El voto es a la vez derecho y deber. Yo quiero ejercerlo.... y vos???
Campaña por el voto en el exterior
Esquina por la alegría
"Hoy más que nunca la alegría es un artículo de primera necesidad, tan urgente como el agua o el aire. Pero nadie nos va a regalar ese derecho de todos; .... es preciso pelearlo...."
Eduardo Galeano
Esquina por Verdad y Justicia
Coordinadora Nacional por la Nulidad de la Ley de Caducidad
Nunca más terrorismo de estado
Esquina contra la violencia de género
Esquina contra el bloqueo
Esquina por la libertad de los 5
Esquina contra la pornografía infantil
Esquina Víctor Jara
Esquina contra la vergüenza
Ningún ser humano es ilegal
Hacelos valer
Campaña por nuestros derechos sexuales y reproductivos
Esquina contra la directiva del horror
PIT-CNT
Escritores por la Tierra
Foro social mundial de las migraciones
Esquina por la Paz
Esquina por la aparición de Julio López
Esquina Bertold Bretch
Primero se llevaron a los comunistas pero a mí no me importó porque yo no era. En seguida se llevaron a unos obreros pero a mí no me importó porque yo tampoco era. Después detuvieron a los sindicalistas pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista. Luego apresaron a unos curas pero como yo no soy religioso tampoco me importó. Ahora me llevan a mí pero ya es tarde.
En el mito cristiano del génesis, Dios crea el mundo de la nada mediante la enunciación de ciertas palabras: fiat lux, hágase la luz, y la luz se hizo. Así con la tierra y las plantas y los animales y las montañas. Sólo al hombre Dios tuvo que hacerlo con las manos, a partir de un material preexistente.
El hombre es por tanto una obra y no un milagro.
En las cosmogonías preislámicas, Dios crea el mundo con una mirada intensa y no con una palabra mágica, pero su obra, en realidad, tiene menos que ver con el soplo divino que con el trabajoso esfuerzo de la ingeniería. O, mejor dicho, del bricolaje. En el principio de los tiempos, los siete cielos y las siete tierras no se sostenían bien, de manera que Dios, como quien asegura la pata coja de una mesa, puso debajo un gran diamante para calzar el mundo. Pero los siete cielos y las siete tierras -ay- seguían siendo muy inestables. Dios ordenó entonces a uno de sus ángeles que cargase este peso inmenso sobre sus espaldas. El ángel se puso debajo del diamante -en el que se apoyaban tierras y cielos- y lo cargó sobre sus hombros. El frágil amontonamiento de criaturas mal encajadas, sin embargo, seguía inseguro, tembloroso, tambaleante. Así que Dios mandó un toro para que el ángel -en el que se apoyaba el diamante sobre el que reposaban cielos y tierras- afirmase sus pies. Tampoco fue suficiente: la torre se escoraba y vibraba y con ella la tierra, las montañas, las casas, los hombres que allí vivían. Finalmente Dios recurrió a Hut, la gran ballena, a quien encomendó sujetar todo el andamio con su enorme corpachón: toro, ángel, diamante, las siete tierras y los siete cielos. El mundo reposó al fin sobre sus cimientos.
Cuenta el mito -o así lo recuerdo yo- que un día el demonio, transformado en mula, se metió en la nariz de Hut, produciéndole un dolor tan intenso que la enorme ballena descargó un instintivo coletazo. Un gran movimiento sísmico, de arriba abajo, recorrió la frágil torre. Los árboles cayeron, las montañas se desplomaron, los hombres aullaron de terror. Dios tuvo que intervenir de nuevo, liberar a Hut de la causa de su sufrimiento y prometerle mayor atención y vigilancia. En todo caso Hut, abrumada por este doble peso, el del mundo y el de la responsabilidad, pidió también que le concediera unas vacaciones de vez en cuando. Desde entonces, un día cada mil años, Hut descansa y el mundo entero percibe con emoción y angustia que está frágilmente asentado en la cima de una chapucera construcción de pedestales irregulares y esfuerzos titánicos.
El hombre es de barro y el mundo es una frágil torre de palillos. Para sobrevivir es necesario olvidarlo la mayor parte del tiempo, pero para sobrevivir es necesario recordarlo de tanto en tanto. Es a eso -a ese recuerdo- a lo que llamamos propiamente "filosofar" y cuando es un pueblo entero el que filosofa el producto se llama "mito". Y si filosofa con el cuerpo, en obra y no en espíritu, se llama “revolución”.
Filosofar es volverse sobre uno mismo, como cuando se dobla una caña para hacer un arco. Debilita: nos da la medida de nuestra debilidad. ¿Es bueno eso? ¿Para qué sirve? Para comprender que necesitamos compañeros. Reflexionar es comprender que vivimos en una torre de palillos, cañas pensantes nosotros mismos, y que necesitamos por ello compañeros. Todo filosofar que no imponga un grito de socorro es pura palabrería: todo reflexionar que no busque una mano es puro sofisma. Todo reflexionar es, pues, un reflexionar -si se quiere- sobre la muerte. Vivimos en una torre de palillos sostenidos por una ballena expuesta a un resfriado. Pero algunos hombres viven más expuestos que otros al derrumbamiento. Entre los países pobres y los países ricos hay una diferencia de 30 años en la media de vida y en los propios EEUU la longevidad media ha descendido seis años en la última década.
