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12 noviembre 2010

Adèle Safi: El cuerpo de las mujeres como arma de guerra en el Congo


Adèle Safi


Adèle Safi: “La causa de la violencia extrema contra las mujeres en el Congo es la lucha internacional por la explotación de los recursos"

“Por la paz y la desmilitarización de de la republica democrática del Congo. No a las Violencias sexuales contra las mujeres” es el título del acto público que se realizó ayer en Barcelona, en el Centro de Mujeres Francesca Bonnemaison, en el que hablaron, Adèle Safi Kagarabi, integrante de la Marcha Mundial de las Mujeres, y presidenta de la Comisión de lucha contra las violencias sexuales al Congo, Aminetou Mind Mohamed, de la Unión de Mujeres Saharauis, y María Jesús Pinto, de Entredobles. Las tres fueron participantes activas de la Acción internacional de la Marcha Mundial de Mujeres que tuvo lugar en Bukavu, del 13 al 17 de octubre.

Adèle Safi insistió en este acto, así como también lo había hecho en la rueda de prensa que se realizó por la mañana en el Centro Internacional de Prensa de Barcelona en denunciar la grave situación de las mujeres en el Congo, en el que sigue siendo habitual usar el cuerpo de las mujeres como arma y como botín de guerra, y volvió a insistir sobre la necesidad de una efectiva acción internacional que tenga en cuenta a las organizaciones de mujeres como promotoras de las acciones, y que acabe con el intervencionismo militar y burocrático internacional que sólo está sirviendo para agravar la situación y para justificar la falta de reacción del gobierno.

Por su parte, Aminetou Mind, valoró muy positivamente la colaboración de su organización en la Marcha Mundial de las Mujeres que tuvo lugar en Bukavu, al sur de la provincia de Kivu, “nuestra participación activa nos ha permitido integrarnos en un movimiento internacional que está en primera línea de acción en la lucha por la mejora de la situación de las mujeres africanas, en concreto, y de las mujeres de todo le mundo”.

Como era lógico, Aminetou, por su cargo y por haber nacido en El Aiún, dedicó parte de su intervención a explicar la insoportable situación de los hombres y mujeres saharauis en su tierra natal, Aium, y en los campamentos refugiados: “Al igual que las compañeras del Congo”, explicaba, “necesitamos una acción internacional, y en concreto española, mucho más eficaz y rigurosa, para que de una vez por todas se solucione la injusta e intolerable situación de nuestro pueblo en su propia tierra. La miseria, la pobreza, la continua discriminación y la falta de horizontes de toda la juventud saharaui es algo que se ha ido agravando día a día, y que tenía que explotar de una forma u otra. Ahora lo urgente es conseguir una resolución pacífica del conflicto que tan caro está costando a mis compatriotas, y avanzar decididamente en su solución”


Foto: AFP


El cuerpo de las mujeres como arma de guerra

Para entender por qué el cuerpo de las mujeres sigue siendo en el Congo “un arma de guerra para humillar, deshonrar y desmoralizar al enemigo” y averiguar el por qué tanto los paramilitares, el mismo ejército y grupos de la oposición violan, torturan y asesinan a mujeres en la más completa impunidad, según Safi, hay que tener en cuenta varios factores.

“Las mujeres, normalmente son líderes de sus comunidades y la columna vertebral de la economía familiar, pero a la vez son también el eslabón más débil y desamparado. Los actos contra las mujeres son una clara política de extorsión al pueblo, tanto para mantener el miedo, como el terror y la disgregación de las comunidades".

Para Safi, las causas reales de estas acciones bárbaras contra el colectivo femenino, hay que buscarlas en la explotación por parte de grandes multinacionales extranjeras de las riquezas minerales del país, como el oro, el petróleo o el coltán -mineral imprescindible en la telefonía móvil- que extraen grandes empresas con la ayuda y connivencia con algunos poderosos congoleños, que también se enriquecen a costa de la sobreexplotación del trabajo del pueblo, tanto de las mujeres como de los hombres, y según la presidenta de la lucha contra las violencias sexuales, los paramilitares y sicarios contratados actúan impunemente, "burlándose de la teórica vigilancia de los representantes de organizaciones internacionales, que se pasean por los poblados en grandes coches acompañados de su burocracia".

Con emoción contenida y casi sin poder terminar su explicación, Safi, como mujer testigo directo de tantas y tantas tropelías, comentó que en algunos poblados durante el día todo parece tranquilo y como si no pasara nada, pero tan pronto como empieza a oscurecer, las mujeres tienen tanto miedo que duermen en las copas de los árboles porque saben que "de noche las brigadas arrasan las casas, se llevan todo lo que encuentran y las violan a ellas y a sus hijas.

Y hay que remarcar que además hacen uso de una brutalidad y una crueldad desmedida. No sólo las violan y torturan grupos de 10 a 20 hombres, sino que en la mayoría de los casos las mutilan para siempre, introduciendo dentro de ellas todo tipo de objetos punzantes, herramientas… Destrozan su cuerpo, la vagina y órganos interiores... Algunas mueren desangradas, otras, las que sobreviven, nunca podrán tener hijos ni relaciones... y seguramente se tendrán que esconder para proteger sus familias, o porque saben que es posible que no sean aceptadas en su comunidad".

Safi dio cifras estremecedoras de los últimos meses. En los hospitales de su zona se ha contabilizado que actualmente hay unas 25.000 mujeres que han sufrido violencia sexual grave. Diariamente, unas 14 mujeres son víctimas de esta violencia. Se intenta proteger a unas 72 niñas menores de 14 años, embarazadas, que han sufrido violaciones y agresiones terribles.

En esta convocatoria para denunciar las violencias sexuales contra las mujeres en este país africano, también se explicó la Acción internacional de la Marcha Mundial de Mujeres que tuvo lugar en Bukavu, del 13 al 17 de octubre, y en la que participaron una delegación catalana formada por María Jesús Pinto , de Entrepueblos y Aminetou Mind Mohamed, de la Unión de Mujeres Saharauis, y avanzaron el contenido del acto público que se hacía por la tarde en el Centro de Cultura de Mujeres Francesca Bonnemaison.




