Foto: AFP
Los manifestantes franceses siguen la ola española y proclaman una “Democracia auténtica y justa”
El movimiento de protesta que se inició en España se está volviendo europeo. Los que manifiestan como en la Plaza de la Bastilla lo hacen contra el desempleo, los recortes, la impunidad y la privatización de servicios públicos.
La juventud es eterna. Un diplomático francés de 93 años, Stéphane Hessel, ensayista y activista de un nuevo concepto, la indignación, consiguió la hazaña de levantar a la juventud española primero, a la griega después y, ahora, tímidamente pero con constancia, a la francesa. El movimiento de los “indignados” que se plasmó en España en la madrileña Puerta del Sol se inspiró en un breve pero contundente libro de Stéphane Hessel: “Indígnense”. Esa proclama prendió de inmediato en las librerías con más de dos millones de ejemplares vendidos en Francia y cuatrocientos mil en España. “El ya muy viejo hombre que soy hizo un libro de éxito inesperado”, dice Hessel con una sonrisa que se debe ampliar cada día que pasa y las plazas de Europa se llenan de jóvenes con su grito: “Indígnense”. Desde hace diez días, el movimiento de indignados que se inició en España se trasladó a París, concretamente a la Plaza de la Bastilla. Cada noche, entre doscientas y trescientas personas se instalan en la Plaza con una frase que, ayer, cubrió las veredas de este emblema de la Revolución Francesa: “París, despiértate”.
Los “indignados” franceses lanzaron ayer una convocatoria general para una “insurrección cívica, pacífica y sin partido” que reunió a cerca de tres mil personas. En su mayoría jóvenes, alegres, indignados, insatisfechos y anticapitalistas, los manifestantes siguen la ola española y proclaman una “democracia auténtica”, “justa”. Para ellos, España no es una excepción sino un modelo de lo que ocurre en toda Europa y que Etienne, un joven de 22 años, explicó así a Página/12: “El desempleo, el recorte de los presupuestos de la salud y la educación, la privatización enmascarada de los servicios públicos, la corrupción, la impunidad, la especulación financiera e inmobiliaria y los privilegios para los poderosos son también moneda corriente en Francia. Por eso estamos aquí, para empezar a construir un BASTA europeo y generalizado. Los pueblos deben detener esa política de eliminación de las sociedades”. Un cartel desplegado por un grupo de jóvenes retoma el clima general de la propuesta: “¡Revolución española, pueblos de Europa, despiértense!”. El despertar corre en las páginas del panfleto de Stéphane Hessel que la juventud retomó como cántico y consigna en los primeros días de las manifestaciones en la Puerta del Sol. Hessel no se considera a sí mismo un revolucionario, sino un hombre como todos, es decir, un indignado que ve esfumarse cada hora el espíritu de la libertad, de la fraternidad, la igualdad, los derechos humanos, la legalidad institucional, la Justicia y ese otro sentido cuya evocación parece una palabra antigua: el compromiso. En unas pocas páginas indignadas, Hessel recogió lo que la población del planeta se traga todos los días desde que sale de su casa a trabajar. El título de su libro sacó a decenas de miles de personas a la calle con un encono que ninguna ideología puede acaparar. Los parisienses de la Plaza de la Bastilla gritaban ayer: “En mayo del ’68 se decía ‘pidamos lo imposible’. En mayo de 2011 decimos ¡vamos a realizar lo imposible!”. El movimiento comienza a funcionar en Francia con la misma filosofía de autogestión que se vio durante la revuelta egipcia y la ocupación de la Plaza Tahrir. “No estamos aquí para ganar votos. Estamos para pedir que haya un mejor reparto de las riquezas, que los ladrones de corbatas DG vayan a la cárcel, que se equilibre el consumo de los recursos mundiales, que se acabe esta aniquilación de la democracia y los seres humanos en la que vivimos”, explica a este diario Laure, una estudiante de Economía.
