
Hace solo 11 días, el 19 de enero, bajo el título de “Es hora ya de hacer algo”, escribí:
“Lo peor es que en gran parte las soluciones dependerán de los países más ricos y desarrollados, quienes llegarán a una situación que realmente no están en condiciones de enfrentar sin que se les derrumbe el mundo que han estado tratando de moldear…
“No hablo ya de guerras, cuyos riesgos y consecuencias han transmitido personas sabias y brillantes, incluidas muchas norteamericanas.
“Me refiero a la crisis de los alimentos originada por hechos económicos y cambios climáticos que aparentemente son ya irreversibles como consecuencia de la acción del hombre, pero que de todas formas la mente humana está en el deber de enfrentar apresuradamente.
“Los problemas han tomado cuerpo ahora de súbito, a través de fenómenos que se están repitiendo en todos los continentes: calores, incendios de bosques, pérdidas de cosechas en Rusia [...] cambio climático en China [...] pérdidas progresivas de las reservas de agua en el Himalaya, que amenazan India, China, Pakistán y otros países; lluvias excesivas en Australia, que inundaron casi un millón de kilómetros cuadrados; olas de frío insólitas y extemporáneas en Europa [...] sequías en Canadá; olas inusuales de frío en ese país y en Estados Unidos…”
Mencioné igualmente las lluvias sin precedentes en Colombia, Venezuela y Brasil.
Informé en aquella Reflexión que “Las producciones de trigo, soya, maíz, arroz, y otros numerosos cereales y leguminosas, que constituyen la base alimenticia del mundo -cuya población asciende hoy, según cálculos a casi 6 900 millones de habitantes, ya se acerca a la cifra inédita de 7 mil millones, y donde más de mil millones sufren hambre y desnutrición- están siendo afectadas seriamente por los cambios climáticos, creando un gravísimo problema en el mundo.”
El sábado 29 de enero el boletín diario que recibo con noticias de Internet, reprodujo un artículo de Lester R. Brown publicado en el sitio web Vía Orgánica, fechado el 10 de enero, cuyo contenido, a mi juicio, debe ser ampliamente divulgado.
Su autor es el más prestigioso y laureado ecologista norteamericano, quien ha venido advirtiendo el efecto dañino del creciente y cuantioso volumen de CO2 que se viene lanzando a la atmósfera. De su bien fundamentado artículo, tomaré solo párrafos que explican de forma coherente sus puntos de vista.
“Al comenzar el nuevo año, el precio del trigo alcanza niveles sin precedentes…
“…la población mundial, casi se ha duplicado desde 1970, aún seguimos creciendo a un ritmo de 80 000 000 de personas cada año. Esta noche, habrá 219 000 bocas más que alimentar en la mesa y muchas de ellas se encontrarán con los platos vacíos. Otras 219 000 se sumarán a nosotros mañana por la noche. En algún momento este crecimiento incesante comienza a ser demasiado para las capacidades de los agricultores y los límites de los recursos terrestres e hídricos del planeta.
“El aumento en el consumo de carne, leche y huevos en los países en desarrollo que crecen rápido no tiene precedentes.
“En los Estados Unidos, donde se cosecharon 416 000 000 de toneladas de granos en 2009, 119 000 000 de toneladas se enviaron a las destilerías de etanol a fin de producir combustible para los automóviles. Eso bastaría para alimentar a 350 000 000 de personas al año. La enorme inversión de los Estados Unidos en las destilerías de etanol crea las condiciones para la competencia directa entre los automóviles y las personas por la cosecha de granos mundial. En Europa, donde buena parte del parque automotor se mueve con combustible diesel, existe una demanda creciente de combustible diesel producido a partir de plantas, sobre todo a partir del aceite de colza y de palma. Esta demanda de cultivos portadores de aceite no solo reduce la superficie disponible para producir cultivos alimentarios en Europa, sino que también acelera el desbroce de los bosques tropicales en Indonesia y Malasia a favor de las plantaciones productoras de aceite de palma.
“…el crecimiento anual del consumo de granos en el mundo desde un promedio de 21 000 000 de toneladas anuales en el período de 1990 a 2005 ascendió hasta 41 000 000 de toneladas al año en el período 2005 a 2010. La mayor parte de este salto enorme puede atribuirse a la orgía de inversiones en destilerías de etanol en los Estados Unidos entre 2006 y 2008.
“Al propio tiempo que se duplicaba la demanda anual de crecimiento de granos, surgían nuevas limitaciones por el lado de la oferta, inclusive cuando se intensificaban aquellas de larga data como la erosión de los suelos. Se calcula que la tercera parte de las tierras cultivables del mundo pierden la capa vegetal más rápido que el tiempo que se necesita para la formación del suelo nuevo a través de los procesos naturales, perdiéndose así su productividad inherente. Están en el proceso de formación dos grandes masas de polvo. Una se extiende por el noroeste de China, el oeste de Mongolia y el Asia Central; la otra se ubica en el África Central. Cada una de ellas es mucho mayor que la masa de polvo que afectó a los Estados Unidos en el decenio de 1930.
“Las imágenes de satélite muestran un flujo constante de tormentas de polvo que parten de estas regiones y generalmente cada una de ellas transporta millones de toneladas de capa vegetal valiosa.
