
Estimado director,
Me aprovecho de su buena disposición de publicar voces fuera del coro para reflexionar sobre un tema, Cuba, que me apasiona y conozco en profundidad. Por diez años, he dirigido la revista Latinoamérica, con la ayuda de escritores, poetas y premios Nobel de una parte del mundo que está en pleno cambio y que por eso en Europa se le ve con prejuicio. El Corriere della Sera, por ejemplo, por tercera vez en dos semanas, con las firmas de Pierluigi Battista, Elisabetta Rossaspina y Angelo Panebianco, lamenta que la reciente campaña en contra de Cuba después de la muerte del preso Orlando Zapata tras huelga de hambre, no haya suscitado una mayor implicación del público italiano, y en la práctica pide sanciones. La saña del Corriere della Sera es única, teniendo en cuenta que el diario más popular de Italia ignora, al mismo tiempo, inquietantes noticias sobre América Latina (el asesinato de periodistas en México con 15 muertes este año y 12 el anterior, o el descubrimiento en Colombia de la fosa común más grande de América del Sur con dos mil víctimas) y no da descanso a Cuba. Se ha iniciado una campaña que, evidentemente, no escapa a nadie y a veces roza lo grotesco.
Wired, por ejemplo, es una revista de las ediciones Conde Nast, interesada en los nuevos medios y las nuevas tecnologías. En la última edición italiana, hay una docena de páginas sobre Yoani Sánchez, bloguera de moda. Il Fatto Quotidiano también se ha hecho eco de ella. Creada por el grupo Prisa, Yoani transmite desde La Habana apoyada en un servidor alemán (propiedad del magnate Josef Biechel) con un ancho de banda 60 veces mayor que cualquier otro utilizado en Cuba. En Wired, Yoani es fotografiada y presentada como una poco probable modelo en fuga de un gobierno malo, que no le da una visa para ir a recoger todos los premios que organizaciones hostiles a la Revolución le conceden en la mitad del mundo. La pobre bloguera se ve obligada entonces a dar cita a los periodistas occidentales a las 10 horas en el Parque Central.
Y sería creíble, sólo que Salim Lamrani, investigador y profesor en la Universidad Descartes, en París, se reunió con ella tranquilamente durante horas en el vestíbulo del Hotel Plaza, en una entrevista que publicaremos en el próximo número de Latinoamérica donde Yoani dice no reconocerse, aún cuando sus respuestas fueron grabadas por un moderno IPhone.
Sorprendentes detalles, pero no tanto: entre los fundadores y principales contribuyentes de Wired está Nicholas Negroponte, profesor universitario y socio del Departamento de Defensa de los Estados Unidos cuando Internet era sólo un proyecto militar. Nicolás es hermano del legendario John, estratega de la “guerra sucia” en los años 80 contra los sandinistas en Nicaragua y posterior presencia inquietante en Iraq, donde fue embajador en los días de la muerte de Nicola Calipari “agente de los servicios de inteligencia italiano” que acababa de salvar a la periodista del Manifiesto Giuliana Sgrena, a manos del infante de marina Lozano.
Los artículos e iniciativas contra Cuba, sin embargo, siempre tienen sorpresas ocultas. Tiene sentido, por ejemplo, descubrir en la red las imágenes de la manifestación que, en Miami, abrió la nueva campaña de descrédito que comenzó el día posterior a la muerte de Orlando Zapata, preso por años en cárceles cubanas por delitos comunes y en los últimos tiempos muy unido a las Damas de Blanco, movimiento de disidencia subvencionado por el terrorista Santiago Álvarez. Tiene sentido porque en la manifestación encabezada por Gloria Estefan, cantante de éxito, hija de un ex guardaespaldas de la familia de Fulgencio Batista, dictador derrocado por la revolución cubana, marchó otro terrorista, el cubano Luis Posada Carriles, responsable, entre muchos otros crímenes, de hacer volar un avión de Cubana de Aviación en 1976 que causó 73 víctimas. Posada Carriles fue identificado también como uno de los autores intelectuales del asesinato del ex canciller de Allende, Orlando Letellier, asesinado en Washington en 1976 y la series de atentados ocurridos en Cuba en 1997 (entre las víctimas, el italiano Fabio Di Celmo).