Bajo el capitalismo todo está socialmente concebido y ordenado para que no pensemos nunca en la muerte y para que no tengamos compañeros. Sustraerse al abrazo de la muerte es imposible; pero luchar a favor de la vida -de la estabilidad de la torre chapucera- sólo es posible en compañía. Eso se llama política. La política no es más que una reflexión colectiva sobre las estrategias para sostener el mundo en pie a partir del principio de la recíproca dependencia entre los hombres. Los mitos sectoriales -de una clase o un estrato social- se llaman “ideología". El mito del capitalismo es el de la voluntad individual como fuente de toda riqueza y todo poder y se basa en dos principios simultáneos e indisociables: la confianza en uno mismo y la desconfianza en los demás. En un libro muy desigual, El contrato de desconfianza, la investigadora francesa Michela Marzano nos recuerda el proceso histórico en virtud del cual el "liberalismo"ha ido minando todos los vínculos fiduciarios que nos unían a los demás para convertir la autoconfianza del individuo aislado en él único e ilusorio sostén del mundo. Cada uno lo puede todo contra todos los demás. Tenemos que confiar en nosotros mismos; tenemos que desconfiar de los demás. Este principio rector se ejemplifica cotidianamente en la mansedumbre satisfecha con la que permitimos que se nos cachee, escanee y registre en los aeropuertos a condición de que los demás sufran la misma prueba, en una suspensión de hecho de la presunción de inocencia: nuestra autoconfianza -nuestra seguridad- depende del hecho de aceptar que todos desconfíen de mí tal y como yo desconfío de todos.
Reparemos en esta paradoja. El capitalismo no se ocupa de asegurar -calzar, apuntalar- la torre frágil del mundo sino de debilitarla con su delirante producción de mercancías; y derrocha tanto dinero y tanto esfuerzo en destruir la naturaleza como en impedirnos pensar en ello. Pero se ocupa de asegurar, en cambio, la autoconfianza aislada de los individuos. El gran negocio del capitalismo a principios del siglo XXI es el de la llamada "seguridad": alarmas, escáners, vídeocámaras, vigilancia privada, ejércitos mercenarios, etc. La sospecha generalizada, que nos ayuda a olvidar la fuente original de todas las amenazas y nos impide unirnos para pensar colectivamente, se ha convertido en el vehículo rector y reproductor del capitalismo y en la fricción permanente que debilita aún más la torre de palillos que nos sostiene.
Abajo no hay un toro y ningún dios vigila sus resfriados. Somos nosotros y estamos solos. Salvo que nos unamos a pensar colectivamente para iluminar nuestra debilidad y producir un orden de recíproca dependencia: un mito nuevo y una nueva revolución
Siempre es grato recibir buenas noticias de uno de esos amigotes del alma que uno encuentra en esta carretera virtual. Hoy llegaron desde Alicante, España. Me las acercaba Jorge Castro Flórez, escultor de oficio y escritor y poeta por aficción. Además de las noticias, Jorge escribió:
"Aquí te mando algo que solemos mirar de costado y no tomamos con la seriedad que requiere. Son datos que creo deben conocerse. Un abrazo solidario con sol-diario. Jorge"
Comparto con uds dicho material, que seguro los dejará reflexionando.
Kafka tenía razón. A los 150 años de su nacimiento podemos tildar de “kafkiana” la realidad del mundo actual. Leo, al pasar, las noticias de un diario serio y objetivo. Primera noticia: “En Alemania, alrededor de 200.000 personas por año son internadas en institutos psiquiátricos. Y la tendencia va en aumento”. Los alemanes se han vuelto locos, pienso, pero no, el estudio señala que en los países del primer mundo la tendencia es la misma. Pero a eso hay que agregar el estudio de la Universidad de Siegen, por el cual se informa que personas de bajo status social, es decir pobres, son llevadas e internadas en los psiquiátricos mucho más que las adineradas. Por ejemplo, en general los “managers” maníaco-depresivos son calificados como “coléricos”, mientras que personas pobres son consideradas de inmediato enfermas psiquiátricas e internadas en los institutos respectivos. Y se sostiene que la psiquiatría con sus medicamentos potentes acorta la vida de los pacientes aproximadamente 25 años. Esto lo ha demostrado un reciente estudio epidemiológico realizado en Estados Unidos.
Paso la página y me encuentro con un título simpático: “Tendencia al glamour” y un señor Anil Ambani me mira desde la foto con gesto algo despreciativo. Leo: “49 años, multimillonario de la India, que pesa 115 kilogramos, va a invertir medio millón de dólares en Hollywood”. ¿Cómo, de la India, me digo, del país de Gandhi, el estoico, en aquel país de la constante pobreza extrema? Quiero convencerme de que no puede ser y sigo leyendo: “Los multimillonarios Ambani son mellizos y los dos valen como miembros vigorosos del clan de los más ricos del mundo, pero los dos hermanos se odian a muerte. Uno quiere sobresalir más que el otro y por eso Anil Ambani invierte en Hollywood, para que todos hablen de él”. Multimillonarios en la India. Buen título para un libro de Kafka. Sí, el diario que leo le dedica la central a este escritor genial. Franz Kafka, tal vez el mejor conocedor del alma humana.
