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06 diciembre 2010

El adiós a María Esther




Hay seres humanos, como el Sabalero, que sorpresivamente mueren. Hay otros que se empiezan a ir de a poquito. Es cierto que la muerte es un ratito, pero en el caso de María Esther, ese instante entre la vida y la muerte, era previsible. Pero ni la sorpresa en las muertes no esperadas, ni la falta de ella en las previsibles, cambian mucho lo que sentimos ante la muerte. Ese sentimiento, a determinada altura de nuestra vida empieza a ser una larga y dolorosa lista de muertos que poco a poco son tantos que padecemos la sensación inquietante de ir quedándonos solos en el mundo.

María Esther, se empezó a ir de a poco, aunque lo disimuló muy bien. Seguramente ­y eso es una responsabilidad nuestra­, aún después de haberse ido, seguirá entre nosotros. Y para seguir entre nosotros contará, además del recuerdo que un ser humano de su calidad siempre deja entre los que la conocieron y trataron, con el hecho ­no menor­, de haber estado íntimamente ligada a capítulos trascendentales de la historia de nuestro país.

María Esther debió ostentar mucha entereza y dureza para enfrentar uno de los dramas más terribles que puede sufrir una madre-abuela. Atrás de esa dureza, había un ser portador de un gran amor. Amor que seguramente para ella fue un alivio, un sedante que la ayudó a enfrentar el horror al encuentro con el fin de sus días, sin saber la verdad sobre el destino de su hija desaparecida.

Al igual que Tota, que Luz, que Violeta y tantas madres de compañeros desaparecidos que poco a poco se fueron yendo, supo ocupar un lugar de lucha del que sus hijos seguramente se sentirían orgullosos. Lo hizo con coraje y entrega sin límites. La construcción de la historia de las luchas de estos tiempos de impunidad, sin lugar a dudas, la tendrá como una de sus protagonistas. Y la tarea aún inconclusa de terminar con la impunidad en nuestro país, será una tarea que en su memoria, le deberemos ofrendar más temprano que tarde.

Fue una mujer fuera de serie. Capaz de interpelar al criminal Gavazzo en los tiempos en que éste gozaba de impunidad. No descartó ningún recurso ni riesgo a la hora de tratar de recuperar a su nieta Mariana. En sus últimos días hasta se llegó a interrogar, si había hecho lo suficiente para saber el destino de su hija María Emilia.

María Esther decía que el olvido era el lado oscuro de la memoria. Seguramente desde ese convencimiento su vida fue una larga e inagotable lucha por alumbrar esos lados oscuros que nos deja aún hoy la impunidad en el Uruguay. Hoy que se apagó su vida, hagamos nuestra esta exhortación que como buena maestra se ocupó de recordarnos hace pocos meses: "No hay que perder jamás la esperanza y tampoco la decisión de luchar".

¡Hasta siempre María Esther!

Raúl Olivera

Fuente: La República


Foto: Periódico LiberArce



05 diciembre 2010

Se nos fue para siempre María Ester Gatti, fundadora de la Asociación de Madres de Detenidos - Desaparecidos


Hasta siempre, viejita querida!!!


Nota de redacción: Esta tarde Maria Ester será velada en Previsión, Barrios Amorin 1076, de 18 a 22 y mañana en el Paraninfo de la Universidad de 8 a 11 y 30. El entierro será en el cementerio del Buceo. Se agradece avisar y convocar

Nos dejó para siempre María Ester Gatti, Madre emblemática, Fundadora de la Asociación de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos.

María Ester Gatti nació en un caluroso enero del año 1918, acá en Montevideo, en la calle Guaná 2012.

Cursó sus estudios primarios en la Escuela de su barrio, Arenal Grande y Pablo de María.

Terminados sus años escolares, ingresó en la Universidad de las Mujeres y luego al Instituto Magisterial para recibirse de maestra con 17 años.

Transcurría el año 1935, cuando el país, soportaba ya, tres años de golpe de estado.
El 31 de marzo de 1933, el entonces Presidente Gabriel Terra, había dado un golpe de Estado, disolviendo las cámaras. Entre sus medidas autoritarias había implantado a los profesionales universitarios y empleados públicos una disposición de adhesión al régimen. Muchos de los que se negaron, fueron detenidos o perdieron sus puestos públicos. Además no se obtenían los cargos por concurso.

