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15 diciembre 2010

Cronopiando: El cigarrillo y el planeta




Si yo les contara que después de 35 años fumando alrededor de 40 cigarrillos diarios, he ido al médico para que confirmara la relación entre mis crónicas toses y mi adicción a esa droga, y él, por todo diagnóstico, se ha limitado a sugerirme emitir menos cantidades de alquitrán a mis pulmones, ¿qué pensarían ustedes de ese médico?

¿Qué credibilidad les merecería un médico que, frente a semejante cuadro clínico, le recetara a su paciente aminorar la emisión de nicotina a su cerebro?

Si resultara que su corazón ya padece las consecuencias de esos 80 cigarrillos de diaria dosis durante tantos años... ¿les parecería digno de respeto un médico que se conformara con aconsejarle reducir un 20 por ciento la emisión de alquitrán, nicotina y otros tóxicos a su cuerpo?

Tal parece que no, y todos conocemos no pocos casos de amigos y familiares víctimas de la misma mortal adicción a quienes médicos serios han puesto en la disyuntiva de dejar el tabaco antes de que la vida los abandone a ellos.

Si estamos envenenando nuestro organismo la única solución posible es dejar de hacerlo, frenar esa agonía que no por lenta deja de ser perceptible, recuperar nuestra calidad de vida, nuestros sentidos, nuestro gusto, nuestro olfato, nuestra salud.

Pues bien, ya para nadie debiera ser un secreto el grave deterioro de la salud del planeta en que vivimos, la paulatina e incesante desaparición de sus fuentes de vida, la contaminación del aire, la desaparición de ríos y bosques, el deshielo de las zonas polares…

El calentamiento de la Tierra no será noticia de primera página, ni va a competir en titulares con embarazos principescos, pero ya nadie lo puede negar, menos esconder. Por más que sigamos entretenidos con desarrollos sostenidos y sustentables y demás zarandajas al uso, por supuesto globalizadas, seguimos "fumando" un estilo de vida letal, depredador, cuyas consecuencias, al decir de muchos científicos, pueden ser ya irreversibles.

Pero porque sólo la maldita ambición humana es mayor que su estupidez, los "doctores" que rigen los destinos del mundo, ante la gravedad de la situación, además de poner al paciente en manos de su enfermedad, que sólo así se entiende que el Banco Mundial vaya a hacerse cargo del problema, han resuelto seguir reduciendo la emisión de gases a la atmósfera. No pensaron en otra clase de mundo posible, en otro imprescindible estilo de vida, cuando los más optimistas de los científicos calculan que para el 2070 habrán desaparecido los continentes helados; no propusieron otros modelos de desarrollo alternativos que no nos conduzcan al juicio final antes de lo que Dios haya dispuesto, si es que ya le ha puesto fecha. Lo que recomendaron al intoxicado paciente fue envenenarse un poquito menos, morirse más despacio, agonizar más tiempo, "fumarse" sólo una cajetilla diaria.

Y el planeta cruje entre vacas locas y pollos con gripe, para que el cáncer se vuelva tan cotidiano como el automóvil y el automóvil tan imprescindible como el plástico. Y las bombas de hidrógeno y nitrógeno son ya juegos de niños para lo que, actualmente, se urde y se produce. Y el hambre en el mundo se convierte en la medieval referencia de nuestro pretendido desarrollo, mientras el analfabetismo sigue censurando y suprimiendo, curiosamente, las libertades de que alardean las llamadas democracias; la salud es un derecho virtual que se acaba cuando se pierde; el crimen, un negocio que ya cotiza en Bolsa; y la miseria, otro daño más colateral.

Pero hay en este símil entre doctores y pacientes, entre el cigarrillo y el planeta, un consuelo pendejo, si se quiere, aunque consuelo al fin, que si no va a hacernos más felices, al menos reconforta, y es que cuando los pulmones del planeta finalmente colapsen y el mundo se haga mierda y la mierda habite entre nosotros, nadie, absolutamente nadie, va a quedar para contarlo, ni siquiera el imbécil del "doctor" que para no renunciar a su "progreso" renunció a la vida, a la suya y a la nuestra.

Koldo Campos Sagaseta

Fuente: Cronopiando


09 diciembre 2010

Cronopiando: Buitres y cumbres


Foto: Kevin Carter


Una de las imágenes que mejor ha retratado nuestro demencial modelo de desarrollo tuvo como protagonistas a una niña, a un buitre y a un fotógrafo.

Hace ya unos cuantos años Kevin Carter tomaba la fotografía que lo llevaría a ganar el premio Pulitzer de fotoperiodismo cuando el objetivo de su cámara tropezó en Sudán con una niña reclinada sobre sus largos huesos, sola y desnuda, a punto de desplomarse. A escasos metros de ella, un buitre esperaba por el festín.