Este Bin Laden de América Latina, encubierto por la CIA, camina libre por la calles de Florida y pide “libertad y democracia” a Cuba. Yo no sé si el ministro Frattini, quien la emprendió con Cuba luego del caso Zapata, conoce estas historias. Pero si sé que no es creíble que el ministro de Relaciones Exteriores de un país que se autoproclama democrático, exalte la bondad de un embargo absurdo, impuesto por la exclusiva culpa de un país de haber elegido un destino no deseado por los Estados Unidos, un embargo que asfixia al pueblo cubano por 50 años, y que ha sido condenado 18 veces en las Naciones Unidas, con el voto de Italia incluido. Frattini sabe que, después de los 140 millones dólares destinados por Bush en 2008 para "cambiar el rostro en Cuba", Obama en 2009, pese a la crisis económica, ha destinado 55 millones para la misma causa. ¿Para qué piensa el buen Frattini que se utilizaría dicho dinero? ¿Para pacificar a un país u orquestar, en una sociedad ya herida por el terrorismo proveniente de la Florida, una estrategia de tensión? Pero a nuestro ministro le duele que Italia no se movilice contra la Revolución, ignorando el testimonio de que todos los medios de comunicación italianos se la pasan en esto semana tras semana.
Incluso Aldo Forbice, que intenta callar a cualquiera que difiera de sus puntos de vista, aboga en contra de Cuba en Radio Rai, con la complicidad de los radicales. En algunos casos, se suman algunos medios progresistas en política interna, pero que tratan con cuidado, de estar a la par de la línea de la Secretaria de Estado Clinton, ansiosa por recuperar el dominio que perdió Bush Jr. sobre el continente al sur de Texas. La mayor parte de los "disidentes" encarcelados en 2003 —alentados por la administración Bush, llevaron a cabo secuestros aéreos y el secuestro de la embarcación de Regla con turistas a bordo— fueron condenados por haber tomado dinero del gobierno en Washington, nadie sabe para qué servicios, que les fueron otorgados por la oficina de intereses de los EE.UU. en La Habana. De haber ocurrido lo contrario, serían procesados en los EE.UU. por alta traición. Pero en la prensa italiana se habla de periodistas encarcelados por supuestos delitos de opinión, evitando el detalle de que muchos han sido contratados y pagados por el país que ha sometido a Cuba a un embargo de medio siglo. Por no decir que estos mercenarios perjudican enormemente a los verdaderos y sinceros disidentes y voces valientes como las de Ambrosio Fornet, Soledad Cruz, Senel Paz, Leonardo Padura, que publicamos en Latinoamérica y que, en la Revolución, critican y luchan por la reforma, porque el gobierno se libere del síndrome de asedio que retrasa la evolución de la sociedad cubana. En resumen, en los últimos meses no ha sucedido nada nuevo en la isla que justifique este asedio político.
Aún no llegan las aperturas de Obama (que recién se reunión con los “duros” de la Fundación Cubano-Americana) y con razón o sin ella, Raúl Castro, a su vez ha retrasado las reformas. Pero desde el final de la Cumbre de las Américas en Trinidad, los EE.UU. se han percatado de que la actitud de la mayoría de los países del continente ha cambiado. Y para la próxima cumbre de la OEA, Hillary Clinton tuvo que aceptar la reinserción, sin condiciones, de Cuba, luego de que el propio EE.UU., cincuenta años antes, había solicitado su exclusión. Este cambio político en América Latina se ha atribuido a la influencia de la isla, y con razón. Así se regresó a los viejos métodos, con la reactivación del argumento de los derechos humanos que hace 25 años inició Reagan contra la Revolución. Esto no era lo que se esperaba de Obama.
Gianni MinàTraducido por Sergio Alejandro
Publicado en il Fatto QuotidianoFuente: La Jiribilla

Imaginen que en un medio público venezolano, o cubano, apareciese un columnista afirmando que como en España o en Colombia las protestas y movilizaciones no logran derrocar al presidente que a él no le gusta, pidiese un coronel con buena puntería -evidentemente para pegarle un tiro al jefe del Estado- que diese un rápido golpe de Estado y después convocase elecciones. Se supone unas elecciones en las que ganasen los que desea el columnista, de otra manera lógicamente buscaría a otro militar con buena puntería para que repitiese la operación.
