Mostrando las entradas con la etiqueta Eduardo Galeano. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Eduardo Galeano. Mostrar todas las entradas

27 mayo 2012

Eduardo Galeano: "Confundimos la grandeza con lo grandote"




"Libre es el que es capaz todavía de elegir la defensa de su dignidad en un mundo donde, quieras o no, en algún momento tendrás que tomar partido entre los indignos y los indignados." - Eduardo Galeano



Vivimos para trabajar, ¿qué error hemos cometido?

La economía está al servicio de la industria militar que es el nombre artístico de la industria criminal.

¿El prójimo es el enemigo?

Sí, somos una civilización de soledades que se encuentran y desencuentran continuamente sin reconocerse. Ese es nuestro drama, un mundo organizado para el desvínculo, donde el otro es siempre una amenaza y nunca una promesa.

El miedo nos domina.

Es el pretexto para que esta industria pueda prosperar, porque necesita guerras y enemigos, y si no existen hay que inventarlos. Fíjese en el caso de Nelson Mandela.

El mundo celebra el día que nació.

Pues ha figurado en la lista de enemigos peligrosos para la seguridad de EE.UU. hasta el 2008. Durante 60 años el africano más prestigioso fue un terrorista para el país dominante. ¿Cómo vamos a creer en todo lo que nos cuentan sobre las amenazas terroristas?

¿Somos un gran rebaño de borregos?

Por todos lados aparecen símbolos asombrosos de resistencia y de vida. Lo mejor que tiene la vida es la capacidad de sorpresa.

Sin embargo, vamos tras la seguridad.

Vivimos en un mundo inseguro, no sólo porque podemos ser robados, asaltados... Los coches matan más que las drogas, y el aire que respiramos y los pesticidas nos exterminan. Sólo si nos articulamos para defendernos de un sistema que es enemigo de la naturaleza y de la gente podremos hallar espacios de seguridad.

¿Qué nos hace libres?

Los desafíos que uno enfrenta cada día son los que te abren una rendija para elegir entre la dignidad y la obediencia. Libre es el que es capaz todavía de elegir la defensa de su dignidad en un mundo donde, quieras o no, en algún momento tendrás que tomar partido entre los indignos y los indignados.

Desde niños nos adoctrinan hasta el punto de que nos parece normal lo anormal.
Que el presidente Obama recibiera el premio Nobel de la Paz con un discurso de homenaje a la guerra "justa y necesaria contra el mal" ilustra lo que usted dice.

¿Qué semilla se puede plantar para que la gente sospeche?

Hay que ver al revés las historias que los diarios nos cuentan para poder entenderlas al derecho: Iraq invade EE.UU. porque sus arsenales de armas de destrucción masiva son un peligro para la humanidad. Lo que es verdad, pero este fue el pretexto de los americanos para invadir Iraq y matar a una cantidad ingente de civiles.

¿Cómo averiguar si uno está vivo o es un muerto viviente?

Habrá que preguntarse hasta qué punto soy capaz de amar y de elegir entre la dignidad y la indignidad, de decir no, de desobedecer. Capaz de caminar con tus propias piernas, pensar con tu propia cabeza y sentir con el propio corazón en lugar de resignarte a pensar lo que te dicen.

...
La mayoría trabaja a contracorazón y termina viviendo una vida que no es la suya por las necesidades materiales, y eso es lo que hace que algunos no se den cuenta de que murieron hace muchos años, la última vez que fueron capaces de decir no.

¿Es una utopía un mundo en el que la gente haga lo que le gusta?
Como dice el patriarca del cine argentino, Fernando Birri, la utopía sirve para caminar. A mí me gusta mucho ver el universo por el ojo de la cerradura.

¿Desde lo pequeño?

Sí, para no confundir la grandeza con lo grandote, una de las confusiones del mundo actual. La grandeza no está en los hechos espectaculares, está en la vida cotidiana.

Hay que endulzarla.
En el manicomio general, los franceses dictaron una ley que era un acto de cordura: ya que tenemos máquinas capaces, tengamos 35 horas de trabajo semanal, pero duró 10 años. ¿Por qué el progreso tecnológico tiene que producir angustia y desempleo?

El 99% de las especies del planeta no viven para trabajar, y no les va tan mal.

Nosotros nos hemos especializado en ser instrumentos de nuestros instrumentos, y somos los únicos capaces de destinar nuestros mejores recursos al exterminio loco. Cada minuto el mundo destina tres millones de dólares a gastos militares y mueren 15 niños de enfermedades curables. ¿Qué clase de especie es esta que dice ser la racional?

¿Qué faceta humana nos destruye?

El conformismo, la aceptación de la realidad como un destino y no como un desafío que nos invita al cambio, a resistir, a rebelarnos, a imaginar en lugar de vivir el futuro como una penitencia inevitable.

Y eso hay que hacerlo en compañía.

Sí, en solidaridad, que es un sentimiento horizontal. La caridad es vertical y no me gusta. Hay un viejo proverbio africano que dice que el que da está siempre por encima de la mano que recibe. De hecho, nuestros antepasados sobrevivieron porque supieron repartir la comida y defenderse juntos.

Pese a ello, somos tan destructivos...
Me imagino un juicio universal a la condición humana de las plantas y los animales, apuntándonos con sus patitas y con sus ramitas y preguntándonos: ¿qué han hecho del mundo?, ¿por qué nos mataron? Qué terrible confusión creernos dueños de la naturaleza.´

IMA SANCHÍS

Fuente: La Vanguardia





06 junio 2011

Guerras matamundos


A mediados del siglo diecisiete, el obispo irlandés James Ussher reveló que el mundo nació en el año 4004 antes de Cristo, entre el crepúsculo del sábado 22 de octubre y la noche del día siguiente.

Sobre la muerte del mundo, en cambio, no disponemos de información tan exacta. Se teme, eso sí, que la defunción no demorará, dado el febril ritmo de trabajo de sus asesinos. Los avances tecnológicos de este siglo veintiuno equivaldrán a veinte mil años de progreso en la historia humana, pero no se sabe en qué planeta serán celebrados. Ya lo había profetizado Shakespeare: La desgracia de estos tiempos es que los locos conducen a los ciegos.

Nos invitan a morir las máquinas creadas para ayudarnos a vivir.

Las grandes ciudades prohíben respirar y caminar. Los bombardeos químicos disuelven los polos y las nieves de las cumbres de las montañas. Una agencia de viajes de California vende excursiones a Groenlandia, para decir adiós a los hielos. La mar engulle las costas y las redes de los pescadores
recogen medusas en vez de bacalaos. Los bosques naturales, verdes fiestas de la diversidad, se convierten en bosques industriales o en desiertos donde ni las piedras germinan. En veinte países, a principios de este siglo, la sequía ha arrojado cien millones de campesinos a la buena de Dios. «La naturaleza está ya muy cansada», escribió el fraile español Luis Alfonso de Carvallo. Fue en 1695. Si nos viera ahora.

Donde no hay sequías, hay diluvios. Año tras año se multiplican las inundaciones, los huracanes, los ciclones y los terremotos de nunca acabar. Los llaman desastres naturales, como si la naturaleza fuera su autora y no su víctima. Desastres matamundos, desastres matapobres: en Guatemala dicen que los tales desastres naturales se parecen a las viejas películas de cowboys, porque sólo mueren los indios.

¿Por qué tiemblan las estrellas? Quizá presienten que pronto invadiremos otros astros del cielo.

Eduardo Galeano
Del libro "Espejos - Una historia casi universal"

26 mayo 2011

Eduardo Galeano: Dos momentos, el mismo compromiso

Recibiendo el Premio Manuel Vázquez Montalbán
Foto: EFE



Compartimos con ustedes dos momentos recientes protagonizados por Eduardo Galeano: la entrega del Premio de Periodismo Manuel Vázquez Montalbán y su posterior pasaje por la Acampada de la Plaça de Catalunya. En ambas situaciones, Galeano demuestra, una vez más, la coherencia y el compromiso con la construcción de un mundo más justo.










