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08 setiembre 2010

Paco Ibáñez llega hoy a Uruguay y canta mañana en el Plaza




Paco Ibáñez, uno de los más grandes referentes de la música española se presentará en concierto mañana a la hora 21.00 en el Cine Teatro Plaza. Un artista comprometido con su época que retorna a nuestro país para calmar la sed de buena música y poesía de los uruguayos.

El cantautor español Paco Ibáñez, quien se presentará mañana en nuestro país se considera a sus 75 años de edad un "repartidor" de poemas y canciones. Ibáñez, que ha puesto música a poemas de los españoles Francisco de Quevedo (1580-1645) o Federico García Lorca (1898-1936), señaló que la poesía "no tiene frontera ni edad" frente a los que "hacen de todo para que a la gente se le hiele el corazón y pierdan sentimientos y solidaridad". "Yo soy un repartidor de quevedos (poemas)", afirmó el intérprete de los poemas "A galopar" (Rafael Alberti) y "Palabras para Julia" (José Agustín Goytisolo)

El músico se presentará mañana en el cine Teatro ha confesado que "cada canción es una vida", lo que le hace afrontar el futuro con optimismo: "El mundo es lo suficientemente inteligente para no quedarse vacío y evitar que esto que hacemos desaparezca", evaluó.

Sin embargo, lamentó la "falta de cultura" de la sociedad española. "A la juventud le están robando su deseo de conocerse a ella misma, su interés por su propia historia y existencia", agregó en otras declaraciones al diario Página/12. Contrastando la década de los año 60 con la actualidad Paco a dicho que "el entorno ha cambiado pero cada vez que leo un poema, me seduce, me inspira una canción, eso sigue igual. En París, a fines de los 60 había más agitación y más vivencias culturales que hoy. Todo eso ha ido decreciendo y ese hueco se ha cubierto con el fútbol, las discotecas, el pseudo-rock y las llamadas noticias del corazón. En lugar de consumir cultura, se consumen esas tonterías".

Con su estilo creativo y provocador, Ibañez ha marcado toda una época musicalizando la obra de grandes poetas como, por ejemplo, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pablo Neruda, Antonio Machado, Miguel Hernández, León Felipe, Jorge Manrique, Góngora y José Agustín Goytisolo, entre otros.




Un artista comprometido con su época que luego de varios años retornará a nuestro país, para ofrecer un concierto en el que se podrán escuchar canciones inolvidables como "Palabras para Julia", "A galopar" y "Andaluces de Jaén", entre otras que conforman una de las mas bellas antologías de la poesía de la lengua castellana -España-Iberoamerica- desde el siglo Xlll hasta la actualidad.

"Lo peor que le puede pasar a una sociedad es perder su identidad, sus valores, su idioma -ha dicho Paco- y eso es lo que está pasando. A la juventud le están robando su deseo de conocerse a ella misma, su interés por su propia historia, por su propia existencia. Así se dejan llevar, como un trencito de esos que pasean a los turistas, y así se van a pasar la vida, sin enterarse de que nacieron, vivieron y se fueron.

Esa falta de cultura es uno de los grandes crímenes que se están cometiendo en el mundo entero. Estamos sometidos a la voluntad de un imperio, el norteamericano. No lo lograrán totalmente, pero nos dejarán bastante destrozados. Por eso hay que resistir, decirles que no. A los norteamericanos y los ingleses, yo les deseo que vivan mil años, pero lejos de mí".

Paco Ibáñez ya es un mito en la canción de lengua española. Desde siempre ha mantenido una larga, cálida y misteriosa relación con América Latina y particularmente con el Uruguay, país del que admira su cultura y su calidez, así como admira a sus colegas, Alfredo Zitarrosa, José Carbajal y Daniel Viglietti.

Fuente: La República


04 setiembre 2010

Paco Ibáñez: “Mis padres son Yupanqui y Brassens, yo estoy en el medio”


Foto: Barrenetxea


El hombre que convirtió en canción la mejor poesía iberoamericana se muestra tal cual es, con sus amores y sus odios. Reivindica a Atahualpa y a las Madres, despotrica contra el dinero y contra los premios. Y hasta se la agarra con el fútbol, “que idiotiza a las masas”.

