El voto es a la vez derecho y deber. Yo quiero ejercerlo.... y vos???
Campaña por el voto en el exterior
Esquina por la alegría
"Hoy más que nunca la alegría es un artículo de primera necesidad, tan urgente como el agua o el aire. Pero nadie nos va a regalar ese derecho de todos; .... es preciso pelearlo...."
Eduardo Galeano
Esquina por Verdad y Justicia
Coordinadora Nacional por la Nulidad de la Ley de Caducidad
Nunca más terrorismo de estado
Esquina contra la violencia de género
Esquina contra el bloqueo
Esquina por la libertad de los 5
Esquina contra la pornografía infantil
Esquina Víctor Jara
Esquina contra la vergüenza
Ningún ser humano es ilegal
Hacelos valer
Campaña por nuestros derechos sexuales y reproductivos
Esquina contra la directiva del horror
PIT-CNT
Escritores por la Tierra
Foro social mundial de las migraciones
Esquina por la Paz
Esquina por la aparición de Julio López
Esquina Bertold Bretch
Primero se llevaron a los comunistas pero a mí no me importó porque yo no era. En seguida se llevaron a unos obreros pero a mí no me importó porque yo tampoco era. Después detuvieron a los sindicalistas pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista. Luego apresaron a unos curas pero como yo no soy religioso tampoco me importó. Ahora me llevan a mí pero ya es tarde.
"El arte no ha de ser utilitario, pero tampoco un simple divertimento. Es vida, tanto en su producción como en su goce, hasta en el goce político de una obra de arte, vida siempre... El arte es vida sostenida, concentrada, propuesta, ahorrada para los demás. Viene de los demás y va hacia ellos como en un vaivén: es intemporal pero no ahistórico... un producto específico de la especie hecho para la conservación de la especie".
Alfredo Zitarrosa
A. Z.
Voz saturada de negro, voz de oscuro presagio, salida de una cara alunada de chiquilín trampeado.
Desaparecido / encontrado. Trampeado.
Intensos, tercos malestares: tenue alivio del cante jondo de la milonga, toda su música.
Tenías (tengo ahora) dos pocos años más de los que, cuando jóvenes, calculábamos dignos de vivir.
Aunque también imagináramos una aceptable vejez de andar por personales, ínclitas bibliotecas.
1960: tiempos de gran pensar y de pensión: la calle Yaguarón 1021.
Cante parido entonces, pero expandido, ido luego por esos mundos, graderías de extensiones heladas.
Cante crecido junto al resplandor oscuro de su voz, cante amarrado al grave recinto de su voz.
Voz que venía de más allá, de adonde ahora calla, pero crece.
Becquer Salvador Puig Del libro “Si tuviera que apostar”
Calza Alfredo indistintamente sandalias y zapatos. Celebra en ojotas la amistad con sus pares y aporrea iracundo su borceguí invernal frente al frío infamemente forzado del indigente. Su garganta, siempre llena de tierra bien nacida huele a tierra confirmada; aliento a tierra su voz que canta a la tierra ineludible. Calza lo que le toque, canta lo que precisa, suena como le nace. Una especie de arrebato, sin duda hendido y gordo como un compromiso, su alimento; y justificándolo, el regadío de su verso inundado. ¡Qué otra cosa pudiste hacer, Alfredo, si era tanto lo que tu alma necesitaba regar!
“Para tanta soledad me sobra el tiempo; dile a la vida que viva.”
Año 1984. Apenas días para retornar desexiliado a su patria. Me mira en “El Viejo Almacén” adivinándome en la turbiedad rubia de su wisky con hielo. Me reconoce, me nombra, estira el sentimiento como una mano, me cubre los hombros, llora por mi hermano. “Fue hace mucho”, lo alivio; “será siempre”, se lastima exprofeso. La voz se le ha puesto tan grave que raspa ternura al deletrear sus ayes. Llora barro por mí. Ubica con los ojos extraviados a mi madre y a mi padre, cimbra la mirada, llora por ellos. Está tan de espaldas a la sobriedad que no sabe que también llora por sí mismo aunque en días será un hombre feliz -no sabe que reirá ríos-. No se lo digo. Pobrecito, no me lo creería en la pena inmodificable de esa noche.
“Para tanta soledad me sobra el tiempo; dile a la vida que viva.”
