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"Hoy más que nunca la alegría es un artículo de primera necesidad, tan urgente como el agua o el aire. Pero nadie nos va a regalar ese derecho de todos; .... es preciso pelearlo...."
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Primero se llevaron a los comunistas pero a mí no me importó porque yo no era. En seguida se llevaron a unos obreros pero a mí no me importó porque yo tampoco era. Después detuvieron a los sindicalistas pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista. Luego apresaron a unos curas pero como yo no soy religioso tampoco me importó. Ahora me llevan a mí pero ya es tarde.
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ratificó que continuará los ataques contra Libia tras reconocer la resistencia de las fuerzas leales al Gobierno de Trípoli.
El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, admitió en la víspera que las tropas del líder libio Muamar El Gadafi "todavía siguen siendo una amenaza" y pidió mayor apoyo para garantizar el éxito de la misión.
Al respecto, demandó a las naciones aliadas una "utilización más flexible" de sus activos militares en la invasión a ese país norteafricano, lanzada en marzo último bajo el amparo de una resolución de la ONU.
En declaraciones a la prensa, dijo que los ministros de Defensa de la organización militar coincidieron este miércoles en la necesidad de extender la operación en Libia otros 90 días, a partir del 27 de junio.
Ramussen manifestó su confianza en el éxito de los bombardeos contra territorio libio donde, según fuentes médicas de esa nación árabe, dejaron hasta el momento más de 250 civiles muertos y miles de heridos.
El máximo representante de la OTAN aseguró que "Gadafi es historia", y en ese sentido urgió a la ONU a planificar el momento en que ese organismo internacional asumirá el control de la misión.
Aunque Ramussen comentó que cuando acabe el conflicto libio la OTAN no tendrá liderazgo, aclaró presuroso que la Alianza está dispuesta a ayudar a consolidar la era post Gadafi.
Las cifras emitidas por el Ministerio de Salud corresponden a los caídos entre el 19 de marzo y 26 de mayo de 2011
Un total de 718 civiles muertos y cuatro mil 67 heridos, han dejado los ataques perpetrados por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sobre territorio libio, según un balance ofrecido por el gobierno de este país en conflicto.
Las cifras emitidas por el Ministerio de Salud corresponden a los caídos entre el 19 de marzo y 26 de mayo de 2011, informó Telesur.
El portavoz del gobierno de Libia, Musa Ibrahim, informó que del total de heridos, 433 están en estado de gravedad. Aclaró que estos guarismos no tienen en cuenta a los militares caídos, dato que el Ministerio de Defensa se niega a divulgar.
El 19 de marzo pasado se inició una operación militar en Libia con la participación de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Canadá, Bélgica, Italia, España, Dinamarca, Noruega y Qatar. Luego, el 31 de marzo, la OTAN asumió el pleno control de todas las operaciones.
El traspaso del mando de la agresión contra la nación árabe se decidió el 27 de marzo en Londres, donde las naciones que integran la OTAN acordaron que este organismo se hiciese cargo del control y coordinación de las acciones contra el gobierno del líder libio, Muammar Gaddafi.
Libia ha hecho reiterados llamados de cese el fuego, ignorados por los países que conforman la alianza de la OTAN contra Libia y los rebeldes. Esta semana, una delegación de la Unión Africana, encabezada por el presidente surafricano Jacob Zuma se entrevistó con Muammar Gaddafi para adelantar una propuesta de paz.
Italia abre consulado
El jefe de la diplomacia italiana, Franco Frattini, visitó la ciudad bastión de los rebeldes, Bengasi, con motivo de la apertura de un consulado del país europeo en esa ciudad.
"El régimen de Gaddafi está terminado. Debe dejar el poder y debe abandonar el país”, declaró Frattini, durante una conferencia de prensa.
La Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) afirmó este martes que atacó (la noche del lunes) un depósito de vehículos militares en Trípoli, capital libia, ubicado en las cercanías de la residencia del líder libio Muammar Al Gaddafi. Las afirmaciones se dan cuando las autoridades del país norteafricano han asegurado que el ataque fue perpetrado contra un cuartel y dejó al menos tres muertos y 150 heridos.
"Durante la noche los aviones de la OTAN atacaron un depósito de vehículos del régimen adyacente al complejo de Bab Al Aziziya", residencia de Gaddafi, "con bombas teleguiadas de precisión", relató la Alianza Atlántica a través de un comunicado.
El texto indicó que el lugar “es conocido por haber estado activo al comienzo de la represión contra la población en febrero de 2011 y lo siguió siendo desde entonces al re-abastecer a las fuerzas del régimen que efectúan ataques contra civiles inocentes".