Las mujeres congoleñas demuestran una fuerza enorme

Sobre la acción feminista de la Marcha Mundial de Mujeres, Pinto, que presentó un vídeo sobre Bukavu, destacó que pese a la situación descrita antes hay que tener esperanza "porque las mujeres congoleñas son muy fuertes, muy poderosas, y se están fortaleciendo cada vez más, como demostró el hecho de que más de 1.000 mujeres provenientes de 42 países se reunieran en Bukavu, y después emprendieran una marcha de más de 3 horas.

En el encuentro internacional se planteó la situación de las mujeres de la Región de los Grandes Lagos Africanos, y se llegó a acuerdos en torno a una Plataforma de demandas nacionales y, a la vez, establecieron formas de trabajo común para construir en un futuro una Coordinación Nacional de la MMM como un movimiento permanente.

Las mujeres de la Marcha Mundial, según Pinto, también quieren desmitificar el estereotipo "de que son las tensiones étnicas las que justifican los conflictos armados, que oculta las causas económicas subyacentes, el control de los recursos minerales, de la biodiversidad de la región, y las ganancias de las industrias de armas y de las empresas de seguridad privadas ".

Por otra parte, en el encuentro también pusieron en cuestión la presencia de la Misión de las Naciones Unidas para la estabilización en RDC (MONUSCO) que, en 2010, cumple 10 años de presencia, y aunque los impactos son débilmente percibidos por la población. La MONUSCO representa además un coste per cápita con sus soldados que es más de 400 veces superior al PIB per cápita de RDC.

En este escenario, la III Acción de la Marcha Mundial de Mujeres ha dado apoyo a las mujeres del Congo para que sus demandas sean escuchadas exigiendo que los responsables de las agresiones sexuales y de la utilización de los cuerpos de las mujeres como arma de guerra sean castigados.

Además, piden que los recursos naturales beneficien prioritariamente el pueblo congoleño y para que la R. D. Congo conozca una paz duradera que empiece por la desmilitarización del país y la retirada progresiva de personal armado.

Julia López

Fuente: AmecoPress


22 setiembre 2010

Ángela Davis sigue en la brecha y huye de ser una leyenda




"Las mujeres han luchado contra la violencia doméstica y sexual, han logrado leyes a nivel nacional importantes, pero pese a ello estas violencias no han disminuido, son una pandemia en el mundo entero", afirmó, en conferencia de prensa, Ángela Davis, la veterana luchadora estadounidense de los derechos de los afroamericanos, quien visitó Bogotá del 13 al 17 de septiembre.

Ya no luce su peinado "afro", que la hizo tan reconocible, pero sí mantiene su ensortijada melena, que se bambolea a su paso decidido, o cuando acentúa con su cabeza sus afirmaciones contra el sistema carcelario, el racismo o el machismo.

Su sonrisa y facilidad de palabra siguen acompañado sus conferencias, tanto en la Universidad de California, donde es profesora de filosofía, como en las charlas que brinda en el exterior, como las que ofreció en la Universidad Nacional de Colombia, por invitación de la Escuela de Estudios de Género de esta institución.

La líder de los años sesenta en la lucha contra el racismo en Estados Unidos, alumna del filósofo Herbert Marcuse, miembro del Partido Comunista, de las Panteras Negras y perseguida por el FBI en aquellos años, hoy sigue activa lo mismo en la cátedra que en las luchas civiles.

Mujeres y feminismos

El feminismo se ha percibido como un movimiento de las mujeres blancas. Pero Davis, en su libro Women, race and class (Mujeres, raza y clase, 1981) sostiene que éste tiene sus raíces en las luchas de las mujeres de la clase trabajadora y afro-americana, y no sólo en las de la clase media y blancas.

"En los procesos de llevar la industrialización del Norte al Sur, las mujeres son las trabajadoras de la línea de ensamble global. Así que no podemos visualizar un futuro de igualdad de género o de razas, sin una lucha contra el capitalismo", aseguró Davis a sus 66 años de edad.

Ella prefiere hablar más del contexto feminista, que del movimiento feminista. De hecho, se refiere a éste como una aproximación estratégica. "Independientemente de que una mujer o un hombre se reconozcan como feministas, lo importante es que actúen desde una perspectiva feminista; es decir, que generen estrategias para abocar diferentes luchas y reúnan mucha gente", explicó Davis.

"Una contribución del ’Black Feminism’ fue pensar conjuntamente sobre temas que antes se pensaban separados. Hay que juntar luchas. Por ejemplo, las de los indígenas con las de los afro-descendientes. Eso es una estrategia feminista", acotó la activista y docente.

El racismo está vigente

Según el punto de vista de Davis, el racismo se ha transformado, pero no ha desaparecido, pese a que la presidencia de Estados Unidos esté en manos de un afroamericano.

"Es que pensamos que ya hicimos la tarea de llevar a (Barack) Obama a la presidencia y nos volcamos a la vida cotidiana, cuando ahora es el momento en que más debemos actuar para hacer presión por cosas como el retiro total de las tropas estadounidenses en Afganistán", afirmó categórica la activista.

Para Davis, el racismo está profundamente arraigado en las diferentes esferas sociales. Un ejemplo de ello, dice, es que la mayoría de la población estudiantil es blanca, mientras que la mayor parte de la carcelaria es negra.

"El racismo primero se manifiesta en las actitudes de las personas, pero más profundamente está inserto en las estructuras económicas, sociales y políticas. Por eso necesitamos un movimiento fuerte que luche por salud y educación gratuita para todos, áreas donde el racismo es fuerte", propuso Davis.

