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03 junio 2011

Marcos Ana: "Estoy con el espíritu del 15-M y orgulloso de los jóvenes"

Marcos Ana y Valdenia Aparecida
Foto: Guillermo Sanz


Marcos Ana y Valdenia Aparecida. Ex-preso y abogada. El poeta y la letrada brasileña dialogan en el aniversario de Amnistía Internacional.

Dos símbolos de la lucha contra la impunidad se reunieron ayer a escasos 300 metros de la Puerta del Sol, símbolo actual de la voz del pueblo. El expreso y poeta comunista Marcos Ana y la abogada activista brasileña Valdenia Aparecida Paulino reflexionaron sobre el pasado y el presente de los derechos humanos en la celebración del 50 aniversario de la ONG Amnistía Internacional.

"Me pienso llevar a Brasil este movimiento de los jóvenes. Allí tenemos una juventud muy alienada por culpa de los medios de comunicación. Sólo la generación del hip-hop trata de lanzar un mensaje contra la discriminación, pero son reprimidos por la Policía", analiza la abogada Valdenia Aparecida Paulino. Ella sabe muy bien cómo es la Policía brasileña. Su lucha en las favelas de los suburbios de São Paulo por los derechos de las niñas muchas de ellas violadas y prostituidas por la Policía le llevó a un acoso tal que Aministía Internacional tuvo que acogerla en 2008 como protegida en España.

Valdenia escucha admirada cómo Marcos Ana (seudónimo artístico de Fernando Macarro), de 91 años, explica cómo ha pasado varios días en la Puerta del Sol "hablando con los chicos hasta las dos y las tres de la madrugada". "Estoy totalmente a favor del espíritu del texto del 14 de mayo", dice confundiendo la fecha del 15-M, quizá consciente del paralelismo con el 14 de abril. "Es un orgullo que estos jóvenes que no ven certeza en su futuro peleen", explica el poeta, que estuvo 23 años consecutivos en prisión hasta que salió en 1961.

Ana lucha por la memoria de su generación que peleó contra el fascismo de una dictadura militar como la que también sufrió Brasil. "Los miembros de la dictadura ocupan hoy puestos importantes en el Congreso en Brasil. De ahí que no se haya podido abrir la comisión de la verdad y la justicia que debía abrir los archivos de la dictadura. El cuerpo y la memoria están en los archivos, y no abrirlos es como decir que se mató el cuerpo y se borró de la historia", explica Valdenia en paralelo al caso Garzón que indigna al poeta.

"Es lo mismo que ocurre aquí. La denuncia a Garzón fue de Falange Española de las JONS, que debería ser un partido ilegal. Son los hijos de los que nos encarcelaron los que siguen administrando justicia", añade Marcos.

"¿En los 23 años no tuviste condicional?", pregunta asombrada Valdenia.

"No, fueron seguidos, consecutivos, sin salir", le responde el poeta antes de recibir un beso de su "compañera brasileña".

Diego Barcala

Fuente: Público



20 enero 2011

Felicidades Kompañero Marcos Ana!


Ilustración: Kalvellido


En estos momentos en ke la izkierda no se sabe dónde se enkuentra realmente, los izkierdosos komo yo, más ke nunka, nos sentimos orgullosos de kompartir barrikada kontigo.

Tu sencillez, tu falta de fanatismo entre un bando y otro, tus frases: (mi padre olía a sudor y a honradez…los mandos republicanos nunca dieron consignas de abusar del enemigo…).

Me das fuerzas para kontinuar día tras día keriendo kambiar este mundo. Porke el mundo no funciona así, es su mundo, el de ELLOS el ke así funciona. Eres el mejor ejemplo a seguir.

FELICIDADES! Y ke kumplas muchos más!

Kon todo mi respeto y admiración. Salud y NI UN PASO ATRÁS!

Juan Kalvellido

Fuente: laMonarquía


25 diciembre 2010

Marcos Ana: En el umbral de un nuevo año


Foto: Luis Sevillano


Tengo la inmensa fortuna y la alegría de vivir rodeado de numerosos amigos y amigas, así como de camaradas entrañables, con quienes comparto esta hermosa y dura lucha por un futuro mejor para España y para el mundo. A todos y todas quisiera felicitar personalmente, abrirles mi casa, tomar un café juntos y darnos un fuerte abrazo. Pero, pese a mi deseo, es materialmente imposible.

