El voto es a la vez derecho y deber. Yo quiero ejercerlo.... y vos???
Campaña por el voto en el exterior
Esquina por la alegría
"Hoy más que nunca la alegría es un artículo de primera necesidad, tan urgente como el agua o el aire. Pero nadie nos va a regalar ese derecho de todos; .... es preciso pelearlo...."
Eduardo Galeano
Esquina por Verdad y Justicia
Coordinadora Nacional por la Nulidad de la Ley de Caducidad
Nunca más terrorismo de estado
Esquina contra la violencia de género
Esquina contra el bloqueo
Esquina por la libertad de los 5
Esquina contra la pornografía infantil
Esquina Víctor Jara
Esquina contra la vergüenza
Ningún ser humano es ilegal
Hacelos valer
Campaña por nuestros derechos sexuales y reproductivos
Esquina contra la directiva del horror
PIT-CNT
Escritores por la Tierra
Foro social mundial de las migraciones
Esquina por la Paz
Esquina por la aparición de Julio López
Esquina Bertold Bretch
Primero se llevaron a los comunistas pero a mí no me importó porque yo no era. En seguida se llevaron a unos obreros pero a mí no me importó porque yo tampoco era. Después detuvieron a los sindicalistas pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista. Luego apresaron a unos curas pero como yo no soy religioso tampoco me importó. Ahora me llevan a mí pero ya es tarde.
Finalmente llegó el gran día. Toda la prensa mundial no hace sino hablar de la nueva era abierta con el acceso de Barack Obama a la Casa Blanca. Esto confirma los pesimistas pronósticos acerca del retrógrado papel que cumplen los medios del establishment al profundizar, con las ilusiones y los engaños de su propaganda, la indefensión de la “sociedad del espectáculo”, una forma involucionada de lo social donde el nivel intelectual de grandes segmentos de la población es rebajado sistemáticamente mediante su cuidadosa des-educación y desinformación. La agobiante “obamamanía” actual es un magnífico ejemplo de ello.
Obama llegó a la presidencia diciendo que representaba el cambio. Pero los indicios que surgen de la conformación de su equipo y de sus diversas declaraciones revelan que si hay algo que va a primar en su administración será la continuidad y no el cambio. Habrá algunos, sin duda, pero serán marginales, en algunos casos cosméticos y nunca de fondo. El problema es que la sociedad norteamericana, especialmente en el contexto de la formidable crisis económica en que se debate, necesita cambios de fondo, y éstos requieren algo más que simpatía o elocuencia discursiva. Hay que luchar contra adversarios ricos y poderosos, y nada indica que Obama esté siquiera remotamente dispuesto a considerar tal eventualidad. Veamos algunos ejemplos.
¿Cambio, designando como jefe de su Consejo de Asesores Económicos a Lawrence Summers, ex secretario del Tesoro de Bill Clinton y artífice de la inaudita desregulación financiera de los noventa causante de la crisis actual? ¿Cambio, ratificando al secretario de Defensa designado por George W. Bush, Robert Gates, para conducir la “guerra contra el terrorismo” por ahora escenificada en Irak y Afganistán? ¿Cambio, con personajes como el propio Gates, o Hillary Clinton, que apoyaron sin ambages la reactivación de la Cuarta Flota destinada a disuadir a los pueblos latinoamericanos y caribeños de antagonizar los intereses y los deseos del imperio? En su audiencia ante el Senado, Clinton dijo que la nueva administración de Obama debería tener “una agenda positiva” para la región para contrarrestar “el temor propagado por Chávez y Evo Morales”. Seguramente se referiría al temor a superar el analfabetismo o a terminar con la falta total de atención médica, o al temor que generan las continuas consultas electorales de gobiernos como el de Venezuela o Bolivia, mucho más democráticos que el de Estados Unidos en donde todavía existe una institución tan tramposa como el colegio electoral, que hace posible, como ocurriera en el 2000, que George W. Bush derrotara en ese antidemocrático ámbito al candidato que había obtenido la mayoría del voto popular, Al Gore. ¿Puede esta Secretaria de Estado representar algún cambio?