Pues bien, eso es lo que ha publicado Mirta Ojito, en El Nuevo Herald el cuatro de abril, bajo el título
“Mi valiente y sensible coronel”. Vale la pena reproducir el artículo casi en su totalidad. Este es el principio:
Cuando pienso en mi país -cosa que ya no hago todos los días- rezo porque en algún lugar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba (FAR) haya un coronel desilusionado y valiente, con inclinación democrática, un profundo conocimiento de la historia y muchos amigos.
Debe ser soltero y sin hijos (para que no tenga nada que perder ni nadie a quien lastimar), venir de Villa Clara (porque creo que los guajiros cubanos son gente muy noble), y también sería muy conveniente que fuera un buen tirador (pero no alardoso, porque entonces lo degradarían y lo apartarían antes de que pudiera actuar).
Oh, y también debe ser el tipo de hombre que se emociona al leer Madame Bovary y que le gusta pescar. Después del rápido e incruento golpe de Estado, después de organizar elecciones democráticas, después que el pueblo cubano elija un nuevo gobierno, mi valiente y sensible coronel se retiraría a un pueblo de pescadores, a Caibarién, por ejemplo, y pasaría el resto de su vida pescando, lejos del gobierno, de las armas y del poder.
¿Es mucho pedir?
Porque las manifestaciones y las marchas no derrocan a un régimen que detenta el poder desde hace 51 años. Tampoco las columnas ni los artículos de los periódicos. En Cuba, a estas alturas del partido, haría falta una rebelión de los militares.La autora reconoce que sus ideas políticas con respecto a Cuba no tienen el apoyo ciudadano:
Más de medio siglo después -¡medio siglo, por Dios!- todavía estamos marchando en Nueva York y en Los Angeles y en Miami con banderas, flores y buenas intenciones, con la esperanza de convencer a un público mayormente apático de que a 90 millas del extremo más meridional de los Estados Unidos hay un país donde no se respetan los derechos humanos fundamentales.Su postura es clara: protestan, pero como no consiguen lo que quieren, lo que hay que hacer es buscar un coronel que le pegue un tiro al gobernante y resuelto. La verdad es que no es nada original, lo han hecho muchas veces en América Latina: en Guatemala, en Chile... Algunas veces no hizo falta matar al presidente, como en Haití con Aristide. Además el sistema acaba de funcionar bien en Honduras.
¿Qué habría sucedido si eso se hubiese propuesto en el Granma de Cuba para Obama? O en la televisión venezolana. Pero como sucedió en Miami, una ciudad del país de la libertad, una ciudad de desgraciados cubanos que viven la tragedia del exilio, no sucede nada. Las únicas quejas son cuando el gobierno venezolano o el cubano compran armas, es decir, cuando no dejan que el coronel de El Nuevo Herald les pegue un tiro.
Pascual SerranoFuente: Tlaxcala
La violenta campaña mediática anticubana que desarrollan actualmente Estados Unidos y sus aliados europeos hace evocar, en estos días, la similar arremetida publicitaria lanzada por Washington como operación previa a la invasión por Playa Girón.Al igual que en el presente abril, el mismo mes de 1961 vio elevarse al máximo los decibeles de una bien orquestada catarata de propaganda contra la entonces naciente revolución cubana, utilizando para ello todo el control estadounidense de los medios de difusión.
La decisión de derrocar por la fuerza al gobierno de la isla rebelde había sido tomada con bastante anterioridad en las más altas esferas de la administración norteamericana.
Para quienes dominaban tradicionalmente la economía y la sociedad cubana resultaba impensable que el pequeño país vecino adoptara sus propias decisiones y tomara en sus manos los resortes de su desarrollo.
Tan temprano como en abril de 1959, tras la entrevista sostenida con Fidel Castro, el entonces vicepresidente de Estados Unidos Richard Nixon decretó la urgencia de liquidar a la revolución por considerarla un peligro para los intereses de la Casa Blanca.
Inmediatamente, a la vez que se intensificaba el apoyo a los grupos enclavados en La Florida y encargados de las acciones terroristas contra Cuba, se desató la campaña mediática cuyo objetivo era asegurar la futura agresión directa.