Al recibir Kevin Carter el premio maldijo la hora en que hizo aquella fotografía. Meses después se suicidaba. Nunca consiguió dejar de verla.

De los protagonistas de aquella historia sólo ha quedado uno con vida: el buitre.

En estos días concluía en Cancún otro de esos encuentros, cumbres les llaman, en las que los sordos exhiben su mejores retóricas y los mudos exponen sus calladas memorias. En esta ocasión se trataba del cambio climático y la cumbre ha tenido como protagonistas a un tercer mundo reclamando su derecho a existir, a un primer mundo festejando como nuevos sus mentidos compromisos pasados, y a Wikileaks revelando todas las infames maniobras del gobierno estadounidense para despojar de contenidos los escasos acuerdos que sobrevivieron a la penúltima farsa al respecto celebrada en Copenhague. “El cambio climático, como el hambre o la miseria, no es violencia ni terrorismo sino enfermedad o mala suerte” sentencia la lógica del mercado por boca de los medios que insisten en mirar para otro lado.

También de los protagonistas de esta historia sólo ha quedado uno con vida: el buitre.

Koldo Campos Sagaseta

Fuente: Cronopiando


24 noviembre 2010

Cronopiando: Insólita dimisión


Ilustración: Hernández


Clama al cielo la suerte que ha corrido el ministro de Justicia de Japón, Minoru Yanagida, que a los dos meses de haber sido nombrado, ha tenido que renunciar a su cargo tras el escándalo causado por unas recientes declaraciones en las que se atrevió a definir su trabajo como “fácil” ya que “sólo tenía que recordar dos frases si le hacían preguntas”.

Las dos frases con las que el ministro japonés lograba salir airoso de cualquier rueda de prensa eran: “no debo hacer comentarios en casos individuales” y “estoy actuando de forma apropiada de acuerdo a la ley y a las pruebas”.

Lo que en otros países hubiera sido celebrado como una espontánea gracia del ministro, en Japón, que así son los nipones, ha estado a punto de llevar al pobre hombre a la cárcel. En la Italia de Berlusconi, por ejemplo, ni siquiera habría sido noticia semejante declaración, tampoco motivo de cese, así fuese en boca del primer ministro. Probablemente hubiera pasado, dados los antecedentes, como una rara muestra de cordura y sensatez en Berlusconi.

En el Estado español, es otro ejemplo, habría sido imprescindible una laboriosa investigación para dar con la figura pública capaz de disponer de, al menos, tres frases que complacieran otras tantas preguntas, y sin que la misma garantizase el éxito. Sabido es que el rey, hasta la fecha, sólo dispone de dos: “¿Por qué no te callas?” y “¿Dónde he dejado la copa?”; el presidente Zapatero también dispone de dos respuestas para salir del paso ante cualquier eventual requerimiento: “¡No me cansaré de repetirlo!” y “¿Qué estaba diciendo?”; el ministro Rubalcaba aunque bien es cierto sólo maneja una frase: “¡O bombas o votos!”, también es verdad que ha conseguido improvisar algunas variantes alterando los factores sin modificar la ecuación, y que ya trabaja denodadamente en una segunda frase para incorporarla a su inventario o cedérsela a su presidente: “¡El interés de España por delante!”. Fama es que Aznar, políglota que habla catalán en la intimidad e inglés en Texas, sólo ha trascendido por una única frase: “¡Van a ir presos todos, todos, todos!”, pero ha sabido encarar los nuevos y milenarios retos, porque aunque no haya logrado nunca disponer al mismo tiempo de dos frases, sí ha sabido sustituirlas. No hace mucho sorprendió a la opinión pública con una nueva aportación: “¡Cuando yo no lo sabía, nadie lo sabía”! Y tras varios meses en uso, la cambió por una nueva frase: “¿Y quién te ha dicho a ti las copas de vino que yo tengo o no tengo que beber?”. Igualmente se sabe que Mariano Rajoy, tal vez carezca de frases, pero dispone sí de una niña que lo nutre de respuestas. Y en el Estado español, aunque parte de la ciudadanía sólo maneja una respuesta para encarar cualquier duda o demanda, en su favor, y como mal menor, hay que reconocer que la comparten: “¡Yo soy español, español, español!”

Koldo Campos Sagaseta

Fuente: Cronopiando


17 noviembre 2010

Cronopiando: Amores que matan




“¡España las vende… Marruecos las dispara!” era una de las consignas que gritaban los manifestantes saharauis frente al cordón policial que protegía la embajada magrebí en Madrid de la amenaza de la vergüenza.