Agradezco de corazón la felicitaciones que estoy recibiendo. Estoy seguro que sabréis excusarme y comprenderme. Y por eso, ante la dificultad de encontrarnos personalmente os escribo estas líneas, en el Andén del año nuevo que está a punto de llegar, para desearos a todos y todas lo mejor para el 2011. Que sea un año muy generoso con nosotros y que se cumplan en él todos vuestros anhelos, incluso vuestros sueños más imposibles. Que la justicia social proteja y ayude al bienestar de vuestros hogares, y que no os falte salud que es la base material de todo proyecto de vida y de futuro. Con esa esperanza y un fuerte abrazo os felicito.

Marcos Ana





27 octubre 2010

Sino Sangriento: Representación de la obra teatral de Marcos Ana




Representación de la obra de teatro "Sino Sangriento"

Escrita y dirigida por Marcos Ana,

en homenaje al poeta y camarada Miguel Hernández.



Domingo 31 de octubre de 2010 - 18:30

Teatro Arniches

Alicante - España


En Otoño de 1960, al cumplirse el 50 aniversario del nacimiento del poeta universal Miguel Hernández, víctima de la represión franquista, un grupo de presos políticos representó en el penal de Burgos la obra SINO SANGRIENTO, escrita y dirigida por Marcos Ana en homenaje al poeta y camarada.

Al cumplirse el centenario del nacimiento de Miguel Hernández y el cincuenta aniversario de la representación de la obra, la fundación INSTITUT D'ESTUDIS POLÍTICS de EUPV tiene el gusto de invitarle a la representación de SINO SANGRIENTO en versión adaptada por DESVÁN, grupo independiente de teatro.





08 mayo 2010

Marcos Ana sigue ingresado pero fuera de peligro


Ilustración: Kalvellido


Según ha podido saber La República, el poeta comunista Marcos Ana se encuentra enfermo ingresado en el Hospital de La Princesa, en Madrid después de que durante un acto en Albacete se sintiera muy indispuesto. Posteriormente le trasladaron en ambulancia desde Albacete a Madrid.

Según han informado fuentes cercanas al poeta, fue ingresado por "problemas respiratorios" aunque en este momento se encuentra fuera de peligro, y se espera que entre el lunes y el martes se le de el alta.

Marcos Ana, de 90 años de edad, poeta militante del Partido Comunista de España marchó al frente al estallar la guerra civil en 1936, afiliándose a las Juventudes Socialistas Unificadas, cuando se reorganizó el ejército hubo de abandonar el campo de batalla por ser menor de edad. No pudo incorporarse definitivamente hasta 1938; participó en distintas acciones durante la batalla de Madrid, al tiempo que trabajó como comisario político del Partido Comunista. Antes del cerco total a la capital de España, consiguió escapar en dirección a Levante junto a varios miembros de distintas unidades republicanas. Fue acogido por dos veces (en Albacete y Elda), pero el avance de las tropas nacionales le obligó a retirarse hasta Alicante donde se refugió en el puerto hasta el último día de la guerra junto a varios miles de soldados y refugiados en espera de que algún buque los rescatase.

No pudiendo alcanzar barco alguno por el bloqueo naval, se rindió a la unidades italianas (la División Littorio) que cercaban el puerto el 31 de marzo y fue preso y confinado en un campo de concentración de Albatera. Pocos días después escapó y, usando los contactos que ya conocía, realizó el trayecto de vuelta a Madrid, donde fue nuevamente detenido a la semana de llegar. Torturado y malherido por las palizas, fue condenado a muerte. En las cárceles se le conocerá por mantener alto el espíritu entre los detenidos mientras esperaba la ejecución de la sentencia. Estuvo preso junto a Miguel Hernández, al que llegó a conocer antes de su muerte, y terminó en el penal de Burgos, donde permaneció desde 1946 hasta 1961. Destacó entre sus compañeros al hacerse responsable de pasquines que circulaban por la prisión en los que se alentaba a resistir a los presos, por lo que fue condenado por segunda vez a muerte en 1941 en Consejo de Guerra (tras la segunda condena falleció su madre, encontrada en una zanja cerca del Penal de Burgos) así como por formar grupos organizados e incluso un diario clandestino llamado Juventud.