Por la abolición de las cárceles

Iniciando la década de los setenta, Davis se interesó en el mejoramiento de las condiciones de los prisioneros, lo que la llevó a ser involucrada en el asesinato de Los Hermanos de La Soledad. Como se recordará, en 1973, Nolen, un afroamericano miembro de las Panteras Negras, y otros dos prisioneros fueron asesinados por un guardia de la cárcel La Soledad, en Estados Unidos.

Posteriormente, George Jackson, amigo y copartidario de Nolen, fue muerto por un carcelero en la prisión San Quintín. Según la versión oficial, Jackson intentaba fugarse y tenía una pistola. Davis fue acusada de introducir dicha arma al centro de reclusión, fue puesta en la lista "de los más buscados" del FBI, luego arrestada y más tarde exonerada de cargos.

Estos hechos despertaron en ella el cuestionamiento del sistema carcelario, que desde hace una década buscaba eliminar mediante el movimiento abolicionista. "Le apuntamos a pensar no en cómo castigar la violencia, sino en cómo terminar con el sistema que produce violencia", puntualizó Davis.

Su participación en los movimientos sociales y su defensa de los derechos civiles fue reconocida en 2006, cuando recibió el premio Thomas Merton, un galardón otorgado a las personas que contribuyen con la paz.

Ángela Castellanos Aranguren

Fuente: AmecoPress


22 mayo 2010

Un siglo de feminismo




Mujeres de más de treinta países participan desde el jueves en el encuentro, que conmemora el congreso realizado en 1910. Aborto, violencia de género, trata y sexismo, los temas principales.

Con la presencia de más de cuatrocientas mujeres, se realiza desde el jueves en la ciudad de Buenos Aires el II Congreso Feminista Internacional. La participación política femenina, la lucha por la despenalización del aborto y una maternidad elegida, la violencia de género, la trata, el sexismo en los programas de televisión y en la publicidad son algunos de los ejes que se discuten en las numerosas mesas que empezaron a desarrollarse el jueves. El encuentro finaliza mañana. El objetivo de la convocatoria –que cuenta con expositoras de más de treinta países de los cinco continentes– es realizar un balance del último siglo en relación con los avances y retrocesos que experimentó la situación de las mujeres en la Argentina y en el mundo y a la vez mirar hacia el futuro, explicó Marysa Navarro, historiadora española, investigadora de la Universidad de Harvard y autora de lo que muchos consideran la mejor biografía de Evita, publicada por primera vez en 1972. En tren de evaluar el lugar del feminismo en la actualidad –ella prefiere hablar en singular y no de feminismos–, no duda: “Su impacto mundial en el último siglo, sobre todo a partir de los años ’70, ha sido enorme, y a pesar de las resistencias sigue adelante. ¿Qué queda de los procesos revolucionarios del siglo XX? Sólo el feminismo”, consideró Navarro en diálogo con Página/12.

Navarro ha sido una de las impulsoras del II Congreso. “Mi amor por la Argentina es intelectual”, dice esta mujer de cabellos blancos y una extensa trayectoria, que viene al menos una vez al año al país. Recuerda que uno de sus primeros trabajos vinculados con la Argentina lo hizo mientras estudiaba en la Universidad de Columbia y fue sobre La representación de los hacendados, un informe económico preparado por Mariano Moreno en 1809, que describía la situación económica del Virreinato del Río de la Plata. Después vendría su inmersión en el feminismo.El encuentro feminista se enmarca en la conmemoración del centenario del Primer Congreso Femenino Internacional de la República Argentina, que tuvo lugar en 1910 y del Bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810, “precursora de nuestra independencia nacional, y de las luchas anticolonialistas en América latina y el mundo”, señala la historiadora Graciela Tejero Coni, integrante de la comisión organizadora. Académicas, investigadoras, activistas por los derechos de las mujeres, de distintas provincias, del resto de Latinoamérica y de países tan diversos como Camerún, China, Estados Unidos, Australia, Finlandia y Filipinas, se cuentan entre las participantes.

Por la mañana las mesas se llevan adelante en la sede de la Universidad Kennedy, y por la tarde, en el Hotel Bauen, se desarrollan relatorías de experiencias de lucha colectiva y foros de debate abierto. El rol de las mujeres en la supervivencia de los sectores sociales marginales, la resistencia frente a las políticas neoliberales, los Encuentros Nacionales de Mujeres en la Argentina, las producciones artísticas de las mujeres, las mujeres frente al discurso de los hombres de la Iglesia, educación y género, relaciones de género en familias ensambladas, lesbianismo, anticoncepción y aborto, son algunos de los múltiples temas que se debaten. Entre las casi doscientas expositoras, figuran las psicoanalistas Mabel Burín, Irene Meler e Irene Friedman, la coordinadora de Católicas por el Derecho a Decidir, Marta Alanís; la legisladora porteña y ex titular del Inadi, María José Lubertino; la antropóloga Mónica Tarducci; la profesora de Filosofía de la Universidad Nacional del Cuyo y activista por los derechos humanos de Mendoza Alejandra Ciriza.

Un espacio destacado ocupan las manifestaciones artísticas. Hay muestras plásticas, de fotografías y obras de teatro. En las exposiciones, que se pueden disfrutar en los pasillos del Bauen, se entremezcla pasado y presente. La artista Diana Dowek fue invitada con su muestra Un día en la vida de María Rosario, una mujer trabajadora, una serie de fotos intervenidas con pinturas, que reflejan la realidad de una operaria y delegada de la empresa norteamericana Kraft, ex Terrabusi, a quien conoció un par de años atrás. María Rosario fue una de las despedidas durante el conflicto gremial de 2009. “Ella estuvo ausente de la Historia del Arte Argentino. La mujer siempre fue representada como ‘objeto del deseo’, como prostituta o como madre, en general no como trabajadora. Y yo quisiera rescatarla en toda su dimensión, porque las Marías Rosario son hoy el centro de la escena de todas las luchas en nuestro país”, dice Dowek, cuya exposición pasó en 2008 por el Centro Cultural Borges. También hay una muestra fotográfica dedicada a Cecilia Grierson, primera médica argentina, fundadora de la primera escuela de enfermería de la Argentina y una de las organizadoras del I Congreso Femenino de 1910, junto con otras pioneras de principios del siglo pasado (ver aparte).

