Foto: EFE
Solemnidad en la exhumación de Allende
Envuelto en una bandera chilena, el féretro del ex presidente fue trasladado a la unidad de antropología del Servicio Médico Legal, donde sus restos serán periciados por un equipo multidisciplinario local y extranjero.
La imagen fue emotiva. El ataúd del presidente socialista chileno Salvador Allende fue sacado envuelto en una gran bandera chilena, que daba solemnidad a un momento doloroso, pero necesario. Sus restos fueron exhumados tempranos ayer en el mausoleo que la familia mantiene en el Cementerio General de Santiago y luego trasladados a la unidad de antropología del Servicio Médico Legal (SML), donde serán periciados por un equipo multidisciplinario local y extranjero.
La diligencia fue encabezada por el juez Mario Carroza a cargo de la investigación que pretende determinar si el ex jefe de Estado se suicidó el 11 de septiembre de 1973 o falleció por otras causas.
Hasta el lugar llegaron además algunos miembros de la familia Allende, el perito ad hoc que la representa, veedores internacionales, parlamentarios y medios de prensa. Una vez ahí, el multiequipo verificó que en la urna de reducción utilizada en una exhumación anterior realizada en 1990 –cuando recién volvía la democracia– estuviera al interior del féretro, tras ello, las osamentas de Allende ingresaron al SML.
Acto seguido, se abrió la urna en presencia del ministro Carroza y de los expertos, para luego ser sometidos a análisis de rayos X. El trabajo continuará con la determinación de las características biológicas de las osamentas y otras más generales que sirvan para evaluar posibles traumas, entregando elementos que permitan acercarse a la determinación de la causa de muerte.
Visiblemente emocionada, la senadora del Partido Socialista e hija del ex presidente, Isabel Allende, reiteró que espera que, con la exhumación de los restos de su padre, se disipen las dudas sobre su muerte el día en que los militares tomaron el poder. Tanto ella como los más cercanos colaboradores de Allende que estuvieron el 11 de septiembre de 1973, cuando La Moneda fue bombardeada, han sostenido que el “compañero presidente” se quitó la vida.
Elegantemente vestida, con un largo abrigo y un sobrio sombrero negro, Isabel Allende expresó la satisfacción de la familia “por los avances logrados en este trascendental proceso judicial para establecer la verdad sobre lo ocurrido ese trágico 11 de septiembre de 1973 y en especial las circunstancias que rodearon la muerte del presidente Allende”.
Agregó que “reafirmando lo que hemos dicho a lo largo de todos estos años: nuestra convicción de que el presidente Allende tomó la decisión de morir como un gesto de coherencia política en defensa del mandato que le fuera entregado por el pueblo, no debemos olvidar que su muerte ocurrió en el contexto de bombardeo y asalto al Palacio Presidencial de La Moneda en una situación de extrema violencia, que afectó también a miles de partidarios y simpatizantes del gobierno constitucional”.
Recordó además que “nos hemos hecho parte del proceso y hemos decidido estar presentes en esta importante diligencia con la esperanza de que sus resultados permitan despejar cualquier duda y, al mismo tiempo, sirvan para determinar judicialmente la circunstancia en que ésta se produjo, así como los crímenes cometidos”.
Por su parte, Mario Carroza dijo que “todo ha sido exitoso”. En los próximos días el SML enviará al laboratorio GMI, Insbruk, Austria, muestras óseas del ex presidente y muestras sanguíneas de dos hijas y una nieta del ex mandatario, para realizar la confirmación de la identidad por medio de ADN. Se informó además que todos los procedimientos se están llevando a cabo con la estricta cadena de custodia y en un laboratorio de antropología exclusivamente destinado para el análisis del caso, que cuenta con altas medidas de seguridad y con condiciones ambientales adecuadas para la preservación de los restos.
Desde el gobierno, el ministro de Justicia, Felipe Bulnes, afirmó que es necesario que se esclarezcan las causas del deceso de Salvador Allende. “Como gobierno estamos comprometidos y apoyando las labores forenses”, aseguró.
Christian Palma
Fuente: Página 12

y la hacen los pueblos.
Estas son mis últimas palabras
y tengo la certeza de que mi sacrificio
no será en vano.
Tengo la certeza de que,
por lo menos,
será una lección moral
que castigará la felonía,
la cobardía y la traición".

El escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez retrata, en un artículo relacionado con el asesinato de Salvador Allende, su visión de quien fuera el primer presidente socialista electo por el pueblo en América Latina.
García Márquez señala que el apego a la legalidad y a la carta constitucional chilena que tenía Allende fueron de alguna manera su propia condena.
La defensa de su mandato y de la legislación burguesa complotaron al punto de terminar justificando su propia muerte.
