Foto: EFEHay pánico a que cunda el ejemplo. Que el Gobierno haya decretado el Estado de Alarma es la mejor prueba de ello. Nunca se había decretado este estado dentro de la actual presunta democracia, ni en los peores tiempos de ETA, ni en el 11M, ni nunca; lo acaban de estrenar para lo que realmente temen de verdad: una movilización.
Aquí lo que les importa de verdad no es que los controladores aéreos sean o no unos «privilegiados». Lo que les jode es que están unidos. Cada vez que hacen una movilización de las suyas, con bajas falsas o huelga correctamente convocada o a la japonesa o como sea, se juegan su puesto de trabajo. La gente dice «¡que los despidan!». Pues sí señor, que los despidan, pero los tendrán que despedir a todos o casi todos, porque están unidos. Claro... no se puede despedir a todos de un día para otro porque habría gravísimos perjuicios para lo que ellos llaman «el país». Los mismos perjuicios que sufriría cualquier empresa si de un día para otro despidiera a toda su plantilla. Por eso su miedo auténtico es que dentro de este contexto de crisis pudiera cundir el ejemplo de los controladores, sobre todo si la crisis no hubiera hecho más que empezar. Que alguno piense que si el «método controlador» o el «método piloto» funciona contra los grandes también funcionaria el «método camionero» contra los menos grandes.
¿Qué pasaría si mañana se pusieran de baja o no trabajaran porque no les saliera de los güitos TODOS los camioneros de España? ¿Y los limpiadores? ¿Y los conductores de autobuses? ¿Y los dependientes del comercio? ¿Y los profesores? ¿Y los médicos? ¿Y los vigilantes y guardas jurados? ¿Y los informáticos? ¿Y los electricistas? Todos ellos realizan funciones de las que dependen servicios esenciales. ¿Tienen privilegios intolerables? ¿Los militarizarían también? ¿Sería sedición? ¿Pondrían a un Coronel en cada Corte Inglés? ¿Qué pasaría si los movilizados estuvieran unidos como los controladores? ¿Los pueden despedir a todos? Eso es lo que de verdad quieren impedir empezando por los controladores. Que todo siga más o menos como está es el único y verdadero objetivo esencial que están persiguiendo en esta crisis. No hay que mirar el dedo, sino la Luna a la que señala. No hay que ver los árboles, sino el bosque.
Foto: EFELa única forma que han tenido de vencer, de momento, a los controladores ha sido la militarización, es decir la amenaza directa con penas de prisión. Como en los buenos tiempos. ¿No se supone que trabajar en España es libre? ¿No se supone que si no trabajas te despiden y ya está? ¿No se les llena la boca cada día con aquello de que la puerta está ahí? ¿Es que va a ser obligatorio trabajar en España bajo sus condiciones? ¿Va a estar prohibido sacar el dinero del banco, como ya pasó en el corralito de Argentina? ¿Hasta dónde van a llegar? Que nadie dude que van a llegar hasta donde haga falta. ¿Exagerado? Hace 48 horas parecía una película de Harrison Ford que el Gobierno militarizara los aeropuertos y que en España se volviera a hablar de delito de sedición; ojo, presuntamente cometido no por militares ni policías... sino por trabajadores.
¿Tienen razón los controladores en sus reivindicaciones y en sus métodos? Qué más da. Eso no es lo importante. Hay que ver más allá y darse cuenta de durante los próximos meses nos vamos a jugar cosas mucho más importantes y ésta movilización actual está siendo muy significativa respecto a contra quién se está jugando realmente y hasta dónde están dispuestos a llegar. Por cierto que de las razones de la movilización de los controladores no se habla en los medios, no sea que más de uno piense que a lo mejor tienen razón. No sea que más de uno piense, en líneas generales. Eso sí, se dice que el partido del Barça lo han tenido que cambiar de fecha. Eso es muchísimo más importante. De hecho, cada vez que se habla de una huelga en los medios jamás se explican las razones de la misma y no siempre son huelgas de «privilegiados» sino que también se silencian los motivos de las huelgas de los servicios municipales de limpieza o de los conductores del Metro.
¿Cuándo es «salvaje» una huelga o movilización? ¿Cuando jode de verdad y puede funcionar? Por lo visto hay que movilizarse sin molestar al patrón ni a los clientes ni a los proveedores. Movilicémonos repartiendo besos en la boca o tocando el pito durante 15 minutos en la puerta de la sede patronal más próxima. Cuando se haya ido el periodista que hace la foto, nos vamos. Eso es una movilización civilizada.
Foto: PDMPor supuesto se utiliza el antiguo y bien conocido truco de azuzar a unos trabajadores contra otros. Hoy eran miles los declaraciones de afectados por las suspensiones de vuelos. Cualquiera que se haya intentado meter en actividades sindicales dentro de una gran empresa habrá pasado por la experiencia de que los «jefes» empiecen a decir a la plantilla que por culpa de los sindicalistas va a haber despidos. De hecho, a la mayor parte de los trabajadores ni siquiera hace falta decirles nada. Si huelen sindicalismo del bueno reaccionan en contra inmediatamente. Pues esto es lo mismo, pero dentro de una gran empresa que se llama España en la que casi todos trabajan pero sólo unos pocos se llevan los dividendos.