24 mayo 2011

Eduardo Galeano apoya al Movimiento 15M y Democracia Real Ya



El periodista y escritor Eduardo Galeano recibió hoy en Cataluña el Premio Vázquez Montalbán en la categoría de periodismo deportivo.

Galeano participó de las acampadas en la Puerta del Sol de Madrid, principal centro y origen de las manifestaciones. Defendió las protestas del Movimiento 15M y Democracia Real Ya y justificó a quienes se abstuvieron de votar en las elecciones municipales autonómicas: “Me parece una protesta legítima. El callar es una forma de protesta y a veces el silencio dice más que las palabras”.

Compartimos con ustedes el diálogo que mantuvo con la televisión catalana.



08 mayo 2011

Eduardo Galeano: “La independencia en América Latina es una tarea por hacer”


Foto: Andrés Landinelli Oroño


El escritor uruguayo Eduardo Galeano afirmó en Montevideo que la independencia es todavía una tarea por hacer y criticó las celebraciones del bicentenario que se realizan este año en varios países del continente.

Durante una conferencia que dictó la noche de este miércoles en un auditorio del centro de Montevideo, Galeano centró sus críticas en las cartas magnas de algunos países, incluida la del suyo.

Las constituciones fueron la prueba más evidente de que lo conquistado fue una libertad de comercio. En realidad, la independencia sigue siendo para nosotros una tarea por hacer.

Explicó que aquellas constituciones de comienzos y mediados del siglo XIX consagraron injusticias y desigualdades siempre en perjuicio de los más pobres, débiles y desamparados de estas tierras.

En Uruguay la primera Constitución, que data de 1830, “negaba la ciudadanía a mujeres, analfabetos y esclavos, entre otros. Sólo uno de cada diez uruguayos tuvo derecho a ser ciudadano del nuevo país. Y 95 por ciento no pudo votar en las primeras elecciones.

Y así fue en toda América, de norte a sur. Todas nuestras naciones nacieron mentidas. La independencia renegó de quienes peleando por ella se habían jugado la vida. Y las mujeres, los jóvenes, los indios y los negros no fueron invitados a la fiesta. Las constituciones dieron prestigio legal a esa mutilación.

Al citar algunos de los textos de su libro Espejos y otros anteriores, Galeano recordó que Bolivia tardó 181 años en enterarse de que era un país de amplia mayoría indígena. La revelación ocurrió en 2006 cuando Evo Morales, un indio aymara, pudo consagrarse presidente por avalancha de votos. Y ese año Chile se enteró de que la mitad de la población son mujeres y Michelle Bachelet fue presidenta.

Durante su conferencia, organizada por el sistema de radios públicas del Estado uruguayo, en un ciclo denominado celebrar la palabra, Galeano rindió homenaje a lo que consideró héroes de la historia, pero que no son recordados, como el caso de Solano López, en Paraguay, o Simón Rodríguez, en Venezuela, recién ahora reivindicados por los actuales gobiernos.

También rindió tributo a Haití, el primer país verdaderamente independiente de América Latina y por eso duramente castigado durante todos estos años. Nunca le perdonaron que un grupo de negros esclavos le haya propinado una brutal paliza al poderoso ejército de Napoleón, recordó el escritor.

Y reservó un capítulo especial de su disertación para referirse al prócer nacional José Artigas (1764-1850) a quien atribuyó la primera reforma agraria, un siglo antes que (Emiliano) Zapata y medio siglo antes que Abraham Lincoln. El que vivió peleando para que la independencia no fuera una emboscada contra los más pobres de América, dijo.

Tantas estatuas que sobran… pero las que faltan son casi tantas como las que sobran, agregó el autor de Las venas abiertas de América Latina.

Al citar a Simón Rodríguez remarcó: Somos independientes pero no somos libres. Este maestro venezolano advertía que instruir no es educar. Enseñar logra que alguien sepa, pero si se educa se logrará que alguien haga. A quien no sabe cualquiera lo engaña y a quien no tiene cualquiera lo compra.

Galeano instó a empezar a pensar con las propias cabezas, a sentir con los propios corazones y caminar con sus propias piernas como una forma de ir avanzando hacia la definitiva independencia, individual y colectiva. Porque una nación no es otra cosa que una suma de personas, concluyó.

Fuente: CubaDebate

06 mayo 2011

Eduardo Galeano: Dignidad de la memoria, memoria de la dignidad


En momentos en que por presiones indebidas se debate en el seno del Frente Amplio acerca de la eliminación de los efectos de la llamada Ley de Impunidad, nos parece importante rescatar las palabras que pronunciara Eduardo Galeano con motivo del sepelio de Ubagesner Chávez Sosa, quien fuera víctima del terrorismo de Estado.

Parafraseando a Galeano, "compartimos la esperanza de que más temprano que tarde habrá memoria y habrá justicia, porque la historia enseña que la memoria puede sobrevivir porfiadamente a todas sus prisiones y enseña que la justicia debe y puede ser más fuerte que el miedo si la gente la ayuda".



02 mayo 2011

Juan Castillo: "Vamos a sacarnos la vergüenza de ser el único país del mundo que tiene una ley que protege a los asesinos"


Durante el acto, el PIT CNT anunció un paro parcial para el 20 de mayo, convocando a los trabajadores a "rodear" el Palacio Legislativo mientras se vota el proyecto de anulación de la Ley de Caducidad en una actitud "festiva".

El secretario general del PIT CNT Juan Castillo fue el encargado de la parte central del acto del 1º de mayo. En su discurso Castillo reconoció algunos avances del país durante este último período como la baja de la mortalidad infantil o la reducción del desempleo, y agradeció al gobierno por escuchar la propuesta de los trabajadores de bajar el IVA y aumentar el mínimo imponible del IRPF.

En contrapartida, Castillo dijo que ha habido "avances y retrocesos" en el proceso de crecimiento del país. "Muchos se preguntan por qué hacemos tantos reclamos, y es porque Uruguay todavía es una sociedad capitalista y la lucha de clases sigue existiendo" comentó el sindicalista, introduciendo uno de los puntos centrales del acto: la redistribución de la riqueza.

Según el dirigente "es verdad que hay más trabajo, pero las condiciones laborales y salariales distan de ser dignas", a lo que agregó que "el país está mejor, pero el 20% de los más ricos tienen el 50% de la riqueza, mientras que el 20% más pobre sobrevive con el 5%".

El sindicalista agregó que "con esta matriz productiva no es posible avanzar hacia la distribución de la riqueza", añadiendo que el Estado debe invertir, y no sólo las trasnacionales. Castillo mencionó en este punto el proyecto de ley de Participación Publico-Privada, e instó a los legisladores a votar con responsabilidad para "votar un buen instrumento y no un arma de doble filo".

Uno de los momento importantes en el discurso de Castillo fue el saludo a los trabajadores de la empresa Metzen y Sena, para los cuales el presidente Mujica prometió una solución en la reunión del viernes con el PIT CNT. Castillo puso en su voz el reclamo de estos trabajadores, al decir que "no queremos una pensión vitalicia, sino a la fábrica echando humo de nuevo", y terminó expresando el deseo de que el próximo acto del 1º de Mayo se realice en la puerta de Metzen y Sena ya funcionando.

Durante el discurso se presentaron algunas de las propuestas del PIT CNT como la necesidad de un plan agropecuario, un frigorífico nacional y que el Estado tenga su propia flota pesquera. La aprobación de la Ley de Vestimenta es otra de las prioridades de la Central Sindica, de igual forma que la profundización del Sistema Nacional Integrado de Salud y de un Plan de Vivienda Nacional.

Entre las propuestas comunicadas por Castillo, hubo dos que generaron los aplausos del público. La primera de ellas fue la convocatoria a aprobar la Ley de Salud Sexual y Reproductiva, mientras que la segunda fue el llamado a festejar el 20 de mayo entorno al Palacio Legislativo, para celebrar que "vamos a sacarnos la vergüenza de ser el único país del mundo que tiene una ley que protege a los asesinos". Durante el acto, el PIT CNT anunció un paro parcial para el 20 de mayo, convocando a los trabajadores a "rodear" el Palacio Legislativo mientras se vota el proyecto de anulación de la Ley de Caducidad en una actitud "festiva".