Alfredo es un intelectual nato a “la uruguaya”. Filosofa boliches, pensiones y guitarras, lee a Vallejo y a Rilke hasta el último huesito y grita un orsay regado con grosería de lunfardo. Facón al pecho para defender una idea, para coserse a quien no se anima y no dejarlo solo, para tragarse la faca hasta la médula con un encogimiento del tórax si el asunto es dar punto final. Nadie diga que Alfredo miró por encima de su altura. Si lo hizo es porque hacía pie para alcanzar la visión pese a quien pese.
“Para tanta soledad me sobra el tiempo; dile a la vida que viva.”
“Una guitarra, una casa alquilada, unos cuantos libros, una mujer y dos hijas...”, enumera Enrique Estrázulas los bienes de Alfredo cinco años antes de su prematura muerte. Bienes que el flaco había decidido suficientes para una vida elegida para afuera. Pero los grandes hombres son a menudo desertados de toda voluntad personal, porque como los dioses, providencial es su existencia así como su propia inexistencia que no se reconoce como tal. La fusión está ahora a “punto de cinta”; ese sutil, fino apéndice desprendido de ella que no se corta, no se rompe, no se desune aunque se levante a altura extrema el batidor. Son los bienes agregados, los oídos de la América Latina que arriman la oreja a la tierra para sentir -de ser posible sentirlo- los sosiegos de tus huesos, Alfredo; reposo de una historia honrosa y trovadora que se traga recordándola. Tragar es engullir a hartarse. Recordar no es otra cosa que volver a pasar por el corazón.
Inolvidable. Para Pepe y Braulio también. Difícil imaginar un reencuentro tan natural, tan fácil, como si no hubieran pasado 25 años, como si nunca hubieran dejado de tocar juntos. Es que, en realidad, nunca dejaron de hacerlo en nuestros discos, en nuestras radios, en nuestra memoria, en nuestra alma olimareña. Y allí estaban, casi iguales. Como aquella noche garuosa del regreso. Y allí estábamos todos. Los 20.000 y el resto de los 3 millones. Certificando que todo aquello era verdad. Que lo que queríamos se produjo. Que se juntaran por última vez. Por lo que fuera. Con todos nosotros. Y fuimos serenamente felices.
"De todas partes...."
Si ver a los veteranos conmovía, ver cientos de jovencitos, medio conscientes que estaban asistiendo a una noche histórica, nos llenó de orgullo a los demás. Dos horas antes, miles ya estaban presentes, guardando lugar, afirmados en sus mates, atesorando cada detalle de una noche mágica.
Foto: Efe
37 hermosas canciones
De entrada subió el Serrano Abella y leyó una carta de Ruben Lena. El maestro de todos ellos. Y de todos nosotros. Luego arrancó el dúo como potrillos briosos: Del templao, Nuestra razón, Nuestro camino, La ariscona, Vivian, Rumbo, Adiós a Salto, Sembrador de abecedario, Isla Patrulla, Las dos querencias, El Matrero, Pobre Joaquín, Quiero a la sombra de un ala, El dinero, Por donde se fueron ellos, No te olvides, y aquí se vivió uno de los momentos más emotivos de la noche, cuando subió Yanina Guerra, la hija del Pepe a cantar juntos esa canción que él le compuso para ella.
Fue hermosísimo. Luego siguieron con Este es mi pueblo, Nostalgias Olimareñas, Simón Bolívar, Un estandarte de luz, donde subió el maestro Jorge Risi a tocar con ellos, Ta¨llorando. Aquí sube la batería de murgas de La Tríada, con quienes compartieron varias canciones del disco Todo detrás de Momo. Esas canciones fueron: La Yarará, El campo grande, el gran remate, Los grandes caballos y Noche-noche. Luego vino Milonga del Fusilado, Los orientales, Cielo del 69, Angelitos Negros, Orejano. Fue impresionante. Allí terminó, pero de jugando. Porque todos sabían que tenían que venir varios bises. Y vinieron: De Cojinillo, Candombe mulato, Los 2 gallos, Hasta Siempre, Paco Bilbao, A Don José. Y nadie se quería ir. Y si no fuera porque hoy tienen que repetir este penal al corazón, hubieran seguido de largo.