Las fuerzas colonialistas han reiterado que su misión es proteger la sociedad civil, además han insistido que su blanco no es el líder de la nación. Sin embargo, el pasado mes de abril fuerzas de la OTAN asesinaron a tres nietos de Gaddafi y a su hijo menor.
“Las fuerzas de Gaddafi siguen representando una amenaza para los civiles y seguiremos atacando objetivos al origen de esta violencia", sostuvo el responsable de la operación de la Alianza en Libia, el general Charles Bouchard, citado en el comunicado.
En tanto, el vocero del Gobierno libio, Musa Ibrahim, anunció que al menos tres personas murieron y 150 quedaron heridos este lunes durante los ataques de la OTAN contra Trípoli.
Ibrahim señaló que la Organización, que inició el operativo el pasado mes de marzo, había efectuado "entre 12 y 18 ataques contra un cuartel de la guardia popular", unidades de voluntarios de apoyo al Ejército.
“El cuartel estaba vació. La mayoría de las víctimas son civiles que viven en las inmediaciones”, subrayó el vocero.
Los medios internacionales han estimado que estos ataques eran los más violentos desde el comienzo de las operaciones de la OTAN contra el Gobierno de Gaddafi.
Desde el pasado mes de marzo la OTAN ha bombardeado constantemente a Libia y ha manifestado su apoyo a los rebeldes armados libios, que intentan hacerse con el poder en la nación norteafricana.
Luego de intensificar los bombardeos a Trípoli y al complejo donde residen el líder libio y su familia, el mismo objetivo donde ya fueron asesinados uno de sus hijos y tres nietos, desde Nápoles, el general italiano Claudio Gabellini negó que Muamar el Gadafi fuera el objetivo de los ataques aéreos: “Todos los blancos de la OTAN son militares, son centros de mando y búnkers utilizados por el régimen”, explicó.
La Alianza Atlántica “no apunta contra individuos”, aseguró el oficial en teleconferencia desde el cuartel general del sur de Italia, desde donde la OTAN dirige la operación “Protector Unificado”, lanzada con la justificación de proteger a la población civil. Interrogado sobre si Gadafi sigue vivo, el general respondió: “No tenemos ninguna prueba. No sabemos qué es lo que está haciendo ahora”, dijo.
“En realidad, no estamos interesados en qué es lo que está haciendo. Nuestro mandato es proteger a civiles de sus ataques”, insistió.
Aviones de la OTAN lanzaron hoy sus más intensos bombardeos sobre Trípoli en varias semanas, horas después de un recrudecimiento de los combates en el frente este del país.
La OTAN deja morir de hambre y sed en una embarcación a 61 inmigrantes procedentes de Libia
La embarcación con 72 personas a bordo, incluyendo varias mujeres, niños y refugiados políticos, abandonó Tripolí, capital libia, con destino a la isla italiana de Lampedusa el pasado marzo.
Docenas de inmigrantes africanos han muerto en el mar Mediterráneo después que militares europeos y unidades de la OTAN ignorasen aparentemente sus peticiones de ayuda, según publica el diario británico The Guardian.
La embarcación con 72 personas a bordo, incluyendo varias mujeres, niños y refugiados políticos, abandonó Tripolí, capital libia, con destino a la isla italiana de Lampedusa el pasado marzo. A pesar de las señales de alarma de los integrantes de la embarcación, que entablaron contacto con unidades militares y un helicóptero de la OTAN, nadie se esforzó en rescatarles.
Todos los inmigrantes menos 11 murieron de sed y hambre después de que su embarcación quedó a la deriva en el mar durante 16 días.
“Cada mañana nos levantamos y encontrábamos más cuerpos, los cuales tirábamos al mar”, relata a The Guardian Abu Kurke, uno de los nueve supervivientes. La barcaza salió de Trípoli el pasado 25 de marzo cargada con 47 etíopes, siete nigerianos, siete eritreos, seis ghaneses y cinco sudaneses. Se quedó sin combustible cerca de Lampedusa y sin alimentos ni agua.
Los barcos que debieron acudir en su ayuda los ignoraron e incluso un helicóptero de la OTAN, que según la investigación del periódico británico correspondía al Ejército francés, no atendió a su rescate. Después de días a la deriva en el mar, la embarcación acabó llegando el 10 de abril a una ciudad costera cerca de Misrata.
