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05 junio 2012

Argentina: Abuelas en busca del traspaso generacional




Por primera vez, las Abuelas de Plaza de Mayo designaron a un nieto recuperado en su conducción. Manuel Gonçalves ocupará el puesto de revisor de cuentas, vacante desde el fallecimiento de Nélida Gómez de Navajas.


Poco tiempo después de enterarse de que sus padres biológicos habían sido asesinados por la última dictadura militar, 17 años atrás, Manuel Gonçalves Granada se sumó tímidamente a Abuelas de Plaza de Mayo. “Empecé visitando la casa, yendo un ratito por semana”, y ya nunca más abandonó el espacio en el que hace, “como todos los nietos que estamos allí, todo lo que esté al alcance”. En su figura, las Abuelas decidieron expresar un nuevo paso en el “traspaso generacional” de la organización. Desde el mes pasado, Manuel es el primer nieto en integrar la comisión directiva de la entidad. “Los hijos de nuestros hijos desa-parecidos garantizan la continuidad de nuestra lucha”, definieron en Abuelas.

La decisión, que Gonçalves definió como “un abrazo más, un gran reconocimiento a todos los nietos”, la volvió efectiva en la asamblea anual de Abuelas de Plaza de Mayo del 22 de mayo pasado. “Estela (de Carlotto) leyó sencillamente, como siempre, cuáles eran los temas de la asamblea y al final mencionó que necesitábamos encontrar a alguien que ocupara el lugar de Nélida (Gómez de Navajas, fallecida hace poco más de un mes), de revisora de cuentas. Habíamos pensado en vos, Manuel, me dijo. Fue muy lindo”, rememoró uno de los pocos nietos recuperados durante la década de 1990. Aquel día, sumó, “la votación fue estruendosa, con gritos y festejos”, y los abrazos de sus “hermanos” que no recibió personalmente le llegaron vía mail. “Incluso escribió el nieto de Nélida, fue muy emocionante”, aportó.

“Las Abuelas son, ante todo, sabias. Los nietos nos hemos puesto grandes y necesitan de nosotros desde otro lugar”, reflexionó Gonçalvez y relacionó su inclusión en la mesa chica de la organización con la decisión que tomaron las Abuelas años atrás de otorgar el poder de voto a los nietos recuperados que no tuvieran abuelas. En su mensuario, la organización –que en octubre cumplirá 35 años de batallar– planteó algo similar al difundir la buena nueva. “Con el paso del tiempo nuestros métodos de búsqueda cambiaron y nuestro andar es más pausado, pero nuestra lucha es inclaudicable. Tenemos la tranquilidad de saber que desde hace años los hijos de nuestros hijos desaparecidos se comprometen solidariamente en la búsqueda de los jóvenes que todavía no conocen su verdadera identidad, con la misma fuerza con que sus padres lucharon por construir un mundo más justo”, apuntaron.

La identificación con la lucha, la compañía en el camino de búsqueda de “Memoria, Verdad y Justicia” que destacan las Abuelas en los nietos recuperados es el mismo valor que esbozaron hace poco más de un año cuando dieron otra señal e incorporaron a Abel Pedro Madariaga, padre del nieto restituido Francisco Madariaga Quintela, el primer hombre que integró la comisión directiva. “Es un colaborador y compañero histórico.”

Manuel Gonçalves no será simplemente un revisor de cuentas, sino el encargado de empezar a tomar con las manos de la “nueva generación” la lucha de las Abuelas. Para él, “es un gran honor, no por mi nuevo rol en Abuelas, sino por formar parte de algo histórico. Por ser parte de una decisión histórica que modifica a una comisión histórica”, definió. También lo analizó desde lo emotivo: “Es un gran mimo, un nuevo abrazo. Un reconocimiento para todos los nietos, una demostración de confianza”.

Son muchos los nietos que colaboran con el devenir cotidiano de la organización de derechos humanos que, vaya cuestión, les devolvió la identidad. “Hacemos varias cosas, todo lo que esté a nuestro alcance, pero sobre todo aportamos con la difusión de nuestras historias”, destacó el nuevo revisor de cuentas de Abuelas. No son pocos los nietos que recorren el país y el mundo, a veces a través de los medios de comunicación, para contar el proceso que los tuvo como protagonistas.

