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06 junio 2011

Guerras matamundos


A mediados del siglo diecisiete, el obispo irlandés James Ussher reveló que el mundo nació en el año 4004 antes de Cristo, entre el crepúsculo del sábado 22 de octubre y la noche del día siguiente.

Sobre la muerte del mundo, en cambio, no disponemos de información tan exacta. Se teme, eso sí, que la defunción no demorará, dado el febril ritmo de trabajo de sus asesinos. Los avances tecnológicos de este siglo veintiuno equivaldrán a veinte mil años de progreso en la historia humana, pero no se sabe en qué planeta serán celebrados. Ya lo había profetizado Shakespeare: La desgracia de estos tiempos es que los locos conducen a los ciegos.

Nos invitan a morir las máquinas creadas para ayudarnos a vivir.

Las grandes ciudades prohíben respirar y caminar. Los bombardeos químicos disuelven los polos y las nieves de las cumbres de las montañas. Una agencia de viajes de California vende excursiones a Groenlandia, para decir adiós a los hielos. La mar engulle las costas y las redes de los pescadores
recogen medusas en vez de bacalaos. Los bosques naturales, verdes fiestas de la diversidad, se convierten en bosques industriales o en desiertos donde ni las piedras germinan. En veinte países, a principios de este siglo, la sequía ha arrojado cien millones de campesinos a la buena de Dios. «La naturaleza está ya muy cansada», escribió el fraile español Luis Alfonso de Carvallo. Fue en 1695. Si nos viera ahora.

Donde no hay sequías, hay diluvios. Año tras año se multiplican las inundaciones, los huracanes, los ciclones y los terremotos de nunca acabar. Los llaman desastres naturales, como si la naturaleza fuera su autora y no su víctima. Desastres matamundos, desastres matapobres: en Guatemala dicen que los tales desastres naturales se parecen a las viejas películas de cowboys, porque sólo mueren los indios.

¿Por qué tiemblan las estrellas? Quizá presienten que pronto invadiremos otros astros del cielo.

Eduardo Galeano
Del libro "Espejos - Una historia casi universal"

05 setiembre 2010

El río y los ciervos




El más antiguo tratado de educación fue obra de una mujer.

Dhouda de Gasconia escribió el "Manual para mi hijo", en latín, a principios del siglo nueve.

Ella no imponía nada. Sugería, aconsejaba, mostraba. En una de sus páginas nos invitó a aprender de los ciervos, que atraviesan los ríos anchos nadando en fila, uno atrás del otro, con la cabeza y el cuello apoyados en el lomo del ciervo que los precede; unos a otros se sostienen y así pueden atravesar el río con mayor facilidad. Y son tan inteligentes y sagaces que cuando se dan cuenta de que el primero está cansado, lo hacen pasar al último puesto y otro toma la delantera.

Eduardo Galeano
Del libro "Espejos"



12 setiembre 2008

Grandes miedos de comunicación de la verdad



En la ciudad italiana de Florencia, el escritor compatriota Eduardo Galeano presentó durante la Fiesta del Partido Democrático su "libro que no existe" según ironizó, pues "Espejos", tal es el título, recién saldrá a la venta en Italia en octubre, tras diez meses de exitosa difusión en América Latina.

Durante la presentación, Galeano destacó que los presidentes de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, y de Bolivia, Evo Morales, dieron recientemente un ejemplo de civilización y de democracia "poniendo su poder a disposición del pueblo", con lo cual "desenmascararon a los grandes medios de comunicación".

El escritor uruguayo prefiere llamarlos "grandes miedos de comunicación de la verdad", ironizó durante el acto académico. "Los grandes medios decían que Evo y Hugo eran impopulares, mentirosos y autoritarios, y ambos dieron un ejemplo de humildad y democracia", destacó el escritor.

Galeano juzgó que se trata de "experiencias nuevas en la historia de la humanidad, pues nunca antes un gobernante puso su poder a disposición del pueblo. Ninguno lo hizo antes en Japón, en Estados Unidos o en Europa", resaltó.

El autor de "Las venas abiertas de América Latina", que hace cuarenta años marcó un rumbo para entender la situación latinoamericana, subrayó que "ni siquiera Europa, grande maestra de democracia, se pregunta porqué el norte (del mundo) sigue creyendo que puede tomar examen de democracia al Sur del mundo".