Sigo leyendo: y aquí viene lo grueso. El lunes comienza en la ciudad japonesa de Hokkaido la reunión “de los Ocho”, de los ocho grandes, los que manejan el mundo. El clima es sombrío. Porque no se ha cumplido nada de lo que prometieron en la reunión del año pasado, en Heiligendamm, Alemania. En esa reunión, los ocho repesentantes, sonrientes, aceptaron la proposición de la jefa de gobierno alemán, Angela Merkel, de reducir hasta el año 2050 a la mitad la emisión mundial de CO2. Para llegar a esa meta, los ocho países tendrían que reducir esas emisiones en un ochenta por ciento. Pero desde Heiligendamm no se hizo casi nada. Los ecologistas alemanes le exigen a Merkel que tiene que destapar la olla en la reunión próxima y tomarlo como una falta de respeto. Pero la verdad es que está claro: dentro del pensamiento capitalista, defender la atmósfera sale caro y entonces se encarecerían los productos y eso llevaría a una nueva guerra de competencia comercial.
Además, el tema no se para allí. En Europa ha entrado el miedo a la inflación. Las poblaciones empezaron a ahorrar en alimentos y en no viajar en auto, por el precio del combustible. Y por eso un estudio reciente muestra que la mayoría está abandonando la idea de no apoyar la construcción de centrales atómicas. Sólo el 51 por ciento está en contra de la construcción de esas centrales, lo que antes ascendía a más del 70 por ciento.
Veremos qué pasa el lunes. Pero ya se adelanta que Bush se va a negar rotundamente a una política ecológica dados los problemas que trae la suba del costo del petróleo. Ese es el tema que va a estar en discusión en primer lugar y no la ecología. Por otro lado, la FAO, la Organización Mundial de Alimentación, dio a conocer el jueves que el número de hambrientos en el 2007 subió a 450 millones de personas. Y que más de otros 850 millones no alcanzan a satisfacer sus necesidades mínimas alimentarias.
Una vez más cabe la pregunta: ¿seguiremos leyendo estas noticias o viéndolas por televisión –por supuesto, después del fútbol o de alguna de esas guasadas acostumbradas–; seguirá el mundo sin reaccionar ante este sistema tan injusto e irracional?
Hablemos de fútbol: acaba de terminar el campeonato europeo. Fue un éxito de espectadores jamás visto. Pero la verdad es que el verdadero ganador fue la empresa Adidas, por las ganancias que hizo. Lo publicaron todos los diarios con picardía, para comprobar un hecho indiscutible. Deporte y ganancias.
Claro, podríamos hablar más de Kafka y menos de estadísticas y ganancias. Pero es que el periódico no me deja. Por ejemplo: un editorial se titula “Basta de la locura de las rutas”. “Cualquier viaje por las autopistas alemanas es suficiente para comprender que hay que resolver de una vez el problema de los camiones. Por ellos, el tránsito se acumula kilómetro tras kilómetro. Lo que es dañino al clima, lo sabemos. Cualquier ayuda para resolver esa locura contemporánea será bienvenida. Ya se ha probado mucho, por ejemplo la prohibición a los camiones de pasar a otros camiones o automóviles. Deben mantenerse en su franja. O permitirse, como en el estado de Hessen, que el tránsito utilice las franjas de los márgenes destinadas a poder detenerse ante problemas. Pero con eso solo no se solucionó nada. Porque si se permite que desde el Mar del Norte se trasladen los cangrejos en camiones a Marruecos, porque allí es mucho más barata la mano de obra para despellejarlos, seguirá el problema.” Da este ejemplo, pero lo cierto es que se transporta todo para lograr mejores precios y poder vender más, más, más. Y el autor se permite una ironía: “Eso es lo bueno que parece nos va a traer la suba de los costos del petróleo. Ahora los empresarios van a calcular que tal vez sale más barato hacer las cosas en casa que a cientos de kilómetros”.
Y hay también un título saludable: “Al supermercado, en bicicleta”. Pero no todos quieren ir al supermercado en bicicleta. Varios diarios han tomado el tema con humor. Por ejemplo, un título lo dice todo: “Gran demanda de sedientos de gasolina”. Y como subtítulo: “A pesar de los altos precios del petróleo y de los problemas ecológicos, aumenta en gran proporción la venta de autos caros”. El periodista describe en idioma teatral: “Los automovilistas alemanes aprietan el acelerador a 180. Los precios de la nafta suben y suben. Peor todavía, el diésel es más caro que la nafta especial. El mundo al revés. Porque si bien subió el interés por los autos pequeños, mucho más por los autos de lujo, esos que no consumen sino devoran cada vez más combustible. Por ejemplo, en Alemania fueron patentados en abril de este año 378.805 autos (en el mismo mes de hace cuatro años esa cifra fue de 297.126). En abril de 2008 fueron habilitados 18.363 autos pequeños pero 22.121 todo-terreno.