Esa consigna saharaui, sin embargo, no es del todo cierta. España no sólo las vende, también las regala. Las dona al régimen marroquí, como expresara el gobierno español cuando hace poco más de un año, con la venia del Congreso, traspasó al simbólico precio de 1 euro ocho lanzabombas de demolición para “fortalecer la especial relación de hermandad existente entre las Fuerzas Armadas de España y Marruecos”.

Un año antes, en atención a esa misma hermandad que también comparten las dos casas reales, el gobierno español había cedido al mismo precio de 1 euro, seis torpedos al régimen marroquí.

No es fácil encontrar en la historia del Estado español, a pesar de la dura competencia que observan sus infamias, un capítulo más bochornoso que el relacionado con el pueblo saharaui. La “natural lealtad” al sátrapa marroquí, como aclaraba un vocero español en estos días, no sólo desangra al pueblo saharaui, también al marroquí. “No a la inquisición en Marruecos” denunciaban 150 intelectuales marroquíes en un pasado manifiesto la vulneración de los más elementales derechos humanos: ex ministros socialistas como Mohamed el Gash, escritores como Tahar Benjelloun o Abdellatif Laabi, académicos como Mohamed Chafik, feministas como Foucia Assouli o nacionalistas como Laarbi Messari.

Es verdad que hay amores que matan pero también es cierto que hay crímenes que unen.

Koldo Campos Sagaseta

Fuente: Cronopiando


31 octubre 2010

Cronopiando: Europa no recibe


Humor gráfico: Noke


¡Qué extraña y triste mueca la de esa Europa sin memoria, la de ese común conglomerado de poses y apetitos, hoy empeñada en desandar su historia, en negarse hasta la náusea en aquella virtud en la que, si aún fuera generosa, debería asentar su razón y su respeto, cuando los horizontes se echaban a la espalda y la punta de la bota era el camino!

¡Que amargo y vano olvido el de esa Europa que, así fuera el hambre que empujara la mano o la ambición que sostuviera el puño, rompió amarras un día y puso rumbo al sur, siguió el curso del sol hasta encontrarse de nuevo con la noche mientras fundaba el este y el oeste, y ya hastiada de andar, señora a veces, casi siempre golfa, ha terminado anclando espantos y miserias en el mismo corazón de su virtud!

¡Qué sórdida palabra que no dice, que abrazo que no une, que beso que no besa!

Bien temprano hubo ingleses surcando las aguas del Caribe, en un trasiego armado de alborotos, acarreando esclavos y devengando haciendas, honrando piratas como corsarios devenidos en sires, desde el lago Ontario hasta la Patagonia, a lomos de elefantes en la India, de la mano del opio en el mar de la China, en las antiguas Egipto y Palestina, en los llanos de Australia, en el Africa austral, en la vecina Irlanda.

Eran franceses los que entraron en Quebec, pisaron Martinica, durmieron en Haití y despertaron en Guyana, los que hablaron francés en Mauritania y fumaron hachís en Marrakech, los mismos que llegaron a Argelia y acamparon en Chad, Costa de Marfil, Túnez, Senegal, Madagascar… y volvieron a amar en Indochina y a quienes todavía maldicen en Vietnam. Ni siquiera para defenderse les bastó la Polinesia, y aún se empeñan en seguir viendo franceses cuando miran a un corso, a un vasco o a un bretón.

Y fueron españoles los que hicieron Primada a La Española, ascendieron al Cuzco, cuando América valía un Potosí, bajaron a Santiago, nominaron Caracas, La Habana, Buenos Aires, recorrieron Centroamérica y Colombia, a vueltas por las dunas del Sahara, de Nápoles a Flandes, hasta las Filipinas, en un imperio en el que no se ponía el sol, e insisten en contar como españoles a gallegos, catalanes y vascos.

Y también portugueses deambulando el negro meridiano, de gira por Angola, de Madagascar a Mozambique, de Mindanao a Singapur, de Sao Paulo al Amazonas. Y holandeses a bordo de reales empresas surcando ajenos mares desde las Antillas hasta Sudáfrica, pasando por Formosa, Malasia o Indonesia. Y belgas que hicieron belga al Congo. Alemanes en Ruanda, Namibia, Tanzania, Camerún, Burundi, Togo…Italianos en Libia, Somalia, Eritrea… Y rusos, suecos, europeos…

Hasta que no quedó una sola costura en el mundo que no padeciera el despojo europeo, nada en ese bautizado “tercer mundo” que conservara su propia identidad; hasta que, como escribiera Neruda, “los garrotazos fueron argumentos tan poderosos que los indios vivos se convirtieron en cristianos muertos”. Porque Europa tenía que trazar nuevas rutas comerciales para sus productos y expandir sus mercados y multiplicar sus beneficios; porque Europa tenía que “hacer las Américas” e imponer sus lenguas y culturas, y convertir sus expolios en moneda de cambio, y trazar nuevas fronteras y saquear viejos recursos, no importa el exterminio, la segregación, la esclavitud, la miseria que todavía perdura y reclama justicia.