Por tal motivo, probablemente Gonçalves no se canse nunca de repetir que hasta los 19 años era Claudio Novoa y estaba seguro de que sus padres adoptivos le habían dado el amor que su familia biológica le había negado; que en 1995 una integrante de aquel pedazo de su historia, su abuela Matilde, le tocó la puerta y le cambió la mirada; que gracias a ella supo que su papá, Gastón Gonçalves, fue asesinado tras ser secuestrado por un grupo de tareas en las primeras horas del golpe de Estado de 1976, cuando él todavía vivía en la panza de su mamá y que ella, Ana María del Carmen Granada, logró esconderlo en un placard y salvarlo de la balacera que agujereó la casa en donde estaba escondida y que la mató –junto con otros adultos y dos niños, también víctimas fatales–, varios meses después. “Nuestra historia personal está atada a Abuelas y sabemos que difundirla es de gran ayuda porque, básicamente, es luchar contra lo que nos impusieron desde siempre: el silencio”, concluyó.

Hacia adelante, el nuevo revisor de cuentas de Abuelas propone paciencia: “Las Abuelas nos enseñaron que esta lucha es larga. Corresponde de parte de aquellos que sabemos gracias a ellas quiénes somos, poner todo lo necesario para buscar y encontrar a los nietos que faltan. Nos haremos cargo de la responsabilidad de ese fin, conscientes de que jamás las podremos reemplazar, pero jamás podremos abandonarlas”.

Ailín Bullentini

Fuente: Página 12

10 abril 2011

Argentina: Entrevista al nieto 102 recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo

Foto: Pablo Dondero


“Cerré una etapa y abrí otra”


Ezequiel trabajaba en la Fuerza Aérea cuando confirmó que era hijo de desaparecidos. Después de oponerse a los análisis de ADN, habla del encuentro con su familia. Hoy dice que su objetivo es “sumar”.

Durante diez años se opuso a que le hicieran una prueba de ADN para establecer si era o no hijo de desaparecidos. Allanaron su casa y se llevaron su ropa, pero eso tampoco dio resultado. Lo pararon en la calle, lo escoltaron al juzgado, le pidieron la remera y otras prendas y entonces sí, se estableció que sus padres eran María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein, secuestrados en julio de 1977. La confirmación de esa noticia no se la dio un juez, sino la entonces ministra de Defensa, Nilda Garré. Es que Ezequiel Vázquez Sarmiento trabajaba en la Fuerza Aérea. Es el nieto 102 recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo y es la primera vez que da una entrevista. De hecho, él la propuso. “Quiero agradecer”, explica: “Yo pensaba que querían revancha y venganza y al final nada que ver. Uno después habla con la gente de allá y lo único que fue es contención y calidez. Para mí, el post enterarme e interactuar con las personas de Abuelas fue muy importante para cambiar los prejuicios”.

La particularidad más ostensible del caso de Ezequiel es que al momento de confirmar que era hijo de desaparecidos y durante buena parte de lo que duró el proceso judicial para establecer su identidad, él trabajaba en la Fuerza Aérea. Es el primer nieto recuperado que es empleado de las Fuerzas Armadas. Su apropiador, un oficial de esa misma fuerza, está prófugo desde 2003. Ezequiel lleva su apellido y no quiere modificar esa situación, al menos por ahora. El no dice apropiador. Dice “mi padre”, o “la persona que considero mi padre”.

Ezequiel vive con la mujer que lo crió, su esposa y sus tres hijas e incorporó a su vida a sus dos parientes biológicas más cercanas: su abuela materna y su tía. Además, otras dos mujeres intervinieron en este proceso: la ministra de Seguridad (en ese entonces de Defensa) y la presidenta Cristina Kirchner.

En septiembre del año pasado, el joven fue convocado al despacho de Garré. No conocía a la funcionaria personalmente y creyó que había hecho algo mal, aunque no sabía bien qué. Se preparó para un reto: “Fue un diálogo muy ameno, ella me quería adelantar y contar el resultado del ADN, pero conteniéndome y respetando mi postura. Me dijo que conocía mi caso y estuvimos hablando un montón, hasta de temas familiares. Fue la primera persona con la que tuve una charla así”.