Entonces queda la tristeza de que ni siquiera el mejor defensor de la ecología podría ser la suba de la gasolina. Ni vale ya el pensamiento razonable de que sea lo bueno y lo ético lo que trate de resolver los grandes problemas de injusticia y de muerte que han asolado y siguen asolando a los pueblos del mundo y al clima del planeta. Si no se piensa en la humanidad actual, ¿qué se va a cavilar acerca del mundo que les tocará a las próximas generaciones?
Porque vayamos a las armas. En el año 2007, por primera vez, la población mundial ha invertido 200 dólares por cabeza para armamentos. Lo militar devora el 2,5 por ciento del producto social global. Es decir, 858 billones de euros. Lo que demuestra una suba del seis por ciento frente al año anterior, valor limpio de inflación. Frente a lo gastado en 1998, al final de la “Guerra Fría”, el aumento es nada menos que del 45 por ciento. Mirando los números se pregunta uno: ¿es que el mundo se ha vuelto loco?
Hablábamos de que el ser humano, por cabeza, gasta 200 dólares por año en armas. El informe dice que para llevar a la mitad el número de los millones de hambrientos del mundo se necesitarían 20 dólares por habitante. El campeón del armamentismo es, por supuesto, Estados Unidos, con el 45 por ciento del gasto militar mundial. Luego le siguen Gran Bretaña y China, con el cinco por ciento. Alemania –pese a la lección de las dos últimas dos guerras– está en sexto lugar. Pero vayamos al negocio de las armas. Por supuesto, Estados Unidos va primero, con 7454 millones de dólares de exportación de armas. Rusia, segunda, y tercera Alemania, que exporta por 3395 millones de dólares. Los que más compran armas a Alemania son Turquía, Grecia y Africa del Sur. Y un país al cual se lo ha considerado siempre “pacifista” por excelencia, Holanda, es el quinto del mundo en exportar armas. Quien exporta armas no es pacifista.
Kafka sonreiría desde el cielo de los creadores ante este panorama kafkiano. No, tal vez ni siquiera él imaginó un mundo así. Para no hablar de la violencia desatada en lugares del mundo que se han convertido en llagas permanentes de la humanidad.
Pero estoy terminando estas reflexiones kafkianas, a 125 años del nacimiento del hombre de Praga, y el cartero –sí, los hay todavía, por suerte– me trae un libro titulado La herencia viva. Me lo envía la maestra Nora Bruccoleri y está redactado por alumnos, padres de esos alumnos y también abuelos. Es el segundo que recibo en mis manos. El primero lo presentamos en la última feria del libro de Buenos Aires. Estaba escrito por alumnos de la escuela de la villa de emergencia De la Cárcova. Este, ahora, viene de Las Heras, Mendoza. Me emociana el leer tantas experiencia y sueños. Me detengo ante la poesía “Vendimia”, del alumno Daniel Peralta, del 5º grado A.
Vendimia es un grito de libertad. Vendimia son los ojos marrones del cosechador, con sus tijeras y tacho al hombro. Vendimia es un campesino.
Pienso: mientras existan niños que escriban poesías, hay esperanza, la bella palabra.
Si existiera la justicia, más allá de la burla de la toga y el birrete; si la ética no fuera un mal respingo, por ende inoportuna y nada lucrativa; si los medios fueran independientes y no cautivos de los intereses de sus dueños; si la verdad no estuviera secuestrada tras un código de barras y fuera la dignidad la única propuesta; si los discursos no fueran peroratas y sí compromiso de intenciones; si la impunidad no siguiera amparando a quienes no responden a la vergüenza de sus cargos y son, además, recompensados con cargos sin vergüenza; si este mundo fuera otro, personajes como George Bush, y apelo a la memoria de hasta los desmemoriados, ya habría sido juzgado y condenado.
No importa qué inventario se haga de los cargos, en todos sobresaldría el incumbente: genocidios, terrorismo, éxodos, secuestros, tortura, desaparecidos, robo, estafa, negligencia criminal…
Sin embargo, todos los días nos informan los medios, sin los habituales sarcasmos que acostumbran con ciertos líderes latinoamericanos, que el presidente George W. Bush, en su lucha contra el terrorismo, se dispone a implementar tal o cual medida, como si fuera creíble la citada lucha o mereciera respeto, al margen de su delictiva hoja de servicios, la palabra de un contumaz mentiroso, de un embaucador compulsivo.
Y asistes a través de los medios, sin la criticidad que generosos derrochan cuando aluden a Chávez, por ejemplo, al entrañable recibimiento otorgado al presidente Bush en el Vaticano, al efusivo trato que le dispensara su Santidad y que nadie mejor que Ernesto Cardenal para valorar.
Una ministra española estrecha la mano, durante uno de esos viajes de trabajo a un exótico país africano, de una especie de sultán local acompañado de su harén. Cerrado el negocio y de vuelta a la civilización, la ministra lamenta haber tenido el gesto y alega ignorancia. Pero esa ministra y otros como ella no dudan en regalar la mano o cualquier otro atributo, que mejor me callo, a personajes de la catadura de George Bush o de sus muchos cómplices, sin que les afecte la vergüenza ni tengan que arrepentirse más tarde.
