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02 mayo 2010

Uruguay: Dos pactos, cuatro tesis




El nuevo progresismo

A l@s que murieron con la mochila puesta.

Sus dos primeros hijos han sido los pactos, el del Conrad, firmado con la llamada “clase empresarial”, que se apropia de alrededor del 40% del ingreso nacional, y el de Durazno, contraído con el conocido “brazo armado”, el mayor beneficiario del presupuesto nacional.

El “pacto del Conrad” despertó los más entusiastas aplausos en los círculos aúreos del Plata, porque ha espantado dudas y temores, porque ha ofrecido garantías a la reproducción ampliada, “venid y haced la vuestra” fue la invitación extendida a las patronales en presencia de dirigentes sindicales y políticos, aplausos de buenos entendedores a quienes pocas palabras bastan.

Al Conrad se llegó recorriendo un camino de acercamientos, exploraciones, tanteos, gestos y señas como al truco, reconciliaciones, viajes en avión y bandas presidenciales pagados por el responsable de persecuciones sindicales varias, travesías en BUQUEBUS que presagian futuros viajes por la galaxia, almuerzos en la mesa puntaesteña de Libermann, heredero del maffioso Yabrán y padrino de Menem. De pragmatismo está empedrado el camino de la conciliación.

El “pacto de Durazno”, por su parte, fué aplaudido por los mandos en ejercicio, los círculos de retirados militares y la más rancia derecha nacional, exorciza sentimientos de culpa en quienes hoy ocupan los más altos cargos de la democracia formal luego de haber conspirado contra ella en 1963, cinco años que Pacheco rompiera la legalidad permitida, cuando todavía funcionaba a pleno la formalidad democrática del “Uruguay Batllista”. En propios y ajenos, el acto de exorcismo trajo asombro, sorpresa y desconcierto, en particular por la iniciativa de excarcelar, contra viento y marea, a los viejos asesinos y violadores que comandaron los crímenes del terrorismo de estado.

Aunque tenga sus raíces en 1972, batallón Florida, el viaje de ida a Durazno comenzó a principios de lo ’90 en secretas reuniones con oficiales del servicio de inteligencia del ejército, pasó por conversaciones amistosas con Gilberto Vázquez, por la defensa de los asesinos del asesino Berríos, por la cerrada negativa a anular la ley de caducidad y por vaya a saber cuántos hectolitros de alcohol, transas secretas y acuerdos vergonzantes. Si algo no se ocultó fueron las intenciones de olvidar y perdonar, de poner punto final a la lucha por verdad y justicia, que cada demonio perdone al otro su mochila de pecadillos y excesos cometidos, cambalache donde todo es igual, la tortura masiva y las desapariciones forzosas que la ejecución del maestro de verdugos Dan Mitrione.

En el frenteamplismo los pactos han provocado las más dispares reacciones, desde hacer la del ñandú o apasionarse justificando lo injustificable, hasta pretender fundamentarlos en una misteriosa estrategia de acumulación revolucionaria. A muchos parecieron inverosímiles, sorpresivos, pero no nacieron de un repollo, no los vieron venir solamente quienes tenían cerrados los ojos, los dos pactos son simplemente la concreción consecuente de elaboraciones previas que pueden resumirse en cuatro tesis:

1) en primer lugar, la que afirma que el socialismo sólo será posible en aquellas sociedades donde el capitalismo haya arribado al reino de la abundancia, es el presupuesto político que sirve de basamento a la estrategia de desarrollar el capitalismo subdesarrollado como etapa previa al socialismo. Presupuesto teórico nada novedoso, ha sido históricamente compartido por los partidos socialdemócratas del mundo entero para postergar “ad infinitum” la lucha revolucionaria. Falacia y falsificación ideológica, salvo en los países imperialistas, trabajadores y empresarios unidos para someter a los trabajadores de los países sometidos, el desarrollo del capitalismo no conduce al reino de la abundancia de bienes materiales sino, por el contrario, lleva directamente al infierno de más desocupación, más exclusión y más marginación.

2) En segundo lugar, como Uruguay carece del capital inicial necesario para un proyecto de capitalismo nacional, se propone llenar ese vacío con inversiones transnacionales. Esta tesis promete un paraíso con puestos de trabajo para todos, absurda trampa intelectual en la que dejan el cuero hasta los más zorros. En realidad la inversión de capital extranjero significa simplemente más botnia, más portucel, más aratiri, más iirsa, más triple play privado, más cuentas vidrio por tierra y subsuelo, más exportaciones sin valor agregado, más exoneraciones fiscales y, hiperecuación de la tasa de ganancias mediante, más desocupación, más trabajo precario, más hambre y miseria.

3) Con el objetivo de lograr un clima de paz social y tranquilidad política que ofrezca las mejores condiciones para los negocios y la rentabilidad, la tercer tesis imagina la construcción de un gran movimiento que trascienda los límites de todo lo conocido, abracémonos pues por encima de las diferencias de clase y de las partidarias, cantemos a coro el himno de la refundación nacional y vayamos concretando con “políticas de Estado” el Uruguay treinta años más viejo. Adiós barra chica, adiós barra freanteamplista, a volar por los espacios siderales embarcado en la misma nave que otrora supo conducir Juan Domingo Perón.

4) La cuarta tesis, la última por ahora, parece pesadilla de calabozo. La tarea de refundar la Nación precisa del basamento organizado y armado de las fuerzas armadas, esas cuya existencia aparece nuevamente cuestionada, pero que son muy eficientes en la suplencia de las tropas yanquis en Haití y el Congo, dejándolas libres para puedan ejercer su función genocida en Irak y Afganistán. A estas fuerzas armadas, falsamente denominadas nacionales, les tocan dos tareas en territorio uruguayo, por una lado recuperar simpatías participando en “acciones cívicas”, las mismas cuyo contenido ha develado repetidas veces el compañero Víctor Licandro y, por el otro, continuar disuadiendo y previniendo rebeldías de esos mismos cuya simpatía requieren. Los promotores de la refundación “a la uruguaya”, siempre le han dado mucha importancia a sus relaciones con el terorrismo de estado, perciben que el éxito de su proyecto nacional depende del respaldo de las fuerzas armadas, después de todo, comentan en corrillos, Hugo Chávez no habría logrado hacer todo lo que hizo sin el apoyo del ejército venezolano...




