Jorge Gonçalvez Busconi nació en el Departamento de Artigas el 3 de agosto de 1941. Casado con María Pereira, brasilera, quien estaba embarazada de 8 meses, de Carla, que nació después de la desaparición de su padre.
El matrimonio emigró a Argentina en marzo de 1974. Jorge entró a trabajar en la empresa Orient S.A y además tenía una despensa junto a otros socios, entre ellos su amigo, Andrés Bellizzi.
Fue secuestrado el 14 de abril de 1977 a la salida de su trabajo, en la calle Belgrano, por unos hombres de civil fuertemente armados, quienes le pidieron que se identificara, luego de hacerlo, lo introdujeron en un Ford Falcon pegándole con mucha violencia. Esto sucedió en presencia de su compañera de trabajo Beatriz Iglesias, argentina, quien fuera citada en varias ocasiones a declarar por evidentes contradicciones en sus declaraciones, ya que, su suegro, le solicito al jefe de Jorge, Hugo Carlos Guffanti, pocos días antes de su desaparición, que lo despidiera. Ante la negativa de éste, el suegro de Beatriz amenaza a Jorge diciéndole: "esto no va a quedar así, ya lo vamos a arreglar", luego se confirma que pertenecía al servicio de tareas de las Fuerzas Armadas.
Su domicilio fue allanado y no se ha obtenido más información sobre su desaparición.
Andrés Humberto Bellizzi nació en Montevideo el 21 de abril de 1952. Cursó preparatorios de Medicina, vivía con sus padres y su hermana menor y militaba en la UJC (Unión de la Juventud Comunista).
Emigró a Buenos Aires en 1974. El 2 de junio de 1974 Andrés fue detenido junto a cien uruguayos que estaban reunidos para preparar un acto político por el 1º aniversario del Golpe de Estado en Uruguay. Un mes después fue liberado, habiendo quedado fichado ante las autoridades argentinas.
Trabajó para la empresa Nestlé, en publicidad. Luego se asoció con Jorge Gonçalvez y dos uruguayos más, para instalar una despensa en el Mercado Rosado. Comenzó a militar junto a Jorge en el PVP (Partido por la Victoria del Pueblo – Argentina)
El 19 de abril de 1977 se presentó en su domicilio un individuo que dijo llamarse Martín, quien le ofreció un trabajo de pintura para su fábrica de productos Avon. Ambos se dirigieron al taller “Tabaré” donde estaba su socio Ricardo, para tratar el presupuesto. A la hora 16, Andrés se dirigió hacia el trabajo que le habían ofrecido.
Andrés y Ricardo se dejaban habitualmente mensajes en el domicilio de un cliente. Ese día llamaron allí diciendo que esperaban a Andrés en las calles Entre Ríos e Independencia, que fuera solo, que lo llevarían en coche a ver su nuevo trabajo. Su socio se enteró recién al día siguiente.
A media noche, un compañero de estudio de Andrés, de nombre Piero, fue a visitarlo a raíz de no haber concurrido a clase. Encontró a dos individuos que estaban registrando el apartamento. Desde el 19 de abril no existen indicios sobre su destino.
Por sobrevivientes uruguayos del CCD “Club Atlético”, donde se presume que fueron llevados Jorge Gonçalvez y Andrés Bellizzi, se sabe que interrogaban oficiales de Inteligencia del Ejército uruguayo, entre los que se ha ubicado al Mayor Carlos Calcagno y al Capitán Eduardo Ferro, ambos miembros de la Compañía de Contrainformaciones (C/CIE).
Información tomada del libro “A todos ellos”
Marys Yic
Roberto Luzardo nació en el Departamento de Durazno en enero de 1943. Integraba el MLN-T. Es detenido el 17 de agosto de 1972 por las Fuerzas Conjuntas de Inteligencia y Enlace en el “Bar Asturias” en la calle 8 de Octubre junto a Henry Engler y José Serrano.Las declaraciones que surgen de autos evidencian que los tres se encontraban sentados en el bar aguardando la llegada de otros dos compañeros, cuando inesperadamente ingresan varios policías de civil. Uno de ellos dispara a menos de medio metro de distancia a Roberto, quien estando desarmado, se levanta de la silla.
Es trasladado al Batallón Nº 9 donde permanece durante la noche herido de gravedad hasta el día siguiente en que lo internan en la sala 8 del Hospital Militar. La herida provocada por el disparo dañó la médula cervical, lo que provocó una parálisis casi total.
Hasta fines de enero de 1973 recibió una atención más que deficitaria, negándosele posteriormente todo tipo de asistencia. Fallece el 12 de junio de 1973, luego de varios meses de agonía, a consecuencia de una infección generalizada.
La denuncia penal original fue presentada en 2002 por su madre (ficha 2-42-386/2006) contra los mandos civiles, militares y policiales del gobierno cívico militar comprendido entre el 16 de agosto de 1972 y el 12 de diciembre de 1973 y demás responsables, por la comisión de los delitos: detención ilegal, reclusión ilegal, lesiones graves, torturas, omisión de asistencia y muerte. Una nueva denuncia se incorpora a la anterior, esta vez enmarcada como homicidio político y como parte del plan de exterminio de opositores, acusando a represores civiles y militares en carácter de autores de crímenes de lesa humanidad.
El Juez Dr. Fernández Lecchini y la fiscal Adriana Acosta, tomaron declaraciones a testigos, médicos y militares, entre otros integrantes de la OCOA.
Se realizó una inspección ocular en el H. Militar en salas similares a la que falleció Luzardo porque que las originales ya no existen.
En febrero del 2009 fue interrogado el ex dictador Gregorio Álvarez, quien negó tener conocimiento de los hechos (como siempre). En la audiencia del año 2010, el Goyo Álvarez reconoce haber estado en la sala 8 poco antes del fallecimiento, hecho que había negado en el careo realizado con Zulma Beatriz Luzardo.
En agosto de 2010, el juez Lecchini dio por finalizadas las actuaciones enviando el expediente a la fiscal Costa para que se expida, quien declaró a los familiares que necesitaría de mucho tiempo para el examen del mismo.
Información tomada del informe anual de SERPAJ 2010Diciembre 2010: Otro pedido de procesamiento para el Goyo, Caso LuzardoLa fiscal Adriana Costa solicitó, el pasado miércoles, el procesamiento con prisión del dictador Gregorio "Goyo" Alvarez, por la muerte en junio de 1973, en el Hospital Militar, del integrante del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), Roberto Luzardo.
La representante del Ministerio Público requirió al juez penal de 1º Turno, Juan Carlos Fernández Lecchini, el enjuiciamiento de Alvarez por "un delito de homicidio muy especialmente agravado, en grado de coautoría", por su presunta implicancia en la muerte de Luzardo, según indicaron fuentes judiciales a La República.
La requisitoria de la Fiscalía se sustancia tras un "pormenorizado" análisis del expediente judicial referido a la muerte de Luzardo en el Hospital Militar, en el cual concluyó la existencia de elementos probatorios para solicitar su enjuiciamiento. En tanto, la fiscal Costa solicitó proseguir la indagatoria para determinar la posible responsabilidad de los médicos del nosocomio en su muerte, agregaron las fuentes.
Luzardo recibió una importante herida de bala en la médula durante un violento procedimiento en el "Bar Asturias", en agosto de 1972. El militante fue derivado a la Brigada de Caballería Nº 9, donde no recibió atención médica, para ser posteriormente trasladado al Hospital Militar. El militante del MLN-T falleció el 12 de junio de 1973, dos semanas antes del golpe de Estado, en la Sala 8 del nosocomio castrense al no recibir el tratamiento necesario, acusado de participar en el operativo por el cual se ajustició al coronel Artigas Alvarez, hermano de Gregorio "Goyo" Alvarez.
Alvarez, entonces director del Estado Mayor Conjunto (Esmaco), habría sido el promotor de la orden por la cual el militante tupamaro no recibió la asistencia médica adecuada, según se desprende del expediente judicial. En este sentido, la imputación de la Fiscalía sustancia la tesis de la "omisión de asistencia" en el informe de una Junta Médica Forense designada por la Sede, por la cual se analizó el certificado de defunción de Luzardo y el acta de reconocimiento de cadáver.
Información tomada de La RepúblicaMarys Yic
Hilda Sara Delacroix Scaltrini de Ormaechea nació en Montevideo, tenía 51 años de edad, era casada, ama de casa y militante del PCU – FA.Es detenida el 3 de febrero de 1976 y llevada a los centros de detención y torturas: Batallón Infantería Nº 13, Regimiento de Artillería Nº 5 y por último recluida en el Establecimiento Militar de Reclusión Nº 2 (EMR2).
El 12 de febrero de 1976 la Justicia Militar dispone su procesamiento bajo el delito de “Asociación subversiva”.
Fallece el 1 de setiembre de 1976 por un cáncer generalizado. El certificado de defunción es firmado, como no podía ser de otra manera, por el “Doctor” Nelson Marabotto.
Testimonio de M.F:“En junio del 76, ella ingresa al Hospital Militar un sábado de noche, la ingresan por guardia, tiene diarreas. Yo la ayudo a desvestirse (…) le pregunto de dónde viene, me dice que del 5º de Artillería. El médico allí era el Dr. Marabotto, le pregunté por qué la internan y dice que tiene diarreas. Esta compañera había sido operada hacía 3 o 4 años atrás de un cáncer (…), llegó al hospital con una cantidad de kilos menos, con fuertes dolores, la internan y le ponen suero, viene un cirujano (…), sin haberle hecho ningún tipo de análisis, nada, la hidratan con suero y le dan de alta. Al mes estaba nuevamente internada. A esa altura ella ya tiene el vientre hinchado, no es que haya ganado peso, sigue tomando únicamente té, sigue sin ser atendida. Siguen sin hacerle ningún examen.