Por esta razón María Ester Gatti como maestra recibida, debió postergar su empleo público por 5 años más; no se adhirió al régimen. Ante eso decidió, impartir sus conocimientos; haciendo prácticas en un colegio de la Villa del Cerro. Treinta y seis años de docencia en la Escuela Pública como maestra y 20 años en el colegio privado Pastorino, como profesora de geografía. Fue toda su vida profesional a la cual amó profundamente.

Se casó con Ramón Islas, en el año 1948. Luego de un tiempo, el barrio Colón fue su lugar de residencia por muchos años, generando, nuevos vínculos y actividades.

Corría el año 1953, cuando anuncia su embarazo; llegaría una niña al hogar y le pondrían de nombre María Emilia.

Su hija con 23 años desarrollaba la lucha estudiantil desde hacía tiempo y luego ante el golpe de estado tuvo que irse del país hacia la Argentina a refugiarse con su compañero y su hijita.

Fue en el año 1976, que ante los primeros jóvenes secuestrados en Argentina, María Ester Gatti, emprendió la búsqueda incansable de su hija: María Emilia y de su yerno Jorge Zaffaroni y la hija de ambos Mariana de tan solo un año y medio que fueron secuestrados el 27 de setiembre, en el marco del operativo Cóndor.

Fue en ese año, que M. Ester Gatti, con la ayuda de las Abuelas de Plaza de Mayo, tomó empuje y se juntó con Violeta Malugani, Luz Ibarburu, e Irma Fernández, siendo el inicio de lo que posteriormente sería, la Asociación de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, que peregrinaban tratando de obtener datos de sus hijos. En el año 1979, este emprendimiento agrupó a todos/as los familiares, para transitar hasta nuestro días en ese largo y doloroso camino; saber la Verdad de sus seres queridos.

Ellas marcaron el camino de la lucha por los más de 200 Desaparecidos.

¡Sin duda hicieron historia!

María Ester Gatti tuvo el coraje de ir sola a enfrentarse con el criminal Gavazzo para saber de su hija, y de la misma forma a los represores argentinos que habían participado en la desaparición de su hija y yerno, y la apropiación de su nieta.

Sus denuncias, ante los organismos internacionales y los jueces fueron constantes.
Eso, con otras causas contribuyó con sus declaraciones ante el juez Marquevich, a que el dictador general Jorge Rafael Videla fuese procesado en Argentina.

En otra instancia sucedió este pasaje que recordamos:

Estaba trabajando, y le avisan: "ahí anda Sanguinetti inaugurando una escuela y recorriendo Colón.

-Salgo un rato y vuelvo, le dijo a las monjas.

Llegó al acto y dijo con voz fuerte: "¿Qué ha hecho el presidente Sanguinetti por la niña Mariana Zaffaroni"-

Por supuesto se abalanzaron sobre ella los custodias, y Sanguinetti, ante esa situación embarazosa, no hizo más que citarla para el día siguiente... cita a la cual no concurrió; dejando a María Ester con impotencia y dolor.

A su nieta Mariana Zaffaroni pudo recuperarla cuando cumplía 16 años, la joven.

También otro hecho significativo de su compromiso, fue el 22 de febrero de 1987 cuando se instala la Comisión Nacional pro Referéndum, presidida por María Esther Gatti de Islas, Elisa Dellepiane de Michelini y Matilde Rodríguez de Gutiérrez Ruiz. Por la Derogación de la Ley de Caducidad, y encabezando la campaña de recolección de firmas y luego del Voto Verde en el referéndum de 1989. Y también participó de la última convocatoria del plebiscito perdido por segunda vez.


Continuaremos tu lucha


Adiós Gatti!

Esta tristeza de su partida me toca en lo más directo y profundo por el vínculo que mantuve con ella, hasta su último adiós.