El tercer pacto

El consentimiento masivo, la creencia ciega y los oídos sordos definen la coyuntura política, aunque ello no sea de nuestro gusto, son las características principales de esa multitud variopinta que marcha hacia la tierra prometida siguiendo a sus profetas, el elemento subjetivo que hace posible los pactos con la clase dominante y la casta militar, pues sin tan impresionante apoyo popular serían imposibles acuerdos tan escandalosos como los acordados en el Conrad y Durazno.

La barra de los luchadores políticos, organizados en varios partidos, conforman la columna que vertebra esa multitud en marcha, fervorosamente convencidos de ser garantía del cumplimiento del tercer pacto, la alianza con los asalariados empobrecidos, hasta ahora promesa electoral más que pacto. A pesar de que llevan un par de lustros tragando monstruosas pastillas y agachándose hasta el suelo para abrazarse con espeluznantes culebras, son el reclute más calificado desde 1990 a la fecha, porfiadamente reproducen el mensaje de los profetas, pero también son los que han sabido vestir con teoría política el giro hacia la socialdemocracia, le aportan solidez a la marcha de la turbamulta inorgánica y constituyen otro de los rasgos principales de la coyuntura.

Durante el primer gobierno frenteamplista se afiliaron a la tesis “gobierno en disputa”, disputarle el control a los sectores de derecha del Frente. Se proponían la restauración del programa popular y, para ello, luchar por la conquista de la colina coordinadora primero, luego la colina plenario y finalmente el cerro Congreso. Hay que reconocer que esas barras no tan chicas alcanzaron su objetivo, revirtieron la correlación en las internas y triunfaron en las elecciones nacionales, son mayoría en todos los terrenos, en el aparato orgánico, en las bases populares y en el campo electoral.

Derrotada la derecha, de adentro y de afuera, no les quedaba nada más que disputar, ahora sí el gobierno frenteamplista era “su” gobierno, la instalación del nuevo presidente debiera haber significado la puesta en práctica de políticas de redistribución del ingreso, anulación de la ley de caducidad, de defensa de las empresas públicas, etc. Pasada la hora de “disputar”, estaba sonando la de hacer, pero ¡oh, sorpresa! el candidato de la izquierda frenteamplista se transformó en presidente de la derecha frenteamplista, reafirmando públicamente, reiterada y descaradamente, que continuará la misma política económica del gobierno anterior que, a su vez, continuaba la de los que lo precedieron. Hasta los más sordos entienden.

Aún así, los luchadores políticos, viejos y nuevos, están aceptando las nuevas e increíbles explicaciones, se comen pastillas cada vez mayores y las culebras que abrazan son cada vez más fieras. El cumplimiento del tercer pacto, el pacto con el pueblo, postergado hasta que no ardan las velas: continuará la contrarreforma agraria y la distribución del ingreso seguirá favoreciendo a los más privilegiados, seguiremos siendo los mejores pagadores de deuda externa del mundo, la verdad y justicia vuelve a ser forzosamente desaparecida, los funcionarios públicos reclaman salario y el presidente se ofrece como intermediario frente a su propio gobierno (¿), las cárceles al ministerio de defensa reeditando la experiencia del EMR No.1, la educación sigue esperando...

Entonces aparece otra tesis, fresquita ella, que propone “influir” sobre el nuevo gobierno, o sea, como el presidente, pese a ser producto de los esfuerzos de las barras chicas no de pelota, hay que presionarlo para que cumpla con la parte del discurso “te digo una cosa”. Hay que “influir” para que no “haga la otra cosa”, excarcele a los viejitos asesinos, olvide su promesa de transformar en colonias 250.000 hectáreas de buenas tierras, las soluciones habitacionales queden en proposiciones electorales, y la “lucha contra la pobreza” perezca de inanición en el continuismo que anunció la nueva ministra de desarrollo social. En definitiva, el “influir” sustituyendo al “disputar” simplemente como recurso ideológico para no pensar en terminar con el sistema, en luchar por la emnacipación social.

Catecismo y herejía

Capítulo aparte merecen los que sobrevivieron a la primer derrota, la del ’72, que salieron erguidos de los calabozos en 1985, pero vienen perdiendo por goleada en esta otra derrota, la segunda, la más profunda, la que está quebrando convicciones hasta en los más viejos guerrilleros, los que se comían los niños crudos, los que nos convocaron a dar la vida por la revolución... y muchos la dieron nomás, aunque ahora se tenga el atrevimiento de descalificar su memoria, arrojando dudas sobre si estaban o no en lo cierto al luchar por la revolución social ¡Vaya descaro!

Se está ofrendando nuestra historia en el altar de los pactos con la clase dominante y sus milicos. Sin embargo, es tan absurdo negar la historia, negar lo que está en las pruebas documentales, en los discursos entre 1985 y 1994, en las entrevistas y documentales donde se asumía el pasado guerrillero para recaudar fondos en Europa... que, mejor, ni hablar!

Francamente creo que esta negación de sí mismos, esta especie de autodestrucción del guerrillero que fueron, es el comienzo de la tercera derrota, la derrota de los que se han adscripto a las instituciones liberales, que están conciliando a troche y moche.

Son muchísimos los que todavía siguen presos de fidelidades y emociones, se han vuelto defensores irracionales de la camiseta, pero la mayoría conservan la capacidad de pensar críticamente, algunos más, otros menos, pero se mantiene la costumbre de analizar los acontecimientos a la luz de sus conocimientos de la economía política y las ciencias sociales, del marxismo. Los más conservan calor de brasas en sus corazones y, aunque hayan entrecerrado sus párpados, confío en que serán los primeros en desengañarse. En realidad, si no fuera por la confianza en la resurrección del pensamiento crítico, no tendrían sentido estos y otros análisis que ensayo comunicar públicamente. Escribo pensando en ellos. Pensando en ellos recuerdo que la lucha contra la pobreza que promovió Raúl Sendic, estaba ligada al no pago de la deuda externa, a la reforma agraria y la estatización de la banca... al homenajear su memoria, está muy mal justificar la bajada del carro silenciando, omitiendo y tergiversando el programa propuesto por el fundador de la guerrilla tupamara como condición imprescindible para combatir la pobreza.

