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17 diciembre 2010

Rosas y pan - Entrevista a Federico Graña


Federico Graña:
militante comunista, de las redes frenteamplistas
y del colectivo Ovejas Negras.
Foto: Javier Calvelo


“Si el socialismo es la sociedad del pan y las rosas, la experiencia del socialismo real tal vez se ocupó demasiado del pan y se olvidó un poco de las rosas”. La frase de Federico Graña sintetiza un razonamiento que los jóvenes del Partido Comunista del Uruguay (PCU) lograron colocar en el último congreso partidario. Graña es ex delegado en la FEUU por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación y activo militante de las redes frenteamplistas. También es suplente en el nuevo Comité Central del PCU, recién “egresado” de la Unión de Juventud Comunistas (UJC) y referente del colectivo Ovejas Negras. La diversidad sexual y la izquierda uruguaya fueron los ejes de esta charla.

-El sindicalista Alfredo Alemán, del Hospital de Clínicas, decía en el número de octubre de Correo Socialista que más de una vez le dijeron “con putos no discuto”. ¿Es algo frecuente en el mundo sindical?

-En Ovejas Negras recibimos hace un tiempo una denuncia de un trabajador metalúrgico. Básicamente el patrón no le pagaba el presentismo y su argumento era que no le correspondía por puto. Él no estaba afiliado al sindicato (UNTMRA) y fuimos a hablar con Marcelo Abdala, que enseguida solucionó el problema. Además del cuadro negativo de una situación laboral, eso te da la pauta de que algo está cambiando en el sindicalismo y de que hay mayor receptividad que hace unos años. Hay articulaciones muy interesantes entre nueva y vieja izquierda. Pasa como en cualquier casa vieja, la estructura central queda y hay que hacer remodelaciones. Algo central en esto es que cuando cuestionamos al que piensa que la única forma de casarse es entre el nene y la nena también cuestionamos al que dice que quien nace pobre tiene que morir pobre.

-¿Qué sucede con los partidos de izquierda?

-Los procesos nunca pueden analizarse ahistóricamente. Desconozco si en algún momento hubo expulsiones por ser homosexual, pero sí existieron ciertos vetos para hacer determinadas ciertas cosas en un partido. En La izquierda armada, de Clara Aldrighi, hay entrevistas con dirigentes del MLN que reconocen que un homosexual no podía integrarse por su vulnerabilidad y por cómo reaccionaría si el enemigo lo agarraba. Nombro ese caso porque está publicado, pero también dentro del PCU hay historias de homosexuales a los que se enviaba a las comisiones de cultura y nunca se los designaba en cargos centrales, por ejemplo. Lo cierto es que no hay figuras notorias en la historia del FA, y de la política uruguaya en general, que sean gays. Y cuando se escucha algún rumor es para atacarlo o restarle calidad. Para el FA es ineludible empezar a reflexionar sobre estos temas y su importancia, porque hay cosas que tienen que atenderse.

-¿En el PCU has podido dar estos debates?

-Es cierto que hace diez años era difícil discutir estos temas, pero el Congreso aprobó, con mucha discusión, un documento muy bueno sobre diversidad sexual de la UJC, con la convicción de que el socialismo en el siglo XXI tiene que discutir estos temas y lo mismo han hecho las juventudes de la Vertiente Artiguista, el Partido Socialista y la CAP-L. El socialismo real quizás alcanzó avances, pero tuvo fallas vinculadas a la lucha por derechos. Si el socialismo es la sociedad del pan y las rosas, la experiencia del socialismo real tal vez se ocupó demasiado del pan y se olvidó un poco de las rosas.

-¿Cómo cayó en el PCU la autocrítica de Fidel Castro sobre cómo trató la revolución cubana a los gays?

-Colectivamente se aceptaron, y se hace responsable como miembro de un movimiento comunista internacional. Quizás algunos compañeros no hacen esa autocrítica y tampoco otras.

-¿Qué episodios de homofobia en la izquierda ha cuestionado Ovejas?

-El más claro fue el del diputado del MPP [Juan José Domínguez] cuando le dijo oligarca puto a Lacalle Pou. ¿Y por qué puto, JJ? Pero en general la situación en el FA está mejor. Hay compañeros que han entendido que ésta es una bandera importante; el caso más claro es el de Margarita Percovich. A veces pasa que cuando se tocan estos debates muchos compañeros pueden apuntar primero para la broma o para hacer un chiste, pero tampoco es algo para que nos escandalicemos de nuestro lado. Todo es parte de un proceso, pero a veces cuesta comprender cómo falta sensibilidad con gente que está pasando mal. El Che Guevara hablaba de ser sensibles ante todo tipo de explotación y de injusticia, y la injusticia no termina con ver gente tirada en la calle. A los compañeros que no ven esto les va a pasar la historia por arriba.

