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12 enero 2011

Haití, el terremoto de los pobres


Foto: Manu Bravo


La catástrofe ha dejado al descubierto años de políticas neoliberales y falsas promesas de los países ricos.

La situación que sufre Haití no es sólo producto de las fuerzas de la naturaleza, es consecuencia de años de decisiones económicas tomadas por sus Gobiernos.

Un año después de la gigantesca catástrofe humana que sacudió Haití el 12 de enero de 2010, el devastador terremoto ha desaparecido de las agendas de los medios, Gobiernos y agencias de desarrollo. Tras la conferencia de donantes de Nueva York del 31 de marzo y las promesas que allí se anunciaron, la población afectada sigue viviendo en condiciones dramáticas, y son pocos los compromisos de ayuda y reconstrucción que se han hecho realidad. Tragedias como la de Haití no son nuevas. Nos hemos acostumbrado a éxodos, hambrunas, terremotos, inundaciones y tsunamis, si bien en los últimos años, su repetición y, especialmente, sus dramáticas consecuencias sobre millones de personas y países en permanente estado de calamidad, permiten que veamos con claridad cristalina cómo su impacto es mayor cuanto más pobre y miserable es el país que lo sufre.

Catástrofes de clase

Es un matemático axioma que funciona con una precisión aritmética a la hora de llevarse por delante vidas y países, pero cuya aplicación no tiene nada de caprichoso, sino que es el fruto de procesos humanos deliberados y conocidos, que en combinación con determinados fenómenos naturales adquieren dimensiones gigantescas. Este conjunto de fenómenos proviene de decisiones humanas que generan lo que podríamos denominar como ‘catástrofes de clase’.

Efectivamente, sabemos que cada catástrofe es un excelente indicador de la situación social y política de cada país, de su grado de desarrollo, pero especialmente, de las condiciones de vida de los más desposeídos, es decir, de la condición estamental y de clase del país y de sus habitantes. Ya sean ciclones o terremotos, huracanes o inundaciones, hambrunas o sequías, los pobres tienen un raro privilegio, probablemente uno de los pocos de sus desdichadas existencias: ser víctimas predilectas de estas catástrofes, protagonistas privilegiados de cada siniestro, a los que añaden damnificados contabilizados en cientos de miles de personas. Y, aunque los orígenes de muchas catástrofes puedan ser naturales, no lo son en absoluto sus efectos, sino que tienen una responsabilidad humana: la de mantener en países y ciudades a buena parte de la población viviendo en condiciones infames, sobre laderas de montañas frágiles, bajo casas levantadas con desechos que se transforman en tumbas cuando la naturaleza decide reivindicar su propio ser, entre basuras, o en medio de zonas pantanosas e inundables.


Puerto Prícipe - Foto: Manu Bravo


42 presidentes, 29 asesinados

Podríamos pensar que el comportamiento sísmico de la placa tectónica del Caribe y la falla de desgarre que están en el origen de los movimientos sísmicos de la región, nada tienen que ver con las decisiones que han venido adoptando instituciones económicas multilaterales, Gobiernos y multinacionales sobre Haití, pero estamos ante energías que se suman en su devastador poder de destrucción, multiplicando así su fuerza catastrófica. Haití ha tenido 42 presidentes, de los cuales 29 han sido asesinados y, únicamente, dos han sido elegidos democráticamente. La pobreza más brutal en la que se encuentra el país ha sido herencia directa de uno de los sistemas más brutales de explotación colonial en la historia mundial, agravado por décadas de opresión post colonial.