Pero esa Europa que nunca supo de puntos y de comas, que ha marcado su acento en todos los idiomas, la pertinaz viajera, la que avistó los polos y coronó todas las cumbres, la misma que anda a vueltas, también, por el espacio…esa Europa, hoy no recibe, hoy no quiere que nadie la perturbe y reitera la vieja cantaleta: más muros, más candados, más rejas. Hoy Europa no quiere emigrantes.

Koldo Campos Sagaseta

Fuente: Cronopiando


23 octubre 2010

Cronopiando: La confesión




No creo en la otra vida, pero si algún día me desdigo y termino aceptando la certeza de una eternidad para la que hoy no me basta la fe, será porque piense que vidas tan generosamente entregadas a las mejores causas de los seres humanos, como la del padre jesuita y dominicano Regino Martínez, detenido ayer (17 de octubre) en Estados Unidos, no tendrían sentido sin esa prolongación de la existencia donde se vean cumplidos los mejores sueños y anhelos de todos, porque algo así debe ser la otra vida.

No creo en la Iglesia, pero si algún día me arrepiento de tanta agnóstica ignorancia, y acabo agradeciendo esa divina referencia en la que todos los seres humanos sean por fin iguales, será porque termine, finalmente, apreciando que ejemplos como el que brinda el padre Regino, preso por “razones de Estado”, supieron transformar el más empobrecido infierno de este mundo en la más hermosa y humana fiesta de la solidaridad, porque algo así debe ser la Iglesia.

No creo en Dios, pero si algún día reconduzco la incredulidad que hoy manifiesto y termino convirtiéndome en otra oveja más de su rebaño, será porque me confirmen su existencia vidas tan generosas y honestas como las del padre Regino, el padre Rogelio, Patxi Larrainzar, Jesús Lezaun, Arnulfo Romero, Gaspar García Laviana, Ellacuría, Casaldáliga, Helder Cámara, L.Boff, Ernesto Cardenal y tantos sanadores de almas que han predicado el amor allá donde más se hace preciso su arraigo, que han sacrificado cualquier aspiración personal y mundana en el fraterno abrazo solidario con aquellos más desprotegidos y necesitados, porque algo así debe ser Dios.

Ayer era detenido en el aeropuerto de Miami el padre Regino Martínez quien, con su documentación en regla y su correspondiente visado, se disponía a viajar a Nueva York donde participaría en una conferencia de su orden religiosa.

Para quien no lo conozca, el padre Regino Martínez tiene una larga vida, parte de la cual ha pasado en Dajabón, en la frontera haitiano-dominicana, dedicada a defender los derechos humanos, la verdad y la justicia. Y es, también, uno de esos dominicanos cuya existencia nos ayuda a los demás a preservar la fe en el futuro del país. Un ser humano íntegro y honesto, excepcional.

Desde aquí mi abrazo, el de Urrategi, mi esposa, y el de todos los seres humanos a los que su ejemplo nos ayuda a vivir.

Koldo Campos Sagaseta

Fuente: Cronopiando


14 octubre 2010

Un impune crimen entre España y Venezuela




Me referí al caso en marzo de este año, cuando el juez Eloy Velasco develó una conjura internacional extraída, no podía ser menos, del ordenador de Raúl Reyes, para atentar contra el entonces presidente colombiano Uribe, el ex presidente Pastrana y algunos ex presidentes más. La novelesca trama implicaba a las FARC y ETA, y se estaba a la espera de que nuevos datos aportados por el mismo ordenador, implicaran también a Al Qaeda y Fu-Man-Chú. La patraña, cumplida su misión de enturbiar los sentidos, pasó a mejor vida.

Siete meses después, sin embargo, ha vuelto ese inagotable ordenador y la pericia policial española a demostrar, tras uno de esos hábiles interrogatorios que le acaba de suponer una condena y multa del Tribunal Europeo de Derechos Humanos por amparar la tortura, que los comandos de la ETA se entrenan en Venezuela y que Cubillas, un alto funcionario venezolano de origen vasco, organiza los cursos de adiestramiento y hasta los postgrados.

Por ello es quizás el momento, ahora que la justicia venezolana parece dispuesta, a petición de Cubillas, a investigar a fondo el caso, que se investigue también el doble asesinato de Joaquín Alonso Echeverría, de 31 años, y de su esposa Esperanza Arana López, de 39, ambos de Eibar y residentes en Venezuela desde 1976. Joaquín Alonso presidía un comité de ayuda a presos vascos. La pareja fue ametrallada en el apartamento en el que vivían, en noviembre de 1980, siendo Herrera Campins presidente de Venezuela y Adolfo Suárez presidente español.