LA VERDADERA MUERTE DE UN PRESIDENTE
A la hora de la batalla final, con el país a merced de las fuerzas desencadenadas de la subversión, Salvador Allende continuó aferrado a la legalidad.
La contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado, y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa.
La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno, sino desde el poder.
Esa comprobación tardía debió ser la fuerza que lo impulsó a resistir hasta la muerte en los escombros en llamas de una casa que ni siquiera era la suya, una mansión sombría que un arquitecto italiano construyó para fábrica de dinero y terminó convertida en el refugio de un Presidente sin poder.
Resistió durante seis horas con una metralleta que le había regalado Fidel Castro y que fue la primera arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás.
El periodista Augusto Olivares, que resistió a su lado hasta el final, fue herido varias veces y murió desangrándose en la asistencia pública.
Hacia las cuatro de la tarde, el general de división Javier Palacios logró llegar hasta el segundo piso, con su ayudante el capitán Gallardo y un grupo de oficiales. Allí, entre las falsas poltronas Luis XV y los floreros de Dragones Chinos y los cuadros de Rugendas del salón rojo, Salvador Allende los estaba esperando. Llevaba en la cabeza un casco de minero y estaba en mangas de camisa, sin corbata y con la ropa sucia de sangre. Tenía la metralleta en la mano.
Allende conocía al general Palacios. Pocos días antes le había dicho a Augusto Olivares que aquel era un hombre peligroso, que mantenía contactos estrechos con la Embajada de los EE.UU. Tan pronto como lo vio aparecer en la escalera, Allende le gritó: "Traidor", y lo hirió en la mano.
Allende murió en un intercambio de disparos con esa patrulla. Luego todos los oficiales, en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo. Por último un oficial le destrozó la cara con la culata del fusil.
La foto existe: la hizo el fotógrafo Juan Enrique Lira, del periódico El Mercurio, el único a quien se permitió retratar el cadáver. Estaba tan desfigurado, que a la Sra. Hortensia Allende, su esposa, le mostraron el cuerpo en el ataúd, pero no permitieron que le descubriera la cara.
Había cumplido 64 en el julio anterior y era un leo perfecto: tenaz, decidido e imprevisible.
Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende, me había dicho uno de sus ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros, y era de una galantería un poco a la antigua, con esquela perfumadas y encuentros furtivos.
Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado ilegítimo pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la voluntad de los partidos de la oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que él se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro.
El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo, que se quedó en nuestras vidas para siempre.
Gabriel García Márquez
Fuente: Telesur
boomp3.comJosé A. BuergoFlorecieron en Cuba los framboyanes de fuego en todo su esplendor en el mes de junio. De origen malgache, este vistoso árbol, lo hemos hecho nuestro y llena parques, jardines y alamedas y fortalece con su presencia, la imagen y la belleza de nuestro entorno.
De igual forma están en la historia y llegan en junio a llenar nuestros recuerdos e incentivar lo mejor de la espiritualidad de los revolucionarios cubanos, la imagen de dos grandes de Latinoamérica: Ernesto Guevara de la Serna y Salvador Allende Gossens. ¿Qué los hace iguales?
Ambos australes, médicos humanistas y revolucionarios de oratoria encendida, abrazaron la causa común de los pueblos de América: la búsqueda de la justicia social.
Nacidos ambos en el mes de junio fueron y son de esos latinoamericanos imprescindibles a la hora de los hornos donde solo se ha de ver la luz, como expresa José Martí.
Iguales en la ética y en la conducta ideológica, fueron creciendo junto a sus pueblos en el batallar diario, en sus luchas y pasiones desbordadas en tribunas, foros y trincheras.
Ambos con un final épico a manos de las circunstancias infelices de la historia, traiciones y abandonos a los principios por parte de hombres que a su tiempo juraron lealtad a sus líderes.
Quizás pudiera atribuirse ese final a las condiciones subjetivas que muchas veces determinan el curso de la historia, mas la causa común por la cual lucharon tiene total prevalencia hasta nuestros días.
¿Cómo se conocieron Allende y el Che?
Allende llegó a La Habana en fecha tan temprana como el 20 de enero de 1959. En las calles aún se vive la efervescencia de la victoria revolucionaria.
