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"Hoy más que nunca la alegría es un artículo de primera necesidad, tan urgente como el agua o el aire. Pero nadie nos va a regalar ese derecho de todos; .... es preciso pelearlo...."
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Primero se llevaron a los comunistas pero a mí no me importó porque yo no era. En seguida se llevaron a unos obreros pero a mí no me importó porque yo tampoco era. Después detuvieron a los sindicalistas pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista. Luego apresaron a unos curas pero como yo no soy religioso tampoco me importó. Ahora me llevan a mí pero ya es tarde.
Adèle Safi: “La causa de la violencia extrema contra las mujeres en el Congo es la lucha internacional por la explotación de los recursos"
“Por la paz y la desmilitarización de de la republica democrática del Congo. No a las Violencias sexuales contra las mujeres” es el título del acto público que se realizó ayer en Barcelona, en el Centro de Mujeres Francesca Bonnemaison, en el que hablaron, Adèle Safi Kagarabi, integrante de la Marcha Mundial de las Mujeres, y presidenta de la Comisión de lucha contra las violencias sexuales al Congo, Aminetou Mind Mohamed, de la Unión de Mujeres Saharauis, y María Jesús Pinto, de Entredobles. Las tres fueron participantes activas de la Acción internacional de la Marcha Mundial de Mujeres que tuvo lugar en Bukavu, del 13 al 17 de octubre.
Adèle Safi insistió en este acto, así como también lo había hecho en la rueda de prensa que se realizó por la mañana en el Centro Internacional de Prensa de Barcelona en denunciar la grave situación de las mujeres en el Congo, en el que sigue siendo habitual usar el cuerpo de las mujeres como arma y como botín de guerra, y volvió a insistir sobre la necesidad de una efectiva acción internacional que tenga en cuenta a las organizaciones de mujeres como promotoras de las acciones, y que acabe con el intervencionismo militar y burocrático internacional que sólo está sirviendo para agravar la situación y para justificar la falta de reacción del gobierno.
Por su parte, Aminetou Mind, valoró muy positivamente la colaboración de su organización en la Marcha Mundial de las Mujeres que tuvo lugar en Bukavu, al sur de la provincia de Kivu, “nuestra participación activa nos ha permitido integrarnos en un movimiento internacional que está en primera línea de acción en la lucha por la mejora de la situación de las mujeres africanas, en concreto, y de las mujeres de todo le mundo”.
Como era lógico, Aminetou, por su cargo y por haber nacido en El Aiún, dedicó parte de su intervención a explicar la insoportable situación de los hombres y mujeres saharauis en su tierra natal, Aium, y en los campamentos refugiados: “Al igual que las compañeras del Congo”, explicaba, “necesitamos una acción internacional, y en concreto española, mucho más eficaz y rigurosa, para que de una vez por todas se solucione la injusta e intolerable situación de nuestro pueblo en su propia tierra. La miseria, la pobreza, la continua discriminación y la falta de horizontes de toda la juventud saharaui es algo que se ha ido agravando día a día, y que tenía que explotar de una forma u otra. Ahora lo urgente es conseguir una resolución pacífica del conflicto que tan caro está costando a mis compatriotas, y avanzar decididamente en su solución”
Foto: AFP
El cuerpo de las mujeres como arma de guerra
Para entender por qué el cuerpo de las mujeres sigue siendo en el Congo “un arma de guerra para humillar, deshonrar y desmoralizar al enemigo” y averiguar el por qué tanto los paramilitares, el mismo ejército y grupos de la oposición violan, torturan y asesinan a mujeres en la más completa impunidad, según Safi, hay que tener en cuenta varios factores.
“Las mujeres, normalmente son líderes de sus comunidades y la columna vertebral de la economía familiar, pero a la vez son también el eslabón más débil y desamparado. Los actos contra las mujeres son una clara política de extorsión al pueblo, tanto para mantener el miedo, como el terror y la disgregación de las comunidades".