Todos los indicios apuntaban al terrorismo de Estado que para ese tiempo decía llamarse “Batallón Vasco-español” y que muy pronto mudaría su apellido por los “Grupos Armados de Liberación” (GAL).

Treinta años después, nadie ha sido detenido ni llevado a la justicia por el asesinato de Echeverría y Arana. Y quizás este sea un buen momento para que la fiscalía venezolana o la propia Audiencia Nacional española revisen el caso que, al fin y al cabo, no estamos hablando de ninguna pésima película de ciencia-ficción, sino de un crimen de Estado, tan real como impune.

Koldo Campos Sagaseta

Fuente: Cronopiando


26 setiembre 2010

Cronopiando: ¿Alguien tiene las respuestas?




¿Por qué las armas nucleares que Irán no tiene son más peligrosas que las armas nucleares que Israel acumula?

¿Por qué las penas de muerte que la justicia de Irán suspende son más lamentables que las penas de muerte que la justicia de Estados Unidos ejecuta?

¿Por qué es terrorismo tirar una bomba en una calle y no lo es tirar diez mil bombas sobre una ciudad?

¿Por qué los daños colaterales tienen muñones?

¿Es el fósforo blanco menos perjudicial para un palestino que para un israelí?

¿Por qué hacer estallar en pleno vuelo un avión estadounidense es terrorismo y hacer lo mismo con un avión cubano es disidencia?

¿Por qué Milosevic se suicidó en la cárcel y Aznar se dedica a impartir conferencias?

¿Qué principio democrático es el que hace posible que en las Naciones Unidas 5 votos valgan más que 192?

¿Por qué se habla más del muro de Berlín que ya no existe, que del muro israelí en Palestina que se sigue levantando?

Si es verdad que el fin no justifica los medios, ¿por qué acabar con Sadam requería arrasar Irak y derrotar a los talibanes exige destruir Afganistán?

Si es verdad que el fin justifica los medios, ¿qué se puede reprochar entonces a Ben Laden o a Al Qaeda?

Si al margen de razón y derecho, un demente desata la guerra porque, a su criterio, el mundo es un mejor lugar sin su enemigo, ¿por qué condenar a su enemigo cuando, al margen de razón y derecho, piense que el mundo es un mejor lugar sin el demente?

¿Por qué es noticia la muerte en Cuba de un preso en huelga de hambre y no lo es la muerte de 9 mil niños de hambre todos los días en el mundo?

Koldo Campos Sagaseta

Fuente: Cronopiando


24 setiembre 2010

Cronopiando: Un payaso candidato (Dedicado a Coluche)




Un payaso, de nombre Tiririca, está conmocionando Brasil no sólo por presentarse como candidato a diputado por el estado de Sao Paulo, sino porque, según las encuestas, además de ganar el cargo podría convertirse en el más votado de Brasil.
Candidato del Partido de la República, Tiririca resume su programa político en un esclarecedor párrafo: “Hola, estoy aquí para pedir tu voto porque quiero ser diputado federal para ayudar a los más necesitados, incluida mi familia. ¿A qué se dedica un diputado federal? En verdad no lo sé, pero vótame y te cuento. Vota a Tiririca porque las cosas no van a empeorar más”.

Y temo que no va a faltar quien pretenda ver en semejante noticia resabios del realismo mágico que se le supone a Latinoamérica y al tercer mundo.

Cierto que con frecuencia se habla de que en Latinoamérica ni siquiera la ficción supera a la realidad. Desde que García Márquez descubriera Macondo, a la crónica diaria latinoamericana nunca le han faltado los Aurelianos, las Rebecas, los Milquíades, las Ursulas...

Bastaría tomar algunos titulares de los periódicos latinoamericanos para confirmar hasta qué punto ni la imaginación más fértil es capaz de improvisar mejores disparates que la cotidiana crónica criolla de cualquier república carnívora o bananera. O repasar la nómina de la mayoría de los congresos latinoamericanos para concluir que sus escaños, por saturados, ya no es posible admitan un payaso más.

El llamado primer mundo siempre ha observado con sorna un alegado subdesarrollo que se describe inevitable, irremediablemente ligado a la biológica condición nativa y cuya razón de ser nada tiene que ver con las leyes que rigen el mundo y sus mercados, sino con una divina idiosincrasia que condena al tercer mundo a reiterar Macondo todos los días del año.

Al otro lado de las fronteras del común esperpento latinoamericano queda la sociedad, el mundo culto, el orden y el progreso, la civilización, la ilustrada referencia que nunca Latinoamérica acaba de apreciar o agradecer.

Y lo peor es que nos lo creemos. De ahí la mofa cuando nos enteramos de que Tiririca puede sumar más de un millón de votos a su empeño de convertirse en diputado brasileño.