Narrado por el propio Allende, el encuentro entre estos dos patriotas los marcó para siempre. . "esa tarde yo recibí un llamado de Aleyda, a quien no conocía, no sabía quien era. Era la secretaria del Che, no estaba casada con el Che todavía, y me dijo: "El Comandante Guevara le va a mandar su automóvil y lo espera en el Cuartel de La Cabaña". Ahí llegué yo y ahí estaba el Che. Estaba tendido en un catre de campaña, en una pieza enorme donde recuerdo había un catre de bronce, pero el Che estaba tendido en el catre de campaña. Solamente con los pantalones y con el torso descubierto, y en ese momento tenía un fuerte ataque de asma. Estaba con el inhalador y yo espere que se le pasara; me senté en la cama, en la otra, entonces le dije: "Comandante", pero me dijo: "Mire, Allende, yo se perfectamente bien quien es usted. Yo le oí en la campaña presidencial del '52 dos discursos: uno muy bueno y uno muy malo. Así es que conversemos con confianza, porque yo tengo una opinión clara de quien es usted". Después me dí cuenta de la calidad intelectual, el sentido humano, la visión continental y la concepción realista de la lucha de los pueblos que tenía el Che".
"... La primera vez que llegué a Cuba me conecté con el Che y desde ese instante tuve por el afecto, respeto, y creo, podría decirte que fui amigo del Che. Tengo aquí un retrato de él que tiene una dedicatoria, dice: "A Carmen Paz, Beatriz y María Isabel, con el cariño fraterno de la Revolución Cubana y el mío propio". Esto demuestra que conocía a mis hijas, que sabía que familiarmente le teníamos afecto, cariño, pero más que eso, quiero mostrar algo que tiene un valor inestimable para mí. Algo excepcional que guardo como un tesoro: La guerra de guerrillas. Este ejemplar estaba encima del escritorio del Che, debe haber sido el segundo o tercer ejemplar, porque me imagino que el primero se lo dio a Fidel. Y aquí tiene una dedicatoria que dice: "A Salvador Allende, que por otros medios trata de obtener lo mismo. Afectuosamente, Che".
Años después se volverían a encontrar en Uruguay: en Punta del Este y en el propio Montevideo donde ambos tendrían destacada participación en actividades políticas.
Es indudable que entre ambos se selló para siempre la amistad basada en el compromiso político y revolucionario nacido del mutuo reconocimiento.
Pasaron otros años y recibieron nuestros pueblos la ingrata noticia de la muerte del Che en Bolivia. Allende describe su impresión entonces: "La noticia de su asesinato me causó un pesar profundo. Compartí el dolor de miles y miles de mis compatriotas". "Yo era presidente del Senado cuando llegaron aquí los guerrilleros que acompañaban al Che. Entonces yo estuve con ellos en Iquique y después volé a Pascua y Tahití con ellos. Ahí me firmaron Pombo y otros en este libro, La guerra de guerrillas, que yo llevaba, y ellos pusieron lo siguiente: "Compañero, en el libro que le obsequió el Che, queremos que queden estas palabras coma homenaje a él, de los que fuimos sus compañeros de la guerrilla boliviana".
¿Qué los hace diferentes?
Solo por la forma como encausaron sus luchas libertarias por la verdadera justicia, la genuina independencia y soberanía de sus pueblos de América.
A decir de Óscar Soto, médico y cercano colaborador del presidente Allende, en su libro "El ultimo día de Salvador Allende", este nunca fue partidario de la vía armada o de la ruptura o división de las Fuerzas Armadas para hacer avanzar su proyecto de transformación. Creía Allende en la posibilidad de que la institucionalidad chilena se podría modificar, en función de la votación y la consulta popular.
El Che, basado en su experiencia cubana y artífice como fue de la "Guerra de guerrillas", trazó su proyecto de lucha sustentado en la acción armada.
Al respecto Allende reflexionó entonces: "Yo creo, indiscutiblemente, que en la vida de Latinoamérica pocas veces, o quizás nunca, ha habido un hombre que haya demostrado mas consecuencia con sus ideas, más generosidad, mas desprendimiento.
".el Che lo tenía todo, renunció a todo para hacer posible la lucha continental. Ahora, la respuesta del por que está en la propia dedicatoria del libro del Che: "Para Allende, que por otros caminos trata de obtener lo mismo". Había diferencias, indiscutiblemente, pero formales. En el fondo, las posiciones eran similares, iguales."
Es difícil y casi osado pretender en pocas cuartillas ponderar la historia de dos grandes de Latinoamérica. Merecen ambos todo el tiempo de nuestras vidas para conocerles y honrarles. Son historia viva, ejemplo de derroteros para nuestros expectantes pueblos de América, mas, están juntos a nosotros, nos acompañan en nuestros sueños y esperanzas, porque ya la historia se cuenta con los maltratados y vilipendiados de América Latina como presagiara el Che; porque ya la historia la están haciendo definitivamente nuestros pueblos, como sentenciara Allende, porque ellos juntos "han echado a andar y su marcha de gigantes no se detendrá jamás".
Fuente: Rebelión