Su carácter combativo le llevó a ser objeto de dura represión durante su tiempo en prisión, con frecuentes palizas y reiterados periodos de incomunicación. Su afición a la lectura se inició con antiguos libros que circulaban por el penal de obras autorizadas de clásicos españoles: Quevedo, Lope de Vega, Calderón... Pudo tener acceso a El Quijote a pesar de no estar permitida su lectura y, más tarde, a las obras prohibidas de Rafael Alberti, el propio Miguel Hernández o Federico García Lorca gracias a una tupida red de libros clandestinos que se estableció en la prisión cuando se relajaron las medidas contra los presos a partir de 1950.

A mediados de esa década fue cuando comenzó a escribir sus primeros poemas bajo el seudónimo de Marcos Ana que, escondidos, consiguieron salir al exterior y conocerse por muchos opositores al régimen. Su poesía desgarradora animaba a combatir la dictadura con la palabra y hacía un llamamiento a la liberación de los presos políticos. Su obra llegó hasta muchos intelectuales españoles exiliados y la organización Amnistía Internacional, que presionaron para su liberación, lo que ocurrió el 17 de noviembre de 1961.1 Debió marchar a Francia, donde el Partido Comunista de España, del que era miembro, le invitó a establecer un servicio en París destinado al apoyo de los presos políticos españoles con la ayuda de personalidades del mundo de la cultura francesa: el Centro de Información y Solidaridad con España presidido por Pablo Picasso. Desde ese puesto recorrió Europa y Sudamérica, donde tuvo gran influencia entre los jóvenes durante las dictaduras de Argentina y Chile.

Regresó a España con la amnistía de 1976. En el periodo democrático ha continuado muy activo dentro del Partido Comunista del que ha sido candidato al Congreso de los Diputados y en el que ha ocupado distintas responsabilidades, como la de solidaridad internacional.

En 2009 el director Pedro Almodóvar adquirió los derechos de su biografía con el objeto de rodar una película sobre la vida del poeta. En septiembre de ese mismo año, en el marco del homenaje que se le tributó en la Fiesta del PCE celebrada en Córdoba, se presentó El árbol talado que retoña: homenaje a Marcos Ana, antología de jóvenes poetas (destacan Rafael Espejo, Juan Carlos Abril o Fernando Macías) prologada por el narrador y articulista Isaac Rosa.

Fuente: La República.es


18 abril 2010

Marcos Ana y la causa a Garzón




El poeta salmantino Marcos Ana, pseudónimo de Fernando Macarro Castillo, explicó ayer que la querella admitida por el Tribunal Supremo contra el juez Baltasar Garzón es producto de no haber establecido una Ley de la Memoria Histórica "como corresponde".

"Así nos pasa ahora", comentó el preso político que más años pasó en la cárcel durante el régimen franquista, 23, antes de asistir al homenaje que el Ayuntamiento de Arenas de San Pedro (Ávila) le ha rendido como reconocimiento a su "trayectoria personal y artística".

Preguntado por la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica, el poeta salmantino, nacido en 1920, considera que "está muy desactivada desde el punto de vista institucional", pese a que "los ciudadanos hacen lo que pueden". "Nació ya un poco enflaquecida", ha añadido, antes de explicar que los represaliados pedían que, como ha ocurrido en Alemania, Italia y Portugal, "quedasen anulados todos los procesos y las condenas dictadas por tribunales ilegales contra nosotros, y eso no se ha conseguido todavía".

En este sentido, considera "increíble que mientras eso pasa contra" los represaliados, "sin embargo, haya la posibilidad de que un grupo de falangistas lleve a los tribunales a Baltasar Garzón", lo que constituye "una agresión a la democracia muy seria".

