Fue secuestrada en Buenos Aires durante una operación conjunta del Plan Cóndor. Luego los militares la trasladaron a su país, Uruguay, en un vuelo clandestino, donde estuvo presa con la hoy primera dama. Un caso testigo.Fue durante 26 años una madre buscando a su hijo robado por las dictaduras uruguaya y argentina. A su hijo de veinte días se lo quitaron no bien irrumpieron en su casa de Belgrano en julio de 1976. Sara Méndez, que es uruguaya, fue llevada al centro clandestino Automotores Orletti durante una operación conjunta del denominado Plan Cóndor. Luego los militares la trasladaron a su país en un vuelo clandestino. Más tarde estuvo presa en el penal de Punta Rieles con Lucía Topolansky, la esposa del hoy presidente José Mujica. En 2002 pudo ver el rostro ya adulto de su hijo Simón. Sara Méndez contó su historia a Página/12 tras declarar en el juicio oral por los crímenes de Orletti. Enumeró a los implicados argentinos que ella pudo reconocer: el ex jefe de la SIDE Otto Paladino, a Aníbal Gordon y Eduardo Ruffo. Del lado uruguayo, Méndez reconoció al teniente coronel Rodríguez Buratti –quien se suicidó hace cuatro años–, al hoy procesado José Nino Gavazzo y al capitán Manuel Cordero.
La noche del 13 de julio quedó grabada en la memoria de Sara Méndez. “Unas quince personas de civil entraron a mi casa rompiendo puertas. Yo estaba con mi bebé y una compañera que militaba en la izquierda como yo. Tomaron posesión de las dos plantas y ahí mismo empezó el interrogatorio y la tortura para que digamos direcciones y nombres de otros uruguayos que estaban viviendo en Buenos Aires. Mi marido, Mauricio Gatti, no iba a llegar esa noche. Nino Gavazzo y Rodríguez Buratti comandaron el operativo.”
Los militares se quedaron con su hijo. “Cuando agarro a Simón en mis brazos me dicen que lo deje, que no lo puedo llevar conmigo. ‘No se preocupe señora’ –lo recuerdo como algo grotesco de quienes ya me habían golpeado e insultado–. Al niño no le va a pasar nada porque no es una guerra contra los niños.”
Sara Méndez militaba en el Partido de la Victoria del Pueblo que se había reorganizado en Argentina. “Se conforma un frente de lucha contra la dictadura acá, desde el exilio. Lo paradójico es que el partido se rearme en el exilio y el régimen argentino le aplica un golpe rotundo.” Ella dice que no usó armas nunca.
A Sara la trasladaron al centro clandestino Automotores Orletti, en donde estuvo –cree– diez días. “El lugar quedaba en el Bajo Flores, donde por delante pasaba el tren y detrás había una escuela. Ese pozo o chupadero, como le dicen acá, era un lugar de tortura y exterminio. En algunos casos si no lo mataban allí, lo sacaban y ya estaba la desaparición forzada como método represivo. Yo fui secuestrada, no me dieron información, no pude ver a mi familia.”
Al otro día de su secuestro su marido Mauricio tuvo indicios de que algo andaba mal. La familia Méndez, alertada por aquél, empieza a buscar a Simón y a ella. Su padre se trasladó a Argentina y junto con gente del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados –Acnur– realizaron la búsqueda. Mauricio Gatti murió en 1991.
Sara Méndez recuerda el montaje de su detención en Uruguay. “Fuimos trasladados 24 personas de Buenos Aires a Montevideo. El hermano de mi marido, Gerardo Gatti, quedó en Automotores Orletti. Nos llevaron en lo que hoy se llama el primer vuelo. Estuvimos cuatro meses como desaparecidos en sedes clandestinas. Luego alquilaron una casa en un balneario y habitaciones en hoteles céntricos de Montevideo, hicieron documentos falsos a gente que se parecía físicamente a nosotros y los mandaron a registrarse en esos lugares. Simularon que habíamos entrado al país por nuestros propios medios. Ahí empezó el montaje. Y luego nos ‘van a detener’ como si estuviéramos parando en esos lugares. Fue una falsa detención en octubre de 1976. Nos llevaron a la Justicia militar, con las actas fraguadas y nos procesaron. Hoy sabemos que entre nuestro secuestro y la detención falsa hubo un segundo vuelo con otros uruguayos.”