Así, en los ’90, durante el gobierno de Jean-Bertrand Aristide, EE UU y las instituciones de Bretton Woods desplegaron un conjunto de políticas que fueron limitando la capacidad de decisión de un país depauperado y empobrecido tras años de dictadura, violencia y asesinatos. La presencia del FMI y del Banco Mundial mantuvo se mantuvo activa en las últimas décadas, obligando a sus líderes a tomar decisiones macroeconómicas que fueron empobreciendo cada vez más el país y haciéndole dependiente hasta en su alimentación, llevandole a recurrir a las importaciones de arroz de Arkansas, mientras los agricultores abandonaban sus cultivos y se dirigían a la atestada y pobre capital, Puerto Príncipe, ocupando sus arrabales en chabolas e infraviviendas insalubres. Muchos de ellos se han convertido años después en víctimas del terremoto de enero de 2010, aunque no debemos olvidar que ya eran víctimas de la desnutrición, la violencia, la insalubridad, las enfermedades y el abandono extremo.


Foto: Manu Bravo


El mercado de la solidaridad

Y con cada catástrofe, nos hemos acostumbrado a un ritual cíclico dotado de su propio código de imágenes y símbolos que están acabando por desvirtuarse hasta extremos difíciles de comprender y que se utiliza con altas dosis de oportunismo político y como un elemento más de consumo de masas para el flamante mercado de la solidaridad, mimetizado y repetitivo. Así, tras las primeras imágenes e informaciones sobre la catástrofe en los medios de comunicación vienen las primeras ofertas de ayuda, para lo cual se fletan aviones con material de emergencia acompañado por personal voluntario y enviados especiales que van a darnos cuenta de la catástrofe sobre el terreno. Al tiempo, se suceden las promesas de ayuda y las visitas fugaces de dirigentes políticos que realizan compromisos sin límite.


Cite Soleil - Foto: Manu Bravo


Un capitalismo piadoso

Posiblemente, todo ello fuera necesario para abundar en una construcción intelectual basada en la idea de un capitalismo piadoso y en sus respuestas, así como en la manera de intervenir y aprovechar la ayuda humanitaria ante una catástrofe como el terremoto de Haití. La misma comunidad internacional que ha sido de forma efectiva quien ha gobernado Haití desde el golpe de 2004, es quien se ha lanzado a enviar ayuda humanitaria, aunque se negara a ampliar, más allá de su objetivo militar inmediato, el mandato de la misión de la ONU en el país. Por otra parte, la imposición de los resultados de las últimas elecciones generales, calificadas como fraudulentas por los mismos partidos que concurrían a ellas, y que la ONU dio por buenas, ha generado mayor violencia y enfrentamientos entre los haitianos. No podemos renunciar a nuestro legítimo derecho a indignarnos ante las catástrofes, pero es ilusorio pensar que tanto desastre y tanta calamidad pueden solucionarse sólo con la compasión de las ONG y la solidaridad de cada uno de nosotros, ante la ineficiencia de los Gobiernos y la voracidad de un sistema económico y político mundial en el que los pobres siempre son los perdedores.

Carlos Gómez Gil
Profesor de Sociología de la Universidad de Alicante e investigador

Fuente: Diagonal


10 mayo 2010

Robo organizado contra Grecia


Ilustración: Iván Lira


El “plan de rescate” adoptado por la Unión Europea (UE) y el FMI pretende poner durante tres años a Grecia al abrigo de la especulación de los mercados financieros e impedir su “quiebra”. Pero el yugo “euro-FMI” impide los debates y medidas democráticas que hay que imponer en Grecia y en toda Europa: apertura de los libros de cuentas (de los Estados, de los bancos, de las empresas) y balance del fracaso de la UE neoliberal que atestigua el recurso al FMI.

Georges Panpandreu ha aceptado un plan de austeridad sin precedentes : en contrapartida a una ayuda de 100 millardos de euros en tres años, el Estado se compromete a realizar 30 millardos de euros de economías. ¡Los beneficios y mercados financieros ni se tocan mientras que los servicios públicos y los asalariados deben pagar los platos rotos!