A esa altura le mandan hacer un copro. Siguen las diarreas y no la ve ningún especialista, gastroenterólogo, nada, el médico de sala es quien manda a hacer el examen. (…) A mi me dan el alta, pero se que a la semana fallece en el Hospital la compañera Hilda Delacroix”
Testimonio de una de sus compañeras de prisión en “Memorias para Armar”:(…) Cuando llegué a la sala de detenidos en el hospital, la encontré en un estado deplorable, irreconocible, pero con la misma dulzura de siempre (…) Empezó a tener brutales diarreas, su estado de salud empeoró rápidamente, pero sin embargo no se le hizo ningún estudio, las compañeras presionaron para que se la internara. Sólo le quedaban algunos días de vida.
Un día se abrió la reja y entró rodeado de militares su compañero, Juan José Ormaechea, también detenido, al poco rato de salir él, trajeron a sus hijos. Fue una tarde muy llena de emociones. Nadie dudaba que aquella fuera la última vez que la verían. Las compañeras que estábamos internadas la ayudamos de todas las formas posibles, con mucho cariño y todo el respeto que ella se había ganado. (…)
El 1º de setiembre nos despertó el ruido de la reja. La compañera que estaba de guardia se había dormido, en realidad, nos habíamos dormido todas. Agotadas por tantas noches de vigilia. Yo estaba al lado de Hilda y extendí mi mano para tomarle el pulso, le controlé la respiración y llena de dolor le dije a la médica que entró: “está muerta”. Ella me contestó: “si está muerta se entierra”. Así conocimos a la Dra. Iribarne…
Desde su detención, pasando por su tortura, su vuelta al infierno, y su traslado al 5º de Artillería, habían pasado sólo 7 delirantes meses.”
Testimonio de María Elena Curbelo:“El Dr. Nelson Marabotto no le practicó el tratamiento adecuado y fue negligente en su asistencia: “estando agonizante no le dejaba indicados los calmantes”
El informe de la Comisión Nacional de Ética Médica señala que Hilda Delacroix falleció a causa de un cáncer pelviano generalizado. Y agrega que la neoplasia evolucionó, en su mayor parte, durante su detención en el 5º de Artillería, y sus síntomas no fueron valorizados por el médico actuante.
Otras denuncias:(…) Hilda Delacroix De Ormaechea, falleció en el Hospital Militar luego de 8 meses de prisión y de haber sido torturada en varias ocasiones estando enferma de cáncer, lo que aceleró el proceso de su enfermedad.
Marys Yic
Luis Eduardo Arigón Castel nació en Montevideo el 18 de febrero de 1926, casado y padre de dos hijas, fue dirigente de FUECI y miembro activo de PCU.Fue detenido el 14 de junio de 1977 en su domicilio en presencia de su familia. Es llevado al centro clandestino de detención “La Tablada” donde fue intensamente torturado; dado que se encontraba visiblemente mal, se convocó a un médico que no pudo intervenir por las condiciones de extrema gravedad en que se hallaba. Al finalizar la sesión de torturas cayó moribundo sobre otro detenido y falleció minutos después.
Eduardo Platero declara ante la Comisión Investigadora Parlamentaria:
“… que fue detenido la noche del 13 de junio de 1977 y conducido a La Tablada. En el transcurso de esos 40 días allí, en dos oportunidades murió gente cerca de mí. En una oportunidad estimo que fue en la primera sesión de torturas, que comenzó en la madrugada del 14 y prosiguió, en lo que yo estimo, nueve días, estando colgado, a su lado estaba un hombre que respiraba penosamente; los custodias discutían si aguantaría o no, por sus precarias condiciones. En un momento dejó de respirar y nos bajaron a ambos, chocaron nuestros cuerpos. Se trataba de una persona corpulenta, lo que me hace suponer que puede haber sido Arigón; las otras personas desaparecidas en ese período (Baliñas y Tassino) no responden a las características físicas…”
Juan Ángel Toledo declara:
“… que fue detenido en la madrugada del 14 de junio de 1977 y conducido a La Tablada. Tengo la certeza de que allí estaba Arigón. Oí que una detenida lo llamaba por su seudónimo Ignacio. Estuvo allí 40 días. Cuando estaba esperando que lo trasladaran presenció hechos vinculados con Arigón. Era su voz, era una persona que deliraba, que había sido muy golpeada; era alguien que permanentemente estaba pidiendo comida a cualquier hora; uno veía que estaba desequilibrado y la respuesta que le daban era golpearlo continuamente al punto que un hombre dijo que estaba orinando sangre. Sentí que lo habían trasladado a una pieza que estaba a la derecha del patio donde yo estaba sentado en ese momento. Allí llegó un médico. Pude oír las conversaciones y que dijeron: “Hay que llevarlo rápido que se queda”. Al rato se dejó de sentir la voz, los quejidos de quien supongo era Arigón. Pusieron una camilla prácticamente a mis pies y depositaron allí a una persona. Su cara era irreconocible por la barba, tenía el torso desnudo, como si le hubieran hecho masaje para reanimarlo; estaba rígido. Un guardia dijo: “hay que aflojar la mano; es el tercero que se nos muere en un mes…”
Nueve asesinados por torturas en “La Tablada” siguen desaparecidos, entre ellos, Luis Eduardo Arigón.Información tomada del libro "A todos ellos" y del diario "La República"Marys Yic
Pulsa en la foto para agrandarPRONTUARIO DE UN CRIMINAL IMPUNEDOLCEY MARCELINO PEDRO BRITO PUIG - PSICÓLOGO DE LA MUERTE - COLABORADOR DE LA DICTADURA Y ASISTENTE DE LA MISMA.
NACIDO EN FLORIDA EL 23/10/1930Dolcey Brito es psicólogo de profesión, actuó en el Penal de Libertad, desde 1972. Varios ex-presos políticos denuncian que fue: “Arquitecto del monstruoso programa de experimentación psicológica del Penal de Libertad"
Visitaba frecuentemente la prisión y estaba involucrado en el programa de experimentación médica y con drogas. Brito fue el cerebro detrás de un esquema científico pensado para “arrasar sistemáticamente sus personalidades”
Brito fingía ser un “devoto amigo de los presos”. Manipuló test psicológicos, como Rorscharchs y entrevistas para “precisar dónde y hasta qué profundidad sangrar la psiquis”.
El juego que Brito jugaba requería constante manejo sobre la salud mental de los prisioneros. Así Brito y otras autoridades SABÍAN cuando tratar de empujar a un prisionero hacia la depresión, alucinación y otros desórdenes, y cuando apartarlo del borde del suicidio.
Brito es el que dirige la campaña de "desmantelamiento personal" individuo por individuo, denuncia otro ex prisionero. Brito no crea sistemas, se dedica a cada persona, la estudia, la conoce, y después empieza lentamente a desarmarla.
Se toma su tiempo para hacerlo a fondo. El realmente los desarma y frente a la técnica psicológica no hay forma de esconderse.
Brito fue quien dispuso los mecanismos de funcionamiento del Penal de Libertad que se consideran torturantes en si mismos. Si en el curso de la visita el preso deja trasparentar la menor preocupación o contrariedad sobre problemas de su familia, la educación de sus hijos, etc., será convocado en los días siguientes por el psicólogo. Brito se muestra muy simpático, trata al preso de igual a igual, mientras que aquel frente a un militar no puede dirigírsele sino es con los ojos bajos, las manos detrás de la espalda y a tres pasos de distancia. Brito se muestra condescendiente, se preocupa de la alimentación, de la salud del preso: Luego de la entrevista, Brito va a cuidar del preso, y este se encuentra con que, en numerosos casos, lo cambian de celda para ubicarlo con otro preso que tenga problemas psiquiátricos, o ya sea un enfermo mental reconocido. Tendrá que compartir durante meses un espacio de seis metros cuadrados con un enfermo, prácticamente 24 hs sobre 24 (con media de recreo, pero a menudo el detenido es sancionado, no sabiendo que actitud tomar con su compañero de celda, teniendo a cada rato una crisis , una tentativa de suicidio, y testigo, sin poder intervenir, de los malos tratos infligidos por los militares al enfermo).
Brito es el que indica a los psiquiatras que vienen a intervalos regulares a la prisión, que tratamientos deben administrar a los enfermos. "Brito llegaba todos los días vestido de civil, con su portafolio, y sube a su oficina del 5º piso como si los controles no existieran para él, las puertas a distancia a su paso le dan el aire de ser el comandante".
En 1974, el director de reclusión era el Mayor Maciel, del Servicio de Inteligencia del Ejercito. Fue bajo su dirección que el sistema de seguridad y de aislamiento psicológico de los prisioneros fue puesto a punto.

Se podía ver a Brito y Maciel desplazarse juntos casi todos los días, se los vio observando a los presos con binoculares desde lo alto del edificio. En esa época nuestro compañero Mas Mas, tuvo una crisis nerviosa muy grave; Brito ayudó personalmente a los guardianes a dominar a Mas Mas y a inyectarle el medicamento CALMANCIAL; esta crisis fue la consecuencia de un aislamiento continuo durante varios meses. Brito siguió de cerca la atención médica posterior en el Hospital y en "La Isla", construcción aparte donde son aislados los presos castigados. Allí se suicidó José Artigas, un compañero que estaba solo en una celda.
Brito y el Capitán Caubarrere utilizaron la cuerda que José Artigas había hecho para colgarse, para provocar a los otros compañeros que se encontraban en ese momento en las otras celdas.
Brito tiene entrevistas frecuentes con compañeros que estaban en mal estado mental, intenta por ese medio obtener informaciones sobre la vida de los otros presos; propone acuerdos a los compañeros de modo que ellos pasen a colaborar con las autoridades. Entre los muchos casos, hay uno bien conocido por todos los presos es el de...(se omite el nombre), un preso que no pudo resistir más el aislamiento y el terror de la tortura y colabora con las autoridades, confesando después toda la historia a sus compañeros.
Brito era una de las personas encargadas del contacto con él para recibir las informaciones y mantenerlo en estado de terror. Uno de los modos mas refinados de desequilibrar a los presos es acusar de homosexualidad a los dos compañeros de una misma celda. Un día le tocó a nuestros compas( se omiten sus nombres), que fueran llevados 3 meses a "La Isla" con una sanción de aislamiento absoluto bajo acusación de homosexualidad. A uno de ellos se le administra Calmancial; Brito personalmente fue a persuadirlos por toda suerte de medios, para que firmen un texto dónde reconocían su "falta".