La lucha contra la pobreza no puede desconocer la naturaleza salvaje del capitalismo, creador de miseria para los asalariados, incapaz de traer prosperidad a los pueblos, barbarie que nadie ha podido evitar a lo largo de la historia y nada indica que el nuevo progresismo vaya a ser la excepción; más allá de la excelencia de los amortiguadores que gobiernan el país, el proyecto obvia el hecho de que los intereses de clase son más fuertes que la amortiguación política... esta es una pintura dibujada con pinceladas esquemáticas es cierto y, por supuesto, con colores herejes, pero, sin embargo, está claro que es materialmente imposible formar una nueva sustancia uniendo el agua con el aceite, el verso de la “unidad nacional entre asalariados y patrones para terminar con la miseria” es eso, un verso, no más.

La opción por influir en el gobierno desde adentro, más allá de la voluntad humana, implica la aceptación de esas cuatro tesis teóricas y de los dos pactos que fundamentan. Pactos y tesis imposibles de ignorar, están ahí, hechos sólidos y contundentes, presentes en los discursos de todos los días y en los documentos de congresos y plenarios, concepción socialdemócrata y la estrategia conciliadora de clases, es la práctica cotidiana conque nos gobierna el “nuevo progresismo”.

Puedo parecer un estúpido a los lectores de “Hervidero”, explicando la letra ”A” del abecedario, lo ya evidente de por sí, lo que no necesita explicación, pero todo indica que se cumplirán los pactos con burgueses y asesinos mientras que la alianza con el pueblo asalariado y empobrecido será nuevamente postergada.

Por supuesto, el catecismo progresista se renovará con nuevos versículos... que los recite quién quiera y quién quiera se haga cómplice de la postergación de la lucha. La opción es ideológica, sigue siendo entre contribuir a adormecer las consciencias o luchar por esclarecerlas. ¿Quién influye más sobre el presidente, el pacto con los burgueses del Conrad o el discurso “entre amigos” del cementerio de La Teja? ¿Quién influye más en su cabeza, el reconfimado pacto con los milicos o la “presión” cuerpo a cuerpo de Familiares?

Del punto de vista de la herejía se puede sospechar que los profetas estén caminando hacia el agujero moralmente más negro de toda la galaxia, cosa que no percibe ni interesa a la hinchada que los acompaña en su andar laberíntico, pero que debieran analizar quienes poseen la experiencia necesaria para hacerlo, cuesta hacerse a la idea de que tantos hermanos y tantas hermanas estén aceptando conscientemente tanto el pacto del olvido y perdón como el que decreta a la burguesía en libertad para su cacería... ¿en aras de qué?

Jorge Zabalza





12 febrero 2010

AMORTIGUADORES





por Jorge Zabalza

Un ex-guerrillero tupamaro se colocará la misma banda presidencial que antes lucieron tantos prohombres del sistema, un hecho insólito realmente, con múltiples repercusiones, pues, por supuesto, significa una cosa para el pueblo asalariado que votó masivamente al Frente Amplio y otra, muy diferente, para los sectores que manejan la producción nacional, que sólo excepcionalmente lo votaron. Para otros, además, a la luz de la larga historia de la cofradía tupamara, el acontecimiento está preñado de significaciones muy personales y emotivas. Creo que deberé extenderme mucho más de lo permitido por los pocos medios escritos que pudieran publicar una columna de esta índole, no escribo por consiguiente para publicar el testimonio si no, simplemente, para lanzarlo a ese espacio donde Bill Gates hace su negocio y vigila la mirada atenta de la CIA, pero que permite sembrar gérmenes de herejía y escapar a panópticos y censuras criollas.

Un poco menos pobres

Hay más trabajo, comentan mis vecinos de Santa Catalina. Como sufrieron en carne propia la crisis del 2002/2003, sin necesidad de estadísticas, de sólo conversar en el barrio y en el ómnibus, hoy perciben que la población que trabaja llegó al millón y medio de personas, que la tasa de desempleo alcanzó sus mínimos históricos y el salario real se incrementó en los últimos cinco años. Además, por otra parte, reflejan la sensación generalizada de estar más protegidos por algunas de las leyes laborales aprobadas en el gobierno frenteamplista, como los consejos de salarios, las negociaciones colectivas y el fuero sindical.

“No había trabajo con Jorge Batlle, hay trabajo con Tabaré Vázquez”, ecuación sencilla y contundente, compartida por ese 12% de montevideanos refugiados en los asentamientos, fundamento más que suficiente del optimismo que reina entre los trabajadores empobrecidos desde que ganó Mujica. Sin embargo, una serie de datos y consideraciones sugieren que deberían ser más cuidadosos a la hora del entusiasmo:

UNO: más del 70% de los trabajadores ganan menos de 4.800 pesos, suma que les sirve para estar exonerados del IRPF, pero que no alcanza para cubrir las necesidades elementales. Los salarios y jubilaciones actuales son menores que los de 1997/98. Seguramente el bajo poder adquisitivo de los salarios, sea la razón para que el 62% de los trabajadores industriales haya sido expulsado hacia el cinturón irregular de Montevideo.

DOS: según las cifras oficiales, del millón y medio de personas que trabajan, unos 600.000 (el 40%) lo hacen en condiciones de precariedad, ya sea porque trabajan menos horas de las que aspiran o porque no tienen cobertura de la seguridad social, son los que lavan parabrisas, venden en la calle o son esclavizados por las empresas de seguridad y limpieza.

TRES: los niños no alcanzan a ser un 30% de la población del Uruguay, pero son la mitad de la población que vive por debajo del límite de pobreza; coletazo de lo anterior: uno de cada cinco niños ingresa a las escuelas con problemas de talla, raquitismo o bajo coeficiente intelectual; uno de cada cuatro escolares no termina sexto año, y uno de cada cuatro adolescentes no hace educación secundaria. Estas cifras se mantienen estables desde los ’90, el Uruguay es un país de viejos, pero en Uruguay la pobreza es infantil, es decir, el futuro es pobre.