Se satanizaron las medidas revolucionarias adoptadas en beneficio popular como la reforma agraria que entregó la tierra a quienes la trabajaban o la reforma urbana, liquidadora de los llamados casatenientes, explotadores de la necesidad popular de viviendas.
Prensa y políticos de numerosos países, ligados al plan desestabilizador, vincularon la apertura de Cuba a las relaciones con todos los Estados a un supuesto ataque de la Unión Soviética al más importante bastión capitalista y a sus aliados en Latinoamérica.
Estados Unidos volcó todo su poderío de propaganda a convencer al mundo, mediante falsas noticias, de la existencia de una rebelión interna del pueblo cubano y del respaldo a un "gobierno en el exilio" constituido por políticos tradicionales y corruptos.
La estrategia no ha cambiado mucho con los años y contra Cuba se abate ahora un torrente de falsedades sobre su realidad y el mismo apoyo a quienes prefieren servir a la potencia enemiga.
Sin embargo, del Girón de 1961 queda además una experiencia que es bueno nadie olvide: la humillante derrota en menos de 72 horas de un ejército rentado al cual no pudo salvar ni siquiera aquella costosa campaña mediática.
Javier Rodríguez RoqueFuente: PL
Campaña mediática contra Cuba
Cronología de los hechos (Actualizada)En medio de los preparativos para su viaje sorpresa al Afganistán en guerra desde hace ocho años, el presidente de los Estados Unidos encontró oportunidad para pronunciarse sobre Cuba. El titular más propagado, luego de que fuera emitido un comunicado desde la Casa Blanca el pasado 24 de marzo, dice que Obama critica a Cuba por violación de los derechos humanos.
Según el Jefe de Estado, en la Isla se ha producido un creciente hostigamiento “hacia aquellos que se atreven a dar voz a los deseos de sus compatriotas cubanos". Obnubilado por los falsos ecos de las manifestaciones de las “damas de blanco” —grupo de probada militancia mercenaria— y por las protestas promovidas por algunos de los llamados “presos de conciencia”, el presidente pide el “fin de la represión” en Cuba. Pensemos, sin perder la esperanza, en que el empeño de Obama por sacar adelante la reforma sanitaria y la nueva ofensiva a Kandahar, han mediado su concentración para discernir entre bullicio y realidad y limitado sus posibilidades de analizar cabalmente el tema de Cuba.
La palabra “madres”, seguramente conmueve también a Obama tanto como ha conmocionado a otros que las mencionan casi a diario en sus páginas de Internet. En las salidas recientes de estas mujeres por calles de La Habana, las protagonistas se convirtieron en la comidilla de los medios y en receptoras de la “solidaridad” de personas dentro y fuera del Archipiélago. Sin embargo, las “insensibles” autoridades de la Isla, no han cedido ante los últimos “juegos de fuerza” y por ello, han merecido convertirse en diana de los pronunciamientos de anticubanos desde algunas latitudes y partidos.
Y claro, es difícil que alguien —como le sucedió a Obama— no se sienta “perturbado” por imágenes de las madres de los “presos políticos” cubanos “reprimidas por el régimen”. Lo que replicaron El País, El Mundo, La Vanguardia, BBC Mundo o El Nuevo Herald, sobre los “paseos” de las “damas” por La Habana, fue su verdad manejada. Las fotos y videos que las muestran junto a oficiales del Ministerio del Interior, no dicen que estos trataban de protegerlas para devolverlas a sus casas, no muestran las olas de pueblo que iban detrás, abucheándolas por su actuación ridícula.
Mientras en la Calle 8 de Miami, en complicidad con las “señoras del gladiolo” marchaban el confeso terrorista Luis Posada Carriles —cuyos crímenes encubre la “gran prensa”— y la cantante Gloria Estefan —a quien hace poco se le reconocieron vínculos con la CIA y la participación en operaciones ilegales de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA)—, se aliaban al nuevo manifiesto condenatorio a la Isla que con el slogan “Yo acuso al gobierno cubano” firman personajes de todas las tendencias. Nadie se explica cómo pudieron comulgar juntos en pos de una misma carta, activistas de filiaciones tan controversiales como Ninoska Pérez, ex cabecilla de la FNCA; el escritor peruano Mario Vargas Llosa, crítico obsesivo de la Revolución; Carlos Alberto Montaner, conocido agente de la CIA o Ernesto Hernández Busto, articulista de Penúltimos días, quien en 2008 declaró abiertamente simpatizar con la idea de que una intervención militar de Estados Unidos es “la manera más rápida y productiva” para “acabar” con la Revolución cubana.