El pianista argentino Miguel Ángel Estrella, estuvo preso en el Penal de Libertad, entre el 78 y el 80. El 14 de julio del 80 detalla la conducta del psicólogo Dolcey Brito: "Existen hombres que usan su capacidad intelectual para perturbar y hasta enloquecer a otros hombres que no tienen otra defensa que su fuerza moral, hay profesionales como Brito que usan su conocimiento para tratar de que miles de seres humanos, en ese pequeño país que es Uruguay, salgan de las prisiones inhabilitados para reinsertarse normalmente en la sociedad".
Fue consejero en la formulación de reglas durísimas y cambios de rutinas, dirigidas a infligir un sufrimiento mental. "Otro torturador médico aun impune Dr. Martín Gutiérrez, afirmó que la misión de Brito era aconsejar a los oficiales en el diseño del régimen carcelario. Varias fuentes militares habrían revelado que Brito compartía la visión de los militares de que los presos políticos eran "enemigos" en una "guerra que continuaba tras los muros de la prisión "Esta sugestiva leyenda en el cuadro colgado en una de las paredes de su despacho del 5º piso del Penal habla de él . –“Te arrancaré los ojos y me los pondré tú me arrancarás los míos y te los pondrás, así tu me mirarás con mis ojos y yo con los tuyos – León Bischwanger"
Dolcey Brito vive, sigue impune y se desconoce su paradero.Información tomada del libro "NUNCA MÁS" de SERPAJMarys Yic
Álvaro Balbi Sala nació en Montevideo, tenía 31 años, casado y padre de cuatro hijos, era empleado, músico y militaba en el Partido Comunista.Es detenido por personal policial el 29 de julio de 1975 en el momento que participaba de una reunión clandestina con siete personas más en el Regional 3 del PC.
El operativo era dirigido por personal de la policía. Conducidos primero al Departamento 2 de Inteligencia y Enlace, luego trasladados a un lugar donde pasaron la noche a la intemperie, sentían olor a pasto y el paso del ferrocarril. Era el Cuartel del Regimiento de Coraceros en Montevideo.
El 31 de julio, funcionarios policiales informaron a la familia que había muerto a la 1 de la mañana por un ataque de asma provocado por enfriamiento. El certificado de defunción fue firmado por el Dr. José Alejandro Mautone y consta el fallecimiento por “insuficiencia cardio pulmonar agudo”
Álvaro Balbi falleció poco más de 24 horas después de su detención a causa de las torturas recibidas.
El operativo fue atribuido a las Fuerzas Conjuntas. Efectivos del Departamento Nº 2 de Inteligencia y Enlace. El allanamiento y detención estuvo dirigido por el Sub Comisario Eduardo Telechea y el Agente de 2º Adolfo Alem Castro, alias “La Momia”. En el lugar dejaron montada una ratonera.
Testimonio de su esposa:
“… Todos los detenidos fueron conducidos al local de la DNII en la calle Maldonado 1121. Más tarde fueron retirados de allí, todos juntos y encapuchados, y llevados en un vehículo a otro lugar. Al primero que torturaron fue a Balbi, los compañeros sintieron los gritos y golpes y después, silencio total. Momentos después los trasladan a todos nuevamente al Departamento 2 por separado para que no se dieran cuenta de que faltaba Álvaro…”
Testimonio de su esposa:
“…El informe de la autopsia que recibió el Juez Militar de Instrucción (…) probaba precisamente la muerte por asfixia con aspiración de agua (…) Las muestras de violencia son obvias en el examen externo: “Enseña cianosis en cabeza y cuello, erosiones en ambos codos y muñecas, erosiones y equimosis en tórax y abdomen, erosiones en ambas espinas ilíacas y rodillas” (…) Lo mismo resulta del examen interno: “Pequeños y múltiples hematomas subcutáneos en pared abdominal” es una clásica de todas las víctimas del “submarino”, causada en el vientre por los bordes del tacho. La muerte por asfixia está indicada por tres datos inequívocos de la autopsia, más irrefutable aún por el hecho de manifestarse juntos.
Selmar Balbi, padre de Álvaro, dirige una carta pública al entonces Presidente de la República, Juan María Bordaberry:
“Escribo a usted la carta más difícil de mi vida (…). En el Uruguay, la pena de muerte no existe. Ni la más alta dignidad policial, hasta frente al mayor criminal y al más grave delito, puede condenar a muerte al peor de los reos. Nadie tuvo, entonces, derecho a matarme a mi hijo. Solo la impunidad más absoluta pudo amparar el crimen. Así fuera como a veces se sugiere, porque se le fue la mano…”
Luego de difíciles gestiones su familia logró que se le practicara una autopsia que reveló: “hundimiento de tórax, órganos genitales calcinados, rotura de hígado, fractura de pierna izquierda y fractura de cráneo”
El 15 de mayo de 1990, su esposa inició acciones civiles de reparación patrimonial. El juzgado de lo Contencioso Administrativo falló penalizando al Estado por “Daños y Perjuicios” contra el titular (Álvaro Balbi) asesinado por fuerzas del Ministerio del Interior. La acción de demanda había sido presentada por su esposa, asesorada por el Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay (IELSR).
Álvaro sigue entre nosotros, fue y sigue siendo imagen de una actitud ante la tortura, la barbarie y la esquizofrenia fascista. De sus huesos hechos polvo por el tiempo siempre recibimos el mensaje de la voz alegre, del joven músico que amaba la vida, a su familia y la lucha.INFORMACIÓN TOMADA DEL LIBRO “INVESTIGACIÓN HISTÓRICA SOBRE DICTADURA Y EL TERRORISMO DE ESTADO EN EL URUGUAY” TOMO 1 y de la prensa local
Marys Yic
León Gualberto Duarte Luján (el “Loco Duarte”) nació en Montevideo, barrio Pajas Blancas, el 25 de abril de 1928. Cursó la escuela en el Cerro, trabajó de niño en las quintas de su barrio y a los 17 años empezó a trabajar en las zafras del Frigorífico Artigas. En 1952 ingresó en la Fábrica Uruguaya de Neumáticos Sociedad Anónima (FUNSA). Casado y padre de dos hijos: Gualberto y Néstor.En 1957 fue elegido Secretario General del Sindicato de FUNSA y estuvo desde los comienzos en la formación de la Central Obrera (CNT). Políticamente fue fundador de la Resistencia Obrero Estudiantil (ROE) y en Buenos Aires fue militante del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP)
Desapareció el 13 de julio de 1976. Fue detenido en un bar de la calle San Juan junto con Sergio López Burgos y llevado al CCD Automotoras Orletti, donde fue visto por varios compañeros suyos.
A Ricardo Gil, detenido en el “300 Carlos”, sus represores le hicieron saber que Duarte había caído, aunque él no lo creía.
López Burgos dice que:
“…estando con Duarte en una cafetería en Boedo entre Carlos Calvo y San Juan, nos detuvieron entre 10 o 12 personas armadas, entre las que reconocí al oficial uruguayo Manuel Cordero. Ellos mismos gritaron que eran sindicalistas uruguayos y que los estaban secuestrando. Uno de los captores exhibió un carné argentino. Ya en la vereda, los patearon y les dieron culatazos. Esposados y encapuchados los llevaron a un lugar, donde para entrar, esperaron que se abriera una cortina metálica”
“Reconoció las voces de Eduardo Dean y Ana Inés Cuadros. Duarte, le preguntó por Gatti a un oficial uruguayo, quien le dijo que estaba en la otra habitación. Subieron a Duarte a otro piso y enseguida se oyeron sus gritos desgarradores. Al día siguiente lo llevaron arrastrando, porque no podía sostenerse. Sin embargo cuando se reponía algo, luego de las sucesivas torturas, daba aliento a los demás compañeros tratando de infundirles ánimo, asumiendo una actitud protectora, a pesar de su estado”
El 26 de julio de 1976 trasladaron a los detenidos desde Argentina a Uruguay, pero a Duarte y Gatti no. En 1981, estando Eduardo Dean en el Penal de Libertad, preguntó por Duarte y le contestaron que era “un caso difícil”.
Washington Pérez presentó su testimonio ante la Comisión Investigadora Parlamentaria. El fiscal militar de 2º Turno, José A. Sambucetti, a quien se derivó el caso, en supuesto cumplimiento del artículo 4º de la Ley Nº 15848, de Impunidad, preguntó a los denunciados y aceptó como verdad la negativa a reconocer los hechos, informando que no resultaban de la prueba diligenciada elementos que pudieran responsabilizar a los funcionarios denunciados como participantes de las detenciones y posteriores desapariciones de Gatti, Méndez, Candia y Duarte. Ello, sin ni siquiera repreguntar ni confrontar las declaraciones con los testimonios existentes.
Se considera confirmada la denuncia sobre la desaparición forzada de León Duarte, quien fuera detenido el 13 de julio de 1976 junto con otros uruguayos. Estuvo detenido en el centro clandestino de detención y torturas Automotoras Orletti (Argentina). Se lo vio con vida en ese lugar hasta el 17 de julio, en mal estado de salud por las reiteradas torturas recibidas.
En octubre de 1976 llegó al “300 Carlos” (Uruguay) un grupo de detenidos a los que pasaron a denominar “los del ómnibus”, porque habían sido trasladados al lugar en el micro del propio Servicio de Material y Armamentos.
Durante los trabajos de excavación realizados en el Batallón de Paracaidistas Nº 14 de Toledo por orden del gobierno del presidente Tabaré Vázquez en el marco del artículo 4º de la Ley de Caducidad, los informes militares hablaban de una tumba llamada "ómnibus".
León Duarte fue “trasladado” con destino final desconocido y aún permanece desaparecido.
Información tomada del libro “A todos ellos” y de la prensa local.