CUATRO: la tasa de desempleo no llega al 8% de la población activa del Uruguay, pero el 22% de los jóvenes no tienen trabajo y el 40% de los que ingresan a liceos y escuelas industriales abandonan antes de tercer año. El Uruguay del siglo XXI discrimina a sus jóvenes, no sólo porque los hace vivir en barrios socialmente marginados, sino porque también los ha confinado tras las alambradas de un ghetto educativo, cultural e intelectual.

CINCO: El Instituto Nacional de Estadísticas dice que hay 100.000 pobres y 35.000 indigentes menos que en el 2003, cifras calculadas a partir de considerar como pobres solamente a quienes tienen ingresos menores a 4.732 pesos, falsificación intelectual muy grosera. Esas cifras no resisten el análisis de la evolución de la pobreza en Montevideo: en el año 1999 el 16,2% de los montevideanos estaban por debajo de la mentada “línea”; en el 2004 la cifra había crecido al 32% a consecuencia de la crisis del 2002, luego, en el 2007 disminuyó al 26,5% de la población capitalina y siguió haciéndolo hasta hoy, pero aún así, en el 2009 los pobres eran todavía un 8% más en 1999. Para ser exactas y sinceras, las cifras oficiales deberían decir: “la pobreza es menor que en el 2003, pero mayor que en 1998, antes de la crisis”.

Estas cifras permiten aproximarse a las condiciones reales en que vive el pueblo asalariado, claro que, por razones obvias ellas estarán siempre ausentes en el discurso de la derecha, que no tiene interés en develar la realidad social, sino sus consecuencias (inseguridad, delito), pero resulta extraño ver como ahora han sido dejadas de lado por el discurso frenteamplista que siempre las denunció públicamente. Es innegable que los asalariados apoyaron electoralmente a los candidatos del Frente, pero también es cierto que les pasa desapercibida su verdadera situación socioeconómica y consideran un privilegio contar con laburo, aunque sea en la precariedad absoluta, mal pagos y saliendo para el trabajo con las patas embarradas de los barrios sólo recordados por la crónica policial.

A los ricos les va mejor que nunca...

Las cifras macroeconómicas reciben felicitaciones de los organismos financieros internacionales y las empresas consultoras de riesgo: el PBI anduvo por los 25.000 millones de dólares en 1998 y creció hasta alrededor de 32.000 millones para los años móviles de fines del 2008 y comienzos del 2009. Este crecimiento es repercusión local del auge mundial del capitalismo, arrastrado principalmente por la locomotora china, antes roja y popular, cuya producción y consumo continúan cuesta arriba pese a la crisis del capital especulativo. La bonanza sostuvo la demanda y los precios de los “commodities”, fenómeno que en el Uruguay se tradujo en el crecimiento explosivo del modelo forestal, sojero y ganadero. El Ministro de Economía exclamó con algarabía que creció la torta, ¡al fin!, olvidando aclarar que ese crecimiento no era sólo fruto de sus desvelos, esfuerzos e inteligencia.

Sin embargo, macroeconomía brillante no quiere decir justicia en la redistribución del ingreso, precisamente, puede ser todo lo contrario: en el trienio 2005, 2006, 2007 los asalariados recibieron un 20% del ingreso nacional, mucho menos que en los años que van de 1997 a 1999, cuando en el reparto les tocaba el 30% de la torta. El reconocido economista frenteamplista Jorge Notaro, prestigioso investigador de la Facultad de Ciencias Económicas, calcula que las familas asalariadas han perdido unos 1.700 millones de dólares por año en beneficio del capital. Un proceso semejante sufrió la parte del ingreso nacional que va a los jubilados: entre 1997,98 y 99 el gasto del BPS representaba un 10% del producto, mientras que en 2005,06 y 07 se redujo al 8%. Quiere decir que la riqueza producida es mucho más grande que antes de la crisis del 2002, pero que alguien se está apropiando de una parte cada vez mayor de lo que produce la sangre, sudor y lágrimas del pueblo asalariado.

Nunca les ha ido tan bien a los ricos como ahora, reconoció en BÚSQUEDA Eduardo Bonomi, mano derecha del nuevo presidente. Parafraseando los dichos de un anarco amigo de Roger Rodríguez, puede afirmarse que el estilo de repatir la torta que tiene Astori, hace que los ricos sean mucho más ricos y los pobres sean un poco menos pobres. Con el gobierno progresista, los dueños del Uruguay hacen buenos negocios, aumentan sus ganancias y se les promete hasta el cansancio “estabilidad para las inversiones”, frase que en criollo significa “mantener estable la desigualdad”, sin embargo, protestan airadamente, pero es de puro reaccionarios, no porque tengan un motivo claro.

La mayor riqueza de los ricos está ligada al desarrollo explosivo del modelo “país proveedor de soja, carne y celulosa en el mercado mundial”, modelo que no está en el programa del Frente Amplio pero es el proyecto de país productivo de los inversores extranjeros y que, aunque duela a los feligreses, está protegido por la política económica del gobierno frenteamplista. ¿No es con ese fin que se invierten fondos públicos, financiados por el Banco Mundial, para ampliar el puerto de Montevideo y en tender vías férreas hasta las plantaciones forestales?. El proyecto nacional con que se llena la boca Danilo Astori queda seriamente cuestionado por la realidad.

