El voto es a la vez derecho y deber. Yo quiero ejercerlo.... y vos???
Campaña por el voto en el exterior
Esquina por la alegría
"Hoy más que nunca la alegría es un artículo de primera necesidad, tan urgente como el agua o el aire. Pero nadie nos va a regalar ese derecho de todos; .... es preciso pelearlo...."
Eduardo Galeano
Esquina por Verdad y Justicia
Coordinadora Nacional por la Nulidad de la Ley de Caducidad
Nunca más terrorismo de estado
Esquina contra la violencia de género
Esquina contra el bloqueo
Esquina por la libertad de los 5
Esquina contra la pornografía infantil
Esquina Víctor Jara
Esquina contra la vergüenza
Ningún ser humano es ilegal
Hacelos valer
Campaña por nuestros derechos sexuales y reproductivos
Esquina contra la directiva del horror
PIT-CNT
Escritores por la Tierra
Foro social mundial de las migraciones
Esquina por la Paz
Esquina por la aparición de Julio López
Esquina Bertold Bretch
Primero se llevaron a los comunistas pero a mí no me importó porque yo no era. En seguida se llevaron a unos obreros pero a mí no me importó porque yo tampoco era. Después detuvieron a los sindicalistas pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista. Luego apresaron a unos curas pero como yo no soy religioso tampoco me importó. Ahora me llevan a mí pero ya es tarde.
El compañero y actor fundador del teatro ”El Galpón”, Juan Manuel Tenuta, se encuentra internado en estado crítico en la Clínica de la Esperanza del barrio porteño de Flores, debido a una serie de descompensaciones cardíacas según informaron sus familiares.
Al entrañable payaso Vintén de nuestra infancia, al actor, al fundador de ”El Galpón”, al querido compañero Nino, queremos transmitirle desde aquí toda nuestra fuerza.
A su compañera Adela Gleijer y a su hija Andrea Tenuta, toda nuestra solidaridad en estos duros momentos .
Desde distintos lugares de la cultura,
activistas dan testimonio a un año del plebiscito
por la Anulación de la Ley de Caducidad.
Distintas miradas desde el después.
Después del voto verde,
Después del voto rosado.
Un mismo resultado, nos sobra una ley.
Dirección: Daiana Di Candia _ Denisse Legrand Producción: Magdalena Bosch _ Denisse Legrand Dirección de Fotografía _ Cámara: Pablo Abdala Sonido: Marcelo Gamboa Postproducción de Sonido: Edgardo Mattioli Música: latejapride* - Contra Las Cuerdas - Cuatro Pesos de Propina Coordinación de proyecto: Victoria Verrastro
Presenta: Casa Bertolt Brecht Invita: Iguales y Punto
Teatro "El Galpón" Sala Atahualpa Desde el viernes 8 Viernes y sábados, 23 horas. Domingo, 21 horas.
Autor: Pablo Routin Dirección: Fernando Toja Música: Edú Lombardo Elenco: María Mendive, Pablo 'Pinocho' Routin, Adriana Da Silva y Edú 'Pitufo' Lombardo
Diez historias de amor que llegan a través de cuatro personajes. Dos hombres y dos mujeres que simbolizan a todos los hombres y mujeres que alguna vez han querido amar. Un relato único, un largo pensamiento que bien podría ocurrir en la mente de una sola persona...
Montevideo Amor es la continuación natural del camino marcado desde 2002 -cuando empezaron a ensayar Murga Madre-, por dos músicos nacidos del carnaval, devenidos en actores y dramaturgos.
La banda sonora es composición del dúo, que a su vez participó a ambas actrices de la experiencia de grabar y poner nuevamente en el mercado discográfico el sonido de una obra de teatro.
En el presente año 2010, cuando la Comisión Nacional del Patrimonio decide homenajear al Teatro del Uruguay y a sus diferentes personalidades, entre ellas Florencio Sánchez y Atahualpa del Cioppo, es pertinente recordar que estos dos nombres se unieron artísticamente más allá del tiempo, en 1973, año significativo en la historia de nuestro pasado reciente, con la puesta en escena de la obra «Barranca Abajo».
