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17 noviembre 2010

El trabajo de nombrar a los desaparecidos


Foto: EFE/Cézaro De Luca


Los miembros del Equipo de Antropología hablaron de su intervención en la identificación de cuerpos de la masacre de Monte Grande y el triple homicidio de Del Viso, dos episodios en los que había víctimas que estuvieron secuestradas en El Vesubio.

Esta vez el ingreso al infierno se hizo desde los cementerios. Los cementerios del conurbano bonaerense aparecieron como los territorios a los que se destinaba parte de los secuestrados de los centros clandestinos de la provincia. Y uno de los engranajes desde donde se operó el trabajo estructural de la desaparición. Dos integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) reconstruyeron en la sala de audiencias de los tribunales de Comodoro Py cómo dieron cuerpo y nombres a muchos de quienes permanecieron alojados en El Vesubio. Entre otros, los fusilados de la masacre de Monte Grande. Y de Laura Feldman, la estudiante del Carlos Pellegrini cuyo cuerpo fue identificado junto con otras cuatro personas tras la apertura del juicio.

Luis Fonderbrider juró decir la verdad antes de sentarse, frente a la platea vacía de los acusados: ninguno de los represores de El Vesubio estuvo en la sala. Sólo permanecieron dos de los múltiples abogados defensores, uno de ellos dedicado durante buena parte de la audiencia a leer concentradamente una novela.

Fonderbrider explicó lo que hace el EAAF, el equipo dedicado a investigar lo que sucedió con las víctimas de la violencia política en Argentina a partir del trabajo de exhumación de los cuerpos de los desaparecidos. Los destinos de las víctimas, señaló, fueron esencialmente tres: enterramientos como NN en cementerios municipales de todo el país; enterramientos clandestinos en centros de detención o áreas militares como en Santa Fe y Arana y el arrojarlos desde aviones al Río de la Plata.

En la provincia de Buenos Aires –dijo– todos los cementerios del primer cordón recibieron inhumaciones de NN. En 1987, el EAAF realizó un estudio para determinar el número aproximado de inhumaciones clandestinas en los 125 departamentos bonaerenses: quería saber si entre 1970 y 1984 había cambiado la población de personas NN en los cementerios. Para eso, pidieron información sobre el ingreso de los datos. Quince distritos no contestaron porque los libros estaban en poder de la Justicia, pero el resto de las respuestas les permitió indicar que entre ’76 y ’77 el perfil de los NN había “cambiado radicalmente”: aumentó el ingreso de NN y las edades bajaron. “Históricamente los NN eran gente mayor, que moría en vía pública o en hospitales –dijo–, eran hombres y no había causas traumáticas.” En esos dos años, en cambio, los ingresos fueron producto de muertes violentas, aumentó el número de mujeres y bajaron las edades: en total encontraron un exceso de 1100 NN con patrones diferentes a los NN históricos. “Nos hizo pensar que quedaban sepulturas por recuperar y era dificultoso porque muchos cuerpos pasaron al osario.”

El EAAF intervino en varias etapas de la investigación de El Vesubio. Entre ellas, dos casos emblemáticos: la masacre de Monte Grande y el triple homicidio de Del Viso. La llamada masacre de Monte Grande sucedió el 24 de mayo de 1977, cuando fusilaron a 16 personas en una casa del centro de esa ciudad. Los cuerpos fueron enterrados como NN en el cementerio municipal y los nombres se difundieron a través de la prensa con noticias que hablaban de la muerte de “subversivos” en un falso enfrentamiento. El EAAF trabajó en el caso a partir de 1986 a pedido de la Cámara Federal porteña. Revisaron actas de defunción, compararon los libros del cementerio y la información de la prensa. El relevamiento indicó que se había enterrado a 16 personas: 11 varones y 5 mujeres. Todos tenían sepulturas individuales. Supieron que el mismo día del entierro se los exhumó para tomar las huellas dactilares y se los volvió a enterrar, tal como lo contó durante las audiencias uno de los empleados del cementerio. A lo largo del tiempo, encontraron cierta discordancia –frecuente en otros lugares– entre los certificados de defunción y las zonas de entierro. Entre otras razones, dijo Fonderbrider, porque los procedimientos se hacían fuera de hora y sin personal adecuado. Cuando llegaron, notaron que los cuerpos ya no estaban en la zona en la que supuestamente debían estar. Según los libros, nueve se habían identificado y reconocido, pero los otros habían pasado al osario general.

