La XXXIII Feria Internacional del Libro de Uruguay tendrá hoy un momento especial con un homenaje al intelectual uruguayo Mario Benedetti, cuando este año se cumplió el primer aniversario de su muerte.Benedetti fue escritor, poeta y figura muy querida en este país, integrante de la Generación de 1945, a la que pertenecen también Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti, entre otros.
Durante la jornada de este viernes finalizarán los trabajos del Congreso de Bibliotecólogos al que asistieron más de 400 especialistas procedentes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, España, Estados Unidos, Paraguay, Venezuela y de la sede.
Los especialistas abordaron cinco líneas de discusión: Políticas públicas de información, aplicación de tecnologías de información, alfabetización informacional, redes sociales y desafíos en la Sociedad del Conocimiento.
La Feria, organizada por la Cámara uruguaya del Libro, dispone de unos 60 pabellones distribuidos en el atrio y la explanada de la Intendencia de Montevideo y tendrá abierta sus puertas hasta el próximo 10 de octubre.
El comité gestor incluyó en la programación numerosas presentaciones de libros, en especial de obras dedicadas a niños y jóvenes, charlas, mesas redondas y encuentros del público con los autores además de recitales de poesías y canciones.
También fue objeto de un reconocimiento el fallecido Premio Nobel de Literatura 1998, José Saramago, de Portugal.
Un panel abordó mediante el volumen "Los niños. Piaget de punta a punta", a Jean Piaget (1896-1980), sicólogo, filósofo y biólogo suizo, famoso por sus aportes a la sicología evolutiva, estudios sobre la infancia y su teoría del desarrollo cognitivo.
Fuente: PL
Corrían otros tiempos, y eso es lo que facilitó que los medios oficiales y el corrupto estado de Italia, convirtiesen el crimen en escándalo. Y en una sociedad en la que es más grave la homosexualidad que los crímenes fascistas o los asesinatos a cargo de los poderosos, no es de extrañar que las investigaciones fuesen pasadas por alto sin que muchos se preocuparan por ello.Es un lejano recuerdo, pero recuerdo al fin, el que me queda acerca de aquellas portadas del rotativo semanal italiano L’Europeo, que sería el único medio de comunicación capaz de dar la cara a la hora de investigar y tratar el vil asesinato de Pier Paolo Pasolini. En realidad, como ocurre en otros casos de nuestros días, fue una escritora, Oriana Falacci, la responsable de buscar otras líneas de investigación que negaban la posibilidad de certeza en la línea seguida tras la captura y declaración de Pelosi, un miserable chapero y único acusado del crimen, que se encargaría de enredar toda la trama.
Aún hoy día no se sabe a quién o quiénes encubrió el tal Pelosi, pero lo que si es cierto es que las cosas no ocurrieron como se declararía y sentenciaría en el juicio. Pasolini era un ser molesto, muy molesto política y socialmente para todo el Estado de la corrupción que representaban los criminales de la Democracia Cristiana gobernante en Italia, para sus compadres de las mafias y para quienes, uno tras otro, se sucederían en los gobiernos cuasi anuales de esa triste historia del país mediterráneo, que aún hoy sigue en la misma posición de corruptos y mal nacidos en el poder.
Una valiente publicación recupera esa parte de la historia no resuelta, en una novela gráfica que mezcla el texto con los dibujos en El caso Pasolini. Crónica de un asesinato, cuyo autoría corre a cargo del dibujante italiano Gianluca Maconi. En realidad, la publicación se hizo en Italia hace cinco años, coincidiendo con los 30 años del asesinato del genial Pasolini, y con la liberación del supuesto asesino, Giuseppe Pelosi.