Por las mañanas cuando llegaba a su apartamento de la calle Paulier y 18 de Julio, nuestra jornada comenzaba con el ritual de la preparación del té, que gustaba tomar. Luego mientras le conversaba y ponía al tanto de las investigaciones y hechos políticos del momento, ella me trasmitía las sugerencias posibles para aumentar la lucha por los Derechos Humanos. Luego María Ester, hacía sus tareas cotidianas silbando algunos tangos o entonando alguna canción muy bien afinada por cierto.
Antes de irme a mis actividades me pedía jugar un ratito a las cartas (escoba de 15) que solía siempre ganarme.

En otras ocasiones me pedía acompañarla a los actos. Con su gran lucidez y memoria privilegiada que admiraba y se lo decía, entablamos un vínculo cada vez más estrecho, haciéndome partícipe de sus dudas o dolores o rabia, ante la negativa de los militares de no brindar la información y poder saber sobre el destino de su hija desaparecida.

Luego con sus 92 años ya no era posible que viviera sola. El Hogar San José la recibió con calidez y esmero. Allí fue el nuevo lugar de encuentro con ella. Con la compañera Beatriz, testigo del pasaje por Automotores Orletti donde fueron llevados María Emilia, Jorge y Mariana, vivimos todo este recorrido. Al inicio del año decidimos junto a Beatriz y Gustavo otro compañero de militancia de María Emilia, y su sobrina política realizarle un homenaje en vida. Sara, Zulma y Petela todas sumamos voluntades. El homenaje celebraba la inauguración de la tercera biblioteca de Maria Ester a lo largo de su vida, el cumpleaños de su nieta Mariana y el tributo a su larga lucha.

Ella nos dejó ese día estas palabras: “que Uruguay vuelva a ser vanguardia en derechos humanos, no hay que perder jamás la esperanza y tampoco la decisión de luchar”.

¡Hasta siempre querida Madre, compañera!

¡Gracias por sembrar la dignidad en la lucha!

Por Verdad y Justicia


Martha Helena Passeggi

Fuente: Capturavidas





23 marzo 2010

Mariana Zaffaroni festejó sus 35 años junto a su abuela, María Ester Gatti, que a los 92 años sigue luchando



Foto: Graciela Guffanti


"No hay que perder jamás la esperanza y tampoco la decisión de luchar". Con esa frase emocionada María Ester Gatti de Islas, a sus 92 años, celebró anoche dos acontecimientos: la inauguración de su tercera biblioteca y el cumpleaños 35 de su nieta, Mariana Zaffaroni.

Ayer a las 20 horas un grupo de amigos y compañeros decidieron acompañar a María Ester Gatti de Islas en la inauguración de la biblioteca "Byblos", en el residencial San José, de la zona del Prado donde vive.

Además de la inauguración de la biblioteca se realizó un sencillo y muy emotivo homenaje a los 92 años de esta mujer digna y luchadora. La fecha coincidió con el cumpleaños 35 de su nieta, Mariana Zaffaroni que vino especialmente desde Buenos Aires para estar presente.

La emoción fue el sentimiento dominante de toda la noche, los concurrentes unos 70, cubrían todo el espectro generacional, desde niños muy pequeños, hasta contemporáneas y contemporáneos de María Ester, entre ellos varios de sus compañeros del residencial.

Además de Mariana, estaban entre los presentes Macarena Gelman y Sara Méndez.

Primero se inauguró la biblioteca, luego se pasó a un sencillo salón, allí tuvo lugar el homenaje, sorpresa para la homenajeada. El primero en hacer uso de la palabra fue el escritor José María Obaldía, miembro de la Academia Nacional de Letras.

Obaldía emocionado como todos los presentes explicó que "en momentos como este, lo más difícil es encontrar palabras, siempre lo intento y siempre fracaso, ninguna me parece suficiente". Obaldía destacó que María Ester "es una maestra, fundadora de bibliotecas, nada menos. Pero además es una heroína, un ejemplo de dignidad". "Sólo me queda recuperar viejas palabras, y la que me parece más adecuada es gracias. Gracias en esta noche de alegría", finalizó.

Posteriormente hizo uso de la palabra María Elena Passegi, una de las organizadoras del homenaje. Passegi hizo una breve y emocionada semblanza de la vida de María Ester. Recordó que se graduó de maestra a los 17 años y que no pudo ejercer durante cinco años porque la dictadura de Terra exigía a los funcionarios públicos expresar lealtad al régimen, cosa que María Ester jovencita se negó a hacer.