Si este mundo fuera el que dice ser, tal vez, George Bush nunca habría sido posible.
Pero este mundo no es el que soñamos, sino el que padecemos. Y por ello, ciertos personajes como George Bush, igual da el primero que el segundo, siguen dictando los destinos del mundo y decidiendo el bien y el mal.
Son la salvaguarda contra el cambio climático que ellos han provocado, la respuesta adecuada a la crisis que su modelo de desarrollo multiplica; la solución al problema del hambre que sus políticas generan, la garantía de la seguridad del mundo ante la amenaza terrorista que nadie como ellos encarna; la reserva espiritual frente al caos que se avecina y del que ellos, más que nadie, son los responsables. Ellos y quienes desde las sombras, esas que tanto invoca el presidente estadounidense, gobiernan realmente el mundo, su poder y sus finanzas, no desde las cuevas de Tora Bora o cualquier otro confín del planeta, sino desde Wall Street, desde el Pentágono… esos indocumentados que son los verdaderos presidentes por más que nunca vayan a elecciones y que disponen del primer mandatario como si fuera, simplemente, su relacionador público.
Y ahí siguen y ahí están, las voces y los ecos, extendiendo la muerte y el dolor por el mundo en el pleno uso de su ejercicio y ante el aplauso general de los medios.
“El que ignora la verdad es un iluso, pero el que conociéndola la llama mentira, es un delincuente” decía Bertold Brecht para que los grandes medios no ignoren de qué se les acusa.
Se dijo de todo para explicar la crisis alimentaria que amenaza con elevar ya a casi mil millones el número de quienes se mueren de hambre en el planeta. Sucedió en la reunión realizada en la sede de la FAO en Roma, que terminó este jueves y en la que 193 naciones del mundo lanzaron gritos de alarma ante lo que se viene. En realidad ya vino, pero hace más de 20 años que los gestores del mundo globalizado globalizan sistemáticamente el hambre y al parecer se distrajeron. En las reuniones de los países más industrializados, los del grupo G-8, el tema del hambre apenas merecía una mención trivial. Hoy causa un repentino nerviosismo y Ban Ki-Moon, secretario general de la ONU, fue claro en las razones: “No podemos fracasar (en resolver el problema). Es una lucha que no podemos perder; el hambre crea inestabilidad y tenemos que reaccionar unidos e inmediatamente”. No hay compasión, hay miedo.
En 2007, el precio del arroz, los frijoles y la fruta subió un 45 por ciento en el mercado interno de Haití y a fines de marzo pasado se elevó la espiral. El 3 de abril, en la ciudad portuaria de Les Cayes, más de tres mil manifestantes levantaron barricadas en las calles, bloquearon a los camiones que transportaban arroz, distribuyeron el producto y trataron luego de incendiar una instalación de las fuerzas de paz de la ONU a cargo de tropas uruguayas que abrieron fuego contra la multitud. Resultado: cuatro muertos y 20 heridos (news.bbc.co.uk, 5-4-08). Las protestas se extendieron a la capital, Port-au-Prince, donde miles de personas marcharon hacia el palacio presidencial al grito de “¡Tenemos hambre!”, exigieron la retirada de las fuerzas de la ONU y el regreso del presidente Jean-Bertrand Aristide, que un golpe de Estado marca USA derrocó en 2004. El primer ministro Jacques Edouard Alexis aclaró las cosas: era una manifestación infiltrada por narcos y otros contrabandistas. El precio del arroz no estuvo allí.
Hubo de lo mismo en más de 20 países del llamado Tercer Mundo. A fines de 2007, la policía de Dakar no vaciló en apalear y gasear a miles de senegaleses que reclamaban comida. En febrero de este año, los sindicatos y pequeños comerciantes de Burkina Faso realizaron una huelga de dos días exigiendo la rebaja del precio del arroz y de otros alimentos, que habían aumentado del 10 al 65 por ciento (www.irinnews.org, 22-2-08).
Más de 100 detenidos, claro. En Bangladesh, unos 20 mil obreros textiles de Fatullah, localidad cercana a Dhaka, la capital, fueron a la huelga por mayores salarios en abril: la bolsa de dos kilos de arroz equivale a medio día de salario. Casi contemporáneamente, y por la misma demanda, fueron reprimidos los trabajadores del complejo textil de Mahalla, en el delta del Nilo: el gobierno egipcio envió miles de tropas para impedir la huelga, hubo dos muertos y alrededor de 600 detenidos. La lista sigue.
En Costa de Marfil; Pakistán, Tailandia, Camboya, Etiopía, Níger, Perú, Honduras, Zambia y otros se presenciaron –y reprimieron– movimientos semejantes. El FMI, que tanto contribuye a esta grave crisis imponiendo “reformas estructurales” a los países pobres, parece algo asustado: su director ejecutivo, Dominique Strauss-Kahn, advirtió a los gobiernos que “verán la destrucción de todo lo que hicieron y también de su legitimidad ante la población. De modo que no se trata sólo una cuestión humanitaria –agregó sin reparo alguno–, tampoco sólo de una cuestión económica, es además una cuestión de democracia”, es decir, de mantener el sistema que hambrea (ifm.org, 12-4-08). Como dijera Elías Antonio Saca, presidente de El Salvador, país que también sufre lo suyo: “Es una tormenta escandalosa que se puede convertir en huracán y trastornar nuestras economías y también la estabilidad de nuestros países” (International Herald Tribune, 18-4-08). Estabilidad, palabra santa.