La obra recoge muy bien los distintos aspectos a tener en cuenta, sintetizando el carácter y la trascendencia del personaje en apenas unas viñetas, su línea de pensamiento filosófico, su carácter crítico, su sentido político, sus objetivos en la sociedad y para la sociedad. Puede que la cuestión se complejice a la hora de desarrollar el caso tras el asesinato, pero hay que tener en cuenta que eso es, precisamente, lo que trae a colación la obra que tenemos entre manos, ya que tenemos, por una parte, los hechos demostrados, por otro las versiones contradictorias y, finalmente, las indagaciones ajenas a los ámbitos judicial y policial, que son los que ofrecen mayores garantías.
No obstante, para aclarar la línea histórica y otras cuestiones marginales, tenemos los textos de apoyo, anteriores y posteriores, entre los que se incluye una extensa y detallada cronología del proceso seguido desde los previos al asesinato hasta julio de 2008.
Vivíamos en un mundo donde el objetivo de la perversión se situaba en cuestiones tan personales y privadas como el amor y la sexualidad, antes que en los crímenes, los políticos corruptos, los que encargan la muerte o la ruina ajena para lucrarse… y me equivoco si mantengo el verbo en pasado: es el pan nuestro de cada día, es la sociedad que hemos adoptado.
No hay que confundir con otras historias de tramas ocultas o de oscurantismo, que las hay y muchas, con intereses periodísticos y económicos diversos. Esta historia se limita a constatar hechos, a demostrar lo ocurrido hasta donde las pruebas lo permiten, pero se hace preguntas allí donde todas las evidencias fallan. Pero no es de extrañar, cuando en boca de Pasolini figuran declaraciones como "el poder es un sistema educativo que nos divide en oprimidos y opresores. Pero cuidado, es un mismo sistema educativo que nos forma a todos, desde las llamadas clases dirigentes hasta abajo, hasta los pobres. Por eso todos quieren las mismas cosas y se portan de la misma forma. Si tengo en mis manos un consejo de administración o una operación bursátil, sera esto lo que utilice. Y si no, usaré un palo". Así le refleja su autor, junto con el sentido iróico, casi cínico, en que dice a su entrevistador "qué bonito sería si mientras estamos aquí charlando, hubiese alguien en el sótano tramando un plan para quitarnos de en medio". Y el mismo autor, demuestra que no es precisamente tonto, cuando utiliza de fondo de imágenes, dibujos que aluden a hechos políticos de todo tipo en el discurso del cineasta filósofo, que repasa todo tipo de conflictos, desde las mafias hasta otros poderes reales o fácticos, como el de Israel, el de Estados Unidos, y se permite el lujo de traer a colación conflictos posteriores, más actuales, a la vez que los pasados, cuando retrara a los niños del napalm, pero luego saca una persona deteniendo los tanques como en Tian-anmen, cuando alude a los medios de comunicación y dice "dichosos vosotros, que estáis bien contentos cuando podéis ponerle al delito una buena etiqueta". Es en estos detalles en los que se capta la cercanía y la identificación de autor y retratado, o de los dos autores, por decirlo de una manera más justa.
Cierra el libro con una descripción de hechos y una serie de dudas planteables, el actor y director de cine Francesco Barilli, que acusa de nuevo a la magistratura italiana de haber cerrado los ojos de manera interesada, ante el crimen de Pasolini, quedando de esta manera un libro simétrico, que se abre con la introducción del que fuera director del diario comunista italiano L’Unitá hasta 2005, Furio Colombo, que es quien hará de personaje en el cómic creado Maconi, en relación a una entrevista con Pasolini, gracias a la cual fue el último en hacerlo, el día de su asesinato. Pero por si fuera poco, y pudiera quedar frío, no quiero dejar de lado el compromiso de gente como Alberto Moravia, que ya en el momento de la despedida del personaje, "ante todo, hemos perdido a un poeta… es una pérdida irreparable para sus amigos, para quienes lo estimaban, para el pueblo italiano. Con él hemos perdido un testigo constante de las contradicciones de nuestro teimpo, que trataba de provocar reacciones activas y benéficas en el cuerpo inerte de la sociedad italiana". Moravia se encargó de hacer esa despedida y ese lamento, que lo convierte en un auténtico ser de carne y hueso, más que en la deidad que muchos quisieran que fuese, para poder seguir apedreándole a través de sus ideas. De esta manera, el cadaver fue mancillado por sus enemigos (seguramente, enemigos del pueblo), pero sus ideas o, más bien, sus dudas y planteamientos, quedan incorruptas.