Del lado de los gastos: se trata de lanzar una nueva ofensiva contra los servicios públicos de educación y de salud –disminuyendo un poco los gastos militares muy por encima de la media de la UE- pero estamos seguros de que Francia, segundo suministrador de armamento a Grecia, verá sus pedidos protegidos. Está prevista una contrarreforma de las jubilaciones peor que la que nos amenaza en Francia. Los salarios de los funcionarios se bajarán y luego se congelarán; y en el sector privado, los despidos se facilitan al mismo tiempo que se introduce una renta mínima para los jóvenes y los parados de larga duración que encuentren un empleo –lo que multiplicará los “asalariados pobres”…

Del lado de los ingresos : las privatizaciones de los transportes y de la energía agravan una Europa antisocial y desastrosa para el medio ambiente. En el plano fiscal ni se tocan los beneficios o las exoneraciones que disfruta la Iglesia Ortodoxa; pero el impuesto más injusto -el IVA- se aumentará.

El recurso al FMI y a financiamientos bilaterales por los Estados miembros intenta salvaguardar la arquitectura neoliberal de la UE: ausencia de fiscalidad europea (el presupuesto europeo tiene el techo del 1% del PIB), prioridad a la financiación privada con libre circulación de capitales y “criterios de Maastricht” (1). Éstos, reafirmados hoy, se establecieron en 1992 para que Alemania aceptara renunciar al Deutsche Mark. El conjunto ha construido una UE cada vez más asimétrica. Los países designados despectivamente como los “PIGS” (cerdos en inglés), Portugal, Irlanda/Italia, Grecia y España (Spain) son una “periferia” de la eurozona, como existe la del Este. A los excedentes comerciales y a la débil inflación de una Alemania que practica las deslocalizaciones hacia el Este y la austeridad salarial, corresponden una mayor inflación, déficit y endeudamientos superiores en otras partes.

Las agencias de notación “evalúan” estos desequilibrios. Las mismas agencias que elevaban a las nubes en 2007 lo que se vio luego que eran “títulos podridos” en la crisis de la subprimes, se permiten hoy infligir “malas notas” de las que se amparan los mercados especulativos: Grecia, Portugal y España son las más frágiles –pero Italia tiene una deuda superior a Grecia y el déficit del Reino Unido supera el 10%. Dominique Strauss-Khan y el Elíseo gruñen contra estas agencias que agravan la especulación sobre el euro. Pero los “especuladores” son particularmente los propios bancos. Los de Francia y Alemania tienen el 80% de la deuda griega. El banco central europeo no tiene derecho a prestar a los Estados, pero ha prestado a los bancos montantes alucinantes a intereses bajos en plena crisis financiera. Este dinero les sirve hoy para prestar, con un interés superior, a los Estados… que acaban de decidir prestar a su vez a Gracia con, de paso, un beneficio.

El FMI y los gobiernos de la UE quieren que Grecia sirva “de lección” europea. Pero esa Europa debe ser rechazada por movilizaciones que impongan verdaderas solidaridades y “criterios de convergencia” que tengan por objetivo la subida de los niveles de vida y la protección del medio ambiente. La moneda y la financiación bajo control público deben estar al servicio de la cohesión social.

El “plan de rescate” de Grecia no ataca a los beneficios y las rentas financieras sobre la deuda. Hay que rechazarlo porque es tan injusto como los planes del FMI en otras partes –e ineficaz: la austeridad significará recesión, causa primera de déficit público- sin hacer que cese la especulación.

Los islandeses se han negado a pagar por una quiebra que no es la suya en un referéndum el pasado mes de marzo. Hay que negarse a pagar por deudas sin auditorías, transparencia y debate sobre esas deudas.

Nota:

1 - El déficit público bajo el 3% del PIB y la deuda pública bajo el 60% se refieren al presupuesto del Estado, de las colectividades locales y de la seguridad social: fiscalidad y jubilaciones están pues en el corazón de lo que está en juego. Pero la UE ha prohibido también a los bancos centrales de la eurozona financiar a los Estados.