Hubo una vez un hombre que musicalizó y cantó a García Lorca y a César Vallejo, a Neruda y a José Agustín Goytisolo, a Rafael Alberti y a Luis de Góngora. A León Felipe, Antonio Machado, Nicolás Guillén, Luis Cernuda. Los versos que hasta entonces eran pura poesía se ensancharon en su voz y en su guitarra. Su obra es, de algún modo, parte del patrimonio de las letras castellanas. Y, sin embargo, Paco Ibáñez nunca escribió poesía: sólo alguna que otra canción, ha dicho. Sin ser poeta, fue el responsable de llevarla a tantos, vueltas canción, casi hechas a su medida. Por algo ha habido quienes, como el mismo Neruda, fueron con sus versos a pedirle que los hiciera suyos. O quienes, como Goytisolo o Alberti, han compartido espectáculos con él. Hoy y mañana (3 y 4), el hombre que volvió canción la poesía actuará en Buenos Aires. Este Paco Ibáñez en concierto –a partir de las 21.30, en el Teatro Coliseo, Marcelo T. de Alvear 1125– sellará su quinta visita a la Argentina.

Paco Ibáñez tiene fama de ser un cabrón encantador –fama que irá encontrando anclajes posibles a lo largo de la entrevista– y Buenos Aires lo recibe con un paisaje a su medida: una lluvia persistente. “Es una lluvia hermosa, parece inventada por Raúl González Tuñón”, agradece, y, recién llegado, asegura que ya se siente como en casa. “Aquí es final de invierno y vengo de un final de verano. Es lo único que puedo decir que siento que ha cambiado; por lo demás, me da la impresión de que he salido de casa, he ido a dar un paseo y me encuentro en Buenos Aires. O estoy en una provincia argentina en Barcelona, o en una provincia española dentro de Argentina, no lo sé. Estoy confundido, digamos. Pero de momento sé que estoy en Buenos Aires, no se preocupe.”

En el recuento de amigos que lo esperan en Buenos Aires –o en esta provincia española, da igual–, surge enseguida el recuerdo de su primer concierto en el país, en 1971. “Por ese entonces ni siquiera se habían editado mis discos aquí, y para mí el solo placer de venir era una atracción, después de todo lo que me habían contado sobre Argentina, los amigos que tenía en París. Llegué cargado de ilusión y pensando, bueno, será un teatro pequeño. Y me encontré con que me esperaba el Opera, ¡un teatrón!”, describe de aquella visita. “Cuando salí al escenario fue un estruendo, parecía que se hundía el lugar por el recibimiento que me dieron. Tanto, que me quedé casi ahogado, y siempre cuento que no pude empezar por la primera canción, empecé por la segunda. Fue un concierto inolvidable.”

–En este Paco Ibáñez en concierto habrá tenido que hacer una selección: de sus 150 canciones, inevitablemente la mayoría quedan afuera. ¿Cómo las elige?

–¡Uf, el trabajo que tengo yo con las canciones! Porque ellas quieren estar todas allí, también se han enterado de que vine a Buenos Aires. Siempre ando con las canciones puestas, y eso me trae problemas: que por qué la vas a cantar a ella, que por qué y a mí no... son celosas. ¡Tengo problemas, eh! Con algunas, cuando las quiero sacar: ¡ahora no quiero! Tienen sus caprichos y rabietas, así ando con ellas. Las que están acostumbradas a que las cante más a menudo, ésas están más tranquilas. Pero con las que elijo de vez en cuando... ¡Cuidado! Esas son las que se pelean. Hay unas diez que sé que voy a cantar, son las inevitables. Las demás saldrán sobre la marcha... al boleo.





–¿Cómo fue el mecanismo que lo llevó a tomar la poesía castellana y convertirla en estas canciones? ¿Hubo un detonante?

–Si tomamos el hilo para desenrollarlo y seguirlo, si vamos a la fuente, pues debería decir lo que dijo mi madre cuando hice el Olympia, mientras algunos se apretujaban para entrar y otros quedaban afuera. En medio de aquel lío, mi madre, sentada muy tranquila, dice: “¡Ja, éstos no saben que gracias a mí están aquí!”. En el vientre de mi madre empezó todo, sí.

–¿Cuál fue, concretamente, su influencia?

–Tenía sensibilidad, y a partir de ahí se abren todos los cielos. Esa fue su gran influencia. Mi madre, que era de lo más vasca, de vez en cuando me decía: “Paquito, cántame esa canción que me gusta tanto”. Y ésa es la canción con la que voy a empezar este concierto, “Coplas por la muerte de su padre”, de Jorge Manrique, una obra maestra de la poesía española y universal. También me pedía otra de García Lorca, que le encantaba, la de “Mi niña se fue a la mar”: le gustaba el verso de “redondas como sortijas”. Esa también va a estar en el concierto.

–En su biografía se menciona el descubrimiento de Atahualpa Yupanqui como decisivo en la carrera que luego desarrollaría. ¿Fue así?