Para Safi, las causas reales de estas acciones bárbaras contra el colectivo femenino, hay que buscarlas en la explotación por parte de grandes multinacionales extranjeras de las riquezas minerales del país, como el oro, el petróleo o el coltán -mineral imprescindible en la telefonía móvil- que extraen grandes empresas con la ayuda y connivencia con algunos poderosos congoleños, que también se enriquecen a costa de la sobreexplotación del trabajo del pueblo, tanto de las mujeres como de los hombres, y según la presidenta de la lucha contra las violencias sexuales, los paramilitares y sicarios contratados actúan impunemente, "burlándose de la teórica vigilancia de los representantes de organizaciones internacionales, que se pasean por los poblados en grandes coches acompañados de su burocracia".
Con emoción contenida y casi sin poder terminar su explicación, Safi, como mujer testigo directo de tantas y tantas tropelías, comentó que en algunos poblados durante el día todo parece tranquilo y como si no pasara nada, pero tan pronto como empieza a oscurecer, las mujeres tienen tanto miedo que duermen en las copas de los árboles porque saben que "de noche las brigadas arrasan las casas, se llevan todo lo que encuentran y las violan a ellas y a sus hijas.
Y hay que remarcar que además hacen uso de una brutalidad y una crueldad desmedida. No sólo las violan y torturan grupos de 10 a 20 hombres, sino que en la mayoría de los casos las mutilan para siempre, introduciendo dentro de ellas todo tipo de objetos punzantes, herramientas… Destrozan su cuerpo, la vagina y órganos interiores... Algunas mueren desangradas, otras, las que sobreviven, nunca podrán tener hijos ni relaciones... y seguramente se tendrán que esconder para proteger sus familias, o porque saben que es posible que no sean aceptadas en su comunidad".
Safi dio cifras estremecedoras de los últimos meses. En los hospitales de su zona se ha contabilizado que actualmente hay unas 25.000 mujeres que han sufrido violencia sexual grave. Diariamente, unas 14 mujeres son víctimas de esta violencia. Se intenta proteger a unas 72 niñas menores de 14 años, embarazadas, que han sufrido violaciones y agresiones terribles.
En esta convocatoria para denunciar las violencias sexuales contra las mujeres en este país africano, también se explicó la Acción internacional de la Marcha Mundial de Mujeres que tuvo lugar en Bukavu, del 13 al 17 de octubre, y en la que participaron una delegación catalana formada por María Jesús Pinto , de Entrepueblos y Aminetou Mind Mohamed, de la Unión de Mujeres Saharauis, y avanzaron el contenido del acto público que se hacía por la tarde en el Centro de Cultura de Mujeres Francesca Bonnemaison.
Las mujeres congoleñas demuestran una fuerza enorme
Sobre la acción feminista de la Marcha Mundial de Mujeres, Pinto, que presentó un vídeo sobre Bukavu, destacó que pese a la situación descrita antes hay que tener esperanza "porque las mujeres congoleñas son muy fuertes, muy poderosas, y se están fortaleciendo cada vez más, como demostró el hecho de que más de 1.000 mujeres provenientes de 42 países se reunieran en Bukavu, y después emprendieran una marcha de más de 3 horas.
En el encuentro internacional se planteó la situación de las mujeres de la Región de los Grandes Lagos Africanos, y se llegó a acuerdos en torno a una Plataforma de demandas nacionales y, a la vez, establecieron formas de trabajo común para construir en un futuro una Coordinación Nacional de la MMM como un movimiento permanente.
Las mujeres de la Marcha Mundial, según Pinto, también quieren desmitificar el estereotipo "de que son las tensiones étnicas las que justifican los conflictos armados, que oculta las causas económicas subyacentes, el control de los recursos minerales, de la biodiversidad de la región, y las ganancias de las industrias de armas y de las empresas de seguridad privadas ".
Por otra parte, en el encuentro también pusieron en cuestión la presencia de la Misión de las Naciones Unidas para la estabilización en RDC (MONUSCO) que, en 2010, cumple 10 años de presencia, y aunque los impactos son débilmente percibidos por la población. La MONUSCO representa además un coste per cápita con sus soldados que es más de 400 veces superior al PIB per cápita de RDC.