Hoy a partir de las 17 se anunciarán las reflexiones finales del II Congreso en un cabildo abierto convocado bajo el lema “Las mujeres saben de qué se trata”. Al finalizar, como cierre, desde las 18, habrá fiesta y marcha callejera.

Mariana Carbajal

Fuente: Página 12


24 noviembre 2009

España: Aún queda camino por recorrer





La decisión de dedicar el 25 de noviembre a la lucha contra la violencia de género se produjo en el año 1981 en el Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica celebrado en Bogotá. Se eligió esta fecha para que coincidiese con la conmemoración del asesinato de las hermanas Mirabal, tres activistas asesinadas por la policía secreta del dictador Trujillo en el año 60 en la República Dominicana.

Por primera vez en ese encuentro se denunciaron todas las agresiones que pueden enmarcarse en el ámbito de la violencia de género: malos tratos y asesinatos en el hogar, violaciones, acoso sexual, y también las torturas y abusos sufridos por las presas políticas.

A día de hoy se incluye también la prostitución dentro de las agresiones de violencia de género que según el Artículo 1 de la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer de Naciones Unidas, “Es todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o privada”.

Cuando está a punto de cumplirse el quinto aniversario de la puesta en marcha de la Ley Integral de Medidas Urgentes contra la Violencia de Género todavía sigue vigente un estereotipo femenino que se resiste a ser erradicado, la difusión de una imagen de la mujer en la que ésta es objeto de dependencia e incluso de sumisión, imagen que llega con facilidad a adolescentes en pleno proceso de formación de personalidad y a la que nos son ajenos los medios de comunicación que juegan un papel protagonista en el tratamiento de las noticias, la prevención y la sensibilización de la sociedad, campos en los que adelantan a los medios tradicionales de socialización que eran hasta hace unos años, la familia, la escuela y la iglesia.

Es conveniente recalcar la importancia que tiene la educación en la prevención de todo tipo de violencia. Hay que educar en igualdad para potenciar entre los adolescentes una identidad individual no sexista ni violenta que les permita adquirir habilidades con las que identificar y afrontar este tipo de situaciones porque la violencia de género no es un problema ni “de las mujeres” ni “del ámbito familiar” sino del enraizamiento en nuestra cultura de la necesidad ejercer un control absoluto sobre sus parejas que algunos hombres tienen. Incluir a los hombres en las estrategias de preventivas se traduce en un compromiso activo de colaboración, tanto individualmente como grupo social, en esta lucha.

La perspectiva hay que asentarla en la necesidad de cambio en las relaciones de género; la relación entre hombres y mujeres tiene que ser igualitaria, respetuosa y que genere el diálogo como método para resolver conflictos.

En palabras de Encarnación Orozco, delegada especial del Gobierno contra la Violencia sobre la Mujer “La violencia contra las mujeres viene avalada por un patrón discriminatorio que “sitúa a las mujeres en una subordinación a los varones con el que éste se siente con capacidad de controlar y de ejercer un poder de decisión sobre la mujer que merma toda su libertad y capacidad de autonomía, con lo que conlleva de indignidad.

Son evidentes los avances que estos últimos años se han producido gracias al desarrollo de la Ley Integral pero no es menos cierto que aún queda mucho camino por recorrer.

Pilar Rego

Fuente: AmecoPress


31 octubre 2009

Jane Beatriz Petrolino y la influencia de las mujeres en el MST de Brasil



Foto: Maria Pessah


El Movimiento Sin Tierra (MST) no sólo sigue aumentando y resistiendo, sino que tiene un reclamo interno de mayor lugar para las mujeres. Por ejemplo, en algunos campamentos ya no se permite vivir a ningún hombre que le pegue a su compañera, y ellas crearon fórmulas de cuidado de los hijos/as y de cocina colectivos. Una dirigente del MST explica el crecimiento feminista dentro de la toma de tierras.

Hace un año que Jane Beatriz Petrolino ve surgir de la tierra de San Gabriel, en Rio Grande Do Sul, en donde no había nada ni nadie –de la tierra deshojada de gente y de alimentos– maíz, mandioca, porotos, batatas y todo tipo de hortalizas, en una diversidad que se opone al monocultivo imperante en la cultura del desmonte y de la entronización de la soja. Hace un año que Jane las planta y las cosecha. Las come y las saborea como un triunfo no sólo de la naturaleza desquitada de fertilizantes y químicos, sino también de la idea de que la tierra es de quien la produce. Jane es parte del Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil. Y sabe cómo es que sus manos queden negras, cómo compartir con sus hijos –-tres varones de 25, 22 y 12 años– la comida que ella misma cosechó y usar el tiempo del fin de semana para ordeñar vacas y cortar la maleza. Pero también sabe pensar estrategias para que los y las que no tengan tierra la tengan y sabe ocupar con el cuerpo las tierras desocupadas como organizadora de masas del MST. Pero Jane no sólo sabe. También aprendió. “Sem feminismo nâo há socialismo”, dice la remera con la que recorre las calles de Tucumán, a donde fue invitada por “Feministas inconvenientes” para también reproducir –como el maíz y la mandioca– su experiencia en el 24º Encuentro de Mujeres, que se realizó del 10 al 12 de octubre, en el norte del país.

Hace 44 años que nació Jane, hace seis que acampa bajo la loma negra de la tierra y hace uno que la tierra –las 17 hectáreas que ocupan 225 familias y 320 chicos y chicas en edad escolar– es de ellos y ellas. Ellos y ellas son un pedacito de revolución que va de la alimentación a la economía, y de la economía a la equidad de género que, sólo en Rio Grande Do Sul, agrupa a 14 mil familias que, como en todo verdadero cambio, cambia la vida cotidiana. “Es muy gratificante porque producimos sin veneno, comemos con salud y somos independientes del mercado. Sobrevivimos del propio trabajo, comemos y vendemos el excedente para comprar lo que no producimos, sin patrón y sin señor ni señora”, reivindica la dirigente.