“Mientras tanto, el agotamiento de los acuíferos reduce rápidamente la extensión de las áreas irrigadas de muchas partes del mundo: este fenómeno relativamente reciente es propiciado por el empleo a gran escala de las bombas mecánicas para extraer el agua subterránea. En la actualidad, la mitad de la población del mundo vive en países donde los niveles freáticos descienden a medida que el bombeo excesivo agota los acuíferos. Una vez que se agota un acuífero hay que reducir necesariamente el bombeo según el ritmo de reposición si no se quiere que se convierta en un acuífero fósil (no renovable), en cuyo caso el bombeo cesará totalmente. Pero más tarde o más temprano los niveles freáticos descendentes se traducen en una elevación de los precios de los alimentos.
“Las extensiones irrigadas disminuyen en el Oriente Medio, sobre todo en Arabia Saudita, Siria, Iraq y posiblemente Yemen. En Arabia Saudita, que dependía totalmente de un acuífero fósil hoy agotado para su autosuficiencia en cuanto al trigo, la producción experimenta una caída libre. Entre 2007 y 2010, la producción de trigo saudita descendió en más de dos tercios.
“El Medio Oriente árabe es la región geográfica donde las escaseces de agua crecientes provocan la mayor reducción de la cosecha de granos. Pero los déficit de agua realmente elevados están en la India donde según las cifras del Banco Mundial hay 175 000 000 de personas que se alimentan de granos producidos mediante el bombeo excesivo [...] En los Estados Unidos, el otro gran productor de granos del mundo, se reduce el área irrigada en estados agrícolas fundamentales como California y Texas.
“El ascenso de la temperatura también hace que resulte más difícil aumentar la cosecha mundial de granos con la rapidez suficiente para ir a la par del ritmo sin precedentes de la demanda. Los ecologistas que se ocupan de los cultivos tienen su propia regla generalmente aceptada: por cada elevación de un grado Celsio en la temperatura por encima del nivel óptimo durante la temporada de crecimiento cabe esperar un descenso del 10% en el rendimiento de los granos.
“Otra tendencia emergente que amenaza a la seguridad alimentaria es el derretimiento de los glaciares de montañas. Esto es especialmente preocupante en los Himalayas y la meseta del Tibet, donde el hielo que se derrite procedente de los glaciares alimenta no solo a los grandes ríos de Asia durante la estación seca como el Indo, el Ganges, el Mekong, el Yangtzé y el Amarillo sino también los sistemas de regadío que dependen de estos ríos. Sin este derretimiento de los hielos la cosecha de granos experimentaría una gran caída y los precios ascenderían proporcionalmente.
“Por último, y a largo plazo, los casquetes de hielo que se derriten en Groenlandia y el oeste de la Antártica, unido a la expansión térmica de los océanos, amenaza con elevar el nivel del mar hasta seis pies durante este siglo. Incluso una elevación de tres pies provocaría la inundación de las tierras arroceras de Bangladesh. También dejaría bajo agua a buena parte del Delta del Mekong, donde se produce la mitad del arroz de Viet Nam, el segundo exportador de arroz del mundo. En total, hay aproximadamente 19 deltas fluviales productores de arroz en Asia donde las cosechas se reducirían considerablemente a causa de la elevación del nivel del mar.
“La inquietud de estas últimas semanas es sólo el principio. Ya no se trata de un conflicto entre grandes potencias fuertemente armadas sino más bien de mayores escaseces de alimentos y precios ascendentes de los productos alimentarios (y del trastorno político a que esto conduciría) que amenazan a nuestro futuro mundial. A no ser que los gobiernos procedan pronto a revisar las cuestiones de seguridad y desvíen los gastos de usos militares hacia la mitigación del cambio climático, la eficiencia hídrica, la conservación de los suelos y la estabilización demográfica, según toda probabilidad el mundo enfrentará un futuro de más inestabilidad climática y volatilidad de los precios de los alimentos. Si se siguen haciendo las cosas como hasta ahora, los precios de los alimentos solo tenderán a subir.”
El orden mundial existente lo impuso Estados Unidos al final de la Segunda Guerra Mundial, y reservó para sí todos los privilegios.
Obama no tiene forma de administrar la olla de grillos que han creado. Hace unos días se derrumbó el gobierno de Túnez, donde Estados Unidos había impuesto el neoliberalismo y estaba feliz de su proeza política. La palabra democracia había desaparecido del escenario. Es increíble cómo ahora, cuando el pueblo explotado derrama su sangre y asalta las tiendas, Washington expresa su felicidad por el derrumbe. Nadie ignora que Estados Unidos convirtió a Egipto en su aliado principal dentro del mundo árabe. Un gran portaaviones y un submarino nuclear, escoltados por naves de guerra norteamericanas e israelitas, cruzaron por el Canal de Suez hacia el Golfo Pérsico hace varios meses, sin que la prensa internacional tuviera acceso a lo que allí ocurría. Fue el país árabe que más suministros de armamentos recibió. Millones de jóvenes egipcios padecen el desempleo y la escasez de alimentos provocada en la economía mundial, y Washington afirma que los apoya. Su maquiavelismo consiste en que mientras suministraba armas al gobierno egipcio, la USAID suministraba fondos a la oposición. ¿Podrá Estados Unidos detener la ola revolucionaria que sacude al Tercer Mundo?