Castillo se mostró contrario también al proyecto de bajar la edad de imputabilidad. "No hay que estigmatizar a los jóvenes por el sólo hecho de ser jóvenes" dijo, agregando que "la derecha no ha entendido que no es a fuerza de palo que genera conciencia".

Anteriormente, el también dirigente del PIT - CNT Edgardo Oyenard había condenando la permanencia de la Ley de Caducidad, diciendo que "es insoportable seguir viviendo con la ley de impunidad en la sociedad, especialmente para los más jóvenes". Por ello, llamó a una movilización el próximo día 20, para "rodear el Palacio Legislativo" en rechazo a la norma.

Condenó asimismo la campaña de recolección de firmas llevada adelante por el Partido Colorado, en procura de la reducción de la edad de imputabilidad.

Tal como se había anunciado, el presidente Mujica concurrió al acto en Las Piedras. También hicieron acto de presencia los funcionarios de presidencia Alberto Breccia y Diego Cánepa, el ministro de Trabajo Eduardo Brenta, el ministro de Economía Fernando Lorenzo, el ex canciller Reinaldo Gargano, la intendenta montevideana Ana Olivera y su par canario Marcos Carámbula.

Foto: Manuel Lino


“Artigas sigue siendo peligroso”

“Artigas sigue siendo peligroso” aseguró Eduardo Galeano durante el acto del 1º de Mayo celebrado en la localidad de Las Piedras. El escritor trazó una semblanza del prócer, mientras el actor Ruben Yañez llamó a velar por la cultura y la educación.

El mal tiempo reinante obligó a modificar la locación del acto del 1 de Mayo, trasladándolo a las instalaciones del club Juventud de Las Piedras. La oratorio comenzó sobre las 14.30, con alocuciones del actor Ruben Yañez y el escritor Eduardo Galeano.

Este último evocó la gesta independentista de la que se cumplen doscientos años, y se detuvo en la figura de Artigas y su vigencia. Para Galeano, el nombre del prócer oriental "es la más bella palabra que esta tierra ha dicho", por ello "cada vez que los codiciosos la quieran o la lastimen, usted hará falta".

Galeano recordó las dificultades experimentadas por las autoridades del último régimen dictatorial, en momentos de la culminación del mausoleo donde hoy descansan los restos de caudillo. En aquel momento, el gobierno de facto se las vio en figurillas cuando procuró hallar una frase artiguista que fuera funcional a la dictadura, y que pudiera estamparse con tranquilad en el monumento. "Artigas es el más vivo de los muertos, y continúa siendo peligroso", afirmó.

Anteriormente, Ruben Yañez había llamado la atención sobre la necesidad de profundizar las políticas educativas y culturales, e hizo referencia a la difundida pintada que pudo verse en los últimos meses en numerosas paredes montevideanas, donde el conductor televisivo Marcelo Tinelli pateaba la figura de José Pedro Varela. "Seguimos teniendo a Tinelli pateándonos la cabeza", lamentó el artista.

Fuente: Montevideo Portal


21 abril 2011

Educando con el ejemplo


La escuela del mundo al revés es la más democrática de las instituciones educativas. No exige examen de admisión, no cobra matrícula y gratuitamente dicta sus cursos, a todos y en todas partes, así en la tierra como en el cielo: por algo es hija del sistema que ha conquistado, por primera vez en toda la historia de la humanidad, el poder universal. En la escuela del mundo al revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos.

Los modelos del éxito

El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian a la naturaleza: la injusticia, dicen, es ley natural. Milton Friedman, uno de los miembros mas prestigiosos del cuerpo docente, habla de "la tasa natural de desempleo". Por ley natural, comprueban Richard Herrnstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la nuturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del mundo siguen creyendo que Charles Danvin escribió sus libros para anunciarles la gloria.

¿Supervivencia de los más aptos? La aptitud más útil para abrirse paso y sobrevivir, el killing instinct, el instinto asesino, es virtud humana cuando sirve para que las empresas grandes hagan la digestión de las empresas chicas y para que los países fuertes devoren a los países débiles, pero es prueba de bestialidad cuando cualquier pobre tipo sin trabajo sale a buscar comida con un cuchillo en la mano. Los enfermos de la patología antisocial, locura y peligro que cada pobre contiene, se inspiran en los modelos de buena salud del éxito social. Los delincuentes de morondanga aprenden lo que saben elevando la mirada, desde abajo, hacia las cumbres; estudian el ejemplo de los triunfadores y, mal que bien, hacen lo que pueden para imitarles los méritos. Pero "los jodidos siempre estarán jodidos", como solía decir don Emilio Azcárraga, que fue amo y señor de la televisión mexicana. Las posibilidades de que un banquero que vacía un banco pueda disfrutar, en paz, del fruto de sus afanes son directamente proporcionales a las posibilidades de que un ladrón que roba un banco vaya a parar a la cárcel o al cementerio.

Cuando un delincuente mata por alguna deuda impaga, la ejecución se llama ajuste de cuentas; y se llama plan de ajuste la ejecución de un país endeudado, cuando la tecnocracia internacional decide liquidarlo. El malevaje financiero secuestra países y los cocina si no pagan el rescate: si se compara, cualquier hampón resulta más inofensivo que Drácula bajo el sol. La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado. Los organismos internacionales que controlan la moneda, el comercio y el crédito practican el terrorismo contra los países pobres, y contra los pobres de todos los países, con una frialdad profesional y una impunidad que humillan al mejor de los tirabombas.

El arte de engañar al prójimo, que los estafadores practican cazando incautos por las calles, llega a lo sublime cuando algunos políticos de éxito ejercitan su talento. En los suburbios del mundo, los jefes de estado venden los saldos y retazos de sus países, a precio de liquidación por fin de temporada, como en los suburbios de las ciudades los delincuentes venden, a precio vil, el botín de sus asaltos.

Los pistoleros que se alquilan para matar realizan, en plan minorista, la misma tarea que cumplen, en gran escala, los generales condecorados por crímenes que se elevan a la categoría de glorias militares. Los asaltantes, al acecho en las esquinas, pegan zarpazos que son la versión artesanal de los golpes de fortuna asestados por los grandes especuladores que desvalijan multitudes por computadora. Los violadores que más ferozmente violan la naturaleza y los derechos humanos, jamás van presos. Ellos tienen las llaves de las cárceles. En el mundo tal cual es, mundo al revés, los países que custodian la paz universal son los que más armas fabrican y los que más armas venden a los demás países; los bancos más prestigiosos son los que más narcodólares lavan y los que más dinero robado guardan; las industrias más exitosas son las que más envenenan el planeta; y la salvación del medio ambiente es el más brillante negocio de las em- presas que lo aniquilan. Son dignos de impunidad y felicitación quienes matan la mayor cantidad de gente en el menor tiempo, quienes ganan la mayor cantidad de dinero con el menor trabajo y quienes exterminan la mayor cantidad de naturaleza al menor costo.

Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia.

¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazadas, nuestra única libertad posible? El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen, son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela.



Los alumnos

Día tras día, se niega a los niños el derecho a ser niños. Los hechos, que se burlan de ese derecho, imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura. Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tiene atados a la pata del televisor, para que desde muy temprano acepten, como destino, la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños.

Los de arriba, los de abajo y los del medio

En el océano del desamparo, se alzan las islas del privilegio. Son lujosos campos de concentración, donde los poderosos sólo se encuentran con los poderosos y jamás pueden olvidar, ni por un ratito, que son poderosos. En algunas de las grandes ciudades latinoamericanas, los secuestros se han hecho costumbre, y los niños ricos crecen encerrados dentro de la burbuja del miedo. Habitan mansiones amuralladas, grandes casas o grupos de casas rodeadas de cercos electrificados y de guardias armados, y están día y noche vigilados por los guardaespaldas y por las cámaras de los circuitos cerrados de seguridad. Los niños ricos viajan, como el dinero, en autos blindados. No conocen, más que de vista, su ciudad. Descubren el subterráneo en Paris o en Nueva York, pero jamás lo usan en San Pablo o en la capital de México.

