El voto es a la vez derecho y deber. Yo quiero ejercerlo.... y vos???
Campaña por el voto en el exterior
Esquina por la alegría
"Hoy más que nunca la alegría es un artículo de primera necesidad, tan urgente como el agua o el aire. Pero nadie nos va a regalar ese derecho de todos; .... es preciso pelearlo...."
Eduardo Galeano
Esquina por Verdad y Justicia
Coordinadora Nacional por la Nulidad de la Ley de Caducidad
Nunca más terrorismo de estado
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PIT-CNT
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Esquina por la Paz
Esquina por la aparición de Julio López
Esquina Bertold Bretch
Primero se llevaron a los comunistas pero a mí no me importó porque yo no era. En seguida se llevaron a unos obreros pero a mí no me importó porque yo tampoco era. Después detuvieron a los sindicalistas pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista. Luego apresaron a unos curas pero como yo no soy religioso tampoco me importó. Ahora me llevan a mí pero ya es tarde.
La selección uruguaya enfrentará hoy a las 15 horas a Venezuela, por la quinta fecha de las Eliminatorias sudamericanas rumbo a Brasil 2014. Con equipo confirmadísimo, el Maestro Tabárez busca cortar una racha de 12 años sin superar a la Vinotinto en el Estadio Centenario.
El partido se podrá ver en la pantalla de IMPO
La cita esta hecha. Las Eliminatorias retoman su ritmo y la Celeste sale a la cancha para abrir la quinta fecha de las mismas. Sin sorpresas en el equipo titular, el objetivo es ganar, por dos cosas: porque hace más de 10 años que no se logran los tres puntos ante este equipo en casa, y para sacar ventaja en la clasificación, liderada junto al rival de turno, pero con un partido menos de diferencia.
Fernando Muslera es inamovible en el arco. En la defensa, los mismos de siempre: Maximiliano Pereira, los Diego Lugano y Godín (quien superó su cuadro febril y está a la orden del cuerpo técnico), y el Pelado Cáceres. Al medio, irán Álvaro Pereira, Egidio Arévalo Ríos y Diego Pérez, y en parte Edinson Cavani, quien se repartirá entre esta línea y el tridente defensivo, que se terminará de armar con Luis Suárez y Diego Forlán.
El equipo de César Farías, que arribó el jueves a Uruguay luego de haber entrenado algunos días en Argentina, formaría con Renny Vega en la portería; Roberto Rosales, Oswaldo Vizcarrondo, Fernando Amorebieta y Gabriel Cíchero en el fondo; Giácomo Di Giorgi, Tomás Rincón, Luis Manuel Seijas, Frank Feltschr y Juan Arango al medio, y en solitario Salomón Rondón en la punta.
La terna arbitral estará encabezada por Antonio arias, y seguida por Darío Gaona y Julio César Quintana, todos paraguayos de buena fama.
La Celeste campeóna de la Copa América 2011
Foto: AFP
América se tiñó hoy de Celeste y 3.000.000 de corazones desparramados por el mundo, volvimos a descolgar el cielo. Uruguay se corona por 15a. vez Campeón de la Copa América.
Poco más para agregar, las imágenes hablan por si solas. La emoción es muy grande, sobre todo para los gurises que por primera vez ven a ese equipo celeste, el mismo de aquellos titanes creadores de la Vuelta Olímpica, reeditarla con justeza y dignidad. A festejar entonces a lo largo y ancho del planeta.
Uruguay volverá el domingo a jugar la final de la Copa América, algo que no sucedía desde 1999.
El partido comenzó muy medido, ni Óscar Washington Tabárez ni Sergio Markarián quisieron arriesgar demasiado y comenzaron tanteando a su rival en la cancha del Estadio Único de la Plata que estaba en muy mal estado.
Con el pasar de los minutos Uruguay intentó más y se fue acercando al arco defendido por Raúl Fernández, pero el primer tiempo igual terminó empatado, sin goles.
Ya al comienzo del segundo tiempo el panorama era diferente, y a los ocho minutos Luis Suárez convirtió el primero y cinco minutos después, el segundo. Ya con más tranquilidad, Suárez y Walter Gargano, ambos con amarilla, fueron protagonistas de los cambios armados por el Maestro, siendo reemplazados por Sebastián Eguren y la Joya Abel Hernández. Markarián también realizó sus cambios, intentando buscar el empate, pero llegó la roja al mediocampista Juan Manuel Vargas y Uruguay siguió jugando como si no tuviera ventaja.
En los últimos quince minutos del partido, Perú renovó sus fuerzas e intentó llegar a la final, pero no logró empatar el partido, y será Uruguay el que, el próximo domingo, jugará la final de la Copa América frente a quien gane hoy a las 21:45 el partido entre Paraguay y Venezuela.
En este partido, al igual que contra Argentina, Forlán tuvo una participación menos visible y fue Suárez el que se convirtió en el centro de los golpes de la defensa peruana hasta que el Maestro lo sacó. El segundo gol del delantero fue el tercero de su autoría en la Copa, convirtiéndose en el goleador del torneo regional junto al Kun Agüero. Con una diferencia: el yerno de Maradona no podrá seguir convirtiendo en esta Copa.