Son extranjeros los dueños de la producción agropecuaria, la principal riqueza del Uruguay: 1) el frigorífico brasileño Marfrig monopoliza el 40% de la faena uruguaya de carne, base económica del latifundio criollo; 2) el capital brasileño (Camin SA) también controla el cultivo, acopio, industrialización y exportación del arroz uruguayo; 3) cincuenta y cuatro plantadores, extranjeros off course, acaparan la mitad de la producción de soja en Uruguay: compraron tierra a mitad del precio que tiene la argentina, acá están libres de control sobre los agrotóxicos y transgénicos y las exportaciones (el 95% sin industrializar) no pagan ningún impuesto, es tan buen negocio que el área sembrada se extendió de 30.000 hectáreas a medio millón en menos de ocho años; 4) de la celulosa mejor ni hablar: la empresa UPM instalada en la zona franca de Fray Bentos se lleva 500 millones de dólares al año sin pagar un peso de impuestos; 5) ahora le toca el turno a la lechería, flor de la Banda Oriental, que está siendo invadida por capitales extrajeros de varios pelos, principalmente brasileros y estadounidenses; 6) en el período que abarca desde el año 2000 al 2008 la propiedad del 30% de la superficie agropecuaria del Uruguay cambió de manos, 5.081 millones de hectáreas fueron compradas y vendidas y, en su mayoría, fueron a parar a manos extranjeras. La soberanía nacional queda bastante maltrecha, sus heridas se abren a la vista y paciencia de todos, el silencio conciente lo que ya han consentido presidente, ministros y parlamentarios frenteamplistas. ¡Malinche sigue cambiando riquezas por cuentas de vidrio!.

A los ricos que están mejor que nunca no les movió un pelo la llegada de un tupamaro a la presidencia, nadie salió corriendo espantado hacia Miami o Madrid, los “operadores” empresariales de Mujica (López Mena, Libermann), todo lo contrario, concurrieron en masa al acto del Conrad, Punta del Este, pagando 100 dólares por el cubierto y el derecho a hacer una pregunta. Se sienten seguros de Mujica, será un buen administrador general de sus negocios y su predicamento entre las masas empobrecidas es útil para que todo siga igual. Saben que el nuevo equipo económico implementará las mismas políticas liberales que el Fondo Monetario Internacional recomienda hace treinta años, y saben demasiado bien que su riqueza y su poder no están cuestionados en lo más mínimo.

Amortiguador de primera.

Del lado de la justicia, los que el sistema excluye y condena, cuyas filas engrosa el capital al reproducirse, un ejército sin otra salida que liberarse del sistema, pero que, sin embargo, aunque la emancipación social les sea necesaria para recobrar la condición humana, actualmente no ven la necesidad de luchar por ella, los hábitos de vida precaria acumulados por generaciones crearon la cultura de no pensar más allá de la “diaria”, es imposible que piensen en el largo plazo, la política no es para ellos herramienta transformadora, sino un medio para sobrevivir, como la changa, la manga o el requeche.

Del lado de la injusticia está la clase propietaria, aunque no se sientan amenazados, no dejan de tener una especie de temor congénito a las revoluciones, la política para ellos es el arte de conservar sus privilegios y su poder económico, trabajan por la “unidad de la familia ideológica” y, para el futuro, por si las moscas, apuestan a un Piñera, un Macri o un Sarkozy, o incluso, pensando en que la república liberal puede dejarles de servir algún día, sueñan con la resurrección del pachecato o un golpe a la hondureña ¡ellos sí que tienen estrategias a largo plazo!.

Ahí están, como siempre... el rico con su riqueza y el pobre con su pobreza, el gallo rojo y el gallo negro prestos a reeditar su lucha eterna, dos ejércitos que se miran con recelo y velan sus armas, a la espera de la lucha final. “Amortiguación política de los conflictos sociales” fue el concepto que don Carlos Real de Azúa usó con acierto para describrir el modo “pacífico y pacificador” de dominación, el que introdujo el batllismo a principios del siglo XX con el fin de postergar el choque frontal entre los dos ejércitos. Amortiguar es una estrategia funcional al capitalismo.

En el momento de fijar el monto del salario, la clase propietaria ejerce su poder de manera descarnada y los asalariados intentan recuperar una ínfima parte de lo que produjeron, es precisamente en ese momento que cobra sentido la amortiguación política, cuando los poderosos sustituyen el empleo de la fuerza represiva por múltiples mecanismos de mediación y negociación, su estrategia es desgastar y licuar la resistencia de los asalariados evitando la radicalización de la lucha de clases, jamás conveniente para quienes tienen todo que perder.

Un par de vueltas de tuerca más adelante, la historia del Uruguay Batllista se está repitiendo en sus aspectos esenciales: para obtener el consentimiento de las víctimas del sistema, el Uruguay Progresista ha desarrollado los métodos más modernos de alienación política: la actuación de los caudillos en el escenario televisivo, instrumento idóneo para distorsionar la conciencia de los asalariados, manipular la opinión pública, juntar votos a lo bobo y ganar elecciones sin debatir ideas y programas. Se buscaban grandes actores políticos capaces de limar las asperezas más insufribles, el progresismo los encontró.

El presidente ex-guerrillero es el presidente de los barrios al norte de Avenida Italia, los resultados electorales están tan “territorializados” como la pobreza, mis vecinos de Santa Catalina sienten que de ellos llegó a las alturas, la impronta del recién elegido los lleva a creer que ahora están mejor representados que antes, tal vez por eso no le exigirán que haga revolución alguna, apenas le reclaman unos pesitos más, tal vez la tentativa de construir viviendas y reírse con alguno de sus dichos de boliche de piso de tabla. Mujica no disfrutará de la bonanza que gozó Tabaré Vázquez, lo puede agarrar la réplica del terremoto mundial y, durante los dos primeros años, deberá pagar 100 millones de dólares por día de los servicios de la Deuda Externa, pero Danilo Astori tiene recursos para obtener fondos para repartir, haciendo menos miserable la miseria de marginados y excluídos sin cambiar la exclusión y marginación para nada.

Aplauden los inversores en el Conrad, los funcionarios del Banco Mundial y el FMI, el embajador yanqui, hasta aplauden Sanguinetti, Lacalle y Bordaberry haciendo que uno se pregunte para qué elecciones si todos tienen idéntico proyecto nacional, pero, por sobretodo, Mujica es depositario de la confianza política de los sectores más empobrecidos de la sociedad, todo está dado para que sea el más eficiente amortiguador de la historia, superando por varias cabezas a Luis Batlle y Wilson Ferreira.

El costo ético y moral.