La ley internacional marítima obliga a todos los buques, incluyendo los militares, a dar respuesta a la angustia y llamadas de ayuda de embarcaciones cercanas que lo soliciten. Organizaciones de derechos humanos han reclamado una investigación por las muertes, mientras que el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha pedido una estricta cooperación entre navíos militares y comerciales en el Mediterráneo en un esfuerzo para salvar vidas.
En la última semana, el aumento del flujo de inmigrantes que trataron de alcanzar las costas italianas se ha convertido en tragedia, con el naufragio el sábado de un barco con 600 personas a bordo cerca de Trípoli. Ayer, se vivieron momentos dramáticos al caer al agua los 500 inmigrantes que llegaban a Lampedusa en otra embarcación, entre ellos numerosos mujeres y niños, aunque finalmente han sido rescatados.
La barcaza llegó al puerto de la isla italiana hacia las cuatro de la madrugada, guiada por tres miembros de la Guardia de Finanzas que habían subido a bordo. Pero la rotura del timón provocó que encallase en las rocas a una decena de metros de la orilla, con riesgo de vuelco debido al oleaje. Los inmigrantes cayeron al agua o lanzaron por miedo, aunque no sabían nadar. Una cadena humana, formada por miembros de las fuerzas de seguridad, voluntarios de organizaciones humanitarias ciudadanos e incluso periodistas se organizaron para salvarlos, según el diario Il Corriere Della Sera.
Desde que se iniciaron las revueltas en los países árabes, 660.000 personas han huido de Libia por las fronteras de Egipto y Túnez, según los datos de ACNUR. A Italia han llegado por mar casi 10.000, si se suman los 2.000 de este fin de semana. Tras frenarse la salida de barcos desde Túnez, es ahora Libia la que ha abierto la mano.
Grupos opositores a Muamar El Gadafi atacaron hoy posiciones gubernamentales en el oriente y occidente de Libia, apoyados por bombardeos de la OTAN, mientras seguidores del líder prometieron vengar el asesinato de su hijo.
Afianzados en la región de las Montañas Occidentales, cerca de la frontera con Túnez, los rebeldes libios prosiguieron su ofensiva contra el Ejército regular, a pesar de que registraron pocos avances debido al poder de la artillería terrestre.
Hombres pertenecientes a tribus bereberes armados con fusiles y otras armas afianzaron sus posiciones en los poblados de Zintan y Yafran, en inmediaciones de la localidad limítrofe de Dehiba, y atacaron a unidades subordinadas al Gobierno de Trípoli.
Sin embargo, informaciones sin confirmación independiente aseguraron que las tropas gubernamentales dispararon al menos 10 cohetes contra el norte de Zintan el lunes en la noche, con el fin de aislar esas zonas por donde se cree entran armas y otros suministros para los alzados.
Portavoces de la insurgencia describieron un panorama de desolación y hambruna allí supuestamente debido al sitio del Ejército, y retomaron los llamados del opositor Consejo Nacional de Transición (CNT) en Benghazi (este) para que la OTAN intensifique sus bombardeos.
Con el argumento de que "es necesario levantar el sitio a Zintan", un vocero identificado como Abdulrahman justificó que los ataques de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) serían "útiles" para destruir "objetivos claros" y ayudar al avance insurrecto.
Entretanto, fuentes leales a El Gadafi aseguraron mantener el control del aeropuerto en la también occidental ciudad de Misratah, la tercera de Libia que ha estado bajo intensos combates desde el inicio de la rebelión armada el pasado 15 de febrero.
Los rebeldes arreciaron el lunes sus ataques en un intento fallido por tomar la terminal aérea, y el CNT insistió en más ataques aéreos de la alianza atlántica sobre Misratah, mientras barcos dragaminas rondaron el puerto para remover dos minas sumergidas allí.
Por otro lado, una multitud de seguidores de El Gadafi se concentró ayer para el funeral de su hijo Saif Al-Arab, muerto el sábado durante un bombardeo de la OTAN contra su residencia en Trípoli, lo cual generó amplia condena internacional y represalias dentro del país.
Aunque el líder libio no fue visto en la procesión al cementerio capitalino Hani, Saif Al-Islam, el más conocido de sus siete hijos, asistió junto con su hermano mayor Mohammed para repudiar la acción en la que también perdieron la vida tres nietos del estadista norafricano.
Unas dos mil personas con banderas verdes y fotos del mandatario y su finado vástago acompañaron el ataúd mientras alzaban sus puños y pancartas en las que se leía "Todos estamos con Gadafi y Libia", a la vez que prometían vengar el asesinato.