Los promotores de esta otra campaña se ufanan de haber inscrito unas 40 mil firmas desde la Isla y el extranjero, pero no se atreven a profundizar en el prestigio de las rúbricas. Ni siquiera es posible conocer a la mayoría de los firmantes, pues sus nombres no se divulgan. No han encontrado el respaldo suficiente de voces destacadas de la intelectualidad y la cultura. Solo unos pocos artistas famosos o apenas dos o tres con obras valiosas, han suscrito este texto perverso y falsario. Habría que preguntarse si realmente leyeron esas líneas donde se llega a reclamar a la Revolución, el “respeto a la vida”.
Otro recurso que denuncia la verdadera naturaleza de esta estrategia de los medios fue el empleado contra el actor Willy Toledo y el cantante Miguel Bosé. El objetivo es emplazar a todo el que se pare ante un micrófono, lo mismo para presentar un disco, que para solidarizarse con Haití. Sin embargo, el testimonio final de Toledo, por solo citar uno de los ejemplos, ofrece pocas posibilidades a la interpretación ambigua: “A Cuba le imparten clases de derechos humanos los mismos que planean y ejecutan `guerras preventivas´; le exigen respeto a las garantías penales y procesales quienes miran a otro lado cuando se menciona Abu Grahib o Bagram, quienes crean y mantienen Guantánamo o le dan carta de naturaleza, consintiendo que vuelos secretos con personas secuestradas hagan escala en su territorio o acogiendo en su sistema penitenciario a sus `presos´”.
Algo similar sucedió con las declaraciones del cantautor cubano Silvio Rodríguez. En una de intervenciones a propósito de la presentación de su más reciente disco Segunda cita hizo referencia al texto de la canción “Sea Señora”: A desencanto, opóngase deseo. Superen la erre de revolución. Y aclaró: “si suprimimos la ´r´ de Revolución lo que queda es evolución. A eso me refiero. Es imposible que haya un mundo en semejante estado de reposo”. Fue suficiente para que las palabras del trovador se convirtieran en diana de la más inescrupulosa y premeditada descontextualización. Omitieron sus palabras cuando advirtió estar “viendo amplificado últimamente situaciones hacia Cuba y contra Cuba que durante todos estos 50 años” había percibido idénticas. “Y en este momento —agregó—, quizá producto de las características de la tecnología, parece, pareciera, que hay como un consenso superior contra Cuba”. Era obvio que el resto de sus comentarios no convenía como titulares a la misma prensa que quiso sumarlo al fabricado cúmulo de señales que promueven la idea de una “change” en la Isla. Diciendo sus verdades “a tiempo y sonriente”, Silvio confirmó: “yo, que llevo 50 años viviendo en Cuba, y que conozco todo eso que ha pasado, sigo teniendo muchas más razones para creer en la Revolución que para creer en sus detractores”.
Las versiones que algunas agencias ofrecen acerca de la Cuba de hoy, no son más que un reducto favorable a los intereses del imperialismo. Así apareció Orlando Zapata Tamayo como el mártir que necesitaba la contrarrevolución carente de líderes y fetiches. Los adversarios, más activos que en otras ocasiones, encontraron en la muerte de un ser humano, el motivo para empezar, desde la más reacia fracción de la blogosfera y luego con el sostén de medios como El País y The Washington Post, una de las más cruentas maniobras mediáticas para incriminarnos.