Pero ni es la primera vez ni es el primer payaso. Y bien lo saben en Estados Unidos y en Europa que, además de contar con el más amplio surtido de grotescos mamarrachos al frente de sus gobiernos, se esmeran en imponer en el resto del mundo los espantajos de los que, después, hacer mofa.

El actual gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, ganó la plaza hace ya unos cuantos años en reñida competencia con un enano de un circo, un luchador de sumo, un editor de revistas pornográficas y una actriz de cine X.

Sin ir más lejos, leía también en estos días, que si Belén Estevan, triste adefesio de la farándula española, formara un grupo político y se presentara a las elecciones, a no dudar conseguiría representación parlamentaria.

Otros payasos, sólo que a diferencia de Tiririca, con más “belinas” en sus fiestas y más tacón en sus zapatos, pero sin gracia, oficio, ni talento alguno ni para el circo ni para el gobierno, son actualmente presidentes de países europeos y han llegado también a la Casa Blanca para decidir qué países intervienen y en nombre de qué pretextos; cuántos soldados en misión humanitaria desplegarán por el salvaje mundo; cuántas humanitarias bombas redimirán el atraso de los pueblos; a qué infelices visarán su arribo al paraíso y qué otros infelices deberán ser deportados en masa.

Koldo Campos Sagaseta

Fuente: Cronopiando


16 junio 2010

Cronopiando: Entre el Mundial de Fútbol y la vida


Ilustración: Kalvellido


El juego es una de las actividades que, desde niños, más nos ayuda a entender la necesidad de establecer y respetar normas. De hecho, todo juego colectivo, la mayoría lo son, perdería su esencia si no estuviera sujeto a reglas y si los jugadores no las respetáramos.

Así sean juegos de mesa o de calle, no importa que sean conocidos o los improvisemos, para dar inicio al juego el primer paso consiste en establecer y aceptar las pautas por las que debe regirse. Obviamente, esas reglas tienen que ser las mismas para todos. Nadie aceptaría jugando al parchís que uno de los jugadores, dependiendo de lo que le convenga, cuente de más o de menos, o que pretenda tirar dos veces el dado en atención, por ejemplo, a que es el dueño del tablero.

El fútbol, uno de los deportes en los que más pesa el factor colectivo, también está sujeto a reglas. Cuando niños, antes de dar inicio al partido en la calle o en la escuela, los dos jugadores más cotizados se encargaban, tras escrupuloso sorteo, de ir eligiendo alternativamente a los componentes de los dos equipos hasta que en igualdad de condiciones comenzaba a rodar la pelota.

Como niños exigíamos que el juego dispusiera de normas, y hasta en nuestro modesto partido de fútbol, a pesar de no disponer de árbitro que decidiera qué era y no era falta, discusiones al margen, el juego transcurría sujeto al respeto que debíamos a esas reglas establecidas y que buscaban la mayor equidad posible.

Nadie hubiera consentido que una de las porterías fuera más grande que la otra o que un equipo contara con más jugadores que el rival. Si alguien hubiera pretendido entonces jugar al fútbol en esas condiciones, sin normas generales de común y obligado cumplimiento, no habría habido juego.

Curiosamente, lo que como niños nos resultara inaceptable, lo que como niños nunca permitíamos, como adultos, más tarde, hemos ido olvidando o disculpando, y ya no sólo en relación al juego.

¿Se imaginan, por ejemplo, que el equipo palestino en un mundial de fútbol le marcara un gol inobjetable a Israel y el gol no subiera al marcador porque un hipotético Consejo de Seguridad del Arbitraje lo vetara? ¿Imaginan que en cada partido, anexo al campo, tuviéramos sentados a los 5 representantes del Consejo de Seguridad del Arbitraje con derecho a vetar cualquier resolución que terminara en gol si éste les afectara?

Ningún niño aceptaría jugar un partido en esas condiciones.

De más está recordar cuantos millones de adultos ciudadanos en absoluto cuestionan que el organismo que en Naciones Unidas se ocupa de mantener “la paz y la seguridad de los países” compuesto por cinco naciones permanentes: Estados Unidos, Francia, Reino Unido, China y Rusia, pueda usar el veto en contra, incluso, del sentir general de la humanidad. No hay más que repasar las últimas votaciones de ese organismo con respecto al bloqueo a Cuba. En patética demostración de hasta qué punto derecho y justicia se han hecho adultas, Estados Unidos, Israel y las islas Marshall pesan más que el resto de las naciones del planeta.

¿Alguien concebiría que en un partido de fútbol una decisión arbitral quedara sin castigo? ¿Es posible imaginar un partido en el que el árbitro le sacara la tarjeta roja a un jugador y éste, haciendo caso omiso de la decisión arbitral, siguiera jugando como si nada y hasta reiterando las faltas por las que fuera expulsado?