El otro día, ante un micrófono que creyó apagado, el presidente Obama dijo: creen que somos bobos, en referencia a las maniobras republicanas para reducir los muy adelgazados programas sociales, entre ellos los seguros médicos en Estados Unidos. No hace falta ser el jefe de un estado poderoso para usar expresión parecida a la suya en lo que respecta a los pasos seguidos en la guerra contra Libia.
Desde el inicio se realizaron ataques aéreos contra puentes y objetivos no militares, pese a que la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU tuvo, se supone, el objetivo de proteger a la población civil.
De entrada, ese dictamen peca de viciado. Entre sus contradicciones o insuficiencias legales puede citarse que “la protección de civiles se refiera a las zonas rebeldes del oriente de Libia cuando son tan civiles los libios que viven en Trípoli como los que viven en Bengasi. Mientras que Trípoli está siendo bombardeado, Bengasi está siendo protegido”. (Gustavo Morales, revista War Heat).
Con todo y su dividida o abstenida votación, el texto no autoriza respaldar a una de las partes en conflicto, aunque se hizo y se hace, pese a que en la posterior Conferencia de Londres, donde Occidente se puso de acuerdo sobre cómo actuarían durante y después de la ofensiva, tuvieran que sugerir a los insubordinados libios que crearan una “coalición lo más amplia posible de líderes políticos” que incluyera a la “sociedad civil, a líderes locales”. ¿Estaban admitiendo, acaso, que el Consejo Nacional de Transición libio, no representa a todo el país? Parece que sí.
El texto de marras puede ser vago, mas resulta muy preciso cuando excluye “una fuerza extranjera de ocupación bajo cualquier forma y en cualquier parte del territorio libio”. La decisión de Gran Bretaña, Francia e Italia, de situar consejeros y asesores militares para entrenar y darle organicidad a la logística de los insubordinados, ¿contraría o no ese dictamen? Si, otra vez.
“Estamos moviéndonos para autorizar bienes y servicios no letales por valor de hasta 25 millones de dólares para apoyar al Consejo Nacional de Transición de Libia y sus esfuerzos por proteger a los civiles y a las áreas pobladas que se encuentran bajo el ataque de su propio gobierno”, dijo a su vez Hillary Clinton horas atrás, luego que el vicepresidente norteamericano Joseph Biden dijera que Estados Unidos no lo puede hacer todo, aludiendo a que no planean participar de las acciones terrestres.
Al calificar al gobierno libio de ese modo, la secretaria de estado, acepta -se lo propongan o no- su legitimidad como administración del país. Eso me hace preguntar sobre lo legítimo de cuanto ejecutan los principales socios de la OTAN, mirado con el lente de la Resolución 1973 o si se aprecia con los del derecho internacional.
Casi todos los analistas que comentan el asunto están convencidos que tras esos asesores, irán tropas. Sobre todo por cuando ya está visto que las cosas no les salieron como pensaban. Alain Juppé, canciller galo, admitió que subestimaron a Gadafi y sus leales. (No es imposible que les ocurra algo similar en otras correrías donde anda metido el Paris de Sarkozi)
Cuanto ha ocurrido en Libia hiede a divergencias internas (dos terceras partes de los “insurgentes” más notables ocuparon altos cargos bajo Gadafi) y apesta también a un oportunismo político exterior que gestó y lleva a extremos, circunstancias puramente locales, para convertirlas en controvertido acontecimiento de gran alcance.
A estas alturas es casi profano e insulso hacer referencia a dobles raseros. Noticias procedentes de Bahrein aluden a declaraciones oficiales que parecen justificar actos represivos actuales y futuros, sobre acciones destinadas a “reforzar la seguridad de los países del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo Pérsico”. Es decir, no solo ese pequeño país, sino el grupo que conforma el pacto. El diario británico The Guardian, publicó informes precisos con testimonios sobre detenciones de sindicalistas, políticos y profesionales de la sanidad, e incluso de deportistas, entrenadores y árbitros, todos localizados a partir del estudio minucioso de las fotos hechas durante las manifestaciones antigubernamentales.
Se criminaliza a quienes hayan participado de las protestas o hasta que un médico atendiera a un herido. Según los informes, el gobierno de Bahrein, con el apoyo de tropas sauditas, escarmentaron a los manifestantes y extienden el castigo al personal médico, solo por cumplir con el deber de su profesión y en extremos como irrumpir en una sala de operaciones. Hay varios desaparecidos. Ya se sabe lo que significa, pues según los trascendidos, están aplicando medidas parecidas a las de la era Bush y su cruzada antiterrorista, negándoles asistencia legal a quienes encarcelan.