En este escenario, la III Acción de la Marcha Mundial de Mujeres ha dado apoyo a las mujeres del Congo para que sus demandas sean escuchadas exigiendo que los responsables de las agresiones sexuales y de la utilización de los cuerpos de las mujeres como arma de guerra sean castigados.
Además, piden que los recursos naturales beneficien prioritariamente el pueblo congoleño y para que la R. D. Congo conozca una paz duradera que empiece por la desmilitarización del país y la retirada progresiva de personal armado.
Miles de desplazados por la violencia deambulan por el este de la República Democrática del Congo (RDC) sin poder recibir ayuda humanitaria, tras el reinicio de los combates entre rebeldes, milicias pro-gubernamentales y el ejército.
Cientos de desplazados se congregan este jueves frente a la base de la Misión de Naciones Unidas en el Congo (MONUC) que hay en las afueras de Kiwanja (norte de la provincia de Kivu Norte) o circulan por la carretera que va Rutshuru (norte), en busca de refugio y ayuda.
En Rutshuru, la asistencia es escasa y el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha señalado que los campos de desplazados situados en los alrededores se encuentran destruidos.
El pueblo de Kiwanja, donde hasta el martes pasado vivían unas 12 mil personas, quedó desierto. Los guerrilleros tutsis del Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP), controlan la zona.
Según un oficial de la MONUC, que pidió el anonimato, señaló que los muertos de los combates del martes y miércoles fueron al menos 180, la mayoría civiles.
Amnistía Internacional (AI) hizo público un comunicado en el que reitera que "la situación en la RDC sigue al borde de la catástrofe humanitaria" y señala que, mientras se consigue una solución definitiva, se debe reforzar a la MONUC para proteger a los civiles.
AI recalca que se debe reforzar la MONUC con las tropas y los servicios necesarios para dar una "protección efectiva" a los civiles de los ataques de grupos armados, garantizar las operaciones humanitarias y hacer respetar el embargo de armas internacional a la RDC.
Según reportes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de formaciones humanitarias existe el peligro que haya brotes de epidemias entre quienes tratan de escapar del fuego cruzado.
Las condiciones de higiene y asistencia sanitaria cada vez son más escasas para quienes se concentran en Goma (frontera con Rwanda) y en sus alrededores.
En un comunicado difundido en la capital de Rwanda, el director general adjunto de la OMS, Eric de la Roche, calificó de esencial que la comunidad internacional se vincule con el proceso en cuestión para que "la asistencia médica e humanitaria aumente si queremos salvar vidas de millares de personas afectadas por la crisis". El Gobierno se ha negado a negociar directamente con el líder rebelde y ha afirmado que sólo conversará en el marco de los acuerdos de paz firmados en noviembre y enero pasados.
Por su parte el líder tutsi ha amenazado con llevar la guerra hasta Kinshasa y derrocar al régimen de Kabila.
Los "cascos azules" de la MONUC en Goma, han recibido la orden de "abrir fuego", si cualquier grupo armado trata de ocupar la ciudad, según declaró a los periodistas Alain Le Roy, subsecretario general de la ONU para Operaciones de Paz.
"Deben abrir fuego si grupos armados, quienes quiera que sean, intentan entrar en Goma", dijo Le Roy en la misma ciudad, de la que gran parte de sus habitantes huyeron hace diez días.
Tanto Le Roy como los responsables de la MONUC han reforzado el número de efectivos de la Misión en el este del Congo, que cuenta con 18.500 personas, de las que 17.000 son militares y es la mayor desplegada por la ONU en el mundo.
Este viernes se celebrará en Nairobi una cumbre para estudiar la situación del Congo y que contará con la participación del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, el presidente de la RDC, Joseph Kabila, de Ruanda, George Kagame junto a otros representantes de la Unión Africana, la Unión Europea y Estados Unidos.