Ellos no viven en la ciudad donde viven. Tienen prohibido ese vasto infierno que acecha su minúsculo cielo privado. Más allá de las fronteras, se extiende una región del terror donde la gente es mucha, fea, sucia y envidiosa. En plena era de la globalización, los niños ya no pertenecen a ningún lugar, pero los que menos lugar tienen son los que más cosas tienen: ellos crecen sin raíces, despojados de identidad cultural, y sin más sentido social que la certeza de que la realidad es un peligro. Su patria está en las marcas de prestigio universal, que distinguen sus ropas y todo lo que usan, y su lenguaje es el lenguaje de los códigos electrónicos internacionales. En las ciudades más diversas, y en los más distantes lugares del mundo, los hijos del privilegio se parecen entre sí, en sus costumbres y en sus tendencias, como entre sí se parecen los shopping centers y los aeropuertos, que están fuera del tiempo y del espacio. Educados en la realidad virtual, se deseducan en la ignorancia de la realidad real, que sólo existe para ser temida o para ser comprada.

Fast food, fast cars, fast life: desde que nacen, los niños ricos son entrenados para el consumo y para la fugacidad, y transcurren la infancia comprobando que las máquinas son más dignas de confianza que las personas. Cuando llegue la hora del ritual de iniciación, les será ofrendada su primera coraza todo terreno, con tracción a cuatro ruedas. Durante los años de la espera, ellos se lanzan a toda velocidad a las autopistas cibernéticas y confirman su identidad devorando imágenes y mercancías, haciendo zapping y haciendo shopping. Los ciberniños navegan por el ciberespacio con la misma soltura con que los niños abandonados deambulan por las calles de las ciudades.

Mucho antes de que los niños ricos dejen de ser niños y descubran las drogas caras que aturden la soledad y enmascaran el miedo, ya los niños pobres están aspirando gasolina o pegamento. Mientras los niños ricos juegan a la guerra con balas de rayos láser, ya las balas de plomo amenazan a los niños de la calle.

En América latina, los niños y los adolescentes suman casi la mitad de la población total. La mitad de esa mitad vive en la miseria. Sobrevivientes: en América latina mueren cien niños, cada hora, por hambre o enfermedad curable, pero hay cada vez más niños pobres en las calles y en los campos de esta región que fabrica pobres y prohíbe la pobreza. Niños son, en su mayoría, los pobres; y pobres son, en su mayoría, los niños. Y entre todos los rehenes del sistema, ellos son los que peor la pasan. La sociedad los exprime, los vigila, los castiga, a veces los mata: casi nunca los escucha, jamás los comprende.

Esos niños, hijos de gente que trabaja salteado o que no tiene trabajo ni lugar en el mundo, están obligados, desde muy temprano, a vivir al servicio de cualquier actividad ganapán, deslomándose a cambio de la comida, o de poco más, todo a lo largo y a lo ancho del mapa del mundo. Después de aprender a caminar, aprenden cuáles son las recompensas que se otorgan a los pobres que se portan bien: ellos, y ellas, son la mano de obra gratuita de los talleres, las tiendas y las cantinas caseras, o son la mano de obra a precio de ganga de las industrias de exportación que fabrican ropa deportiva para las grandes empresas multinacionales. Trabajan en las faenas agrícolas o en los trajines urbanos, o trabajan en su casa, al servicio de quien allí mande. Son esclavitos o esclavitas de la economía familiar o del sector informal de la economía globalizada, donde ocupan el escalón más bajo de la población activa al servicio del mercado mundial:
en los basurales de la ciudad de México, Manila o Lagos, juntan vidrios, latas y papeles, y disputan los restos de comida con los buitres; se sumergen en el mar de Java, buscando perlas; persiguen diamantes en las minas del Congo; son topos en las galerías de las minas del Perú, imprescindibles por su corta estatura, y cuando sus pulmones no dan más, van a parar a los cementerios clandestinos; cosechan café en Colombia y en Tanzania, y se envenenan con los pesticidas; se envenenan con los pesticidas en las plantaciones de algodón de Guatemala y en las bananeras de Honduras; en Malasia recogen la leche de los árboles del caucho, en jornadas de trabaio que se extienden de estrella a estrella; tienden vías de ferrocarril en Birmania; al norte de la India se derriten en los hornos de vidrio, y al sur en los hornos de ladrillos; en Bangladesh, desempeñan más de trescientas ocupaciones diferentes, con salarios que oscilan entre la nada y la casi nada por cada día de nunca acabar; corren carreras de camellos para los emires árabes y son jine tes pastores en las estancias del río de la Plata; en Port-au-Prince, Colombo, Jakarta o Recife sirven la mesa del amo, a cambio del derecho de comer lo que de la mesa cae; venden fruta en los mercados de Bogotá y venden chicles en los autobuses de San Pablo; limpian parabrisas en las esquinas de Lima, Quito o San Salvador; lustran zapatos en las calles de Caracas o Guanajuato; cosen ropa en Tailandia y cosen zapatos de f útbol en Vietnam; cosen pelotas de fútbol en Pakistán y pelotas de béisbol en Honduras y Haití; para pagar las deudas de sus padres, recogen té o tabaco en las plantaciones de Sri Lanka y cosechan jazmines, en Egipto, con destino a la perfumería francesa; alquilados por sus padres, tejen alfombras en Irán, Nepal y en la India, desde antes del amanecer hasta pasada la medianoche, y cuando alguien llega a rescatarlos, preguntan: "¿Es usted mi nuevo amo?"; vendidos a cien dólares por sus padres, se ofrecen en Sudán para labores sexuales o todo trabajo.

Por la fuerza reclutan niños los ejércitos, en algunos lugares de África, Medio Oriente y América latina. En las guerras, los soldaditos trabajan matando, y sobre todo trabajan muriendo: ellos suman la mitad de las víctimas en las guerras africanas recientes. Con excepción de la guerra, que es cosa de machos según cuenta la tradición y enseña la realidad, en casi todas las demás tareas, los brazos de las niñas resultan tan útiles como los brazos de los niños. Pero el mercado laboral reproduce en las niñas la discriminación que normalmente practica contra las mujeres: ellas, las niñas, siempre ganan menos que lo poquísimo que ellos, los niños, ganan, cuando algo ganan.

La prostitución es el temprano destino de muchas niñas y, en menor medida, también de unos cuantos niños, en el mundo entero. Por asombroso que parezca, se calcula que hay por lo menos cien mil prostitutas infantiles en los Estados Unidos, según el informe de UNICEF de 1997. Pero es en los burdeles y en las calles del sur del mundo donde trabaja la inmensa mayoría de las víctimas infantiles del comercio sexual. Esta multimillonaria industria, vasta red de traficantes, intermediarios, agentes turísticos y proxenetas, se maneja con escandalosa impunidad. En América latina, no tiene nada de nuevo: la prostitución infantil existe desde que en 1536 se inauguró la primera casa de tolerancia, en Puerto Rico. Actualmente, medio millón de niñas brasi leñas trabajan vendiendo el cuerpo, en beneficio de los adultos que las explotan: tantas como en Tailandia, no tantas como en la India. En algunas playas del mar Caribe, la próspera industria del turismo sexual ofrece niñas vírgenes a quien pueda pagarlas. Cada año aumenta la cantidad de niñas arrojadas al mercado de consumo: según las estimaciones de los organismos internacionales, por lo menos un millón de niñas se incorporan, cada año, a la oferta mundial de cuerpos.