El escritor y periodista uruguayo, Eduardo Galeano, ha sido el ganador del VII Premio Manuel Vázquez Montalbán en la categoría de periodismo deportivo, según anunció el jurado que otorga este galardón en un acto celebrado ayer en la Sala París del Camp Nou, Barcelona.
Este premio internacional lo otorga el Colegio de Periodistas de Cataluña desde el año 2004.
Galeano es autor del libro El fútbol a sol y sombra (1995), un clásico en el periodismo deportivo, en el que el escritor y periodista repasa la historia de los mundiales, reuniendo episodios y personajes que le permiten describir glorias y miserias de un deporte cuyos efectos trascienden a lo sucedido en un estadio de fútbol.
Galeano, nacido en Montevideo el 3 de septiembre de 1940, es uno de los referentes más importantes de Uruguay y de la literatura iberoamericana, cuya obra combina géneros como el documental, la ficción, el periodismo y el análisis político e histórico. Inició su carrera periodística en los años 60, como editor del semanario Marcha y, posteriormente, fue editor del diario Época.
Encarcelado en 1973 por la dictadura cívico-militar, es posteriormente obligado a abandonar el país. Fue así que se exilió en Argentina y fundó la revista cultural Crisis. Desde entonces, ha combinado su labor periodística con una obra literaria que no ha dejado indiferente a nadie.
En septiembre de 2010 ganó el destacado premio Stig Dagerman, uno de los más prestigiosos galardones literarios en Suecia, entregado anualmente por la Sociedad Stig Dagerman a aquel escritor que en su obra reconoce la importancia de la libertad de la palabra mediante la promoción de la comprensión intercultural. Galeano fue distinguido con el galardón por estar "siempre y de forma inquebrantable del lado de los condenados, por escuchar y transmitir su testimonio mediante la poesía, el periodismo, la prosa y el activismo”, según el jurado.
Eduardo Galeano toma el relevo del periodista español Ramon Besa, ganador del Manuel Vázquez Montalbán el año pasado.
Desde fines de agosto de 2010 las futbolistas uruguayas gritamos “¡UFA!”. Pero no es un grito de queja ni de resignación, es un grito de lucha para mejorar el fútbol femenino y posicionar a la mujer futbolista en el lugar que merece. La UFA es la Unión de Futbolistas Amateurs que agremia a las jugadoras de fútbol 11, a las que juegan federadas en el campeonato que organiza la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), a ex jugadoras y a todas las personas que comparten los objetivos de este gremio.
La Selección Mayor, en noviembre, fue al torneo sudamericano, en Ecuador, a la guerra con un tenedor de plástico. Se participó porque había jugadoras que querían jugar y una asociación que no quería pagar la multa que implicaba no presentar una selección en el torneo Sudamericano. Sin embargo, derrota a derrota, goleada tras goleada el tenedor se hizo añicos junto con la ilusión de las jugadoras.
Por otro lado, se registró una marcada involución respecto del nacimiento del fútbol femenino en la AUF en 1996. Esta marcha atrás se reflejó en el escaso apoyo de los clubes que tienen rama femenina (es claro que es nulo por parte de los otros), los cuales en muchos casos sólo brindan su nombre a los equipos integrados por mujeres. Por lo que son las jugadoras, técnicos y/o allegados quienes deben financiar el alquiler de canchas para jugar y entrenar, comprar pelotas e indumentaria.
A su vez, las exigencias de los jueces –los únicos profesionales en esta competencia amateur– de contar con policías, vestuarios y cancha cercada para los partidos y la no cesión de las principales canchas por parte de los clubes determina que se juegue en superficies en malas condiciones. Como resultado de este desequilibrio entre posibilidades y exigencias, el nivel futbolístico tiene un techo y las jugadoras se exponen a sufrir lesiones con mayor probabilidad que si se jugara en canchas en buen estado.
Para completar este panorama nefasto, la repercusión en la prensa es escasa y en muchos casos el fútbol femenino es menospreciado o se incluye a las noticias futbolísticas de mujeres en la sección “otros deportes”. Ante esto, las mujeres futbolistas gritamos ¡UFA!, porque es necesario un cambio genuino y, para lograrlo, las jugadoras debemos tener voz y voto en los ámbitos de toma de decisiones.
Por eso, el 8 de septiembre, firmamos el Estatuto que convierte a la UFA en una asociación civil sin fines de lucro. Aún resta mucho más por hacer por nuestro fútbol femenino para lograr que en un futuro próximo sea natural ver a un grupo de niñas, adolescentes o adultas jugando un picado en la calle, en la tele o escuchar un partido femenino por la radio. Hoy nos jugamos el partido más importante, en el cual debemos derribar los prejuicios y la barrera de nuestra cultura que nos discrimina y limita.
Vos también podés ser parte de esta lucha, no importa el género o la edad, porque el fútbol lo trasciende todo.
Union de Futbolistas Amateurs Primer gremio de futbolistas mujeres de Uruguay
El delantero uruguayo Diego Forlán recibió hoy en la ciudad alemana de Herzogenaurach el trofeo Balón de Oro al mejor jugador de la pasada Copa del Mundo de Suráfrica-2010.