Atahualpa un innovador
Nada es casual, diría Atahualpa, que en el programa de la obra afirmaba: «...es un homenaje que El Galpón le debía a Florencio Sánchez, cuya permanencia en nuestra dramaturgia está avalada, entre otros méritos, por su acertada concepción humana y social. A ello debe agregarse la alusión verdaderamente aguda al ‘juicio de reivindicación’ que, según la autorizada opinión de recientes investigadores, es el factor desencadenante de esta tragedia... Don Zoilo Carabajal, protagonista de esta obra, como tantos otros perdió su hacienda por uno de esos juicios que le hizo un descendiente de aquellos que el Protector De los Pueblos Libres calificara como ‘malos europeos y peores americanos’... Todo ello en razón del Reglamento de tierras que nuestro prócer dictara en 1815... ‘los negros libres, los zambos de esta clase, los indios y los criollos pobres podrán ser agraciados con suertes de estancia si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad y a la de su Provincia’.
«Don Zoilo, como auténtico héroe trágico ignora la verdadera causa de su caída. La atribuye a la mala suerte, equivalente al destino trágico de los griegos. El derrumbe no se debe a ninguna deidad implacable sino a la gran propiedad rural dedicada a la ganadería extensiva.
«Es bajo la advocación de estos dos ilustres orientales, Artigas y Sánchez, inspirándonos en su conducta, su pensamiento y sus actitud que hemos realizado esta exposición escénica de Barranca Abajo.»
Algo para recordar
Claro que no fue casualidad la decisión de hacer esta obra en ese momento, cuando las tensiones sociales y políticas que venían desarrollándose desde los comienzos de los años 60, pasando por el pachecato, culminarían en el golpe de Estado de 1973. Bien lo fundamenta Atahualpa en el programa; pero si sólo quedara en esa intención no habría excepcionalidad; la «exposición escénica» de la obra potencia y descubre un camino absolutamente renovador de nuestro Florencio Sánchez, que produjo impacto en el público y en la crítica especializada.
Alberto Mediza, reconocida personalidad de la cultura de la época, escritor, teatrista, expresaba en el diario uruguayo «El Popular» del 17 del octubre de 1973 su opinión especializada sobre la puesta en escena:
«Sánchez Reencontrado
BARRANCA ABAJO, de Florencio Sánchez, por el elenco estable de El Galpón. Actúan Rebecca Franco, Lilián Olhagaray, Raquel Seoane, Mary Vázquez, Blas Braidot, Sara Larocca, Carlos Peña, Juan Carlos Moretti, Duilio Borsch, Raúl Pazos y Walter Besada. Ambientación escenográfica: Mario Galup, Diseño de Vestuario: Guma Zorrilla, Luces: Ruben Yáñez. Teatro FLORENCIO SÁNCHEZ del Cerro, domingo 14.
«(...) Creemos ver en el trabajo de Atahualpa una propuesta, tal vez la más desmitificadora y audaz, que nos devuelve a Sánchez en su auténtica raíz de cuestionador iconoclasta y lúcido rebelde. Pero a su vez nos devuelve al mismo Atahualpa en la cumbre de su madurez reflexiva, efectuando un trabajo de verdadera síntesis artístico - dialéctica. Porque ya desde un principio, conviene aclarar que su plan escénico nada tiene que ver con algunos enfáticos esquematismos que -aprovechando un lineamiento temático del texto- han procedido a reducciones estériles. Por el contrario, si algo resulta inconfundible en este caso, ello es precisamente la voluntad por ofrecernos una lectura orgánica y coherente sin necesidad de sacrificar la complejidad virtual y la riqueza significativa de la obra... En esta unidad de sentido radica también uno de los secretos de la lectura que propone Atahualpa. La coherencia expresiva, el rigor formal, los inmejorables niveles de sus presupuestos escénicos y la contemporaneidad de su denuncia, hacen pues de este espectáculo un lugar obligado de esta temporada y de Atahualpa del Cioppo un merecido triunfador. A ambos agasajó entusiastamente el nutrido público que se dio cita en la sala FLORENCIO SÁNCHEZ del Cerro.»
Por su parte, Washington Roldán destacó desde su columna crítica en «El País», bajo el título «Sánchez sensibilizado y permanente»: «Este reencuentro con ‘Barranca Abajo’, en una versión despojada del pintoresquismo costumbrista y elevada a su más esencial objetividad trágica, es toda una puesta al día de los valores permanentes de Florencio Sánchez. (...) En los momentos de gracia costumbrista, nada queda de aquella estereotipada chuscada rioplatense heredada del principio de siglo, y se la sustituye con un juego mucho más subrayado y menos naturalista de picaresca primitiva».
Florencio y Atahualpa
Florencio Sánchez plantea en «Barranca Abajo» un conflicto no resuelto al día de hoy sobre la legitimidad de la propiedad de la tierra, y Atahualpa del Cioppo lo rastrea en las raíces del pensamiento artiguista, y su «exposición escénica» apeló a los orígenes del teatro occidental: la tragedia griega. Evitó costumbrismos, pintoresquismos manidos, desde lo plástico hasta lo interpretativo.