Lucas Silva

Fuente: La Diaria





28 noviembre 2010

Latinoamérica: El futuro depende de la reflexión sobre el pasado




“Soñar es necesario, pero con la condición
de creer seriamente en nuestro sueño,
de examinar con atención la vida real,
de confrontar nuestras observaciones con nuestro sueño,
de realizar escrupulosamente nuestra fantasía.”

V. I. LENIN


Despedimos casi el primer decenio del siglo XXI con una coincidencia histórica: el año 2010, al mismo tiempo que señala el bicentenario de la independencia en Latinoamérica, completa la primera década de un particular momento político en el continente. El inicio —podríamos prever— de una nueva y definitiva emancipación.

“Luchas, poder, victorias democráticas, hegemonías plebeyas son conceptos que resumen las tendencias de la vida política del continente latinoamericano durante la última década. Pese a las marchas y contramarchas, no habíamos vivido una experiencia política con esas características y con una extensión territorial como la de este período”.1

Durante el siglo que nos precede, las estrategias históricas de la izquierda continental encontraron tropiezos que las fueron aislando, desmovilizando o reubicando en otros bloques. Aun cuando contaron en un momento luminoso con fuerzas alentadoras en su liderazgo —que condujeron a experiencias de profunda significación política como la Revolución Cubana, el gobierno de Salvador Allende e incluso el posterior ascenso de proyectos basados en presupuestos participativos, como el alumbramiento de Porto Alegre o la construcción del poder local en Chiapas—, la propia fragmentación de las fuerzas políticas y sociales que las posibilitaron contribuyó a la dispersión de una estrategia común. En otras palabras, crecieron huérfanas de un proceso de acumulación, reflexión y síntesis que las guiara.




No es de extrañar, entonces, que la urgencia de rescatar la praxis intelectual del lado de los procesos sea un reclamo constante en el actual panorama. En estos últimos días de noviembre, Casa de las Américas reunió en La Habana más de una decena de cientistas sociales, economistas, profesionales de los medios de comunicación de distintos países de la región, bajo una convocatoria: La América Latina y el Caribe entre la independencia de las metrópolis y la integración emancipatoria. La mayoría de las reflexiones advirtieron que el análisis de los procesos emancipadores actuales no puede ser hecho al margen del análisis del imperio. No obstante, aun cuando la decadencia irreversible del modelo capitalista —planteada no ya por sus opositores, sino por sus propios think tanks— haya sido un punto de partida, como es habitual en estos debates, un espíritu de trascender las frecuentes posiciones defensivas primó en la sala Che Guevara de la institución, una de las primeras fundadas al triunfo revolucionario de 1959. Los encuentros, especialmente sus momentos más encendidos, apelaron más bien a nuestros propios recursos: las reservas culturales de los pueblos del continente. “Si no ganamos la batalla del imaginario, estamos construyendo sobre suelo suave”, dijo la historiadora venezolana Carmen Bohórquez.

El propio debate implicaba así una descolonización de la propia reflexión sobre el Bicentenario: más que una conmemoración de un momento histórico, los intelectuales atendieron a sus significaciones actuales, a las lecciones de un proceso de 200 años que nos pueden hoy alumbrar en el nuevo intento. “No estamos conmemorando una fecha, sino un proceso”, advirtió el historiador y politólogo cubano Fernando Martínez Heredia.

Hace poco más de 50 años, la izquierda continental esperaba grandes insurrecciones armadas que llevaran a los pueblos al socialismo. Hoy resulta imprescindible la reconquista de la democracia popular y la consagración de autonomías al margen de los procesos neoliberales. Aun cuando la conformación de un sujeto continental sea solo un vitral de intentos —si bien cristales enmarcados por la misma madera, todavía de colores distintos—, esta estrategia de la izquierda merece ser atendida, pensada y vivida. Quizá al cabo de dos siglos, estemos solo en el inicio de un largo proceso emancipador. Dependerá no ya de un Hidalgo, o un nuevo Bolívar, o un Martí, sino del avance armónico de la sociedad movilizada y la iniciativa de sus gobiernos.