Luego Sara fue llevada por el mismo Nino Gavazzo al penal de Punta Rieles, en Montevideo, en donde estuvo cuatro años y medio. Allí conoció a quien hoy es primera dama de Uruguay, Lucía Topolansky.
“Eramos compañeras. Estaba también su gemela María Elia. Comíamos juntas, hacíamos actividades de estudio, aprendíamos de la especialidad de la otra. Yo era maestra, Lucía estudiante de arquitectura. María Elia sabía mucho de física. Hacíamos intercambio de conocimiento. Estaba prohibido hacer gimnasia, así que nos turnábamos para poder hacer ejercicio. Las cartas se tenían que leer en voz alta, con lo que sabías todo de la otra. Eran cárceles en donde se ponían en práctica métodos sofisticados: debilitar el ser político. No teníamos ninguna información de lo que pasaba en el mundo, vestíamos uniformes, nos llamaban por un número, era una militarización. Una despersonalización. Las visitas eran escuchadas. Había situaciones de riesgo, estados de alarma, teníamos que hacer cuerpo a tierra.”
En la primera visita que recibió Sara Méndez en la cárcel se enteró de que su familia no había logrado ubicar a Simón.
Sara salió de prisión tras cumplir su condena casi cinco años después. Eso sí, bajo libertad vigilada. Todavía Uruguay estaba bajo el régimen militar –la democracia llegaría en 1985–. “Tuve que dar mi domicilio, no podía salir de Montevideo sin autorización, me hacían visitas. Me contacté con lo que era el germen de Abuelas de Plaza de Mayo en Argentina. Chicha Mariani guardó los datos de un niño pelirrojito como Simón en un tarrito de lata y lo enterró. Después no lo pudo encontrar.”
Por ese tiempo Sara se iba a ilusionar con que ya había encontrado a su hijo. Estuvo diez años para conseguir que la familia del menor que había sido dejado en el Hospital Norte aceptara hacerle un ADN. Dio negativo. “Tuve que empezar la búsqueda de nuevo.”
A raíz de una investigación que realizaron el periodista Roger Rodríguez y el político Rafael Michelini dieron con un ex policía que era quien adoptó a Simón. “Estoy convencida de que ese señor sabía que era un bebé robado”, afirma Sara y agrega: “Michelini habló con el ex policía y éste le dijo que iba a contarle a Simón sobre su adopción y que lo buscaba su madre”. Simón, con 25 años, se hizo el ADN y se reencontró con su madre.
–¿Cómo fue ese momento?
–Mi vida era la búsqueda. Yo me encontré a un hijo que ya era un adulto. Cuando lo encontré cambió todo para mí. Viajo cada dos meses, o viaja él. El tuvo resistencia a asumir la historia.
El caso del secuestro de Simón está comprendido en la Ley de Caducidad, una norma que impide el juzgamiento de militares y policías acusados de violaciones a los derechos humanos. Hoy el oficialismo uruguayo impulsa un proyecto en el Congreso para interpretar algunos artículos de la norma. “Todavía no se avanzó en nada. El proyecto de ley no lo conoce la ciudadanía”, afirmó Sara. Y destacó el rol del centroizquierda. “Con los gobiernos blanco y colorado toda causa quedaba comprendida en la Ley de Caducidad. Desde que asumió el Frente Amplio comenzaron los procesamientos a los militares.”
Mercedes López San MiguelFuente: Página 12
Sara Méndez y Mónica Soliño Platera fueron secuestradas en Buenos Aires y trasladadas a Montevideo. Narraron la muerte de Carlos Santucho y mencionaron a la nuera del poeta Juan Gelman.Sara Méndez tenía un nombre falso. La secuestraron el 13 de julio de 1976 en la calle Juana Azurduy, del barrio de Belgrano, en un operativo en el que le sacaron a su hijo. Recuperó a Simón en 2002, después de la búsqueda de las Abuelas de Plaza de Mayo. Sara, que es uruguaya, fue llevada al centro clandestino Automotores Orletti, durante una operación conjunta del denominado Plan Cóndor. Volvió a Uruguay en un vuelo clandestino organizado por los militares. En la audiencia de ayer, durante el juicio oral por los crímenes de Orletti, habló de su convicción de la existencia de un segundo vuelo de “compañeros uruguayos” que no sobrevivieron y desaparecieron en ese país. También advirtió sobre la posibilidad de que existan, dijo, “muchos más niños” hijos de ex detenidos argentinos en su país “como acá –agregó– muchos más uruguayos”.