Forlán recibió el galardón en una ceremonia encabezada por el directivo germano Franz Beckenbauer, mientras que el español Iker Casillas y el teutón Thomas Muller también recogieron los suyos como mejor portero y goleador, respectivamente.
"Ha sido un día hermoso, emotivo; me acordé de mi familia, de mi gente, de mi novia, de los que siempre están a mi lado", afirmó el atacante suramericano, quien estuvo acompañado por su madre Pilar y su hermano Pablo.
Pese a su euforia, el goleador charrúa no olvidó la contribución de los integrantes de su equipo.
"Estoy muy feliz, este premio es para todos mis compañeros; es el fruto del trabajo de un colectivo, de una selección que me ayudó en todo momento con su solidaridad a estar en primera línea en el Mundial", recordó.
Foto: EFE
Forlán confesó su emoción por ser condecorado por Beckenbauer, un mito para él y su familia, y destacó la importancia del trofeo para su nación.
"Por primera vez un uruguayo accede a este premio y estar arriba con los más grandes es un orgullo", dijo.
Además de él, otros latinoamericanos han conquistado el Balón, que se entrega desde 1982, como los brasileños Romario (1994) y Ronaldo (1998), y el argentino Diego Armando Maradona (1986).
Por su parte, Casillas, galardonado con el Guante de Oro por ser el guardamenta menos goleado del certamen planetario, exteriorizó su deseo de seguir triunfando.
"Es una gran satisfacción recibir este premio, la manera perfecta para redondear una temporada 2010 con triunfos insospechados; espero que el éxito continúe en el 2011", señaló.
Por último Muller, merecedor de la Bota de Oro como mayor anotador de la lid, confesó que no esperaba realizar un torneo tan bueno.
El delantero uruguayo Diego Forlán consiguió hoy lo que tantos habían intentado y nadie había conseguido: acallar, al menos por un momento, las escandalosas vuvuzelas en la Copa Mundial de fútbol Suráfrica-2010.
Un doblete del atacante del Atlético de Madrid disminuyó los niveles de entusiasmo de la hinchada local en el partido del grupo A entre Uruguay y los Bafana Bafana, disputado en el capitalino estadio Loftus Versfeld y ganado 3-0 por los primeros.
Foto: Reuters
La anotación inicial de Forlán en el minuto 24 sembró la duda en la gradería, pero no minó por completo el espíritu de los seguidores surafricanos, quienes seguían confiando en la remontada y generaban una bulla inconcebible.
Pese a que el once anfitrión no mostrada signos de mejoría, su barra continuó optimista hasta el minuto 80, cuando un penalti sobre el atacante Luis Suárez prácticamente sentenció el cotejo en favor de los suramericanos.
Para colmo, el portero Itumeleng Thune recibió una tarjeta roja directa por impedir una clara ocasión de gol al derribar a Suárez en el área chica.
Tras unos minutos de incertidumbre en espera del ingreso a la cancha del cancerbero suplente Moneeb Josephs, la debacle se consumó cuando Forlán acertó en el cobro de la pena máxima y colocó el 2-0 en el lumínico.
Con dos anotaciones debajo y un hombre de menos, la fortaleza de los parciales locales no soportó más y colapsó: la nutrida batería de vuvuzelas se apagó y en los restantes 10 minutos apenas se sintió ruido en el centenario recinto.
Por primera vez en el certamen se escuchó el aliento de una afición visitante por encima de los parciales de Suráfrica. La banda charrúa no desaprovechó la ocasión y entonó a toda voz su canto de guerra "Soy Celeste" y se desgañitó gritando Uruguay, Uruguay...
El trabajo empezado por Forlán lo apuntaló el centrocampista Alvaro Pereira al decretar la goleada en tiempo de descuento y dejar en terapia a la selección anfitriona, obligada a ganar en su próxima salida ante Francia.
A la salida de la instalación algunos seguidores locales cantaban y bailaban, con la intención de tomar la derrota con deportividad, o quién sabe si para calentarse ante las bajas temperaturas.
La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí.
En este mundo del fin de siglo, el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable. A nadie da de ganar esa locura que hace que el hombre sea niño por un rato, jugando como juega el niño con el globo y como juega el gato con el ovillo de lana: bailarín que danza con una pelota leve como el globo que se va al aire y el ovillo que rueda, jugando sin saber que juega, sin motivo y sin reloj y sin juez.
El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue. La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohibe la osadía.
Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad.
¿El opio de los pueblos?
¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que el tienen muchos intelectuales.
En 1880, en Londres, Rudyard Kipling se burló del fútbol y de «las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan». Un siglo después, en Buenos Aires, Jorge Luis Borges fue más que sutil: dictó una conferencias sobre le tema de la inmortalidad el mismo día, y a la misma hora, en la selección argentina estaba disputando su primer partido en el Mundial del 78.
El desprecio de muchos intelectuales conservadores se funda en la en la certeza de que la idolatría de la pelota es la superstición que el pueblo merece. Poseída por el fútbol, la plebe piensa con los pies, que es lo suyo, y en ese goce subalterno se realiza. El instinto animal se impone a la razón humana, la ignorancia aplasta a la Cultura, y así la chusma tiene lo que quiere.