La escenografía de Mario Galup con elementos mínimos, una rampa, palos atravesados que simulaban tranqueras, una horqueta con el imprescindible nido de hornero, creaban los espacios escénicos necesarios; las luces de Ruben Yánez dimensionaban, envolvían, ocultaban y descubrían los ritmos en que se pauta la acción; el vestuario de Guma Zorrilla estilizaba los ponchos y vestidos con pliegues que remitían a la imagen de túnicas griegas. Apenas en la utilería aparecían algunos de los objetos como una caldera, un mate, un rebenque que no permitían al espectador escapar al lugar y tiempo de la anécdota.
En el conflicto de los personajes femeninos se subrayaba sus características de heroínas trágicas, atrapadas en un conflicto económico que no comprendían, que escapaba de sus posibilidades de decisión.
El texto de Sánchez, sin ninguna modificación, se revelaba en un decir sin exageraciones costumbristas, y en los momentos en que el director propone una técnica de extrañamiento o distanciamiento, en el monólogo de Martiniana, cuando la actriz abandona el personaje y se lo dice al espectador, o cuando nos sorprende en una acción cotidiana de Don Zoilo de beber agua en el instante previo al suicidio.
En el programa de «Barranca Abajo» escribe Don Atahualpa del Cioppo que El Galpón le debía un homenaje a Florencio Sánchez; pretendemos que estos recuerdos de aquella «exposición escénica» sean un homenaje a un creador excepcional de nuestra Institución.
Empecé a ver teatro a los 11 años. Aunque en realidad ya había sido espectador obligado de algunas de esas obras infantiles que espantan a los potenciales amantes del arte escénico. Pero sistemáticamente, todo empezó a los 11. Fue Diana Mines, mi prima, una de las grandes de la fotografía de este país, la que me metió en ese mundo del cual no pude zafar nunca más. Y fue la fascinación del Solís, en aquella El honor no es cosa de mujeres, con una China Zorrilla y un Enrique Guarnero que se sacaban chispas en una comedia que brillaba con luz propia. Vinieron otras perlas de la Comedia Nacional: Noche de Reyes, Tartufo, El asesinato de la enfermera George… La primera ceremonia de los Florencio que pude ver desde el gallinero, cuando Arlecchino, servidor de dos patrones, de Goldoni, llevó el Florencio a tiendas del Circular, de la mano de Villanueva Cosse en la dirección.
Tardé en ver a la gente de El Galpón. No fui parte del público privilegiado que se encendió con la particular Fuenteovejuna o que se puso a cantar con vehemencia en la denuncia esperanzadora de Libertad, libertad –que años después pude escuchar una y otra vez en un viejo disco–. Pero cuando me bauticé de teatro galponero, el impacto fue imborrable. En la misma temporada, tres flashes que hasta hoy conservo como de las mejores cosas de la escena nacional. Primero El avaro, de Molière, en el que “Nino” Tenuta desplegaba todo su arte para transformar al tragicómico Harpagón en una criatura multifacética, que atrapaba y repelía a la vez. Después Las brujas de Salem, ese grito emblemático de Arthur Miller, en el que John Proctor y su mujer (Raúl Pazos y Lilián Olhagaray en la ocasión) descollaban al frente de un reparto que preveía desde el escenario que la caza de brujas no estaba lejos de los espectadores del viejo Grand Palace. Y finalmente: Barranca abajo, de Sánchez, en una puesta de Atahualpa del Cioppo que borraba de un plumazo todo pintoresquismo, en un espacio absolutamente despojado en el que vibraba la voz trágica del Zoilo de Blas Braidot, mientras la vieja y ladina Martiniana de Sara Larocca sacaba provecho de la desgracia ajena…
Después llegaron otros impactos, otros fuegos: Heredarás el viento, de Lawrence y Lee, en el que la defensa de la teoría darwiniana se instalaba en medio de la polémica; Pluto, de Aristófanes, una comedia que se convertía en una fiesta inolvidable y a la vez en una denuncia de las miserias humanas y divinas; El gorro de cascabeles, de Pirandello, el último estreno antes de que la dictadura desmantelara una institución que prometeicamente resistió desde otros tablados.