Otro aspecto destacado fueron los 36 años de maestra en la escuela pública, vocación que mantuvo y defendió durante toda su vida.

Passegi señaló también que ante la desaparición de su hija, su yerno y su nieta, "María Ester supo transformar el dolor en lucha y ha sido y es un ejemplo de dignidad".

Rememoró su participación desde los primeros momentos en la lucha por verdad y justicia, primero en solitario, incluso concurriendo sola a enfrentarse con José Nino Gavazzo para tratar de saber algo sobre sus seres queridos y luego, integrando el núcleo fundador de la Asociación de Madres y Familiares de Desaparecidos.

En el marco de ese compromiso de siempre, María Ester presidió junto a Elisa Dellepiane y Matilde Rodríguez, viudas de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, la Comisión Nacional por la Derogación de la Ley de Caducidad, y encabezó la campaña de recolección de firmas y luego del Voto Verde en el referéndum de 1989.

Al finalizar las palabras le obsequiaron un enorme ramo de flores a María Ester y parecía que la noche llegaba a su fin. Pero faltaba mucho.

A dúo con Viglietti

María Ester escuchaba emocionada sentada en una silla frente a todos sus compañeros y amigos. En ese momento se sentó a su lado Daniel Viglietti. María Ester lo recibió con un "hace mucho tiempo Daniel". Viglietti respondió "Sí, María Ester, mucho tiempo".

Desde la enorme dignidad de sus 92 años, María Ester, en un hermoso vestido y con sus hermosas canas peinadas con raya al costado, decidió entonces hablar.

Con voz suave pero firme y sin micrófono dijo: "No se sabe a quién elegir para recordar aquellos tiempos. Hoy hay que tener alegría por los que estamos y por los compañeros que no están. Ellos están aquí con nosotros escuchando estas cosas tan lindas que se están diciendo y compartiendo la alegría. Pido un aplauso, bien fuerte, para los que no están". No quedó nadie sin aplaudir, ni los niños, que jugaban. La mayoría de los presentes no podía ni quería contener las lágrimas. Un niño pequeño miraba a su madre llorar y el también se puso serio y aplaudió con gesto convencido. María Ester, continuó: "me acuerdo de aquellos años en que íbamos en las esquinas, con un pañuelo blanco, imitando un poco a las Madres de Plaza de Mayo, pidiendo verdad y justicia. La verdad y la justicia que han quedado un poco ahí, pero mucho ha pasado. Tenemos que seguir cumpliendo en el pasado, en el presente y en el futuro. Construir un país mejor. No hay que perder jamás la esperanza y tampoco la decisión de luchar".

El aplauso fue aún más fuerte, conmovía ver aquella mujer digna a sus 92 años, con la voz cortada por la emoción, mirando a todos y especialmente a Mariana, su nieta, que la escuchaba atenta.

Viglietti le dijo "¿Vamos?" y comenzó a cantar "Antojo". María Ester lo acompañó cantando y las primeras estrofas sonaron a declaración: "Las cosas que están pasando, es cosa de no creerlas, y eso que estuve esperando toda mi vida pa' verlas".

Luego siguieron "El diablo en el paraíso" y "La llamarada", esta última cantada a coro por todos los presentes.

Finalmente manos amigas acercaron una torta de cumpleaños, sobre el merengue blanquísimo, en trazos delicados de chocolate se leía: "Feliz cumpleaños Mariana".

La cumpleañera, Mariana Zaffaroni, enfundada en un jeans y un buzo gris se paró al lado de su abuela. Todos cantaron "Que los cumplas feliz". Y ahora sí, que el maestro Obaldía muestra su razón: no alcanzan las palabras.

Después se partió la torta, María Ester repartió tarjetas que tienen una foto de ella con Mariana y las fotos de su hija y su yerno desaparecidos. Empezó a sonar Silvio Rodríguez en el equipo de música y la emoción seguía allí casi corpórea en el aire.

Gabriel Mazzarovich

Fuente: La República