–En la Argentina hubo una protesta encabezada por un sector a los que los medios tildaron de “el campo”, en donde se confundían los peones con los estancieros. ¿Ustedes cómo identifican su arraigo con la tierra y sus diferencias con los dueños de las tierras?

–Nuestros mayores enemigos son los grandes latifundistas y la burguesía rural que no se preocupa por producir alimentos para terminar con el hambre, sino de la superexplotación de los trabajadores rurales. Cuando los grandes dueños de los campos hablan de reforma agraria hablan de monocultivo, y a los trabajadores sin tierra nos quieren dar créditos direccionados para poder comprar solamente semillas transgénicas. Por eso, nuestra lucha es contra la burguesía agraria.

–El crecimiento del MST siempre generó resistencias. ¿Cómo es la situación actual?

–En Rio Grande Do Sul antes gobernaba el Partido de los Trabajadores (PT) y ahora el Partido de la Social Democracia Brasileña (de centroderecha) y hay mucha represión judicial y policial porque quieren disolver al MST en nuestro estado. Tienen un sistema de represión con la ideología de la tolerancia cero y ya nos cerraron una escuela itinerante. Igualmente, nosotros/as seguimos adelante.

–¿Cómo crecieron las reivindicaciones de las mujeres dentro del MST?

–Aun en un movimiento social como el nuestro cuesta mucho hablar de temas polémicos como violencia doméstica y aborto. Se realizan muchos abortos, pero las trabas se dan porque no hay mucha apertura. Sin embargo, de a poco se está consiguiendo que las mujeres participemos más y, especialmente, que podamos tomar más decisiones. Durante los 25 años del MST éramos un 50 por ciento las integrantes de los campamentos, pero sólo ocupábamos lugares decorativos.

–¿Hay dirigentes varones que dentro del movimiento se resisten al crecimiento de las mujeres?

–Sí. Hay una tensión permanente porque, históricamente, los que querían manejar todo fueron los hombres, pero ahora nos están empezando a respetar. Nosotras defendemos la reforma agraria, la educación, la salud y un mayor nivel de socialismo, pero nuestro nuevo lema es que “sin feminismo no hay socialismo”.

–¿Cuáles son los logros concretos del feminismo sin tierra?

–Creamos un círculo de niños para que las madres puedan trabajar mientras sus hijos/as son cuidados, y generamos una forma de organización en la que se cocina para todos/as, que ayuda a que las mujeres terminen su tarea y no tengan la carga de cocinar para su familia. Queremos participar, pero también que las mujeres vayan ocupando cada vez más espacio. Y queremos conducir y avanzar más en nuestros derechos.

–¿Tuvieron que generar un espacio de género para pelear por los derechos de las mujeres?

–Sí. Cuando nos reunimos llamamos a nuestros encuentros “reuniones de brujas”, porque pensamos y compartimos acciones públicas para concretar nuestros derechos.

–¿Cómo manejan la violencia de género dentro de los campamentos?

–Nos preocupa mucho el tema de la violencia dentro de los movimientos y organizaciones. Las leyes que hay no alcanzan porque si la mujer va a hacer una denuncia, cuando vuelve a su casa, le pegan de vuelta. Por eso, hay campamentos en donde ya se decidió que no se admite la violencia contra las mujeres, y los varones golpeadores son expulsados.

Luciana Peker

Fuente: Página 12


17 octubre 2009

Emprendedoras en red





Entre el 8 y el 10 de octubre se desarrolló en Praga la 12ª Conferencia de Mujeres Profesionales y Ejecutivas, donde 600 mujeres se reunieron para debatir las problemáticas propias del género a la hora de ocupar cargos de decisión en las empresas. Uno de los temas predominantes fue el de la tecnología como elemento emancipador en las sociedades en desarrollo y la todavía escasa valoración de las mujeres en ámbitos ejecutivos. Las redes sociales virtuales de mujeres, las redes y asociaciones web profesionales y las iniciativas comunitarias fueron parte de los debates.

Paula Carri

En el sitio del evento Win Conference (http://www.winconference.net) –si no se sabe inglés hay que valerse de un traductor online–, puede leerse acerca de las recientes actividades, sobre quienes crearon la iniciativa y hay también un apartado de Comunidad, donde hay diferentes iniciativas creadas por sus integrantes bajo el lema de “juntas, el impacto es más fuerte”. ¿Qué motiva, podría una preguntarse, a estas mujeres que, supuestamente ya han alcanzado la cima en sus carreras profesionales, a agruparse? Precisamente, el hecho de reconocer que aun en cargos de decisión, la “cuestión de género” tiene asignaturas pendientes no sólo en el número de mujeres que acceden a esos puestos sino en la calidad de sus condiciones laborales, de sus posibilidades de cambiar el entorno laboral de otras mujeres para que no les resulte tan dificultoso llegar a niveles gerenciales y sobre todo, para crear conciencia de género en aquellos sectores masivos donde el machismo y la mujer como trabajadora en inferioridad de condiciones siguen siendo una realidad. En ese sentido, en esta parte del mundo también empiezan los ecos con respecto a agruparse y compartir experiencias. El 27 de octubre en Buenos Aires se realizará el Primer Encuentro Anual de Mujeres Emprendedoras (http://www.menuemprendedor.com.ar) donde algunas de las mujeres creadoras de marcas y proyectos profesionales responderán a las preguntas: ¿Cómo son? ¿Qué piensan? ¿Cómo llegaron a la cima?