Marys Yic
Raúl Edgardo Borelli Cattáneo, "El Petiso", nació en Montevideo, tenía 23 años de edad, estudiante de Medicina y profesor de Física y Cosmografía en enseñanza secundaria. Abandonó Uruguay para radicarse en Argentina en el año 1975. Era militante de los GAU. Desapareció el 22 de diciembre de 1977 de su domicilio.Un amigo uruguayo, Edgardo Pampín, relata lo siguiente:
"... En Argentina vivíamos con Raúl Gámbaro (también desaparecido) en el mismo barrio, allí también, a 200 metros, vivía un amigo uruguayo, su nombre Raúl Borelli. El 22 de diciembre a las 9:15 horas, llega una vecina a mi casa contando que había llegado un grupo de personas de particular con autos y camionetas identificándose como de la Policía Federal, tomaron todas las casas de la cuadra y en especial allanaron la de Borelli, donde se encontraba él a punto de irse a trabajar. Se trataba de un número importante de hombres fuertemente armados, aparentemente de la Policía, aunque había uruguayos por los modismos idiomáticos usados en el operativo. También participó personal de la Comisaría de la zona, reconocidos éstos por un empleado de la panadería que fue presionado para que diera direcciones de "uruguayos". En una de las camionetas, tirados en el piso, los vecinos vieron unas cuatro o cinco personas con los ojos vendados y atadas. Su casa fue saqueada, llevaban sus cosas envueltas en frazadas".
Julo Gámbaro escribe a Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos:
"...Me acuerdo de la pasión de un joven, yo era un niño, pero por primera vez, un amigo de mi padre me pareció joven, no por la diferencia de edad entre ellos, sino precisamente por su entusiasmo. Una noche tórrida, mi hermano y yo en religioso silencio, sentados en la orilla de una calle argentina, mi padre de pie observando también con interés, mientras aquel chico de nombre Raúl Borelli nos enseñaba las estrellas con mágico transporte".
Carlos Borelli, hermano de Raúl escribe:
"El alba del 22 de diciembre de 1977, encontró a Raúl, guardando su telescopio, luego de haber observado con la misma pasión de siempre a Venus, última luz de la noche; presagio de un nuevo amanecer. Sintió un escalofrío al ver su cuaderno de notas, (que solía acompañarlo en sus noches en vela escudriñando el infinito), permanecía en el suelo, en el mismo lugar en el que lo había puesto al sentarse en la madrugada. Ese conjunto de hojas, lleno de anotaciones de muchas interrogantes que los cielos del sur de la provincia de Buenos Aires le brindaban, era un mudo testigo de la diferencia de esa noche con las anteriores. Raúl, siguiendo su disciplinado ritual, lo había dispuesto todo como siempre. No obstante, esa noche, el científico apasionado e inquieto, había cedido lugar al hombre preocupado y apesadumbrado"
Aquella noche, Raúl, mirando el cielo como tantas veces, no lo estudió. Apenas pudo contemplar en aquella inmensidad de allá arriba, el abismo que le preocupaba aquí abajo. Sabía que Ronald, el marido de mi hermana Graciela, había estado siendo salvajemente torturado en el FUSNA (Fusileros Navales). Sabía asimismo, que su hermana menor, también había hecho su pasantía por la misma dependencia, manos contra la pared, piernas abiertas, los días con sus noches. Sólo la tibia orina que se deslizaba por las mismas, suavizaba el dolor de aquellos hinchados miembros, de aquellos tobillos desdibujados. (Los gritos de dolor y de terror, quedaban amortiguados por el agotamiento) (...)
(...) La historia, ese "trascendido" que tiene diferente signo y significado según quien la cuente, pareció darme la razón, durante cinco lustros. Sin embargo, quizás, juguete también yo de los macro acontecimientos, tenga que retractarme de aquellas palabras. Quizás, tan sólo un cuarto de siglo después, su desaparición, junto a la de otros cien mil latinoamericanos, haya servido. Tal vez tú, mi hijo -y por extensión toda tu generación- lleguen a comprender el significado y el alcance de la Doctrina de la Seguridad Nacional, enseñada en la Escuela de las Américas, en los EUA. Tal vez, el horror y el terror de una década y media de tiranías en Latinoamérica, pueda verse desde una perspectiva histórica diferente, sobre esa gran ciudad de desaparecidos. Tal vez, los civiles que ayudaron –y aún desde los más altos cargos del gobierno dijeron desconocer el Plan Cóndor, de coordinación entre dictaduras- sean también vistos desde este incontrovertible punto de verdad. Tal vez, la condena de la sociedad toda al Terrorismo de Estado, contribuya al "nunca más"
"Pocos minutos después de que el sol arrancara los primeros reflejos a los parabrisas, cuatro Ford Falcon rodearon la humilde vivienda que mi hermano pensaba abandonar pocas horas después. Aquellas órdenes de guerra gritadas en medio de un barrio obrero que aún estaba despertando, hicieron que muchos argentinos se arremolinaran detrás de las ventanas que daban a la calle, para presenciar esa escena tantas veces escuchada, pero nunca vivida. ¡Finalmente era verdad que esas cosas sucedían! La angustia inicial, se convirtió en pavor y luego en terror, cuando vieron que sacaban del suelo de uno de los autos, a dos muchachos muy jóvenes, encharcados en sangre y eran salvajemente enlatados en el baúl del mismo. Un rato más tarde, casi irreconocible por la desfiguración y la sangre, adivinaron que era el de Raúl aquél cuerpo que caía sobre los otros dos en el mismo baúl. Los secuestradores, no demoraron demasiado en acomodar en los asientos traseros todos los objetos de algún valor que había en aquella vivienda. Excepto el telescopio, que sobresalía por fuera de una de las ventanas traseras de uno de los Falcon, el resto de las cosas ya habían sido cuidadosamente embaladas por el dueño de casa. Fácil fue la captura del "botín de guerra".
"Aquel medio día, era claro y caluroso en Montevideo. Una llamada telefónica recibida por mamá, la puso al tanto de lo que estaba sucediendo. Todos expresamos nuestro dolor de diferente manera. Mamá, nos lo fue diciendo a cada uno a medida que nos iba encontrando por la casa, preguntándonos si teníamos idea de donde estaría preso.
Papá puso tres cosas en un portafolio y salió para el aeropuerto, rumbo a Buenos Aires, sin saber a dónde tenía que ir, puesto que todos ignorábamos la dirección de Raúl..."
Existen indicios que permiten suponer que podría haber estado detenido en los centros clandestinos de detención Pozos de Quilmes y Banfield y que habría sido "trasladado" con destino final desconocido, junto a otros uruguayos detenidos el día 16 de mayo de 1978 en el marco del "Plan Cóndor". Algunos de los responsables de estos traslados ya están procesados pero aún queda mucho por hacer.
(Información tomada del libro "A TODOS ELLOS" y de la prensa localMARYS YIC
Julio Lorenzo Escudero Mattos nació en Nueva Helvecia, Colonia el 27 de marzo de 1943, tenía 33 años al desaparecer, estaba casado y era padre de una hija. Empleado del Banco Hipotecario del Uruguay, era un destacado dirigente del gremio bancario y activo militante del Partido Comunista.Fue detenido el 29 de octubre de 1976 en la vía pública y en el marco de la represión contra el PCU.
Rosa Martínez, esposa de Escudero, declara que su esposo había sido requerido en marzo de 1976 por lo que debió permanecer fuera de su casa, negándose a abandonar el país para seguir en contacto con ella y su pequeña hija.
Su domicilio había sido allanado por efectivos de Fusileros Navales de la Armada Nacional. Su esposo la llamaba diariamente, el 29 de octubre quedó de llamarla a las 20 horas y esa llamada nunca llegó.
El 9 de enero de 1977, efectivos de la Dirección de Inteligencia y Enlace de la Policía de Montevideo proceden a registrar la casa llevándose en esa oportunidad, documentos de identidad y fotos del desaparecido. De ahí en más fue todas las semanas a la calle Castro, sin encontrarlo en las listas de detenidos y realizó muchas gestiones más, todas sin resultado.
Testimonio de Isidro Berón ante la Comisión Investigadora Parlamentaria:
“(…) A Julio Escudero lo vi personalmente y viajé con él el viernes 29 de octubre de 1976. Viajamos en un colectivo 407 desde la Universidad hasta el Hospital de Clínicas, donde él descendió (…). Fui detenido el 10 de noviembre de 1976 por cinco personas de particular y me llevan encapuchado al 13 de Infantería en la calle Instrucciones (…). Alrededor del 10 de diciembre me estaban torturando y, entre otras cosas, me preguntaron si conocía a Escudero y a una mujer que no sé quien es. Conocí la voz de Escudero (…) el que dirigía el operativo al que llamaban “Oscar 4”, es Alem Castro. En este lugar los viernes se hacían reuniones a las que venía Gavazzo (…) Estuve cinco años en el Penal de Libertad, Escudero nunca llegó allí”.
Una detenida, J. R., reconoció la cédula de identidad de Escudero, en el centro clandestino “300 Carlos” ubicado en uno de los galpones del Servicio de Material y Armamento sito en el predio vecino del Batallón de Infantería Nº 13. En testimonio ante Madres y Familiares testifica que:
“(…) estando en ese lugar de detención, mientras era sometida a interrogatorios por el Mayor Victorino Vázquez, sentada frente a una mesa con una potente luz, pude ver por debajo de la capucha el documento de identidad de Escudero, a quien conocía de hace muchos años, en circunstancias en que un militar lo arroja sobre de la mesa, haciendo el comentario: “este se fue al cielo”. Inmediatamente soy sacada de ese lugar y siento un gran alboroto entre los soldados. Esa noche nos dejan tranquilos a todos los que allí estábamos, incluso apagan la radio que permanecía encendida durante los interrogatorios.”.
Tiempo después, estando en el Establecimiento Militar de Reclusión Nº 2 para mujeres, J. R. identificó que quien había tirado la cédula de Escudero sobre la mesa era el Capitán Jorge Silveira, alias “Pajarito”, que se desempeñaba como Jefe de reclusión junto al Mayor Victorino Vázquez.