En cambio, muchos intelectuales de izquierda descalifican al fútbol porque castra a las masas y desvía su energía revolucionaria. Pan y circo, circo sin pan: hipnotizados por la pelota, que ejerce una perversa fascinación, los obreros atrofian su conciencia y se dejan llevar como un rebaño por sus enemigos de clase.
Cuando el fútbol dejó de ser cosas de ingleses y de ricos, en el Río de la Plata nacieron los primeros clubes populares, organizados en los talleres de los ferrocarriles y en los astilleros de los puertos. En aquel entonces, algunos dirigentes anarquistas y socialistas denunciaron esta maquinación de la burguesía destinada a evitar las huelgas y enmascarar las contradicciones sociales. La difusión del fútbol en el mundo era el resultado de una maniobra imperialista para mantener en la edad infantil a los pueblos oprimidos.
Sin embargo, el club Argentinos Juniors nació llamándose Mártires de Chicago, en homenaje a los obreros anarquistas ahorcados un primero de mayo, y fue un primero de mayo el día elegido para dar nacimiento al club Chacarita, bautizado en una biblioteca anarquista de Buenos Aires. En aquellos primeros años del siglo, no faltaron intelectuales de izquierda que celebraron al fútbol en lugar de repudiarlo como anestesia de la conciencia. Entre ellos, el marxista italiano Antonio Gramsci, que elogió «este reino de la lealtad humana ejercida al aire libre».
Eduardo Galeano Fragmento de "El fútbol a sol y a sombra"
El entrenador de la selección uruguaya de fútbol, Oscar Washington Tabárez, develó el misterio y dio a conocer los once titulares que enfrentarán a Francia en el debut del equipo, el próximo viernes en Ciudad del Cabo a las 15:30 (hora uruguaya).
El sistema puede variar según el posicionamiento de los franceses en el terreno de juego, pero lo que no cambiará es el once inicial.
El maestro colocará a Fernando Muslera; Mauricio Victorino, Diego Lugano y Diego Godín; Maximiliano Pereira, Egidio Arévalo Ríos, Diego Pérez y Álvaro Pereira; Ignacio González; Luis Suárez y Diego Forlán.
Finalmente, los cambios que se rumoreaban en los días previos se confirmaron. Arévalo Ríos ocupará el lugar de Walter Gargano en zona de volantes, y Mauricio Victorino ingresará por Andrés Scotti.
A pesar de que el sistema previsto es 3-4-1-2, el mismo puede variar fácilmente. Si bien Andrés Scotti ofrecía otras posibilidades debido a su polifuncionalidad en los puestos de la zaga, Victorino tuvo minutos como lateral derecho con Tabárez.
En el caso que el seleccionador francés Raymond Domenech utilice tres delanteros, el Maestro se inclinará por alinear cuatro hombres en el fondo.
Los informes de la prensa de aquel país indican que efectivamente, el responsable técnico galo colocará tres puntas, tal como lo viene haciendo en los cotejos de preparación.
Si no hay sorpresas, jugarán Lloris; Sagna, Gallas, Abidal y Evra; Gourcuff, Toulalan y Malouda; Ribery, Govou y Anelka.
Tal como sucede en los Mundiales, todos los demás integrantes de la lista de 23 futbolistas, estarán a la orden en el banco de suplentes, a diferencia de los encuentros de Eliminatorias en donde sólo se permiten siete jugadores.
Este jueves, los celestes viajarán a Ciudad del Cabo, donde reconocerán el terreno del Green Point Stadium, donde el viernes abrirán su participación mundialista ante el equipo galo.
A partir del sábado que viene y hasta la finalización misma del Mundial Sudáfrica 2010, como viene sucediendo desde hace muchísimo tiempo y cada cuatro años exactos, Eduardo Galeano exhibirá un cartel en la puerta de su casa: “Cerrado por fútbol”. El gesto, más divertido y diplomático que el “no molestar” de los hoteles (y al que podría acompañar con un “estoy trabajando para ustedes”, ya se verá), de todas maneras parece innecesario: “Durante los mundiales directamente me voy del Planeta Tierra. Me mudo al Planeta Pelota, igual de redondo pero más chico. Me dedico a ver todos los partidos, o al menos a intentarlo, porque siempre pasa que alguno me pierdo. Pero lo que quiero decir es que me siento con una cervecita bien fría delante de la TV y me meto en una pelota. Y de ahí no salgo hasta que el Mundial se termina. Así de sencillo”.
Pero el Mundial todavía no empezó. Y el escritor uruguayo, antes de perderse en el laberinto de fixtures y horarios, esas coordenadas particulares del Planeta Pelota cuando la escena ocurre lejos, habló de todo (en el programa De Puntín, de Ediciones Al Arco, AM 970, radio Génesis, sábados de 13 a 14). Habló de Lionel Messi: “Es el mejor del mundo porque sigue jugando como un chiquilín en el barrio”. Habló de Diego Maradona: “Ha sido injustamente atacado, y aunque una cosa es ser jugador y otra técnico, todavía hay que darle tiempo y espacio”. En definitiva, habló de fútbol.
–¿Sigue teniendo con el fútbol la misma relación de siempre?