Catherine Samary y Hugo Harari-Kermadec

Fuente: Viento Sur


20 abril 2009

Suecia: Victoria capitalista y amargo despertar





Jorge Capelán

Dos décadas de neoliberalismo a fuego más o menos lento pero inexorable bajo administraciones predominantemente socialdemócratas llevaron a que la "Alianza por Suecia" devolviese al poder a la derecha rancia en las elecciones de septiembre de 2006. El partido Moderado (ex-conservador) ahora convertido en El Nuevo Partido Moderado logró una votación de 26,23 por ciento, su mejor resultado desde 1928 cuando entre otras cosas se caracterizaba por su reluctancia hacia la democracia y el voto de las mujeres.

A más de dos años de estar en el gobierno, y luego del descubrimiento a fines de marzo de que la presidenta del sindicato socialdemócrata Anja Lunby-Wedin había concedido una fabulosa jubilación de 32 millones de coronas (2,9 millones de euros) al director del fondo de pensiones Christer Elmehagen, el Nuevo Partido Moderado alcanza el respaldo de un 35 por ciento de la opinión convirtiéndose en el más grande del país y desplazando a la socialdemocracia de su histórico lugar.

El Nuevo Partido Moderado, también convertido por obra y arte de los más avanzados métodos de mercadotecnia en el Nuevo Partido de los Trabajadores, dirige una sociedad que aparentemente resignada acepta el ingreso de Suecia a la OTAN, la energía nuclear, privatizaciones por 50 000 millones de coronas al año, ataques masivos al derecho de organización sindical, una agenda antiinmigrante calcada de la de los partidos neofascistas y el otorgamiento de facultades para que el estado intervenga las comunicaciones electrónicas de sus ciudadanos sin demasiados trámites engorrosos propios de un estado de derecho.

Pero estos cambios no se han hecho sin resistencias. Han habido huelgas y manifestaciones, ocupaciones y recolectas de firmas. También han habido quemas de contenedores de basura en los suburbios de algunos centros urbanos. Han habido grandes despliegues policiales, así como foros sociales y campañas de solidaridad internacional al tiempo que una multitud de activistas envía todos los días notas de opinion a los grandes medios que rara vez son publicadas. Sin embargo, la ofensiva continúa a pesar de la resistencia y a pesar de la crisis global capitalista.

Afiches con el maternal rostro de la actual dirigente del partido socialdemócrata Mona Sahlin, que encabeza una coalición de socialdemócratas, verdes á la Joscha Fischer e izquierdistas en oposición a la derecha gobernante difunden el mensaje de que "los desempleados necesitan educación y no asistencia social". Hay oficialmente 385 000 personas sin trabajo en el país, 33 por ciento más que hace un año y un 8 por ciento de la población económicamente activa. Según el ministro de finanzas, el desempleo llegará al 12 por ciento en los próximos dos años. Ante esta situación, la visión de la alianza opositora es "una sociedad en la que exista seguridad para el cambio, en la que las personas se atrevan a dar el paso de educarse y abrir empresas por cuenta propia".

La oposición al actual gobierno, que también repite como mantra aquello de la lucha contra la inflación, de respetar los balances macroeconómicos y de que "aquel que está endeudado no es libre", no pretende ser una oposición creíble al neoliberalismo. Esta no es la crítica de una mente calenturienta. Es la que un socialdemócrata de izquierda como Göran Grejder, desconsolado, esta semana formulaba en una crónica publicada por el diario Metro.

El presidente del partido Suecodemócrata (neofascista, sionista e islamofóbico) asegura en los medios que su organización "descansa sobre una sana base antirracista" y la ministra del sector empresarial Maud Olofsson anuncia un proyecto para "promover un debate sobre la importancia de que hayan más mujeres en las juntas directivas de las empresas". La ministra de integración Nyamko Sabuni anuncia en los medios que Suecia se unirá al boicott de los EE.UU., Canadá e Israel contra la conferencia de las Naciones Unidas sobre el racismo de esta semana en Génova. Suecia no puede, explica la ministra, "legitimar fuerzas antidemocráticas que sospechamos podrían secuestrar la conferencia" que se espera critique la ocupación israelí en palestina, la islamofobia, la esclavitud y el colonialismo.