El diario del Grupo PRISA se estrenó en la contienda el 25 de febrero con el editorial “Credenciales cubanas”, al que le han seguido varias ráfagas de reportajes y artículos de opinión. La búsqueda de la palabra “Cuba” arrojaba el 30 de marzo unos 120 resultados para la versión de este periódico en Internet. Silenciando incluso la situación de los civiles en Afganistán o la de los huérfanos de Haití a causa del terremoto del pasado enero, El País consagra parte de sus páginas a amplificar a la bloguera Yoani Sánchez —mercenaria pagada para realizar actividad subversiva dentro de la Isla. Para rematar, en “Cuba, cuenta atrás”, del primero de abril, el diario vuelve a tenderle la mano a las “damas de blanco” y los llamados “presos políticos”, intentando quitarles la etiqueta de “agentes del imperialismo”.
El tono de El País no logra camuflar el deseo de hostigamiento a Cuba. Su “tarde o temprano, el Gobierno cubano tendrá que poner en libertad a los presos políticos y, por tanto, mejor que lo haga cuanto antes”, resulta amenazante. Tendríamos que preguntarles quién se atreverá a espetarle en ese tono a Obama por los Cinco cubanos presos injustamente en los EE.UU.
Aprovechando la coyuntura, una vez más, le hacen el juego a los Estados Unidos, en el afán por erosionar las relaciones de Cuba con el mundo y demeritar el ejemplo inspirador de la Revolución para los pueblos latinoamericanos. El Parlamento Europeo ha llegado a emitir una resolución que estimula a las instituciones de sus países para que “alienten sin reservas el inicio de un proceso pacífico de transición política hacia una democracia pluripartidista en Cuba”. Europa ha vuelto a la carga con saña, alzando ahora el banderín de la “situación de los presos políticos”. Así, también, complementa la mentira gigante sobre un pueblo que desde hace 50 años ha defendido la solidaridad como principio y no conoce en suelo propio de torturas ni de ejecuciones fuera de la ley.
Para mantener el fuego atizado, un día después del deceso del preso Tamayo, apareció Coco Fariñas, el nuevo candidato a “santo de la disidencia”, quien ha recibido la visita de funcionarios de la embajada española en La Habana y la propuesta de ese mismo gobierno de ser trasladado a su país. Los tutores europeos y norteamericanos “revolotean” alrededor de cualquier acción que pueda generar desconfianza hacia Cuba. Recordemos que en las mismas calles por las que caminaron las “damas de blanco” en días pasados, podía encontrarse con facilidad a Lowell Dale Lawton, segundo Secretario Político Económico de la SINA, Ingemar Cederberg, Ministro de la Embajada de Suecia, o a Volker Pellet, funcionario del gobierno alemán en La Habana.

Cuando el 23 de marzo El País informó sobre los acuerdos de la última reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en Aruba, y comentó sobre el aumento de la violencia hacia los profesionales de la información, señaló que “las conclusiones [del evento] incluyen una referencia directa a la situación de los derechos humanos en Cuba y al `calvario´ del periodista cubano Guillermo Fariñas”. Nada se dice en esta nota acerca de Honduras, donde en la semana anterior, dos periodistas habían sido asesinados por la cobertura de las protestas contra el golpe de Estado de junio de 2009.
Siguiendo la ruta de este plan de marcado matiz terrorista para la desestabilización de la Revolución cubana –aclaremos que los medios no han utilizado nunca el término “terrorista” para referirse a la campaña- aparece también la censura por parte de la empresa Google al blog del articulista y ensayista cubano Enrique Ubieta Gómez, quien ha denunciado el acoso mediático y ha descaracterizado a sus impulsores. La conjura duró poco, pues el blog fue restituido, al parecer, luego de los comentarios que comenzaban a suscitarse alrededor de la legitimidad de la tantas veces ponderada “libertad de expresión”. No convenía, pues, callar otra voz, por incómoda que fuere, cuando la prensa ataca a Cuba, empuñando, precisamente, el estilete de la “palabra libre”.
Una nueva artimaña se ha gestado en los últimos días por los promotores de la carta sin firmas: un llamado a los escritores y artistas cubanos a traicionar a la Revolución, una colección de aforismos sin sustento y más mentiras que se añade a la aviesa e inescrupulosa campaña contra Cuba.
El escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano emplazaba, a propósito de esta nueva embestida, a las publicaciones que han hecho foco en Cuba buscando encontrar solo defectos, y denunciaba que los grandes medios de comunicación “no hayan recogido en tantas páginas que dedicaron al terremoto de Haití, que el país que más médicos mandó fue Cuba, 1.000, y que los galenos haitianos recibieron la formación en el país cubano de forma gratuita”.