"Es un disparate lo que vivimos en España. Es el mundo al revés", ha sostenido, a la vez que ha considerado "de dudosa legalidad" a Falange Española, un colectivo que desde su punto de vista no existiría en Alemania.

Marcos Ana dijo que, con independencia de la opinión personal que cada uno tenga de Garzón, se trata de un juez "con mucho valor".

Para él, si finalmente es procesado Garzón, "habrá una verdadera cadena de manifestaciones".

"Todo ocurre porque no se ha establecido una Ley de la Memoria Histórica como corresponde, y así nos pasa ahora", ha explicado, después de señalar que con las leyes de amnistía nacionales, como la promulgada en España durante la Transición, "no pueden prescribir los delitos de lesa humanidad, como pasó en Portugal, donde anularon enseguida la Ley de Punto Final".

Fuente: La República.es


03 junio 2009

Marcos Ana



Fotografía: Luis Sevillano


Hay personas que parecen no pertenecer al mundo y al tiempo en que viven. Marcos Ana es una de esas personas. Como tantos de su generación, arrastrados por prisiones del fascismo español, sufrió lo indecible en el cuerpo y en el espíritu, escapó in extremis a dos condenas a muerte, es, en el mayor sentido de la expresión, un superviviente. La prisión no pudo nada contra él, y fueron 23 los años que estuvo privado de libertad. El libro que acaba de presentar en Portugal es el relato simultáneamente objetivo y apasionado de ese tiempo negro. El título de las memorias, Decidme como es un árbol, no podría ser más significativo. Con el tiempo, la dura realidad de la prisión acaba sobreponiéndose a la realidad exterior, diluyéndose en una imprecisa neblina que es preciso expulsar de la mente cada día que pasa para no perder la seguridad en uno mismo, por más frágil que se torne. Marcos Ana no sólo se salvó a sí mismo, salvó también a muchos de sus compañeros de cárcel, transmitiéndoles ánimo, solucionando problemas y conflictos, como un juez de paz de nueva especie. Firme en sus convicciones políticas, pero sin permitir que su juicio crítico sea afectado, Marcos Ana transmite a aquel que se le aproxima un irreprimible sentimiento de esperanza, como si pensásemos: “Si él es así, yo también lo puedo ser”. Recuperada la libertad, no se quedó en casa para descansar. Volvió a la lucha política, con riesgo de ser nuevamente encarcelado, y dio inicio a un notable trabajo de asistencia y ayuda a los que continuaban en prisión. En España, unos cuantos amigos y admiradores de su singular personalidad (el premio Nobel Wola Soiynka es un de ellos) lo presentamos como candidato al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Nada sería más justo. Y más necesario para mostrarle al pueblo español que la memoria histórica sigue viva.

José Saramago

Fuente: El cuaderno de Saramago






06 octubre 2008

Marcos Ana, el Quijote viviente





Cristina Castelló*


Decidme cómo es un árbol.
Decidme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros
(Marcos Ana)


Almodóvar filmará la vida del hombre que más tiempo estuvo en la cárcel por la Guerra Civil española. Sin sueños de venganza, Marcos Ana sigue luchando contra el fascismo. Su historia es testimonio de los pájaros sin alas de aquella barbarie; y también una juerga de ternura que iza la Bondad por encima de todo horror.

Marcos Ana, poeta y Quijote. Emblema universal de la lucha por la libertad -88 años, hoy- estuvo en las cárceles del franquismo entre 1939 y 1961.

Conoció el espanto en su piel, en su corazón, y a través de los ojos de sus compañeros; descubrió el oprobio en las manos de los torturadores: manos extranjeras a la vida que sólo los domingos cesaban de masacrar, pues entonces los verdugos rezaban en la Iglesia y con el capellán. Pero también supo de deleites: en las mazmorras del fascismo español, Marcos Ana «adoptó» -como se adopta un bebé- una flor inocente, nacida en la grieta tenebrosa del muro más cruel. Así como, aunque trepado a los barrotes y castigado duramente por ello, se extasió con cada plenilunio que -gracias a su obstinación- pudo gozar. Igual que contrabandeó, reja a reja, la poesía de Neruda y sus propios versos, como una letanía que invocaba la libertad.

