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22 abril 2010

Juan Carlos Blanco, ex canciller de la dictadura, condenado a 20 años de prisión


Foto: EPA


El ex canciller de la Dictadura, Juan Carlos Blanco, "ayudó a armar el aparado represivo" y "una vez parida la bestia, la alimentó", por lo cual es resposable del crimen de la maestra Elena Quinteros, en 1976.

Asimismo, el magistrado consideró que el fallecimiento de Quinteros "está plenamente probado", más allá de la imposibilidad de encontrar sus restos.

El juez Penal de 1º Turno, Juan Carlos Lecchini, dispuso el pasado martes la condena del ex canciller, Juan Carlos Blanco, a 20 años de penitenciaría por el crimen de la maestra Elena Quinteros, al considerarlo uno de los "cerebros" de la represión ejercida por el aparato estatal durante los años de la Dictadura cívico-militar.El magistrado condenó al ex ministro de Relaciones Exteriores, en el entendido que "ayudó a armar el aparato represivo" y "una vez parida la bestia, Blanco la alimentó". "Ahora, Blanco no tenía el dominio de los actos del aparato. Pero este aparato sí es obra, bien que compartida, del Canciller. Una obra que Blanco luego se dedicaría a mantener, con su gestión de aprobación ex post, de la gestión, aprobación prometida y actuada. (...) Los mandos castrenses supremos tenían la gestión integral. Blanco, sin tener la gestión integral tenía un papel imprescindible de apoyatura política y técnica desde su ministerio". "Su participación fue más como cerebro que como voluntad, que como decisión, pero con su actuación anterior, concomitante y posterior con respecto al aparato represivo puso en marcha las causalidades físicas y psíquicas que permitieron que la guerra sucia contra el terrorismo de izquierda se desenvolviera", aseguró Fernández Lecchini.

El ex canciller "desde su ideología apoyó los métodos de la represión, la reacción del Leviatán. Por eso aportó causas para que el aparato represor actuara con libertad y con violencia y asegurando su posterior impunidad", dice el fallo."Blanco y sus compañeros de gobierno crearon el clima y los mecanismos necesarios para que los ejecutores de la base de la pirámide y los mandos medios, ubicados en el medio de la pirámide, supieran que podían y debían actuar la guerra 'sucia' contra el terrorismo de izquierda y su violencia, respondiendo con violencia la violencia generada desde las tiendas contrarias". Por esta razón, "no es creíble que el Canciller, comprometido con la lucha contra la subversión, creyera que Quinteros no estaba sometida al aparato represor", por más que "es legítimo pensar que ignorara, antes del hecho, la detención que padecía la vícitma, más luego de efectivizada la recaptura en la Embajada tuvo necesariamente que contra con información directa y de primera mano", agrega el magistrado.El juez Fernández Lecchini resolvió imputar el delito de "homicidio muy especialmente agravado", al considerar que el fallecimiento de Quinteros está "plenamente aprobado" y porque "imputar el tipo delictivo de Desaparición forzada de personas sería aplicar un tipo penal con retroactividad, conculcando un caro principio del Derecho penal liberal". Ante el "tratamiento cruel" al cual fue sometida durante su cautiverio y la resonancia del caso "no es lógico pensar en que fuera dejada viva. Una vez que se decidió que no se la entregaría no podía quedar con vida. Luego del intento de Quinteros de asilarse burlando a los funcionarios, no puede dudarse de la ira de éstos y de que nada les costaría darle muerte como castigo", expresa el magistrado. "Las fuerzas de seguridad estaban muy motivadas, lógicamente para disponer de la vida de una persona indeclinablemente decidida a cambiar el statu quo. Quinteros desde 1967 estaba identificada con una lucha que nunca abandonó, ni siquiera en la aciaga y última tarea se ser torturada. Al punto que estaban vigiladas ella y su madre, María del Carmen Lidia Almeida Buela de Quinteros". "Quinteros no era una persona cualquiera para la represión. Tampoco era un alto mando que conviniera mantener vivo y someterlo a juicio y condena como estrategia para sostener que en Uruguay se respetaban los derechos humanos y el día de toda persona ante los tribunales, como pudo ser el caso de Líber Seregni Raúl Sendic y otros notabilísimos luchadores sociales de aquel contexto histórico. Entonces, todo esto sumado al irritante problema de la Embajada llevó a Quinteros a la muerte, cabe concluir", agrega.