Hay elementos de convicción que permiten concluir que Julio Escudero fue detenido el 29 de octubre de 1976 y trasladado a las dependencias del Servicio de Material y Armamentos. Fue sometido a torturas y falleció a consecuencia de ellas entre el 30 de octubre y el 5 de noviembre de 1876. Con posterioridad a su muerte y para ocultarlo, se practicó un allanamiento en su domicilio y apareció requerida su captura a través de un comunicado de prensa de las Fuerzas Conjuntas emitido en febrero de 1977.
Sus restos habrían sido enterrados en el Batallón 14 de Toledo y después exhumados en 1984 en el marco de la “Operación Zanahoria”.
(Información tomada del libro “A todos ellos” y de la prensa local)Habría que empezar a nombrarlos, a todos. A más de 30 años de aquellos infames asesinatos a obreros luchadores de toda una vida. Nombrarlos, una y otra vez. En cada acto. Y gritarles “PRESENTE” con toda la fuerza de nuestro corazón.Marys Yic

Ricardo Blanco Valiente nació en la Ciudad de Mercedes, tenía 40 años, casado y padre de dos hijos. Fue integrante de la Agrupación de Funcionarios de UTE y dirigente del Plenario Intersindical de la Ciudad de Mercedes. Al momento de su detención militaba en el PCR.
El 15 de enero de 1978 es detenido por personas de civil en momentos que se encontraba en el comercio de su propiedad junto a otros familiares.
Testimonios de otros presos declararon que fue trasladado primero al centro de reclusión clandestino denominado "La Casona", finca en Montevideo adquirida por el SID.
Posteriormente fue visto y escuchado por otros presos que lo conocían en el centro clandestino "La Tablada", perteneciente al OCOA.
Ángel Gregorio Gallero Gutiérrez declara ante la Comisión Investigadora Parlamentaria:
"... fui detenido por personas armadas que me subieron a una auto y dicen: "Primero lo vamos a llevar a La Casona". Luego me cambian de vehículo, me esposan y tapan con una frazada y así me trasladan hasta una casa. En el patio hay pedregullo y se oye un chorro de agua que cae. Luego me desnudan, me golpean, me aplicaron picana y me colgaron. A los tres o cuatro días de estar allí vi a Ricardo Blanco, a quien conocía..."
"... me amenazaban con matarme para que no contara nada de lo que habían hecho. Una vez me dijeron que iban a pegarme un tiro. Me apoyaron un arma en la cabeza y luego me pusieron una bolsa mientras decían: "esto es para que no salpique la sangre". Me amenazaron con tirarme a un pozo de 20 metros de profanidad. Dos veces sucedió eso. La primera vez que vi a Ricardo fue cuando nos hicieron dormir a los tres juntos atados, Ricardo, otro muchacho que vivía con él de apellido Aguilera y yo..."
De allí fueron trasladados juntos a "La Tablada". Días después Ángel Gallero volvió a sentir a Ricardo Blanco y escuchó que un guardia decía a otro que lo "llevaran". También ve y oye que hay más detenidos. A los pocos días recomienza la tortura: picana, caballete, submarino, quemaduras, y alcanza a ver por debajo de la venda a alguien que se hace pasar por médico y que le tomaba el pulso, cree que había sido profesor suyo en secundaria. Un día empiezan a llamarnos de a uno, escucha que nombran a Blanco y a Aguilera.
"(...) Cuando traen a Ricardo Blanco yo estaba sentado y lo dejan cerca de mí. Le pregunto: "Ricardo ¿para que nos llevan arriba?" Cuando me va a contestar aparece un guardia e impide que me lo diga. Cuando me llevan por la escalera hacia el piso superior por debajo de la venda veo a un preso colgado, estoy seguro que era Carlitos Cabezudo, quien había sido secuestrado en Buenos Aires. Escuchaba sus gemidos y gritos, yo lo reconocí porque también era de Mercedes. Después oí que los guardias comentaban que el tipo estaba lastimado, que iba sangrando la cabeza, que tenía los testículos deshechos y cosas así; incluso comentaban cómo torturaban las mujeres: "cómo dan las de la Marina". Enseguida escucho que por radio dicen: va ambulancia, va ambulancia. Al rato siento un auto y se llevan a uno. Podría ser Cabezudo porque cuando fui sacado de La Tablada, Ricardo seguía allí..."
"En La Tablada, a veces nos hacían hacer gimnasia unos diez minutos, era una tortura más. En una oportunidad nos revisan a todos, nos hacen agachar y por debajo de la venda vi a Ricardo que estaba cerca de mí. Yo tenía los pies quemados, todo golpeado, se me habían hecho ampollas de sangre. Los otros, creo que estaban peor que yo. Creo que el día 26 es el último que escucho a Ricardo".
La investigación permite concluir que Ricardo Blanco Valiente fue intensamente torturado, falleciendo entre el 2 y 3 de febrero de 1978 a consecuencia de las mismas. Sus restos habrían sido enterrados en el Batallón 14 de Toledo (La Tablada). Aún continúa desaparecido.
(INFORMACIÓN TOMADA DEL LIBRO "A TODOS ELLOS") Enviado por Marys Yic
Foto: Sandro PereyraLa publicación de las fotos del coronel retirado Jorge Silveira desencadenaron testimonios sobre una faceta poco conocida de sus antecedentes: el Jorge Silveira que, además, de torturar, desaparecer, robar niños y asesinar, solía violar y agredir sexualmente a prisioneros adolescentes. La crudeza del relato puede ofender la sensibilidad, pero es ineludible para tomar conciencia.Están tirados en el piso, o recostados contra las paredes húmedas, como objetos inertes. Son unos veinte adolescentes, siete mujeres, quizás trece varones, todos menores de edad. Están desnudos. La única prenda es una venda en los ojos, que puede ser una tela oscura, o una bufanda. El lugar es espacioso, probablemente un sótano. Hay escaleras hacia lo que sería la planta baja, y otras escaleras que llevan a un piso superior, a las habitaciones donde están las cadenas, los caballetes, el tacho, la cama con resortes metálicos, la picana. En el sótano se pueden oír los llantos y los gemidos de dolor de los cuerpos cercanos, y también los gritos desgarradores -ecos de sus propios gritos- que vienen de los pisos superiores, de otras victimas que están siendo torturadas, que no verán, que no conocerán, y es posible imaginar que permanecerán tirados en algún otro lugar del edificio, con sus cuerpos lacerados, temblando de frío y de miedo, en espera de lo único previsible, la próxima sesión de tortura.
Es invierno, fin de junio de 1981. A seis meses del plebiscito que estalló en la cara de la dictadura, los aparatos militares y policiales andan a la caza de los impulsores de las estructuras sindicales y estudiantiles que afloran incontenibles. La víspera del octavo aniversario del golpe de Estado, agentes de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia, en previsión de manifestaciones relámpago, hacen una redada de estudiantes del IAVA y de otros liceos. Esta misma madrugada, 27 de junio, los 20 adolescentes son trasladados en una camioneta policial a las dependencias de la calle Maldonado y comienzan a ser torturados. Todo el repertorio -golpes, colgadas, plantones, picana, submarino- tiene un objetivo concreto: ubicar una impresora, una máquina de imprenta que abastece volantes llamando a organizarse, a resistir. Un oficial de policía a quien dicen "La momia", otro llamado Prezza, -"que estuvo en el tiroteo a una manifestación por el plebiscito del voto verde y que salió fotografiado en los diarios"- y otros oficiales de policía que se identifican con alias, "Tito", "Perico", reclaman por las armas, mientras torturan, pero lo hacen sin convicción porque saben que esos muchachos de entre 15 y 18 años no están armados, ni siquiera están organizados. Pronto se agotará la lista de las preguntas, y los interrogatorios perderán fuerza, sentido, pero la tortura continuará.
"Esto no es nada", les dicen cuando bajan las escaleras, de vuelta al sótano, a la precaria tranquilidad en tinieblas. "Cuando vengan los duros, los yerbas, ustedes van a rogarnos que volvamos nosotros". Los duros son apenas voces que los liceales del IAVA aprenden a reconocer y que inevitablemente producen un particular terror: entran en el sótano pateando, gritando, insultando. "Yo soy el jefe, soy el que mando. Yo hago lo que quiero. Los cojo, los mato". El día que oyó por primera vez ese timbre de voz, Jorge G. apenas pudo ver, más allá del borde de su venda, unos pantalones verde grisáceos, unos zapatos comunes, y una mano que sostenía una gorra militar. Es una patota que aparece cotidianamente, cada tres, cuatro días, y todos nombrarán al jefe por el mismo apodo: "Chimichurri". Cada vez que se oye esa voz de mando, segura, insolente, un estremecimiento involuntario ganará a los prisioneros allí tendidos. Pronto aprenderán a registrar una sutil diferencia en el tono de los sollozos de las compañeras que "Chimichurri" elige para interrogar: "Mirá ésta, está mas crecida", apuntará la voz de otro "duro", y muy rápidamente asociarán la presencia de esta patota con las violaciones a que son sometidos, sin excepción, varones y mujeres.
Con 16 años, Jorge se mantiene firme después de jornadas ininterrumpidas de tortura, una firmeza elaborada en su corta militancia a base de una preparación mental. Pero ni aun las más duras prevenciones podían anticipar lo que le esperaba el día en que "Chimichurri" lo conduce a una pieza de lo que supone es la planta baja del edificio. Hay varios hombres, que ríen y gritan, excitados, cuando lo arrojan sobre una mesa, y lo atan boca a abajo, para inmovilizarlo. El dolor de la penetración se suma al dolor de las otras torturas, dolores que se fueron acumulando a lo largo de los días; y habrá también el dolor especial de un palo y de un tubo metálico que le produce heridas internas en el ano. Hay aplausos, y hay quien comenta: "Dos al hilo", a la espera de su turno, pero es la voz inconfundible de "Chimichurri" la que le pregunta junto al oído: "¿Te gusta?", mientras le tira de la cabeza hacia atrás.