Ningún niño aceptaría, dado el caso, que el partido pudiera continuar mientras no saliera del terreno de juego el sancionado.

Tampoco hace falta recordar cuantos estados han preferido mirar para otro lado ante el centenar de resoluciones y condenas que Israel acumula en su larga trayectoria al margen de la ley y el derecho.

¿Es admisible figurarse un partido de fútbol en el que un equipo, a diferencia de los demás, no esté sujeto a ser penalizado por el árbitro? ¿Es imaginable suponer que en un mundial, los jugadores de los Estados Unidos gozaran del privilegio de no ser sancionados con tarjetas amarillas o rojas no importa cuantas piernas y cabezas rompieran?

Ningún niño toleraría semejante desacato. Sin embargo, eso que llaman comunidad internacional acepta que ningún militar estadounidense pueda ser traducido por crímenes de guerra ante una Corte Penal Internacional que sí puede juzgar serbios, africanos o jugadores de equipos del tercer mundo, pero no de los Estados Unidos.

Tampoco es comprensible para la lógica de un niño que el entrenador del equipo contrario sancione o elimine a su rival en el entendido de que sus jugadores se aprestan a dar patadas, o de que dispongan de un masivo arsenal de artimañas para causar estragos antideportivos en los jugadores contrarios. En primer lugar porque ese entrenador no tendría autoridad para hacerlo, y en segundo lugar porque mientras no se produjera la falta no cabría la sanción. Resultaría inadmisible que en un mundial de fútbol, un árbitro castigara a un equipo con un penalti preventivo o les señalara faltas de rutina.

La dialéctica adulta sí concibe tales dislates. Por ello es que sobre Iraq, Afganistán y otros países ocupados, sometidos a guerras preventivas, se llevan a cabo bombardeos de rutina o se invaden pretextando armas inexistentes. Por ello es que resultan más peligrosas las armas nucleares que Irán no tiene que los arsenales nucleares de los que Israel dispone.

Impensable sería que en un mundial de fútbol fuese el entrenador de un equipo el que, por propia decisión, se ocupara de realizar los exámenes antidoping a los jugadores de los equipos contrarios, extendiendo certificaciones según su parecer, y hasta sancionando a conveniencia supuestos positivos.

Pero otra vez semejante desatino traspasa las fronteras del juego para hacerse mayor. Así es que Estados Unidos, el país que más drogas consume y demanda, y en donde, al parecer, nunca ha existido un solo cartel del narcotráfico, se atribuye el derecho de homologar qué países cumplen sus disposiciones al respecto y cuales, Panamá por ejemplo, pueden ser bombardeados e invadidos. El que en plena era de Ronald Reagan y Oliver North, Estados Unidos traficara con cocaína y con armas, a espaldas de su propio Congreso, para asfixiar la revolución popular sandinista, todavía espera su imposible sanción.

Figurarse que en un mundial de fútbol ciertas selecciones que ganado su derecho a participar no puedan hacerlo por no haber la Federación Internacional validado su propia acreditación, también parecería inconcebible. En el peor de los casos, esa federación ya habría sido destituida por inoperante, por inepta o por ambas razones. Se le habría acusado de atentar contra el espíritu olímpico y habría sido disuelta de inmediato.

Pero lo que en el juego parece evidente en la vida no lo es. Países como Palestina o la República Árabe Saharaui tienen largas decenas de años esperando el permiso para saltar al campo y Naciones Unidas todavía les sigue reclamando más tiempo y más paciencia.

Y ello para no hablar de la posibilidad de que ciertos equipos fueran bloqueados, confinados dentro de su área, impedidos de salir de ella, de elegir sus propios capitanes, de poder hacer cambios; o de que se autorizara para algunos jugadores la sanción de la bolsa en la cabeza o la picana; o de que pudieran desaparecerse jugadores contarios o disparar impunemente contra los aficionados que desde las gradas animen a los equipos del eje del mal.

El campeonato del mundo de fútbol es, sin duda, un buen escenario para entender hasta qué punto la vida carece de normas, de reglas básicas que no desvirtúen los resultados.

Pero frente a aquella indignación infantil que no habría tolerado el irrespeto, se impone la madura indiferencia de quienes aceptan que podamos jugar con normas pero vivir sin ellas.

Koldo Campos Sagaseta

Fuente: Rebelión


12 junio 2010

Cronopiando: O abrimos los ojos o nos cierran la boca




Es verdad que el terrorismo de Estado siempre ha disfrutado del indispensable amparo legal que garantice su impunidad y, en consecuencia, su reiterada constancia; que los convenios y leyes internacionales en materia de derechos humanos, dependiendo de quienes las dispongan y a quienes las apliquen, tanto pueden ser un palpable compromiso como otro ejercicio de espumosa retórica; y que no hay concepto que por ético se tenga al que no se haya aderezado su virtud con los imprescindibles acápites que lo desvirtúen.