Hoy le han otorgado las donaciones de la campaña Give-A-Day principal y acertadamente al Doctor Mukwege, por su asombroso y heroico trabajo en el Congo. (Para los que no le conozcan, él es, por supuesto, el doctor de reconocimiento internacional que dirige el magnífico y decidido personal del Hospital Panzi en Congo Oriental). Su trabajo consiste en tratar a los supervivientes de la interminable crudeza y la desesperante letanía de la violación y la violencia sexual. Todos los que estamos reunidos en el Superdome de Nueva Orleans, hablamos del V-Day (1); y de Los monólogos de la vagina; en el Congo hay un término médico llamado “destrucción vaginal”. No necesito explicarlo; la mayoría de ustedes habrán escuchado al doctor Mukwege. Basta con decir que en el extenso panorama histórico de violencia contra las mujeres, hay un nivel de demencia demoniaca en el Congo que muy pocas veces se ha alcanzado antes, si es que alguna.
Mis comentarios se refieren a esto. Quiero desarrollar un argumento que dice esencialmente que lo que está pasando en el Congo es un acto criminal de misoginia internacional, apoyado por la indiferencia de los estados nación y la delincuencia de las Naciones Unidas.
El doctor Mukwege y otros han estado diciendo, una y otra vez, que los acontecimientos actuales del Congo se han sucedido durante más de una década. Es importante recordar que es un resultado directo de los miles de asesinos en masa que no fueron capturados tras el genocidio de Ruanda, gracias a los gobiernos de Francia y Estados Unidos, y escaparon al entonces llamado Zaire, ahora República Democrática del Congo. Las guerras y horrores posteriores fueron descritos por reporteros, por organizaciones de derechos humanos, por representantes del Secretario-General de las Naciones Unidas, por agencias, por ONGs internacionales y nacionales, por la Oficina de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas, por el Consejo de Seguridad, y durante el proceso fueron acentuados y puntualizados por los gritos y sufrimientos de más de 5 millones de muertos.
La sórdida historia va y viene. Pero alcanzó una repentina y vivida notoriedad pública cuando Eve Ensler viajó al Congo el julio y agosto del año pasado, visitó al Hospital Panzi, entrevistó a mujeres supervivientes de violaciones, y escribió un artículo visceral en la revista Glamour, que empieza con las palabras “acabo de volver del infierno.”
Eve provocó una extraordinaria reacción en cadena: después de su visita vino una delegación del actual Subsecretario-General de Asuntos Humantarios de la ONU, quién, a su regreso, escribió un editorial para Los Angeles Times en donde decía que el Congo era el peor lugar del mundo para las mujeres. Esos comentarios fueron repetidos por todas partes (incluyendo el parlamento de la UE), dando lugar a portadas en el New York Times, el Washington Post y Los Angeles Times, y a un amplio segmento de 60 minutos por Anderon Cooper de la CNN.
En gran parte como resultado de este clamor creciente contra la guerra a las mujeres en el Congo, y del hecho de que la propia Eve Ensler testificase ante el Consejo de Seguridad, la resolución de las Naciones Unidas que renovaba el protectorado de la Fuerza de Paz de la ONU (llamada MONUC) contiene algunos de los términos más duros contra la violación y la violencia sexual que se hayan visto nunca en una resolución del Consejo de Seguridad, y obliga a MONUC, en términos poco ambiguos, a proteger a las mujeres del Congo. La resolución fue aprobada a finales de diciembre del año pasado.
En enero de este año, escasamente un mes más tarde, hubo un “Acto de Compromiso”; un llamado compromiso de paz firmado por los contendientes. Utilizo intencionadamente el término “llamado” porque es difícil de encontrar ninguna evidencia de paz. Pero esa no es la cuestión: la cuestión es mucho más reveladora y mucho más condenatoria.
El compromiso de paz es un documento bastante largo. Asombrosamente, desde la primera a la última página, nunca aparece el término “violación”. Asombrosamente, desde la primera a la última página, nunca aparece la expresión “violencia sexual”. Asombrosamente, sólo se menciona “mujeres” una vez, y agrupándolas junto con los niños, los ancianos y los discapacitados. Es como si los organizadores de la conferencia de paz nunca hubieran oído hablar de la resolución del Consejo de Seguridad.