–Absolutamente. No podría estar alejado del fútbol. Soy fútbol-adicto. Y esto viene de la infancia más remota, porque mi padre me llevaba al estadio cuando yo todavía era un bebé. Y luego, claro, toda mi vida jugué al fútbol.
–¿Jugaba bien?
–No. Mal, muy mal. Era entreala derecho, lo que hoy sería un volante ofensivo, pero siempre fui un chambón, un pata de palo. Así que al final me resigné, acepté mi destino y terminé intentando escribir para ver si podía hacer con la mano lo que con los pies no pude hacer nunca.
–Pero esos intentos fueron apenas eventuales hasta la aparición de El fútbol a sol y sombra.
–Es verdad. Hasta ese libro yo había escrito muy poco de fútbol, pero después me tomé el tema más a pecho. Por fin hice lo que quería: jugar al fútbol con las palabras y a mi manera. A este libro lo voy actualizando luego de cada Mundial, y eso también tiene que ver con aquello de “Cerrado por fútbol”.
–El ejercicio de unir literatura y fútbol, por cierto, parece cada vez más aceptado, o al menos es más practicado.
–Celebro que haya gente que escribe muy bien y que no oculte su pasión futbolera. Cuando tenía 20 años, dirigí en Uruguay un diario independiente de izquierda. Se llamaba Epoca y tenía buena resonancia, con 35 mil ejemplares. Eramos todos muy jóvenes y capaces de esa locura, una experiencia maravillosa en la que nadie cobraba y de la que todos los militantes, unos 5 mil, éramos accionistas. Así que recuerdo muy bien lo que eran las asambleas, con 200 o 300 personas hasta las siete de la mañana, en las que yo tenía que dar la cara y defender las páginas dedicadas al fútbol. Era la pelea más feroz de todas, porque para los militantes de izquierda aquello era dilapidar cinco o seis páginas de un vocero de la clase trabajadora, de un diario antioligárquico, para consagrar al fútbol, el “opio de los pueblos”. Recién ahora la izquierda se está curando de esa enfermedad en la que acusa al fútbol de que la gente no piense. Ahora los intelectuales no tienen vergüenza.
–¿Y qué espera de este Mundial, como hincha y como intelectual?
–Que me ofrezcan una fiesta para los ojos. Ese prodigio de hermosura que el fútbol es. Obviamente que quiero que gane Uruguay, y si no es Uruguay que sean la Argentina o Brasil, los países que siento más próximos. Pero antes que nada soy un fanático del buen fútbol.
–Más allá de los colores...
–Más allá de los colores. De chiquilín era hincha rabioso de Nacional. Iba al talud (la popular), detrás del arco, es decir la tribuna más pobretona y más violenta, porque en aquel tiempo yo también me fajaba como cualquier hijo de vecino. Era bastante peleón. Tenía 11, 12, 13 años. Pero con el paso del tiempo fui descubriendo que lo mío es el fútbol, sobre todo cuando alguien me ofrece esa fiesta, la del fútbol bien jugado. Cuando ocurre ese milagro, lo agradezco sin importarme el equipo o la selección. Y más todavía: incluso en partidos de Nacional, confieso que muchas veces quiero, secretamente, que gane el menos poderoso, el más pequeño. Como me dijo una vez un amigo español: “Estás condenado, porque vas a estar siempre de parte del toro”. Nunca del torero. Por eso me hizo feliz el título de Argentinos Juniors, la posibilidad de que se rompa el monopolio, más allá de que tengo amigos que son hinchas.
–¿Sigue yendo a la cancha?
–Sí, sigo yendo. Es curioso, hasta masoquista diría, porque el fútbol rara vez me devuelve en el estadio algo que se parezca a la expectativa que me lleva. Espero ver un espectáculo bello y muy rara vez ocurre.
–¿Y a qué le atribuye la insistencia?
–Primero, a la diferencia que existe, por ejemplo, entre el cine y el teatro. Una cosa es ver el partido en el estadio, donde se escucha la respiración de los protagonistas, y otra cosa diferente es verlo por televisión. Pero también creo que tiene que ver con algún residuo de mi formación católica.
–¿Cómo es eso?
–Tuve una infancia muy católica. Creía en Dios y creía que Dios creía en mí. Ahora no creo más en el cielo, ni en el dolor, ni en ese elogio del dolor que la Iglesia Católica me metió adentro, pero me debe haber quedado algún efecto residual de aquel aprendizaje: que todo lo que sufras en la Tierra será recompensado en el cielo. ¡Debe ser eso lo que me lleva a la cancha! Pero también me lleva el espectáculo del público, el fervor, esas oleadas de entusiasmo que sentís cuando la gente está a tu lado y no cuando lo ves por televisión o te lo cuentan. ¡Y las ocurrencias de la gente! Recuerdo que había un jugador de Nacional, Escalada, que de 90 veces que pateaba al arco, apenas una era gol. En las restantes le gritaban: “¡Con la herradura no, con la herradura no!”. Eso también es parte de la fiesta del fútbol y es algo que yo, que siempre fui un escuchador, disfruto de manera especial.
–De aquella infancia católica y futbolera, ¿qué cosa recuerda con cariño particular?
