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02 febrero 2011

Uruguay: Se reinicia la búsqueda de detenidos desaparecidos




Antropólogos forenses reinician hoy las excavaciones en predios militares de Uruguay, con el propósito de encontrar restos de detenidos desaparecidos durante el período de la dictadura (1973-1985).

Las pesquisas tendrán como punto de partida el Batallón 14 de Paracaidistas del departamento de Canelones, a 45 kilómetros de Montevideo.

Este sitio, conocido como Arlington durante el régimen de facto, está considerado como posible cementerio clandestino a la luz de un informe realizado por el ejército y de distintos testimonios sobre posibles enterramientos en el lugar.

Estas excavaciones son a pedido del juez Pedro Salazar, después de paralizadas las pesquisas por falta de acuerdos entre el grupo de expertos de la Universidad de la República (Udelar), dirigido por José López Mazz, y el Poder Ejecutivo.

Recién a fines de 2010 un nuevo convenio habilitó al equipo de la Udelar volver a sus trabajos, acuerdo que comienza a materializarse este miércoles.

El colectivo con Mazz al frente descubrió en 2005 y 2006, respectivamente, los restos de Fernando Miranda y Ubagesner Cháves Sosa, dos militantes del Partido Comunista.

Entre los casos pendientes está el de María Claudia García de Gelman, nuera del poeta argentino Juan Gelman, secuestrada en Argentina en 1976 y llevada a Uruguay, donde dio a luz una niña que muchos años después fue recuperada por su abuelo.

Los trabajos están previstos en su fase inicial para un plazo de seis meses, prorrogables en términos de tiempo de estimarse necesario por los expertos de la Udelar.

Datos de organismos de derechos humanos señalan que alrededor de 200 uruguayos aparecen como detenidos desaparecidos, como parte de la llamada Operación Cóndor.

Con esa denominación es llamado el plan de coordinación entre las cúpulas dictatoriales de Suramerica, Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, con la CIA de Estados Unidos, en las décadas de los años 1970 y 1980.

El Plan Cóndor constituyó una organización clandestina internacional para la práctica del terrorismo de Estado que instrumentó el asesinato y desaparición de decenas de miles de personas, la mayoría integrantes de movimientos de izquierda.

Fuente: PL


12 noviembre 2010

Derechos Humanos: Leer en los huesos




Creado con el imperativo de recuperar restos de detenidos desaparecidos por la última dictadura de su país (1976-1983), el Equipo Argentino de Antropología Forense operó ya en 40 países y amplía el rango de casos que investiga.

"Lo que ofrecemos es capacitación a forenses en la recuperación e identificación de personas muertas en casos de violencia política, pero también de crímenes comunes o desastres masivos", dijo a IPS el director del equipo, Luis Fondebrider.

Un caso que no está relacionado con la violencia política específica es el del llamado feminicidio o femicidio en la mexicana Ciudad Juárez, fronteriza con Estados Unidos, donde trabajaron para identificar 33 cuerpos de mujeres y niñas asesinadas.

Organizaciones defensoras de los derechos humanos estiman que en Juárez llegan a unas 600 las mujeres desaparecidas y 360 fueron asesinadas.

Este equipo, conocido por sus siglas EAAF, se constituyó como entidad no gubernamental en 1984, al año siguiente de recuperada la democracia tras siete años de una dictadura que dejó casi 15.000 personas desaparecidas, según los registros oficiales hasta ahora, cifra que organizaciones de derechos humanos elevan hasta 30.000.

"Nuestro trabajo no es encontrar culpables", advirtió el antropólogo. Lo que hace el equipo es investigar para poder identificar los restos de una persona y esclarecer, dentro de lo posible, las causas del deceso.

En Argentina, mediante exhumaciones en fosas comunes en al menos siete provincias, el equipo halló restos de 900 personas, de las cuales 300 fueron identificadas enseguida. Para las demás lanzó una campaña.

La iniciativa consiste en convocar a familiares de detenidos desaparecidos para que entreguen una muestra de sangre que ayude al registro genético de los esqueletos hallados. De esta manera fueron identificados otros 120 cuerpos desde 2008.

La experiencia de los forenses argentinos sirvió para la recuperación de restos de víctimas de la violencia en 16 países de América Latina, nueve de África, siete de Europa, cinco de Asia y dos de Oceanía.