Pero se pone incluso peor. De hecho el documento de paz garantiza la amnistía –repito, amnistía- a aquellos que hayan participado en la lucha. Es evidente que hace una deliberada distinción legal, al decir que los crímenes de guerra, o crímenes contra la humanidad, no serán perdonados. Pero, ¿quién engaña a quién? Estos detalles legales no tendrán mucha importancia para las tropas en el campo de batalla, a quiénes se les han dado muchos motivos para creer que, como las violaciones que cometieron hasta entonces han sido oficialmente perdonadas y olvidadas, pueden volver a violar impunemente. Y de hecho esto es lo que está ocurriendo, como testificó el Dr. Mukwege ante el Congreso la semana pasada, diciendo que las violaciones y la violencia sexual continua.
La guerra puede variar; las violaciones no han disminuido en lo más mínimo.
Lo más absurdo de todo este vergonzoso proceso es el hecho de que las conversaciones de paz fueron “facilitadas” –de hecho fueron orquestadas- por MONUC, es decir, por las Naciones Unidas. Y quizá lo más desvergonzado de todo; a pesar de que hace siete años que existe otra resolución del Consejo de Seguridad, la 1.325, que llama a las mujeres a ser participantes activas de las deliberaciones de paz, no ha habido nadie en la mesa de paz representando a las mujeres, a las más de 200.000 mujeres cuyas vidas y anatomías fueron destrozadas por la misma guerra que las conversaciones de paz tendría que haber resuelto.
Por lo tanto las Naciones Unidas violan sus propios principios.
Pero permitidme aclarar una cosa. En los casi veinte años que llevo involucrado en trabajo internacional, he sido un activo apologista de las Naciones Unidas. Y sigo creyendo que las Naciones Unidas todavía pueden representar la mayor esperanza de la humanidad. Pero cuando las Naciones Unidas pierden la orientación, como en el caso del Congo –como es invariablemente el caso en lo que se refiere a las mujeres- mis colegas y yo, en nuestra nueva organización llamada AIDS-Free World, no nos estamos mordiendo la lengua. Hay demasiado en juego.
Lo que hace todo esto más mortificante es que en muchos sentidos la ONU es la solución. Aquellos de vosotros que a veces no dejáis de considerar posible que se acabe con la violencia sexual deberíais saber que si la ONU utilizase todo el poder de sus formidables agencias, se lograría un tremendo progreso a pesar de la indiferencia de muchos países. Pero el problema es que en la ONU hay niveles torrenciales de hipocresía.
Hoy habéis oído hablar de la campaña colectiva de la ONU para acabar con las violaciones y la violencia sexual en el Congo; hay doce agencias unidas con este objetivo común. Pero con la excepción de algunas personas magníficas de la UNICEF sobre el terreno, de quiénes Ann Veneman, directora ejecutiva de UNICEF hace bien en enorgullecerse, la presencia de las otras agencias de la ONU va desde la insignificancia hasta la inexistencia. Todo esto es sobre todo un ejercicio de retórica. Incluso el Fondo de Naciones Unidas para la Población, ostensiblemente la principal agencia en el Congo, es patéticamente débil sobre el terreno, y en su propia página web habla de problemas de financiación.
Provoca una mezcla de rabia e incredulidad ver como la ONU intenta presentarse como un actor serio en la lucha contra la violencia sexual, cuando su historial es tan lamentable. De hecho se podría decir – y sin duda tiene que decirse- que el movimiento V-Day y Eve, actores minúsculos en comparación, han hecho probablemente más para mitigar el dolor de la violencia en el Congo que ninguna de las once agencias de la ONU. ¿Quién si no, pregunto, está construyendo una Ciudad de la Alegría para que las mujeres violadas puedan recuperar cierta sensación de seguridad, y después convertirse en líderes de sus comunidades?