Fuente: La República







01 setiembre 2008

Fidel





Sus enemigos dicen que fue rey sin corona y que confundía la unidad con la unanimidad.
Y en eso sus enemigos tienen razón.


Sus enemigos dicen que si Napoleón hubiera tenido un diario como el "Granma", ningún francés se habría enterado del desastre de Waterloo.
Y en eso sus enemigos tienen razón.


Sus enemigos dicen que ejerció el poder hablando mucho y escuchando poco, porque estaba más acostumbrado a los ecos que a las voces.
Y en eso sus enemigos tienen razón.


Pero sus enemigos no dicen que no fue por posar para la Historia que puso el pecho a las balas cuando vino la invasión,
que enfrentó a los huracanes de igual a igual, de huracán a huracán,
que sobrevivió a seiscientos treinta y siete atentados,
que su contagiosa energía fue decisiva para convertir una colonia en patria
y que no fue por hechizo de Mandinga ni por milagro de Dios que esa nueva patria pudo sobrevivir a diez presidentes de los Estados Unidos, que tenían puesta la servilleta para almorzarla con cuchillo y tenedor.


Y sus enemigos no dicen que Cuba es un raro país que no compite en la Copa Mundial del Felpudo.

Y no dicen que esta revolución, crecida en el castigo, es lo que pudo ser y no lo que quiso ser. Ni dicen que en gran medida el muro entre el deseo y la realidad fue haciéndose más alto y más ancho gracias al bloqueo imperial, que ahogó el desarrollo de una democracia a la cubana, obligó a la militarización de la sociedad y otorgó a la burocracia, que para cada solución tiene un problema, las coartadas que necesita para justificarse y perpetuarse.

Y no dicen que a pesar de todos los pesares, a pesar de las agresiones de afuera y de las arbitrariedades de adentro, esta isla sufrida pero porfiadamente alegre ha generado la sociedad latinoamericana menos injusta.

Y sus enemigos no dicen que esa hazaña fue obra del sacrificio de su pueblo, pero también fue obra de la tozuda voluntad y el anticuado sentido del honor de este caballero que siempre se batió por los perdedores, como aquel famoso colega suyo de los campos de Castilla.

Tomado del libro "Espejos" de Eduardo Galeano





25 agosto 2008

La avenida más larga




Monumento a los últimos charrúas



Una matanza de indios inauguró la independencia del Uruguay.


En julio de 1830, se aprobó la Constitución nacional, y un año después el nuevo país fue bautizado con sangre.


Unos quinientos charrúas, que habían sobrevivido a siglos de conquista, vivían al norte del río Negro, perseguidos, acosados, exiliados en su propia tierra.


Las nuevas autoridades los convocaron a una reunión. Les prometieron paz, trabajo, respeto. Los caciques acudieron, seguidos por su gente.


Comieron, bebieron y volvieron a beber hasta caer dormidos. Entonces fueron ejecutados a punta de bayoneta y tajos de sable.


Esta traición se llamó batalla. Y se llamó Salsipuedes, desde entonces, el arroyo donde ocurrió.


Muy pocos hombres lograron huir. Hubo reparto de mujeres y niños. Las mujeres fueron carne de cuartel y los niños, esclavitos de las familias patricias de Montevideo.


Fructuoso Rivera, primer presidente del Uruguay, planificó y celebró esta obra civilizadora, para terminar con las correrías de las hordas salvajes.


Anunciando el crimen, había escrito: Será grande, será lindísimo.


La avenida más larga del país, que atraviesa la ciudad de Montevideo, lleva su nombre.


Tomado del libro Espejos, de Eduardo Galeano.





07 junio 2008

Galeano: Ciudadano ilustre de Montevideo





El próximo miércoles 11 a la hora 18:00 en la Sala Varela de la Biblioteca Nacional, el escritor Eduardo Galeano será declarado ciudadano ilustre de la ciudad de Montevideo por el Intendente Municipal Ricardo Erlich. El acto contará con la presencia del director de la Biblioteca Nacional, el escritor Tomás de Mattos, y del director municipal de Cultura, el también escritor Mauricio Rosencoff.


Posteriormente, a la hora 19:00, la crítica literaria Raquel García Borsari y el propio escritor presentarán su último libro "Espejos, una historia casi universal".