Luego vino el anuncio de las Abuelas de Plaza de Mayo. Ezequiel prefirió mantenerse al margen. Pero la distancia le duró poco. Enseguida decidió hablar con su familia biológica: quería contarles lo que sentía, explicarles. Fue a Mar del Plata para conocer a su tía y a su abuela: “Bajé del avión y en el aeropuerto me esperaba mi tía, la reconocí porque era la única mujer que estaba llorando”. Tiempo después ellas vinieron a Buenos Aires. Ezequiel les presentó a la mujer que llama “mamá”, o “vieja”. “Apenas las saludó, mi mamá se puso a llorar y mi tía y mi abuela biológica la abrazaron, la consolaron. Eso para mí fue muy fuerte. Ellas no tenían rencor ni bronca.”

–¿Entendés igual que es un poco paradójico, no?

–¿Por qué decís paradójico?

–Porque tu tía y tu abuela son las víctimas, junto con vos y tus padres, claro.

–Para mí fue como decir “a pesar de lo pasado no te tenemos bronca”. Ellas empezaron a hablar, a preguntar, y mi vieja les contaba cosas de mi infancia.

–¿Qué les dijiste a tus hijas?

–Son chicas. La más grande tiene ahora seis años. Cuando en noviembre fuimos a festejar mi cumpleaños a Mar del Plata, estaban mis primas, sus hijas. Mi hija más grande me dice “ahora tengo más primas”. Yo sólo les dije: “Ella es la abuela Nely, ella es la tía Pato”, creo que es difícil de entender. Aunque ellas lo tomaron como algo natural.

–¿Cómo te enteraste de que no eras hijo biológico de quienes pensabas que eran tus padres?

–Me enteré en 2001. Hablando con mi mamá, antes de que me llegara la notificación policial. Yo tenía 24 años, estudiaba Economía. Tengo toda la carrera cursada en El Salvador, pero al final dije no, esto es una mentira...

–Ah... y estudiaste Derecho, que es algo serio

–(Se ríe.) Bueno, eso dejémoslo para otro momento. Ella me contó que yo no era hijo biológico de ella. Yo le dije “quiero que me cuentes hasta acá”. Ahora seguiremos en la causa judicial.

–¿Por qué no quisiste saber detalles?

–Me contó que ella tampoco sabía de dónde era yo, que con el paso del tiempo se lo planteaba más. Tampoco tuve la necesidad de seguir indagando porque mi principal fuente de preocupación era que no le pasara nada a ella.

–A ella.

–Sí, a ella. En realidad a los dos, pero a ella en primer lugar.

Dolor

María Graciela Tauro y Jorge Rochistein militaban en Montoneros y estudiaron en la Universidad Nacional del Sur. El, Ciencias Económicas. Ella, Bioquímica. Así se conocieron. Se casaron el 30 de enero de 1976, después de un largo noviazgo, y fueron secuestrados el 15 de mayo de 1977 en Hurlingham. Graciela estaba embarazada. Fueron llevados a la Comisaría 3 de Castelar, luego a Mansión Seré, el centro clandestino que regenteaba la Aeronáutica y a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde nació Ezequiel.

Juan Carlos Vázquez Sarmiento es un oficial de la Fuerza Aérea. Su foto, con la gorra de aviador y bigotes gruesos, se puede ver en alguno de los avisos que el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos publicó ofreciendo cien mil pesos a quienes aporten datos que ayuden a encontrarlo. Está prófugo desde 2003. Las denuncias en la causa señalan que fue miembro de la Regional Buenos Aires de Inteligencia (RIBA) de la Fuerza Aérea. Ezequiel lo defiende de las acusaciones sobre su posible participación en un grupo de tareas.

–¿Cómo convivís con el hecho de que quien considerás tu papá está prófugo?

–En su momento se toman decisiones..., yo no lo considero responsable. Yo trabajé en la Fuerza Aérea y conozco la responsabilidad de un cabo principal y más en esa época. Para mí es doloroso. Pero ya con el mote de militar y con la gorra en la cabeza se sabía que mucha alternativa no había.

–¿No creés que se debería presentar y hacerse cargo?

–Por un tema de preservación de él, yo no tengo contacto. Es más doloroso verlo detenido que no verlo.

–Haber sabido la verdad de la forma en que haya sido, ¿fue un bien para vos?

–Recién ahora me planteo el hecho de sumar. Lo veo como experiencia de vida. Si no se hubiese judicializado el tema supongo que lo hubiese querido saber antes..., pero hoy por hoy, sí, hoy tengo la suerte de que tanto mi vieja como mi familia biológica son personas maravillosas y por el tema judicial por ahí me perdí de diez años, pero ya está. Para mí es fuerte que me hayan buscado y la forma en que lo hicieron sin querer hacerme daño.