–La pared de mi pieza, en la que tenía un crucifijo rodeado de figuritas. Ahí estaban Rinaldo Martino, aquel de San Lorenzo, y tantos otros que jugaron en Nacional. Era toda la pared pegada de figuritas alrededor del crucifijo. Y abajo, como para que no se vieran mucho porque eran “enemigos” de Peñarol, también había pegado a (Juan) Schiaffino o a (Julio) Abbadie. ¡Me gustó tanto verlos jugar! Abbadie era capaz de hacer que la pelota fuera rodando por la línea lateral y con puros amagues, sin tocarla, iba eludiendo a sus rivales. Me gustaría escribir como Abbadie jugaba. Me gusta ese fútbol, el de las orillas, el del wing, que en inglés significa ala. Abbadie era un hombre con alas.
–Como Garrincha.
–Exacto. Tuve la suerte de verlo jugar dos veces en Río. Era como ver a Chaplin en la cancha. Garrincha disfrutaba tanto que terminaba una jugada y se sentaba arriba de la pelota, después de dejar a todos sus rivales en el camino, provocando, como diciendo “a ver si me la sacan”. Después algunos lo querían degollar porque a veces ni siquiera hacía el gol.
–¿Messi tiene ese perfil de jugador “orillero”?
–Yo creo que Messi es el mejor del mundo porque no perdió la alegría de jugar por el hecho simple de jugar. En ese sentido no se profesionalizó. Están los que escriben por placer y están los que escriben por cumplir con el contrato o ganar dinero. Messi juega como un chiquilín en su barrio, no por la plata. Cómo se mete, cómo engaña, esa picardía que es tan linda de ver en los potreros. Cuando el fútbol profesional me desengaña demasiado, me voy por la rambla de Montevideo a ver a los chiquilines jugando en los campitos.
–¿Y a Diego? ¿Cómo lo ve en su función de director técnico?
–Creo que ha sido injustamente atacado. Una cosa es ser jugador y otra director técnico, pero hay que darle tiempo y espacio, ver qué pasa. Lo que ocurre es que Maradona tiene que cargar con una cruz muy pesada en la espalda: llamarse Maradona. Es muy difícil ser Dios en este mundo, y más difícil comprobar que a los dioses no se les permite jubilarse, que deben seguir siendo dioses a toda costa. Y el de Maradona es un caso único, el deportista más famoso del mundo, a pesar de que hace años que ya no juega, esa necesidad de protagonismo derivada de la popularidad mundial que tiene.
–En su último libro, Espejos, habla de Diego como un “dios sucio”.
–Pero no en un sentido insultante. Quiero decir que es el más humano de los dioses, porque es como cualquiera de nosotros. Arrogante, mujeriego, débil... ¡Todos somos así! Estamos hechos de barro humano, así que la gente se reconoce en él por eso mismo. No es un dios que desde lo alto del cielo nos muestra su pureza y nos castiga. Entonces, lo menos que se parece a un dios virtuoso es la divinidad pagana que es Maradona. Eso explica su prestigio. Nos reconocemos en él por sus virtudes, pero también por sus defectos.
–¿Usted lo considera capaz de llevar a la Argentina hasta la Copa del Mundo en Sudáfrica?
–La Argentina es uno de los favoritos a ganar la Copa por la riqueza de su plantel, con esto no estoy descubriendo la pólvora. Pero hablar de Maradona en esos términos me parece una desproporción, porque hoy se les da a los técnicos una importancia que para mí no tienen y que termina perjudicándolos: de hecho se los hace casi únicos responsables de una derrota. Es otra de las deformaciones del fútbol: se le da al técnico un aura científica, como si fueran colegas de Einstein. Antes ni se sabía quiénes eran los entrenadores. El mejor que conocí fue un señor que se llamaba Cóppola, que dirigía al equipo de un pueblito muy chiquito de Uruguay, Nico Pérez. Era peluquero, un día se sacó la grande y puso un cartelito en su local: “Cerrado por exceso de capital”. La cosa es que toda la táctica y toda la estrategia de Cóppola se reducía a lo siguiente: acompañaba a sus jugadores a la cancha, los palmeaba en la espalda a medida que iban saliendo y les decía, sencillo: “Muchachos, ¡buena suerte!”.
–Por afuera de lo estrictamente deportivo, ¿podría perjudicar el camino de la Argentina en el Mundial esta presencia tan mediatizada de algunos barras en Sudáfrica?
–Sería una pena, teniendo la Argentina tanta calidad de jugadores, que se embarrara la cancha por un tema así. En principio, el hecho de que viajaran junto con el plantel me generó preocupación. Pero espero que no ocurra ningún desastre, que no empañen lo que creo será un alto lucimiento, que no haya episodios de violencia por estos fanáticos que no aman al fútbol del mismo modo que los borrachos no aman el vino. Entre muchas otras cosas, Da Vinci escribió un libro en el que recogió fábulas de la región toscana de Italia, y ahí hablaba de eso: de la ofensa de una botella de vino por la mala manera en que la tomaba el borracho. Siempre pensé que era una fábula muy justa y es la misma relación entre el fútbol y los fanáticos de la violencia, ese desahogo que hacen de lo peor que el alma humana tiene.
–¿Y a Uruguay? ¿Cómo lo ve?