Galeano ha aportado además, una metáfora de contenido irrebatible: “contra Cuba se aplica una lupa inmensa que magnifica todo lo que allí ocurre cada vez que conviene a los intereses enemigos, llamando la atención sobre lo que pasa en la Revolución, mientras la lupa se distrae y no alcanza ver otras cosas importantes y que los medios de comunicación no hacen por informar”.
Mientras algunos nos acusan de malévolos criminales, como tantas otras veces, los cubanos hemos recibido el respaldo de los amigos del mundo. El documento En Defensa de Cuba, que denuncia la intromisión del Parlamento Europeo en los asuntos de la Isla ha sido respaldado, entre otros, por el presidente boliviano Evo Morales, el filósofo húngaro István Mészáros, el ensayista y periodista franco-español Ignacio Ramonet, el teólogo y escritor brasileño Frei Betto, el actor estadounidense Danny Glover, el cineasta boliviano Jorge Sanjinés, el historiador y profesor italiano Piero Gleijeses, la escritora argentina Stella Caloni y el Premio Nobel de Física ruso Zhores Alfiorov.
Asimismo, se suman nombres como Atilio Borón, Carlo Frabetti, Gianni Miná, Lucius Walker, Oscar Niemeyer, Ray Brown, Setsuko Ono, Belén Gopegui, Boaventura de Sousa, Horacio Cerutti, Ana Esther Ceceña, Thiago de Melo, Alfonso Sastre y François Houtart.
Nuevamente la ética y la razón ponen a prueba a los hombres y mujeres de bien. Eso que el intelectual español y Premio Rómulo Gallegos Isaac Rosa denomina la “hipervisibilidad de Cuba”, o lo que es lo mismo, la sobreexposición mediática que ha sufrido el país en los últimos años con la excusa de los derechos humanos, no ha logrado hablar en términos justos de la realidad de este pueblo.
Fuente y caricaturas: La Jiribilla
Dibujo: Iván LiraComo es sabido por todos, muchos lectores se limitan a leer los titulares de la prensa e ignoran el texto de las informaciones. De ahí que el recurso del titular es muy utilizado en las técnicas de desinformación. Veamos algunos casos recientes.
Son muchas las ocasiones en que un titular da por verdaderos hechos no probados y que sólo son interpretaciones de una parte en conflicto. Por ejemplo en este caso de un titular utilizado por Público para un teletipo de Efe (11-3-2010):
EEUU, 'preocupado' por los indicios de colaboración entre Chávez y las FARC . Mientras que se ha recurrido a las comillas para recoger el término “preocupado”, no ha sido así para la expresión “indicios de colaboración”, a pesar de que procede de una declaración del gobierno estadounidense, no es ningún hecho confirmado, Venezuela no ha dejado de negar esa colaboración. En el primer párrafo de la información queda claro: “El jefe de la diplomacia de EEUU para América Latina, Arturo Valenzuela, ha dicho que existen indicios de cooperación de Venezuela con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)”.
De este modo, de las dos valoraciones del gobierno estadounidense, la primera se da por ser un hecho real (colaboración Chávez-FARC) y la segunda (preocupación) la cita entre comillas. Así cualquier lector comparte la posición estadounidense, todos nos preocuparíamos si esa colaboración fuera verdad, lo que sucede es que eso está por ver. Yo también me preocuparía por una colaboración entre Obama y Al Qaeda, pero también eso está por demostrar.
El 9 de marzo hubo un titular de la agencia Ap muy utilizado en los medios internacionales: “Lula pide respeto a Cuba ante detención de disidentes” (Univisión, El Nuevo Herald...). Se trata de un titular confuso porque alguien podría entender que quien había faltado al respeto era Cuba y era al gobierno cubano a quien le estaba solicitando que respetase a los “disidentes”.