–¿Pensabas que las Abuelas querían hacerte daño?

–No. Yo nunca interactué con ellos. Era un tema judicial. Pero en el imaginario... uno pensaba que era “revancha y venganza”, y al final nada que ver. Uno después habla con toda la gente de allá y lo único que fue es contención y calidez. Para mí el post enterarme e interactuar con las personas de Abuelas fue muy importante para cambiar los prejuicios.

La Presidenta

Hace veinte días un grupo de Abuelas de Plaza de Mayo y nietos recuperados fue a visitar a la Presidenta, que los recibió para felicitarlos por el premio que la Unesco le otorgó a la institución. Estela Carlotto invitó a Ezequiel, quien aceptó de buen grado. “Uno no conoce todos los días a un Presidente.” El encuentro, que tal vez imaginaba protocolar, lo sorprendió: “Eramos un grupo de veinte personas. Nos reciben en el despacho de ella. Yo sería el séptimo u octavo en la fila de saludos..., entonces se da vuelta Estela y me dice ‘¿la saludaste?, ¿le dijiste quién sos?’. Me agarra y le dice: ‘Presidenta, él es Ezequiel’ y le empieza a contar. Ella deja de saludar a todo el mundo y empieza a hablar conmigo. Me dijo: ‘Quería conocerte pero no queríamos que te generara una presión, por eso ese día con Nilda no te trajimos acá, para que yo pueda hablar con vos, pero estaba interesada en tu caso. Estoy muy contenta de que estés acá’. Se acordaba de cómo había sido el proceso. Yo le agradecí. Para mí fue demasiado fuerte. Estela le dice en un momento: `El es demasiado formal’... yo soy el acartonado. Cuando nos sentamos a la mesa volvió a hablar conmigo. Imaginate todos los problemas que tiene y se preocupaba por mí, no como Presidenta, sino como persona. También le agradecí la contención que me había brindado Nilda, que fue una persona que me contuvo en los peores momentos. No tenía obligación. Fue algo humano y algo muy genuino. Salí bastante emocionado de esa experiencia en Casa Rosada”.

La verdad

–¿Cómo te sentiste cuando supiste la verdad?

–Yo sabía la verdad, no sabía de quién era. Sabía que mi origen era dudoso. Pero mi hermana también era considerada apropiada y ella en 2005 fue voluntariamente a hacerse el ADN y dio negativo. Ella es hija biológica de la que yo creo que es mi mamá. Yo no sabía si la familia que me reclamaba judicialmente era realmente la familia. Aunque esa no era mi preocupación, sino mi vieja. Se hizo todo lo que se pudo hacer y pude luchar hasta donde pude luchar. Si no fue voluntario deja de ser mi responsabilidad. Si me decís si hoy por hoy lo recomiendo hacerlo así... Es medio heavy...

–¿Pero entendés que no había otra alternativa?

–Entendía que no había otra alternativa bajo la lógica de defensa planteada por mí.

–¿Y estás contento de haber conocido a tu familia?

–Sí. Claro. A partir de eso cerré una etapa y abrí otra. Las dos cosas confluyen. Para mí, fue bisagra. Yo tomé la iniciativa de ir a ver a mi familia biológica a Mar del Plata. Me recibieron con los brazos abiertos. Lo único que me dijeron fue que no me querían hacer ningún daño. “Lo único que queremos es encontrarte”, me dijeron. Después yo las acompañé al juzgado, porque mi tía y mi abuela quisieron expresar eso en el juzgado.

–¿Qué sabés de tus papás?

–Mi abuela me mostró fotos de cuando Graciela era chica y bebé. Mis tres hijas son fotocopias y si las ponés al lado de una foto de ella, no sabés cuál es cuál. Del lado paterno no tengo parientes cercanos, hay un primo que vive en Estados Unidos y se contactó conmigo. Se preocuparon por mí, pero es un vínculo más lejano.

–Cuando eras chico, ¿sabías que había desaparecidos?

–No. Imaginate que yo tengo 33 años. Fui chico en los ’80, ’90. Acá hubo un quiebre después del 2003, del resurgimiento de los derechos humanos.

–Bueno, pero pasaron cosas antes. Cuando fueron los 20 años del golpe, en 1996, hubo una movilización muy importante, por ejemplo.