Para que la amortiguación política funcione aceitadamente, sus gestores deben dar garantías de las mejores relaciones con las fuerzas armadas y policiales. Los operadores de la conciliación de clases no pueden estar en la vereda de enfrente del aparato represivo, sujetos a espionaje y pasibles de ser reprimidos, por eso además de sentarse a la mesa con las cámaras empresariales y los organismos financieros internacionales, hay que abrazarse con los uniformados de toda laya y color.

De la necesidad política de vincularse a los mandos militares y policiales, surge la concepción de “olvido y perdón”, eje del actual pensamiento político del progresismo con relación al terrorismo de Estado. Hubo además quienes se encargaron de la impúdica tarea de asumir la defensa de la impunidad, no sólo la de los “viejitos” criminales de los ´70, si no también la de los asesinos de Morroni y Facal en Jacinto Vera. Además intentaron impedir que fueran juzgados quienes mataron a su compinche chileno Berríos.

Entonces... ¿cómo extrañarse de que, en plena democracia progresista, los militares y policías uruguayos repriman y violen derechos humanos en Haití y Punta del Este, en cárceles, comisarías y esquinas de Montevideo? Son hechos que hieren las pupilas, ni los más creyentes en la nueva religión pueden ignorar lo que ocurre delante de sus narices. Para nosotros, sería imperdonable callar la boca.

”El policía... detiene a una persona... porque está convencido de que está a punto de cometer un delito”, Eduardo Bonomi deja caer esa frase en BUSQUEDA, pretendiendo justificar los desmanes de la jueza y la policía de Maldonado. Explica que como ministro castigará al que esté “pensando en cometer un delito” aún antes del acto que infrije la ley, ya Mussolini había otorgado a los jueces esa potestad, casi que divina, de juzgar las intenciones en lugar de atenerse a los hechos, precisamente por eso les decían fascistas al Duce y sus magistrados. Ahora se les concede idéntica potestad a esos policías criollos que todos conocemos, con su falta de preparación en general y de honestidad en particular... es evidente que se está dispuesto a asumir las responsabilidades por los “errores y excesos” que puedan ocurrir.

Como no los hay a la vista, la derecha fabrica un enemigo: los delicuentes, en particular la emprenden contra los delitos contra la propiedad y el narcotráfico. Lo grave es que el progresismo se suba tanto al carro que tiran por la borda principios elementales del derecho penal, si la mano dura fuera la de Lacalle o Bordaberry se pensaría que están preparando futuras represiones contra el pueblo, pero con este gobierno ex-guerrillero resulta difícil ubicar el objetivo de asumir esas concepciones tan represivas y reaccionarias. Cabe recordar que este gobierno los polícías fueron los únicos empleados públicos que recompensados con un aumento salarial del 100%, como si se estuviera haciendo méritos con alguien.

”El sistema tiende un cerco sobre el peón o el pequeño productor rural y los obliga a emigrar, para hacinarse en las grandes ciudades. El sistema arroja a la desocupación a un sector en aumento de la población. Si busca defenderse con la venta callejera, el sistema lo persigue. El sistema enseña a robar y matar desde la televisión. A la delincuencia la crea una clase social, pero afecta a toda la población. Para terminar con la delincuencia hay que terminar con el sistema”, palabras de Raúl Sendic que no admiten equívocos: en lugar de rejas y palos, terminar con el sistema.

El momento histórico lo define muy bien Raúl Zibechi: como el dominio económico de los EEUU rueda barranca abajo, como las reservas de petróleo de Venezuela y Brasil desalojan a Medio Oriente del primer lugar, la mira del imperialismo apunta ahora a su patio trasero, privilegio que coloca a América Latina en el centro de las preocupaciones político-militares del Pentágono, la CIA y el Departamento de Estado. Honduras y Haití presagian más agresiones “disuasivas”, más intervenciones “preventivas”... más violencia.

En ese panorama, el ejército uruguayo está siendo uno de los discípulos dilectos del Comando Sur del Pentágono, que premia la alcahuetería otorgándole el cargo de segundo comandante de las tropas invasoras de Haití. No conforme con la buena letra hecha hasta ahora, el nuevo ministro de defensa proclama la necesidad de aumentar la cantidad de soldados uruguayos en la “isla-portaaviones” de las fuerzas armadas yanquis, queda claro que nos estamos sumando a la fila de niñitos buenos del continente, Colombia, Panamá, Honduras, Perú, Méjico y Chile. El gobierno está involucrado en una de las más fariseicas intervenciones armadas de los EEUU, comparable solamente con la invasión imperialista a Paraguay en el siglo XIX, cuando Venancio Flores arrastró al pueblo oriental tras los designios del imperio británico, mancha ética y moral que el Partido Colorado jamás podrá limpiar de su historial, bastante ensangrentado por otra parte.

“Olvido y perdón” a los torturadores y asesinos, palos a los excluídos que duermen en las playas de Punta del Este y asociados al imperialismo en su ofensiva sobre América Latina, el pragmatismo no ofrece límites éticos o morales, tampoco los tienen quienes se afilian a su filosofía, por eso los pragmáticos se tornan capaces de cualquier cosa.

Los sobrevivientes

El rasgo que caracterizó la generación de Ernesto Che Guevara fue el “entregar la vida por la revolución social”, profesión de fe nacida en la lucha social en toda América Latina, determinación subjetiva previa a la opción política por la vía armada. La teoría marxista era la misma para todos, pero la mirada guerrillera la interpretaba a la luz de esa decisión de poner el cuero en la estaca, mirada muy diferente a la de quienes optaron por la lucha electoral y parlamentaria.

Cuando a los sobrevivientes de la derrota nos sacaron de los calabozos en marzo de 1985 y se nos impuso la legalidad tutelada, aquel rasgo “entregar la vida” quedó como suspendido en el aire, fué sustituído por la “intención revolucionaria”, definición muy etérea, casi que inasible, pues no implicaba otro compromiso que repetir algunas fórmulas y consignas. Como consecuencia lógica y natural del cambio en la subjetividad, la mirada de los sobrevivientes fue dejando de ser guerrillera y las cosas se comenzaron a intepretar desde una óptica muy diferente, pues ya no había que poner el cuero en la estaca.