El primer párrafo aclara algo: “El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva pidió el martes respeto a las determinaciones de la justicia cubana en la detención de disidentes que se declararon en huelga de hambre, uno de los cuales murió”. Ya podemos apreciar que a quienes acusa de irrespeto es a los que criticaban al gobierno cubano. Pero mantenía un elemento engañoso: el uso del término “disidentes”. Porque leyendo todo el texto se observa que el presidente brasileño nunca considera disidentes a los presos cubanos. Basta ver esta cita: "Yo pienso que la huelga de hambre no puede ser utilizada como un pretexto de derechos humanos para liberar las personas. Imagine si todos los bandidos que están presos en Sao Paulo entraran en huelga de hambre y pidieran libertad". Y esta otra: “no puedo cuestionar las razones por la cuales Cuba los detuvo, como tampoco quiero que Cuba cuestione las razones por las cuales hay personas presas en Brasil".
Por tanto el titular era malicioso porque tenía como objetivo insinuar que Lula aceptaba que se encarcelase a disidentes y se quejaba de que por ello criticaran a Cuba. Algo que era mentira, la consideración de disidentes era cosecha de la agencia.
En algunas ocasiones la manipulación es tan burda que despierta sonrisas. En los dos casos siguientes, “unos pocos miles” son “escasa asistencia” en el titular; y “decenas” se convierten en un “baño de multitudes” cuando están en el título.

Pascual Serrano*
*Pascual Serrano es periodista. Su último libro es
“Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo” .
Fuente: Rebelión
Koldo Campos SagasetaFascinantes las crónicas que los medios de comunicación transcriben sobre los repetidos accidentes de los helicópteros estadounidenses en Iraq.
En estos días leía en El País que “dos helicópteros militares de los EEUU se han estrellado mientras aterrizaban en una base al norte de Bagdad y en el incidente pereció un soldado iraquí y han resultado heridas cuatro personas más”.
No es que uno dude de que se hayan estrellado los helicópteros pero, aunque parezca de perogrullo, se supone que la función para la que se han diseñado esos aparatos es volar, no estrellarse. Si ocurre que se estrellan, alguna razón habrá para que así sea. Tal vez que se quedaron dormidos los pilotos, una falla mecánica, que el de la torre de control había ido al servicio o que, digo yo, tratándose de un país en guerra y existiendo una resistencia armada, pudieran haber sido derribados.
Hasta el ejército estadounidense me da la razón párrafos más abajo cuando afirma que "de momento no se cree que (el incidente) se haya debido a fuego enemigo". Es decir que, pasado ese “momento”, sí podría creerse que los aparatos fueron derribados.
Lo que no acabo de entender es que resultaran heridas cuatro personas. Y tampoco es que dude de que haya sido así, pero no entiendo a qué cuatro personas se refería la crónica. Se nos habla de un soldado iraquí muerto, al que la crónica no clasifica como persona y que, supongo, iba en uno de los helicópteros. ¿Y las cuatro personas heridas? ¿Se trataba de un grupo de animadoras que habían salido con sus pompones a recibir los helicópteros cuando éstos les cayeron encima? ¿Eran turistas a bordo de los helicópteros de gira por Bagdad? ¿Eran familiares del soldado muerto? ¿Nadie tripulaba los helicópteros?
La respuesta, en cierto modo, también aparece unas cuantas líneas más abajo. Podría tratarse de “dos integrantes de la coalición militar que opera en Iraq, encabezada por Estados Unidos y de otros dos soldados iraquíes”.
Elocuente derroche el de El País para referirse a los heridos. Los iraquíes son soldados, y lo son a secas. Ellos no forman parte, al parecer, de coalición alguna. Los estadounidenses sí son “integrantes de la coalición militar que opera en Iraq…”.
Yo no esperaba que El País los fuera a definir como fuerzas de ocupación o invasores. Menos aún terroristas, por más terror que sigan sembrando en ese país, pero llamarlos militares estadounidenses no me parece fuera a ofender bolsillo alguno cuando, además, otras veces se les ha escapado la nomenclatura. Cualquier cosa antes de “integrantes de la coalición militar que opera en Iraq”, coalición, por cierto, que tampoco ocupa o invade, sino que opera.
El último párrafo, todo un alarde de memoria, despeja cualquier duda.
“El pasado 18 de septiembre (hace menos de un mes) siete soldados estadounidenses murieron a causa de un aterrizaje forzoso de un helicóptero Chinook CH- 7 a unos 100 kilómetros al oeste de la población sureña de Basora.”
Fuente: Rebelión