
Hoy, ni oro, ni plata, vivemos en tiempos de plomo. Que lo diga el juez Baltasar Garzón que, víctima del despecho de algunos de sus pares demasiado complacientes con el fascismo que perdura tras el nombre de la Falange Española y de sus acólitos, vive bajo la amenaza de una inhabilitación de entre doce y dieciséis años que liquidaría definitivamente su carrera de magistrado. El mismo Baltasar Garzón que, no siendo deportista de elite, no siendo ciclista ni jugador de fútbol o tenista, hizo universalmente conocido y respetado el nombre de España. El mismo Baltasar Garzón que hizo nacer en la conciencia de los españoles la necesidad de una Ley de la Memoria Histórica y que, a su abrigo, pretendió investigar no sólo los crímenes del franquismo sino los de las otras partes del conflicto. El mismo corajoso y honesto Baltasar Garzón que se atrevió a procesar a Augusto Pinochet, dándole a la justicia de países como Argentina y Chile un ejemplo de dignidad que luego sería continuado. Se invoca en España la Ley de Amnistía para justificar la persecución a Baltasar Garzón, pero, según mi opinión de ciudadano común, la Ley de Amnistía fue una manera hipócrita de intentar pasar página, equiparando a las víctimas con sus verdugos, en nombre de un igualmente hipócrita perdón general. Pero la página, al contrario de lo que piensan los enemigos de Baltasar Garzón, no se dejará pasar. Faltando Baltasar Garzón, suponiendo que se llegue a ese punto, será la conciencia de la parte más sana de la sociedad española la que exigirá la revocación de la Ley de Amnistía y que prosigan las investigaciones que permitirán poner la verdad en el lugar donde estaba faltando. No con leyes que son viciosamente despreciadas y mal interpretadas, no con una justicia que es ofendida todos los días. El destino del juez Baltasar Garzón está en las manos del pueblo español, no de los malos jueces que un anónimo pintor portugués retrató en el siglo XV.
José Saramago
Fuente: El cuaderno de Saramago
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Hacía tiempo que no entraba en tu esquina, Silvia, tengo mucho trabajo últimamente, y mi blog me absobe bastante. Hoy me he encontrado con dos magnfícos artículos sobre la situación judicial española. No tiene desperdicio el artículo del maestro Saramago. Tiene guasa que se pretenda juzgar al magistrado Garzón por tratar de hacer justicia y reconocer el sufrimiento y el hastío de tantos y tantos españoles, de ambos bandos, que ya sufrieron bastante en la guerra y luego en la posguerra. Es injusto, pero te digo que es sólo una pequeña parte de la judicatura española la que está apegada al pasado, lo que pasa es que aún tienen bastante peso y resortes. No prosperarán, no lo dejaremos. Un abrazo desde el sur de España en un domingo bastante gris para ser el día del amor. Saludos y seguiré llegando a una de las esquinas más solidarias. Paco
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