Hay 2600 millones de personas en el mundo que ganan menos de dos dólares por día y alimentarse les comería, según el país, hasta el 80 por ciento de sus ingresos. De manera que no comen o comen de manera insuficiente, su rebeldía es concreta como una piedra y los enormes intereses que manejan el precio de los cereales conocen el temor: “La idea de que las masas hambrientas, llevadas por su desesperación, tomaran las calles para derribar al ancien régime parecía definitivamente exótica dado que el capitalismo triunfó de manera terminante en la Guerra Fría”, señala el conocido periodista Tony Karon en “Cómo el hambre puede derrocar regímenes” (Time, 11-4-08). Y agrega: “Sin embargo, los titulares del mes pasado sugieren que el abrupto aumento del precio de los comestibles amenaza la estabilidad de un número creciente de gobiernos en todo el mundo... cuando las circunstancias tornan imposible alimentar a los hijos, ciudadanos normalmente pasivos pueden convertirse rápidamente en militantes que no tienen nada que perder”. En efecto, el hambre es una forma aguda de terrorismo.
Nosotros, sudafricanos que enfrentamos y luchamos con todas nuestras fuerzas contra el poder de la injusta y brutal maquinaria del apartheid en Sudáfrica, con el objetivo de vivir en una sociedad justa y democrática, hoy nos negamos a celebrar la existencia de un Estado segregacionista en el Medio Oriente. Mientras que Israel y sus aduladores en todo el mundo, en este mes proclamarán con pompa y ceremonia, a viva voz el 60º aniversario del establecimiento del Estado, en cambio, nosotros que hemos vivido en y luchado contra la opresión y el colonialismo, recordaremos seis décadas de catástrofe para el pueblo palestino. Hace 60 años, 750 000 palestinos fueron brutalmente expulsados de su patria, sufriendo persecuciones, masacres y torturas. Ellos y sus descendientes aún permanecen refugiados. Esta no es una razón para celebrar.
Cuando pensamos en la masacre de 1960 en Shaperville, también recordamos la de Deir Yassin en 1948.
Cuando pensamos en la política de bantustanes en Sudáfrica, recordamos la bantustanización de palestina como política de Israel.
Cuando pensamos en nuestros héroes que languidecieron en Robben Island y otros lugares, recordamos los 11 000 prisioneros políticos palestinos en las cárceles de Israel.
Cuando pensamos en el robo masivo de tierras perpetrado contra el pueblo de Sudáfrica, recordamos que el robo de tierras palestinas continúa en Israel con la construcción ilegal de colonias y del Muro del Apartheid.
Cuando pensamos en las Areas según Razas y otras legislaciones similares, recordamos que el 93% de la tierra de Israel está reservada exclusivamente para ser usada por judíos.
Cuando pensamos en el pueblo negro que ha sido sistemáticamente desposeído en Sudáfrica, recordamos que Israel utiliza la expropiación étnica y racial para golpear el corazón de Palestina.
Cuando pensamos en los ataques de las SADF contra los estados vecinos, recordamos que Israel desestabiliza intencionalmente la región del Medio Oriente, amenazando la paz y la seguridad, incluída la posesión de 100 ojivas nucleares.
Nosotros, que hemos luchado contra el Apartheid y hecho votos de no permitir que no vuelva a ocurrir, no podemos permitir que Israel continúe utilizando el apartheid, el colonialismo y la ocupación contra el pueblo originario de Palestina.
Nosotros nos permitimos no permitir que Israel continúe violando impunemente las leyes internacionales.
Nosotros no lo aceptaremos mientras Israel continúe hambreando y bombardeando al pueblo de Gaza.
Nosotros, que luchamos toda nuestra vida para que Sudáfrica sea un estado para todos sus ciudadanos, demandamos que se llegue a un acuerdo para que los millones de refugiados palestinos tengan el derecho al retorno a sus hogares desde donde se encuentren expatriados.
¡El apartheid fue una grosera violación a los derechos humanos. Así fue en Sudáfrica y así debe ser contemplada la persecución que hace Israel contra los palestinos!