El crimen

La sentencia del juez Fernández Lecchini detalla en forma pormenorizada los hechos del secuestro de la maestra Elena Quinteros del jardin de la Embajada de Venezuela. Quinteros había sido detenida días antes, pero con la excusa de entregar un contacto fue dirigida hacia las proximidades de Boulevard Artigas y Avenida Rivera.

La maestra burló el seguimiento de los efectivos militares y saltó el muro de la Embajada, ingresando al patio, donde gritó su nombre y solicitó asilo político. Cuando era ayudada por miembros de la Embajada, efectivos uruguayos ingresaron a la sede diplomática y tras una serie de forcejeos lograron detenerla, siendo lastimado en uno de sus brazos el consejero de la Embajada, Frank Becerra. Quinteros fue trasladada al "300 Carlos" o "Infierno Chico" donde fue salvajemente torturada, perdiéndose su rastro sobre los primeros días de noviembre de 1976.

La detención de Quinteros generó un conflicto diplomático entre Venezuela y Uruguay. El Estado venezolano, por intermedio de su embajador en Uruguay, Julio Ramos, solicitó entregar a la maestra. Blanco elaboró junto a connotados dirigentes de la Cancillería (Guido Michelín Salomón, Alvaro Alvarez y Julio Cesar Lupinacci) un memorandum sobre cuales eran las ventajas y desventajas de entregar a la maestra. Finalmente, las autoridades uruguayas negaron cualquier acción ilícita y no entregaron a la maestra. El hecho generó la ruptura de relaciones entre ambos países, hasta la restauración democrática en 1985.

Mauricio Pérez

Fuente: La República





09 setiembre 2008

Maestra Elena Quinteros, presente!!!





En el día de su 63 cumpleaños,


seguimos exigiendo


Verdad y Justicia







03 setiembre 2008

Escuela de Primer Grado Nº 181: “Maestra Elena Quinteros”





El próximo martes 9 de setiembre, día en el que Elena Quinteros debía cumplir 63 años, una escuela de Montevideo llevará su nombre.


Raúl Olivera


En el barrio Flor de Maroñas, - calle Marcos Salcedo 5644 entre Peteroa y Justino Jiménez de Arechaga -, un barrio de gente humilde y trabajadora en el que se encuentran enclavados varios grupos habitacionales y entre ellos muchas Cooperativas de Viviendas, se encuentra la Escuela de Primer Grado que pasará a denominarse “Maestra Elena Quinteros”.

En un barrio, que antaño supo albergar grandes industrias como las textiles ILDU, SADIL, SUITEX, aceiteras como la TORINO, lavaderos de lana, y que supo también de la presencia de una generación de jóvenes, que como Elena, bajo la influencia del Sindicato de FUNSA enfrentaban el autoritarismo creciente de aquellos años.

La Escuela Nº 181, tendrá el privilegio de ser la segunda escuela en el Uruguay que lleva el nombre de un maestro desaparecido. El 11 de noviembre de 1987, otra ley había designado a la Escuela Nº 269 de Montevideo, con el nombre de “Maestro Julio Castro.

Con esa decisión que partió del propio barrio, que las autoridades de Primaria hicieron suya, y que finalmente el Senado de la República transformó en Ley el 13 de mayo del 2008, se hace honor a quien fuera un ejemplo de resistencia a la dictadura.

En la exposición de motivos de la ley que fuera aprobada por unanimidad por la Cámara alta, se recogen aspectos sustanciales de la vida de Elena Quinteros: “Fue educada en las Dominicas; ingresó a Magisterio, al Instituto Normal, en el año 1962, y egresó en 1966. Eran tiempos en que la formación de Reyna Reyes era fortísima y que libros como la “Vida de un maestro” –de Jesualdo- eran referentes para esa generación.

En esa época, mediados de los sesenta, se vivía en el país una escalada represiva que llevó a profundizar las luchas estudiantiles y obreras. Allí estaba Elena, entre el pensar y el hacer, que abarcaba lo político, lo gremial, y su formación como maestra, jugándose con cabeza muy clara, con firmeza, desde el amor a la vida.

Si algo definía a Elena era su coherencia, su amor y su compromiso con la libertad de todos, y no con la libertad individual y en exclusiva.

A mediados de 1966, Elena se incorporó a la FAU y fue activa militante de la ROE, la Resistencia Obrero-Estudiantil. Diez años después, ya en 1975, fue una de las primeras que trabajosamente actuó en la fundación del PVP, Partido Por la Victoria del Pueblo, junto con Sarita Méndez, Lilián Celiberti, Yamandú González, Telva Juárez y muchos otros jóvenes estudiantes de la época.