Es gracioso oír hablar de los «intolerables privilegios» de los controladores. ¿Cómo que intolerables? ¿Esos privilegios no están en alguna normativa que alguien ha firmado? ¿Hay leyes o convenios vigentes intolerables? ¿Por qué son intolerables los sueldos de los controladores pero no lo son los sueldos de muchos banqueros, cargos políticos y dirigentes de grandes empresas, que son muy superiores en muchísimos casos?
Fuente: Laboro
Comunicado de prensaCon ocasión de la conferencia sobre la reconstrucción de Haití en Montreal y el Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores de la UE hoy en Bruselas, cientos de redes y organizaciones sociales internacionales censuran la intervención militar de EEUU y demandan la cancelación de la deuda externa del país caribeño.
Ante la Conferencia de Donantes para Haití, cientos de organizaciones y movimientos sociales sociales del mundo muestran su preocupación, sobre la base del contacto permanente y consulta con sus contrapartes en Haití, que “la respuesta internacional no sea coordinada sobre la base del respeto por la soberanía y en pleno acuerdo con las necesidades y demandas del pueblo haitiano”.
En una carta dirigida a los gobiernos participantes en la cumbre de Montreal exponen que “los gobiernos que componen la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH), revisen las equivocadas políticas que han implementado en Haití”. La condición de vulnerabilidad del país a los desastres naturales no está desligada de estos países, que históricamente socavaron la soberanía del pueblo haitiano. “Así se generó una deuda histórica, social, ambiental y cultural en la cual estos países e instituciones multilaterales tuvieron una gran cuota de responsabilidad, por lo que se debe repararse esas deudas”, enfatiza la carta.
Los firmantes de la misiva, que cuenta con la firma del Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, entre otras, rechazan la militarización del país como una “falsa respuesta al reciente desastre y a la medida unilateral de Estados Unidos de enviar más de 20.000 soldados a resguardar sus intereses económicos y geopolíticos”. “La ocupación de las tropas en los últimos seis años, mediante la MINUSTAH, no contribuyó efectivamente a la estabilización ni a la provisión de infraestructura y bienes públicos, y nada indica que el mantenimiento de estas políticas sea efectivo de aquí en adelante”, explica Iolanda Fresnillo de la campaña ¿Quién debe a quién?.
La campaña por la abolición de la Deuda Externa ¿Quién debe a quién?, uno de los promotores de la carta, exige “la anulación inmediata e incondicional de la deuda externa reclamada a Haití, cuyo pago afecta millones de vidas humanas”. Igualmente, reclama que “los recursos destinados para el auxilio y la reconstrucción no generen nuevo endeudamiento, ni que sean impuestas condicionalidades o cualquier otra forma de imposición externa que desvirtúe ese objetivo”, como es práctica de las Instituciones Financieras Internacionales, como el Banco Mundial, el BID o el FMI y los llamados "países donantes”. Asimismo rechazamos que las empresas multinacionales aprovechen esta tragedia para encarar multimillonarios negocios mediante la reconstrucción del país, como sucedió en Irak, o explotar la mano de obra barata y aprovecharse de los recursos naturales”, añade Edith Pérez Alonso, también miembro de ¿Quién debe a quién?.
El comunicado internacional termina diciendo que “la sociedad haitiana, sus organizaciones, movimientos sociales y representantes democráticos deben ser los protagonistas en el esfuerzo internacional de reconstruir su país”. “El pueblo haitiano se ha levantado en tantas ocasiones a partir de su propia voluntad, y por lo tanto cualquier cooperación sólo puede ser efectiva si cuenta con la plena participación de la población”.