La famosa reunión de Davos que acaba de concluir se convirtió en una Torre de Babel, y los estados europeos más ricos encabezados por Alemania, Gran Bretaña y Francia, solo coinciden en sus desacuerdos con Estados Unidos.
Pero no hay que inquietarse en lo más mínimo; la Secretaria de Estado prometió una vez más que Estados Unidos ayudaría a la reconstrucción de Haití.
Fidel Castro RuzEnero 30 de 2011
6 y 23 p.m.
Fuente: CubaDebate

Contaré un poco de historia.
Cuando los españoles “nos descubrieron”, hace cinco siglos, la cifra estimada de la población de la Isla no sobrepasaba los 200 mil habitantes, los cuales vivían en equilibrio con la naturaleza. Sus fuentes principales de alimentos provenían de ríos, lagos y mares ricos en proteínas; practicaban adicionalmente una agricultura rudimentaria que les suministraba calorías, vitaminas, sales minerales y fibras.
En algunas regiones de Cuba aún se practica el hábito de producir el casabe, una especie de pan elaborado con yuca. Determinados frutos y pequeños animales silvestres complementaban su dieta. Fabricaban alguna bebida con productos fermentados y aportaron a la cultura mundial la nada saludable costumbre de fumar.
La población actual de Cuba es posiblemente 60 veces mayor a la existente entonces. Aunque los españoles se mezclaron con la población autóctona, prácticamente la exterminaron con el trabajo semiesclavo en el campo y la búsqueda de oro en las arenas de los ríos.
La población indígena fue sustituida por la importación de africanos capturados a la fuerza y esclavizados, una práctica cruel que se aplicó durante siglos.
De gran importancia para nuestra existencia fueron los hábitos alimenticios creados. Fuimos convertidos en consumidores de carne porcina, bovina, ovina, leche, queso y otros derivados; trigo, avena, cebada, arroz, garbanzo, alubias, chícharos y otras leguminosas provenientes de climas diferentes.
Originalmente disponíamos de maíz, y se introdujo la caña de azúcar entre las plantas más ricas en calorías.
El café fue transferido por los conquistadores, desde el África; el cacao lo trajeron posiblemente de México. Ambos, juntos al azúcar, tabaco y otros productos tropicales, se convirtieron en enormes fuentes de recursos para la metrópoli después de la rebelión de los esclavos en Haití, ocurrida a principios del siglo XIX.
El sistema de producción esclavista perduró, de hecho, hasta la transferencia de la soberanía de Cuba a Estados Unidos por el colonialismo español que, en cruenta y extraordinaria guerra, había sido derrotado por los cubanos.
Cuando la Revolución triunfó en 1959, nuestra isla era una verdadera colonia yanki. Estados Unidos había engañado y desarmado a nuestro Ejército Libertador. No se podía hablar de una agricultura desarrollada, sino de inmensas plantaciones explotadas a base de trabajo manual y animal que en general no usaban fertilizantes ni maquinarias. Los grandes centrales azucareros eran propiedades norteamericanas. Varios de ellos poseían más de cien mil hectáreas de tierra; otros alcanzaban decenas de miles. En conjunto eran más de 150 centrales azucareros, incluidos los de propiedad de cubanos, los cuales laboraban menos de cuatro meses al año.
Estados Unidos recibió los suministros azucareros de Cuba en las dos grandes guerras mundiales, y había concedido una cuota de venta en sus mercados a nuestro país, asociada a compromisos comerciales y a limitaciones de nuestra producción agrícola, a pesar de que el azúcar era en parte producida por ellos. Otras ramas decisivas de la economía, como los puertos y refinerías de petróleo, eran propiedades norteamericanas. Sus empresas poseían grandes bancos, centros industriales, minas, muelles, líneas marítimas y férreas, además de servicios públicos tan vitales como los eléctricos y telefónicos.
Para los que deseen entender no hace falta más.
A pesar de que las necesidades de producción de arroz, maíz, grasa, granos, y otros alimentos era importante, Estados Unidos imponía determinados límites a todo lo que compitiera con su propia producción nacional, incluida el azúcar subsidiada de remolacha.
Desde luego, en cuanto a la producción de alimentos es un hecho real que dentro de los límites geográficos de un país pequeño, tropical, lluvioso y ciclónico, desprovisto de maquinaria, sistemas de presas, riego, y equipamiento adecuado, Cuba no podía disponer de recursos, ni estaba en condiciones de competir con las producciones mecanizadas de soya, girasol, maíz, leguminosas y arroz de Estados Unidos. Algunas de ellas como el trigo y la cebada no podían ser producidas en nuestro país.
Cierto es que la Revolución Cubana no disfrutó un minuto de paz. Apenas se decretó la Reforma Agraria, antes de cumplirse el quinto mes del triunfo revolucionario, los programas de sabotaje, incendios, obstrucciones y empleo de medios químicos dañinos se iniciaron contra el país. Estos llegaron a incluir plagas contra producciones vitales e incluso la salud humana.
Al subestimar a nuestro pueblo y su decisión de luchar por sus derechos y su independencia cometieron un error.
Por supuesto que ninguno de nosotros poseía entonces la experiencia alcanzada durante muchos años; partíamos de ideas justas y una concepción revolucionaria. Quizás el principal error de idealismo cometido, fue pensar que en el mundo había una determinada cantidad de justicia y respeto al derecho de los pueblos cuando, ciertamente, no existía en absoluto. De eso, sin embargo, no dependería la decisión de luchar.