Si así es el tono de la derecha en el gobierno y fuera de él, las cosas no están mucho mejor entre las fuerzas parlamentarias que se le oponen. Por ejemplo, el líder del partido de izquierda Lars Ohly no ha tenido empacho en visitar el norte de Irak ocupado a fines del pasado año, ni en prestar su firma para endorsar campañas anticubanas promovidas por los intereses más reaccionarios. Su partido es también tocado por la fuerza de la ofensiva ideológica derechista.

Pero no es sólo a nivel de la política internacional que el partido de izquierda ha retrocedido para poder encajar en una alianza con los socialdemócratas y los verdes. En una carta de renuncia a la directiva del partido publicada a fines de enero, el dirigente Anders Neergaard explica que "de ser el único partido en el parlamento que se opone a la Unión Europea, hemos pasado a una alianza con un partido positivo hacia la UE (...) y un partido que en el otoño pasado se volvió positivo hacia la misma. En las elecciones de junio (al parlamento europeo) se corre el riesgo de que el partido Suecodemócrata obtenga buenos resultados y que nuestra posición se debilite al identificársenos con un establishment positivo a la Unión".

La opinión de Neergaard es compartida por cada vez más compañeros de organización, sobre todo en lo que respecta al hecho de que, como él mismo lo explica en su carta, "los acuerdos (con la socialdemocracia y los verdes) implican que aceptamos esconder nuestra política económica que hasta ahora argumentábamos había sido una alternativa a los marcos neoliberales que imposibilitan realizar una política de mayor justicia social".

Fuera del parlamento y a la izquierda, las resistencias se multiplican aunque con crónicos lastres de sectarismo y divisiones que abarcan desde encontradas concepciones en cuanto a métodos de lucha, el papel de la política y del estado, hasta diferentes diagnósticos sobre la situación del país y culturas políticas diversas. Intentos, como los inspirados en la experiencia francesa de formación de una partido anticapitalista, deben aún probar si son capaces de movilizar a amplios sectores de estas resistencias y, lo que es aún más importante, a las amplias masas que ven lo que pasa, aprietan el puño dentro del bolsillo, murmurando su descontento en los términos ofrecidos por el sistema de indoctrinamiento mediático.

Suecia hoy en día es un país de neoliberlismo sin neoliberales, racismo sin racistas y patriarcado sin patriarcas. El feo mote de "neoliberal" se ha transmutado en "responsabilidad económica", el racismo se ha convertido en "lucha contra el antisemitismo" y los derechos de las mujeres se han trocado en su derecho a ser capitalistas y/o antimusulmanas.

A mediados de la década de los 80's, el asesor de la patronal sueca Patrik Engellau escribía en un famoso memorándum: "Necesitamos una nueva interpretación de la realidad que haga que las cosas encajen en su lugar, porque el fundamento más sutil del poder es el control de los conceptos y de la percepción de dicha realidad. La dominación ideológica es más segura que la ejercida con la ayuda de los tanques de guerra y las bayonetas. Aquel que obtenga la superioridad sobre la manera de interpretar de la realidad, tendrá el poder". Cincuenta años antes, a inicios de la década de los 30's Jarl Hjalmarsson, uno de los fundadores del partido Moderado , escribía que el pensamiento de la derecha debería "desgastar la ideología democrática y reemplazarla por sus propios conceptos positivos". Hoy la empresa ha sido completada con inusitada maestría.