Sea, pues, la conmemoración del Bicentenario en América Latina —otros, podrán tener la suya— un catalejo por donde acercarnos a este momento político continental que ya transpira su primera década. Un ojo que descanse, pues le toca el reposo para atender sus antecedentes históricos, las lecciones de las continuas conquistas y derrotas, las antiguas estrategias fallidas y los actuales agujeros por donde pueda emerger “el topo”. Solo así, el ojo que vigila podrá hacerlo sin ingenuidades, desde la plena conciencia de los límites y las posibilidades del nuevo movimiento de emancipación.

1 Álvaro García Linera. Presentación del libro El nuevo topo, los caminos de la izquierda latinoamericana, de Emir Sader. Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2009.

Daniela Grass y Victoria Hernández

Fuente y fotos: La Jiribilla


10 junio 2009

Paradoja



Otras veces me he preguntado dónde está la izquierda, y hoy tengo la respuesta: por ahí, humillada, contando los míseros votos recogidos y buscando explicaciones al hecho de ser tan pocos. Lo que llegó a ser, en el pasado, una de las mayores esperanzas de la humanidad, capaz de movilizar voluntades simplemente apelando a lo que de mejor caracteriza la especie humana, y que creó, con el paso del tiempo, los cambios sociales y los errores propios, sus propias perversiones internas, cada día más lejos de las promesas primeras, asemejándose más y más a los adversarios y a los enemigos, como si esa fuese la única manera de hacerse aceptar, acabó cayendo en meras simulaciones, en las que conceptos de otras épocas fueron utilizados para justificar actos que esos mismos conceptos habían combatido. Al deslizarse progresivamente hacia el centro, movimiento proclamado por sus promotores como demostración de una genialidad táctica y de una modernidad imparable, la izquierda parece no haber comprendido que se estaba aproximando a la derecha. Si, pese a todo, fuera todavía capaz de aprender una lección, ésta que acaba de recibir viendo a la derecha pasarle por delante en toda Europa, tendrá que interrogarse acerca de las causas profundas del distanciamiento indiferente de sus fuentes naturales de influencia, los pobres, los necesitados, y también los soñadores, que siguen confiando en lo que resta de sus propuestas. No es posible votar a la izquierda si la izquierda ha dejado de existir.

Curiosamente, y esta es la paradoja, el político al que el título de este comentario se refiere, es precisamente el que en este momento preside los destinos del país que desde hace muchísimo tiempo viene desarrollando una política en todos los aspectos imperial y conservadora: Barack Obama. Da que pensar. Una acción política que, como vengo diciendo, pretende poco más que salvar los muebles de un capitalismo sin reglas que estuvo a punto de devorarse a sí mismo, nos parece ahora casi, casi, la realización del sueño de la izquierda. Apuesto que mucha gente, progresistas, socialistas, comunistas, anda por ahí preguntándose: “Y si Obama fuese presidente de mi partido?” Tal vez lo que llamamos ironía de la Historia sea algo así como esta situación… Tal vez sea, solamente, la importancia del factor personal.

José Saramago

Fuente: El cuaderno de Saramago


18 marzo 2009

Lars Ohly: Una figura triste en la izquierda sueca



Foto: Scanpix


No. Él está a muchos eones luz de llegar a la dimensión humana del "caballero de la triste figura". A estas alturas, apenas llega a merecer el calificativo muchísimo más modesto de "triste figura" (sin lo de caballero, claro). Se trata del presidente del Partido Sueco de Izquierda elegido en febrero de 2004 con el mandato de virar su organización a la susodicha. Que el lector juzgue los resultados de los esfuerzos de Lars Ohly.


Jorge Capelán*


EN UNA PLAZA CÉNTRICA DE ESTOCOLMO

El día 14 de marzo se reunió un nutrido grupo de unos diez activistas anticubanos en la céntrica Plaza Sergel de Estocolmo para conmemorar un aniversario de la denominada "primavera negra" de 2003, es decir, del arresto a más de 70 mercenarios que, con dinero de la sección de intereses de los EE.UU.. en La Habana trabajaban bajo las órdenes del tristemente célebre Mr.. James Cason en momentos en los que Jeb Bush sentenciaba que "después de Iraq, Cuba" y los EE.UU. promovían raptos de aeronaves y embarcaciones, y arreciaban la campaña anticubana.