¿Acaso hay respuesta para este abyecto fracaso colectivo de la comunidad internacional para proteger a las mujeres del Congo? Seguro que sí, y la respuesta está arriba de todo, y la respuesta es el Secretario-General de las Naciones Unidas. No sé quién está asesorando al Secretario-General acerca de estas cuestiones, pero le están llevando cuesta abajo por un sendero que pronto estará infestado de fantasmas que atormentarán a toda su administración, y dejará un legado que siempre será mal visto. Sé cómo funciona la ONU; he sido embajador de la ONU en mí país (Canadá), subdirector ejecutivo de UNICEF, asesor sobre África del anterior Secretario-General y recientemente “enviado especial”. En el incestuoso semillero del piso treinta y ocho del secretariado de las Naciones Unidas, donde se sienta el Secretario-General, los críticos son despreciados, desdeñados y ridiculizados. Y a mí me ocurrirá exactamente lo mismo. Pero quiero que todos los aquí reunidos sepan que no tiene que ser así necesariamente.
Si el Secretario-General ejerciese un verdadero liderazgo contra la violencia sexual, en lugar de echar mano –como le han sugerido sus asesores- de declaraciones y retórica y campañas inútiles de relaciones públicas, podría cambiar las cosas. ¿Por Dios, qué les pasa a estas personas cuyas vidas consisten en moverse desde la inercia hacia la parálisis?
El Secretario-General debería convocar a los directores de las doce agencias de la ONU supuestamente involucradas en la “acción de la ONU” contra la violencia hacia las mujeres y leerles la cartilla. Debería explicarles que las notas de prensa no evitan las violaciones, y debería exigir un plan de acción sobre el terreno, con dólares y fechas límite. También debería convocar a los directores de las diez agencias que componen UNAIDS (Programa de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA) y exigir un plan para examinar, tratar, prevenir y cuidar a las mujeres que han sido agredidas sexualmente, de nuevo con fechas límite. Apostaría lo que fuese a que UNAIDS nunca ha convocado una reunión de estas características, a pesar de que la violencia de los ataques sexuales en el Congo crea vías en el tracto reproductivo a través de los cuales entra el virus del SIDA.
El Secretario-General, siguiendo el ejemplo de Eve Ensler, debería insistir en una red de centros de crisis de violaciones, clínicas dirigidas a las violaciones en todos los hospitales, consejeros en violencia sexual, y Ciudades de la Alegría cruzando todo el Congo Oriental… cruzando todo el país. El Secretario-General debería exigir una lista, un registro de los países que han contribuido económicamente a terminar con la violencia, y con qué cantidades, además de los que no lo han hecho, y después publicar la lista para que el mundo la vea, con el fin de que los recalcitrantes queden expuestos a la opinión pública. (¿Qué os parece la siguiente comparación? Durante más de una década el Fondo de la ONU para acabar con la Violencia Contra las Mujeres ha alcanzado triunfantemente los 130 millones de dólares. Los Estados Unidos se gastan más de 3.000 millones a la semana en la guerra de Irak.)
Pero hay más. El Secretario-General debería emprender una cruzada personal para doblar el destacamento de tropas –es decir, la MONUC- en el Congo. Las provisiones de protección para las mujeres del llamado acuerdo de paz no pueden ser implantadas con el número de tropas actual, por alto que parezca.
Y finalmente, el Secretario-General debería apartar todos los obstáculos que impiden que las Naciones Unidas acuerden considerar al Congo como el mejor lugar donde implementar el principio de “responsabilidad de proteger.” Este principio fue aprobado universalmente por jefes de estado en las Naciones Unidas en septiembre de 2005. Es el primer gran desafío contemporáneo internacional a la inviolabilidad de la soberanía. Afirma simplemente que cuando un gobierno es incapaz o no quiere proteger a su pueblo de flagrantes violaciones de los derechos humanos la comunidad internacional tiene entonces la responsabilidad de intervenir. Esta responsabilidad puede traducirse en negociación diplomática, sanciones económicas, presión política o intervención militar; lo que sea para restaurar la justicia para con los oprimidos. La responsabilidad de proteger fue esbozada originariamente pensando en Darfur; es igualmente aplicable al Congo. Tenemos que empezar por algún sitio.