Foto: Efe
Sonido y luces impecables
Un escenario enorme, tres pantallas gigantes, notable las luces, impecable el sonido. No faltó nada para que la gente disfrutara a pata ancha. Cada una de esas canciones que nosotros cometimos la irreverencia de nombrar una tras otra, fueron momentos de gran emotividad y alegría, removiendo para cada uno de los presentes, pedazos de vida que están metidos muy dentro nuestro. Como personas y como pueblo. Por eso, lo de anoche, más que un recital fue el acto de una nación que ama su vida y lo celebra cantando.
Hoy será la segunda despedida. Y de nuevo habrá 20.000 almas atesorando cada instante de una noche histórica.
Salud Pepe y Braulio, estarán por siempre en nuestros corazones.
El próximo 8 de mayo, la memoria colectiva del pueblo uruguayo se viste de fiesta. Al igual que en aquel 18 de mayo de 1984, el Estadio Centenario alojará a una buena parte de todos aquellos que hemos esperado 19 años para escuchar en vivo a ese dúo irrepetible que conformaron Pepe Guerra y Braulio López.
Cuántas vivencias personales y colectivas, tenemos cada uno de nosotros asociadas al canto de Los Olimareños!!! Seguramente por esas razones, nunca, ni siquiera durante los años de la dictadura fascista, dejamos de cantar sus canciones y de llevarlas con nosotros a donde quiera que fuéramos. Pero si hasta en silencio las cantábamos!!! El canto de los Olima se había instalado definitivamente en el corazón del pueblo, porque ese canto hacía a nuestro compromiso, a nuestra forma de ser, a nuestra identidad como uruguayos y latinoamericanos.
La noche del 8 de mayo será, sin lugar a dudas, una noche mágica, en la que varias generaciones se darán cita, para evocar algunos y descubrir otros, a ese dúo fenomenal del canto popular uruguayo. Será una noche inolvidable que engrosará la memoria colectiva y que estará cargada de emociones y sentimientos; será ese abrazo tantos años postergado en el que se fundan Olimareños- Pueblo, Pueblo-Olimareños.
A diecinueve años de su disolución, uno de los proyectos artísticos que se convirtió en el sistema nervioso y emocional de la mayor parte de los uruguayos, el dúo Los Olimareños, volverá a reunirse para ofrecer un concierto que se realizará en mayo en el Estadio Centenario.
Jorge Yuliani
El célebre dúo compuesto por los olimareños Pepe Guerra y Braulio López volverá a cobrar forma aunque por única vez y específicamente para este concierto que se realizará en nuestro máximo coliseo deportivo en el mes de mayo y en fecha aún a determinar.
Ayer, al cierre de esta edición aún faltaba determinar si serán uno o dos los recitales que ofrecerán alrededor del 18 de mayo, fecha que recuerda el apoteósico recibimiento que recibieron en 1984 en el propio Estadio Centenario cantando bajo la lluvia ante más de sesenta mil personas.
Pepe Guerra junto a Braulio López durante años, y aún cuando debieron marchar al exilio, alcanzaron una dimensión artística insospechada y de formidable repercusión y prestigio internacional, y prácticamente bajo la tutela de los entrañables Ruben Lena y Víctor Lima, el dúo tuvo una convivencia compositiva y expresiva de alta incidencia y solvencia.
Los Olimareños, con cuarenta y cuatro discos editados, recorrieron el mundo entero y obtuvieron innumerables discos de oro y platino.
El grupo se disolvió en 1990 y aunque desde entonces cada uno de sus integrantes siguió recorriendo la senda de la canción popular de manera individual, el dúo permaneció vivo en la memoria colectiva de todos los uruguayos como un punto referencial.
Más que un conjunto de canto popular, Los Olimareños se han constituido en un fenómeno social irrepetible.
En la etapa más dura del país, a partir de 1973, los Olimareños fueron prohibidos, pero sus canciones permanecieron porfiadamente en los labios de la gente, tanto en los centenares de miles de uruguayos que emigraron como en los que se quedaron.
Tras la disolución de dúo, Braulio López había afirmado premonitoriamente lo siguiente "Nosotros fuimos la primera piedra del canto, junto a otros que surgieron fuimos los primeros que escarbamos para que Uruguay cantara más sus cosas, que las había, pero estaban subterráneas... No creo que Los Olimareños se terminen aunque hayamos dejado de cantar, porque la gente los recogió en su memoria y van a quedar para siempre acá, en el Uruguay. Y me atrevo a decir más, en Latinoamérica, porque el nombre Los Olimareños es muy significativo también en otros países".