“El mundo trabaja mucho para que un par de vivos se enriquezcan”, dice Alice, una estudiante de 23 años. La bronca parisiense no tiene los contornos decididos ni la amplitud de la española, pero persiste cada día, a pesar de la presión policial, que ayer desalojó la Plaza de la Bastilla. Pero la juventud de las ideas es eterna. Así lo prueba el impacto del libro de Stéphane Hessel, sustentado por una historia personal por encima de toda sospecha: resistente durante la Segunda Guerra Mundial contra la ocupación nazi, sobreviviente de varios campos de concentración, activo protagonista de la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. “Resistan”, “Rebélense”, “Despiértense” son los slogans que más se escuchaban ayer en la Plaza de la Bastilla. En el fondo, una banderola desplegada reza: “La democracia real, ahora”. Laure, la estudiante de Economía, se acerca y dice: “Nosotros votamos para una política, pero los gobiernos elegidos entregan nuestro voto al Fondo Monetario Internacional y a las corporaciones financieras. Eso es lo que se tiene que terminar, eso no es la democracia”.
Eduardo Febbro
Fuente: Página 12
LA LEY DE CADUCIDAD SIGUE VIGENTE, LOS CRIMENES DE LESA HUMANIDAD TAMBIEN
DECLARACION DE LA ASAMBLEA EXTRAORDINARIA DE LA ASOCIACION ¿DONDE ESTAN?La asociación ¿Dónde Están? reafirma su compromiso contra la impunidad y con la lucha por la verdad, la justicia y la memoria, porque memoria justicia y verdad son futuro.
La derrota del SI en el plebiscito del 27 de octubre pasado causó decepción y tristeza en las filas del movimiento social que en los últimos años puso todo su empeño en lograr la anulación de la Ley de caducidad como broche final de la larga lucha contra la impunidad iniciada desde el retorno a la democracia en marzo de 1985.
Sin embargo, la decepción causada por la derrota del SI no debe ocultar el hecho de que una importante mayoría relativa de los uruguayos se pronunciaron a favor de la anulación de la Ley de caducidad.
La causa principal de esa derrota fue, sin lugar a dudas, la ausencia de un compromiso firme de la dirigencia del Frente Amplio durante la junta de las firmas para la convocatoria del plebiscito y su ambigüedad durante la campaña.
Hay que destacar además que en la derrota del SI intervino una vez más la mano deshonesta de la Corte Electoral, integrada mayoritariamente por reaccionarios partidarios de la impunidad, que decidió contabilizar todos los votos no emitidos como votos en contra de la anulación, falseando de esa manera el resultado final de la consulta.
En efecto, en el plebiscito del 16 de abril de 1989, los uruguayos pudieron pronunciarse a favor o en contra de mantener la Ley de caducidad, a través de las papeletas amarilla y verde.
Las cifras dan cuenta de esa sutil trampa electoral.
En 1989 1.018.856 votos amarillos fueron suficientes para mantener la Ley de caducidad. En 2009, 1.090.859 votos rosados no alcanzaron para anularla.
Si en 1989, se hubiera aplicado el mismo criterio que en 2009, el porcentaje a favor de mantener la Ley no hubiera superado el cincuenta por ciento de los votos.
Más allá de la frustración de la tristeza y del desánimo causado por la derrota de octubre, que consideramos que afecta a toda la sociedad uruguaya, la lucha contra la impunidad, por la justicia, por la verdad y por la memoria debe continuar.
La asociación ¿Dónde Están? seguirá exigiendo la anulación de la Ley de caducidad, considerada inconstitucional por la Corte Suprema y contraria al derecho internacional por la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA.
La asociación ¿Dónde Están? seguirá apoyando moral y materialmente todos los juicios contra los represores.
La asociación ¿Dónde Están? seguirá contribuyendo a la búsqueda de la verdad.
La asociación ¿Dónde Están? intensificará de ahora en más el trabajo por la memoria para que no se olvide el horror de la dictadura, para rendir homenaje a sus víctimas y para transmitir a las nuevas generaciones las banderas de esta noble causa.
Paris 27 de marzo del 2010.
Fuente: El Polvorín
El cantautor valenciano regresa a la capital francesa con los recitales que emocionaron a la España antifranquista.Es vasco, catalán, andaluz, magrebí, se siente desde luego francés y bastante gallego; es
Paco Ibañez, 40 años después de sus históricos conciertos del Olympia y la Sorbona, en vísperas de actuar de nuevo en París.