Tenía sólo 19 años cuando cayó en aquel infierno del Régimen, y veintitrés más cuando -como una salva de pájaros contentos- pudo dejar la jaula para abrazar la nitidez de la luz.

Luz cegadora para él, que no conocía más que las tinieblas. Pero la vida, que sólo le había ofrecido su mano mezquina, le llegaba por fin con la mano que da. Entre todos sus dones, le dio los viajes, el reconocimiento mundial -el abrazo de la humanidad- y la posibilidad de luchar. Le dio la poesía, y le descubrió el amor y el sexo... recién a sus 42. Ella era joven y morena, delgada, bella y sutil. Se llamaba Isabel Peñalba y tenía la mirada azul.

¿Serán los ojos de Penélope Cruz, la actriz fetiche de Almodóvar, los que lo mirarán desde aquel azul de Isabel? Quién sabe. Primero terminará la filmación de «Los abrazos rotos» y, quizás, rodará «La piel que habito». Y entonces se dedicará a «Decidme cómo es un árbol», el último libro de Marcos Ana; obra que recorre el mundo con sus memorias de la prisión y de la vida, flameantes de humor, de la poesía de su prosa y del sentido de la existencia como un hecho trascendente.

¿Cuántos filmes podrían hacerse con cada latido de este Quijote? En cualquier caso, Almodóvar eligió tomar la historia de Marcos, «un superviviente», cuando era ya un pájaro en vuelo libre que surcaba cielos a la salida del infierno. Al cineasta le impresiona que, después de haber respirado tanta muerte, el poeta sepa de justicia y paz, de fraternidad y siembra, de imaginación y esperanza, y no de rencor. Le sorprende su pasión por la vida del prójimo. Se emociona porque en «Decidme cómo es un árbol», nuestro autor cuenta que -a causa de un compañero que lo denunció- recibió una de sus dos condenas a muerte; y, aun así, no da su nombre para evitar un daño a la posible familia del traidor.

Curiosa audacia la de Almodóvar, artista de un lenguaje cinematográfico barroco y brillante, cuyos temas habían sido hasta ahora el amor por su madre y por las mujeres, la sexualidad, el maridaje entre el amor y la muerte, y la transmutación del alma. Y si bien algunos hechos de la historia que filmará justifican a primera vista su elección -ya se verá- hay algo central, más novedoso que todo. «Marcos Ana es lo más parecido a un ángel -explicó el director-, no he conocido a nadie tan bueno». A partir de esta experiencia, ¿podremos sumar entre sus razones para elegir un guión el valor infinito de la Bondad?




La mirada azul


Decidme cómo es el beso de una mujer.
Dadme el nombre del amor: no lo recuerdo.
(Marcos Ana)

Después de 23 años tras los muros, lo más difícil fue la libertad. Aprender a ser libre. Marcos sabía vivir en la cárcel, donde el cariño hacia (y de) sus camaradas fue su sostén y su motor. Aunque fue torturado hasta casi morir; aunque vio asesinar tantas vidas y también su juventud, tiene grabadas en la piel y en todo su ser las risas de sus amigos y su generosidad. Con ellos compartía el hambre y el pan, los sueños y los homenajes con que -en las sombras de la sombra y con ingenio- honraban a los grandes poetas. La cárcel era una «universidad democrática», un hogar.

Marcos fundó las tertulias literarias, a pesar de que la imaginación era salvajemente perseguida. Los guardias debían evitar la fuga física de los prisioneros; y el capellán, la fuga espiritual. Había que impedir la poesía, pues era enemiga del sistema, era un ser más a encarcelar. ¿Encarcelar el sol? ¡Vaya!