Para dilucidar los misterios de la deriva, la clave está en esa diferencia, una cosa fue el compromiso práctico de los ’60 y otra, totalmente distinta, la vaguedad de un horizonte sin salas de tortura a partir de 1985. La pérdida de Raúl Sendic dejó el barco al garete, sin ancla a la revolución, de inmediato el derrumbe de los muros dió el golpe de gracia y abrió paso a los elementos ideológicos, producto de la derrota, que hasta entonces se mantenían en estado latente, el barco fue arrastrado por corrientes y remolinos poderosos, se negó la posibilidad de hacer la lucha revolucionaria y, como forma de diluir la propia, se hizo responsable de ella a las generaciones venideras, el arte de lo posible se volvió arte de la no transformación, de conformarse con lo que hay. Aceptar la changa de amortiguadores en la lucha de clases... fue apenas un pasito más.

Ha muerto Julio Dewaily, el flaco, timonel que nunca equivocó el rumbo, tupamaro en Nuevo París y Belvedere y donde fuere, los verdugos no pudieron quebrar su entereza, era de la estirpe del Gorila Ramos, el Gallego Más Más y el Gato Sosa, salió del Penal de Libertad tan digno como había entrado. Al aire libre fue creciendo su autoridad moral, supo salir del infierno y ayudar a muchos a salir de él, intransigente en luchar contra la privatización de los casinos muncipales, en plena democracia se jugó la ropa por el MLN(T) a riesgo de su propia libertad, acaudilló la movilización del oeste montevideano contra la privatización del agua, fue de los más firmes luchadores contra la impunidad de los terroristas. Su “intencionalidad revolucionaria” se tradujo en hechos, en práctica, en acumulación de conciencias y voluntades tras las banderas de la emancipación, los cánticos de sirena no pudieron ablandar sus convicciones, se negó a transar con los que transan y murió tan hereje como nació, un tupamaro.

Como propuse en la primer frase de este ensayo, a pesar de lo prolongado del divague, he intentado explicar el insólito hecho de un ex-guerrillero asumiendo como presidente de la república, explicarlo buscando sus raíces en la historia del batllismo, autor intelectual del régimen político moderno del Uruguay, entenderlo como respuesta a las consecuencias de la exclusión social y política de sectores cada vez mayores de asalariados. Por muy porfiado que uno sea, la prédica revolucionaria no encuentra eco en el ejército de empobrecidos por los dueños del Uruguay, las víctimas del sistema capitalista no son receptivas a la voz revolucionaria, cabe reconocer que no es tiempo de insurrecciones, aunque las llamaradas estén alumbrando por toda América Latina.

Tal vez, como dicen muchos, sea cierto que no se puede hacer otra cosa, es lo que hay, valor... bueno, pues que lo hagan Astori y Vázquez!. Que ellos olviden y perdonen a los criminales o se asocien a la intervención de los EEUU, verdaderamente no me duele, son lo que son, sus actitudes políticas son coherentes con sus discursos de toda la vida, no engañan a nadie. Sin embargo, no creo que se haya sobrevivido a la derrota y el verdugueo para esto, no creo que los sobrevivientes deban ser los responsables de sostener el régimen democrático burgués, generando la confianza y el consentimiento sin los cuales no funciona la dominación pacífica. Duele ver a sobrevivientes de la gesta revolucionaria paseando del brazo con quienes no debieran, a los que cargan la mochila de los caídos siendo funcionales sino al sistema que quisimos voltear, si uno fuera creyente les diría, con el Flaco Dewaily...¡qué dios los ayude!.


04 noviembre 2009

Jorge Zabalza: Fundamento de voto





Perdió más de cien mil votantes, lo dejaron en banda muchos de los caudillos blancos del interior, pero no lo conmovió la gran derrota, desde lo alto del balcón habló a la ciudadanía con gesto de dios bajando a la tierra, típico de Mussolini, de Jorge Pacheco Areco, de la megalomanía fascista. Fracasado el impresentable Lacalle, Pedro Bordaberry surge como conductor del viejo-nuevo frente unido de la clase dominante, el pacto clasista y combativo que festejaron sus bases sociales en la Rambla de Pocitos. Los dueños del Uruguay son insaciables, quieren más y más, por eso muestran la firme voluntad de recuperar el control del gobierno, la gerencia de sus grandes negociados que dan vida a los pequeños negocios. No les alcanza con que el Pepe se vista de traje, se peine a la gomina y les rinda pleitesía en ADM y en Buenos Aires. Quieren controlar directamente el aparato del Estado. ¡Alerta! Pachecato en puerta.

El mismo 25 de octubre, lágrimas de cocodrilo por los difuntos plebiscitos, la tristeza de no haber sido en primera vuelta, los tres tigres progresistas tendieron el brazo hacia sus contendores: “no hay diferencias insalvables en los programas”, “no son dos modelos de país lo que está en juego, sino dos formas diferentes de gobernar”. Intercambio de mutuas promesas con ministerios y cargos en entes autónomos, jugando a quién es más democrático y liberal. Se podrán decir “perritos falderos”, “asesinos” o que “en sus filas hay gente de la dictadura”, pero son escaramuzas menores de una campaña electoral entre gentilhombres.

Antaño también me embarcaba fácilmente tras falsas promesas de falsos profetas, pero ahora me cuesta tragarme esas pastillas, a fuerza de reja y palo me he vuelto desconfiado. Además no me gustaría quedar como un tonto, gritando “¡viene el lobo, viene el lobo!” mientras los tres tigres, cual tiernas caperucitas rojas, se arrojan en brazos de los lobos como antes se abrazaron con las culebras. Una vez más intentarán conciliar con la clase dominante al tiempo que con seductoras canciones de cuna, que hoy dicen una cosa y mañana la contraria, intentarán acariciar los ensueños de esos miles de militantes que cada día renuevan su credulidad con alegría y entusiasmo.