Son incontables los niños pobres que trabajan, en su casa o afuera, para su familia o para quien sea. En su mayoría, trabajan fuera de la ley y fuera de las estadísticas. ¿Y los demás niños pobres? De los demás, son muchos los que sobran. El mercado no los necesita, ni los necesitará jamás. No son rentables, jamás lo serán. Desde el punto de vista del orden establecido, ellos empiezan robando el aire que respiran y después roban todo lo que encuentran. Entre la cuna y la sepultura, el hambre o las balas suelen interrumpirles el viaje. El mismo sistema productivo que desprecia a los viejos, teme a los niños. La vejez es un fracaso, la infancia es un peligro. Cada vez hay más y más niños marginados que nacen con tendencia al crimen, al decir de algunos especialistas. Ellos integran el sector más amenazante de los excedentes de población. El niño como peligro público, la conducta antisocial del menor en América, es el tema recurrente de los Congresos Panamericanos del Niño, desde hace ya unos cuantos años. Los niños que vienen del campo a la ciudad, y los niños pobres en general, son de conducta potencialmente antisocial, según nos advierten los Congresos desde 1963. Los gobiernos y algunos expertos en el tema comparten la obsesión por los niños enfermos de violencia, orientados al vicio y a la perdición. Cada niño contiene una posible corriente de El Niño, y es preciso prevenir la devastación que puede provocar. En el Primer Congreso Policial Sudamericano, celebrado en Montevideo en 1979, la policía colombiana explicó que "el aumento cada día creciente de la población de menos de dieciocho anos, induce a estimar una mayor población POTENCIALMENTE DELINCUENTE". (Mayúsculas en el documento original.)

En los países latinoamericanos, la hegemonía del mercado está rompiendo los lazos de solidãridad y haciendo trizas el tejido social comunitario. ¿Qué destino tienen los nadies, los dueños de nada, en países donde el derecho de propiedad se está convirtiendo en el único derecho? ¿Y los hijos de los nadies? A muchos, que son cada vez más muchos, el hambre los empuja al robo, a la mendicidad y a la prostitución; y la sociedad de consumo los insulta ofreciendo lo que niega. Y ellos se vengan lanzándose al asalto, bandas de desesperados unidos por la certeza de la muerte que espera: según UNICEF, en 1995 había ocho millones de niños abandonados, niños de la calle, en las grandes ciudades latinoamericanas; según la organización Human Rights Watch, en 1993 los escuadrones parapoliciales asesinaron a seis niños por día en Colombia y a cuatro por día en Brasil.

Entre una punta y la otra, el medio. Entre los niños que viven prisioneros de la opulencia y los que viven prisioneros del desamparo, están los niños que tienen bastante más que nada, pero mucho menos que todo. Cada vez son menos libres los niños de clase media. "Que te dejen ser o que no te dejen ser: ésa es la cuestión", supo decir Chumy Chúmez, humorista español. A estos niños les confisca la libertad, día tras día, la sociedad que sacraliza el orden mientras genera el desorden. El miedo del medio: el piso cruje bajo los pies, ya no hay garantías, la estabilidad es inestable, se evaporan los empleos, se desvanece el dinero, llegar a fin de mes es una hazaña. Bienvenida, clase media, saluda un cartel a la entrada de uno de los barrios más miserables de Buenos Aires. La clase media sigue viviendo en estado de impostura, fingiendo que cumple las leyes y que cree en ellas, y simulando tener más de lo que tiene; pero nunca le ha resultado tan difícil cumplir con esta abnegada tradición. Está la clase media asfixiada por las deudas y paralizada por el pánico, y en el pánico cría a sus hijos. Pánico de vivir, pánico de caer: pánico de perder el trabajo, el auto, la casa, las cosas, pánico de no llegar a tener lo que se debe tener para llegar a ser. En el clamor colectivo por la seguridad pública, amenazada por los monstruos del delito que acecha, la clase media es la que más alto grita. Defiende el orden como si fuera su propietaria, aunque no es más que una inquilina agobiada por el precio del alquiler y la amenaza del desalojo.

Atrapados en las trampas del pánico, los niños de clase media están cada vez más condenados a la humillación del encierro perpetuo. En la ciudad del futuro, que ya está siendo ciudad del presente, los teleniños, vigilados por niñeras electrónicas, contemplarán la calle desde alguna ventana de sus telecasas: la calle prohibida por la violencia o por el pánico a la violencia, la calle donde ocurre el siempre peligroso, y a veces prodigioso, espectáculo de la vida.

Fragmento de "Patas arriba - La escuela del mundo al revés"
de Eduardo Galeano

06 marzo 2011

Entrevista a Eduardo Galeano: "Son bastante hipócritas los llamados a la paz cuando provienen de los países dedicados a la guerra"




El escritor uruguayo Eduardo Galeano afirmó este viernes con respecto al conflicto libio que considera “hipócrita el llamado a la paz cuando proviene de países que vienen de la guerra”. El letrado también afirmó que lo que se vive en el mundo árabe es “una hermosa llamarada de libertad” y reiteró que la independencia de América Latina es todavía “una tarea por hacer”.

En entrevista exclusiva con TeleSUR, el también periodista indicó que no veía convincente el “llamado a la paz” que han hecho en los días recientes los países miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pues “estos países, que gobiernan el mundo, no son solo partícipes de guerras, sino que son los mayores principales productores de armas”.

En este mismo sentido, indicó que lo que está ocurriendo en Libia y en Medio Oriente es “una linda llamarada de libertad” y ratificó que es “una buena noticia para los que creen que no tenemos que resignarnos a los designios del destino”.

“Yo no la veo como una crisis (la del mundo árabe), la veo como una linda llamarada de libertad que se va contagiando y extendiendo, partió pequeñita, chiquita, tenía el tamaño de un vendedor de frutas que fue humillado y a partir de allí se extendió hasta lo que es ahora”, aseveró desde Argentina.

Por otro lado, al ser cuestionado por el contexto actual de Suramérica, el autor del libro Las venas abiertas de América Latina afirmó que “la independencia es todavía una tarea por hacer” y agregó que la principal clave para alcanzarla es “aprender a ser originales”.

Con esta afirmación, el autor rememoró al filósofo y educador venezolano Simón Rodríguez, a quien citó complementando que “no somos libres porque no somos dueños de nosotros mismos”, con lo que criticó que Latinoamérica “quiere ser libre pero no se arriesga a copiar la originalidda y el ingenio”.

“Para ser de veras independientes tenemos que ser capaces de caminar con nuestras piernas, pensar con nuestras propias cabezas y sentir con nuestros propios corazones”, sostuvo.

Agregó que Rodríguez “sí era un verdadero maestro” y aseguró que uno de sus más grandes legados es que fue el creador de la primera escuela donde “se mezclaba” lo que hasta ese entonces era opuesto: los niños con las niñas, los negros con los blancos, y sobre todo: el trabajo manual con el intelectual.

En este sentido, ratificó que “Don Simón ató las dos cosas: la cabeza y el cuerpo (...) enseñaba a sumar y restar, leer y escribir pero también a usar las manos para las tareas de la carpintería, herrería, barro y tierra” y saludó que “él dignificó el trabajo manual”.

Por último explicó que para él el lenguaje verdadero y que más enseña es “el sentipensante”, que definió como “el único que no miente” porque no desvincula el cerebro del corazón.

En este punto, advirtió que “si uno piensa sólo con el cerebro puede llegar a ser frígido y si piensa sólo con el corazón puede llegar a ser cursi”, por ende, hizo un llamado para promover “la cultura sentipensante, que es la que no divorcia al ser humano por dentro”.

“Hay que luchar contra 'la cultura del desvínculo', que no sólo separa la razón del corazón, el pasado del presente y la vocación del trabajo; sino que también nos separa entre nosotros mismos, como islas condenadas a la soledad”, exclamó.

Concluyó afirmando que el mundo “sigue siendo un escenario que a veces duele mucho y otras veces alegra” y recalcó que lo grandioso del ser humano es que es igual de variante y que “así como hay veces que nos decaemos, hay otras oportunidades que nos sentimos capaces de inventar el futuro y de crearlo de nuevo”.

Eduardo Galeano es un escritor y periodista uruguayo nacido en 1940 cuyas obras son famosas en muchos lugares del mundo. Sus textos más conocidos Memoria del fuego (1986) y Las venas abiertas de América Latina (1971) han sido traducidos a veinte idiomas.

Mediante géneros que combinan el análisis político, la historia, el documental y el periodismo, el cronista ha plasmado y descrito la sociedad contemporánea; con especial énfasis en las contrariedades reales existentes en la pobreza, la miseria moral y material, la hipocresía de un mundo y el mercantilismo.