Julio CastroFuente: laRepúblicaCultural.es
Libro.- José Luis Massera: ciencia y compromiso social. Roberto Markarian - Ernesto Mordecki (coordinadores)Nadie encarnó tan bien como Bertrand Russell (1872-1970) la figura del hombre de ciencias comprometido con la causa humanista. Notorio por sus aportes a la matemática, la filosofía analítica y la lógica, el galés fue objeto de numerosos titulares de prensa a lo largo del siglo XX por sus actividades en favor del pacifismo (intensas durante la guerra de Vietnam), la no proliferación nuclear (asociado con Albert Einstein) y el agnosticismo, llegando a mediar entre los líderes de EEUU y la URSS durante la crisis de los misiles cubanos de 1962; por si faltaran vías de acceso a la carrera de Russell, él se encargó de publicar dos autobiografías. En cambio, hasta ahora no había trabajos integrales sobre la vida y obra de José Luis Massera (1915-2002), también matemático y hombre político. Más allá de las diferencias del ambiente en que se movieron estos dos pensadores contemporáneos -Massera era, claro, uruguayo-, habría que buscar también la causa de esa asimetría en el tipo de involucramiento político que adoptaron: mientras que Russell fue un típico exponente de la “nueva izquierda” británica que buscó liberarse de las ataduras del marxismo ortodoxo, su colega uruguayo militó en el núcleo mismo de esa ortodoxia, el Partido Comunista, donde imperaba la ética del perfil bajo y la labor sostenida cotidianamente.
Esto no quiere decir que la trayectoria del ingeniero uruguayo haya sido monótona. Por el contrario, la cantidad de voces convocada por Roberto Markarian y Ernesto Mordecki (discípulos, colegas y “camaradas” de Massera) para abordar su figura en José Luis Massera: ciencia y compromiso social son prueba de que el matemático fue un hombre polifacético. “Massera hombre, Massera ciudadano, Massera científico, Massera parlamentario, Massera humanista, Massera comunista”, dicen los coordinadores (la edición correspondió a Lourdes Rodríguez), y se podría agregar “Massera gestor científico, Massera preso político, Massera divulgador de conceptos económicos, Massera teórico del PCU”, entre otros atributos. La cobertura de esos distintos ángulos de la vida del pensador fue encomendada a historiadores, periodistas, matemáticos, compañeros de militancia y de prisión, filósofos y economistas.
Leyenda internacional, autoridad localLa estructura del libro ordena la diversidad de abordajes. La “Infancia, juventud y familia” de Massera son presentadas por el historiador Roberto García Ferreira, quien bucea en su genealogía patricia, su preferencia adolescente por la carrera de Bellas Artes y hasta algunas lecturas que lo habrían marcado (El lobo estepario, de Hermann Hesse). La historiadora de la ciencia Martha Inchausti contextualiza la labor desarrollada por Massera tras su regreso a Uruguay (luego de estudiar y publicar en EEUU) en el capítulo “La construcción institucional y la escuela matemática uruguaya, 1924 -1973”, donde se destaca su rol en la fundación del Instituto de Matemática y Estadística.
En el tercer capítulo del libro se atiende a una cuestión central para la comprensión de la figura estudiada: el porqué de su prestigio en el campo de las matemáticas. José L Vieitez, Jorge Lebowicz y Markarian explican el peso que aún poseen las investigaciones de Massera en las áreas de las ecuaciones diferenciales, el análisis funcional y la geometría, enfocadas a esclarecer la relación entre la estabilidad e inestabilidad del movimiento. Además, los autores repasan los aportes concretos de Massera “para quienes tienen pocos conocimientos de matemáticas” y paulatinamente van subiendo la apuesta.