–Hombre, bastante mucho. Es que, estando en París, cada vez que preguntaba: ¿y esta canción, de quién es? Siempre eran de Yupanqui las que me gustaban. Yo me ganaba los garbanzos en París en un boliche, como le llamáis vosotros, que se llamaba L’Escale, que era un poco el templo de la música latinoamericana. Por allí pasaron todos los grandes escritores –García Márquez, Cortázar, Nicolás Guillén y tantos otros– y los grandes músicos latinoamericanos. De las diez de la noche a las cuatro de la mañana se cantaba, se parrandeaba, y yo vivía en ese ambiente latinoamericano. Y siempre que una canción me retenía, era de Yupanqui: “Recuerdos del Portezuelo”, “Chacarera de las piedras”... Parecía que toda Argentina era Yupanqui. Y luego en Francia todo era Brassens, o sea que yo estoy en el medio: mis padres son Yupanqui y Brassens.

–¿Y cómo lo conoció?

–En España decidieron airear un poco el país, porque el monstruo un día u otro iba a desaparecer (tardó mucho en desaparecer, pero al final lo hizo). Preparaban la entrada de España a la Europa democrática, tenían que hacer sus deberes y, dentro de sus deberes, tenía que abrirse un poco la censura. Así abrieron una ventanita y por allí la televisión española programó a Yupanqui. Yo también canté y allí nos conocimos, en la televisión. Terminamos siendo muy amigos, mejor dicho, era como mi padre o mi hermano mayor.

–Y mire que era difícil hacerse amigo de Yupanqui, dicen que era bravo...

–Violeta Parra también era difícil y también la tuve muy cerca. Coincidimos en París viviendo en el mismo hotel, yo en el cuarto piso y ella en el quinto. No aceptaba a todos, pero a mí sí. Iba a verla, hacía sus esculturas de alambre y sus canciones. Así fue como le escuché muchas canciones recién salidas del horno.

–Hay dos versiones de “Palabras para Julia” grabadas en la memoria colectiva: la suya y la de Mercedes Sosa. ¿Cómo la recuerda?

–Como una hermana, la quería mucho. En Madrid cantamos juntos “Palabras para Julia”. Siempre la consideré como la voz de un continente, no sólo de Argentina. Desde la Patagonia hasta el río Grande, Mercedes fue la voz de toda la historia, de todos los ancestros del continente.

–¿Está al tanto de la coyuntura política y social que está atravesando la Argentina?

–La seguimos un poco de lejos, y nunca mejor dicho, pero debo decir que hay datos de Argentina que me alegran. En principio, la valentía que han tenido de sacarse de encima esa nube negra asquerosa que se mete en los cuerpos como un gusano y lo pudre todo, ahora ustedes pueden salir de casa con la cabeza alta, pueden mirar a quien sea a los ojos. Es un proceso de dignidad y de orgullo que me alegra mucho. Porque los actos de justicia nos dejan respirar mejor. Es algo que he charlado mucho con las queridas Madres de Plaza de Mayo. En España, en cambio, destituimos a Baltasar Garzón. Esa es una vergüenza nacional. Con las Madres, precisamente, hemos apoyado la causa contra esa injusticia. Taparle la boca a Garzón de esa manera es indecente: de un golpe de Estado militar pasaron a un golpe de Estado jurídico.

–¿Esto es algo que hoy se debate públicamente en España, está en el candelero?

–Sí, está en el candelero, pero es la sociedad la que no está en el candelero. Lo peor que le puede pasar a una sociedad es perder su identidad, sus valores, su idioma. Y eso es lo que está pasando. A la juventud le están robando su deseo de conocerse a ella misma, su interés por su propia historia, por su propia existencia. Así se dejan llevar, como un trencito de esos que pasean a los turistas, y así se van a pasar la vida, sin enterarse de que nacieron, vivieron y se fueron. Esa falta de cultura es uno de los grandes crímenes que se están cometiendo en el mundo entero. Estamos sometidos a la voluntad de un imperio, el norteamericano. No lo lograrán totalmente, pero nos dejarán bastante destrozados. Por eso hay que resistir, decirles que no. A los norteamericanos y los ingleses, yo les deseo que vivan mil años, pero lejos de mí.

–Frente a este diagnóstico, ¿qué lugar queda para aquella idea de que la poesía es un arma cargada de futuro?