Los actos de las ex metrópolis coloniales o de los sultanatos se parecen demasiado. Pero ¡ojo! Se hacen en, por y para la ¿democracia?
El viejo axioma de a río revuelto ganancia de pescadores prima hoy en las relaciones políticas internacionales, caracterizadas por un polo de poder global en crisis, pero a la ofensiva.
Con fondos de los contribuyentes, en especial de las clases y sectores populares, se financia el envío de barcos, tropas y medios bélicos a misiones de control sobre recursos vitales o, en otros casos, se oxigena a la banca del sistema.
Insatisfecho con una zona de exclusión aérea en Libia, Estados Unidos demandó en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas autorización para intervenir directamente, a la cabeza de la OTAN, en el país del Norte de África, una operación impulsada por las diplomacias del Reino Unido y Francia.
Desde la llamada Guerra del Golfo, a inicio de los pasados años noventas, la doctrina militar estadounidense se caracteriza mayormente por las operaciones conjuntas, con el doble propósito, según analistas, de neutralizar a la opinión pública en el mundo y de disminuir costos u obtener ingresos contantes.
Especialistas consideran que se consagra un modus operandi caracterizado por la utilización de la fuerza, con la correspondiente secuela de muertes, para el control sobre territorios, recursos naturales y humanos; y para incrementar la influencia geopolítica y el dominio sobre la vida nacional en países y regiones determinantes.
En lo económico y financiero se respalda a la banca de una economía en crisis, mediante fondos aportados por las clases media y trabajadora, los sectores populares, la intelectualidad e, incluso, por las poblaciones de los mismos países en proceso de recolonización.
Dos hechos les resultan cada vez más evidentes a analistas. Por un lado, se invierte en medios bélicos gastables o vendibles, a casi todo el mundo, incluido el Oriente Medio; y por otro, se persigue reflotar un aparato financiero que es cerebro y corazón del sistema.
Cuando Estados Unidos lanzó el mayor rescate financiero de su historia, el periódico Público.es reflejó el 7 de septiembre de 2008, como comentario más valorado, el que decía: "Mira qué bien funciona el capitalismo, ahora que han reventado el sector del mercado por sus ansias de crecimiento desmedido y sin control, recurren a Papá Estado para que inyecte dinero público".
Se trataba entonces del aporte de 100 mil millones de dólares a los dos colosos hipotecarios estadounidenses, Fannie Mae y Freddie Mac, algo que se calificaba como un rescate sin precedentes en su historia financiera y que fue aprobado por el ex presidente George W. Bush.
El ex secretario del Tesoro estadounidense Henry Paulson compareció entonces para explicar que el Gobierno federal tutelaría y financiaría a las dos firmas, que aglutinaban en ese momento casi la mitad de las hipotecas existentes en el país.
La publicación anunciaba la previsión de que el Tesoro financiaría a corto plazo a Fannie Mae y Freddie Mac y a 12 bancos hipotecarios federales, un apoyo que podría durar hasta diciembre de 2009 y, además, compraría títulos de deuda hipotecaria de las dos firmas en el mercado.
Se publicaba por entonces que el Tesoro, la Reserva Federal, la Corporación Federal de Seguro de Depósitos, y la nueva Agencia Federal de Financiación a la Vivienda, serían los organismos que intervendrían en la operación de convertir en deuda pública las pérdidas del sistema financiero privado.
Hasta la fecha, el aporte de estos fondos ha sido creciente y a la vez se elevaron las restricciones a los programas sociales, incluida la reducción de 61 mil millones de dólares al presupuesto en curso, que concluye al inicio del último trimestre, y cuyos efectos serán negativos para el programa de salud del presidente Barack Obama.
Por otro lado, el periódico ecuatoriano El Comercio publicó el 13 de marzo de 2011 que la Eurozona había reforzado el día anterior su fondo de rescate financiero, al dotarlo de mayor capacidad de préstamo y permitirle comprar en los mercados deuda pública de los países más frágiles.
Así, los 17 líderes de esa zona monetaria acordaron aumentar la capacidad efectiva de préstamo de su fondo de rescate financiero temporal de 250 mil millones de euros (348 mil millones de dólares) a 440 mil millones (612 mil millones de dólares), según la equivalencia en esa fecha.
En los últimos años, se mantienen al alza allí medidas antipopulares, reducción de salarios, disminución de pensiones, supresión de otros beneficios sociales y elevación del desempleo hasta cifras generalmente superiores al 10 por ciento, con la máxima en España, que alcanza el 21 por ciento.
