dos estadounidenses que permanecen detenidas aquí por intentar llevarse 33 niños vía República Dominicana, según anunciaron sus abogados.
Laura Silsby y Charisa Coulter son las últimas de los 10 miembros de un grupo misionero bautista que permanecían bajo custodia de los haitianos por el secuestro de los pequeños.
De pronto todo salió a la luz. Lo que nunca se dijo apareció en todos los medios de información. Los problemas graves que tiene la Iglesia Católica alemana con el comportamiento sexual de sus sacerdotes y frailes. Ha sido el tema de tapa de los principales medios de comunicación, día tras día. El Die Zeit y el Spiegel –los dos semanarios de información más leídos en Alemania– le dedicaron al tema el estudio central de esta semana. El primero titula en la tapa: “El peligro satánico”, y el subtítulo es: “¿Por qué los hombres de la Iglesia se convierten en culpables?”. Y en la bajada se señala: “Desde que fueron denunciados los casos de abuso sexual cometidos por sacerdotes católicos en el Colegio Canisius de Berlín, toda Alemania está preocupada: ¿Cómo se reconoce a los culpables? ¿Cómo se protege a los niños?”. Por su parte. Der Spiegel muestra en tapa a un sacerdote que lleva las manos en sus partes pudendas por encima de la sotana. El título de esa tapa es: “Los santos transparentes”, y como subtítulo: “La Iglesia Católica y el sexo”. Y el estudio del estado actual de la ética católica en colegios e instituciones lleva la frase: “Vergüenza y miedo. La Iglesia Católica ha sido estremecida por una serie de casos de abuso sexual. Y esto no solamente en las escuelas de jesuitas. Casi cien eclesiásticos en la denuncia de violaciones sexuales, en los últimos años. Luego de décadas de silencio, se ha quebrado ahora el muro del silencio”.
Todo se inció con la denuncia de lo ocurrido en el colegio Canisius de Berlín. Ese día, el 2 de febrero último, el diario Frankfurter Rundschau tituló: “Vergüenza enmudecida”, “Casos de abuso sexual en el Colegio Canisius de Berlín sacude a la Iglesia Católica. Más víctimas se presentan en otras escuelas”. Y ahí comenzó la discusión que va dejando en claro cómo las autoridades católicas han tratado de guardar silencio y esconder los graves hechos anteriores. Y eso que la misma Iglesia había sido sacudida por las denuncias de los abusos cometidos por sacerdotes y frailes en Irlanda, en Canadá, en Australia y en Estados Unidos.
En Irlanda se conoció en 2009 el Informe Ryan, que descubre y denuncia el abuso sexual masivo, sufrido desde 1930 por niños irlandeses internados en escuelas católicas. Miles de víctimas recibieron una indemnización de por lo menos 1,3 mil millón de euros. La Iglesia Católica irlandesa se mostró dispuesta a pagar una cuarta parte de esa suma y el resto fue puesto por el gobierno irlandés. Medio año después, dos obispos de Dublín renuncian a sus cargos. Lo mismo hacen varios diáconos y sacerdotes luego de que una investigación demostrara que hubo más de 300 casos de abuso sexual contra niños.
Con respecto a Canadá, en 2008 la Iglesia Católica reconoce que el sacerdote Charles Sylvestre violó a 47 adolescentes, según su propia confesión pública. El papa Ratzinger se disculpa ante los pueblos originarios, ya que las niñas pertenecían a una escuela de esa religión para “reeducación” de los descendientes de antiguos habitantes. El gobierno canadiense paga 2000 millones de dólares a las víctimas y la Iglesia Católica participa con 79 millones.
En Australia, en 2008 se publica la investigación Mullighan, donde se denuncia el abuso sexual de centenares de menores de edad por parte de sacerdotes católicos. Fueron condenados 107 curas. Se cree que las cifras de las víctimas ascienden a miles. La Iglesia Católica se disculpó por los hechos. Ya en 2004, en Estados Unidos, fueron acusados 4400 sacerdotes por abuso sexual, número que en 2005 ascendió a 5000. La Iglesia Católica pagó, a raíz de esto, dos mil millones de dólares a las víctimas. El obispado de Los Angeles lo hizo por 600 millones de dólares. Todos estos hechos vergonzosos provocaron la renuncia del obispo de Boston, cardenal Bernard Law, acusado de proteger a los curas causantes de las violaciones. Sebastian Gehrmann, un sociólogo que estudia el problema, señala que esto ha provocado la bancarrota de varias diócesis de Estados Unidos, especialmente de la de Boston. Y que en 23 países existen denuncias de agresiones de clérigos hacia monjas, de niños sordomudos en Italia, menores de edad en Austria y niños en Polonia. Y agrega que la lista desgraciadamente es mucho más larga.