–Los noventa fueron despolitizados. La militancia que hay hoy no existía.

–¿Y cómo empezaste a trabajar en la Fuerza Aérea?

–Yo estudiaba Economía en El Salvador. Mi viejo trabajaba en la Fuerza Aérea y empecé a trabajar ahí. El tema de la abogacía tiene mucho que ver con la causa. Empecé en 2004 a estudiar Derecho por la causa y por tener otra actividad remunerada. Ahora trabajo en el Ministerio de Defensa.

–¿Cómo era tener el juicio sobre tu identidad y trabajar en la Fuerza Aérea?

–Nunca me pusieron objeciones a nada ni palos en la rueda. Me respetaron el tema. Para mí fue un tema que ellos consideraron privado y me respetaron y siempre el apoyo humano me lo brindaron, pero más que nada las personas.

–¿Cómo fue el encuentro con tu familia? ¿Cuándo los conociste?

–Yo quería exponerles mis motivos y mi sentir. Abuelas hizo el anuncio un lunes –y agradezco la forma en que lo hicieron, respetaron mi postura– y el jueves tomé la decisión de ir a ver a mi familia biológica a Mar del Plata y exponer mis motivos y mi sentir, quise dar el primer paso. Ellas iban a respetar mis tiempos, así que se emocionaron de que yo haya querido ir a verlas. Me fue a buscar mi tía al aeropuerto y me di cuenta quién era porque era la única mujer que estaba llorando.

–Vos te negaste a hacerte el ADN e hicieron un allanamiento que resultó negativo. ¿Me vas a contar qué pasó?

–Vinieron un día a las seis menos cuarto de la mañana a casa. Eran dos policías con un perito del Hospital Durand y dos testigos. Se llevaron prendas que estaban en mi casa, por así decir...

–Bueno, no me vas a decir. Pero después te fueron a buscar y te llevaron al juzgado.

–En definitiva se extrajo ADN de mi remera, que no fue entregada voluntariamente, en el juzgado.

–¿Qué les dirías a otros jóvenes, como en el caso de los Noble Herrera, que no quieren hacerse el análisis de ADN?

–Si me decís previamente a esta nueva situación..., pero hoy sinceramente les diría “no perdés nada, tratá de sumar y quitate la duda”. No sólo para ellos, para cualquiera que esté en esta situación. En definitiva no vienen con mala intención, igual, yo hablo de mi caso personal. Hay que tratar de sumar en la vida.

Victoria Ginzberg

Fuente: Página 12

30 octubre 2010

Nietos




Un día encontré en Facebook un mensaje de mi nieta Candela que por título decía Nietos. Yaya quiero que se forme nietos, quiero ser una n.i.e.t.a. así, con puntitos, que todos sepan que estoy orgullosa de que mi abuelo haya arriesgado su vida para darnos un mundo mejor, para que podamos vivir en democracia, con un gobierno como el actual y no con la mierda de los milicos hijos de puta. Ojalá algún día se pueda, ¿no...?

Yo le aconsejé que fuera a la reunión de los hijos de desaparecidos, a pedir ayuda, y es así que fueron León y Candela acompañados de mi hija Gaby, que por un tiempo militó en Hijos y los recibieron muy bien, les ofrecieron el lugar donde ellos tienen sus reuniones y se emocionaron mucho con la propuesta. En dos sábados se estarían juntando.

Y así fue que se reunieron los primos, en casa de Gaby, para redactar el mail de convocatoria que hicieron entre Violeta, León, Candela y Julieta. Y que dice así:

Los nietos de la memoria. Leela y ayudanos a difundir.

A la memoria le nacieron los nietos.

Queremos convocar a los nietos de desaparecidos para crear un espacio en el que podamos contar nuestras historias y las de nuestros abuelos y abuelas.

Porque nos sentimos herederos de la memoria, porque queremos verdad y justicia, porque somos nietos de luchadores y queremos seguir transmitiendo a futuras generaciones los ideales por los que ellos lucharon.

Nos reuniremos el sábado 6 de noviembre a las 17 hs. en Riobamba 34 (entre Av. Rivadavia y Bartolomé Mitre).

Al que le pinte, que traiga algo para merendar, muchas ideas y ganas de seguir escribiendo la historia.

Acá dejamos un mail para que te puedas contactar: candeyacub@hotmail.com

Los nietos no olvidamos y no perdonamos.