Sara reconoció entre sus secuestradores a los argentinos que actuaron en Orletti, el jefe de la Side, Otto Paladino, y el paramilitar Aníbal Gordon, ambos fallecidos. También a Eduardo Ruffo, uno de los represores acusados en el juicio en el que empezaron a declarar los sobrevivientes uruguayos. Además de Sara, declaró Mónica Soliño Platera, otra uruguaya, militante de la Resistencia Obrera Estudiantil, perseguida en su país y que se instaló en diciembre de 1974 en Buenos Aires, donde trabajó en un comercio tipo bazar de la calle Florida. A Mónica la secuestró el 7 de julio de 1976 un grupo de tareas de tres personas que golpeó la puerta del departamento de una prima.
Ambas hablaron de la presencia y del asesinato de Carlos Santucho, hermano de Mario Roberto Santucho, jefe del Ejército Revolucionario del Pueblo, en Orletti. También de Manuela Santucho, la hermana, y de Cristina Navajas de Santucho, la esposa de Carlos. “Esta persona –dijo Mónica–, Carlos Santucho, estaba muy horriblemente mal, empezó a desvariar, gritaba, decía cosas incoherentes. En un momento le dijeron a la hermana que lo tranquilizara, pero ellos lo agarraron, lo ahogaron en un tacho de agua que estaba ahí, y la verdad es que cuando estaba muerto, lo tiraron en una camioneta y no sé qué pasó después con él.” A Carlos, agregó, “le preguntaban por el hermano, incluso después de que lo mataron dijeron: ‘Este no tiene nada que ver, es un contador, siempre trabajó de lo mismo’”. Y Mónica explicó: “Yo tuve toda la sensación de que lo habían llevado para preguntar por el hermano, era una persona mayor”.
A ella le preguntaron si recordaba olores especiales. Dijo que no. Sara, en cambio, habló de esos olores. Tenía los ojos vendados, explicó, pero sentía olor a pus; que era un olor conocido, dijo, y que salía del cuerpo infectado de Santucho. Estaba muy deteriorado por la tortura, era “una llaga viva” que se “arrastraba por el piso delirando”. Los militares, agregó, aseguraron que lo iban a llevar al hospital de Campo de Mayo, pero de pronto hubo movimientos raros, “como que algo iba a pasar”. “Cuando algo malo estaba por suceder encendían dentro del garaje todos los motores de los vehículos. Lo introdujeron en un tambor de agua con la cabeza para abajo y cuando murió dijeron ‘ya está mejor’. Presenciamos el asesinato de una persona que estaba en muy mal estado.”
Mónica había llegado a Orletti a bordo de un camión. Entró por una puerta lateral, donde había una escalera de madera. “A partir de ahí –dijo– siempre estuve vendada, a partir de ahí no pude ver casi nada.” Los interrogatorios se los hacían los militares uruguayos, entre los que mencionó a Manuel Cordero. “Teníamos que estar sentados, con las manos esposadas, nos daban de comer muy esporádicamente, y si nos daban algo eran sobras que a veces hasta venían con puchos.” Alguna vez, cuando pidieron comida, los militares se les quejaron porque, como había aumentado la población del centro clandestino, ya no tenían ni las sobras para darles.
–Pero eso no era un ámbito como una cárcel, era una locura –dijo Mónica en un momento.
–¿Por qué? –preguntó el fiscal.
–Miles de veces se escuchaban gritos, fiestas... No fiestas, comilonas.
Mónica y Sara viajaron a Uruguay en lo que se conoce como el primer vuelo clandestino, un vuelo organizado por los represores para simular luego una detención en el país oriental. Salieron desde lo que les pareció un aeropuerto militar, explicó Mónica, los trasladaron primero al edificio de Inteligencia de Defensa (SID), en el bulevar Artigas, y luego pasaron quince días en una casa, divididos en dos grupos. En la casa, donde eran sometidos a interrogatorios, supo que había una parturienta y luego explicó que escuchaba el sonido de un bebé. Cuando le preguntaron de quién se trataba, Mónica dijo que creía que era la nuera del poeta de Juan Gelman. Sara lo confirmó: sabían que eran unos argentinos, explicó, que cuando habían pasado en la SID un médico asistió a una persona con síntomas de parto, que la llevaron al Hospital Militar y que con el tiempo, dijo, “supimos” que era María Claudia Irureta Goyena de Gelman.