Casi no conocí la célebre salita de Mercedes. Esa que se construía mientras el Mundial del 50 se libraba en Maracaná, circunstancia que unos y otros, los que peinan muchas canas, recuerdan como ejemplo de la tenacidad y el esfuerzo del teatro independiente. La sala de la famosa viga que sostenía algo más que un edificio, real y simbólica a la vez. Me tocó justamente ver allí en 1975 a Club de Teatro haciendo Rinocerontes, de Ionesco, bajo la batuta de Héctor Manuel Vidal. A veinte años de su estreno francés, esa advertencia sobre la bestialización del totalitarismo espejaba una realidad que transcurría fuera de la sala. El grito de su protagonista resistiendo el avance de los rinocerontes proyectaba luminosamente los silencios obligados y rabiosos de la platea. Y una vez más, la sala de El Galpón albergaba un llamado a las revoluciones internas.
Mucha agua ha corrido desde aquel 1949. Muchos nombres ilustres pasaron por los escenarios galponeros o marcaron su impronta desde sus butacas. Algunos partieron hacia otros escenarios, más permanentes, más cósmicos, como Atahualpa del Cioppo, César Campodónico, Sara Larocca, Juan Gentile, Juan Ribeiro, Blas Braidot, Juan Carlos Moretti, Imilce Viñas… Otros siguen vibrando incluso fuera de la institución, dejando su huella didáctica y de nutrida experiencia, como Ruben Yáñez, Jorge Curi y Júver Salcedo. El exilio en México trajo otras fraternidades, otros amigos universales, amén de muchos sufrimientos, de muchas lejanías… El retorno a la patria trajo la recuperación física de los afectos, pero también otros desafíos, otras angustias, otros riesgos.
Hoy El Galpón es un sello de fábrica. Como lo es la Comedia Nacional; o el Circular. Con sus luces y sus sombras, con sus aciertos y sus errores, con sus marchas y contramarchas. Hay quienes señalan con notoria y uruguaya nostalgia que no es El Galpón de otros tiempos. Que añoran el teatro combativo que supieron marcar aquellos primeros Brecht, que ven como extraña la combinación de repertorio con títulos de líneas y temáticas divergentes. Que ven el sentido político del teatro unido a aquella militancia de izquierda que hoy tiene otros caminos, otras vías, tan válidas como aquellas, porque los tiempos y el país son distintos.
Pero el complejo de El Galpón es una realidad palpable e inconfundible en 18 y Roxlo. Una sala, la César Campodónico, puesta a nuevo con el aporte del gobierno nacional –resarciendo en parte las pérdidas ocasionadas por la dictadura–, con más de ochocientas butacas impecables y una infraestructura técnica de primer nivel. La segunda, la sala Atahualpa, un espacio trifrontal –en realidad casi semicircular– que permite un mayor acercamiento del espectador, y que ha albergado otro tipo de propuestas, menos lanzadas al despliegue en grande. La tercera, la sala Cero, inicialmente surgida como experimental, que seguramente precisa reformas, pero que deja espacio para la intimidad, para los espectáculos “de bolsillo”.
Un edificio que incluye oficinas de extensión cultural –de actividad permanente en el Interior y junto a los centros de enseñanza–, el centro de atención de Socio Espectacular, una cafetería renovada en planta baja que ha ido afianzándose como lugar de reunión no solamente para la gente del teatro, un predio adicional en la calle Guayabo que servirá en el futuro para descongestionar la actividad diaria y albergará salas de ensayos, y eventualmente el retorno de la escuela Mario Gallup, que sería bueno que volviese con todos sus bríos.
Con Babilonia, de Discépolo, El Galpón festejó el 2 de setiembre pasado sus primeros 60 años. El lunes 28 algunos ex galponeros –¿no lo siguen siendo?– cruzaron el charco y se abrazaron con su gente. Villanueva Cosse y Juan Manuel Tenuta se fundieron en los recuerdos con los de su generación –la querida “Ñatita” Ferrer, por nombrar a un referente– y los que, siendo más jóvenes, llevan adelante un proyecto que, quiérase o no, marca la cancha de la escena uruguaya. Que lo que venga tenga el fermento de la apuesta arriesgada, sin prejuicios, variada y con el mismo espíritu independiente, comprometido y cuestionador que supo guiar a sus creadores, en aquel lejano –y cercano– 1949.
El espectáculo y la cultura están de duelo. Ha muerto Imilce Viñas, nacida el 31 de diciembre de 1939, antes de cumplir setenta años; con ella se apagó el fulgor de sus ojos celestes, una de las miradas más luminosas de nuestro teatro. Se había iniciado como actriz hacia 1955, y su cuerda más frecuentada fue el humor.