Para que no hubiera dudas, para que todos comprendieran lo que les esperaba, "Chimichurri" dirá, cuando devuelve a Jorge al sótano: "Acá se van a volver todos putos". Mucho después, Jorge comentará: "A mi Chimichurri nunca me interrogó, nunca me preguntó nada, sólo me violaba", y agregará, al evocar el infierno, una reflexión demoledora: "Claro, cuando te violan no tienen la intención de interrogarte, no te violan para arrancarte secretos, te violan para denigrarte, para quebrarte, y fundamentalmente porque son unos degenerados. Para penetrarte tienen que excitarse", dirá, como si recién entonces accediera a la comprensión de esa conclusión terrible.
"Chimichurri" y sus secuaces llegan al edificio de la calle Maldonado para interrogar a otros prisioneros, que sufren sus técnicas en otros lugares, allá arriba. Cuando baja al sótano es simplemente para divertirse. Así lo proclama: "Quiero que todos se masturben, queremos verlos", ordena, mientras patea y pisotea cuerpos desnudos. "Chimichurri" podrá violar prisioneros maniatados e inermes, pero no podrá obtener colaboración: "Aquí nadie se toca", gritará alguien desde el suelo y otra voz repetirá la consigna, desde la otra punta. Los "duros", los "yerbas" deberán contentarse descargando su furia contra los promotores del desacato. El ataque sexual no es suficiente para estos oficiales de la lucha contra la sedición, estos "duros" que seguramente estaban encuadrados en el OCOA (Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas). Pretenden que sus víctimas participen de sus desviaciones: "Si me la chupás, no te torturamos", propone "Chimichurri" a las víctimas que elige cada vez que viene al sótano. Y descargará su frustración en la violencia de sus reiteradas violaciones.
A medida que pasan los días, la agresión sexual será el acontecimiento exclusivo. Ya no saben qué hacer con esos muchachos, pero igual los sacan del edificio y los trasladan en una camioneta hasta un lugar al que se accede por un camino de tierra. Hay árboles, porque los sujetan contra los troncos y hacen un simulacro de fusilamiento. Después los devuelven al sótano. El episodio sólo confirma la irracionalidad, como si todo lo que ocurre fuera un contexto chapucero, imaginado a las apuradas, sin convicción, a los solos efectos de facilitar las violaciones contra menores de edad, la mayoría de los cuales aún eran vírgenes al momento de su detención. "Muchachos, éstos son locos, son capaces de cualquier cosa, hagan lo que les piden, porque los van a matar", les susurra un policía, que les trae la comida, que les acerca a veces una manzana, que acompaña a un enfermero. Jorge piensa en el truco del bueno y el malo, pero hay algo incuestionable: la voz de ese policía trasunta miedo; el torturador tiene miedo del violador, miedo a la aberración, a la situación sin límites.
Cada día que pasa -y serán 41 días- confirma que no hay límites: "Esta noche vamos a hacer una orgía", propone la voz de "Chimichurri", a unos prisioneros que viven en la oscuridad y que han perdido la noción de la secuencia día-noche. "Una orgía", repite "Chimichurri" e inclinándose sobre Jorge dirá: "Te ganaste la lotería". Jorge sube las escaleras a tientas, vendado, junto con otros dos compañeros, un varón y una mujer. En una pieza pequeña, abarrotada de gente, "Chimichurri" ordena: "Quiero que la cojan, queremos verlos". Jorge y su compañero se niegan. La joven solloza bajito. "Chimichurri" amenaza, golpea, pero no obtiene la colaboración. Ordena trasladarlos a otra pieza. Los varones son colgados del techo, mediante cadenas. Les quitan las vendas. "Chimichurri" se acerca y les dice: "Ustedes no tienen huevos, ahora van a ver cómo se hace". Jorge ve a un hombre bajo, de bigotes, muy delgado, "estilizado", vestido con un uniforme militar de fajina. Más allá, estaqueada sobre una mesa, de espaldas, inmovilizada por varios hombres que la sujetan, está Marina S. Está completamente desnuda, le han quitado la venda, pero el foco de luz intensa que se usa para los interrogatorios deja en una total penumbra al grupo de hombres que la violan, turnándose, riéndose de sus desesperados forcejeos, de su llanto.
Los dos prisioneros gritan, insultan, escupen, se retuercen en el aire, y hasta logran golpear con el cuerpo a uno de los violadores que pasa delante de ellos. Finalmente logran atraer su atención, y comienzan a golpearlos. Oyen cómo Marina les grita: "Aguanten", creyendo que los estaban interrogando y que los obligaban a mirar la violación para obtener información. Regresan al sótano llorando los tres y los otros comprenden la particular angustia, porque los sollozos se generalizan. Jorge trata de consolar a Marina, una niña que acaba de cumplir 15 años y que en medio de aquella locura, sólo atina a decir: "Hubiera preferido que fueran ustedes los primeros".
Así como los llevaron, un día los soltaron. En medio de una represión que ese invierno, cuando asumía Gregorio Alvárez la presidencia y cuando comenzaban las conversaciones políticas de los militares con los blancos de la "comisión de los 10" y los colorados de la "comisión de los 6", la detención de los estudiantes liceales quedó sumergida, postergada en las consecuencias de otras redadas, que terminarían con la captura de los dirigentes clandestinos de la CNT y de la FEUU. Los muchachos siguieron viéndose, pero se resistieron a conversar los detalles de aquella experiencia; algunos continuaron con su militancia, otros no; algunos formularon después la denuncia sobre las violaciones y las torturas, otros no llegaron a superar una vergüenza que no les correspondía. Algunos superaron el trauma, otros no. Marisa peleó con sus fantasmas durante años y al final desistió de la pelea: se mató de un tiro.
Jorge llegó a identificar a "Chimichurri", conversó con otros prisioneros que en distintos lugares, en la Tablada, en el 13 de Infantería, en Automotores Orletti, lo habían visto y habían sufrido sus técnicas. La coincidencia de la reconstrucción de los rasgos físicos tuvo la confirmación con una pequeña foto, borrosa, que atesoraban algunos militantes de los derechos humanos. Pero fue hace poco más de una semana, cuando La República publicó la secuencia de fotografías tomadas una tarde en la entrada del Circulo Militar, que puedo confirmar sin lugar a dudas: "Chimichurri", ahora gordo, panzón, con el rostro abotargado, es Jorge Silveira, coronel retirado. También conocido como "Pajarito", "Siete Sierras", "Oscar siete", el mismo que torturaba a los detenidos en Artillería en 1975, y ya pergeñaba una extorsión para liberar prisioneros mediante el pago de dinero; el mismo que operó en Buenos Aires y que ha sido acusado de la desaparición y asesinato de decenas de uruguayos exiliados; el mismo que secuestró a María Claudia García de Gelman, y robó a la nieta del poeta Juan Gelman: el mismo que continuó la tortura sicológica contra las presas políticas, como responsable de la cárcel de Punta Rieles, es el "Chimichurri" que violaba adolescentes en los sótanos de la calle Maldonado con el único objetivo de satisfacer sus desviaciones.
Ese es el hombre que la ley de caducidad le otorgó una impunidad para todos sus crímenes, es el hombre que fue ascendido a coronel por Julio Maria Sanguinetti en su primera presidencia, es el hombre que fue designado por Sanguinetti, en su segunda presidencia, en el Estado Mayor del Comandante del Ejército, es el hombre que el general Fernán Amado quería tenerlo como colaborador personal, es el hombre que comparte asados con el senador Pablo Millor, con el diputado Daniel García Pintos y con el dirigente pachequista Alberto Iglesias, es el hombre a quien el presidente Jorge Batlle dejó impune en el asesinato de María Claudia, al decidir incluir el caso en la ley de Caducidad.
Samuel BlixenFuente: Brecha
Silvina del Carmen Saldaña Lapeira nació en Salto el 21 de diciembre de 1943, soltera, estudiante del Instituto de Profesores Artigas (IPA) y de la Escuela Universitaria de Servicio Social.Militaba en la UJC, en el CEIPA (Centro de Estudiantes del Instituto de Profesores Artigas) y en la FEUU (Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay)
Fue detenida en la vía pública (18 de Julio y Juan Paullier) en el marco del operativo a gran escala desde el 20 de octubre de 1975 que hubo contra el Partido Comunista y también contra el Partido por la Victoria del Pueblo.
Silvina es llevada al centro clandestino de detención y tortura conocido como “300 Carlos”, “El Infierno Grande” o “La Fábrica”, que funcionaba en las instalaciones del Servicio de Material y Armamento del Ejército (SMA), a los fondos del Batallón de Infantería Mecanizada Nº 13.
Testimonio de un detenido presentado por la OEA – CIDH en nota al gobierno uruguayo:
“… Recuerdo que Silvina llegó al galpón de torturas. Batallón Blindados 13, y que fue reiterada de allí aún con vida el 31 de marzo de 1976. Durante ese período sufrió brutales torturas, a consecuencia de las que perdió la razón, cosa que fue aprovechada para castigarla aún más, en medio de burlas groseras…”
Testimonio de ex presas políticas sobre Silvina Saldaña en “Memorias para armar”:
“… contaron que te detuvieron en un café de 18 de Julio y Paullier. Fuiste desaparecida por algún tiempo, hasta que alguien te reconoció cuando estabas colgada desnuda en un barracón. Cada vez que pasaban te daban un puñetazo que te reventaba contra la pared. Tu cuerpo estaba lleno de machucones. Cuando te descolgaron te tiraron al suelo. A los compañeros que se acercaban les pediste humildemente: señores tápenme. Una noche te llevaron, ya no te vieron más…”
Testimonio de Beatriz Weissman, “La Separación”:
“… Llegué ya vendada al “300 Carlos”, luego supe que era un cuartel, el “13” en la calle Instrucciones. Allí estuve cinco meses y medio, mi esposo seis meses. Al lado mío enloquecieron a Silvina Saldaña, y un día inolvidable, 31 de marzo de 1976, la bañaron y vistieron y se la llevaron, hablaba incoherencias… luego supe que nunca la volvieron a ver con vida…”
Testimonio de una ex detenida:
“…Conocí a Silvina en el Servicio Social cuando vino de Salto a Montevideo. Se afilia a la Juventud Comunista. Tomamos el mismo rumbo y no nos volvimos a separar hasta que fui detenida en enero del 76 por personas de particular que me estaban esperando en mi casa, me encapucharon y me llevaron a un lugar que luego supe era el Batallón 13. Supe allí que a Silvina la habían llevado poco después. Estando en el 5º de Caballería, donde fuimos trasladadas un grupo de compañeras, a medida que llegábamos íbamos reconstruyendo cada palabra, cada grito, cada sesión de tortura, cada silueta robada al leuco de los ojos. Por los gritos relatados supe que era Silvina. Cuando tuvimos la primera visita meses posterior a la detención, los familiares nos dicen que la habían matado…”
El certificado de defunción firmado por el Dr. José Mautone señala como causa de la muerte “Suicidio por ahorcamiento”. Irónicamente el Ministerio de Defensa Nacional informa que “fue puesta en libertad”.