El presidente del Tribunal Oral Federal 4, Leopoldo Bruglia, preguntó varias veces por esos números: eran 16, 9 se reconocieron. ¿Y los otros 7?, preguntó nuevamente. “No estaban en la sepultura –dijo Fonderbrider–, fueron trasladados al osario, lo que haría la identificación imposible: para hacer más espacio dentro del osario, a los cuerpos se los va rompiendo, se van transformando en polvo, lo que vuelve más difícil que quede algo.”

La investigación por el triple homicidio de Del Viso los condujo a uno de los depósitos judiciales de La Plata. En 1984, la Justicia había ordenado exhumaciones masivas que se hicieron de forma “acientífica”, recordó: “Las hacían los sepultureros con palas mecánicas y lo que sucedió en muchos casos es que en una bolsa había más de un cuerpo, dejaron muchos restos en las sepulturas, se mezclaron y llevaron a depósitos judiciales”. Algunos permanecieron en bolsas durante 15 años, a veces volvieron a los cementerios, a los osarios, a veces se destruyeron. Cuando el EAAF se puso a trabajar en La Plata había 100 bolsas con restos de cuerpos. Seleccionaron cinco que habían venido del cementerio de Grand Bourg, donde estaban enterrados los cuerpos. Con la información “antemorten” sobre una de las tres víctimas avanzaron: tenían características generales, sus rasgos odontológicos, las particularidades del cabello. “Seleccionamos uno compatible con Leticia Akselman –dijo–, observamos las lesiones en el esqueleto, los trazos de la fractura, el tórax, los miembros superiores, inferiores, las lesiones de los proyectiles de armas de fuego que coincidían con la autopsia.” Por las lesiones de bala, entendieron que Leticia tenía fracturas compatibles con acciones de defensa, y que recibió los disparos de la muerte cuando estaba extendida en el suelo.

También del EAAF, Patricia Berardi reconstruyó el camino de los cinco cuerpos que fueron identificados en el último tiempo: Laura Isabel Feldman, Ofelia Cassano, Generosa Fratassi, Hugo Manuel Mattion y María Luisa Martínez. Habló del funcionamiento de los dos cementerios donde aparecieron: Lomas de Zamora y Avellaneda. El primero, un lugar donde los enterramientos no se hicieron en áreas marginales, sino en todo el lugar, con fosas NN intercaladas entre las de personas con sus nombres. En Avellaneda, en cambio, tuvieron que generar un yacimiento arqueológico para trabajar sobre los cuerpos: estaban alojados en el área 134, un lugar marginal, en el extremo del cementerio, ubicado frente a Villa Corina. La zona funcionó entre abril de 1976 y septiembre de 1978, y la reconocieron por la información de los sepultureros. Les indicaron que ahí había 19 vaqueras o fosas comunes y 18 fosas individuales. Durante la dictadura se tiró abajo un paredón para que los camiones pudiesen ingresar directamente. Los cuerpos se arrojaban de forma invertida para que entrara más cantidad. La vaquera más grande contenía hasta 32 cuerpos: “Pasado un año, un mes o un día, todavía no se puede saber –dijo–, se volvía a abrir para colocar otro cuerpo, por eso son lugares con más de un momento de depósito”.

Alejandra Dandan

Foto: Página 12


12 noviembre 2010

Derechos Humanos: Leer en los huesos




Creado con el imperativo de recuperar restos de detenidos desaparecidos por la última dictadura de su país (1976-1983), el Equipo Argentino de Antropología Forense operó ya en 40 países y amplía el rango de casos que investiga.

"Lo que ofrecemos es capacitación a forenses en la recuperación e identificación de personas muertas en casos de violencia política, pero también de crímenes comunes o desastres masivos", dijo a IPS el director del equipo, Luis Fondebrider.

Un caso que no está relacionado con la violencia política específica es el del llamado feminicidio o femicidio en la mexicana Ciudad Juárez, fronteriza con Estados Unidos, donde trabajaron para identificar 33 cuerpos de mujeres y niñas asesinadas.

Organizaciones defensoras de los derechos humanos estiman que en Juárez llegan a unas 600 las mujeres desaparecidas y 360 fueron asesinadas.

Este equipo, conocido por sus siglas EAAF, se constituyó como entidad no gubernamental en 1984, al año siguiente de recuperada la democracia tras siete años de una dictadura que dejó casi 15.000 personas desaparecidas, según los registros oficiales hasta ahora, cifra que organizaciones de derechos humanos elevan hasta 30.000.