La primera tarea que ocupó nuestro esfuerzo fue la preparación para la lucha que se avecinaba.
La experiencia adquirida en la batalla heroica contra la tiranía batistiana, es que el enemigo, cualquiera que fuese su fuerza, no podría vencer al pueblo cubano.
La preparación del país para la lucha se convirtió en el esfuerzo principal del pueblo, y nos llevó a episodios tan decisivos como la batalla contra la invasión mercenaria promovida por Estados Unidos en abril de 1961, desembarcada en Girón escoltada por la infantería de marina y la aviación yanki.
Incapaz de resignarse a la independencia y al ejercicio de los derechos soberanos de Cuba, el gobierno de ese país adoptó la decisión de invadir nuestro territorio. La URSS no tuvo absolutamente nada que ver con el triunfo de la Revolución Cubana. Esta no asumió el carácter socialista por el apoyo de la URSS, fue a la inversa: el apoyo de la URSS se produjo por el carácter socialista de la Revolución Cubana. De tal modo es así que cuando la URSS desaparece, a pesar de eso, Cuba siguió siendo socialista.
Por alguna vía la URSS conoció que Kennedy trataría de usar con Cuba el mismo método que ella aplicó en Hungría. Eso indujo a los errores que Jruschov cometió con relación a la Crisis de Octubre, que me vi en la necesidad de criticar. Pero no solo se equivocó Jruschov, se equivocó también Kennedy. Cuba no tenía nada que ver con la historia de Hungría, ni la URSS tuvo nada que ver con la Revolución en Cuba. Esta fue fruto única y exclusivamente de la lucha de nuestro pueblo. Jruschov tuvo solo el gesto solidario de enviar armas a Cuba, cuando estaba amenazada por la invasión mercenaria que organizó, entrenó, armó y transportó Estados Unidos. Sin las armas enviadas a Cuba, nuestro pueblo habría derrotado a las fuerzas mercenarias como derrotó al ejército de Batista y le ocupó todo el equipo militar que poseía: 100 mil armas. Si la invasión directa de Estados Unidos contra Cuba se hubiese producido, nuestro pueblo habría estado luchando hasta hoy contra sus soldados, que con seguridad habrían tenido que luchar también contra millones de latinoamericanos. Estados Unidos habría cometido el mayor error de toda su historia, y la URSS tal vez existiría todavía.
Horas antes de la invasión, después del ataque artero a nuestras bases aéreas por aviones de Estados Unidos que portaban insignias cubanas, fue declarado el carácter socialista de la Revolución. El pueblo cubano combatió por el socialismo en aquella batalla que pasó a la historia como la primera victoria contra el imperialismo en América.
Pasaron diez presidentes de Estados Unidos, está pasando el undécimo, y la Revolución Socialista se mantiene en pie. También pasaron todos los gobiernos que fueron cómplices de los crímenes de Estados Unidos contra Cuba, y nuestra Revolución se mantiene en pie. Desapareció la URSS, y la Revolución siguió adelante.
No se llevó a cabo con permiso de Estados Unidos, sino sometida a un bloqueo cruel y despiadado; con actos terroristas que privaron de la vida o hirieron a miles de personas, cuyos autores hoy gozan de total impunidad; luchadores antiterroristas cubanos son condenados a cadena perpetua; una llamada Ley de Ajuste Cubano concede ingreso, residencia y empleo en Estados Unidos. Cuba es el único país del mundo a cuyos ciudadanos se aplica ese privilegio, que se niega a los de Haití, después del terremoto que mató más de 300 000 personas, y al resto de los ciudadanos del hemisferio, a los que el imperio persigue y expulsa. Sin embargo, la Revolución Cubana sigue en pie.
Cuba es el único país del planeta que no puede ser visitado por los ciudadanos estadounidenses; pero Cuba existe y sigue en pie, a solo 90 millas de Estados Unidos, librando su heroica lucha.
Los revolucionarios cubanos hemos cometido errores, y los seguiremos cometiendo, pero jamás cometeremos el error de ser traidores.
Nunca hemos escogido la ilegalidad, la mentira, la demagogia, el engaño al pueblo, la simulación, la hipocresía, el oportunismo, el soborno, la ausencia total de ética, los abusos de poder, incluso el crimen y las torturas repugnantes, que con obvias, aunque sin duda meritorias excepciones, han caracterizado la conducta de los presidentes de Estados Unidos.
En este momento la humanidad está enfrentando problemas serios y sin precedentes. Lo peor es que en gran parte las soluciones dependerán de los países más ricos y desarrollados, quienes llegarán a una situación que realmente no están en condiciones de enfrentar sin que se les derrumbe el mundo que han estado tratando de moldear en favor de sus intereses egoístas, y que inevitablemente conduce al desastre.
No hablo ya de guerras, cuyos riesgos y consecuencias han transmitido personas sabias y brillantes, incluidas muchas norteamericanas.
Me refiero a la crisis de los alimentos originada por hechos económicos y cambios climáticos que aparentemente son ya irreversibles como consecuencia de la acción del hombre, pero que de todas formas la mente humana está en el deber de enfrentar apresuradamente.