También es verdad que no es la plusvalía una ingeniosa innovación recién parida, ni que la explotación del ser humano valga como primicia en cualquier medio.

Y no deja de ser cierto que el deterioro ambiental, en la misma medida que han aumentado sus causas, sigue agravando sus efectos hasta el punto de empezar a tornarse irreversible.

Lo que establece la diferencia entre el pasado y estos días, lo que aporta un sesgo particular al momento que vive la humanidad y que tal vez nunca se había manifestado antes con tanta crudeza, es el descaro con que se expresan los responsables de este general naufragio, es la desfachatez con que enarbolan sus espurios intereses, la desvergüenza con que nos muestran sus arteras intenciones.

Ya ni siquiera se molestan en apelar al disimulo, en encubrir sus viles ambiciones, en procurarse coartadas que los pongan a salvo del general repudio. Acaso porque hayan agotado todos los subterfugios y pretextos, o porque nunca antes los valedores de este inhumano orden y criminal mercado habían disfrutado de tanta impunidad, ya ni guardar el disimulo les importa.

Que un estado como el israelí actúe con el cinismo y la desfachatez con que lo hace actualmente ese estado ante la indiferencia internacional; que su embajador en Madrid compare despectivamente los cooperantes asesinados a bordo de esos barcos cargados de ayuda humanitaria con los muertos en accidentes de tráfico; que se permita ese gobierno terrorista llamar terroristas a quienes transportaban esa ayuda para una Gaza bloqueada en contra de cualquier razón o derecho; que se permita, incluso, ese mismo gobierno, investigar y absolver su propio crimen, es algo en verdad inaudito. Y lo es, no obstante la dilatada e inconcebible historia de desplantes que acumula Israel.

Que un empresario como Díaz Ferrán, en lugar de estar preso por estafador, sea reafirmado como presidente de los empresarios españoles y asuma, incluso, responsabilidades de Estado impensables en delincuente de semejante catadura, no se había visto nunca. Y ello, a pesar de la dura competencia que en tan triste desempeño ha tenido en el pasado.

Que una caterva de políticos, de asaltantes del erario público, tan numerosa como desalmada, siga todavía haciendo mofa de sus causas pendientes y alardeando públicamente de su insoportable impunidad, no tiene parangón en la historia. Y eso que la historia ya los ha visto antes.

Que gobernantes que, en relación a la mentada crisis, no tengan empacho alguno en exonerar de culpas a los trabajadores a los que, al mismo tiempo, cargan con sus consecuencias, tampoco es algo que haya sido tan habitual. Al menos, no con el descaro con que actualmente lo hacen.

Resulta intolerable que desechos humanos como Berlusconi, por poner un ejemplo, sigan dirigiendo los destinos de Europa; que criminales de guerra como Aznar, Blair, Bush o Solana, por citar algunos casos, no hayan sido encausados; que Felipe González dirija un pretendido comité de sabios europeos. Increíble que al presidente más belicoso del mundo se le entregue el Nobel de la Paz y aproveche hasta su discurso de investidura para hacer apología de la guerra; que las armas nucleares que Irán no tiene resulten más peligrosas que las que Israel acumula. Insólito que la más pecadora iglesia determine el valor de la virtud; que los mismos medios de comunicación que se conmueven hasta el paroxismo por la muerte en Cuba de un preso en huelga de hambre, muestren su absoluta indolencia ante los miles de presos palestinos en huelga de hambre o los nueve mil niños que todos los días mueren de hambre en el mundo, por cierto, ninguno en Cuba. Impensable que se alargue la edad de jubilación y se pretenda llevar la jornada laboral a 65 imposibles horas; que se autorice el despido libre, que se quieran negar a decretazos siglos de lucha y de conquistas sociales; que los crímenes que se amparan en los supuestos “accidentes laborales” sigan multiplicándose sin que nadie pague; que se autorice el robo a los pensionistas; que el ejercicio de la democracia se haya convertido en un fraudulento circo en el que, entre excluidos y abstencionistas, no participa ni la mitad de los llamados a las urnas; que con dinero público se sostenga a los bancos para que éstos puedan seguir extorsionando a los mismos con cuyos recursos se alimenta su voracidad…

Es esa insolencia, ese descaro, esa descarnada desvergüenza con que actúan los responsables de haber llevado al mundo a esta debacle moral y económica, lo que convierte la crónica más vieja y alevosa en una nueva canallada, casi recién pintada.

Koldo Campos Sagaseta

Fuente: Rebelión