El capítulo del historiador Gerardo Leibner es un buen ejemplo del amplio abanico de intereses que pone en juego este libro. “José Luis Massera y la reconstrucción del Partido Comunista del Uruguay” es, según su autor, un ensayo de microhistoria que se enmarca dentro de un estudio más general (que supuestamente se publicará este año; ver la diaria del martes pasado) sobre las transformaciones internas que le permitieron al PCU pasar de ser una pequeña agrupación de izquierda a un partido de masas de gravitación indiscutible en la génesis del Frente Amplio. Leibner sostiene que Massera jugó un papel decisivo en el enfrentamiento que condujo a la imposición de Rodney Arismendi como secretario general del PCU, y reconstruye minuciosamente los pormenores de ese putsh inciado a fines de 1954. Asimismo, Leibner sitúa a Massera como protagonista del cambio de actitud del PC hacia los intelectuales, repasa sus distintos aportes a la “línea” del partido en tiempos de divergencias entre los distintos partidos comunistas del mundo y sostiene que no fue en la labor parlamentaria sino en la educación de los cuadros dirigentes donde el matemático pudo enfocar mejor sus aptitudes naturales dentro de la estructura partidaria.
Esa actividad parlamentaria y la participación de Massera en distintas organizaciones y movimientos sociales (como el antifascismo y la resistencia al régimen de Terra) son abordadas por los jóvenes historiadores Mauricio Bruno y Nicolás Duffau.
Interrupción obligadaEl capítulo 6 reúne testimonios de Eduardo Platero, Néstor Bardacosta, Elvio Acinelli y Markarian sobre la “estadía” de Massera en el penal de Libertad, donde fue recluido y torturado durante la dictadura militar. Se trata de textos breves pero que iluminan el costado humano, personal, de un hombre que por tradición y formación debió de haber tenido un trato algo distante con sus compañeros.
El alejamiento momentáneo de la “sintaxis académica” le insufla una bocanada de aire fresco al libro, que en parte se continúa en el tono periodístico que Mario Mazzeo le imprime al capítulo siguiente, centrado en las campañas internacionales que condujeron a la liberación de Massera en 1984. En el capítulo 8, Evana Alfonso y Álvaro Sosa evocan el papel del matemático en la “(re) construcción de la ciencia nacional” tras la caída de la dictadura, destacándose su contribución al Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba).
Radiografías intensasDos artículos de pura teoría cierran el libro, aunque en verdad su clausura corresponde a un apéndice del economista Daniel Olesker, quien a partir del Manual para entender quién vacía el sobre de la quincena, publicado por Massera en 1973, revisa la contribución del pensador tanto a la economía política como a la divulgación de sus conceptos a nivel popular.
Álvaro Rico analiza las contribuciones de Massera al ámbito de la reflexión marxista, destacando en la etapa predictatorial su preocupación por las consecuencias de la “revolución científico-técnica” en los modos de producción tanto en las potencias hegemónicas como en los países dependientes, su elaboración de la idea de “revolución socialista”, enfocada hacia la comprensión de las fuerzas motrices del cambio (con especial atención al rol de los agentes culturales en este proceso) y sus consideraciones sobre la lucha ideológica y el reformismo. Cuando Massera recupera la libertad, su trabajo aparece abocado a la defensa del leninismo y a la reelaboración del concepto de “masas populares”, referido a la política de alianzas prerrevolucionarias; más tarde, tras la caída del “socialismo real”, Massera se pliega a la línea de Lucien Sève, quien reorienta sus preocupaciones hacia el desarrollo sostenible, la ecología, la informática, el desarme y los asuntos de género.
El filósofo Juan Fló, en tanto, reconstruye con elegancia de estilo los intercambios que mantuvo con Massera sobre la ética de Spinoza, el carácter dialéctico de las matemáticas y su revisión posterior del concepto de dialéctica. Fló blanquea las dificultades que le plantearía aprovechar la instancia abierta por José Luis Massera: ciencia y compromiso social para quedarse con la última palabra en ese diálogo interrumpido.