Sara habló además de un segundo vuelo: “Tenemos la convicción –dijo– de que muchos de estos compañeros fueron llevados a Uruguay en un segundo vuelo y que desaparecieron en Uruguay y no en Argentina: que existió un secuestro masivo de uruguayos”.
Alejandra DandanFuente: Página 12
Foto: La RepúblicaMontevideo, Jueves 19 de agosto de 2010.
Sr. Ministro Eduardo Bonomi / Ministerio del Interior /Sres. De Suprema Corte de Justicia
Presente
En el día de la fecha estuve en el Juzgado Letrado de 1era Instancia en lo Civil (2º turno) de la calle San José 1132 donde se llevó a cabo una audiencia contra el Estado por omisión de investigación y búsqueda de mi hijo Simón, durante los años en que permaneció secuestrado.
En esta instancia estaban citadas a declarar 2 ex presas políticas con las que compartí el cautiverio en Buenos Aires y Montevideo, también estaban citados 3 de los reos ya procesados por otras causas: José Gavazzo, Jorge Silveira, José Ricardo Arab.
Motiva esta misiva, hacerle conocer las circunstancias en las que se desarrolla la estadía de los testigos presos en el Juzgado.
Ante la sorpresa de los que estábamos en el corredor de espera para pasar a la audiencia (Abogados del Ministerio de Defensa, ex presas, mi abogado), bajan de los 2 ascensores los reos con custodia policial sin esposas, permaneciendo de esta forma durante todo el tiempo de espera en medio del pasaje de funcionarios judiciales y otras personas. Al terminar la audiencia me encuentro en el hall de entrada - lugar de mayor trasiego de público - a los reos que esperaban sentados sin esposas la llegada de la camioneta que los trasladaría.
No es la primera vez que en las instancias judiciales se encuentran violadores de los DDHH con sus víctimas. Pero lo grave de esta situación es que en el mismo reducido espacio físico, permanezcan víctimas y victimarios viéndolos además en situaciones de privilegio en relación a otros presos.
¿Cómo se les puede facilitar a hombres cuya carrera han sido las armas, estar en esas condiciones de libertad en un recinto público?
¿Hasta cuándo no se tendrá en cuenta lo que significa para quienes han padecido tortura por estos seres compartir obligadamente un mismo espacio de espera con ellos?
Sara Méndez1.010.231-5
Mural por verdad y justiciamuro de la ex-fábrica COLAGELfrente a la plaza “Mártires de la Industria Frigórifica”DOMINGO 18 DE OCTUBRE18 HORASComo parte de la campaña por la anulación de la ley de caducidad, se “descubrirá” un mural pintado por Damián Ibarguren Gauthier sobre el muro de la ex-fábrica COLAGEL, frente a la plaza “Mártires de la Industria Frigórifica”, en la entrada de la Villa del Cerro.
Eduardo Galeano, presidente de la Coordinadora Nacional estará presente junto a Madres y Familiares (Luisa, Amalia, Hortensia y otras queridas viejas), a Valentina Chávez Sosa y otros HIJOS y a Sarita Méndez presentando el libro “Las palabras que llegaron”. Ell@s darán las últimas pinceladas al mural por Verdad y Justicia.
La ocasión servirá para convocar a participar en la
marcha del 20 de Octubre y a votar la papeleta rosada el domingo siguiente.
La actividad está organizada por grupos barriales de todo Montevideo nucleados en la “
Coordinación de Vecinos”.
Por cualquier aclaración dirigirse a:
coordinaciondevecinos@gmail.com¡Hasta el 18 a las 18!
El coronel Manuel Cordero había declarado a la prensa brasileña que no conocía ni a Simón ni a su madre. El secuestro del niño en 1976 es uno de los crímenes por los que será juzgado en Argentina. La madre denuncia que el militar la torturó en Argentina y en Uruguay y lo responsabiliza por la desaparición de otros uruguayos.Roger Rodríguez"Cordero fue quien me torturó en Automotores Orletti", denunció a LA REPUBLICA Sara Méndez, en respuesta a declaraciones que el militar uruguayo realizó a la prensa brasileña luego de que la Justicia de Brasil decidiera su extradición a Argentina, donde será juzgado por sus crímenes en el marco de la coordinación represiva conocida como Plan Cóndor.