Es difícil expresar el orgullo que siento. La memoria de mi compañero desaparecido valorada por los nietos que no pudo conocer, la reacción hermosa de los amigos, de las madres, de los Hijos.

Yo que siempre trabajé haciendo prensa, me encuentro hoy haciendo prensa para los Nietos, qué hermosa tarea.

La buena memoria les contó que eran nietos de luchadores.

La buena memoria los nombró. La buena memoria los parió otra vez.

Las fotos sepias, los recuerdos, las melodías.

Y llegaron los nietos. Desgarbados, adolescentes.

Niños herederos de la memoria. Llegaron con el país a cuestas.

Traen las historias que les contaron. La memoria familiar ardiendo entre sus manos pequeñas.

Quieren con orgullo alzar un cartel, para gritar, que su abuelo, abuela está desaparecida.

El cartel de Nietos que ondeará el próximo 24 de marzo.

Y llegaron los Nietos a luchar por la verdad y la justicia, para contar las historias que sus abuelos no pudieron contarles, historias del horror. Y perseguir a los verdugos con su mirada clara y decirles que el olvido morirá, porque a la memoria... le nacieron los Nietos.

Y en esos rostros militantes se reconocieron los nietos.

Y llegaron para decirnos que el olvido es imposible porque de ellos es la memoria, tan clara y tan bella como el abrazo que no pudieron dar a sus amados abuelos.

Fuente: Página 12


22 setiembre 2010

Argentina: El nieto 102 es identificado por las Abuelas de Plaza de Mayo


María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein,
los padres del nieto 102, fueron secuestrados en mayo de 1977.


Estela Carlotto lo anunció en la sede de Abuelas. Es el hijo de los militantes montoneros María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein, secuestrados en 1977. No quisieron dar el nombre del joven ni de su apropiador.

“El documento es de una persona que no existe –dijo Estela Carlotto– porque existe otra persona que va a tener que recuperarlo, y eso es obra de la Justicia.” La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo presentó así la noticia de la recuperación del nieto número 102. Un caso que no es sencillo, dijo, porque el joven no aceptó hacerse voluntariamente los análisis genéticos. Después de muchos años y de varios fallos judiciales, confirmaron finalmente que es hijo de María Graciela Tauro y de Jorge Daniel Rochistein, dos militantes de Montoneros secuestrados el 15 de mayo de 1977. El joven, del que no se dijo su nombre, no estuvo en la casa de las Abuelas para la conferencia de prensa. Hubo un dato en la causa que fue especialmente subrayado en Abuelas: la existencia de un allanamiento donde se fraguaron las pruebas con la intervención del mismo comisario que actuó en otros casos similares, como el de los hermanos Herrera Noble. “En el fondo, él desea saber quién es”, dijo Estela. “Y va a seguir amando a quien quiera.” Las Abuelas, siguió, “no pueden decir como dicen livianamente algunos miembros del Poder Judicial cuando dicen ‘pobrecitos’, ‘déjenlos’”, explicó. “Este es un derecho de acción pública: si las Abuelas dicen ‘pobrecito’ están encubriendo un delito, siendo parte, siendo cómplices, por eso tenemos que llevarlo a la Justicia.”

La sala de la sede de Abuelas estaba repleta de cámaras, micrófonos de televisión y voces de cronistas de tonos extranjeros. “Estamos en un país en democracia –explicó Carlotto cuando le preguntaron por el rol de los medios–, donde no tenemos que tener miedo para hablar de una situación que no está resuelta. Los medios pueden ser portadores de la verdad o pueden ocultarla.”

Las Abuelas mencionaron la historia de la causa del nieto 102, pero sobre la identidad del joven apropiado señalaron pocos datos. El joven se crió como hijo natural de un integrante de un grupo de tareas de la Fuerza Aérea, la fuerza de seguridad que mantuvo secuestrada a su madre en Mansión Seré desde donde la llevaron a dar a luz a la ESMA. Anoche, un cable de la agencia DyN divulgó el nombre del comodoro –prófugo de la Justicia desde hace años– que sería el apropiador del nieto recuperado. Pero, como solicitaron las Abuelas, Página/12 no lo dará a conocer para no obstaculizar el proceso de adaptación del joven a su nueva identidad.