Sin embargo, la OTAN muestra la consolidación de las operaciones de intervención, como ocurre en Afganistán, mediante la denominada cooperación entre sus 28 países miembros y los 21 asociados, para lo cual dispone de un presupuesto superior a los dos mil millones de dólares, según cifras no oficiales.
El mayor aporte absoluto en fuerzas, medios y financiamiento corresponde a Estados Unidos, país que también posee, sin duda, la mayor influencia política y de capacidad decisoria en la Organización.
Ilustración: Kalvellido
El 11 de marzo último, el periódico español El País titulaba: "Ola de cambio en el mundo árabe - Guerra civil en Libia. La OTAN despliega fuerzas navales en el Mediterráneo central. La Alianza vigilará más de cerca las costas libias y supervisará el embargo".
Se acomodaba el escenario y los ministros de Defensa de la Organización acordaban incrementar su presencia aeronaval en el Mediterráneo central y planificar con detalle una potencial intervención, que calificaban como "humanitaria y para aplicar el embargo de armas".
Acerca de la denominada Zona de Exclusión Aérea, que aún no satisface a Estados Unidos, la Alianza quedaba a la expectativa de lo que decidiera el Consejo de Seguridad de la ONU, algo aprobado seis días después, para corroborar las previsiones acerca de una intervención inminente en Libia.
Así, se avanza hacia el control total del Oriente Medio y el Norte de África, las mayores reservas mundiales de petróleo -máxime ahora que aumenta la aprensión sobre la energía nuclear- y se intenta neutralizar la inestabilidad social en la región, para capitalizarla favorablemente en el Occidente desarrollado.
Mediante dispositivos aeronavales en la zona se pretende controlar mejor la situación en el área, incrementar la vigilancia y contribuir al embargo decretado por Naciones Unidas, según El País.
De tal modo que, para la OTAN, la crisis Libia pone a prueba el fundamento del "nuevo concepto estratégico y las amenazas que pueden plantearse en el siglo XXI", un anuncio explícito de lo que espera al Tercer Mundo si se consagra el principio de las intervenciones de la Alianza en los llamados "oscuros rincones del mundo".
Se considera que asociados a ella arribarán luego los entes financiero-empresariales para capitalizar los resultados.
Analistas opinan que detrás de lo que denominan barcos; es decir, medios bélicos, arribarán los bancos; o sea, los administradores del capital, para consolidar los resultados.
Muchos consideran a la OTAN una organización de intervención y conquista, con costos también cargables a la mayoría de la población, tanto de los países intervenidos como de los interventores.
Conque vamos a tomar todas las medidas necesarias para proteger a los civiles libios, ¿cierto? Lástima que no se nos haya ocurrido hace 42 años. O 41 años. O… bueno, ustedes saben el resto. Y no nos dejemos engañar sobre lo que en realidad significa la resolución del Consejo de Seguridad. Una vez más, será el cambio de régimen. Y así como en Irak –para usar una de las únicas frases memorables de Tom Friedman en ese tiempo–, cuando el último dictador se vaya, ¿quién sabe qué clase de murciélagos saldrán de la caja?
Y luego de Túnez y de Egipto, tenía que ser Libia, ¿verdad? Los árabes de África del norte demandan libertad, democracia, no más opresión. Sí, eso es lo que tienen en común. Pero otra cosa que esas naciones tienen en común es que fuimos nosotros, los occidentales, quienes alimentamos a sus dictaduras década tras década. Los franceses acurrucaron a Ben Alí, los estadunidenses apapacharon a Mubarak y los italianos arroparon a Gadafi hasta que nuestro glorioso líder fue a resucitarlo de entre los muertos políticos.
¿Sería por eso, me pregunto, que no habíamos sabido de lord Blair de Isfahán en fechas recientes? Sin duda debería haber estado allí, aplaudiendo con júbilo ante una nueva intervención humanitaria. Tal vez sólo está tomando un descanso entre episodios. O tal vez, como los dragones en La reina de las hadas, de Spenser, está vomitando en silencio panfletos católicos con todo el entusiasmo de un Gadafi en pleno impulso.
Abramos el telón apenas un poco y observemos la oscuridad que hay detrás. Sí, Gadafi es un orate absoluto, un lunático del nivel de Ajmadineyad de Irán o Lieberman de Israel, quien una vez, por cierto, se puso a fanfarronear con que Mubarak podía irse al infierno, pero se puso a temblar de miedo cuando Mubarak fue en verdad lanzado en esa dirección. Y existe un elemento racista en todo esto.