Jorge Arias
De la comedia se recuerda el personaje, popular y dicharachero, de "Coquita"; pero a medida que avanzaba en arte y experiencia alcanzó los papeles dramáticos y luego la dirección de escena de espectáculos de especial calidad.
Cuando la dictadura militar debió exiliarse con su marido, el también actor Pepe Vázquez, primero en Costa Rica entre 1977 y 1983 y luego en México, donde se vinculó con El Galpón, también en el destierro. A su regreso, con el retorno de la democracia, ganó un Florencio por "Cuatro para Chejov" en 1985, galardón que revalidaría en 1992 como mejor actriz de reparto por su actuación en "Perdidos en Yonkers" de Neil Simon, con la dirección de David Hammond. De su paso por El Galpón provino su estreno, en la sala que hoy se llama César Campodónico, como la directora y protagonista de la comedia musical "Hello, Dolly!", de Jerry Herman y Michael Stewart, sobre "La casamentera" de Thornton Wilder.
Como actriz comenzó su carrera con "Así es, si os parece" de Pirandello, en 1957; luego interpretó "Raíces" de Arnold Wesker, "Esperando la carroza" de Jacobo Langsner y "Liolá" de Luigi Pirandello en 1962, "El alma buena de Sechuan" de Brecht y "La visita de la vieja dama" de Dürrenmatt en 1963, "La Celestina" de Fernando de Rojas en 1966, "Sueño de una noche de verano", de William Shakespeare en 1972, "La importancia de llamarse Ernesto" de Oscar Wilde en 1976, "El círculo de tiza caucasiano" de Bertolt Brecht en 1986, "Tartufo" de Molière en 1987, "Pareja abierta" de Darío Fo y Franca Rame en 1989, "Compañía", de Eduardo Rovner en 1996, "El té de los jueves" de Loleh Bellon en 1998, "Tengamos el sexo en paz", de Darío Fo en 2002. Su genio para lo cómico la hizo imprescindible para los programas de humor, tanto los episodios televisivos como las comedias ligeras de Tulipano y Denevi, pero la culminación de su carrera estaría en obras de corte clásico y como directora.
Como tal obtuvo un reciente reconocimiento público con "El suicidado" del ruso Nicolai Erdman, que valió a esta página el siguiente comentario: "... todo está bien. Imilce Viñas ha dirigido un verdadero ejército de competentes actores, y es reconfortante ver una comedia donde hay gente por todos lados. Imilce ha trabajado con claridad y expresividad..."
Antes había dirigido nada menos que "El tío Vania" de Chejov en el año 2001, "Un marido ideal" de Oscar Wilde, en el 2003, "Doce hombres en pugna" de Reginald Rose en el 2005, que fue uno de sus mayores éxitos, y "La escuela del escándalo" de Richard B. Sheridan (2007), que comentamos así: "Debemos agradecer a Imilce Viñas la reposición en nuestras tablas de "La escuela del escándalo"... La comedia fluye vivaz, el espectáculo es divertido, no hay lugar para el tedio. La tarea de poner en escena una pieza con diecinueve personajes en un escenario mínimo, como el Teatro del Centro, está lograda y debe rendirse tributo a la vitalidad de la dirección, que pudo suprimir por completo los tiempos muertos".
El actor Pepe Vázquez, su compañero de toda una vida, el teatro El Galpón, la Comedia Nacional y la grey teatral uruguaya en general están de duelo. Sea su recuerdo capaz de perdurar con su misma vitalidad, como lo hacía ella, por encima de los tiempos muertos.
El elenco de Teatro El Galón está ensayando "Como pata de olla", una obra sobre cuentos de José María Obaldía, con adaptación teatral y dirección de Arturo Fleitas.
El elenco está conformado por Walter Rey, Pierino Zorzini, Soledad Frugone y Claudio Lachowics.
Este espectáculo forma parte de uno de los más ambiciosos proyectos de El Galpón, denominado "El Galpón en el Uruguay profundo", que llevará teatro a los pueblos más pequeños y lejanos de todo nuestro territorio. Por este motivo, está concebido de tal manera que pueda ser presentado en cualquier lugar: aulas, plazas, calles, patios, teatros o campo abierto.
El estreno del mismo se producirá en la ciudad de Rivera en el mes de agosto, pero antes ya se harán funciones en barrios periféricos de Montevideo.
El espectáculo pasará a formar parte del repertorio de Extensión Cultural en la renovada Sala Campodónico, una vez que esta haya sido inaugurada.