Sus padres eran María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein. Ella era “La Gracie” entre sus familiares. Vivía en Bahía Blanca, tenía una hermana más chica, un padre tornero de los talleres del ferrocarril y propietario con su mujer de un quiosco de barrio. María Graciela estudió Bioquímica en la Universidad Nacional del Sur hasta tercer año, viajó a Buenos Aires, trabajó de empleada en una fábrica, era militante de la JUP y luego de Montoneros. Para sus compañeros era Raquel, Chela o Queda. Y era muy linda, dijo Estela, “tenía el cabello oscuro y ondulado”.

Jorge estudió Ciencias Económicas en la misma universidad. Su padre tenía una fábrica de carteras en Coronel Suárez, que luego mudó a Bahía Blanca. Jorge militaba en Montoneros. Entre sus compañeros era El Hippie, Ricardo o Iricardo. Los dos se conocieron durante los años de militancia, se casaron el 30 de enero de 1976 en Buenos Aires, y con los primeros meses del golpe estuvieron en el Gran Buenos Aires. Cuando los secuestraron, el 15 de mayo, ella llevaba cuatro meses y medio de embarazo. Pasaron por la Comisaría 3ª de Castelar, ella estuvo en el centro clandestino de Mansión Seré desde donde la llevaron a la ESMA. En noviembre de ese año dio a luz a un varón, asistida por el médico militar Jorge Luis Magnacco.

Según consta en la causa judicial, a ambos los ejecutaron en forma sumarísima durante un enfrentamiento fraguado de guerrilleros con militares, un procedimiento habitual en la época.

De lo que pasó después, Abuelas casi no dio información. La investigación para recuperar al niño se inició hace unos diez años por los datos de un represor, parte del grupo de tareas donde operó el apropiador del niño. Esa persona estuvo con María Graciela y pudo contar quién se llevó a la criatura. Su testimonio sin embargo cobró valor porque aportó además los datos de otro niño apropiado. Era el caso de Guillermo Francisco Gómez, que rápidamente se demostró que era nieto de Rosa Roisinblit. Ese apropiador, dijo Estela, “se animó por primera vez a hablar, cosa que ojalá todos los que participaron de la represión hicieran. Rosa lo supo hace ya diez años, en este caso demoró más porque el caso era mucho mas difícil”.

Como el joven se negó a realizar el estudio de ADN, el caso llegó a la Corte Suprema que se expidió contra la extracción obligatoria. Como sucede con el caso de los Noble Herrera, el tribunal consideró que se podían utilizar medidas alternativas para obtener la información genética. La causa estaba en manos del juez Rodolfo Canicoba Corral, quien ordenó un primer allanamiento para obtener muestras de sus objetos personales. “Como también sucedió en otros casos –explicó la presidenta de Abuelas–, las muestras fueron fraguadas y resultó imposible reconstruir el perfil genético.”

Los imputados supieron entre tres y cuatro días antes que se iba a hacer ese allanamiento. De acuerdo con los datos de la causa, le dieron a la Justicia un cepillo de dientes de la apropiadora. Canicoba volvió a convocar al joven. Esta vez, él mismo le compró ropa, ordenó el secreto de sumario y se aseguró de llamarlo después de un día de trabajo. Lo convocó a su despacho y presenció el momento en el que se quitaba y cambiaba la ropa para asegurarse de que no hubiese otro error.

Cuando le preguntaron a la presidenta de Abuelas por esa medida y la relación con el caso Noble Herrera, ella respondió: “La Justicia debiera ordenar la extracción como lo hizo Canicoba”.

Pero las Abuelas mencionaron otro dato. El allanamiento que ordenó Canicoba se hizo en mayo de 2008 y estuvo a cargo del subcomisario Carlos Garaventa de la División de Seguridad de Estado de la Policía Federal. En mayo de este año, Garaventa intervino en el allanamiento de los Herrera Noble. “Casualmente –dijo Estela–, en ambos procedimientos intervino el mismo jefe policial”. Garaventa fue separado de la fuerza el mes pasado (ver recuadro)

Con el avance de las investigaciones en Abuelas, ahora se sabe además que esa misma división estuvo a cargo de otro procedimiento fraguado en el año 2006 en el marco de la causa por la apropiación de Alejandro Sandoval Fontana por el gendarme Víctor Rei. Alejandro estaba ayer en la sede de Abuelas. En su caso, la policía llamó 48 horas antes a su apropiador para avisarle del operativo. Rei llamó a Alejandro a Campo de Mayo para que pase a buscar un cepillo de dientes suyo, un peine, una remera y una toalla. Elementos a los que sumó además el cepillo de dientes de un hijo biológico con la intención de fraguar los resultados. Alejandro declaró sobre el allanamiento hace dos meses en el juzgado de Sandra Arroyo Salgado, a cargo de la investigación de la causa Noble Herrera. Pero declaró en una causa paralela.