Entre 1985 y 2005, las ganancias de los capitalistas se habían más que triplicado y los accionistas, que en 1983 se repartieron 17 mil millones de coronas, a inicios del milenio se estaban repartiendo 135 mil millones. Una décima parte de la población, en su mayoría hombres blancos y muy suecos, controla el 86 prociento del capital accionario. En la década de 90's la Suecia de los derechos de las mujeres pasaba a liderar la liga europea en lo que respecta a diferencias salariales entre los sexos - a favor de los hombres.

La ironía de las cosas es que la conquista total por el gran capital sobre la de la superestructura ideológica del país se corresponde con una crisis estructural del modo de producción que sustenta su hegemonía. Por el momento, las fuerzas del fascismo están a la ofensiva. ¿Podrá la izquierda reagruparse y devolver el golpe? Una cosa es segura: A la sociedad de Ingmar Bergman, Olof Palme, ABBA y Zlatan Ibrahimovic le espera un amargo despertar.

Fuente: Rebelión






25 octubre 2008

Pido disculpas






Frei Betto


Estoy gravemente enfermo. Me gustaría manifestar públicamente mis excusas a todos los que confiaron ciegamente en mí. Creyeron en mi presunto poder de multiplicar fortunas. Depositaron en mis manos el fruto de años de trabajo, de economías familiares, el capital de sus emprendimientos.

Pido disculpas a quien mira a sus economías evaporase por las chimeneas virtuales de las bolsas de valores, así como a aquellos que se encuentran asfixiados por la imposibilidad de pagar, los intereses altos, la escasez de crédito, la proximidad de la recesión.

Sé que en las últimas décadas extrapolé mis propios límites. Me convertí en el rey Midas, creé alrededor mío una legión de devotos, como si yo tuviese poderes divinos. Mis apóstoles –los economistas neoliberales– salieron por el mundo a pregonar que la salud financiera de los países estaría tanto mejor cuanto más ellos se arrodillasen a mis pies.

Hice que gobiernos y opinión pública crean que mi éxito sería proporcional a mi libertad. Me desaté de las amarras de la producción y del Estado, de las leyes y de la moralidad. Reduje todos los valores al casino global de las bolsas, transformé el crédito en producto de consumo, convencí a una parte significativa de la humanidad de que yo sería capaz de operar el milagro de hacer brotar dinero del propio dinero, sin el lastre de bienes y servicios.

Abracé la fe de que, frente a las turbulencias, yo sería capaz de auto-regularme, como ocurría con la naturaleza antes de que su equilibrio sea afectado por la acción predatoria de la llamada civilización. Me volví omnipotente, me supuse omnisciente, me impuse al planeta como omnipresente. Me globalicé.

Llegué a no dormir nunca. Si la Bolsa de Tokio callaba por la noche, allá estaba yo eufórico en la de São Paulo; si la de Nueva York cerraba a la baja, yo me recompensaba con el alza de Londres. Mi pregón en Wall Street hizo de su apertura una liturgia televisada para todo el orbe terrestre. Me transformé en la cornucopia de cuya boca muchos creían que habría siempre de chorrear riqueza fácil, inmediata, abundante.

Pido disculpas por haber engañado a tantos en tan poco tiempo; en especial a los economistas que mucho se esforzaron para intentar inmunizarme de las influencias del Estado. Sé que, ahora, sus teorías se derriten como sus acciones, y el estado de depresión en que viven se compara al de los bancos y de las grandes empresas.

Pido disculpas por inducir multitudes a acoger, como santificadas, las palabras de mi sumo pontífice Alan Greenspan, que ocupó la sede financiera durante diecinueve años. Admito haber incurrido en el pecado mortal de mantener los intereses bajos, inferiores al índice de la inflación, por largo periodo. Así, se estimuló a millones de usamericanos a la búsqueda de realizar el sueño de la casa propia. Obtuvieron créditos, compraron inmuebles y, debido al aumento de la demanda, elevé los precios y presioné la inflación. Para contenerla, el gobierno subió los intereses... y el no pago se multiplicó como una peste, minando la supuesta solidez del sistema bancario.