Ibañez piensa ofrecer, en el
Teatro Châtelet, su última antología poética y "un abanico de sus vivencias", ilustrado con sus muchas nacionalidades, pues aspira a ser todas ellas en su concierto, explica.
El recital de hoy promete ser excepcional, con el aforo casi totalmente vendido, para escuchar esos poemas hispanos escritos entre el siglo XIII y el XXI, y mucho más, pues "la voz de Paco abre a todos una puerta misteriosa y secreta" hacia la libertad, subrayan en la página web del teatro.
Él adelanta que lo abrirá con una canción fundamental, de Tomás de Iriarte, que es un poco "aviso a navegantes", un poco como decir "que lo que hago lo hago con este fondo filosófico y con este fondo sentimental".
Para que el público se lleve a su casa unas canciones "llenas de vida" y haga luego "lo que quiera con ellas", como, enumera, "tener la vista alerta, con ganas de vivir, de querer, de amar, de disfrutar y de gozar".
Junto al castellano, el recital incorporará "las lenguas de sus vivencias", compuestas sobre poemas de Ronsard, Salvador Espriu, Cesare Pavese, Pier Pascal o Celso Ferreiro, precisan en su entorno.
Aunque canta todo el tiempo, desde que se levanta hasta que se acuesta, con frecuencia por toda Francia, donde viaja una o dos veces al mes, hacía una década que no actuaba en París y quería hacerlo en el
Châtelet, subraya sentado en el café
La Liberté, del barrio de Montparnasse.
Allí habla de política, por supuesto, y deplora la peligrosa colonización angloamericana perceptible, por ejemplo, en el "venenoso 'ok'", metido ya "en nuestra sangre"; o lamenta ese Premio Nobel de la Paz que recibe también EEUU a través de un "maniatado" presidente Barack Obama, obligado a servir los intereses de un país "que es una máquina de hacer guerras".
En cambio, el cantautor valenciano celebra el necesario trabajo del juez español Baltasar Garzón contra "la amnesia"; y "la entereza" del presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, que "no tiene la sociedad que se merece".
Habla además de sus canciones, eternas, como el mar, y comenta que con el tiempo les saca "más jugo que antes", pues a fuerza de "machacarlas y machacarlas, cantándolas y cantándolas, se han ido colocando en el lugar donde querían" y en el fondo ahora le guían a él, según afirma.
Poesía contra el franquismoLas
Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique, por ejemplo, "tienen una gran potencia, porque abarca todos los demás sentimientos que puedes transmitir, y tendrán la misma vigencia ahora que dentro de cien años", recuerda.
"Mi deseo es que cada canción que haga tenga esa potencia, que sea universal en el tiempo", como el mar, que es el mar y lo será siempre, explica, independientemente de cómo pueda vivirlo cada cuál, según su estado de ánimo, sus vivencias, su estado filosófico.
Porque "todo cambia, pero lo que no cambia es el valor de la canción en sí", que es "como un poste en el tiempo y en la sensibilidad", resalta.
El cantante quiere dejar claro que "no colecciona coincidencias ni acontecimientos", y que es puro azar el 40 aniversario de aquellos inolvidables recitales, que emocionaron a la España antifranquista a miles de kilómetros, y se convirtieron luego en estandarte de lucha contra muchas otras dictaduras en el mundo.
"Quería cantar en París, hice el Olympia, el Trianon y ahora quería que fuera en el Châtelet o nada. Muy a la española, o todo o nada", explica el cantautor.
María Luisa Gaspar (EFE)Fuente: Público
Una exposición en el Jeu de Paume de París indaga en las fuentes de inspiración del director de cine italianoHay pocos artistas en el mundo que tengan derecho a un adjetivo propio, pero Federico Fellini es uno de ellos. El universo felliniano constituye un submundo extravagante, en la frontera con lo grotesco, por el que circulan las numerosas obsesiones que marcaron la vida y la obra del director italiano. Así lo demuestra la exposición
Fellini. La grande parade, inaugurada ayer en el Jeu de Paume, museo parisino especializado en el mundo de la imagen.