05 abril 2008

"ESPEJOS - Una historia casi universal"





Hemos recibido y compartimos con los amigos y visitantes de la Esquina, un avance de el nuevo libro de Eduardo Galeano, "Espejos - Una historia casi universal" (Editorial Siglo XXI), que saldrá a la venta el próximo 15 de abril. Esperamos lo disfruten tanto como nosotros.











Las invisibles

Mandaba la tradición que los ombligos de las recién nacidas fueran enterrados bajo la ceniza de la cocina, para que temprano aprendieran cuál es el lugar de la mujer, y que de allí no se sale.

Cuando estalló la revolución mexicana, muchas salieron, pero llevando la cocina a cuestas. Por las buenas o por las malas, por secuestro o por ganas, siguieron a los hombres de batalla en batalla. Llevaban el bebé prendido a la teta y a la espalda las ollas y las cazuelas. Y las municiones: ellas se ocupaban de que no faltaran tortillas en las bocas ni balas en los fusiles.

Y cuando el hombre caía, empuñaban el arma. En los trenes, los hombres y los caballos ocupaban los vagones. Ellas viajaban en los techos, rogando a Dios que no lloviera.

Sin ellas, soldaderas, cucarachas, adelitas, vivanderas, galletas, juanas, pelonas, guachas, esa revolución no hubiera existido.A ninguna se le pagó pensión.




Los invisibles

En 1869, el canal de Suez hizo posible la navegación entre dos mares.

Sabemos que Ferdinand de Lesseps fue autor del proyecto, que el pachá Said y sus herederos vendieron el canal a los franceses y a los ingleses a cambio de poco o nada, que Giuseppe Verdi compuso la ópera Aída para que fuera cantada en la inauguración y que noventa años después, al cabo de una larga y dolida pelea, el presidente Gamal Abdel Nasser logró que el canal fuera egipcio.¿Quién recuerda a los ciento veinte mil presidiarios y campesinos, condenados a trabajos forzados, que construyendo el canal cayeron asesinados por el hambre, la fatiga y el cólera?En 1914, el canal de Panamá abrió un tajo entre dos océanos.

Sabemos que Ferdinand de Lesseps fue autor del proyecto, que la empresa constructora quebró, en uno de los más sonados escándalos de la historia de Francia, que el presidente de Estados Unidos, Teddy Roosevelt, se apoderó del canal y de Panamá y de todo lo que encontró en el camino, y que sesenta años después, al cabo de una larga y dolida pelea, el presidente Omar Torrijos logró que el canal fuera panameño.¿Quién recuerda a los obreros antillanos, hindúes y chinos que cayeron construyéndolo? Por cada kilómetro murieron setecientos, asesinados por el hambre, la fatiga, la fiebre amarilla y la malaria.












El héroe

¿Cómo hubiera sido la guerra de Troya contada desde el punto de vista de un soldado anónimo? ¿Un griego de a pie, ignorado por los dioses y deseado no más que por los buitres que sobrevuelan las batallas? ¿Un campesino metido a guerrero, cantado por nadie, por nadie esculpido? ¿Un hombre cualquiera, obligado a matar y sin el menor interés de morir por los ojos de Helena?

¿Habría presentido ese soldado lo que Eurípides confirmó después? ¿Que Helena nunca estuvo en Troya, que sólo su sombra estuvo allí? ¿Que diez años de matanzas ocurrieron por una túnica vacía?Y si ese soldado sobrevivió, ¿qué recordó?Quién sabe.Quizás el olor. El olor del dolor, y simplemente eso.

Tres mil años después de la caída de Troya, los corresponsales de guerra Robert Fisk y Fran Sevilla nos cuentan que las guerras huelen. Ellos han estado en varias, las han sufrido por dentro, y conocen ese olor de podredumbre, caliente, dulce, pegajoso, que se te mete por todos los poros y se te instala en el cuerpo.

Es una náusea que jamás te abandonará.


Americanos

Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro?

Los que allí vivían, ¿eran mudos?Lo escucharon los peregrinos del Mayflower: Dios decía que América era la Tierra Prometida. Los que allí vivían, ¿eran sordos?Después, los nietos de aquellos peregrinos del norte se apoderaron del nombre y de todo lo demás.