Los familiares señalan que “la mataron en la tortura”. Silvina Saldaña tenía 32 años de edad.
DEBEMOS TENER EL VALOR DE NO ACORRALAR LO VIVIDO EN NUESTRO INCONSCIENTE COLECTIVO, Y RECORDARLO PARA NO CAER NUEVAMENTE EN LA TRAMPA.Aporte de Marys Yic
Investigación histórica del equipo de Álvaro Rico sobre la dictadura y el terrorismo de estado en Uruguay.Información de Red de Noticias Derechos Humanos:
Alvaro Rico habla en su libro de no menos de 67 niños presos en dictadura. También están los muchos otros que quedaron abandonados, sin uno o ninguno de sus padres, los que partieron al exilio o a la clandestinidad, los del inxilio, los "niños de la resistencia". TODOS ESTOS NIÑOS Y ADOLESCENTES FUERON VÍCTIMAS DIRECTAS DEL TERRORISMO DE ESTADO.
Lunes, 06 de abril, 2009 - AÑO 11 - Nro.3231La mayoría de ellos recibió torturas antes de nacer y estuvieron presos el equivalente a 47 años.
Al menos 67 niños fueron presos políticos en dictadura en Uruguay.
"La guerra no es contra los niños", le dijo el entonces mayor José Nino Gavazzo a Sara Méndez cuando le arrancó de los brazos a su bebé Simón. Como en cada una de sus declaraciones, como en sus columnas de Búsqueda, Gavazzo mintió.
El ex Penal de Punta Rieles, hoy un Centro de Instrucción del Ejército, en dictadura albergó a presas políticas, varias con sus bebés.
"La guerra" de la dictadura para imponer su proyecto político, económico y social fue contra toda la sociedad y también contra los niños. En el tomo II de la "Investigación histórica sobre la dictadura y el terrorismo de Estado en el Uruguay (1973-1985)", realizada por un equipo de investigadores de la Universidad de la República (Udelar), coordinada por el profesor Álvaro Rico, hay un capítulo especial dedicado a la represión contra los menores de edad.
En el capítulo se informa detalladamente la situación de los niños desaparecidos que recuperaron su identidad, de los tres casos de adolescentes desaparecidos en Argentina que continúan sin aclararse, pero especialmente se informa en detalle de una modalidad de represión: la prisión política de niños.
El listado incompleto de 67 casos refleja que en el caso de estos niños, que en su mayoría nacieron en prisión o eran bebés cuando fueron detenidos junto a sus madres, si se suma su permanencia en las cárceles, estuvieron 565 meses presos, el equivalente a 47 años, casi medio siglo.
En el caso de las madres que estaban embarazadas al momento de ser detenidas, fueron torturadas con sus bebés en el vientre, recibieron palizas, submarino y picana eléctrica, inclusive focalizada especialmente para intentar dañar al bebé en el útero. También en varios casos fueron violadas.
Varios de estos niños fueron, entonces, torturados antes de nacer y, además, nacieron en prisión y fueron mantenidos en ellas, en algunos casos por más de tres años.
Cabe señalar que 27 casos de prisión política de niños se dieron antes del golpe de Estado, es decir en el marco de gobiernos del Partido Colorado, presididos por Jorge Pacheco Areco y después por el entonces presidente constitucional y luego dictador José María Bordaberry.
El primer caso documentado de detención de un niño es de 1970 y el último fue de 1976. En Uruguay hubo niños prisioneros políticos durante al menos durante 7 años, entre 1970 y 1977.
La guerra contra los niñosLa información está contenida en el Apartado 3 y va desde la página 374 a la 401.
En el libro se establece una clasificación y listado de niñas, niños y adolescentes que fueron víctimas directas de la represión.
En el punto 1 se establece la situación de los menores de edad que continúan desaparecidos hasta el presente, que son tres.
El punto 2 se refiere a los menores de edad nacidos en cautiverio, con sus padres desaparecidos, secuestrados y con identidad cambiada. Fueron recuperados posteriormente; son 4.
El punto 3 se ocupa de la situación de los niños y adolescentes, hijos de desaparecidos o asesinados políticos, desaparecidos temporarios, localizados después; son 12.
El punto 4 se refiere a un bebé nacido en prisión de padre desaparecido y madre presa política, que fue entregado a su familia biológica.
Punto 5: bebés cuyo nacimiento no ha podido ser confirmado, hijos de padres desaparecidos, cuyas madres estaban embarazadas en el momento de la detención; son 4.
Punto 6: bebés probablemente nacidos en cautiverio ya que sus madres, hoy desaparecidas, probablemente estaban embarazadas en el momento de su detención; son 2.
Punto 7: niños abandonados en el momento de la detención de sus padres, hoy desaparecidos, y recuperados posteriormente; son 8.
Punto 8: niños, hijos de padre desaparecido en Argentina, trasladados en forma ilegal a Uruguay junto a sus madres y liberados posteriormente; son 5.
Punto 9: un niño secuestrado de forma temporaria junto a su padre y recuperado por su familia en Uruguay.
En el punto 10 de establece la situación de los bebés en proceso de gestación con madres presas y sometidas a torturas, nacidos en prisión de sus progenitoras, liberados y entregados a sus familias biológicas luego de cierto tiempo; son 67.
Los niños presos políticosEn las páginas 393 y 394, la investigación de la Udelar incluye un listado de los 63"bebés en proceso de gestación con madres detenidas y sometidas a torturas; nacidos en prisión compartida con sus progenitoras, liberados y entregados luego a sus familias biológicas". Este listado fue proporcionado por la agrupación que nuclea a estos "niños" que hoy son mujeres y hombres. El listado está incompleto, ya que los casos constatados hasta ahora, según la investigación de la Udelar, son 67. Este número tampoco agota esta realidad, cuya investigación, y por lo tanto sistematización, es de reciente data. En todos los casos en que se señala que no figuran algún dato, en el listado está el nombre de las madres, así como en tres casos más, donde sólo figura el nombre de las madres.
El listado es el siguiente:
1) Alfredo Martín Pereira, nacido el 30/9/72, preso con su madre desde el 20/5/72 hasta el 1/6/75;
2) Ana Celia Azziz, nacida el 25/8/72, presa con su madre desde el 10/5/72 hasta el 12/9/72;
3) Andrea Leyton, nacida el 24/2/73, presa con su madre desde el 15/6/73 hasta el 4/9/74;
4) Carmen Quintana, nacida el 8/8/76, presa con su madre desde el 1/1/76 hasta el 1/9/77;
5) Cecilia Gutiérrez, nacida el 3/11/72, presa con su madre desde el 27/6/72 hasta el 1/9/73;
6) Claudia López Sosa, nacida el 13/11/72, presa con su madre desde el 3/7/72 hasta el 4/9/74;
7) Daniel Taroco, nacido el 9/1/75, preso con su madre desde el 3/5/74 hasta el 1/2/76;
8) Daymán Murro, nacido el 30/1/73, preso con su madre hasta el 4/9/74;
9) Federico Bonino, nacido el 9/4/73, preso con su madre desde el 1/8/73 hasta el 12/12/73;
10) Fernando Francia, nacido el 26/1/73, preso con su madre desde el 21/5/73 hasta el 10/9/73;
11) Gabriel Méndez (sin datos);
12) Guidai Oleaurre, nacido el 13/7/72, preso con su madre desde el 1/11/72 hasta el 1/7/73;
13) Inés Quintana, nacida el 8/8/76, presa con su madre desde el 1/1/76 hasta el 1/9/77;
14) Jimena Valdés, nacida el 28/9/72, presa con su madre desde el 10/5/72 hasta el 4/9/74;
15) Joaquín Perdomo, nacido el 20/1/73, preso con su madre desde el 25/8/72 hasta el 4/9/74;
16) Jorge Giordano, nacido el 21/8/72, preso con su madre desde el 13/9/72 hasta el 4/9/74;
17) Laura Marrero, nacida el 30/1/72, presa con su madre desde el 18/10/72 hasta el 4/9/74;
18) Laura Fernández, nacida el 28/12/72, presa con su madre desde el 14/5/72 hasta el 10/7/74;
19) María Mena, nacida el 16/12/72, presa con su madre desde el 1/6/73 hasta el 1/3/74;
20) Martín Casterlini, nacido el 29/3/74, preso con su madre desde el 5/5/74 hasta el 4/9/74;
21) Mercedes Aiub, nacida el 5/6/73, presa con su madre desde el 19/10/72 hasta el 21/8/73;
22) Micaela Solé, nacida el 28/12/72, presa con su madre desde el 27/6/72 hasta el 4/9/74;
23) Micaela Rivero, nacida el 15/7/70, presa con su madre desde el 17/2/70 hasta el 17/3/71;
24) Mirtha Rezano, nacida el 9/2/73, presa con su madre desde el 24/6/72 hasta el 4/9/74;
25) Mónica Gallego, nacida el 6/1/73, presa con su madre desde el 20/9/73 hasta el 1/7/74;
26) Nicolás Modernell, nacido el 1/3/73, preso con su madre desde el 17/6/72 hasta el 4/9/74;
27) Paloma Soto, nacida el 22/1/77, presa con su madre desde el 1/4/76 hasta el 30/9/77;
28) Patricia Pérez Díaz, nacida el 1/10/72, presa con su madre desde el 14/6/72 hasta el 4/9/74;
29) Rodrigo Gómez, nacido el 7/1/73, preso con su madre desde el 29/5/72 hasta el 4/9/74;
30) Ronell Bologna, nacido el 8/1/73, preso con su madre desde el 16/6/72 hasta el 4/9/74;
31) Ximena Griscti (sin datos);
32) Darío Campalans, nacido el 2/6/75, preso con su madre desde el 15/9/74 hasta el 14/2/77;
33) Gabriel Otero, nacido el 1/1/70, preso con su madre desde el 1/8/72 hasta el 4/9/74;
34) Alba Coito, nacida el 30/9/72, presa con su madre desde el 1/7/72 (sin otros datos);
35) Ana Celia Fernández, nacida el 16/9/71, presa con su madre desde el 1/1/71 hasta el 1/12/71;
36) Valeria García Morales, nacida el 14/11/70, presa con su madre desde el 14/11/70 hasta el 18/11/70;
37) Walter Cheroni (sin datos adicionales); 38) Máximo Jiménez (sin datos adicionales);
39) Santiago Viviano (sin datos adicionales);
40) Victoria Araujo, nacida el 17/1/73, presa con su madre desde el 19/5/73 hasta el 8/73;
41) Nicolás Correa Vila (sin datos adicionales);
42) Alejandro Daniel Guerra (sin datos adicionales);
43) Diego Amorío (sin datos adicionales); 44) Mauricio Djamila (sin datos adicionales);
45) Enrique Feldogel (sin datos adicionales);
46) Ernesto Pirri (sin datos adicionales);
47) Francisco Puente (sin datos adicionales);
48) Gabriel Viana (sin datos adicionales);
49) Gabriel Sorensen (sin datos adicionales);
50) Gabriela Echenique (sin datos adicionales);
51) Gabriel Vitabar (sin datos adicionales);
52) Gabriela Fernández (sin datos adicionales);
53) Juan Andrés Uribasterra (sin datos adicionales);
54) Magdalena Fajardo (sin datos adicionales);
55) Marcos Carrera (sin datos adicionales);
56) Mauricio (sin datos adicionales);
57) Paula (sin datos adicionales);
58) Rafal Díaz (sin datos adicionales);
59) Roberto López Sosa (sin datos adicionales);
60) Santiago (sin datos adicionales);
61) Santiago (sin datos adicionales);
62) Verónica Vasallo (sin datos adicionales);
63) Victoria Rosado (sin datos adicionales).