¿Cambio, producido por un líder político que quedó encerrado en un estruendoso mutismo ante el brutal genocidio perpetrado en Gaza? ¿Qué autoridad moral tiene para cambiar algo quien actuó de ese modo? ¿Cómo suponer que representa un cambio una persona que dice, como lamentablemente lo hizo Obama hace apenas un par de días a la cadena televisiva Univisión, que “Chávez ha sido una fuerza que ha impedido el progreso de la región, (...) Venezuela está exportando actividades terroristas y respalda a entidades como las FARC”? Tamaño exabrupto y semejantes mentiras no pueden alimentar la más mínima esperanza y confirma las prevenciones que suscita el hecho de que uno de sus principales consejeros sobre América latina sea el abogado Greg Craig, asesor de la inefable Madeleine Albright, ex secretaria de Estado de Bill Clinton, la misma que dijera que las sanciones en contra de Irak luego de la Primera Guerra del Golfo (que costaron entre medio millón y un millón y medio de vidas, predominantemente de niños) “valieron la pena”. Craig, además, tiene como uno de sus clientes a Gonzalo Sánchez de Lozada, cuya extradición a Bolivia está siendo solicitada por el gobierno de Evo Morales para juzgarlo por la salvaje represión de las grandes insurrecciones populares del 2003 que dejaron un saldo de 65 muertos y centenares de heridos. Sus credenciales son, por lo visto, inmejorables para producir el tan deseado cambio.
En esa misma entrevista, Obama se manifestó dispuesto a “suavizar las restricciones a los viajes y al envío de remesas a Cuba”, pero aclaró que no contempla poner fin al embargo decretado en contra de Cuba en 1962. Agregó además que podría sentarse a dialogar con el presidente Raúl Castro siempre y cuando “La Habana se muestre dispuesta a desarrollar las libertades personales en la isla”. En fin, la misma cantinela reaccionaria de siempre. Un caso de gatopardismo de pura cepa: algo tiene que cambiar, en este caso el color de la piel, para que nada cambie en el imperio.
Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas.
Eduardo Galeano
Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos. Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones, en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.
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Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelita usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina. Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.
Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa.
No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho. ***
Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con eta, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar al ira. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?
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El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.
Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.
Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.
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La llamada comunidad internacional, ¿existe?
¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que Estados Unidos se pone cuando hace teatro?
Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas rinden tributo a la sagrada impunidad.
Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.
La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima, mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.
(Este artículo está dedicado a mis amigos judíos asesinados por las dictaduras latinoamericanas que Israel asesoró.)
La noticia quema. El mufti de Arabia Saudí, máxima autoridad religiosa del país, acaba de emitir una fatua que permite (permitir es un eufemismo, la palabra exacta sería imponer) el matrimonio de niñas de 10 años de edad. El tal mufti (me acordaré de él en mis oraciones) explica el porqué: dice que la decisión es “justa” para las mujeres, al contrario de la fatua anterior, que establecía en 15 años la edad mínima para el matrimonio, cosa que Abdelaziz Al Sheji (ese es su nombre) consideraba “injusto”. Acerca de las razones de este “justo” y de este “injusto”, ni una palabra, ni siquiera se nos dice si las niñas de 10 años fueron consultadas. Es cierto que la democracia brilla por su ausencia en Arabia Saudí, pero, en un asunto de tanto melindre, podría haberse abierto una excepción. En fin, los pedófilos pueden estar contentos: la pederastia es legal en Arabia Saudí. Otras noticias que queman. En Irán fueron lapidados dos hombres por adulterio, en Pakistán cinco mujeres fueron enterradas vivas por querer casarse por lo civil con hombres que ellas habían elegido… Aquí me quedo. No aguanto más.