Durante años, que en realidad fue tiempo perdido, se habló del asunto. Pero el mayor emisor de gases contaminantes del mundo, Estados Unidos, se negaba sistemáticamente a tomar en cuenta la opinión mundial. Dejando a un lado el protocolo y demás tonterías habituales en los hombres de Estado de las sociedades de consumo, que en su acceso al poder los suele atolondrar la influencia de los medios de información masiva, la realidad es que no prestaron atención al asunto. Un hombre alcoholizado, cuyos problemas eran conocidos, y no necesito nombrar, impuso su línea a la comunidad internacional.
Los problemas han tomado cuerpo ahora de súbito, a través de fenómenos que se están repitiendo en todos los continentes: calores, incendios de bosques, pérdidas de cosechas en Rusia, con numerosas víctimas; cambio climático en China, lluvias excesivas o sequías; pérdidas progresivas de las reservas de agua en el Himalaya, que amenazan India, China, Pakistán y otros países; lluvias excesivas en Australia, que inundaron casi un millón de kilómetros cuadrados; olas de frío insólitas y extemporáneas en Europa, con afectaciones considerables en la agricultura; sequías en Canadá; olas inusuales de frío en ese país y en Estados Unidos; lluvias sin precedentes en Colombia, que afectaron millones de hectáreas cultivables; precipitaciones nunca vistas en Venezuela; catástrofes por lluvias excesivas en las grandes ciudades de Brasil y sequías en el Sur. Prácticamente no existe región en el mundo donde tales hechos no hayan tenido lugar.
Las producciones de trigo, soya, maíz, arroz, y otros numerosos cereales y leguminosas, que constituyen la base alimenticia del mundo -cuya población asciende hoy, según cálculos a casi 6 900 millones de habitantes, ya se acerca a la cifra inédita de 7 mil millones, y donde más de mil millones sufren hambre y desnutrición- están siendo afectados seriamente por los cambios climáticos, creando un gravísimo problema en el mundo. Cuando las reservas no se han recuperado totalmente, o solo en parte para algunos renglones, una grave amenaza ya está creando problemas y desestabilización en numerosos Estados.
Más de 80 países, todos ellos del Tercer Mundo, ya de por sí con dificultades reales, están amenazados con verdaderas hambrunas.
Me limitaré a citar estas declaraciones e informes, de forma muy sintetizada, que se vienen publicando en los últimos días:
“La ONU advierte del riesgo de una nueva crisis alimentaria.
“11 de Enero de 2011 (AFP)”
“‘Estamos ante una situación muy tensa’…” Coincidió la FAO.
“Unos 80 países enfrentan un déficit de alimentos…”
“El índice global de precios de productos agropecuarios de base (cereales, carne, azúcar, oleaginosos, lácteos) se sitúa actualmente en su nivel máximo desde que la FAO empezó a elaborar ese índice hace 20 años.”
“NACIONES UNIDAS, enero (IPS),”
“La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), con sede en Roma, alertó la semana pasada que los precios mundiales del arroz, el trigo, el azúcar, la cebada y la carne [...] registrarán significativos aumentos en 2011…”
“PARIS, 10 de enero (Reuters) - El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, llevará esta semana a Washington su campaña para enfrentar los altos precios globales de los alimentos…”
“Basilea (Suiza), 10 enero (EFE).- El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean Claude Trichet, portavoz de los gobernadores de los bancos centrales del Grupo de los 10 (G-10), alertó hoy de la fuerte subida del precio de los alimentos y de la amenaza inflacionista en las economías emergentes.”
“Banco Mundial teme una crisis en el precio de los alimentos, 15 de enero (BBC)
“El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, le dijo a la BBC que la crisis sería más profunda que la de 2008.”
“MEXICO DF, 7 de enero (Reuters)”
“El ritmo anual de inflación de los alimentos se triplicó en México en noviembre comparado con dos meses antes…”
“Washington, 18 enero (EFE)
“El cambio climático agravará la falta de alimentos, según un estudio”
“‘Desde hace más de 20 años los científicos han alertado sobre el impacto del cambio climático, pero nada cambia aparte del aumento de las emisiones que causan el calentamiento global’, dijo a Efe Liliana Hisas, directora ejecutiva de la filial estadounidense de esta organización.
“Osvaldo Canziani, ganador del Premio Nobel de la Paz en 2007 y asesor científico del informe, indicó que ‘en todo el mundo se registrarán episodios meteorológicos y condiciones climáticas extremas, y los aumentos de la temperatura media superficial exacerbarán la intensidad de esos episodios’.”
“(Reuters) enero 18, Argelia compra trigo para evitar escasez y disturbios.
“La agencia estatal de granos de Argelia ha comprado alrededor de 1 millón de toneladas de trigo en las últimas dos semanas para evitar la escasez en caso de disturbios, dijo a Reuters una fuente del Ministerio de Agricultura.”
“(Reuters) enero 18, Trigo sube fuerte en Chicago tras compras de Argelia.”
“El Economista, 18 Enero, 2011
“Alerta mundial por precio de alimentos”
“Entre las principales causas están las inundaciones y sequías ocasionadas por el cambio climático, el uso de alimentos para producir biocombustibles y la especulación en el precio de los commodities.”
Los problemas son dramáticamente serios. No todo sin embargo, está perdido.
La producción actual calculada de trigo alcanzó la cifra de casi 650 millones de toneladas.
La de maíz, rebasa esa cantidad, y se acerca a los 770 millones de toneladas.