Ahora, americanos son ellos. Los que vivimos en las otras Américas, ¿qué somos?Fundación de las desaparicionesMiles de muertos sin sepultura deambulan por la pampa argentina. Son los desaparecidos de la última dictadura militar.La dictadura del general Videla aplicó en escala jamás vista la desaparición como arma de guerra.

La aplicó, pero no la inventó. Un siglo antes, el general Roca había utilizado contra los indios esta obra maestra de la crueldad, que obliga a cada muerto a morir varias veces y que condena a sus queridos a volverse locos persiguiendo su sombra fugitiva.En la Argentina, como en toda América, los indios fueron los primeros desaparecidos. Desaparecieron antes de aparecer.

El general Roca llamó conquista del desierto a su invasión de las tierras indígenas. La Patagonia era un espacio vacío, un reino de la nada, habitado por nadie.Y los indios siguieron desapareciendo después. Los que se sometieron y renunciaron a la tierra y a todo, fueron llamados indios reducidos: reducidos hasta desaparecer. Y los que no se sometieron y fueron vencidos a balazos y sablazos, desaparecieron convertidos en números, muertos sin nombre, en los partes militares.

Y sus hijos desaparecieron también: repartidos como botín de guerra, llamados con otros nombres, vaciados de memoria, esclavitos de los asesinos de sus padres.Padre ausenteRobert Carter fue enterrado en el jardín.En su testamento, había pedido descansar bajo un árbol de sombra, durmiendo en paz y en oscuridad. Ninguna piedra, ninguna inscripción.

Este patricio de Virginia fue uno de los más ricos, quizás el más, entre todos aquellos prósperos propietarios que se independizaron de Inglaterra.Aunque algunos padres fundadores de Estados Unidos tenían mala opinión de la esclavitud, ninguno liberó a sus esclavos.

Carter fue el único que desencadenó a sus cuatrocientos cincuenta negros para dejarlos vivir y trabajar según su propia voluntad y placer. Los liberó gradualmente, cuidando de que ninguno fuera arrojado al desamparo, setenta años antes de que Abraham Lincoln decretara la abolición.

Esta locura lo condenó a la soledad y al olvido.Lo dejaron solo sus vecinos, sus amigos y sus parientes, todos convencidos de que los negros libres amenazaban la seguridad personal y nacional.Después, la amnesia colectiva fue la recompensa de sus actos.



La Justicia ve

La historia oficial de Brasil sigue llamando inconfidencias, deslealtades, a los primeros alzamientos por la independencia nacional.Antes de que el príncipe portugués se convirtiera en emperador brasileño, hubo varias tentativas patrióticas. Las más importantes fueron las de Minas Gerais y Bahía.

El único protagonista de la Inconfidencia mineira que fue ahorcado y descuartizado, Tiradentes, el sacamuelas, era un militar de baja graduación. Los demás conspiradores, señores de la alta sociedad minera hartos de pagar impuestos coloniales, fueron indultados.

Al fin de la Inconfidencia bahiana, el poder colonial indultó a todos, con cuatro excepciones: Manoel Lira, João do Nascimento, Luis Gonzaga y Lucas Dantas fueron ahorcados y descuartizados. Los cuatro eran negros, hijos o nietos de esclavos.Hay quienes creen que la Justicia es ciega.



Olympia

Son femeninos los símbolos de la revolución francesa, mujeres de mármol o bronce, poderosas tetas desnudas, gorros frigios, banderas al viento.Pero la revolución proclamó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y cuando la militante revolucionaria Olympia de Gouges propuso la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, la guillotina le cortó la cabeza.

Al pie del cadalso, Olympia preguntó:–Si las mujeres estamos capacitadas para subir a la guillotina, ¿por qué no podemos subir a las tribunas públicas?No podían. No podían hablar, no podían votar.Las compañeras de lucha de Olympia de Gouges fueron encerradas en el manicomio.

Y poco después de su ejecución, fue el turno de Manon Roland. Manon era la esposa del ministro del Interior, pero ni eso la salvó. La condenaron por su antinatural tendencia a la actividad política. Ella había traicionado su naturaleza femenina, hecha para cuidar el hogar y parir hijos valientes, y había cometido la mortal insolencia de meter la nariz en los masculinos asuntos de estado.

Y la guillotina volvió a caer.