Ronnie Kasrils, Ministro de Inteligencia/Campaña por el Fin de la Ocupación Blade Nzimande, Secretario General, Partido Comunista de Sudáfrica Zwelinzima, Secretario General, Congreso de la Unión de Comercio de Sudáfrica Ahmed Kathrada, Fundación Nelson Mandela Eddie Makude, Secretario General, Concilio de Iglesias de Sudáfrica Makoma Lekalakala, Movimiento Social Indaba Dale McKinley, Foro de Antiprivatización Lybon Mabasa, Presidente, Partido Socialista de Azania Jeremy Cronin, Partido Comunista sudafricano Sydney Mufamadi, Ministro de Gobierno provincial y local Mosiua Terror Lekota, Ministro de Seguridad Mosibundi Mangena, Presidente, Organización de pueblos deAzania, Ministro de Ciencia y Tecnología Alec Edwin, Ministro de Asuntos Públicos. Espoo Pahad, Ministro de la Presidencia Enver Surty, Diputado Ministro de Educación Roy Padayache, diputado Ministro de Comunicaciones Derek Hanekom, diputado Ministro de Ciencia y Tecnología Rob Davies, diputado Ministro de Comercio e Industria Loretta Jacobus, Diputada Ministra de Servicios Correccionales Sam Ramsay, Comité Olímpico Internacional Yasmin Sooka, Director Ejecutivo, Fundación por los Derechos Humanos. Pregs Govender, activista feminista y autora de Amor y Coraje, una Historia de Insubordinación Adam Habib, disuado Vicerrector, Universidadde Johannesburg Frene Ginwala, Congreso Nacional Africano Salim Vally, Comité de Solidaridad con Palestina Na’eem Jeenah, Comité de Solidaridad con Palestina Brian Ashley, publicaciones Amandla Mercia Andrews, Grupo de Solidaridad con Palestina Andile Mngxitama, activista por el derecho a las tierras Farid Esack, profesor de Islam Contemporáneo, Universidad de Harvard Elinor Sisulu, Crisis en la Coalición de Zimbabwe Andre Zaaiman Virginia Setshedi, coalición contra la privatización del Agua Max Ozinsky, No en mi Nombre Rev Basil Manning, Ministro, Congregación de Iglesias Unidas de Sudáfrica Zapiro, dibujante Mphutlane wa Bofelo, Secretario General, Movimiento de Jóvenes Musulmanes Steven Friedman, académico Ighsaan Hendricks, Presidente, Concilio Judicial musulmán Iqbal Jassat, Media Review Network Stiaan van der Merwe, Comité de Solidaridad con Palestina Naaziem Adam, Alianza de Solidaridad con Palestina Asha Moodley, miembro del Directorio de publicación feminista Suraya Bibi Khan, Alianza de Solidaridad con Palestina Nazir Osman, ídem Allan Horwitz, Voces Judías Jackie Dugard activista en derechos humanos y legales Profesor Alan y Beata Lipman Carolina O’Reilly, investigadora Jane Lipman Shereen Mills, Abodad en derechos Humanos, Centro para aplicación de Estudios Legales Noor Nieftagodien, Universidad de Witwatersrand Bobby Peek, Grounworks Arnold Tsunga, Presidencia, Crisis en Coalición de Zimbabwe Mcebisi Skawatsha, secretaria provincial, ANC Western Cape Owen Manda, Centro de Investigaciones Sociológicos, Universidad de Johannesburg Claire Cerruti, Keep Left
Nota de aclaración: las afiliaciones de organizaciones arriba mencionadas son de propósito identificatorio y no necesariamente son firmantes
Cada cuatro segundos se muere de hambre una persona, en algún lugar del mundo. Para muchas personas, comer hoy es difícil. En muy poco tiempo puede resultar simplemente imposible. La crisis de los alimentos, ahora ventilada por los poderosos del planeta, revela un problema estructural que tiene en el modelo de la sociedad consumista su principal causa. Todo indica que unos ochocientos cincuenta millones de personas pasarán a ser hambrientos en los próximos doce meses pero, mientras esto ocurre, muchos agricultores se aprestan a cosechar alimentos destinados a convertirse en combustible.
El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, anda de gira por América Latina. Ayer jueves estuvo en México y allí anunció que los precios internacionales de los alimentos seguirán subiendo de forma sostenida por lo menos durante dos años, y que recién podrán bajar para el año 2015. Esto significa, según el propio Zoellick, que unos ochocientos cincuenta millones de personas en más de treinta países se verán "fuertemente afectadas en su capacidad de acceder a los alimentos" en un futuro inmediato. Más claro imposible.
La franqueza del presidente del Banco Mundial debe ser fruto de la desesperación. El sabe la que se nos viene. El Programa Mundial para la Alimentación (PMA) ha advertido en sus últimos documentos que las reservas de alimentos del planeta están en su nivel más bajo de las últimas décadas, y que no hay acciones a la vista que permitan revertir esta situación. También Ban Ki-Moon, el secretario general de la ONU, ha dicho que se teme "una crisis en cascada" que afectará "la seguridad del mundo", si este problema no es gestionado con urgencia para encontrar soluciones. Por si eso fuera poco, hace un par de semanas se conoció el informe final del Panel de Evaluación Internacional de los Conocimientos, la Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo Agrícola (Iaastd), en el que se pronostican "graves conflictos por la dramática escasez de alimentos". El Iaastd está conformado por más de cuatrocientos científicos de todo el mundo, y su informe fue avalado por delegados de cincuenta y cinco países en una reunión celebrada el pasado 15 de abril en Johannesburgo.