La soya podría acercarse a los 260 millones, de los cuales Estados Unidos calcula 92 millones y Brasil 77. Son los dos mayores productores.
Los datos en general de gramíneas y leguminosas disponibles en el 2011 son conocidos.
El primer asunto a resolver por la comunidad mundial sería escoger entre alimentos y biocombustibles. Brasil, un país en desarrollo, desde luego tendría que ser compensado.
Si los millones de toneladas de soya y maíz que se invertirán en biocombustibles se destinan a la producción de alimentos, la elevación inusitada de los precios se pararía, y los científicos del mundo podrían proponer fórmulas que de alguna forma puedan detener e incluso, revertir la situación.
Se ha perdido demasiado tiempo. Es hora ya de hacer algo.
Fidel Castro RuzEnero 19 de 2011
9 y 55 p.m.
Fuente: CubaDebate
Foto: APA pesar de que ciertos vientos de reanimación soplan en Puerto Príncipe, el sismo sigue vivo en las calles y remueve los puntos donde se aparcan inesperadamente, y con frecuencia de goteo, los camiones piñatas que distribuyen alimentos donados.Cientos de personas en filas, amenazados por las armas de los efectivos de las Fuerzas de Estabilización de la ONU (MINUSTAH), u otros uniformados, aguardan su turno con la esperanza de que no se extinga la carga.
Es toda una odisea. En muchos casos, quienes logran vencer la barrera y ganar el premio, reciben un saco de arroz y un frasco de aceite, pero de esa forma el cargamento se esfuma en minutos, y no hay noticias de cuándo llegará el próximo, o si llegará.
Evidentemente, nadie asume la responsabilidad de distribuir lo que llega de una manera más equitativa. La repartición en bruto es todo un "show" mediático.
Televisoras de canales occidentales siempre aparecen de manera oportuna cuando se abre la piñata, y enfocan sus lentes a las banderas que etiquetan los sacos y dan cuenta de su procedencia.
La realidad es que aún es muy difícil hacerse de los alimentos para sobrevivir y se corre el riesgo de salir con un balazo de las llamadas fuerzas de paz en la peligrosa aventura de buscar comida para la familia.
Este martes, efectivos de la MINUSTAH cercaron la calle trasera del devastado complejo presidencial para distribuir unas decenas de sacos de arroz.
En la fila, sin embargo, esperaban miles, esperanzados con que la suerte les tocara el hombro para regresar con algo de comer a las plazas aledañas donde permanecen acampados sus seres más cercanos.
Cuatro tanquetas blancas con la sigla de la ONU en su piel blindada permanecieron apostadas en las esquinas, con ametralladoras apuntando a una multitud que vociferaba, insatisfecha con la forma en que se reparte la asistencia.
La vocera del Programa Mundial de Alimentos, Emilia Casella, afirmó que la organización lleva a Haití raciones para 100 mil personas cada día, pero la realidad indica que es necesario alimentar a dos millones.
Varias de las pequeñas carpas que sirven de techo a miles de familias en plazas y parques, son sustituidas por endebles casuchas de madera, consideradas por la población errante un refugio algo más seguro.
En camionetas, carretillas o acarreadas en la espalda, discretas cargas de tablas, planchas de "plywood" y palos llegan a estos asentamientos humanos y rápidamente comienzan a ser transformados en armazones techadas o en cuartuchos.
"Sabemos que al gobierno le tomará mucho tiempo encontrarle solución a los problemas, y tenemos que ir buscando opciones para mejorar las condiciones de vida, aquí viviremos mucho tiempo", comentó a Prensa Latina un joven en las inmediaciones del Palacio Nacional, una de las áreas colmadas por los desplazados.
El espíritu de cooperación está presente. Quien necesita un martillo y clavos, rápidamente indaga entre sus nuevos vecinos y algo aparece, y si no es así, aflora una buena recomendación de dónde encontrarlo.
La solidaridad humana en tiempos de catástrofe también se pone de manifiesto a la hora de levantar endebles techos y paredes, que protejan algo más del rocío, o la posible lluvia, y concedan cierta intimidad en las condiciones de hacinamiento en que se vive.
Aún son necesarias 200 mil tiendas de campaña para albergar a cerca de un millón de damnificados, según estimados de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU.
El terremoto provocó más de 150 mil muertos, unos 200 mil heridos y echó abajo las viviendas de un millón de personas.
Enrique TorresFuente: PL
Foto: Sebastião Salgado
Está costando muchos esfuerzos, discretamente realizados en los entretelones de la economía y la diplomacia internacionales. Pero la alambicada estrategia del silencio está dando los frutos deseados: los grandes medios de comunicación no prestan atención al tema que debería ocupar sus portadas. Y prácticamente nadie habla de lo que constituye el mayor escándalo mundial: el hambre se agrava cada día más.
Un mes atrás Josette Sheeran, directora del Programa Alimentario Mundial (PAM) de Naciones Unidas, anunció que la cifra de hambrientos había superado por primera vez los mil millones de personas. Y advirtió que continuaría aumentando, ya que la ayuda humanitaria se encuentra “en un mínimo histórico”. El PAM sólo dispone de 1179 millones de euros, frente a los 4585 millones que precisa para dar de comer a 108 millones de empobrecidos en 74 países.