Por su parte, Pepe Guerra afirmó que "Los Olimareños valen por lo que cantan, por lo que hicieron, por su trayectoria, por el buen gusto para elegir su repertorio y porque las voces se amalgamaban bien. En último caso por un misterio indescifrable. La gente sigue escuchando a Los Olimareños a través de los discos y lo que hay que cuidar es lo que generaron, lo que aportaron a la música popular, lo que significaron".
Lo cierto es que tanto Pepe como Braulio son un pedazo enorme de un modo del ser y estar uruguayos. Con una estética que se ha nutrido considerablemente de los modos y quehaceres del cancionero o mapa de la música popular contemporánea y latinoamericana, Los Olimareños se reconocen por su cuidada arreglística y por ese equipaje de cuño coral que le proporcionó su santo y seña o más concretamente su identidad.
En el concierto del mes de mayo en el Estadio Centenario se podrán escuchar canciones que le marcaron el camino a varias generaciones de uruguayos con la forma de andar y de decir de Los Olimareños. Sin duda podrán escucharse "El orejano", "Isla Patrulla", "Los orientales", "Ta llorando", "Milonga del fusilado", "Del Templao", "A Don José", "Rumbo", "A Simón Bolívar", "La ariscona", "De cojinillo, "A mi gente", del Sabalero José Carbajal y otras tantas canciones que forman parte de lo más destacado del cancionero popular uruguayo.
En esta sociedad globalizada del siglo XXI, el olvido, en el caso de las canciones de Los Olimareños, no existe.
Pepe Guerra festeja sus 45 años de trayectoria con un recital en grande: el sábado 25 de octubre se presenta en el Teatro de Verano para repasar su extensa carrera sobre los escenarios.
Pilar fundamental de la música popular del país, ya sea con Los Olimareños o a través de su carrera solista, Pepe Guerra tiene una rica y extensa trayectoria en los escenarios del país.
Después de 45 años de sembrar sus canciones en distintos puntos del país y el exterior, Pepe Guerra está decidido a festejar con quienes lo acompañaron en el camino.
Pepe Guerra y su banda harán una recorrida por las canciones que marcan la historia de nuestra música. Interpretará también grandes hitos del tango junto a músicos invitados.
La cita es el sábado 25 de octubre a las 21 horas en el Teatro de Verano
Algo sobre Pepe Guerra
Nació en la ciudad de Treinta y Tres (Uruguay) y su único oficio fue siempre el de cantor popular.
Sin olvidar nunca su origen humilde, logró sin proponérselo que en Uruguay su nombre se fuera haciendo sinónimo de la música del pueblo, sintetizando en sus cantares el sentir y los ritmos de su gente. Un dato contundente es que no existe ningún uruguayo, dentro o fuera del país, que no sepa quién es Pepe.
Fue integrante del dúo "Los Olimareños", conjunto que con 44 discos editados recorrió el mundo entero y obtuvo innumerables discos de oro y platino. El dúo ya no existe, pero permanece vivo en la memoria colectiva de todos los uruguayos como un punto referencial. Más que un conjunto de canto popular, sigue siendo un fenómeno social irrepetible. En la etapa más dura del país, a partir de 1973, "Los Olimareños" fueron prohibidos, pero sus cantos permanecieron porfiadamente en labios de la gente, tanto en los centenares de miles de uruguayos que partieron a la emigración, como en los que se quedaron.
Prohibido el dúo, Pepe Guerra decidió cantar como solista hasta que la situación se regularizara y seguir actuando con Los Olimareños, que vuelven a reunirse fuera del país en 1978.
Desde ese año vivió en el exilio cantando por el mundo con el dúo, residiendo en España y México, volviendo definitivamente al Uruguay en 1984. El regreso del dúo fue un hecho histórico para el Canto Popular uruguayo: cientos de miles de personas los esperaban.
Luego de casi 3 décadas integrando "Los Olimareños", ante la disolución del dúo, Pepe Guerra inicia en 1990 una brillante labor como solista. Recorre un nuevo y definitivo camino, demostrando en los escenarios su comunicación con el público, gracias a la gran fuerza interior que durante tantos años aportó al conjunto. Todo ello se resume en una convocatoria infalible.
Actualmente vive y canta en Uruguay, realizando giras periódicas por Estados Unidos, México, Argentina, Australia o Brasil, entre otros países.