Cordero, quien se refugió en Brasil en 2004 y fue detenido en 2007, dijo al diario "Zero Hora" de Porto Alegre que no podían inculparlo por el secuestro y desaparición de Simón Riquelo ya que no conoció al niño ni a su madre, Sara Méndez, quien fue secuestrada en Buenos Aires en 1976 y trasladada ilegalmente a Uruguay.
Las declaraciones de Cordero fueron realizadas horas después de que el Supremo Tribunal Federal de Brasil sentenciara su extradición a Argentina, donde la Justicia federal lo acusa por el secuestro de Simón y la desaparición de otros diez uruguayos que fueron recluidos en Orletti y permanecen desaparecidos.
"Cordero fue la primera persona que conocí cuando, luego de secuestrarme, me quitaron la venda en Automotores Orletti. José "Nino" Gavazzo, que me había secuestrado, fue el que me lo presentó por su nombre y grado. Entonces era capitán. Ese mismo día me torturó", explicó Sara Méndez, la madre de Simón, a La República.
"Reconocí su voz""No puede decir que no me conoció. Gavazzo y Cordero me pusieron frente a un pizarrón donde había un organigrama de mi organización política, el PVP. Yo conocía el nombre de Cordero por lo que habían contado otros compañeros que estuvieron presos en 1972 y 1973 y habían sido torturados por él", narra.
"Cordero se sentía especialista en nuestra organización agrega. Sentía como un paso fundamental nuestra captura con la de otros compañeros. Como no colaboré, me desnudaron y me llevaron a otra sala de Orletti. Allí me cuelgan, con los brazos atados a la espalda. Estuve mucho rato suspendida hasta que empiezan las descargas eléctricas".
"Yo identifico claramente la voz de Cordero entre mis torturadores, porque le había visto el rostro. No puedo afirmar que estuvo en mi secuestro, donde Gavazzo me quita a mi hijo de los brazos y me dice que la guerra no es con los niños. Pero sufrí varias sesiones de tortura con Cordero en Orletti", afirma.
"En Orletti no pregunté por mi hijo Simón. Temía el uso que le pudieran dar para torturarme. Yo creía que me había despedido de él, porque estaba frente a soldados uruguayos operando en Argentina, que se habían identificado con sus rostros y sus nombres. Creía que de allí no saldríamos con vida", explica Sara Méndez.
"También en el SID""Cordero estaba allí acusa y como todos los que operaron en Argentina, sabía de todos los procedimientos. Cordero era parte del grupo que operó en Buenos Aires. Luego, lo volví a ver en Bulevar Artigas y Palmar, el segundo pozo al que nos llevaron. Allí era, junto a Gavazzo y Gilberto Vázquez, el que mandaba, y volvió a torturarme".
"En noviembre de 1976, cuando ya nos habían blanqueado en el falso operativo de detención del balneario Shangrilá, Cordero estuvo varios días sancionado de guardia permanente, porque había tenido un accidente con un auto por manejar ebrio. Allí nos contó con detalles la detención de otros compañeros secuestrados en octubre", recuerda.
"Me queda muy claro, reitera, que Cordero también participó de esas detenciones de compañeros en Buenos Aires, quienes también pasaron por Orletti y, ahora sabemos, fueron traídos en el segundo vuelo y desaparecidos en Uruguay. Cuando me envían a la cárcel me entero de que Simón está desaparecido y tardé casi 26 años en encontrarlo".
Sara Méndez fue secuestrada en Buenos Aires el 13 de julio de 1976 y de sus manos fue robado su hijo Simón Riquelo, con sólo 22 días de nacido. Torturada en Orletti, fue trasladada ilegalmente a Montevideo y condenada a 5 años de cárcel por la Justicia militar. En 2002 reencontró a su hijo, que había sido entregado a un policía argentino.
Fuente y foto: La República
El coronel Manuel Cordero inició una contraofensiva mediática en Brasil, al aprobarse su extradición a Argentina. Intenta aparecer como una víctima política que sufre serios problemas de salud. Miente sobre los cargos que se le imputan y sobre la posibilidad de apelar el fallo.Roger Rodriguez El torturador uruguayo Manuel Cordero inició ayer una nueva estrategia para demorar su extradición a Argentina y declaró a Zero Hora que debe someterse a una intervención cardíaca antes de su traslado y que sólo pueden juzgarlo por el secuestro de Simón Riquelo a quien dijo no conocer, como a su madre Sara Méndez.