“El cantor empezó a recitar los versos de Guitarra Negra ante varios obreros que no tenían idea de lo que hablaba. Durante los primeros diez segundos la gente se miraba, yo también estaba un poco sorprendido. Al tercer verso quedé petrificado. ¿De donde salió este marciano?, pensé. Así hasta que acabó. Nunca vi nada más emocionante en la vida. Desde entonces lo amo”. Joaquín Sabina
20 años atrás, en una madrugada como la de hoy, la milonga se quedó viuda. Un profundo silencio recorrió el paisito; las guitarras enmudecieron y la milonga lloró desconsolada.
Nosotros simplemente no podíamos creerlo………. no queríamos creerlo. La vieja puta y fría nos había asestado otro golpe, uno muy bajo y demasiado duro. Sin previo aviso nos dejaba guachos, nos arrebataba a la voz de la clase obrera y de los humildes, al amigo, al compañero, al camarada……
Don Carlos Molina habló por todos cuando aquel día te dijo: “Flaco, entrañable Flaco, te digo que esta sí no me gusta nada. La que me gustó fué aquélla, cuando vos llegaste, cuando nuestro pueblo emergía con una esperanza que no han podido derrotar nunca y que indudable, insoslayablemente se va a concretar un día en realidad victoriosa.”
Con la incredulidad a flor de piel y como pudimos, fuimos a tu encuentro; no podíamos, no queríamos dejarte solo. Llegábamos de todas partes, por miles. Nadie mejor que nosotros, tu pueblo, para acompañar tus últimos pasos. Sabés porqué Flaco??? Porque vos no cantaste “para el pueblo” sino “desde el pueblo” y eso crea lazos muy profundos, indisolubles, eternos.
El querido Atahualpa del Cioppo dijo también aquel día: “A lo mejor cree Alfredo que ha entrado en el silencio y el olvido, pero eso no lo va a lograr jamás, porque el pueblo a quien él cantó hizo suya su poesía, su prédica y su afán de liberación. Ese pueblo tiene memoria histórica y no lo va a olvidar jamás, porque además tiene un gran talento en su corazón.”
Fue por eso que hicimos lo único que cabía hacer: te ubicamos justo en el centro del corazón del pueblo, levantamos tus viejas y tan queridas banderas y luchamos, como mejor podemos, para que no caigan y para hacer realidad tu sueño de una sociedad de hombres dignos de ser hombres entre los hombres.
No nos está resultando fácil, pero en eso estamos, y aunque han pasado 20 años, la milonga sigue viuda y a nosotros nos seguís haciendo falta.
Brujita
“Lo que queremos es una humanidad justa, una sociedad de hombres dignos de ser hombres entre los hombres. Es decir, en la que haya auténtica justicia, igualdad, incluso en el sentido cristiano; yo pienso en eso. La revolución es un acto de amor a la justicia, de amor al hombre, a la verdad, a la sociedad humana.” Alfredo Zitarrosa en Revista Éxodo. Guadalajara, Jalisco, México, 10 de mayo de 1979.
Un soldado de la reserva de las Fuerzas de Defensa de Israel, que son parte de la ofensiva de Israel a la Franja de Gaza iniciada el pasado 27 de diciembre, se ha rehusado a pelear al lado de su unidad por estar en contra del asesinato de civiles palestinos.
El pasado lunes se dió a conocer que el soldado había sido encarcelado por 14 días en una instalación militar. Ha sido el primer soldado en ser enjuiciado por negarse a cumplir órdenes desde que comenzó la operación.
El abogado Michael Sfard, asesor legal de Omets (organización sin fines de lucro para la justicia legal y social), dijo que desde que comenzó la ofensiva israelí, ocho reservistas han solicitado de su asistencia luego de ser llamados por la reserva.
De los ocho reservistas, tres se han negado a entrar a Gaza, por ahora y dos de ellos han llegado a acuerdos con sus comandantes eximiéndolos de luchar junto a sus unidades.
Hoy 12 de enero, Santiago amaneció con un extraño hedor a mentira que sorprendió a sus habitantes decididos a sudar la larga canícula del verano chileno. No se trataba de ninguna catástrofe natural, el hedor venía de la presencia en Chile de unos de los sujetos más farsantes, canallas y vulgares que ha dado la política en los últimos veinte años: José María Aznar, de la mano de Sebastián Piñera, un sujeto con ansias de gobernar el país para beneplácito de una derecha que jamás ha dejado de ser facistoide, inauguraba un encuentro sobre liderazgo para jóvenes emprendedores.