Sufrí un colapso. Los paradigmas que me sustentaban fueron engullidos por el imprevisible agujero negro de la falta de crédito. La fuente se secó. Con las sandalias de la humildad en los pies, ruego al Estado que me proteja de un deceso vergonzoso. No puedo soportar la idea de que yo, y no una revolución de izquierda, sea el único responsable por la progresiva estatización del sistema financiero. No puedo imaginarme tutelado por los gobiernos, como en los países socialistas. Justo ahora que los bancos centrales, una institución pública, ganaban autonomía en relación a los gobiernos que los crearon y tomaban asiento en la cena de mis cardenales, ¿que es lo que veo? Se desmorona toda la cantaleta de que fuera de mí no hay salvación.

Pido disculpas anticipadas por la quiebra que se desencadenará en este mundo globalizado. ¡Adiós al crédito consignado! Los intereses subirán en la proporción de la inseguridad generalizada. Cerrados los grifos del crédito, el consumidor se armará de cautela y las empresas padecerán la sed de capital; obligadas a reducir la producción, harán lo mismo con el número de trabajadores. Países exportadores, como Brasil, tendrán menos clientes del otro lado de la barra; por lo tanto, traerán menos dinero hacia sus arcas internas y necesitarán repensar sus políticas económicas.

Pido disculpas a los contribuyentes de los países ricos que ven como sus impuestos sirven de boya de salvación de bancos y financieras, fortuna que debería ser invertida en derechos sociales, preservación ambiental y cultura.

Yo, el mercado, pido disculpas por haber cometido tantos pecados y, ahora, transferir a ustedes el peso de la penitencia. Sé que soy cínico, perverso, ganancioso. Sólo me resta suplicar que el Estado tenga piedad de mí.

No oso pedir perdón a Dios, cuyo lugar pretendí ocupar. Supongo que, a esta hora, Él me mira allá desde la cima con aquella misma sonrisa irónica con que presenció la caída de la Torre de Babel.

Fuente y traducción: Alai






02 setiembre 2008

Neoliberalismo y cultura



El neoliberalismo no sólo intenta destruir las instancias comunitarias creadas por la modernidad, como la familia, el sindicato, los movimientos sociales y el Estado democrático. Su proyecto de atomización de la sociedad reduce a la persona a la condición de individuo desconectado de la coyuntura sociopolíticoeconómica en la cual se inserta, y lo considera como mero consumidor. También se extiende, por tanto, a la esfera cultural.

Uno de los avances de la modernidad fue, con la llegada de la democracia, reconocer a la persona como sujeto político. Éste pasó a tener, además de deberes, derechos. Dotado de conciencia crítica, se libró de la condición de siervo ciego y dócil a las órdenes de su señor, consciente de que autoridad no es sinónimo de verdad, ni poder sinónimo de razón.

Ahora se busca quitarle a la persona su condición de sujeto. El prototipo de ciudadano liberal es el que se abstiene de cualquier pensamiento crítico y, sobre todo, de participar en instancias comunitarias. Y a esa cultura de abstención voluntaria contribuye de modo especial la televisión.

En sí misma la televisión es un poderoso instrumento de formación e información. Pero puede ser convertido fácilmente en mecanismo de deformación y desinformación, sobre todo si se engancha a la maquinaria publicitaria que rige el mercado. Así, la misma televisión se vuelve un producto para ser consumido y por tanto centrado en el aumento de los índices de audiencia.

Para ello se recurre a todo tipo de estrategias, con tal que los telespectadores se sientan atraídos por las imágenes. El problema es que la ventana electrónica está abierta hacia dentro del núcleo familiar. Es ahí donde ella descarga la profusión de imágenes y alcanza indistintamente a niños y adultos, sin el menor escrúpulo en lo referente al universo de valores de la familia.