El equipo se destacó en 1997 por haber logrado identificar los restos del líder guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara, asesinado en 1967 por militares en Bolivia y sepultado en un lugar desconocido.




Si bien cerca de 90 por ciento de las intervenciones son por causa de la violencia política, cada vez más estos expertos incursionan en otros asuntos en los que se los reclama en el marco de la cooperación internacional.

Terremotos, inundaciones, deslaves, accidentes y otros crímenes comunes pueden ser objeto de estudio del equipo, compuesto por antropólogos, arqueólogos, genetistas, médicos, odontólogos y especialistas en informática entre otros.

"La técnica es la misma, lo que hacemos es identificar cuerpos en muy malas condiciones, que ya no conservan tejido blando, y que requieren de entrevistas con los familiares para obtener mayor información sobre ellos", señaló Fondebrider.

Frente a ello, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina resolvió brindar apoyo político y financiero al EAAF para proyectos de cooperación entre países del Sur que pidan su intervención.

La cartera convocó a embajadores de 45 países para presentarles el trabajo del EAAF y, según Fondebrider, hubo consultas de Jamaica, Indonesia y Japón para capacitar y formar equipos de trabajo similares en esos países.

El EAAF hizo esa tarea últimamente en Chipre, Timor Oriental, Guatemala, Chile y se prepara para brindar ese mismo tipo de asistencia el año próximo a Vietnam. En algún caso no sólo forman recursos sino que también colaboran con el trabajo de campo.

En Colombia, los técnicos argentinos formaron parte de la comisión enviada por la Organización de los Estados Americanos (OEA) para investigar las circunstancias del secuestro y asesinato en 2002 de 12 diputados en Cali, en el marco de la añeja guerra civil.

En México, los profesionales desarrollaron una larga tarea en el estado de Chihuaha por pedido de la organización Justicia para Nuestras Hijas y con el aval del gobierno nacional y de la fiscalía. "En Ciudad Juárez, la autoridad, con un costal de huesos, le decía a la familia: ‘ésta es tu hija ¿la quieres o no?’. Unos los recogieron y enterraron, otros no quisieron", narró a IPS Alma Gómez, del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres de México.

Gómez fue el enlace entre las familias de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez y el EAAF. "No había ninguna voluntad del gobierno" mexicano en el esclarecimiento, remarcó. Así fue que decidieron convocar a los argentinos.

"Para nosotros eran fundamentales dos cosas: la capacidad técnica de ellos y su fortaleza moral", distinguió. El propio equipo consiguió buena parte de los recursos financieros para solventar la investigación.

La Procuraduría mexicana había hecho unas pocas identificaciones, pero esos registros no contaban con la credibilidad de las familias, precisó Gómez

Sofía Egaña, responsable del EAAF que trabajó en Ciudad Juárez, explicó a IPS que hubo que diseñar allí un plan que, en principio, abarcaría alrededor de 25 casos con sus respectivos expedientes para revisar.

Pero de la pesquisa y las exhumaciones surgió que había casi un centenar de restos, que fueron analizados y cotejados con muestras de sangre de familiares, hasta que se logró identificar a 33 cuerpos.

"Tres de esos casos llegaron a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y fuimos peritos de parte en esas causas", remarcó Egaña.

Se trataba del caso de tres jóvenes de entre 15 y 20 años que fueron asesinadas en 2001 en Campo Algodonero, un baldío de Ciudad Juárez. La Corte, que forma parte del sistema de la OEA, ordenó al estado mexicano a investigar esos crímenes e indemnizar a las víctimas.

Marcela Valente

Fuente: IPS





28 enero 2010

Chiapas: Descubren sarcófago maya de más de mil años





Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) descubrieron un sarcófago de más de mil años de antiguedad en la Acrópolis de la Zona Arqueológica de Toniná, Chiapas, que podría contribuir a explicar la caída de la antigua cultura maya, dada su correspondencia con ese momento, 840 a 900 d.C.

Por sus características, el sepulcro es comparado con el de la "Reina roja", en Palenque, descubierto en 1994.

En el interior del ataúd prehispánico se halló una olla y un cráneo con huellas de deformación y fracturado en varias partes, así como huesos largos dispuestos en forma de cruz.