Las grandes potencias económicas mundiales hacen oídos sordos ante los gritos de alarma que surgen de las agencias humanitarias. Los embajadores escuchan en silencio las peticiones de ayuda económica del PAM. Y los burócratas que administran presupuestos multimillonarios argumentan en voz baja que “a causa de la crisis económica internacional, no hay fondos para afrontar el problema”. Sin embargo, Josette Sheeran asegura que bastaría con dedicar a la lucha contra el hambre “menos del uno por ciento del dinero público invertido en ayudar a las entidades financieras” durante el último año.
Pero no es sólo la crisis. Hay otra razón (¡cuesta emplear esta palabra!) para explicar la disminución de la ayuda alimentaria, más allá del extremo latrocinio bancario que denominamos crisis financiera: la producción de agrocombustibles. Los Estados Unidos han suspendido su aportación mayoritaria de excedentes de granos, porque los dedican a fabricar biodiésel. (El año pasado quemaron así 138 millones de toneladas de maíz, un tercio de su cosecha.) Y una directiva de la Unión Europea impulsa las energías alternativas de origen vegetal. Así, en nombre de la estabilidad económica (hacer frente a la crisis), de la ecología (producir combustibles más limpios), y de la geoestrategia de las naciones dominantes (reducir la dependencia de sus importaciones de petróleo) se condena a la desnutrición y la muerte a millones de seres humanos.
Se trata de un exterminio tan políticamente correcto como fríamente programado. Basten dos ejemplos: se limita drásticamente o se suprime la ayuda a países como Bangladesh (donde 700.000 niños están amenazados de muerte por el hambre) y se reduce la alimentación de la población desplazada en Somalia o de los refugiados en Kenia de 2200 calorías diarias a sólo 1500, lo que significa que la ONU distribuya raciones insuficientes, muy por debajo del mínimo vital.
La mayor vergüenza está en la propia Secretaría General de la ONU que, desde el relevo de Kofi Annan por Ban Ki-moon, está desarrollando una tan sorda como despiadada política de complicidad con los grandes núcleos del poder económico mundial. Los reemplazos de algunos altos funcionarios han sido claves. Resulta especialmente llamativo el cambio de tono en los informes y posicionamientos del relator especial sobre Derecho a la Alimentación: mientras que Jean Ziegler denunciaba a los fabricantes del hambre exigiendo que se pusiera fin a la mortandad, su sucesor en el puesto, Olivier de Schutter, plantea la necesidad de discutir la cuestión más a fondo. Lo que en palabras de Ziegler era un crimen intolerable, para Schutter parece reducirse a un problema administrativo.
Que no se diga. Que las cotizaciones de Bolsa ocupen sus minutos diarios en los informativos y sus páginas habituales en los periódicos. Que nadie pierda el sueño. Que nadie recuerde las cifras que Ziegler nos arrojó a la cara: cada cinco segundos muere de hambre un niño menor de diez años, cada cuatro minutos fallece alguien por falta de vitamina A, cada día 24.000 seres humanos perecen por falta de alimentación y 100.000, por las consecuencias derivadas de la desnutrición.
Vicente Romero
Fuente: Página 12

Juan Kalvellido
Fernando Butazzoni
Cada cuatro segundos se muere de hambre una persona, en algún lugar del mundo. Para muchas personas, comer hoy es difícil. En muy poco tiempo puede resultar simplemente imposible. La crisis de los alimentos, ahora ventilada por los poderosos del planeta, revela un problema estructural que tiene en el modelo de la sociedad consumista su principal causa. Todo indica que unos ochocientos cincuenta millones de personas pasarán a ser hambrientos en los próximos doce meses pero, mientras esto ocurre, muchos agricultores se aprestan a cosechar alimentos destinados a convertirse en combustible.
El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, anda de gira por América Latina. Ayer jueves estuvo en México y allí anunció que los precios internacionales de los alimentos seguirán subiendo de forma sostenida por lo menos durante dos años, y que recién podrán bajar para el año 2015. Esto significa, según el propio Zoellick, que unos ochocientos cincuenta millones de personas en más de treinta países se verán "fuertemente afectadas en su capacidad de acceder a los alimentos" en un futuro inmediato. Más claro imposible.
La franqueza del presidente del Banco Mundial debe ser fruto de la desesperación. El sabe la que se nos viene. El Programa Mundial para la Alimentación (PMA) ha advertido en sus últimos documentos que las reservas de alimentos del planeta están en su nivel más bajo de las últimas décadas, y que no hay acciones a la vista que permitan revertir esta situación. También Ban Ki-Moon, el secretario general de la ONU, ha dicho que se teme "una crisis en cascada" que afectará "la seguridad del mundo", si este problema no es gestionado con urgencia para encontrar soluciones. Por si eso fuera poco, hace un par de semanas se conoció el informe final del Panel de Evaluación Internacional de los Conocimientos, la Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo Agrícola (Iaastd), en el que se pronostican "graves conflictos por la dramática escasez de alimentos". El Iaastd está conformado por más de cuatrocientos científicos de todo el mundo, y su informe fue avalado por delegados de cincuenta y cinco países en una reunión celebrada el pasado 15 de abril en Johannesburgo.