"Nuestro trabajo no es encontrar culpables", advirtió el antropólogo. Lo que hace el equipo es investigar para poder identificar los restos de una persona y esclarecer, dentro de lo posible, las causas del deceso.

En Argentina, mediante exhumaciones en fosas comunes en al menos siete provincias, el equipo halló restos de 900 personas, de las cuales 300 fueron identificadas enseguida. Para las demás lanzó una campaña.

La iniciativa consiste en convocar a familiares de detenidos desaparecidos para que entreguen una muestra de sangre que ayude al registro genético de los esqueletos hallados. De esta manera fueron identificados otros 120 cuerpos desde 2008.

La experiencia de los forenses argentinos sirvió para la recuperación de restos de víctimas de la violencia en 16 países de América Latina, nueve de África, siete de Europa, cinco de Asia y dos de Oceanía.

El equipo se destacó en 1997 por haber logrado identificar los restos del líder guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara, asesinado en 1967 por militares en Bolivia y sepultado en un lugar desconocido.




Si bien cerca de 90 por ciento de las intervenciones son por causa de la violencia política, cada vez más estos expertos incursionan en otros asuntos en los que se los reclama en el marco de la cooperación internacional.

Terremotos, inundaciones, deslaves, accidentes y otros crímenes comunes pueden ser objeto de estudio del equipo, compuesto por antropólogos, arqueólogos, genetistas, médicos, odontólogos y especialistas en informática entre otros.

"La técnica es la misma, lo que hacemos es identificar cuerpos en muy malas condiciones, que ya no conservan tejido blando, y que requieren de entrevistas con los familiares para obtener mayor información sobre ellos", señaló Fondebrider.

Frente a ello, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina resolvió brindar apoyo político y financiero al EAAF para proyectos de cooperación entre países del Sur que pidan su intervención.

La cartera convocó a embajadores de 45 países para presentarles el trabajo del EAAF y, según Fondebrider, hubo consultas de Jamaica, Indonesia y Japón para capacitar y formar equipos de trabajo similares en esos países.

El EAAF hizo esa tarea últimamente en Chipre, Timor Oriental, Guatemala, Chile y se prepara para brindar ese mismo tipo de asistencia el año próximo a Vietnam. En algún caso no sólo forman recursos sino que también colaboran con el trabajo de campo.

En Colombia, los técnicos argentinos formaron parte de la comisión enviada por la Organización de los Estados Americanos (OEA) para investigar las circunstancias del secuestro y asesinato en 2002 de 12 diputados en Cali, en el marco de la añeja guerra civil.

En México, los profesionales desarrollaron una larga tarea en el estado de Chihuaha por pedido de la organización Justicia para Nuestras Hijas y con el aval del gobierno nacional y de la fiscalía. "En Ciudad Juárez, la autoridad, con un costal de huesos, le decía a la familia: ‘ésta es tu hija ¿la quieres o no?’. Unos los recogieron y enterraron, otros no quisieron", narró a IPS Alma Gómez, del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres de México.

Gómez fue el enlace entre las familias de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez y el EAAF. "No había ninguna voluntad del gobierno" mexicano en el esclarecimiento, remarcó. Así fue que decidieron convocar a los argentinos.

"Para nosotros eran fundamentales dos cosas: la capacidad técnica de ellos y su fortaleza moral", distinguió. El propio equipo consiguió buena parte de los recursos financieros para solventar la investigación.

La Procuraduría mexicana había hecho unas pocas identificaciones, pero esos registros no contaban con la credibilidad de las familias, precisó Gómez

Sofía Egaña, responsable del EAAF que trabajó en Ciudad Juárez, explicó a IPS que hubo que diseñar allí un plan que, en principio, abarcaría alrededor de 25 casos con sus respectivos expedientes para revisar.

Pero de la pesquisa y las exhumaciones surgió que había casi un centenar de restos, que fueron analizados y cotejados con muestras de sangre de familiares, hasta que se logró identificar a 33 cuerpos.

"Tres de esos casos llegaron a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y fuimos peritos de parte en esas causas", remarcó Egaña.

Se trataba del caso de tres jóvenes de entre 15 y 20 años que fueron asesinadas en 2001 en Campo Algodonero, un baldío de Ciudad Juárez. La Corte, que forma parte del sistema de la OEA, ordenó al estado mexicano a investigar esos crímenes e indemnizar a las víctimas.

Marcela Valente

Fuente: IPS