Más información:Iolanda Fresnillo,
iolanda.fresnillo@odg.cat, +34 678 29 69 79
Edith Pérez Alonso,
paz@ecologistasenaccion.org, +34 647 86 43 09
Fuente: Quién debe a Quién
Humor Gráfico: GiménezLa OTAN configura la principal de las avanzadas militares perfilada por los países ricos. Como tal, constituye el brazo armado de un proceso nada edificante –la globalización capitalista.Carlos Taibo*Que la OTAN precise celebrar a bombo y platillo el sexagésimo aniversario de su fundación parece, por sí solo, señal de mala salud. Y eso que, y al menos entre nosotros, las disputas que antaño provocó la Alianza Atlántica han bajado, injustificadamente, muchos enteros. Así lo testimonia, sin ir más lejos, la apreciación que hizo suya, semanas atrás, una de las tertulianas de turno, firmemente convencida de que la presencia de militares españoles en Afganistán quedaba suficientemente fundamentada por el paraguas que ofrecía la OTAN, una instancia al parecer impoluta y de siempre entregada al respeto de la legalidad internacional y de los derechos humanos…
Es urgente, sin embargo, reabrir la discusión sobre lo que hoy significa la Alianza Atlántica. Lo primero que conviene recordar al respecto es que la OTAN configura la principal de las avanzadas militares perfilada por los países ricos. Como tal, y si así se quiere, constituye el brazo armado de un proceso nada edificante –la globalización capitalista–, y contribuye poderosamente a asentar en el Norte opulento una genuina y orgullosa fortaleza. Por su singularidad guerrera –carece de competidores–, la Alianza tiene tanto peso como el que corresponde en conjunto al Fondo Monetario, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio. Por cierto que, si todas estas instancias han escapado llamativamente al control de la onU, obligado parece subrayar que la OTAN ha desempeñado papeles decisivos a la hora de desacreditar, también, a la máxima organización planetaria: en 1999, al cumplir medio siglo, la Alianza dejó claro que en adelante sus acciones no tendrían por qué depender de una resolución específica del Consejo de Seguridad, en lo que se antojaba un torpedo en la línea de flotación de un Derecho Internacional laboriosamente gestado durante decenios.
En un sentido próximo, la OTAN es una organización claramente supeditada al dictado que impone la Casa Blanca. Aun siendo cierto que algunos miembros de la Alianza han contestado en momentos precisos unas u otras políticas norteamericanas –así lo hicieron, por ejemplo, Francia y Alemania con ocasión de la agresión que EEUU preparaba en Irak en 2003–, la OTAN como tal a duras penas ha servido de cauce para la expresión de tales disensiones. Antes bien, la Alianza ha refrendado puntillo- samente todos los criterios defendidos por Estados Unidos, lo cual no ha sido óbice para que este se sirviese de ella a capricho según las circunstancias. Washington rehuyó la colaboración de la OTAN en el mentado Irak, pero bien que la recabó, en cambio, en Afganistán. Es evidente, de cualquier modo, y en paralelo, que la Alianza ha sido un elemento decisivo a la hora de cancelar cualquier proyecto de independencia del lado de la Unión Europea.
El derrotero reciente de la OTAN se ha visto marcado, en otro terreno, por tres procesos de interés. El primero es una generosa expansión del área de sus acciones militares, no sometida hoy a restricción alguna, y ello por mucho que pueda apreciarse una concentración de intereses en una región, el Oriente Próximo, geoestratégica y geoeconómicamente vital. El segundo lo aporta una activa presión sobre Rusia, encaminada a obstaculizar el renacimiento, en el oriente europeo, de un gigante contestatario; en este sentido, y de nuevo, ningún dato permite afirmar que la Alianza Atlántica ha servido de freno a una creciente agresividad norteamericana plasmada, por ejemplo, en escudos antimisiles y bases militares que apuntalan un proyecto orientado a disputarle a Moscú una atávica zona de influencia. Agreguemos, en suma, que las presiones de la OTAN mucho tienen que ver con el crecimiento del gasto militar en todo el planeta; quienes, hace tres lustros, se atrevían a sugerir que la Alianza era un venturoso estímulo para las conversaciones de control de armamentos han tenido que plegar velas.
No puede faltar en nuestras consideraciones, en fin, el recordatorio de que, rematada la Guerra Fría y necesitada la OTAN de nuevas fuentes de legitimación, al cabo encontró la mayor de estas en el intervencionismo autodenominado humanitario. No hay que ser muy sagaz para concluir que este último responde las más de las veces a la defensa de los intereses de siempre, realizada ahora, bien es cierto, de la mano de procedimientos aparentemente más benignos y notablemente más eficaces. Quien piense, de cualquier modo, que la OTAN siente alguna preocupación por los derechos humanos en algún lugar del planeta haría bien en preguntarse por qué sus soldados no se han desplegado en Gaza y Cisjordania –para exigir la retirada del Ejército israelí–, en el Kurdistán –para reclamar de los militares turcos el respeto de las normas más elementales– o en el Sáhara Occidental –para hacer otro tanto con las fuerzas armadas marroquíes–. El intervencionismo humanitario ha servido para ocultar, por añadidura, lo que ocurría en la trastienda en la forma de un doble y delicado proceso: mientras la OTAN se ha lanzado con denuedo a la identificación –en su caso a la creación– de nuevas amenazas como las que supondrían el terrorismo internacional o las migraciones, por el otro –ya lo señalamos antes– bien que ha procurado, incansable, reflotar algunas de las viejas, y en singular la que acarrearía el gigante ruso.
Chesterton, el escritor inglés, tuvo a bien señalar que el matrimonio es una institución ideal para resolver un sinfín de problemas que no existirían de no existir el propio matrimonio. Si sobran las razones para endosarle a la Alianza Atlántica la frase chestertoniana –tradúzcala el lector–, también sobran para desear que el de estos días sea el último aniversario que la OTAN celebre.
*Carlos Taibo es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid
Fuente: Público