–Pues, el lugar que le da cada uno. Para mí, es el lugar más importante. Me queda claro cuando hago el recuento de mi historia. Me encuentro con que he llegado a cierta edad, he pasado por una carrera, por éxitos, o llámelo como quiera. Y tengo dinero como para vivir bien dos o tres meses, a lo sumo cuatro. Hasta entonces no me va a faltar, después no sé lo que va a pasar. Y me siento feliz de haber conseguido no tener dinero. No ha sido un afán ni una ambición, pero ocupándome de la poesía y las canciones, no he podido pensar en ir acumulando dinero, como otros lo hacen. Yo soy al revés: si tuviera dinero me ahogaría, abriría todas las ventanas, iría al banco y lo largaría para que lo coja el que quiera. Yo me siento mejor así.





–Otra cosa que no tiene son premios. No porque no se los hayan dado, sino porque no los acepta: dos veces rechazó la Orden de las Letras y las Artes de Francia, por ejemplo. ¿No hay ningún premio que aceptaría? ¿Si se lo dieran las Madres, por ejemplo?

–¡No! Del mismo modo que siento un rechazo a la acumulación de dinero, siento un rechazo a los premios, porque son un montaje político, electoral o comercial. El premio de las Madres ya lo tengo: todas las veces que me han invitado a cantar con ellas. Los aplausos de la gente, sí que son un premio. Y mi madre, cuando me decía: cántame esta canción.

–¿Cuál es su rutina?

–Estoy ocupado en casa, tengo un taller, tengo una mujer que me quiere y me deja tener el taller. Allí armo la de San Quintín con mis máquinas y mis virutas, trabajo la madera porque es mi oficio, soy ebanista. Lo que hago, lo hago a gusto, siempre estoy ocupado, me siento feliz haciendo cosas, creando y aprendiendo. Hace poco vino a casa un amigo que sabe de artesanía, yo estaba serrando el hierro como la madera y me dijo: no se sierra así recto, hay que columpiar la sierra, prueba. Lo probé y sí, era verdad, aprendí una cosa más. Pues aquella noche yo dormí como dios manda, me sentí feliz porque sabía una cosa más.

–Usted suele maldecir contra el fútbol. Sabrá que eso le puede traer antipatías por estas tierras: para muchos, el fútbol tiene que ver con la poesía, es poesía.

–Bueno, que lo sea para ellos, para mí no lo es. Antes el fútbol era un deporte y a mí me gustaba. Hace quince o veinte años seguía todos los partidos. Pero poco a poco ha ido perdiendo el fuelle, hasta volverse una herramienta de idiotización de las masas. Tal como está practicado ahora, el fútbol es un puro negocio y una tapadera de mentalidades. No es un capricho que le tenga asco, que me dé náuseas. Hace unos quince años que lo dejé de ver, justamente cuando se cargaron a siete u ocho mil en una noche en la gran masacre de Srebrenica, en Bosnia. Y estaba toda España y toda Francia mirando por televisión las cachas del señor (Miguel) Indurain, en el Tour de France, a ver si cogía el mallot amarillo o no. ¡Todos pendientes de las cachas de una bicicleta! Y me pareció tan obsceno eso, me sacudió de tal manera que a una sociedad le estén matando su gente y siga mirando la tele, que marcó un antes y un después. Los que me tienen antipatía que me la tengan toda la vida si no comprenden por qué he llegado a esta conclusión. Comprendo de qué habla usted, y me los imagino (imita el acento porteño): che, qué boludo, qué boludeces dice este tipo, ¡y encima viene a cantar! (risas). Déjeme decirlo de nuevo, dado que me siento como en casa: ¡Puto fútbol!

Karina Micheletto

Fuente: Página 12


22 octubre 2009

Paco Ibáñez hará memoria en París 40 años después





El cantautor valenciano regresa a la capital francesa con los recitales que emocionaron a la España antifranquista.

Es vasco, catalán, andaluz, magrebí, se siente desde luego francés y bastante gallego; es Paco Ibañez, 40 años después de sus históricos conciertos del Olympia y la Sorbona, en vísperas de actuar de nuevo en París.

Ibañez piensa ofrecer, en el Teatro Châtelet, su última antología poética y "un abanico de sus vivencias", ilustrado con sus muchas nacionalidades, pues aspira a ser todas ellas en su concierto, explica.

El recital de hoy promete ser excepcional, con el aforo casi totalmente vendido, para escuchar esos poemas hispanos escritos entre el siglo XIII y el XXI, y mucho más, pues "la voz de Paco abre a todos una puerta misteriosa y secreta" hacia la libertad, subrayan en la página web del teatro.

Él adelanta que lo abrirá con una canción fundamental, de Tomás de Iriarte, que es un poco "aviso a navegantes", un poco como decir "que lo que hago lo hago con este fondo filosófico y con este fondo sentimental".