Entre los múltiples puntos de entrada que ofrece el libro hay que contar también al prólogo, que desde su título, “Libertad para las ecuaciones diferenciales”, refiere a un artículo de Manuel Flores Mora publicado en la revista Jaque. La alusión a los últimos días de la dictadura y al reclamo de un político batllista -y, por lo tanto, de raigambre antifascista- por la libertad de un científico comunista mueve a pensar sobre esos espacios comunes a las distintas concepciones del progresismo que atravesaron el siglo XX uruguayo. Y también invita a reflexionar sobre los puentes que entre el mundo político y la esfera social solía tender la figura del intelectual.
José Gabriel LagosFuente: La Diaria
La declaración 1325 de las Naciones Unidas puso sobre la mesa la importancia de la participación de las mujeres en la resolución de conflictos y en la toma de decisiones para el mantenimiento de la paz y la seguridad. En octubre se cumplirán 10 años de su publicación. Un libro reúne, a través de 70 mujeres, algunas conocidas y otras anónimas, el trabajo que ellas hacen en sus respectivos países para la defensa de los Derechos Humanos y la protección de las mujeres y las niñas. La Resolución 1325 reconoce asimismo la necesidad de dar protección a las mujeres y niñas en los conflictos armados por su especial vulnerabilidad y por la práctica de las violaciones y el abuso sexual como arma de guerra y de dominación.“1325: Mujeres tejiendo la paz”, publicado por la Fundación Cultura de Paz, hace un homenaje a algunas de las mujeres cuyo valor y fuerza son ejemplo para lucha contra las injusticias contra las personas, y en especial contra las mujeres y niñas.
Algunas ya son caras conocidas, como la activista saharaui Aminetu Haidar tras la huelga de hambre que durante 32 días mantuvo en el aeropuerto de Lanzarote hasta conseguir su reentrada en Marruecos. Reivindicaba su derecho a volver como miembro del pueblo saharaui, a pesar de lo que diga su pasaporte. Finalmente, y cuando su vida corría un serio peligro, pudo regresar sin doblegarse a una identidad impuesta que no acepta: volvió con un salvoconducto, sin firmar como marroquí en el formulario policial, motivo por el que comenzó su desafortunada aventura, a pesar de que siempre antes lo había hecho así.
Haidar ha sido víctima de detenciones frecuentes en Marruecos por participar en actos por la autodeterminación del pueblo saharaui y el cumplimiento de los Derechos Humanos en el Sahara Occidental. Las torturas han hecho mella en su cuerpo y goza por ello de una delicada salud. Nada de lo ocurrido a lo largo de los años ha detenido sus reivindicaciones.
El libro hace homenaje también a la periodista de nacionalidad rusa, aunque de padres ucranianos, Anna Politkovskaya, que fue asesinada en 2006 de un disparo en la cabeza al regresar a su casa. La periodista dedicó su vida a la denuncia del conflicto checheno y de la falta de libertad de información en su país. Fue amenazada de muerte en numerosas ocasiones por sus artículos de investigación, y llegaron a envenenarla.
El texto reconoce además la labor de varias españolas. Por citar algunas: Concepción Arenal Ponte, pionera en la defensa de los derechos de las mujeres ya en el siglo XIX, primera Visitadora de Cárceles de Mujeres, y organizadora de la Cruz Roja de Socorro en las guerras carlistas; la ensayista y filósofa María Zambrano, integrante de la generación de mujeres y feministas que vinieron a romper definitivamente la hegemonía de los hombres en las Humanidades; o Carmen Magallón, actualmente directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz (SIP) y vicepresidenta de la Asociación Española de Investigación para la Paz (AIPAZ).
Mujeres, en definitiva, que alcanzando o no el reconocimiento popular, han dado prioridad a sus valores y dedican todos sus esfuerzos para su consecución, salvando como pueden los obstáculos del camino.
Fuente: AmecoPress