Luego de la denuncia ocurrida por los sucesos en el colegio Canisius, se originó en Alemania una ola de denuncias de ex alumnos de escuelas religiosas. Por las mismas, se hallan acusados de abuso de niños y adolescentes por lo menos 94 sacerdotes y laicos católicos. Tanto es así que se tiene en Alemania el temor de que se produzca un verdadero terremoto de denuncias, como ocurrió en Estados Unidos e Irlanda. El Spiegel se pregunta: “En esos dos países salieron a la luz diez mil casos de abusos sexuales. ¿Alemania alcanzará también esas cifras?”. En el Die Zeit, los autores del estudio señalan: “En enero de 2002 fue acusado el cura John Geoghan en Boston de haber abusado sexualmente de 130 niños durante sus treinta años de sacerdote. Pero no fueron los hechos que llevaron a la condena de ese cura a diez años de prisión los que levantaron la furia de la población contra la Iglesia Católica, sino que la jerarquía eclesiástica supiese muy bien de las fechorías del cura Geoghan pero, en vez de separar al cura de la comunidad, pagase a las familias cuyos niños habían sido abusados por él sumas importantes de dinero para que guardaran silencio, y trasladaran al autor de esos hechos criminales a otras comunidades católicas sin advertirles a éstas quién era el sacerdote que llegaba”. Una especie de método para “no levantar la perdiz”. Fue así que durante esos años, 4392 sacerdotes norteamericanos cometieron delitos por abuso de menores. Pero la Iglesia Católica norteamericana siguió con su táctica de pagar dinero a las víctimas y trasladar a los curas en vez de buscar soluciones por medio del estudio profundo del origen de esos delitos.
En las investigaciones que mencionamos se llega a la conlusión de que no hay acción más pérfida que la violación o el abuso sexual de menores. Y que todo esto no se soluciona con la condena de los autores de tales violaciones ni con el pago de indemnizaciones a las víctimas. Se anuncia que a partir del 22 de este mes la Conferencia de Obispos Católicos Alemanes se dedicará al tema de violaciones y abusos. Evidentemente se tendrá que ir al fondo de la cuestión. Y en eso está en claro que, quiérase o no, deberá comenzar el debate acerca del voto de castidad de los sacerdotes. Alemania misma tiene el ejemplo: los pastores de la Iglesia Evangélica luterana pueden casarse y tener hijos. Los sacerdotes católicos, no, deben ser “castos” desde que nacen hasta que mueren. Veamos pues entonces las estadísticas, comparemos. Los cristianos de la línea luterana no tienen ni por asomo los delitos que ensombrecen a la Iglesia Católica.
En primer lugar, las jerarquías católicas deberían recurrir a la experiencia del ser humano y a la ciencia. Hacer cursos con psicólogos, con médicos, sí, hasta con poetas, acerca de palabras como amor, cuerpo humano, hijos. Y de allí, al estudio de todos los complejos y hasta enfermedades mentales que se originan con las prohibiciones, llamados “pecados” por el catolicismo. Preguntarse desde cuándo y quién impuso lo de la llamada “castidad” y aquello de que sólo el hombre, como sacerdote, puede ser representante de Dios en la Tierra. No es así. La mujer es parte de la vida, fundamental, y no sólo está para rezar del lado de enfrente del altar sino para actuar y acompañar.
La Iglesia Católica –ya desde antes de la elección del alemán Ratzinger, como Papa– está en declinación. Se nota en el reducidísimo número de aspirantes a sacerdotes que se presentan por año y en el número de iglesias que van cerrando en sus ciudades, por falta de fieles y de sacerdotes. Pasan a ser museos, salones de exposiciones, restaurantes y hasta salones de baile.
Creemos que les ha llegado el momento, a quienes manejan esa inmensa corporación mundial religiosa, de pensar otras metas. No prometer paraísos en otras vidas sino llevar la verdadera religión de la bondad y la justicia aquí, en la Tierra. Seguir el camino de esos obispos Angelelli y De Nevares, a quienes conocí a fondo, y eran pura sinceridad y llevaban la palabra solidaridad en los labios y la cumplían todos los días a toda hora, igual que aquellos padres palotinos, aquel padre Mugica, y ese padre Antonio Puigjané, a quien visité tantas veces en la cárcel injusta, pero que siempre salía para extender la mano y marcar el surco.
Se hace necesaria una organización verdaderamente cristiana que ayude con la varita mágica de los comedores infantiles, con la creación de fuentes de trabajo, de procurar un techo digno para todas las familias. Juntar lo bueno del cristianismo con lo bueno del socialismo. No hay mejor paraíso que el que se puede crear en la propia Tierra y no dejarse llevar por fantasías que han ayudado a mantenerse en el poder a un sistema injusto, apoyado por las armas, las guerras y la explotación del hombre por el hombre. Y no continuar con todos esos pavos reales disfrazados que fueron a saludar a dictadores y dieron misas a los desaparecedores.
Esperemos que en los próximos concilios comience a debatirse en serio el verdadero rol de la Iglesia en la sociedad. Jesús actuó aquí, en la Tierra, e hizo saber sus enseñanzas a sus discípulos. Y por eso perdió la vida como tantos que siguieron sus verdaderas huellas por la verdadera paz eterna. Aquella que busca hacer desaparecer las violencias de una sociedad, siempre originadas en las injusticias sociales.