El militar uruguayo reaccionó con una meditada contraofensiva ante el pronunciamiento del Supremo Tribunal Federal brasileño que otorgó esta semana su extradición a la Argentina por once desapariciones y el secuestro de un niño, y ahora alega que antes de su traslado debe ser operado del corazón porque puede sufrir un "colapso" en el viaje.
Cordero fue entrevistado por el periódico Zero Hora de Porto Alegre, a quien declaró que aún no está dicha la última palabra en torno a su enjuiciamiento por crímenes de lesa humanidad y sostuvo que tiene todavía mecanismos de defensa para apelar el pronunciamiento del máximo órgano judicial brasileño.
En la entrevista concedida a la periodista Priscila Montandon, Cordero afirmó que su proceso de extradición tuvo una "gran carga política": "La ley de Amnistía de Brasil funcionaba muy bien para ambos lados, pero pienso que eso está relacionado a temas que desconozco sobre la amnistía a los militares", dijo con aparente inocencia.
¿Sara... qué Sara?
Cordero dijo que no es "futurólogo", pero intentó mostrarse confiado de superar un eventual juicio en Argentina donde, según él, sólo puede ser juzgado por el secuestro y desaparición de Simón Riquelo, uno de los once delitos por los que se pidió la extradición, ya que opinó los otros crímenes de desaparición habrían prescripto.
"El delito se refiere a la desaparición de un niño argentino en 1976, que reapareció en 2002. Por lo tanto, no es desaparecido. Fue una denuncia de la madre de él, pero yo no conozco ni al niño ni a la madre de él. Ya había sido juzgado en 1994 por este delito y el caso fue archivado", mintió Cordero a Zero Hora.
Sara Méndez fue secuestrada en Buenos Aires el 13 de julio de 1976 y de sus manos fue robado su hijo Simón Riquelo, con sólo 22 días de nacido. Sara fue torturada por Cordero en el "pozo" Automotores Orletti, trasladada ilegalmente a Montevideo, recluida en otros dos "pozos" y condenada a 5 años de cárcel por la Justicia militar.
Desde su liberación, Sara Méndez se constituyó en un símbolo de la búsqueda de los niños desaparecidos y en 2002, veintiséis años después, logró encontrar a su hijo Simón que había sido entregado a la familia de un policía argentino. En 1994 una causa contra Cordero fue amparada en Uruguay por la Ley de Caducidad.
Piel de CorderoEl torturador uruguayo alegó también que tiene que someterse a otra cirugía en el Instituto Cardiológico de Porto Alegre. "En prisión no tenía condiciones de un pos operatorio. Sufrí varias infecciones cuando estaba preso y perdí todos los dientes, tomaba una medicación muy fuerte y llegué a pesar 60 kilogramos", dijo.
"Me concedieron la posibilidad de tratarme. Vine a mi casa (en Santana do Livramento) en enero para recuperarme, colocarme las prótesis e intentar hacerme la cirugía cardiovascular (...) si no me opero, voy a morir. En estas condiciones no puedo viajar al exterior. Corro el riesgo de sufrir un colapso", se victimizó.
Cordero huyó de Uruguay en 2004 y fue detenido en Brasil en 2007 para un proceso de extradición que se definió esta semana. Desde principios de año disfrutaba de una prisión domiciliaria, por razones humanitarias, debido a su estado de salud, hasta que fue filmado fumando y corriendo en la puerta de su domicilio en Santana do Livramento.
El coronel Manuel Cordero, alias 303, cometió delitos de secuestro, tortura, violación, asesinato, privación de identidad y desapariciones en el marco del Plan Cóndor. Como mando de la Oficina Coordinadora de Operaciones Antisubversivas (OCOA) actuó en el pozo "Automotores Orletti" de Buenos Aires, del que desaparecieron 30 uruguayos.
SIN APELACIONEl coronel Manuel Cordero no tiene ningún recurso legal con el que apelar la extradición aprobada por el Supremo Tribunal Federal (STF) que sólo podría ser cuestionado si existiera algún error técnico jurídico, explicaron a LA REPUBLICA fuentes jurídicas de Brasil. El trámite de Extradición Nº 974 finalizó con la aceptación de la requisitoria de la Justicia argentina y la negativa a la solicitud uruguaya, por 6 votos contra 2, y sólo resta ahora que el fallo sea redactado y hecho público en los próximos días por parte del ministro Ricardo Lewandowski, el primero en votar por la extradición.