Medio Oriente parece producir estos personajes… en oposición a Europa, que en los 100 años pasados sólo ha producido a Berlusconi, Mussolini, Stalin y el chaparrito aquel que era cabo en la infantería de reserva del 16 regimiento bávaro y que de plano perdió el seso cuando resultó elegido canciller en 1933… pero ahora estamos volviendo a limpiar Medio Oriente y podemos olvidar nuestro propio pasado colonial en este recinto de arena. Y por qué no, cuando Gadafi dice a la gente de Bengasi: “iremos zenga, zenga (callejón por callejón), casa por casa, cuarto por cuarto”. Sin duda es una intervención humanitaria que de veras, de veritas es una buena idea. Después de todo, no habrá tropas en tierra.
Desde luego, si esta revolución fuese suprimida con violencia en, digamos, Mauritania, no creo que exigiéramos zonas de exclusión aérea. Ni en Costa de Marfil, pensándolo bien. Ni en ningún otro lugar de África que no tuviera depósitos de petróleo, gas o minerales o careciera de importancia en nuestra protección de Israel, la cual es la verdadera razón de que Egipto nos importe tanto.
Enumeremos algunas cosas que podrían resultar mal; demos una mirada de soslayo a esos murciélagos que aún anidan en el reluciente y húmedo interior de su caja. Supongamos que Gadafi se aferra en Trípoli y que británicos, franceses y estadunidenses destruyen sus aviones, vuelan sus aeropuertos, asaltan sus baterías de vehículos blindadas y misiles y él sencillamente no desaparece. El jueves observé cómo, poco antes de la votación en la ONU, el Pentágono comenzaba a ilustrar a los periodistas sobre los peligros de toda la operación, precisando que podría llevar días instalar una zona de exclusión aérea.
Luego está la truculencia y villanía de Gadafi mismo. Las vimos este viernes, cuando su ministro del Exterior anunció el cese del fuego y el fin de todas las operaciones militares, sabiendo perfectamente, por supuesto, que una fuerza de la OTAN decidida al cambio de régimen no lo aceptaría y que eso permitiría a Gadafi presentarse como un líder árabe amante de la paz que es víctima de la agresión de Occidente: Omar Mujtar vive de nuevo.
¿Y qué tal si sencillamente no llegamos a tiempo, si los tanques de Gadafi siguen avanzando? Entonces enviamos mercenarios a ayudar a los rebeldes. ¿Nos instalamos temporalmente en Bengasi, con consejeros, ONG y la acostumbrada palabrería diplomática? Nótese cómo, en este momento crítico, no hablamos ya de las tribus de Libia, ese curtido pueblo guerrero que invocamos con entusiasmo hace un par de semanas. Ahora hablamos de la necesidad de proteger al pueblo de Libia, ya sin registrar a los senoussi, el grupo más poderoso de familias tribales de Bengasi, cuyos hombres han librado gran parte de los combates. El rey Idris, derrocado por Gadafi en 1969, era senoussi. La bandera rebelde roja, blanca y verde –la vieja bandera de la Libia prerrevolucionaria– es de hecho la bandera de Idris, una bandera senoussi.
Ahora supongamos que los insurrectos llegan a Trípoli (el punto clave de todo el ejercicio, ¿no es así?): ¿serán bienvenidos allí? Sí, hubo protestas en la capital, pero muchos de esos valientes manifestantes venían de Bengasi. ¿Qué harán los partidarios de Gadafi? ¿Se disgregarán? ¿Se darán cuenta de pronto de que siempre sí odiaban a Gadafi y se unirán a la revolución? ¿O continuarán la guerra civil?
¿Y si los rebeldes entran en Trípoli y deciden que Gadafi y su demente hijo Saif al-Islam deben recibir su merecido, junto con sus matones? ¿Vamos a cerrar los ojos a las matanzas de represalia, a los ahorcamientos públicos, a tratos como los que los criminales de Gadafi han infligido durante tantos años? Me pregunto. Libia no es Egipto. Una vez más, Gadafi es un chiflado y, dado su extraño desempeño con su Libro Verde en el balcón de su casa bombardeada, es probable que de cuando en cuando también monte en cólera.