Sin palabrasAlvaro Rico, el coordinador de la investigación de la Udelar, dijo en entrevista con La República, refiriéndose a estos casos: "A veces las palabras se quedan cortas".
Esta realidad, la de los niños prisioneros, reprimidos como niños y utilizados para amenazar y hostigar a sus madres, muestra que la represión no tuvo límites.
Nos hemos limitado a reproducir los datos consignados en la investigación, que comprueban que los niños fueron un objetivo para la represión.
Pero además, hay que agregar que también se torturaron niños para intentar quebrar a sus padres; varios fueron torturados antes de nacer, en el útero de sus madres; que miles de niñas y niños crecieron con sus madres o padres presos y fueron también vigilados, tanto en la escuela como en el liceo y, también, como lo prueban archivos de inteligencia militar y policial, en sus cumpleaños, sus actividades deportivas y culturales; que otros miles fueron obligados a exiliarse, en algunos casos con sus padres y en otros casos solos, dejando a sus padres presos o desaparecidos; que decenas de niños crecieron teniendo a sus padres desaparecidos o asesinados políticos.
Y hay que consignar además que los niños también fueron botín de guerra de los represores y muchos fueron secuestrados para venderlos o entregarlos a familias militares que no podían tener los suyos. El caso de Macarena Gelman es una prueba clara de ello. Pero nada señala que haya sido el único caso y habrá que seguir investigando si no hubo más bebes traídos desde Buenos Aires para entregarlos a militares o civiles vinculados a la represión en nuestro país.
Aporte de Marys YicNota de edición: Para descargar los 3 Tomos de la Investigación Histórica de Álvaro Rico, sigue los siguientes links:
TOMO I - TOMO II - TOMO III
“Esta guerra no es contra los niños” le dijo el Mayor José Nino Gavazzo a la madre de Simón Riquelo cuando éste tenía apenas 20 días de vida.El robo de bebés y niños con la sustracción de su identidad fue el mayor delito cometido por la dictadura cívico – militar. Cientos de niños, enmarcados en el Plan Cóndor fueron arrancados de los brazos de las detenidas que acababan de dar a luz en salas de parto improvisadas en distintos centros clandestinos de detención. Sus madres fueron asesinadas y ellos criados por familias que no son las suyas, algunos fueron encontrados, tienen poco más de 30 años y ya vivieron, por lo menos, dos vidas.
Nacidos en cautiverio o llevados a centros clandestinos de detención con sus madres, les arrebataron de un solo golpe a sus padres y su identidad. Crecieron pensando ser quienes no eran, llamando mamá o papá, en muchos casos, a los enemigos de sus verdaderos padres.
¿Cómo encontrar una explicación racional a este castigo a lo más vulnerable, a lo más indefenso, a lo inocente?
La experiencia recogida ha arrojado la conclusión de que ellos eran arrancados de sus padres y tomados prisioneros con la finalidad de redoblar el efecto represivo y aterrorizante, como una demostración de cuál era el extremo a que era llevado el terrorismo de Estado. En la convicción de que “todos eran subversivos” los militares y policías manifestaron la intención conciente de borrar todo rastro de núcleos familiares enteros para impedir su supervivencia y reproducción.
Ciertamente, se debe tener en presente que la “guerra” de la que hablaba Gavazzo, a diferencia de las guerras convencionales, tenía la peculiaridad de que en sus principales tramos, no enfrentaba a dos ejércitos, sino a un ejército contra su propio pueblo.
Existen testimonios de madres que fueron secuestradas y dieron a luz en centros clandestinos, las mujeres embarazadas no eran “trasladadas” hasta que no se produjera el parto. Sin embargo, la obtención final del botín de guerra humano no significaba que las detenidas embarazadas quedasen excluidas de las sesiones de tortura. Nada libraba a las prisioneras del tormento.
Los niños secuestrados junto a sus padres eran arrancados en forma violenta, llevando consigo el trauma de ser testigo de la violencia ejercida en el seno familiar, para luego ser entregados a otro medio, adoptados por parejas integrantes o vinculadas a los servicios represivos.
A esos niños, se les privó de sus progenitores, de su historia y de su identidad. Se le amputaron sus raíces.
Un caso emblemático de víctimas del “Plan Cóndor”El 26 de setiembre de 1976 efectivos combinados del Ejército argentino, la Policía Federal y probablemente también fuerzas uruguayas, rodearon con numerosos vehículos y una tanqueta el domicilio de los uruguayos Mario Roger Julien y Victoria Lucía Grisonas en San Martín, Buenos Aires.
Una gran cantidad de personas fuertemente armadas y de civil entraron a la casa y provocaron un tiroteo. Al parecer Julien murió en el interior de la casa, mientras su esposa, herida, era sacada a rastras.
Un vecino que fue testigo relató que vio llevarse a dos niños pequeños que lloraban desconsoladamente y pedían por su madre, a la par que uno de los captores les decía: “La yegua de tu madre no está más”
Anatole de 4 años y Victoria Julien Grisonas de 14 meses fueron llevados con su madre al centro clandestino “Automotores Orletti”. Permanecieron en ese infierno casi 10 días, escuchando gritos de torturados, radios encendidas a todo volumen, quizá viendo a su madre sufriendo y a su vez, limitados a un pequeño espacio en ese clima de terror.
Los niños fueron trasladados a Montevideo después del 7 de octubre y llevados al local del SID.
El 29 de diciembre de 1976, el diario “El Mercurio” de Chile publicó una foto de dos niños, sentados en un banco de una plaza en Valparaíso. El diario decía: “Estas criaturas fueron misteriosamente abandonadas hace cerca de una semana en la plaza O’Higgins”. Los carabineros que los encontraron los entregaron al Juez de menores y éste los envió a un albergue. Parecían argentinos por el modo de hablar”.
A mediados de 1979, la abuela paterna de los niños, Angélica Cáceres fue invitada por la Comisión de DD.HH de la Arquidiócesis de San Pablo (CLAMOR) a viajar a dicha ciudad.
El Cardenal Evaristo Arns, le comunicó que sus nietos habrían sido encontrados en Chile, gracias a las fotos de los niños uruguayos desaparecidos, que recorrían el mundo.
Los niños habían sido trasladados en avión desde Montevideo a Chile y abandonados en una plaza de Valparaíso. El juzgado de menores dispuso que fueran entregados a un albergue y finalmente un matrimonio los adoptó.
Esos niños, hoy adultos, recuperaron su identidad, permanecen viviendo en Chile con su familia adoptiva pero pasan las vacaciones en Uruguay con su familia biológica.
Todos los niños restituidos lo fueron por acción de los familiares y de las instituciones humanitarias pero no del Estado, quien tiene la obligación y los medios para realizarla.
Esto impuso en madres y abuelas, el esfuerzo de sobreponerse a las angustias emocionales, propias de la pérdida sufrida, y llenarse de valor para afrontar las dificultades de la búsqueda.
La verdad es el único camino posible y pone a padres y abuelos en un trance durísimo: enfrentar a los niños secuestrados con un nuevo dolor, con un nuevo conflicto. El engaño, la mentira impuesta, bronca, rechazo, sentimiento de culpa, doble identidad, dos mundos, dos vidas.
Tendrán que luchar por mantener los dos mundos como algo parcelado, intuyendo desde el comienzo que no se pueden juntar.
NO HAY FINAL, NO HAY OLVIDO, NO PUEDE HABER PERDÓN.Aporte de Marys Yic