“Permitime, que quiero decir una cosa”, le pidió a Estela el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. “En este caso, con todas las dificultades que tuvo, se llegó a saber la verdad: eso nos fortalece la idea de que a pesar de todas las medidas dilatorias la Justicia va a avanzar”, concluyó.

Alejandra Dandan

Fuente: Página 12


24 noviembre 2009

Argentina: El rompecabezas de la identidad





Vivimos un tiempo histórico donde los reclamos de verdad y justicia siguen vigentes para enfrentar las secuelas de la dictadura militar en la que se cruzaron todos los vientos de las barbaries.

Graciela Muñiz*

Noviembre es un mes donde tres generaciones de argentinos que intentan armar el rompecabezas de la identidad encontraron estímulos y herramientas para seguir adelante.

La Cámara de Diputados de la Nación aprobó dos proyectos sobre nuevos procedimientos para la obtención de ADN a través de análisis de piel, pelos, saliva… y la creación de un nuevo Banco de Datos.

La segunda ley traslada el ámbito de pertenencia del Banco de Datos Genéticos al Ministerio de Ciencia y Tecnología, posibilitando la incorporación de nuevos avances a las causas vinculadas con los delitos de lesa humanidad, y como estos delitos no prescriben, la búsqueda sigue para ordenar los trozos de la historia reciente en un todo, con nombres y apellidos.

En noviembre fueron recuperados los nietos 98 y 99, dos historias de vida y de muerte que merecen ser evocadas. Martín Amarilla Morfino, de 29 años, el nieto N° 98 recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo es hijo de Guillermo y Marcela, secuestrados el 17 de octubre de 1979. Posiblemente hayan sido llevados a la ESMA y luego a Campo de Mayo. A la fecha continúan desaparecidos.

Martín nació en el hospital de Campo de Mayo durante 1980. Según un comunicado de Abuelas, este nieto se recuperó a si mismo. Comenzó la búsqueda de su identidad a partir de algunas sospechas.

Nadie le había dicho que era adoptado, pero las dificultades de quien decía ser su madre para quedar embarazada, su lugar, fecha de nacimiento y la profesión de su apropiador –era personal civil del ejército- fueron algunos indicios que lo condujeron a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) para solicitar colaboración en el esclarecimiento de su origen.

Finalmente un examen de ADN certificó que los datos genéticos coincidían con los de las familias Amarilla y Molfino, que desconocían la existencia de Martín por carecer de datos sobre el embarazo de su madre. En el encuentro familiar, lo primero que miraron sus tres hermanos fue el lóbulo de la oreja porque 'ninguno de nosotros tiene pulpita' comentó Mauricio, junto a Joaquín e Ignacio.

La nieta N° 99 se llamaba Mónica Santucho Ginder, desaparecida el 3 de diciembre de 1976 junto con sus padres Catalina y Heldy Rubén, cuando tenía 14 años en La Plata. Cuando la secuestraron pudo salvar a sus dos hermanos escondiéndolos en un recipiente recolector de basura.

'Mónica es una muestra mas del accionar de los genocidas, que además de secuestrar y robar bebés, asesinaron a niños y adolescentes que por su edad no podían ser apropiados' expresaron las Abuelas, que trabajaron en este caso con el Equipo Argentino de Antropología Forense, quién determinó que la joven fue inhumada como NN en una fosa común de un cementerio de Avellaneda, entre enero-febrero de 1977.

Su familia pudo de esta manera conocer el cruel destino de Mónica y hoy sus restos descansan en el cementerio de Bahía Blanca. Por iniciativa de las Abuelas unos 3300 jóvenes concurrieron a la Conadi para investigar su procedencia, ya que se calcula que unos 500 bebes fueron robados a sus padres y familiares durante la dictadura.

La búsqueda continúa, las heridas no cierran, se convierten en acción, en vida por la vida de los miles que lucharon por un mundo mejor.

400 nietos esperan recuperar su historia, su identidad y este es un tema que nos concierne a todos.

*Defensora Adjunta del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires.

Fuente: Artemisa