Según establece la Constitución de Brasil, la extradición de Cordero deberá ser firmada por el presidente Luiz Inácio "Lula" Da Silva, pero en toda la historia jurídica brasileña nunca un presidente se opuso a un pronunciamiento del Supremo Tribunal Federal y el mandatario suscribirá la orden para entregar al reo Cordero a la Policía argentina. Por su parte, el activista brasileño por los derechos humanos, Jair Krischke, señaló a LA REPUBLICA sus dudas sobre la mentada insuficiencia cardíaca que ha esgrimido Cordero desde que llegó a Brasil. "¿Si le dieron la prisión domiciliaria para que se operara, por qué no lo hizo en los últimos ocho meses?", se preguntó Krischke.
Asimismo, la afirmación de Cordero sobre que debe operarse en el Instituto de Cardiología de Porto Alegre tampoco sería cierta, ya que por su condición de extranjero no tiene el beneficio de la atención gratuita en el hospital especializado y debería abonar personalmente la presunta operación por un costo de miles de dólares.
Las fuentes jurídicas consultadas indicaron que el propio Supremo Tribunal Federal deberá someter a Cordero a un examen médico para establecer las condiciones físicas en que será entregado, en un plazo de 30 días, a las autoridades argentinas para que sea finalmente enjuiciado por la Justicia federal de ese país.
Fuente: La República
Foto: Editorial MareaLos militares "han sido respaldados por una ley que los protege". "Se han encontrado restos en cuarteles y eso cambia el panorama"La militante por los derechos humanos, Sara Méndez, dijo que la anulación de la Ley de Caducidad dejará al Poder Judicial "con las manos libres" para actuar, lo que constituye un avance importante en la investigación de los delitos cometidos durante la dictadura.
Méndez está trabajando activamente en la campaña de recolección de firmas y exhortó a los ciudadanos a apoyar con su rúbrica. "Lo siento como un compromiso, no sólo político, sino también moral y ético. Tenemos que firmar para poder llegar a la reforma constitucional", afirmó a LA REPUBLICA. La integrante del Partido Por la Victoria del Pueblo (PVP) consideró que el plebiscito es una práctica que ofrece la democracia y que todos los uruguayos deberían ejercer.
Méndez vivió la desaparición forzada de personas de su entorno, estuvo recluida en Automotores Orletti y buscó durante 25 años a su hijo Simón. "Vi de cerca como un grupo de hombres militares y civiles decidían sobre la vida de otros; hoy tengo muchos compañeros muy queridos que están desaparecidos", relató. "Creo que hechos como los que se produjeron, producto del terrorismo de Estado, no pueden volver a ocurrir. En mi opinión, esos elementos ya son suficientes para decidir a favor de la anulación", expresó. "Si la ley se anula, la Justicia tendrá derecho a investigar estos casos. El Poder Judicial quedará con las manos libres para investigar y eso será un avance muy importante", argumentó. Méndez considera que, hasta el momento, los militares se han sentido respaldados por una ley que los protege, pero "cuando esa ley ya no esté, muy otra puede ser su actitud con respecto al silencio que guardan".
Opinó que pocos países "han tenido la fuerza para seguir los caminos constitucionales, que permitan anular una ley injusta como ésta". La militante recordó que esta ley fue ratificada por un plebiscito popular en abril de 1989, pero entiende que "hoy la situación es distinta". A modo de ejemplo, dijo, ahora se conocen detalles de "crímenes aberrantes, desaparición forzada de personas, muertes por tortura, la decisión de ejecutar después de la etapa de la tortura, entre otras terribles prácticas que se aplicaron". "Hoy la población tiene conocimiento real de eso, se han encontrado restos en los fondos de los cuarteles y eso cambia sustancialmente el panorama. La única forma de rever todo ese período es con la anulación de la ley", enfatizó.
SIMONA Sara Méndez le secuestraron su hijo en Buenos Aires, Simón Riquelo, en julio de 1976, cuando tenía sólo 20 días de vida. Ella fue trasladada al centro clandestino Automotres Orletti. La búsqueda por saber la verdad y el paradero de su hijo fue intensa y constante. Sara se reencontró con Simón el 19 de marzo de 2001. Su ubicación se consiguió a través de dos investigaciones paralelas, una del periodista del diario La República, Roger Rodríguez, y otra del senador Rafael Michelini. La Comisión para la Paz también investigó el caso.
Fuente: La República