Para los uruguayos lo que aquí se describe puede parecer una problemática remota, y estos comentarios apenas un gesto innecesario y alarmista. Pero las cifras no nos dejan siquiera el consuelo de la lejanía. Aproximadamente la mitad de la Humanidad vive con menos de dos dólares por día y cerca de mil millones de personas lo hacen con menos de un dólar diario. O sea que hay unos 3.500 millones de personas que viven en países pobres en condiciones miserables, con una extrema fragilidad alimentaria. Es gente que gasta tres cuartas partes de lo que gana en comida. El trigo, el maíz, el arroz y la soja son la base de su alimentación. En los últimos doce meses el precio del trigo subió 130 por ciento en el mercado internacional, el de la soja 85 por ciento y el precio del maíz 35 por ciento. El precio del arroz subió un 71 por ciento, y pasó en unos pocos meses de 300 dólares la tonelada a unos 1.200 dólares la tonelada. El Programa Mundial de Alimentos evaluó en un 55 por ciento el aumento global promedio de los precios de los productos alimenticios desde junio de 2007, aunque hay expertos que sitúan el incremento en un 70 por ciento. La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) situó el estimado de incremento para este año 2008 en un 45 por ciento.
Algunos gobiernos toman medidas paliativas destinadas a garantizar la seguridad alimentaria de sus propios ciudadanos. En México se estudian subsidios al mercado interno del maíz. En Indonesia se topean las exportaciones de granos. En el caso uruguayo se han implementado acuerdos para evitar que algunos precios se disparen en el mercado interno, tal el caso del arroz. Pero, según los expertos, en general parece difícil que algún país pueda, cual isla, sustraerse a esta oleada mundial de carestía que resquebraja cimientos hasta ahora indestructibles. Es lo que ocurre en EEUU, donde algunas compañías de gran porte como Wall Mart y Cotsco han resuelto establecer cupos de racionamiento, en el rubro alimentos, para todos sus clientes.
Renombrados especialistas de muy diferentes ámbitos y tendencias coinciden al opinar que se avecinan tiempos terribles debido a una combinación de factores entre los que se destaca la falta de alimentos y el encarecimiento de los precios: José Luis Machinea, secretario ejecutivo de Cepal, habló sobre ello hace un par de días en Ciudad de México; Jean Ziegler, sociólogo y doctor en Derecho, catedrático de La Sorbona, lo hizo en Berna la semana pasada; la filósofa y analista política Susan George lo explicó en Nueva Delhi, en marzo, durante su discurso ante el congreso de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear. Todos apuntan al actual modelo como el gran responsable del posible desastre. El economista chileno Marcel Claude, por ejemplo, estima que esta situación es la que explica los recientes brotes de violencia en Haití, Egipto, Costa de Marfil, Camerún, Mauritania, Mozambique, Senegal, Uzbekistán y Yemen, entre otros países. Claude, que es una figura de relieve que profesa en la Escuela de Gobierno en la Universidad de Chile, ha descrito un panorama por demás sombrío: "En Filipinas, Pakistán y Tailandia, sus ejércitos vigilan para evitar robos y saqueos en los centros de acopio de granos, y en Tailandia el Ejército también monta guardia en los campos de arroz, mientras en Vietnam ha habido huelgas cada vez más frecuentes por la penuria alimentaria. Indonesia, tercer productor mundial de arroz, anuncia que sólo permitirá las exportaciones si las reservas superan los tres millones de toneladas, y Kazajastán suspende todas sus exportaciones de trigo hasta el 1º de setiembre".
A esta situación hay que agregarle la inestabilidad que genera la confrontación en Argentina entre los productores agropecuarios y el gobierno. Allí, las retenciones a las exportaciones de soja han provocado nuevamente medidas de fuerza, entre ellas la suspensión de embarques de trigo, y un enorme signo de interrogación hacia el futuro inmediato. Uno de los grandes productores mundiales de alimentos parece ubicado hoy entre la espada de una plutocracia rural sin demasiados escrúpulos y la pared de una población que no puede siquiera soportar la idea del desabastecimiento de alimentos.
Mientras todo esto sucede, sigue adelante en el mundo de forma implacable el plan de suplantación de la agricultura alimentaria por una agricultura destinada a biomasa para combustibles. De esos combustibles, los más usados son el bioetanol (que se obtiene a partir del maíz, la caña de azúcar, el trigo y la cebada) y el biodiésel (que se produce a partir de aceites vegetales de soja, jatrofa y otras plantas). Los grandes productores mundiales de biocombustibles son países muy desarrollados, como Estados Unidos, Alemania, Francia y Austria, o países que son grandes productores mundiales de alimentos, como China, Brasil e India. Como se ve, es una combinación letal.
Que nadie se llame a engaño: el proceso de mudanza de combustibles fósiles a biocombustibles no tiene nada que ver con la salud del planeta ni con la ecología. Esos son cuentos chinos. La verdadera razón es que, a los actuales ritmos de consumo, el petróleo será cada vez más escaso y caro. Plantar soja o caña de azúcar es simple y seguro, aunque en el fondo se está utilizando el alimento de los humanos como combustible para sus máquinas. De todas formas, cualquier dilema respecto al hambre tiene una réplica ineludible en los hambrientos, verdaderos sujetos de esta historia. En poco tiempo la pregunta no será qué hacer con el hambre sino qué hacer con los hambrientos. Habrá que pensar, y rápido, porque ellos en muy poco tiempo pueden llegar a ser una muchedumbre difícil de imaginar e imposible de contener.
Fuente: La República
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