También en Buenos Aires, pero el 5 de diciembre, se reunirán las que deciden y contribuyen al tema del Software Libre (http://www.viallibre.org.ar). Sobre el evento se puede adelantar que habrá charlas técnicas pero también otras que encaren el tema del SL a nivel social y sus implicancias y significaciones. El evento será libre, gratuito y abierto a todo público sin distinción de género, pero tendrá la particularidad de contar sólo con panelistas mujeres. Bea Busaniche y la doctora María Elena Casañas son dos de las que organizan esta interesante iniciativa.

Tal como en la reciente reunión de Praga y en las que acabamos de enumerar, los varones pueden dar el presente pero siempre las exposiciones y debates quedan en manos de las mujeres que eligen este tipo de eventos para visibilizar labores y condiciones que no siempre son tenidas en cuenta.

En ese sentido, es interesante atender a la pregunta que se hacen en el blog El cuerpo de la mujer –en italiano– (http://www.ilcorpodelledonne.net): ¿De qué sirve reflexionar acerca de que no está solucionada la “cuestión de género” si, por otra parte, en la civilizada tv –e Internet, podríamos agregar– se confunde a las mujeres con objetos? ¿Si social y educacionalmente hay discriminación y menores oportunidades a nivel educacional y laboral? Pero, por algo se empieza, podría agregarse.

Fuente: Página 12

28 mayo 2009

Hacia un periodismo con perspectiva de género





Ponencia preparada para el seminario Mujer y lenguaje en el periodismo en español, organizado por la Fundación del Español Urgente en San Millán de la Cogolla, España, del 6 al 8 de mayo de 2009

Atenea Acevedo

El título del seminario que nos convoca, Mujer y lenguaje en el periodismo en español, evoca al menos tres grandes temas: la polémica aún vigente sobre el uso de un lenguaje incluyente en los medios, la representación simbólica de lo femenino en el ámbito público (aquello que «es o se convierte en noticia») y el papel de las mujeres en el periodismo hispano de hoy. A lo largo de esta ponencia pretendo puntualizar aspectos clave para el análisis de la situación general de las mujeres dentro de los medios de comunicación masiva y para la problematización del periodismo como una actividad capaz de contribuir al desarrollo de sociedades más democráticas y equitativas.

La gran paradoja de la presencia femenina en los medios de comunicación

Si contáramos la cantidad de veces que se aprecia un rostro, una figura o una voz femenina en los medios en un solo día acabaríamos por dar la razón a quienes califican de obsesión trasnochada el reclamo por visibilizar a las mujeres fuera del espacio de lo privado. Si bien un número nada despreciable de mujeres ha conseguido abrirse paso, por lo general a empellones, en el mundo de la locución, la conducción de noticiarios, el análisis político, la presentación de comentarios deportivos o el entramado de la producción, los medios de comunicación no han dejado de constituir uno de los ámbitos donde la desigualdad, literalmente, salta a la vista.

La publicidad es, por mucho, el entorno en el que se evidencia sin ambages una presencia femenina complaciente con el machismo más rancio, al menos en dos sentidos. Primero, el cuerpo y el rostro femeninos, siempre y cuando cumplan con una serie de requisitos que muchas hemos aprendido de memoria y tendemos a vivir como carencias, sirven para vender toda clase de bienes, servicios y fantasías... y, a veces, las tres cosas en un solo anuncio cuya producción suele costar una fortuna. Segundo, la publicidad perpetra y perpetúa constantemente anacronismos sexistas: en la publicidad los niños se ensucian, nunca las niñas; el status y el éxito masculino (es decir, el atractivo) depende de las posesiones materiales, y las mujeres tienen más orgasmos cuando cambian un pañal, friegan el piso o lavan un plato que en su vida íntima. La figura simbólica de la mujer actúa así como estereotipo, portavoz de un discurso ajeno para transmitir un mensaje de desigualdad presuntamente naturalizada o, al menos, institucionalizada.

Más allá de la publicidad, en los medios dominantes (ya sea radio, televisión, periódicos o revistas, y sus equivalentes en Internet) es común que las mujeres sean objeto de discriminación, sensacionalismo o culpabilización a partir del lugar que ocupan en un complejo entramado de clases y jerarquías sociales. La mayoría, conformada por mujeres pobres, indígenas, obreras, poseedoras de un trabajo no remunerado o empleadas de diversos rangos que engrosan las filas de la clase media, difícilmente cumplirá los requisitos para ser noticia. Por otra parte, en cuanto una mujer destaca en un cargo público o dirige una empresa, los medios enfatizan su historia personal, real o inventada, para descalificar, poner en tela de juicio o minimizar su éxito, y las entrevistas insisten en descifrar el eterno dilema: ¿cómo logra conciliar las exigencias de su vida pública con su papel de madre o esposa? Cabe preguntarse por qué a ningún periodista se le ocurre formularle esta pregunta a un hombre público. ¿Será que el imaginario colectivo sabe de sobra que los varones gozan de infraestructura para tener las nimiedades de la vida resueltas? ¿O es que suponemos que cuando una mujer sale del espacio privado, ámbito femenino por antonomasia, además de amenazar la estabilidad y el bienestar social con su negligencia doméstica y afán de protagonismo, debe pagar el precio y exponer su intimidad en vitrina?

A lo largo de varias décadas los medios dominantes también han sesgado el mensaje del movimiento feminista y han influido en la mala fama del feminismo como falso opuesto del machismo. En tiempos recientes el objetivo de la cacería de brujas es el uso de la palabra «género» como categoría social de la diferencia sexual. Hoy, la persecución consiste en tachar de corrección política (sinónimo de hipocresía en nuestro diccionario posmoderno) cualquier argumento explicativo del significado de la noción «género» y se rechaza, a priori, cualquier propuesta de lenguaje carente de tintes sexistas.