La muestra indaga en las fuentes de inspiración del cineasta, menos surrealistas de lo que se suele creer. De la exposición se desprende que Fellini se inspiró en lo soñado, pero también en lo vivido, para construir su peculiar imaginario. Por ejemplo, la escena final de
La dolce vita, protagonizada por un monstruo marino aparentemente fantástico, pero que en realidad se inspiraba en el que Fellini observó de niño en la triste Italia de la posguerra, que necesitaba creer en milagros de la naturaleza y en apariciones marianas.
"Fellini se alimentaba constantemente del mundo que le rodeaba. Insertaba la realidad en sus películas y se apropiaba de historias vividas o por lo menos escuchadas", explica el comisario de la exposición, Sam Stourdzé, que lleva cuatro años investigando acerca de los motores creativos del director.
La estatua de Cristo que sobrevolaba Roma al inicio de su película más icónica también tenía origen verídico, así como el milagro religioso presenciado por dos niños retratados por una manada salvaje de fotógrafos de prensa. Fellini se inspiraba en un suceso acontecido a finales de los cincuenta y, ya de paso, formulaba una crítica anticipada a su época respecto a la reproducción alterada de la realidad que se impondría con los medios de masas.
Conflicto con la religiónEn esta dimensión paralela configurada bajo la influencia de la cultura popular de la época, aparecen algunas de las fijaciones del director, como su inclinación por las mujeres exuberantes y la relación altamente conflictiva que mantendría con la religión. Sus primeros filmes parecían fábulas sobre el destino personal
La strada fue saludada por la Iglesia, que interpretó en ella un cuento moral sobre la redención, pero el escándalo no tardaría en llegar.
La dolce vita, con los paseos húmedos de la voluptuosa Anita Ekberg y el seductor Marcello Mastroianni bajo la Fontana di Trevi, supuso su ruptura definitiva con la jerarquía eclesiástica. "Fue un alejamiento natural para muchos italianos a principios de los sesenta, un momento de decadencia del modelo católico", apunta Marta Gili, la directora del Jeu de Paume.
Fellini, que hasta entonces había asegurado creer en "la fuerza irresistible, providencial e innata que se halla en nosotros", acabó matizando su postura sobre la fe. "Los méritos de la Iglesia son los de cualquier creación del pensamiento ideada para protegernos contra el magma devorador del inconsciente", racionalizó más tarde.
La muestra describe la materia prima que estimuló la imaginación de Fellini a través de 400 fotografías y dibujos del archivo del director, donde las caricaturas, la fotonovela, el rock and roll y el music-hall se presentan como influencias determinantes en su obra. Por encima de todas ellas, sobresale el circo. "Ese tipo de función basada en la fantasía, la fábula, el chiste fácil y la ausencia de significado intelectual es el tipo de espectáculo que más me conviene", dijo Fellini.
Feminidad animalComo demuestra la exposición, al director le gustaban las mujeres "ricas en feminidad animal". Conservó de ellas la imagen de un adolescente algo reprimido por la moral de la época. Fellini afirmó que "la prostituta es el contrapunto esencial de la mamma italiana: igual que la madre nos alimenta y nos viste, la puta nos inicia en la vida sexual".
Pese a odiar lo que significaba, el director se identificaba con el mito de Casanova. Y no por considerarse un gran seductor, sino porque se veía incapaz de amar al género femenino, al estar "demasiado enamorado de una idea fantástica de la mujer". Aún así, permaneció al lado de su musa, Giulietta Masina, hasta su muerte en 1993.
La muestra en París concluye con una primicia: la exposición de los cuadernos en los que Fellini, inspirado por la teoría psicoanalítica de Jung, decidió dibujar sus sueños. En ellos abundan las mujeres gigantes, de cuerpos suntuosos y piernas abiertas, como la célebre estanquera de
Amarcord.
"Las mujeres de Fellini parten de estereotipos, pero al mismo tiempo son poderosas y dan miedo a los hombres. Y no sólo físicamente", apunta Gili, que recuerda que cuando el director vio a Anita Ekberg por primera vez en una revista sintió pavor. Dijo que esperaba no tener que conocerla nunca. Sin embargo, unos meses más tarde, al observar cómo bailaba descalza en una fiesta romana, entendió lo que hoy resulta evidente: acababa de encontrar un mito.
Álex VicenteFuente: Público