Fuente: TeleSur









23 diciembre 2010

Eduardo Galeano distinguido con el Premio Manuel Vázquez Montalbán


Eduardo Galeano en Estocolmo
Foto: Sofía Sánchez


El escritor y periodista uruguayo, Eduardo Galeano, ha sido el ganador del VII Premio Manuel Vázquez Montalbán en la categoría de periodismo deportivo, según anunció el jurado que otorga este galardón en un acto celebrado ayer en la Sala París del Camp Nou, Barcelona.

Este premio internacional lo otorga el Colegio de Periodistas de Cataluña desde el año 2004.

Galeano es autor del libro El fútbol a sol y sombra (1995), un clásico en el periodismo deportivo, en el que el escritor y periodista repasa la historia de los mundiales, reuniendo episodios y personajes que le permiten describir glorias y miserias de un deporte cuyos efectos trascienden a lo sucedido en un estadio de fútbol.

Galeano, nacido en Montevideo el 3 de septiembre de 1940, es uno de los referentes más importantes de Uruguay y de la literatura iberoamericana, cuya obra combina géneros como el documental, la ficción, el periodismo y el análisis político e histórico. Inició su carrera periodística en los años 60, como editor del semanario Marcha y, posteriormente, fue editor del diario Época.

Encarcelado en 1973 por la dictadura cívico-militar, es posteriormente obligado a abandonar el país. Fue así que se exilió en Argentina y fundó la revista cultural Crisis. Desde entonces, ha combinado su labor periodística con una obra literaria que no ha dejado indiferente a nadie.

En septiembre de 2010 ganó el destacado premio Stig Dagerman, uno de los más prestigiosos galardones literarios en Suecia, entregado anualmente por la Sociedad Stig Dagerman a aquel escritor que en su obra reconoce la importancia de la libertad de la palabra mediante la promoción de la comprensión intercultural. Galeano fue distinguido con el galardón por estar "siempre y de forma inquebrantable del lado de los condenados, por escuchar y transmitir su testimonio mediante la poesía, el periodismo, la prosa y el activismo”, según el jurado.

Eduardo Galeano toma el relevo del periodista español Ramon Besa, ganador del Manuel Vázquez Montalbán el año pasado.

Esquina Montevideo/Agencias


20 diciembre 2010

El imperio del consumo




Por estos días en que se incentiva el bombardeo mediático destinado a inyectarnos la "fiebre compradora", recurrimos nuevamente a la pluma de Eduardo Galeano. A pesar de tener algunos años, este artículo debería, cuando menos, llevarnos a la reflexión y así comenzar (si ya no lo hicimos) a tomar medidas eficaces para modificar los hábitos que esta dictadura mediática nos impone aún sin darnos cuenta.- Silvia

El imperio del consumo


La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura del consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar.


Humor: Verodio


La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo.

El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos, esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En las fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.

«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tienes nada, piensas que no vales nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas».

Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.




El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.

Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos.

Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald's, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.




El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta Master Card tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de Mc Donald's no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de Mc Donald's dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el Mc Donald's de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín. Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato.

Mc Donald's viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restaurante de Montreal en Canadá: el restaurante cerró. Pero en el 98, otros empleados de Mc Donald's, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.

Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra.

Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.




Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo.

Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar?

El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.

Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiende en las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio.

Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas?




El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial. El shopping center, o mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza.

Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas.

La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad.

Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.

Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial.

No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.

Eduardo Galeano





17 diciembre 2010

Uruguay rinde homenaje a Joan Manuel Serrat


Foto: AP


Eduardo Galeano presentó al intérprete con un solemne "yo envidio a Serrat", que justificó aduciendo que "se trata de un hombre cuyas canciones vuelan".

El cantautor español Joan Manuel Serrat recibió hoy un emotivo y "envidioso" homenaje de sus amigos uruguayos, quienes le entregaron el primer premio "Memoria del Fuego" instaurado por el semanario Brecha, fundado por el escritor Eduardo Galeano.

El catalán recibió el premio, creado para distinguir a los creadores iberoamericanos más destacados por su trayectoria artística y social, durante la celebración del 25 aniversario de la publicación en el histórico teatro Solís de Montevideo.

Ante un abarrotado teatro, Galeano presentó al intérprete con un solemne "yo envidio a Serrat", que justificó aduciendo que "se trata de un hombre cuyas canciones vuelan".

A su vez, el músico festejó el premio sobre todo por la oportunidad que le ofreció para agradecer "lo recibido de Uruguay", país al que enseñaron a querer "muchos hombres y mujeres a lo largo de los años" como Mario Benedetti, Alfredo Zitarrosa o el propio Eduardo Galeano.

Este viernes el cantante presentará en el país el espectáculo "Hijo de la luz y de la sombra", en el que ofrecerá "un nuevo manojo" de los poemas del alicantino Miguel Hernández, según explicó en una rueda de prensa el propio Serrat antes de recibir el premio.

"Soy un transmisor de la obra de Miguel Hernández, es el papel que me propuse jugar", aseguró Serrat.

En "Hijo de la luz y de la sombra", el músico recupera ese rol que él mismo se impuso en 1972, cuando puso música a diez de los poemas de Hernández para crear canciones tan míticas como "Para la libertad" o "Nanas de cebolla" .

El espectáculo que presentará en Uruguay será una propuesta "sumamente dramática", que comenzará con las nuevas versiones de los poemas de Hernández para más tarde arrancar con los clásicos que musicalizó en los años 70 en un disco llamado como el poeta.

A pesar de las cuatro décadas que separan un disco de otro, las canciones "acaban hermanando muy bien", de tal forma que el público termina entendiendo "perfectamente" el sentido del proyecto, que en un principio iba a ser su forma de "sumarse a los festejos" por los cien años del nacimiento del poeta.

"Primero lo que quería era repasar lo que había hecho y empecé a enfrascarme en el trabajo del 72, pero luego me engolosiné y me enfrasqué en las nuevas versiones", contó el músico a la prensa uruguaya.

Serrat además se confesó un "enamorado" de Uruguay, el "paisito" , donde se siente "siempre igual de a gusto", "arropado" por un público con el que ya tiene una relación de cuarenta años.

Aún así, admitió que aún no se ha deshecho de la tristeza por volver a un Uruguay donde ya no está Benedetti, que murió el pasado 2009 y con el que el catalán tenía una gran amistad.

"Es la terrible verdad de la muerte: no solo te arrebata alguien que amas, te arrebata una parte de ti", sentenció el artista.

Por suerte, Serrat cuenta con "muchas y muy buenas amistades" en Uruguay, entre ellas Galeano.

Precisamente el autor de "Las venas abiertas de América Latina" concluyó la entrega de la distinción del semanario Brecha con un apasionado "bienvenidos sean a esta tierra" que fue secundado en pie y con una gran ovación por los presentes.

Fuente: El Universal


16 diciembre 2010

Cerrando venas: Universo Galeano


Ilustración: Agustín Gomila


El escritor uruguayo Eduardo Galeano, autor de Las venas abiertas de América Latina, recibió en septiembre pasado el premio Stig Dagerman, uno de los más prestigiosos galardones literarios de Suecia, en reconocimiento a su incansable lucha en defensa de los más desfavorecidos. El jurado manifestó que el premio se le concedía por estar “siempre y de forma inquebrantable del lado de los condenados”. En este artículo, y como homenaje, Gustavo Duch convoca varias voces que describen algunas de las singulares facetas de Eduardo Galeano.

Este pasado mes de agosto Eduardo Galeano escribía un artículo titulado ‘Grandes inventos de la humanidad’ donde nos contaba… -fíjense- sobre el paraguas, las puertas giratorias o el semáforo. Añadiré a la lista, con su permiso, otra gran invención: un artilugio que a modo de red enlaza y conecta a muchas personas de cualquier lugar. Y no me refiero al nacimiento de internet –que cumple una misión parecida- sino a un sistema de comunicación mucho más viejo. Una tremenda telaraña invisible, unos latidos de tam-tam, unas señales de humo, que rebotan mensajes, avisos, saludos de una persona a otra y de ésta a una tercera, y así sucesivamente para ensamblar, sin saber cómo -que tampoco hace falta- a las mujeres mutiladas por el machismo con las mujeres que resisten en territorios militarizados; al campesinado asiático acorralado por una multinacional con el campesinado latinoamericano enjaulado por la misma multinacional; a pensadores privados de libertad de expresión con personas encadenadas por el sistema capitalista sin libertades de ningún tipo; a indígenas cobijados bajo las alas de la Madre Tierra con reskatadores de pueblos abandonados, sin antecesores… Una invención sin inventor y sin patentes que reúne a las gentes que luchan por transformar el mundo desde el compromiso y la solidaridad.