Los expertos han expresado que los restos óseos encontrados podrían corresponder a un individuo de filiación maya, aunque no han precisado la temporalidad.

El arqueólogo Juan Yadeun Angulo, responsable de la investigación y conservación de la Zona Arqueológica de Toniná, en el municipio de Ocosingo, informó que se trata de un sarcófago de piedra que mide dos metros de largo por 70 centímetros de ancho.

Tiene una profundidad de 60 centímetros, y en cada una de sus esquinas tiene soportes en forma de botón. Asimismo, posee una lápida de las mismas dimensiones, con un espesor de 15 centímetros.

Abundó que la tumba fue descubierta durante los trabajos de la más reciente temporada de campo en el sitio de Toniná, los cuales concluyeron a finales de 2009.

El descubrimiento se registró cuando se realizaban labores de nivelación del piso y se detectó una alteración en la quinta plataforma de la Acrópolis, lo que dio paso a la exploración arqueológica, añadió.

"Este tipo de sarcófago es único en el M& #233;xico antiguo, y en cierto sentido es parecido al de la `Reina roja´, descubierto en 1994 en Palenque, tanto por su tamaño como por carecer de inscripciones", expuso el experto.

Abundó que la osamenta —de la que se encontraron porciones fuera del sepulcro—, debió corresponder a un personaje de alta jerarquía, probablemente una mujer o un menor, pues los lóbulos oculares son reducidos.

Diversos estudios, entre ellos de antropología física, que se llevarán a cabo en la Dirección de Estudios Arqueológicos del INAH, determinarán con precisión este aspecto y su filiación étnica.

El encargado de la Zona Arqueológica de Toniná anotó que al interior de la cripta también se encontró una olla globular con tapa —del llamado estilo chib—, que contenía huesos que fueron hervidos y fragmentados, cuya temporalidad no se corresponde con la del ataúd.

"Diversos elementos del hallazgo señalan que la tumba permaneció inalterada durante más de 500 años a partir de 900 d.C., aproximadamente, y hasta 1490, momento en que se estableció un cacicazgo tzeltal en Toniná, que comenzó a reocupar los edificios y abrió las tumbas para extraer los objetos de origen maya, al tiempo que colocaba nuevas ofrendas.

"La tumba que encontramos presenta alteraciones, porque fue abierta en una parte, alrededor de 1490-1495, por gente de origen tzeltal, que apartó algunos componentes originales, sobre todo la cerámica", aseveró.

Dijo que fueron repartidos por el derredor del sarcófago. Los huesos que quedaron los empujaron hacia una sección del mismo y colocaron la olla con tapa que contenía los huesos hervidos.

Yadeun Angulo apuntó que la antiguedad de la tumba de piedra (que aún no se específica sí fue elaborada con roca volcánica o caliza), corresponde al lapso de 840 a 900 d.C., de allí que representa un periodo que vendría a llenar un vacío en la línea del tiempo entre la última inscripción maya registrada en Toniná, en 840 d.C., y las posteriores de influencia tolteca, de 903-910.

Este hallazgo, consideró, permitirá contar con nuevos elementos sobre el colapso de la antigua civilización maya, saber con precisión "quiénes fueron los causantes del declive, si fue gente local influenciada por grupos del Altiplano, o venida directamente de esta parte de Mesoamérica o de lo que hoy es Tabasco".

De acuerdo con el experto, una de las teorías sobre la caída de los reinos mayas apunta al arribo de pueblos (con la denominación de toltecas) del Altiplano Central a la región maya. Se trataba de grupos de carácter corporativo, ejércitos grandes, que quizá procedían del área de Puebla-Tlaxcala, la Costa del Golfo y Oaxaca, ligados al mismo tiempo a Tula.

"En 840 d.C., hubo una transformación muy importante en las urbes mayas, dejó de haber representaciones escultóricas e inscripciones, lo que se ha interpretado como un abandono masivo de los asentamientos.

"Lo anterior quiere decir que, para esos tiempos, en el México Antiguo se estaba suscitando una revolución, al caer las dinastías y asumir el poder grupos de guerreros", concluyó el especialista.

Cabe mencionar que especialistas del INAH extrajeron la olla hallada en el sarcófago para garantizar su conservación y evitar su deterioro, y quedará sujeta a un proceso de restauración.

Fuente: Notimex