–Creo que mejoró mucho con relación a tiempos no tan pasados. Lo que ocurre es que Uruguay sigue siendo un país exportador de “pie de obra”. Vendemos mano de obra y, en el caso de los futbolistas, pie de obra. Hay más de doscientos jugadores uruguayos en el exterior. Tener esa cantidad afuera, en un país cuya población entraría en Avellaneda, habla de que estamos muy desangrados. Al período de esplendor de nuestros futbolistas lo vemos por la TV. De todas maneras, en función de esa calidad de jugadores, porque por algo son convocados de las ligas más importantes del mundo, yo tengo la ilusión de que Uruguay juegue lindo, juegue bien. Aunque ya no somos los que éramos.
–¿En qué sentido?
–Hay una parte de la historia que parece inexplicable: cómo un país despoblado y pequeñísimo pudo ganar la medalla de oro en fútbol de los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928, el Mundial de Uruguay de 1930 y pudo vencer en el Maracaná, en el Mundial de Brasil de 1950, contra todo pronóstico. Pero eso tiene explicación: el papel fecundo que tuvo el Estado uruguayo en los albores del siglo XX. Uruguay estuvo en la vanguardia del mundo en educación libre, laica, gratuita y obligatoria, con un papel creativo, y allí estuvo integrada la educación física. Sembró campos de deportes en todo el país. Por no hablar de muchas otras cosas: las ocho horas laborales antes que en los Estados Unidos, el voto femenino antes que en Francia, la ley de divorcio 60 años antes que en España... cosas así. Eso explica cómo un país minúsculo pudo llegar tan alto. Pero el Estado perdió esa energía de cambio, se fue desinflando, y esa falta de continuidad en la vocación creadora del poder público se reflejó en el fútbol. Por eso digo que ya no somos los que éramos.
–El futbolista tampoco es lo que era.
–Eso es verdad. La gente deposita en ellos una carga enorme. Esto engorda el ego de quienes reciben el elogio multitudinario, pero a la vez representa una carga muy pesada. Hay una cosa muy perversa ahí.
–¿Cuál es, puntualmente?
–Fabricar ídolos para después voltearlos. Es un cuchillo de doble filo, en definitiva. La gente se reconoce en la alegría de un jugador, cuando gana o juega bien. Pero también los hace responsables de la desdicha colectiva cuando pierde. Porque allí el alma de mucha gente se de-sinfla.
Pese a dominar las acciones durante todo el juego, los celestes clasificaron "a la uruguaya": sufriendo hasta el último instante. Al cabo de una extensísima eliminatoria, Uruguay accedió a la última plaza en Sudáfrica.
Al cabo de los primeros 45 minutos, los celestes no pudieron plasmar en el marcador una superioridad futbolística que -pese a no ser categórica- hizo la diferencia respecto al juego desplegado por su rival.
Los celestes supieron generar numerosas ocasiones de peligro, que no se convirtieron en goles por falta de precisión en la definición, o por oportunas intervenciones del meta, que demostró una solvencia superior a la de sus zagueros.
Si bien el equipo visitante no adelantó demasiado sus líneas, creó también un par de acciones de riesgo, que valieron como sendas advertencias del potencial ofensivo que -eventualmente- podía desplegar.
El juego estuvo signado por algunas faltas fuertes por ambas partes, las permanentes protestas de los jugadores costarricenses, que cuestionaron una y otra vez las decisiones arbitrales.
Durante el segundo tiempo, la tónica del partido fue similar a la del primero, con dominio local y esporádicos contragolpes de la tricolor.
En el minuto 65, Tabárez sacó a Luis Suárez del campo e hizo ingresar al "loco" Abreu, procurando sin duda dañar a su adversario mediante el juego aéreo. La receta dio resultado, porque el minuano tardó sólo cinco minutos en decretar la apertura.
Sin embargo, la alegría del Centenario duró poco, ya que tres minutos después, Álvaro Saborío, que ingresara poco antes a la cancha, ganó un forcejeo con Abreu y colocó una pelota para Walter Centeno, que decretó la igualdad.
Tras el gol visitante, un vergonzoso incidente producido a raíz de la invasión del campo de juego por parte de los técnicos de la transmisión televisiva, obligó a detener el juego por más de tres minutos.
Una vez reanudado el juego, los ticos encontraron a un Uruguay desconcentrado, y en dos ocasiones estuvieron a punto de decretar una ventaja que dejaría a los locales fuera del mundial. Sin embargo, los charrúas reaccionaron y volvieron a apoderarse del balón, procurando un segundo gol que brindara una tranquilidad definitiva.
Con el marcador igualado en un tanto por bando, los últimos minutos de juego fueron de alto voltaje, ya que los ticos pusieron toda la carne en el asador, procurando un tanto postrero que los enviara a Sudáfrica.
Mas los celestes supieron dominar su ansiedad. Tabárez indicó a sus pupilos que se formaran en un claro 4 - 4 - 2, buscando siempre la red adversaria sin desguarnecer la propia.
El pitazo de Bussaca -tras siete interminables minutos de descuento- provocó un alarido de alivio y felicidad en la afición que colmaba el Centenario.
Finalmente, Uruguay cumplió con el objetivo mundialista, al cabo de un accidentado proceso eliminatorio. El próximo capítulo de esta historia se escribe en Sudáfrica.