Para los uruguayos lo que aquí se describe puede parecer una problemática remota, y estos comentarios apenas un gesto innecesario y alarmista. Pero las cifras no nos dejan siquiera el consuelo de la lejanía. Aproximadamente la mitad de la Humanidad vive con menos de dos dólares por día y cerca de mil millones de personas lo hacen con menos de un dólar diario. O sea que hay unos 3.500 millones de personas que viven en países pobres en condiciones miserables, con una extrema fragilidad alimentaria. Es gente que gasta tres cuartas partes de lo que gana en comida. El trigo, el maíz, el arroz y la soja son la base de su alimentación. En los últimos doce meses el precio del trigo subió 130 por ciento en el mercado internacional, el de la soja 85 por ciento y el precio del maíz 35 por ciento. El precio del arroz subió un 71 por ciento, y pasó en unos pocos meses de 300 dólares la tonelada a unos 1.200 dólares la tonelada. El Programa Mundial de Alimentos evaluó en un 55 por ciento el aumento global promedio de los precios de los productos alimenticios desde junio de 2007, aunque hay expertos que sitúan el incremento en un 70 por ciento. La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) situó el estimado de incremento para este año 2008 en un 45 por ciento.
Algunos gobiernos toman medidas paliativas destinadas a garantizar la seguridad alimentaria de sus propios ciudadanos. En México se estudian subsidios al mercado interno del maíz. En Indonesia se topean las exportaciones de granos. En el caso uruguayo se han implementado acuerdos para evitar que algunos precios se disparen en el mercado interno, tal el caso del arroz. Pero, según los expertos, en general parece difícil que algún país pueda, cual isla, sustraerse a esta oleada mundial de carestía que resquebraja cimientos hasta ahora indestructibles. Es lo que ocurre en EEUU, donde algunas compañías de gran porte como Wall Mart y Cotsco han resuelto establecer cupos de racionamiento, en el rubro alimentos, para todos sus clientes.
Renombrados especialistas de muy diferentes ámbitos y tendencias coinciden al opinar que se avecinan tiempos terribles debido a una combinación de factores entre los que se destaca la falta de alimentos y el encarecimiento de los precios: José Luis Machinea, secretario ejecutivo de Cepal, habló sobre ello hace un par de días en Ciudad de México; Jean Ziegler, sociólogo y doctor en Derecho, catedrático de La Sorbona, lo hizo en Berna la semana pasada; la filósofa y analista política Susan George lo explicó en Nueva Delhi, en marzo, durante su discurso ante el congreso de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear. Todos apuntan al actual modelo como el gran responsable del posible desastre. El economista chileno Marcel Claude, por ejemplo, estima que esta situación es la que explica los recientes brotes de violencia en Haití, Egipto, Costa de Marfil, Camerún, Mauritania, Mozambique, Senegal, Uzbekistán y Yemen, entre otros países. Claude, que es una figura de relieve que profesa en la Escuela de Gobierno en la Universidad de Chile, ha descrito un panorama por demás sombrío: "En Filipinas, Pakistán y Tailandia, sus ejércitos vigilan para evitar robos y saqueos en los centros de acopio de granos, y en Tailandia el Ejército también monta guardia en los campos de arroz, mientras en Vietnam ha habido huelgas cada vez más frecuentes por la penuria alimentaria. Indonesia, tercer productor mundial de arroz, anuncia que sólo permitirá las exportaciones si las reservas superan los tres millones de toneladas, y Kazajastán suspende todas sus exportaciones de trigo hasta el 1º de setiembre".
A esta situación hay que agregarle la inestabilidad que genera la confrontación en Argentina entre los productores agropecuarios y el gobierno. Allí, las retenciones a las exportaciones de soja han provocado nuevamente medidas de fuerza, entre ellas la suspensión de embarques de trigo, y un enorme signo de interrogación hacia el futuro inmediato. Uno de los grandes productores mundiales de alimentos parece ubicado hoy entre la espada de una plutocracia rural sin demasiados escrúpulos y la pared de una población que no puede siquiera soportar la idea del desabastecimiento de alimentos.
Mientras todo esto sucede, sigue adelante en el mundo de forma implacable el plan de suplantación de la agricultura alimentaria por una agricultura destinada a biomasa para combustibles. De esos combustibles, los más usados son el bioetanol (que se obtiene a partir del maíz, la caña de azúcar, el trigo y la cebada) y el biodiésel (que se produce a partir de aceites vegetales de soja, jatrofa y otras plantas). Los grandes productores mundiales de biocombustibles son países muy desarrollados, como Estados Unidos, Alemania, Francia y Austria, o países que son grandes productores mundiales de alimentos, como China, Brasil e India. Como se ve, es una combinación letal.
Que nadie se llame a engaño: el proceso de mudanza de combustibles fósiles a biocombustibles no tiene nada que ver con la salud del planeta ni con la ecología. Esos son cuentos chinos. La verdadera razón es que, a los actuales ritmos de consumo, el petróleo será cada vez más escaso y caro. Plantar soja o caña de azúcar es simple y seguro, aunque en el fondo se está utilizando el alimento de los humanos como combustible para sus máquinas. De todas formas, cualquier dilema respecto al hambre tiene una réplica ineludible en los hambrientos, verdaderos sujetos de esta historia. En poco tiempo la pregunta no será qué hacer con el hambre sino qué hacer con los hambrientos. Habrá que pensar, y rápido, porque ellos en muy poco tiempo pueden llegar a ser una muchedumbre difícil de imaginar e imposible de contener.