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28 enero 2010

Chiapas: Descubren sarcófago maya de más de mil años





Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) descubrieron un sarcófago de más de mil años de antiguedad en la Acrópolis de la Zona Arqueológica de Toniná, Chiapas, que podría contribuir a explicar la caída de la antigua cultura maya, dada su correspondencia con ese momento, 840 a 900 d.C.

Por sus características, el sepulcro es comparado con el de la "Reina roja", en Palenque, descubierto en 1994.

En el interior del ataúd prehispánico se halló una olla y un cráneo con huellas de deformación y fracturado en varias partes, así como huesos largos dispuestos en forma de cruz.

Los expertos han expresado que los restos óseos encontrados podrían corresponder a un individuo de filiación maya, aunque no han precisado la temporalidad.

El arqueólogo Juan Yadeun Angulo, responsable de la investigación y conservación de la Zona Arqueológica de Toniná, en el municipio de Ocosingo, informó que se trata de un sarcófago de piedra que mide dos metros de largo por 70 centímetros de ancho.

Tiene una profundidad de 60 centímetros, y en cada una de sus esquinas tiene soportes en forma de botón. Asimismo, posee una lápida de las mismas dimensiones, con un espesor de 15 centímetros.

Abundó que la tumba fue descubierta durante los trabajos de la más reciente temporada de campo en el sitio de Toniná, los cuales concluyeron a finales de 2009.

El descubrimiento se registró cuando se realizaban labores de nivelación del piso y se detectó una alteración en la quinta plataforma de la Acrópolis, lo que dio paso a la exploración arqueológica, añadió.

"Este tipo de sarcófago es único en el M& #233;xico antiguo, y en cierto sentido es parecido al de la `Reina roja´, descubierto en 1994 en Palenque, tanto por su tamaño como por carecer de inscripciones", expuso el experto.

Abundó que la osamenta —de la que se encontraron porciones fuera del sepulcro—, debió corresponder a un personaje de alta jerarquía, probablemente una mujer o un menor, pues los lóbulos oculares son reducidos.

Diversos estudios, entre ellos de antropología física, que se llevarán a cabo en la Dirección de Estudios Arqueológicos del INAH, determinarán con precisión este aspecto y su filiación étnica.

El encargado de la Zona Arqueológica de Toniná anotó que al interior de la cripta también se encontró una olla globular con tapa —del llamado estilo chib—, que contenía huesos que fueron hervidos y fragmentados, cuya temporalidad no se corresponde con la del ataúd.

"Diversos elementos del hallazgo señalan que la tumba permaneció inalterada durante más de 500 años a partir de 900 d.C., aproximadamente, y hasta 1490, momento en que se estableció un cacicazgo tzeltal en Toniná, que comenzó a reocupar los edificios y abrió las tumbas para extraer los objetos de origen maya, al tiempo que colocaba nuevas ofrendas.

"La tumba que encontramos presenta alteraciones, porque fue abierta en una parte, alrededor de 1490-1495, por gente de origen tzeltal, que apartó algunos componentes originales, sobre todo la cerámica", aseveró.

Dijo que fueron repartidos por el derredor del sarcófago. Los huesos que quedaron los empujaron hacia una sección del mismo y colocaron la olla con tapa que contenía los huesos hervidos.

Yadeun Angulo apuntó que la antiguedad de la tumba de piedra (que aún no se específica sí fue elaborada con roca volcánica o caliza), corresponde al lapso de 840 a 900 d.C., de allí que representa un periodo que vendría a llenar un vacío en la línea del tiempo entre la última inscripción maya registrada en Toniná, en 840 d.C., y las posteriores de influencia tolteca, de 903-910.

Este hallazgo, consideró, permitirá contar con nuevos elementos sobre el colapso de la antigua civilización maya, saber con precisión "quiénes fueron los causantes del declive, si fue gente local influenciada por grupos del Altiplano, o venida directamente de esta parte de Mesoamérica o de lo que hoy es Tabasco".

De acuerdo con el experto, una de las teorías sobre la caída de los reinos mayas apunta al arribo de pueblos (con la denominación de toltecas) del Altiplano Central a la región maya. Se trataba de grupos de carácter corporativo, ejércitos grandes, que quizá procedían del área de Puebla-Tlaxcala, la Costa del Golfo y Oaxaca, ligados al mismo tiempo a Tula.

"En 840 d.C., hubo una transformación muy importante en las urbes mayas, dejó de haber representaciones escultóricas e inscripciones, lo que se ha interpretado como un abandono masivo de los asentamientos.

"Lo anterior quiere decir que, para esos tiempos, en el México Antiguo se estaba suscitando una revolución, al caer las dinastías y asumir el poder grupos de guerreros", concluyó el especialista.

Cabe mencionar que especialistas del INAH extrajeron la olla hallada en el sarcófago para garantizar su conservación y evitar su deterioro, y quedará sujeta a un proceso de restauración.