En la década de los '50 y a una celda de castigo infrahumana sus compañeros le acercaron, ellos sabían cómo - ¡oh, qué gracia la imaginación!-, una lapicera y poemas de Neruda y de Rafael Alberti. Los leyó más de mil veces y... ¡empezó a escribir! Pero... ¿cómo guardar su palabra escrita? Y aquí otra vez la creatividad. Sus «colegas» de prisión aprendían de memoria sus versos, y los que recuperaban la libertad eran poemarios parlantes de Marcos Ana, conocido aún como Fernando Macarro Castillo. Tiempo después, recibió un librito impreso con sus poemas... ¡Hombre, qué felicidad! Eran las dos primeras ediciones de «Te llamo desde un muro», publicado entonces en México y en el Perú.

Como un juego interminable de espejos reflejados en sí mismos para multiplicarse, la cámara de Almodóvar mostrará a los espíritus inquietos del mundo, la vida de nuestro personaje y conciudadano suyo... ¡sí! Vaya sucesión de casualidades: el cineasta nació en La Mancha, igual que la obra suprema de la literatura universal: «El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha»; igual que Don Miguel de Cervantes Saavedra, su autor, quien había abierto los ojos a la vida en Alcalá de Henares, ciudad de la famosa región, donde Marcos vivió desde sus nueve años y padeció su primera prisión... ¿Es que existe el azar?

Virgen hasta los 42, para Fernando Macarro el mundo exterior era una leyenda, una fábula, una ficción. No había muros sino cielo; ¡había tocino! -tocino, aquel sueño suyo de hambreado durante los 9.000 días y noches de su encierro-; había coches, carteles luminosos, tiendas... ¡mujeres! Había una vida «normal» y él la había olvidado después de tantos años tras los muros. Habituado al horror y a la necesidad, las luces lo mareaban, devolvía la comida que había ansiado: se sentía en otra galaxia... hasta que llegó su noche azul.

Ella. Ella creía que él estaba borracho e intentó devolverle el dinero; el que él debía pagarle, como prostituta que era la muchacha. Fernando Macarro no sabía qué hacer, a solas con una mujer y en un hotel; se sentía torpe, extraño, desorientado, hasta que le contó la verdad: los 23 años de cárcel y su inexperiencia sexual. Y ella se dedicó a él con amor: lo llevó a pasear por la Gran Vía de Madrid y fueron a cenar, mientras él hablaba y hablaba, como una semilla que encuentra tierra fértil después de la sequedad.

La mirada azul lloró. Lloró tanto, al tiempo que él le contaba el único mundo que conoció. Lloró por todas las cosas que merecen lágrimas (Jorge Luis Borges). Isabel Peñalba -era ella, sí- lo llevó después al hotel y logró que Fernando hiciera el amor. Quería renacerlo, inaugurarlo. Ya en la mañana, chocolate con churros juntos en la cama, y cuando el poeta amanecido «varón» llegaba de vuelta a su casa encontró en el bolsillo las quinientas pesetas de la paga que ella no cobró. Y un papel, un llamado, una solicitud de amor: «para que vuelvas esta noche». Él pensó en ella todo el día con deseo y emoción, pero el miedo de ofenderla con la paga -que además era dinero de la joven- se mezclaba con su deseo viril y con el temor de destrozar el recuerdo de aquella noche de pureza y magia. No sabía si ir o no, y otra vez fue una flor la que lo salvó de nuevo, para decidir. Compró docenas de flores tan luminosas como aquella que, nacida en el muro más cruel, había adoptado como a un bebé. Las 500 pesetas -el precio de la paga- se convirtieron en un bouquet de pimpollos con orquídeas y magnolias. Las dejó en la conserjería del hotel, con una tarjeta: «Para Isabel, mi primer amor». Franz Kafka escribió que cuando uno se empeña en subir, los escalones brotan debajo de los pies, anhelantes. Isabel fue el escalón al amor. Almodóvar se regocija en este recodo de alba y de tal embeleso de ternura que su cámara ansía traducir.