Desde una esquinita del invento en cuestión, y ante la invitación de la organización de UNIVERSO GALEANO, en Calella de la Costa (Catalunya) donde pasó varios años de su vida desterrada, mi colaboración –pensé- debía ser recoger y ensartar palabras de cariño y reconocimiento de algunas personas de esta red de lucha y creatividad, en diferentes lugares del continente americano… la tierra que pisan los escritos de Galeano.

Y accioné el artilugio:

Galeano, la persona

Desde Brasil -y claro- desde el Movimiento Sin Tierra y La Vía Campesina Latinoamericana, Joao Pedro Stedile, nos describe al escribidor Galeano.

«Galeano es un personaje raro y cariñoso para todos nosotros y nosotras que hacemos la lucha social en Latinoamérica. Raro, porque parece ser un brujo, que adivina nuestros pensamientos colectivos y los pone en el papel. Además, sin consultarnos. Y los pone de forma clara. Sin rodeos. Como un rio grande que anda orgulloso hacia el mar. Sin las vueltitas de los ríos chiquitos que se desarrollan en las academias…

«Cariñoso, porque aparte de su sabiduría, no se olvido del futbol. Y no hay nada más colectivo, social y cultural para nosotros que un partido de futbol. En especial los bien jugados».

Resulta pues, que la mezcla de rarura y cariño, como dice Stedile, «engendra una obra que es, en cierta forma, un diario colectivo de las luchas y esperanzas del pueblo latinoamericano». Galeano es un pensador colectivo.

Galeano también es, «un hombre común, un contador de memorias que no obedecen y que se merecen». «Un hombre –que en palabras de la antropóloga dominicana Fátima Portorreal, locamente encariñada de las realidades campesinas- descoloniza las señales y los vocablos, para aspirar a la igualdad de todos los seres humanos contradiciendo las palabras del padre, todas asumidas desde la reflexión occidental de la historia moderna y los grandes meta relatos».

«Un hombre –continúa Fátima- que no asume ya las representaciones sociales que colocan a las mujeres en los escenarios de la servidumbre, opresión y la exclusión. Un hombre que reniega del poder y de los falsos profetas de la libertad que se escudan en la prioridad del mercado, las nuevas tecnologías y los diálogos sordos. Un hombre, que lejos de querer construir identidades universales, se decide y redecide en cada circunstancia, sin que nadie sepa, ni le impongan cuál es su lugar, ni cuáles serán los diálogos… que abrirán la puerta a los abrazos».




Galeano en el Ambiente

Eduardo aparece en medio de muchas luchas, en medio –también- de la defensa del medio ambiente. El testimonio lo traen Tatiana Roa, ambientalista colombiana, que dice la hicieron así –ecologista popular y ecologista política- su papá y su mamá. Ambos le enseñaron a amar la tierra, los paisajes, los caminos de piedra, a respetar las manos fuertes y la sonrisa humilde de la gente campesina, a nadar en los ríos, a gozar de un lindo atardecer, a disfrutar las ricas comidas campesinas, a respetar la vida. Esa forma de ser, de pensar, de hacer, se complementó, cuenta Tatiana, cuando «siendo aún una adolescente mis manos acogieron por primera vez ‘Las venas abiertas de América Latina’ de Eduardo Galeano. Una puerta se abrió y con ella la posibilidad de comprender que nuestras tragedias tenían historia y estaban ligadas a los mezquinos intereses que se posaban sobre un continente tan extremadamente rico. Nuestra pobreza, como bien nos decía en Las Venas, ha sido resultado de la riqueza de nuestra Pacha Mama».

«Así conocí a Galeano, luego vendrían otros, Memorias del Fuego, El libro de los abrazos, El fútbol a sol y sombra, La Palabras andantes, Úselo y tírelo y me preguntaba cómo podía ir con tanta facilidad de un tema a otro: política, amor, fútbol, ecologismo. Al final lo comprendí, las cosas no están sueltas, no están desarticuladas. La invitación de Galeano ha sido clara. Para comprender esta América India, se requieren muchos lentes, muchas miradas y muchos ángulos. Nada más claro para asumir el trabajo y construir alternativas».

Reflexiones del ecologismo que como indica Tatiana articulan causas y efectos. «Este sistema de vida que se ofrece como paraíso –podemos leer en Úselo y tírelo-fundado en la explotación del prójimo y en la aniquilación de la naturaleza, es el que nos está enfermando el cuerpo, nos está envenenando el alma y nos está dejando sin mundo. Extirpación del comunismo, implantación del consumismo: la operación ha sido un éxito, pero el paciente se está muriendo».

Galeano y la inmigración

Escribe Carlos Marentes sobre la línea que divide un mundo en varios, un entero en parcelas, para así adueñarse de ellas el postor más fuerte. Un saludo redactado al pie de las fronteras que –sabemos- habrá que desalambrar. Desde El Paso, Texas, y desde el interior de las organizaciones campesinas, aquí, formadas por el campesinado inmigrante sin campo. «No sé cuántas veces ha visitado Eduardo Galeano al Imperio. Hace años supe que venía a Nuevo México a platicar en la Universidad de Albuquerque, a menos de 500 kilómetros de la frontera. Pero no coincidimos porque estábamos ocupados con un paro laboral en un campo de chile (pimientos), demandando un aumento a los miserables sueldos de los migrantes jornaleros. Pizcadores de chile que alguna vez fueron campesinos en su tierra, producían su propia comida y fueron desplazados por la agricultura comercial-industrial impuesta por el imperio. Como dicen estos pizcadores: ‘Antes éramos pobres pero teníamos que comer, ahora somos más pobres y además tenemos que comprar la comida…’

«Lo que sí sé –continua Carlos-, es que si Eduardo Galeano estuviera en la frontera de El Paso y Ciudad Juárez, les refregaría en la cara [a los racistas anti-inmigrantes, particularmente a los de Arizona], a manera de advertencia, cómo la historia pudo ser:

Cristóbal Colón no consiguió descubrir América, porque no tenía visa y ni siquiera tenía pasaporte.

A Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil, porque podía contagiar la viruela, el sarampión, la gripe y otras pestes desconocidas en el país.

Hernán Cortés y Francisco Pizarro se quedaron con las ganas de conquistar México y Perú, porque carecían de permiso de trabajo.

Pedro de Alvarado rebotó en Guatemala y Pedro de Valdivia no pudo entrar en Chile, porque no llevaban certificados policiales de buena conducta.

Los peregrinos del Mayflower fueron devueltos a la mar, porque en las costas de Massachusetts no había cuotas abiertas de inmigración…’

«Y les echaría en cara la hipocresía de los expropiadores. Y que es el hambre y la desnudez de los expropiados que cruzan las fronteras, precisamente la que alimenta y viste al imperio.

«Finalmente les informaría que la crisis de la migración, que les hace rajarse las vestiduras porque cruzar la frontera ‘ilegalmente’ es una afrenta al estado de derecho -más bien al estado de derecha-, es la señal que ha llegado la hora de las expropiadas, de los expropiados…»




Galeano, constituyente

«En Montecristi, un pequeño pueblo en la costa ecuatoriana, se elaboró y aprobó la última Constitución de este pequeño país andino. Desde 1830, la vigésima. Un record indiscutible, pero no encomiable.

«Esa Constitución será recordada en el mundo sobre todo por la aprobación de los Derechos de la Naturaleza, de la Pacha Mama. Fue un paso trascendental, impensable y por cierto inaceptable para muchos. Se repitió la historia. La emancipación de los esclavos o la extensión de los derechos a los afroamericanos, a las mujeres y a los niños y niñas fueron rechazadas en su tiempo por ser consideradas como un absurdo. El derecho de tener derechos ha exigido siempre un esfuerzo político para cambiar aquellas normas que negaban esos derechos.