Para que el público se lleve a su casa unas canciones "llenas de vida" y haga luego "lo que quiera con ellas", como, enumera, "tener la vista alerta, con ganas de vivir, de querer, de amar, de disfrutar y de gozar".

Junto al castellano, el recital incorporará "las lenguas de sus vivencias", compuestas sobre poemas de Ronsard, Salvador Espriu, Cesare Pavese, Pier Pascal o Celso Ferreiro, precisan en su entorno.

Aunque canta todo el tiempo, desde que se levanta hasta que se acuesta, con frecuencia por toda Francia, donde viaja una o dos veces al mes, hacía una década que no actuaba en París y quería hacerlo en el Châtelet, subraya sentado en el café La Liberté, del barrio de Montparnasse.

Allí habla de política, por supuesto, y deplora la peligrosa colonización angloamericana perceptible, por ejemplo, en el "venenoso 'ok'", metido ya "en nuestra sangre"; o lamenta ese Premio Nobel de la Paz que recibe también EEUU a través de un "maniatado" presidente Barack Obama, obligado a servir los intereses de un país "que es una máquina de hacer guerras".

En cambio, el cantautor valenciano celebra el necesario trabajo del juez español Baltasar Garzón contra "la amnesia"; y "la entereza" del presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, que "no tiene la sociedad que se merece".

Habla además de sus canciones, eternas, como el mar, y comenta que con el tiempo les saca "más jugo que antes", pues a fuerza de "machacarlas y machacarlas, cantándolas y cantándolas, se han ido colocando en el lugar donde querían" y en el fondo ahora le guían a él, según afirma.

Poesía contra el franquismo

Las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique, por ejemplo, "tienen una gran potencia, porque abarca todos los demás sentimientos que puedes transmitir, y tendrán la misma vigencia ahora que dentro de cien años", recuerda.

"Mi deseo es que cada canción que haga tenga esa potencia, que sea universal en el tiempo", como el mar, que es el mar y lo será siempre, explica, independientemente de cómo pueda vivirlo cada cuál, según su estado de ánimo, sus vivencias, su estado filosófico.

Porque "todo cambia, pero lo que no cambia es el valor de la canción en sí", que es "como un poste en el tiempo y en la sensibilidad", resalta.

El cantante quiere dejar claro que "no colecciona coincidencias ni acontecimientos", y que es puro azar el 40 aniversario de aquellos inolvidables recitales, que emocionaron a la España antifranquista a miles de kilómetros, y se convirtieron luego en estandarte de lucha contra muchas otras dictaduras en el mundo.

"Quería cantar en París, hice el Olympia, el Trianon y ahora quería que fuera en el Châtelet o nada. Muy a la española, o todo o nada", explica el cantautor.

María Luisa Gaspar (EFE)

Fuente: Público

20 febrero 2009

Paco

Foto: J. Cartillier


Ibáñez, claro. Esta voz la reconocería en cualquier circunstancia y en cualquier lugar donde me rozara los oídos. Esta voz la conozco desde que, a principio de los años 70, un amigo me envió desde Paris un disco suyo, un vinilo que el tiempo y el progreso tecnológico pusieron materialmente fuera de moda, pero que guardo como un tesoro sin precio. No exagero, para mí, en aquellos años todavía de opresión en Portugal, ese disco que me pareció mágico, casi transcendente, me trajo el resplandor sonoro de la mejor poesía española y la voz (esa inconfundible voz de Paco) el vehículo perfecto, el vehículo por excelencia de la más profunda fraternidad humana. Hoy, cuando trabajaba en la biblioteca, Pilar puso la última grabación de los poetas andaluces. Interrumpí lo que estaba escribiendo y me entregué al placer del instante y al recuerdo de aquel inolvidable descubrimiento. Con la edad (que alguna cosa tiene que tener, y tiene, de bueno) la voz de Paco ha ido ganando un aterciopelado particular, capacidades expresivas nuevas y una calidez que llega al corazón. Mañana, sábado, Paco Ibáñez cantará en Argelès-sur-mer, en la costa de la Provenza, en homenaje a la memoria de los republicanos españoles, entre ellos su padre, que sufrieron allí tormentos, humillaciones, malos tratos de todo tipo, en el campo de concentración montado por las autoridades francesas. La douce France fue para ellos tan amarga como el peor de los enemigos. Que la voz de Paco pueda pacificar el eco de aquellos sufrimientos, que sea capaz de abrir caminos de fraternidad auténtica en el espíritu de quienes lo escuchen. Bien lo necesitamos todos.

http://www.aflordetiempo.com/argeles.htm

José Saramago

Fuente: El cuaderno de Saramago