Demasiada tinta se ha perdido en chistes fáciles y laboriosos cuestionamientos por igual que pretenden (y muchas veces consiguen) echar por tierra un debate capaz de ser fructífero y motivarnos a reflexionar sobre el porqué de nuestros decires. Hoy se dedican páginas enteras a discutir si la palabra «presidenta» rasguña la semántica, en tanto las mismas personas que dicen defender una lengua a la que, contra viento y marea, quisieran preservar inmaculada, nunca antes cuestionaron el uso de palabras como «sirvienta» o «asistenta». Hoy se dedican horas a discutir si la noción «violencia de género» es lingüísticamente correcta (y lo es en tanto se refiere a actos de agresión verbal, física, psicológica o sexual cometidos en la esfera doméstica o pública, ya sea por un hombre o una mujer, en contra de otra persona, también varón o mujer, so pretexto de que no cumple con las expectativas socioculturales adjudicadas a su sexo biológico), mientras miles de seres humanos la padecen en todos los rincones del planeta. Las grandes plumas publican diatribas centradas en el poco afortunado desdoblamiento o duplicación de sustantivos como estrategia para evitar el masculino genérico, pero ni siquiera mencionan la multiplicidad de recursos viables que plantean otras propuestas. Se dice que queremos cambiar la realidad a partir del lenguaje, no que creemos en la necesidad de nombrar nuevas dinámicas sociales, y nuestros críticos se pierden en polémicas bizantinas en lugar de colaborar con el cambio social desde todas las trincheras, incluida la de la palabra. Aportar al genuino debate requiere de reconocer el valor de conceptos que delimitan un objeto de estudio y nos permiten avanzar en la reflexión de temas fundamentales para el bienestar de todas las personas. No sorprende que aquello que antaño se consideraba chismerío, aquelarre y escasa capacidad de articulación de las mujeres, y fuera motivo de mofa entre la mayoría de los hombres, sea hoy el motor de la descalificación automática y gratuita. Es que, para decirlo sin eufemismos, resulta más políticamente correcto intelectualizar el machismo que reconocerlo en el espejo.

Periodistas: promover una profesión equitativa y articuladora del cambio

En este contexto, el periodismo ofrece una ventana privilegiada, mas no fácil, desde la cual propiciar un análisis conducente a relaciones sociales plurales y horizontales. La atención de los medios a la discriminación de género como un tema enmarcado en los derechos civiles es muy reciente, pero ocupa un lugar fundamental en la percepción de mujeres y hombres como seres humanos completos, libres de dicotomías represoras.

Quisiera dedicar unos minutos a poner sobre la mesa algunos de los problemas no resueltos que empañan el potencial del periodismo como esa plataforma privilegiada para la comunicación a la que acabo de hacer referencia. El ejercicio de todas las profesiones aún pasa por el tamiz de los estereotipos de género, y el quehacer periodístico no es la excepción. El manual Instalar el equilibro: igualdad de género en el periodismo, editado por la Federación Internacional de Periodistas y la Unesco, revela un panorama sombrío al presentar la cara oscura del periodismo: los prejuicios que no se eliminan por decreto, el predominio masculino en la toma de decisiones y puestos de poder, la misoginia en los sindicatos. La lectura del manual aporta datos sumamente interesantes: en 2005, 57% de los presentadores de televisión en el mundo eran mujeres, pero únicamente 29% de las noticias estaban escritas por mujeres; solo 23% de las noticias consideradas «serias» fueron cubiertas o escritas por mujeres, mientras que más del 40% de las mujeres fueron asignadas para cubrir noticias «ligeras» (sociales, familia).

Además del sesgo en las oportunidades de desarrollo profesional y la desigualdad salarial, el hostigamiento sexual parece ser uno de los principales problemas que enfrentan las periodistas, situación que se agrava cuando incursionan en cotos netamente masculinos, como la cobertura de noticias en zonas de conflicto. El manual ofrece recomendaciones como las siguientes: «Las mujeres periodistas, incluidas las freelancers, deberían, en lo posible, tener la oportunidad de entrenarse en auto-defensa» o «Si alguien amenaza con abusar sexualmente de ti, defeca, orina, vomita sobre ti misma». También incluye una obviedad que se supondría innecesaria, como esta: «Las mujeres necesitan chalecos anti-bala pequeños y adecuados a su cuerpo, que puedan llevar cómodamente».

Queda claro, entonces, que en la profesión de periodista se reproducen los mismos esquemas machistas que en otras áreas de la vida laboral: se contratan rostros bonitos y voces agradables para «vender» y crear imágenes, y una mujer que transgrede los límites de lo que se considera femenino (por ejemplo, redactar y/o presentar notas sobre familia, «vida y estilo» o espectáculos) o representa una amenaza o rivalidad laboral inaceptable en un coto masculino corre el riesgo de ser blanco de diversas formas de hostigamiento o violencia psicológica o física a modo de castigo, muchas veces socialmente consentido («Ella se lo buscó»). Las periodistas, al igual que todas las mujeres que realizamos un trabajo remunerado, tienen que probar constantemente su capacidad y competencia, además de sortear obstáculos a los que tal vez un hombre nunca tenga que enfrentarse, empezando por la hostilidad de sus colegas.

Sería entonces ingenuo e injusto delegar la tarea del cambio al periodismo; pero tampoco haríamos bien en obviar su corresponsabilidad. En un mundo donde las imágenes y la tecnología pueden conjugarse para hacernos creer que cantidad equivale a calidad informativa, y donde los medios dominantes dependen de su rentabilidad, accionistas y anunciantes, es de esperar que las voces alternativas construyan sus propias redes. Así han nacido organizaciones multimedia, como Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC) en México y Artemisa Comunicación en la Argentina, centros dedicados al periodismo con enfoque de género para visibilizar y transformar en noticia temas de salud, desigualdad salarial, diversidad sexual, violencia, marginación, derechos sexuales y reproductivos, liderazgo femenino y de grupos minoritarios, todo ello permeado por el interés de motivar una reflexión que incluya a los hombres como entidades dinámicas para la redefinición social. Es deplorable vivir en un mundo en el que se hace necesario recurrir a redes de periodistas que representan una resistencia activa al discurso lineal que predomina en nuestras sociedades machistas, pero su inexistencia ensombrecería aún más el horizonte. Es indudable que la equidad está todavía lejos y que la lingüística es una trinchera poco capaz de acercarnos a ese objetivo en lo inmediato, tanto como sería absurdo suponer que la mayor participación femenina en el mundo de las comunicaciones basta para garantizar una perspectiva de género. No son pocas las mujeres que, desde un lugar de poder, reproducen un discurso sexista que afecta a hombres y a mujeres. En todo caso, vivir de las palabras y hacer de ellas nuestra compañía cotidiana, como sucede en el oficio periodístico, implica reconocer en ellas uno de los muchos recursos del poder.