El equipo de fútbol de Uruguay asistió al torneo olímpico de París en 1924. Al principio del campeonato, nadie daba ni dos pesos por este equipo de jugadores llegados de un país desconocido por muchos. En el diario francés Le Temps se llegó a publicar: "Nos apena que sean tan torpes estos jóvenes sudamericanos. Han venido desde tan lejos y tendrán que volverse después del primer partido". Nada más alejado de la realidad!!!
Ya en el primer partido (26 de mayo), los uruguayos dieron la sorpresa al vencer a Yugoslavia por 7 goles contra 0. El 29 de mayo el que cayó fue Estados Unidos (3:0), ahora sí ante una enorme concurrencia. La prensa francesa hablaba maravillas del juego de los uruguayos, elogios que fueron aumentando después del impactante triunfo de Uruguay ante Francia (5:1), el gran favorito.
Los jugadores Scarone, Nazzasi y, particularmente, el "Negro" Andrade, quienes estuvieron también presentes cuatro años más tarde y luego en 1930 durante el primer Campeonato Mundial en Montevideo, fascinaron al público.
Los uruguayos se ganaron el afecto de la afición parisina con su victoria de 2-1 ante Holanda en uno de los dos partidos de semifinal. La victoria fue emocionante y llena de drama, ya que los sudamericanos tuvieron que venir de atrás para superar la diferencia marcada con un tempranero gol de los holandeses.
Uruguay comenzó desde entonces a mostrar su ahora legendaria "Garra Charrúa'' y con un juego recio salió con un triunfo peleado casi a muerte, llegando así a la final contra Suiza.
Tampoco tuvo problema alguno con el rival y ganó por 3-0 para conquistar el primero de los dos oros olímpicos de su historia, con lo que su fútbol alcanzó un brillo que duró hasta el Maracanazo de 1950 en Río de Janeiro en el Mundial de Brasil.
La final contra Suiza, el 9 de junio de 1924 en París, fue presenciada por más de 60 mil aficionados en el estadio "State de Colombes". Otras 5 mil personas se quedaron sin poder entrar y protagonizaron una batalla campal a las puertas del mismo, lo que produjo un saldo de cientos de heridos.
Cuando terminó el encuentro con el contundente 3-0, los uruguayos agradecieron el apoyo de la afición francesa dando una vuelta al terreno de juego para saludar a los espectadores, que los aclamaban y les tiraban flores.
La celebración fue la primera presentación de lo que hoy se conoce en el mundo entero como la "Vuelta Olímpica".
El uruguayo Pablo Cuevas y el tenista peruano Luis Horna se quedaron con el título de Roland Garros al vencer a la dupla del canadiense Daniel Nestor y el serbio Nenad Zimonjic, hoy en la final de dobles masculinos, obteniendo el primer título masculino para nuestro país en el evento.
Desde el título de Fiorella Bonicelli en 1976, que consiguió en dobles femeninos junto a la francesa Gail Sheriff, un uruguayo no alcanzaba esta instancia y menos la consagración.
Ayer Cuevas volvió a repetir la hazaña y junto a otro sudamericano, Luis Horna, venció en la final a la dupla del canadiense Daniel Néstor y el serbio Nenad Zimonjic en dos sets y con una estupenda actuación en dos sets, en cifras de 6-2, 6-3.
Cuevas se mostró muy emocionado luego del triunfo conseguido ayer y no dudó, a la hora de declarar, en recordar a su país y su gente a quienes dedicó esta histórica consagración: "quiero compartir la alegría con la gente de Uruguay, que me estuvo apoyando durante todo el torneo y se hizo sentir a pesar de estar lejos. Y en especial a mi familia que seguro estuvo pegada a la televisión y tiene mucho que ver con esto que hemos logrado con Horna".
Cuando lo consultaron sobre si se daba cuenta de la importancia de lo que consiguió, sentenció que es algo que aprenderá a valorar con el pasar de los años: "la verdad todavía no caigo. Si sentí la importancia de donde estábamos el día que ganamos la semifinal, hoy estuve muy relajado y se notó en el juego. Creo que con el correr del tiempo y cuando empiece a conversar con la familia y los amigos me daré cuenta de la importancia de lo realizado".
Más tarde se refirió a la forma en la que ganó el título donde derrotaron a la pareja número uno a nivel mundial, los gemelos estadounidenses Mike y Bob Bryan y a la segunda, séptima y novena preclasificada: "la verdad que no hubo mejor manera de ganar este torneo. Si hay que elegir un Grand Slam, obviamente que en mi caso, como en el de todos los sudamericanos, hubiera elegido este, porque es con el que uno sueña y lo ve más lindo porque es en polvo de ladrillo. Después de haber ganado a la pareja sembrada uno y a la dos simplemente, fue un aliciente más por la forma en que se logró el título".
Por último comentó que está feliz por lo hecho, y que durante todo el juego estuvo muy tranquilo: "la verdad que desde el primer momento que pisé la cancha no estuve nervioso, quizás en partidos anteriores se me vio más eufórico, hoy si bien la alegría era la de siempre, los festejos fueron más tranquilos, a excepción de cuando confirmamos la victoria en donde desatamos el festejo".