Participó en las misiones sociopedagógicas, en particular en la de 1967 en Capilla de Farruco, en Durazno, con espíritu abierto, sabiendo que no sólo iba a aportar sino que era una instancia para nutrirse y aprender mucho del contacto con la gente. Una práctica que implicaba todo un posicionamiento ante la vida.

Alguien alguna vez ha dicho que Elena era misionera, en el sentido de la autoexigencia de sacrificio, de una práctica austera, que para nada quiere decir amargada -porque si había una persona alegre, era Elena-, y de la perseverancia en una especie de trabajo de hormiga; ese trabajo de hormiga que es imprescindible para casi todo en la vida.

Si de alguna tarea se la responsabilizaba a Elena, desde resumir en la biblioteca el “Manual” de Murchison, de cuatrocientas y pico de páginas, hasta sacar un volante clandestino, no había duda de que lo hacía; que nadie tuviera duda, porque lo hacía, tuviera todos los obstáculos que tuviera, y fuera la tarea que fuera.

A pesar de que eran tiempos en los que a veces no había tantas horas para dedicar al estudio, Elena nunca descuidó su formación profesional. Así fue que pasó también por la Facultad de Humanidades.

El 16 de noviembre de 1967 fue detenida por primera vez y liberada al otro día. En octubre de 1969 fue detenida, procesada y enviada a la cárcel, donde permaneció hasta octubre de 1970.

En junio de 1975 fue destituida, porque un mes antes de cumplirse los dos años del golpe de Estado fue requerida por las Fuerzas Conjuntas.

El 26 de junio de 1976, Elena Quinteros es detenida y llevada al “300 Carlos”, que dependía de la División de Ejército I. Allí, en “el infierno”, operaban, entre otros, Cordero, Gavazzo, el “Pajarito” Silveira, Ferro, Yannone y Carlos Rosell.

En la mañana del 28 de junio, Elena se hace conducir a las cercanías de la Embajada de Venezuela con el argumento de “entregar” un contacto. Allí intenta fugarse corriendo y saltando hacia adentro de la Embajada, desde donde es secuestrada por la fuerza por policías y militares uruguayos, forcejeando con los funcionarios venezolanos y frente a la complicidad de los policías a cargo de la custodia de la Embajada.

Con una pierna quebrada durante la lucha para introducirla en un auto frente a la Embajada de Venezuela, es llevada al Batallón de Infantería Nº 13, es identificada con el Nº 2537 y sometida a torturas salvajes, según los testimonios de otros presos políticos allí detenidos.

La Embajada de Venezuela y el propio Gobierno venezolano protestan inmediatamente -no podía ser de otra manera-, exigiendo la entrega de esta mujer que había sido claramente secuestrada en su territorio.

El 3 de julio se reúne el COSENA y decide no entregar a Elena, por lo que finalmente, el 5 de julio, Venezuela suspende las relaciones diplomáticas con Uruguay cuando queda claro que los dictadores no están dispuestos a devolver viva a Elena.

Esta mujer, maestra, Elena Cándida Quinteros Almeida, la detenida 2537 en el Batallón Nº 13, nuestra detenida desaparecida, no era una ingenua. Peleó por una sociedad justa, humana, donde cada uno de nosotros nos pudiéramos mirar cara a cara todos los días desde las diferentes miradas, desde la diversidad que tenemos, construyendo salidas para la pública felicidad.

Peleó como militante política, como militante sindical, y PELEÓ COMO MAESTRA; porque sabía muy bien que desde la escuela había mucho que hacer por el hombre, por el niño, por el futuro.

Hoy, en muchas escuelas, muchas Elenas anónimas dan la misma lucha que ella, por la igualdad, por las oportunidades, por la esperanza, por el otro. Parece justo, y a tiempo, que una escuela lleve su nombre”

[1] COMISIÓN DE EDUCACIÓN Y CULTURA, CARPETA Nº 1892 DE 2007. REPARTIDO Nº 1005, JULIO DE 2007. MAESTRA ELENA QUINTEROS, Designación a la Escuela Nº 181 de la ciudad de Montevideo.


Crysol


Asociación de ex pres@s polític@s del Uruguay


Lorenzo Carnelli 1294. Telefax: 418 3017


Montevideo.Uruguay