Fuente: Notimex


18 agosto 2009

Acteal



Han pasado casi doce años de la matanza de Acteal, en el sudeste del estado mexicano de Chiapas. El día 22 de diciembre de 1997, cuando los miembros de la comunidad tzotzil de Las Abejas se encontraban reunidos para rezar en su humilde capilla, una construcción rústica de tablas atadas y sin pintura, noventa paramilitares del grupo Máscara Roja, expresamente transportados allí, pertrechados de armas de fuego y machetes, en un ataque que duró siete horas, dejaron en el terreno, entre hombres, niños y mujeres, algunas de ellas embarazadas, 45 muertos. La culpa de estos muertos era haber apoyado al Ejército Zapatista de Liberación Nacional. A 200 metros del lugar, un control de policía no movió un pie para ver lo que estaba pasando. Demasiado lo sabían ellos. Estuvimos en Acteal, Pilar y yo, poco tiempo después, hablamos y lloramos con algunos de los sobrevivientes que consiguieron escapar, vimos las señales de las balas en las paredes de la capilla, los sitios de las sepulturas, nos asomamos a la entrada de una cavidad en la ladera donde unas cuantas mujeres intentaron esconderse con los hijos y donde fueron asesinadas todos a golpes de machete y disparos a quemarropa. Regresamos a Acteal unos meses más tarde, el horror todavía se respiraba en el aire, pero se iba a hacer justicia.

Al final, no se ha hecho. Alegando errores de procedimiento, el Supremo Tribunal de Justicia mexicano acaba de poner en libertad a los casi veinte miembros de Máscara Roja que cumplían pena (imagínense) por posesión ilegal de armas, ignorándose deliberadamente que esas armas habían disparado y asesinado. A la media docena que todavía quedan en prisión no tardarán mucho en soltarlos también. Pero a los 45 tzotiles muertos con extrema crueldad, a esos no habrá manera de hacerlos resucitar. Hace pocos días escribí aquí que el problema de la justicia no es la justicia, sino de los jueces. Acteal es una prueba más.

José Saramago

Fuente: El cuaderno de Saramago

08 enero 2009

“No nos abandones”





Va el título en castellano porque así fue dicha la frase. Este escrito también podría llamarse “Los silencios de Marcos”, lo que aclararía todo. La prosa de hoy se refiere al mítico, aunque muy real, subcomandante. A pocas personas ha admirado tanto en mi vida, de poquísimas he esperado tanto. Nunca lo he dicho por la simple razón de que estas cosas no se dicen, se sienten y por ahí se quedan. Cuestión de pudor, parece. Cuando los zapatistas salieron de la Selva Lacandona para llegar al Zócalo después de haber cruzado medio México, yo estaba allí, uno entre un millón. Conocí la exaltación, el pulsar de la esperanza en todo el cuerpo, la voluntad de mudar para convertirme en algo mejor, menos egoísta, más capaz de entrega. Marcos habló, nombró a todas las etnias de Chiapas, y para cada una fue como si las cenizas de millones de indios se hubiesen desprendido de los túmulos y otra vez reencarnado. No estoy haciendo literatura fácil, intento, inhábilmente, poner en palabras lo que ninguna palabra puede expresar: el instante en que lo humano se convierte en sobrehumano y, a la vez, regresa a su más extrema humanidad.

Al día siguiente, en el campus modesto de una facultad universitaria, hubo un acto público que reunió a varios miles de personas y ahí se habló del presente y del futuro de Chiapas, de la lucha ejemplar de las comunidades indias que soñaba ver extendida un día a toda América (tranquilícense los timoratos, no sucedió). En la tribuna estaban, entre otros, Carlos Monsivais, Elena Poniatowska, Manuel Vázquez Montalbán, yo mismo. Todos hablamos, pero lo que la gente quería era oír a Marcos. Su discurso fue breve, pero intenso, casi insoportable para el sistema emotivo de cada uno. Cuando todo terminó fui a abrazar a Marcos y entonces él me dijo a oído, con voz casi susurrada: “No nos abandones”. Le respondí en el mismo tono: “Tendría que abandonarme a mí mismo para que eso sucediera”. Desde entonces, nunca más lo he vuelto a ver.

Pensé, y lo dije, que Marcos debería haber hablado en el Congreso. Por decisión de la “comandancia” intervino la comandante Esther, y lo hizo admirablemente. Conmovió a México entero, pero, repito, a mí entender, era Marcos quien debería haber hablado. El significado político de una intervención suya culminaría de manera más eficaz la marcha zapatista. Así pensaba y así sigo pensando. El tiempo ha pasado, el proceso revolucionario ha cambiado de rumbo, Marcos salió de la Selva Lacandona. Durante el último año Marcos ha guardado un silencio total, nos dejó huérfanos de aquellas palabras que solo él sabe decir o escribir. Sentimos su falta. En el día 1 hubo en Oventic un encuentro para celebrar y recordar el inicio de la revolución, la toma de San Cristóbal de las Casas, los altos y bajos de un camino difícil. Marcos no fue a Oventic, no mandó siquiera un mensaje, una palabra. No lo entendí y sigo sin entenderlo. Marcos, hace pocos días, anunció para el año que entra una nueva estrategia política. Ojalá, si la antigua ha perdido las virtudes. Ojalá, sobre todo, que no vuelva a callarse. ¿Con qué derecho lo digo? Con el simple derecho de quien no abandonó. Sí, de quien no abandonó.

José Saramago

Fuente: El cuaderno de Saramago