La actividad de la Plaza Sergel fué organizada por los grupos 95 y 305 de Amnesty Suecia, el Centro Democratacristiano Internacional (KIC, por sus siglas en sueco) y contó con la esmerada cobertura periodística de una de las dos sectas locales en ardua pugna por los fondos prodigados por la derecha del país bajo acusaciones mutuas de ser financiadas por la USAID.

Ni la figura del "refugiado" cubano Osvaldo Alfonso Valdés, famoso por recibir cartas condimentadas con dólares del terrorista Carlos Alberto Montaner, fué capaz de atraer la atención del público. Un desfile de las "damas de blanco" (a quienes la presidenta de las Madres de Plaza de Mayo Hebe Bonafini ha llamado "las damas de Bush") se tuvo que posponer por falta de quórum.

La actividad, que había sido anunciada con bombos y platillos por varios medios de gran circulación y alcance, se hundió prontamente en el olvido. Nadie, o casi nadie, se dió cuenta de lo que pasó el 14 de marzo en la Plaza Sergel de Estocolmo. Pero por suerte los organizadores ya habían pensado en la manera de sacarle partido al refrito anual de los "75 presos de conciencia cubanos".

UNA NOTA DE PRENSA "AD-HOC"

A los pocos días del incidente, circuló una nota de prensa enviada por el grupo 95 de Amnesty informando que los tres candidatos del bloque de oposición verdirojo (socialdemócratas, verdes e izquierda) firmaban un pronunciamiento demandando la "liberación incondicional" de los mercenarios ex-empleados de la SINA , así como "reformas políticas para proteger los derechos humanos" en Cuba.

"Para mí es obvio - dijo Ohly a los redactores de la nota - que la defensa de los derechos humanos debe ser consecuente. Independientemente si es Israel, Estados Unidos o Cuba quien viola los derechos humanos, debe utilizarse la misma medida y criticar cuando es necesario. Es por eso que firmo este llamamiento para dejar en libertad a los presos políticos en Cuba."

Lars Ohly parece no haberse dado cuenta de que la justificación misma de su disparatada firma esconde un despropósito aún mayor:

¿Cómo se le ocurre a Ohly comparar a los EE.UU. e Israel con Cuba? ¿Es que hay una medida común para estados que cotidianamente violan las reglas del derecho internacional, que invaden, que bombardean con fósforo blanco y otras armas de destrucción masiva a poblaciones civiles inocentes, que practican abiertamente la tortura, y Cuba?

¿Por qué no firmó Ohly ningún pronunciamiento criticando al gobierno regional curdo en el norte de Iraq, gobierno al cual visitó a fines de noviembre del año pasado y que, como la opinión pública mundial bien conoce, es responsable de graves violaciones contra árabes, musulmanes, cristianos y los propios curdos, además de ser un engendro directo de la ocupación estadounidense y del estado de Israel? ¿Por qué no se negó a ser nominado candidato al premio de "curdo del año" otorgado por el gobierno colaborador de los ocupantes? ¿Por qué guardó silencio Lars Ohly cuando, en febrero de este año, cuarenta curdos fueron ilegalmente deportados hacia el norte de Iraq en un operativo conjunto de las autoridades migratorias de Suecia y Noruega?

La consecuencia humanitaria de Lars Ohly es verdaderamente consecuente en su inconsecuencia moral. Claro que, vista desde otra óptica, su actuación es perfectamente comprensible. El líder del partido de izquierda sueca está obsesionado por un puestito de ministro en una futura administración socialdemócrata. ¿Qué ficha de cambio más barata podría haber - calcula Ohly - que la ficha cubana?

UNA LARGA CUESTA ABAJO

Ohly hizo su cálculo político hace ya mucho tiempo. Fué electo presidente del partido en 2004, luego de una ardua pugna interna con una poderosa facción de derecha en el seno de la organización. Hasta ese entonces, tenía fama de "comunista", una fama que de a poco fué perdiendo con cada embate mediático de la derecha y según los vaivenes de su alianza con los socialdemócratas. Consistentemente, su ficha de cambio ha sido Cuba.

Hay que recordar que Suecia se ha convertido en uno de los bastiones de las campañas anticubanas en Europa a medida que figuras fascistas como la de José María Aznar en España han ido perdiendo influencia y la imagen de la republiqueta neoliberal checa se ha ido desgastando. El reino nórdico está representado en el Comité Internacional para la Democracia en Cuba (CIDC) por el influyente parlamentario socialdemócrata Urban Ahlin y la ministra liberal de asuntos europeos Cecilia Malmström. El grupo, creado en 2003 a propósito del arresto de los mercenarios de la SINA , cuenta entre sus miembros a personajes como Madeleine Albright, Vaclav Havel, Mario Vargas Llosa, Enrique Krauze, Aznar y muchos otros inveterados reaccionarios y unos cuantos agentes de la CIA.