El Secretario-General se enfrenta a un enorme desafío. Tiene la oportunidad, los medios, la influencia para salvar a miles, quizá cientos de miles de vidas de mujeres; física y psicológicamente. Y si el proceso realmente comenzase en el Congo, se extendería a todas los ámbitos de la violencia contra las mujeres en cualquier lugar del mundo.
¿Quién más tiene una oportunidad como ésta? El Secretario-General de las Naciones Unidas ha dicho que la violencia contra las mujeres es uno de los temas más graves de nuestro tiempo. Bueno, si es así, entonces no tendría ningún problema en comprender que no es suficiente con hacer discursos. Y si realmente cree en lo que dice, entonces que haga lo posible para conseguirlo. Creo que la lucha por la igualdad de género es la lucha más importante del planeta. Ban Ki-Moon debería decirles a los 192 países que componen las Naciones Unidas: “O bien me dais pruebas de que vamos a vencer esta lucha o buscaros otro Secretario-General.”
“Oh,” dirá la gente, “Lewis está exagerando.” No lo creo. Estamos hablando de más del cincuenta por ciento de la población mundial, entre los que se encuentran los más desarraigados, desheredados y empobrecidos de la tierra. Si no puedes defender a las mujeres del mundo, no deberías ser Secretario-General.
Ay, preveo lo que va a pasar. Ya hemos recibido señales. El otoño pasado, en una iniciativa sin precedentes, una comisión de alto nivel sobre la reforma de las Naciones Unidas recomendó la creación de una nueva agencia internacional para las mujeres. La recomendación se fundamentaba en que el historial de la ONU ha sido pésimo. Si se crea la nueva agencia, dirigida por el Subsecretario-General, con un fondo que comience en mil millones de dólares al año (menos de la mitad de los recursos de UNICEF) y una verdadera capacidad de llevar a cabo programas sobre el terreno, cuestiones como la violencia contra las mujeres serían inmediatamente encaradas con una determinación indomable.
Las activistas sobre el terreno, las supervivientes sobre el terreno, las activistas supervivientes sobre el terreno, finalmente dispondrían de los recursos y del apoyo para el trabajo que tiene que hacerse.
Pero la creación de la nueva agencia está congelada en la asamblea general de la ONU, atrapada en el fuego cruzado entre los países desarrollados y los países en desarrollo. El Secretario-General podría hacer que se saliese del punto muerto si quitase todos los obstáculos. Él y el Subsecretario-General realizan discursos que parecen apoyar la agencia para las mujeres, pero la verdad es que el lenguaje está escogido con tanto cuidado y astucia que impediría que tuviera impacto sobre el terreno, en el país, si finalmente fuese creada. De nuevo, los asesores son incapaces de vislumbrar algo del futuro.
Este fin de semana se ha llenado de esperanza en la lucha para acabar con la violencia contra las mujeres. Personas decentes, con conciencia, han salido al primer plano en esta misma plataforma, y mujeres de mucho países han expresado palabras tan sensatas que son tan conmovedoras como convincentes. Me he decidido a relacionar el Congo con las Naciones Unidas porque como Eve ha dicho al comienzo, el Congo es el foco del V-Day del año próximo, y las Naciones Unidas pueden realmente romper el monolito de la violencia. Sólo tenemos que presionarles constantemente para que el tema sea apoyado en lugar de manipulado.
No tengo el ritmo y la cadencia de Eve. Pero conservo un poco de su espíritu, mucho de su enfado y una pizca microscopica de su amor, compromiso y coraje, que un día cambiarán el mundo.
NOTA T.: (1) El proyecto de V-day se basa en la producción de la obra "Los monólogos de la vagina" de Eve Ensler. Es una campaña sin fines de lucro que busca establecer una conexión entre el amor y respeto a las mujeres, y el fin de la violencia contra ellas.
Stephen Lewis es codirector de AIDS-Free World. Ha trabajado con la ONU a lo largo de más de dos décadas. Es asesor de Mailman School of Public Health en la Columbia University de Nueva York.