También está el peligro de que las cosas salgan mal de nuestro lado: las bombas que caen sobre civiles, los aviones de la OTAN que pueden ser derribados o estrellarse en territorio de Gadafi, la súbita sospecha entre los rebeldes/el pueblo libio/los manifestantes por la democracia de que la ayuda de Occidente tiene, después de todo, propósitos ulteriores. Y luego hay una aburrida regla universal en todo esto: en el segundo en que se emplean las armas contra otro gobierno, por mucha razón que se tenga, las cosas empiezan a desencadenarse. Después de todo, los mismos rebeldes que la mañana del jueves expresaban su furia ante la indiferencia de París ondeaban banderas francesas la noche de ese día en Bengasi. ¡Viva Estados Unidos! Hasta que…
Conozco los viejos argumentos. Por mala que haya sido nuestra conducta en el pasado, ¿qué debemos hacer ahora? Es un poco tarde para preguntar eso. Amábamos a Gadafi cuando llegó al poder en 1969 y luego, cuando mostró ser un orate, lo odiamos; después lo volvimos a amar –hablo de cuando lord Blair le estrechó las manos– y ahora lo odiamos de nuevo. ¿Acaso Arafat no tuvo un similar historial de altibajos para los israelíes y los estadunidenses? Primero era un superterrorista que anhelaba destruir a Israel, luego un superestadista que estrechó las manos de Yitzhak Rabin, y luego de nuevo se volvió un superterrorista cuando se dio cuenta de que había sido engañado sobre el futuro de Palestina.
Algo que podemos hacer es ubicar a los Gadafi y Saddam del porvenir que alimentamos hoy, los futuros dementes sádicos de la cámara de torturas que cultivan a sus jóvenes vampiros con nuestra ayuda económica. En Uzbekistán, por ejemplo. Y en Turkmenistán, Tayikistán, Chechenia y otros por el estilo. Hombres con los que tenemos que tratar, que nos venderán petróleo, nos comprarán armas y mantendrán a raya a los terroristas musulmanes.
Todo es tan conocido que fastidia. Y ahora estamos de nuevo en ello, dando puñetazos en el escritorio en unidad espiritual. No tenemos muchas opciones, a menos que queramos ver otro Srebrenica, ¿verdad? Pero un momento: ¿acaso aquello no ocurrió mucho después de que impusimos nuestra zona de exclusión aérea en Bosnia?
Numerosos países y organizaciones internacionales encabezados por Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, lanzaron hoy un ultimátum a Gadafi, luego de adelantar el comienzo de los sobrevuelos en la zona de Benghasi, Libia.
Pero del dicho al hecho apenas transcurrieron minutos. En lo que algunos medios de prensa locales comienzan a señalar como "una operación minuciosamente preparada por la OTAN", el despliegue de aviones franceses y británicos se hizo de inmediato.
Luego se sumaron naves estadounidenses, ataques con 110 misiles Tomahawk del Pentágono e ingleses, destrucción por aviones franceses de cuatro vehículos militares libios, supuestamente pertenecientes a las fuerzas de Muamar el Gadafi y otras acciones.
Todo esto ocurrió en un abrir y cerrar de ojos desde el fin de la cumbre extraordinaria convocada por el mandatario francés, Nicolás Sarkozy, y que tuvo la participación del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y numerosos jefes de Estado o Gobierno.
Junto a Sarkozy y Ban, estuvieron en el Elíseo la jefa de la diplomacia de Estados Unidos, Hillary Clinton, el primer ministro británico, David Cameron, y el jefe del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, entre otros líderes.
Asimismo, el titular de la Liga Arabe, Amr Musa; el presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy; la responsable de Política Exterior de la Unión Europea (UE), Catherine Ashton, y el gobernante de los Emiratos Árabes Unidos, jeque Abdalá bin Zayed.
Sin embargo, todo el encuentro, que se redujo a un almuerzo y una reunión de alrededor de una hora, pareció más bien una formalidad mientras ya los aviones cazas galos, luego británicos y por último estadounidenses, sobrevolaban con agresividad Libia.
El lanzamiento de los misiles norteamericanos y los bombardeos de las naves galas a puestos de artillería antiaérea dieron de inmediato un vuelco a la misión, basada en una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU adoptada el pasado jueves.
Fueron los primeros movimientos militares, según se desprende de los comentarios del canciller de Francia, Alain Juppé, quien dijo que se mantendrá esta tónica hasta que el líder libio ceda y cumpla "al pie de la letra" el dictamen de la ONU.
La resolución 1973 aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU autorizó el establecimiento de una zona de exclusión aérea y otras acciones de fuerza para proteger a la población civil libia.
Rusia lamentó la intervención militar, Alemania se mantuvo ajena al dispositivo y varios dignatarios como los jefes de Estado de Venezuela, Hugo Chávez, y de Bolivia, Evo Morales, deploraron el empleo de efectivos militares contra Libia.