«La coyuntura del momento constituyente, la intensidad del debate y el compromiso de un grupo de asambleístas, junto a las luchas desde el mundo indígena en donde la Pacha Mama es parte consustancial de sus vidas, permitieron que finalmente se aceptara esta iniciativa. En el transcurso de este complicado proceso, merece una especial mención los aportes de Eduardo Galeano.

«Cuando Eduardo Galeano conoció lo que se discutía en esa pequeña localidad del mundo global, preparó un artículo vibrante, denominado “La Naturaleza no es muda”. Con dicho texto, Galeano llegaría a consolidar una posición que no parecía prometedora al inicio del proceso constituyente. Las incertidumbres de los constituyentes que apoyaban esta iniciativa eran muchas. Incluso él, Galeano, quien ha roto lanzas por la vida desde siempre, dudaba en difundir su escrito. En una comunicación dirigida a Esperanza Martínez, asesora de la Presidencia de la Asamblea, días antes de la publicación de su artículo, el 18 de abril del 2008, en Brecha, él demostraba su preocupación: “prefiero esperar, para evitar que el artículo tenga vida efímera. Los hechos, a veces imprevisibles, podrían desautorizarlo como expresión de deseos, de poco serviría”.

«Dicho artículo, distribuido entre los y las constituyentes por disposición del presidente de la Asamblea Constituyente, Alberto Acosta, para la sesión número 40 del pleno de la Asamblea, celebrada el 29 de abril del 2008, fue citado en el pleno por más de un asambleísta. Entre otros, por el asambleísta Rafael Esteves, quien, en una intervención memorable, leyó fragmentos del artículo de Galeano: “la Naturaleza tiene mucho que decir, y ya va siendo hora de que nosotros, sus hijos, no sigamos haciéndonos los sordos. Y quizás hasta Dios escuche la llamada que suena desde este país andino -Ecuador-, y agregue el undécimo mandamiento que se le había olvidado en las instrucciones que nos dio desde el monte Sinaí -Amarás a la Naturaleza, de la que formas parte”.

«La Asamblea Constituyente y luego el pueblo ecuatoriano, aprobaron masivamente la nueva Constitución en un referéndum en septiembre del mismo año. Escucharon, curados de la sordera capitalista, a la Naturaleza».

Así explica Alberto Acosta, economista ecuatoriano, Ministro de Energía y Minas entre enero y junio de 2007, y Presidente de la Asamblea Constituyente y asambleísta desde octubre 2007 hasta julio 2008, la contribución de Galeano a consolidar el derecho a la existencia de los seres humanos, que eso es –aunque haya quien no quiera verlo- lo que está en juego en última instancia.


Foto: Daniel Zanini H.


Galeano, los movimientos campesinos y las palabras

¿Qué significa las palabras de Eduardo Galeano para los y las campesinas del mundo? ¿Para los y las hacedoras de nuestros alimentos?

Significan, dicen, «ESPERANZA, por haber encontrado en ellas fuerza, vida, y reconocimiento a nuestras culturas, a nuestras raíces, a nuestras historias. Historias de Pueblos campesinos masacrados, expoliados, ignorados. Gentes que siempre dieron un valor inmaterial a la palabra PALABRA. Palabra cumplida hablan, y así hacen. Palabras que Eduardo rescató y escribió para que los seres humanos de la modernidad, postmodernidad, la informática o la robótica, pudieran entender que hemos perdido el norte, anclado en la tierra que nos sostiene y nos alimenta». Palabras dictadas, esta vez desde tierras castellanas, donde su autor Jerónimo Aguado Martínez, practica y enseña que alimentar es una responsabilidad no apta para negociantes.

Y que complementa Juana Ferrer, de la Articulación Nacional Campesina en la República Dominicana, con una nueva palabra: «aportamos VIDA en cualquier parte del mundo y Eduardo la trasmite hecha realidad e impregnada de esperanza. Manifiesta la sabiduría popular campesina como un elemento de carácter político, para que resuenen -con sentido crítico- en las cabezas que son capaces de marginar y excluir a tantos nuestros pueblos»

Finalmente, querido Eduardo, una historia real de Ángel Strapazzoni, llegada desde Argentina, desde Santiago del Estero, donde los quebrachos ya no dan sombra, donde la soja y el agronegocio, como un nuevo Rey Azúcar despuebla pueblos y mata naturalezas. Una pequeña historia real hecha ‘cuento galeano’.

«Una tarde paseábamos en camioneta por una huella ajada en los montes y a lo lejos vimos una niña en bicicleta. Aminoré la marcha para no llenarla todita de polvo. Al acercarnos abrimos la ventanilla y le preguntamos, ¿falta mucho para ese lugar?… Un silencio milenario surgía del ambiente y de su mirada. Miraba la niña atrás el camino andado y miraba adelante, el por andar… y luego de una eternidad de pausas llenas, nos dio un mensaje interminable: -Falta menos. Nosotras, nosotros quizás seamos esos caminantes, esos constructores: vemos lo recorrido, vemos que nos falta. Vemos que ya falta menos».

Las venas cicatrizarán.

Gustavo Duch Guillot

Fuente: Le Monde


09 diciembre 2010

Saludo de Eduardo Galeano para Adolfo Pérez Esquivel


Foto: Graciela Guffanti


A treinta años de recibir el Premio Nobel de la Paz por denunciar los crímenes del terrorismo de Estado, Adolfo Pérez Esquivel fue homenajeado este 7 de diciembre por la Comisión por la Memoria de la provincia de Buenos Aires. A continuación el saludo que le envió nuestro Eduardo Galeano:

Querido Adolfo:

Hoy no puedo estar contigo, pero mis palabras quieren.

Yo no soy quién para prohibirles volar, así que aquí van.

Ellas quieren decirte, simplemente: gracias.

Gracias porque en las horas más jodidas, cuando ya no te quedaba aliento, supiste seguir creyendo que era verdad, una verdad grande como una casa, aquello que había dicho Salvador Allende: “Vale la pena morir por todo aquello sin lo cual no vale la pena vivir”.

Y gracias porque recibiste el Nobel y no te engrupiste, y no te olvidaste de aquella otra verdad que había dicho José Martí, también grande como una casa: “Todas las glorias del mundo caben en un solo grano de maíz”.

Y gracias por ser como sos, bienhumorado, sencillo, limpio de todo veneno, para que se sepa, por si no se sabe, que nosotros no somos unos insoportables amargados.

Te abraza tu hermano, siempre.

Eduardo Galeano



28 noviembre 2010

Pueblo que dice NO



La dictadura del Uruguay convoca a un plebiscito y pierde.

Parecía mudo este pueblo obligado a callar ; pero abre la boca y dice NO. Clamoroso había sido el silencio de estos años, que los militares confundieron con resignación. Ellos no se esperaban una respuesta así. Al fin y al cabo, preguntaron por preguntar, como un cocinero que manda que las gallinas digan con qué salsa desean ser comidas.

Eduardo Galeano



30 octubre 2010

Eduardo Galeano: Néstor Kirchner será un fuego difícil de apagar


El escritor uruguayo Eduardo Galeano afirmó en declaraciones divulgadas este viernes por la agencia Télam que el fallecido ex presidente argentino Néstor Kirchner será un fuego difícil de apagar.

Galeano, quien se encuentra de visita en la noroccidental ciudad argentina de San Miguel de Tucumán, acudió a una firma de libros en la que se mantuvo todo el tiempo de pie y pidió que no hubiera música ni fotos en respeto a la memoria de Kirchner.

El autor de Las venas abiertas de América Latina se refirió al ex presidente a partir de una historia que le contaron en la costa colombiana sobre un hombre viejo, pobre, pescador negro, que subió al cielo y de allí observó la tierra.

“A la vuelta contó y dijo que los humanitos somos un mar de fuegos. Hay fuegos grandes, fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Ningún fuego es igual a otro fuego. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman”, señaló.

“Pero otros fuegos arden la vida con tantas ganas que no se pueden mirar sin parpadear y quien se acerca se enciende. Néstor Kirchner fue uno de esos fuegos y será difícil apagarlo”, dijo Galeano.

Fuente: La Jornada