Si la televisión transmitiese cultura -todo cuanto mejora nuestra conciencia y nuestro espíritu- sería el más poderoso vehículo de educación. Es verdad que no deja de hacerlo, pero la regla general no son los programas de densidad cultural sino el mero entretenimiento: distrae, divierte y, sobre todo, abre la caja de Pandora de nuestros deseos inconfesables. La imagen que "dice" lo que no nos atrevemos a pronunciar.

Al superar el diálogo entre padres e hijos e imponerse como interlocutora hegemónica dentro del núcleo familiar, la televisión altera las referencias simbólicas fundamentales del siquismo infantil. Es mediante el habla como una generación transmite a otra creencias, valores, nombres propios, megarrelatos, genealogías, ritos, relaciones sociales, etc. Transmite incluso la misma aptitud humana del uso de la palabra, a través del cual se teje nuestra subjetividad y nuestra identidad. Es esa interacción, propiciada por el diálogo oral, cara a cara, como nos educa las relaciones de alteridad, nos hace reconocer el yo delante del Otro, así como las múltiples conexiones que unen a uno con otro, tales como emociones, imágenes provocadas por gestos, expresiones faciales cargadas de sentimientos, etc.

El habla o el diálogo demarcan las referencias fundamentales a nuestro equilibrio síquico, como la identificación del tiempo (ahora) y del espacio (aquí), y de los límites de mi ser en relación a los demás. Si el habla se reduce a una catarata de imágenes que tratan de exacerbar los sentidos, las referencias simbólicas del niño corren peligro. El niño siente la dificultad de construir su universo simbólico, no adquiriendo sentidos de temporalidad e historicidad. Todo se reduce al "aquí y ahora", a la simultaneidad. La misma tecnología que reduce distancias en tiempo real -internet, teléfono celular, etc.- favorece una sensación de ubicuidad: "yo no estoy en ningún lugar porque estoy en todos".

Muchos profesores se quejan de que los alumnos ya no están tan atentos en las clases. Claro, el sueño de ellos sería poder cambiar al profesor de canal… Muchos niños y jóvenes muestran dificultad para expresarse porque no saben oír. Poseen un raciocinio confuso, en el que la lógica resbala frecuentemente en el aluvión de sentimientos contradictorios. Creen, sobre todo, que son inventores de la rueda y por tanto poco les interesa el patrimonio cultural de las generaciones anteriores (el financiero sí, sin duda).

De ese modo la cultura pierde refinamiento y profundidad, se confina a los simulacros de talk-show, donde cada uno opina según su reacción inmediata, sin reconocer la competencia del Otro. En el caso de la escuela, este Otro es el profesor, visto no sólo como despojado de autoridad sino, sobre todo, como quien abusa de su poder y no admite que los alumnos le traten de igual a igual… Ahora bien, ya que el profesor no "escucha", entonces sólo hay un medio de hacerle oír: la violencia. Pues fueron educados por la televisión, en la cual no se da el ejercicio de la argumentación paciente, de la construcción esclarecedora, del perfeccionamiento del sentido crítico. Es el incesante toma y daca, y casi siempre a base de coacción.

Por eso se cae en una educación calificada por Jean Claude Michéa de "disolución de la lógica". Se deja de distinguir entre lo principal de lo secundario, de percibir el texto en su contexto, de incluir lo particular en el telón de fondo de lo general, para acatar pasivamente las presiones de consumo que intentan transformar los valores éticos en meros valores pecuniarios, o sea todo es mercadotecnia, y es su precio el que le imprime, a quien lo posee, determinado valor social, aunque no tenga carácter.

Se prescinde del acto de pensar, reflexionar, criticar y especialmente de participar en el proyecto de transformar la realidad. Todo pasa a ser una cuestión de conveniencia, gusto personal, simpatía. También son considerados comerciables la biodiversidad, la defensa del medio ambiente, la responsabilidad social de las empresas, el genoma, los órganos extraídos a los niños, etc.

Frei Betto

Fuente: Adital