Fuente: http://my.opera.com/mujerypalabra/blog/2009/05/26/hacia-un-periodismo






04 mayo 2009

La reivindicación de los derechos de la mujer





Para cualquier amante de los libros es una auténtica bendición encontrarse con una autora como Dacia Maraini entre tanto best-seller, manual de autoayuda o memorias (y desmemorias) de dudoso pelaje que pululan por nuestras librerías. La escritora italiana pasó fugazmente por Barcelona el pasado 22 de abril con destino a Valencia en cuya Universidad se había organizado un seminario en torno a su obra. Una visita que, ante la abundancia de novedades editoriales publicadas con motivo del Día del libro, pasó casi desapercibida para los medios.

María Pilar Queralt del Hierro*

Me cupo el honor (y el placer) de presentar a Maraini en la conferencia que dictó en el Instituto Italiano de Barcelona a modo de presentación de su última obra Il treno dell’ultima notte, una espléndida novela, todavía sin traducción al castellano, que revisa la ocupación soviética en el Budapest de 1956 y donde se reivindica la memoria histórica como clave indispensable en la evolución de los pueblos.

Una escritora comprometida

Porque Dacia Maraini, además de una de las mejores plumas contemporáneas, es una mujer comprometida con su tiempo y con su género. Algo lógico dada su pertenencia a esa valiente generación femenina que, en los años 70, luchó por conseguir el reconocimiento de las mujeres como ciudadanas libres y de pleno derecho. Porque mientras en España la dictadura mantenía a la mujer en una situación más propia de un menor de edad que de un ser humano adulto, gran parte de sus congéneres europeas en sintonía con Simone de Beauvoir o Betty Friedan, consiguieron, contando sólo con la palabra y el gesto, la igualdad de salario en el desempeño de un mismo trabajo; dar mayores oportunidades a la mujer en la enseñanza y en el mundo laboral; que los métodos anticonceptivos circularan libremente y la despenalización del aborto; así como la implantación de guarderías gratuitas y públicas que permitieran compaginar la maternidad con la vida laboral.

¿Objetivo cumplido?

Unas reivindicaciones que hoy se dan por conseguidas y que, por tanto, convierten el feminismo en un concepto casi “demodée”. Sin embargo, no es así. Cierto que hay mujeres desempeñando cargos políticos, otras que dirigen empresas, una gran mayoría integrada de pleno en el ámbito laboral y que, por supuesto, la ley reconoce la total equiparación en derechos y deberes de hombre y mujer. Sin embargo, si nos detenemos a analizar la realidad, comprobaremos que los puestos de responsabilidad siguen copándolos los hombres; que la mujer trabajadora no lo tiene fácil para conciliar la vida familiar y la obligación laboral, que la violencia doméstica sigue siendo un tema pendiente, y que la explotación sexual es una lacra que amenaza a muchas mujeres sin recursos. Es más, un análisis objetivo de la sociedad del siglo XXI, evidenciará el empeño de ciertos sectores sociales por encasillar a la mujer en la condición de simple y hermoso objeto decorativo.

Una sociedad sexista

El sexismo sigue vigente en la sociedad del siglo XXI. El reparto de roles a la manera tradicional es un hecho cultural fomentado desde los ámbitos conservadores que, para mantener el status de la mujer como ciudadana de segunda fila, no duda en emplear las técnicas más sutiles y engañosas. Para comprobarlo no hay más que ver determinados contenidos televisivos, la orientación de las llamadas “revistas femeninas” o la abundancia de anuncios publicitarios en los que la mujer queda relegada a mero objeto decorativo o a eficaz ama de casa al estilo más tradicional.

La obligación de ser joven y bella

Se fomenta la obsesión por la belleza, por la eterna juventud, por la moda…Más que por su profesionalidad se cuestiona a la mujer por su belleza o por su elegancia. No faltan ejemplos. En la memoria de todos está la polémica por el traje de la ministra de Defensa en la Pascua Militar, las “perlas” dialécticas de Silvio Berlusconi, o recientemente el trato que se ha dado a la visita de Carla Bruni en su condición de esposa del presidente de la República Francesa. Una artificiosa carrera por decidir quien se sentaba en el trono del glamour, ha enfrentado a la primera dama de Francia con la princesa de Asturias y ha acaparado muchas portadas. El colmo del mal gusto ha llegado al comparar abiertamente las redondeces de ambas damas, frivolizando así un encuentro político en el que, entre otros temas, estaba previsto tratar la cooperación entre Francia y España en la lucha anti-terrorista.

La batalla sigue

Las mujeres nos engañamos al creer que ya está todo conseguido. Se ha ganado la batalla legal, pero aún quedan pendientes de superar muchos atavismos y hay sectores sociales que no parecen dispuestos a hacerlo. El Nobel español, Jacinto Benavente escribió “La mujer en las clases populares es valorada como un instrumento de carga y cría; en las clases medias, de supervivencia de la especie y en las superiores, de objeto de lujo. ¿A qué espera la sociedad para reconocer su condición de ser humano de pleno derecho?” Se hacía la pregunta en 1929. Lamentablemente, muchas mujeres aún nos la hacemos ahora.

*María Pilar Queralt del Hierro es historiadora y escritora

Fuente: El Plural