Antes, mucho antes, el faro de Marcos había sido el cariño absoluto hacia sus padres, en quienes pensó para elegir el seudónimo con que lo conocemos. Escogió Marcos, por su papá: ¡ay!, aquella imagen de una gorra solitaria prendida en la rama de un árbol roto, cuando un bombardeo lo asesinó; los ojos desolados del hijo tenían 17 años. Decidió apellidarse Ana, por la mamá. Abnegada bajo su siempre pañuelo negro en la cabeza, ella había ido a verlo a la cárcel, una vez más, pero no la dejaron entrar. Con su calvario interior por haberse enterado de que el hijo estaba condenado a muerte, comenzó a volver sobre sus pasos. Mamá Ana cayó al suelo, los guardias la golpearon y humillaron y ella murió en una zanja, en aquella Navidad de 1943: «...que murió de rodillas, me contaron / crucificada en un leño de llanto, / con mi nombre de hijo entre sus labios / pidiendo a Dios el fin de mis cadenas».


Candilejas

Mi pecado es terrible;
quise llenar de estrellas
el corazón del hombre
(Marcos Ana)

Desde su liberación en 1961, gracias a la presión internacional, pues estaba condenado a sesenta años de rejas, recorrió Europa y gran parte de la América morena. Conoció a Louis Aragon, Pablo Neruda, por fin a Rafael Alberti y María Teresa León, a Salvador Allende, Nicolás Guillén, Picasso, Yves Montand, Michel Piccoli, Prévert, Jean-Paul Sartre, Joan Báez, Miguel Ángel Asturias, Pedro Vianna y tantos más.

Convirtió su vida en una defensa de la libertad, en contra de todo autoritarismo. Fundó y dirigió en París, hasta el final del franquismo, el Centro de Información y Solidaridad con España (CISE), que presidió Picasso. Y cada persona que lo entrevistaba, y aún hoy, le repite una pregunta: ¿Vio en prisión al enorme poeta, alma de cristal, Miguel Hernández? Sí, lo había visto. Al «Fuego azul de la poesía» -como lo llamaba Neruda-, el franquismo lo había asesinado a los 31 años, con una tuberculosis ponzoñosa a la que sus verdugos jamás atendieron.

A los dos años de su libertad, Marcos conoció a Vida Sender, quien fue su mujer por muchos años. Hoy están separados, pero conservan una amistad cada vez más honda y el amor de los dos hacia «Marquitos», con quien vive. Es el hijo de ambos -hoy camarógrafo, fotógrafo y documentalista-, la ofrenda mayor que recibió de la libertad.

Pero hubo otras más. Como el reencuentro con aquella música de acordeones y violines que, de una orquesta lejana, había escuchado en la cárcel de Burgos en la Navidad del '60. Nunca supo el nombre y, aunque la buscó con obsesión, sin ese dato y sin poderla tararear, no era posible hallarla.

Después, el vértigo de los viajes lo llevó a Copenhague, donde le habían asignado para hospedarse la casa de. Karen. Alta, bella, fascinante, la diosa nórdica no podía entenderse con él más que por señas. Marcos no hablaba una palabra de inglés, y ni pensar en el danés. Desde un sillón, la miraba, cohibido -más aún cada minuto-, sin poder pronunciar una palabra; y ella lo percibió: lo acomodó en el canapé, apagó las luces para crear un ambiente tenue que ayudara al reposo, puso cierta música en el tocadiscos y se dispuso a dejarlo descansar.

Entonces, la sonrisa de la vida. El milagro. La melodía que el poeta estaba escuchando era la de la película «Candilejas», la misma de aquella Navidad; la que tanto había buscado. La música le provocó un sobresalto que hizo a Karen volver, inquieta, y sentarse con él, casi en él. El resto fue el abrazo en silencio, la vibración al unísono, y el lenguaje del amor y la pasión. En los cinco días de su permanencia en Dinamarca y en tantos otros de su vida libre, el encantamiento pobló de estrellas al héroe que llena de estrellas el corazón del hombre.

«Decidme cómo es un árbol», clamaba Marcos Ana en el poema que dio el nombre al último libro. Hoy, ya todos los bosques, todos los pájaros y todos los ríos le contaron su historia. Hoy se reconoce como un «árbol milagroso», porque sigue dignificando la condición humana. Y se abraza a la palabra de su admirado Paul Éluard: «Y serán recompensados los que ríen de horror».

Cristina Castelló* es una poetisa y periodista argentina

Fuente: Sin Permiso