Aznar, o Ansar, como siempre le llamó su amigo y mentor George W. Bush, es un enanito moral e intelectual cuyo único mérito reconocido es la capacidad de mentir como un bellaco sin arrugarse, sin que su melena de Sansón del Opus Dei se despeine, sin que su bigotito canalla se altere, sin que sus ojillos de rapaz se empañen con la leve manchita de alguna verdad, sin perder la compostura de sus trajecitos de primera comunión.
Aznar, o Ansar, es el único ex presidente de un gobierno capaz de hablar sin tener nada qué decir, como lo ha demostrado hasta la saciedad en sus conferencias en Georgetown, pronunciadas en un inglés macarrónico con un leve acento Speedy González.
A veces, hace declaraciones del tenor: el triunfo de Obama es "un exotismo histórico", declaraciones publicadas a todo trapo por la revista Vanity Fair, y que se apresuró en desmentir argumentando que esa afirmación había sido sacada de contexto.
Este curioso opinante, durante su presidencia del gobierno español, miró a las cámaras y dijo: "en Irak hay armas de destrucción masiva, créanme, lo aseguro, en Irak hay armas de destrucción masiva". A los pocos días acudió a Las Azores y se hizo la foto de la vergüenza junto a Bush y Blair. Esa fotografía que lo muestra feliz, soportando una mano de Bush sobre un hombro, hizo de él la imagen misma de la felicidad, la erótica del poder se superó a sí misma y se transformó en el orgasmo del poder. Nunca un paleto castellano que recién había cambiado la boina por la gomina había llegado tan lejos: estaba con los que mandaban, con los amos del mundo.
En la agonía de su infame mandato Bush reconoció que estuvo mal informado y que en Irak no había armas de destrucción masiva. Aznar, o Ansar, sigue insistiendo en que la invasión de Irak estuvo plenamente justificada, y la posibilidad de disculparse por el más de un millón de muertos que ha causado la invasión de Irak sencillamente no existe en su vocabulario de enanito farsante.
Qué malas compañías elije Sebastián Pinera. A mitad de su último mandato, Aznar, o Ansar, anunció orgulloso a los españoles que los Estados Unidos, "esa gran nación", le otorgaba la Medalla del Congreso por sus servicios a la causa de la democracia. Una breve investigación periodística demostró que el congreso norteamericano jamás había pensado otorgarle tal medalla, que Aznar o Ansar había formado un loby, un grupo de presión para "sensibilizar" a senadores norteamericanos que lo propusieran para semejante distinción. La vanidad del enanito costó dos millones de dólares al erario público español. Y nunca recibió la medalla.
Cuando ya en la oposición dirigía al Partido Popular desde las sombras, y el gobierno de España impulsaba una campaña para evitar o disminuir la dramática cantidad de muertes en accidentes de carretera mediante un endurecimiento de los controles de alcohol y de velocidad, el enanito, con varias botella de Ribera del Duero en el cuerpo, declaró que a él nadie le decía cuánto podía beber ni a qué velocidad debía conducir. Naturalmente alegó que sus declaraciones habían sido sacadas de contexto.
Y para más gloria de España, este enanito melenudo resultó ser también un escritor de profundas obras de reflexión. Hace un año publicó "Cartas a un joven Español", una obra epistolar en la que, mediante cartas a un joven llamado Santiago, da a conocer lo medular de su apabullante capacidad intelectual: "si te dicen facha, no te acomplejes, piensa, querido Santiago, que también fueron tildados de fachas aquellos que hicieron grande a España, y que la conjura roja llama fachas a todos los que amamos España y estamos orgullosos de ser españoles".
Qué mal elige a sus amigos Sebastián Piñera. Esperemos que tenga un buen photoshop y elimine al enanito castellano de las fotografías de campaña.