En Suecia se financian publicaciones anticubanas como "Misceláneas de Cuba" y "Cuba Nuestra" con fondos internacionales de los partidos demócrata-cristiano y liberal y desde el país se dirigen provocaciones contra las autoridades cubanas. Los representantes de la central sindical socialdemócrata sueca ante la OIT pertenecen a los más activos cabildeadores anticubanos en el seno de dicha organización y en los últimos años, Suecia ha recibido regularmente a figuras como el procónsul de la administración Bush para la "transición" en Cuba míster Caleb McCarry.

La Suecia actual, que ya hace 23 años enterró el cadáver de Olof Palme junto con las ideas progresistas del político socialdemócrata, se parece otra vez a la sociedad antagónicamente clasista que fué a principios del siglo XX. Si durante la era de Palme, un jefe de empresa ganaba 10 veces más que un trabajador, hoy gana 50 veces más: Del "socialismo" al neoliberalismo escandinavo. Este giro a la derecha ha tenido lugar durante gobiernos socialdemócratas a los que el partido de izquierda ha apoyado y a los que Ohly espera influenciar - aunque en realidad, esa influencia sea a la inversa.

Ya a finales de 2004, a pocos meses de ser electo presidente de su partido, Ohly decía en el parlamento que "Cuba es un gobierno de partido único; no es una democracia, es una dictadura". Balbuceó en los medios algunas "críticas" a la revolución cubana por supuestas "ejecuciones extrajudiciales" confundiendo escandalosamente a Cuba con Colombia. Al año escaso, renunciaba solemnemente a su membresía en la Asociación Sueco-Cubana. En ese entonces, en una carta a los miembros de su partido, culpó a los amigos de Cuba dentro de la organizacón de ser los responsables de las campañas anticomunistas de la derecha.

En junio de 2008, unos 80 latinoamericanos residentes en Suecia criticaron a título personal y de una serie de organizaciones de solidaridad, la decisión del congreso del partido de rechazar "una moción que proponía establecer relaciones de diálogo con el Partido Comunista de Cuba con el argumento de que, si bien dicho país ha obtenido logros mundialmente reconocidos en lo social, su democracia no sigue el modelo impuesto por Europa y los Estados Unidos".

Los firmantes, que provenían de todo el espectro político de la izquierda latinoamericana, argumentaron que la respuesta de la dirigencia del partido a dicha moción no fué más que "una versión blanda de la 'posición común' de la Unión Europea " con respecto a Cuba - una posición común de sanciones adoptada en 1996 y que al momento de redacción del pronunciamiento estaba en proceso acelerado de crisis.

En su respuesta a la carta de los latinoamericanos, Ohly calificó la crítica del grupo como poco seria y deshonesta. Lars Ohly, con su firma del documento promovido por grupúsculos anticubanos, KIC, la derecha sueca, el grupo 95 de Amnesty y, en última instancia, los EE.UU.. y la maffia de Miami da fé de su seriedad y honestidad como "dirigente".

EPÍLOGO

La Asociación Sueco-Cubana se ha recuperado del golpe recibido luego de la caída de la Unión Soviética , está sobrepasando el número de miembros que tenía en 1989 y pronto llegará a los 2000.

Cada año, cientos y miles de suecos viajan a Cuba y contrastan sus propias observaciones de la isla con la versión que dan los grandes medios. En estos días, la película Ché, el argentino está entre las más vistas y las actividades de solidaridad con Cuba, que se realizan sin apoyo estatal de ningún tipo y con una ínfima parte de los recursos financieros y de cobertura que reciben las campañas anticubanas, no tienen problemas de asistencia.

Cuba aún tiene una gran cantidad de amigos en el partido de izquierda sueco, el que parece tenerlos cada vez menos es Lars Ohly. El partido dirigido por este señor ha visto disminuir sus cifras de opinión de un 9,5 porciento en enero de 2004 a 5,7 en enero de 2009. Es lógico porque ¿quién va a votar por un dirigente que lucha por parecerse cada vez más a lo que dice combatir?

* Jorge Capelán es miembro del Partido de Izquierda y de la Directiva Nacional de la Asociación de Amistad Sueco Cubana por Malmö.

Fuente: jorgecapelan.net