La ley de caducidad fue declarada inconstitucional por todas las instituciones constitucionales y repudiada por todos los organismos internacionales de derechos humanos. Cuando militantes independientes y vecinos sueltos ya habían recogido más de 150.000 firmas para anular esa infame ley, un Congreso del Frente Amplio resolvió incorporarse a la recolección. Después que se entregaron en la Corte Electoral las firmas necesarias para plebiscitar la anulación, el “señor presidente” se dignó sugerirnos que debía ser anulada. Ahora sí, los militantes del Frente, en particular del MPP y el PCU, creyeron que se cumpliría lo resuelto por el Congreso y los grandes caudillos se pondrían al hombro la lucha por la verdad y la justicia. Error, grueso error.

Hubiera bastado con que Mujica y Astori convocaran en la televisión a votar la papeleta rosada, para que el plebiscito triunfara, pero no, prefirieron el camino solapado, los metamensajes (perdonar a los criminales que colaboren, no meter en cana viejos militares) que resquebrajan la endeble endeble de los pusilánimes. No tuvieron la honestidad intelectual suficiente para explicar en voz alta sus razones para mantener vigente la ley de caducidad, un silencio escandaloso, desconocieron al congreso sin explicar nada. Los más fieles interpretaron el código subliminal inmediatamente, tampoco dieron la cara sino que optaron por una retorcida maniobra cuyos resultados fueron públicos: votos de todos los sectores frenteamplistas sin la papeleta rosada, un esquinazo ético y moral tremebundo, deslealtad vergonzante y vergonzosa, puñalada trapera.

Rindieron la justicia frente al poder sin el menor escúpulo, una guiñada al partido de la impunidad, un claro mensaje de respeto a los acuerdos subyacentes o sobrevolantes del Club Naval (1984) y a las transas desarmadas entre prisoneros y torturadores del Batallón Florida (1972). No dan garantías, nada indica que el segundo gobierno del Frente Amplio vaya a anular la ley de caducidad, por el contrario, la experiencia con el actual gobierno, induce a creer que, con seguridad, sufriremos más esquinazos infamantes. Tanto está yendo el cántaro al agua que, tal vez, los más politizados recuperen cierta independencia de criterio pasando a ejercer su derecho inalienable de pedir cuentas a los dirigentes.

Pese al sabotaje y el ominoso silencio, un millón ciento cinco mil uruguay@s votaron anular la ley de caducidad. Quedará para siempre la incógnita de cuántos electores habrían votado por mantener su vigencia, eso no se sabrá nunca, pues los motivos para no meter la papeleta rosa pueden ser desinformación o desinterés, pero no necesariamente un apoyo a la impunidad. De todas maneras ha sido un buen resultado teniendo en cuenta lo exiguo de las fuerzas que salieron a la calle para golpear electoralmente la impunidad.

No sé si la cifra de LA REPUBLICA será exacta –Fassano suele mentir y desfigurar- pero, haya habido o no 200.000 personas en la marcha del 20 de octubre, lo cierto es que fue la movilización más grande de toda la campaña electoral, una multitud de todas las edades, desde los liceales a los sobrevivientes de la cárcel y el exilio, la juventud trabajadora y universitaria, los sindicatos, las cooperativas de vivienda, no faltó nadie. Algunos tuvimos la ingenuidad de creer que al otro día, en el acto final del Frente Amplio, Mujica se sentiría obligado a deslizar alguna opinión para dar respuesta a esa multitud vestida de rosa... sigo siendo un nabo de aquellos.

De las decenas de miles que llenaron la Avenida Dieciocho, alrededor de 14.500 votamos solamente las papeletas del SI. Fuimos pocos para que les preocupe a los soberbios, pero fuimos los suficientes para darnos aliento y seguir luchando, porque esa actitud clara expresa ideas muy claras, la opción consciente de hacer saber que se existe, que andamos por ahí, sueltos, desilusionados del sistema y de la partidocracia electoral, fragmentados en pequeñas organizaciones y núcleos, atomizados pero al acecho, prontos a luchar por la transformación revolucionaria de la sociedad.

Unos 300 compañer@s tuvieron la oportunidad de participar en la pintada de la madrugada del 17 de octubre, mucha gente movilizada para estos tiempos y nuestras precarias condiciones. La causa por juicio y castigo al terrorismo de estado es justa, sigue siendo entendida la justicia de esa lucha por esa juventud que desmiente la teoría de que al morir los dos demonios, morirá el terrorrismo de estado y todo será paz y felicidad en un Uruguay Progresista, sin memoria ni verdad. No derrotaron las ideas, la derrota en el plebiscito fue apenas en el campo electoral.

En cambio, los que emprendieron la retirada y se escondieron están siendo derrotados por su ambigüedad política y su conducta desleal, crearon una situación propicia al desengaño y a la división interna. Ahora me vienen a convidar para votar en el ballotage por un gobierno que interprete como Tabaré Vázquez el artículo 4 de la ley de caducidad, un gobierno que cada tanto, luego de ingentes esfuerzos de las organizaciones de DDHH, encarcele un torturador en su cárcel privilegada, mientras 350 terroristas seguirán paseando sus reales por las calles de la impunidad. Me vienen a convidar a tanta mierda. No quiero más interpretaciones presidenciales inconstitucionales, quiero nulidad y nulidad de la ley de caducidad. No hay garantías, no los voto más.

Para convencerme de que si quieren, podrían anular la ley en este mes de campaña por el ballotage, nada se los impide, es apenas un cachito de voluntad política. O al menos que los candidatos se comprometieran públicamente a anularla apenas pase el acto electoral.... no pueden hacerlo, sus compromisos con los impunes se lo impiden. No me dan garantías contra la derecha y no me dan garantías de juicio y castigo, por eso el 29 meteré una papeleta rosada en el sobre. Así de frente lo digo.

Voto rosado por la juventud rebelde y decidida a luchar contra la impunidad del terrorismo de Estado. Para autoconvocarnos a continuar movilizados. Para meter las papeletas que faltaron vergonzosamente en demasiados sobres frenteamplistas.

Por los compañer@s asesinados y desaparecidos, por l@s miles de torturad@s, el 29 de octubre meteré una papeleta rosada en la urna del ballotage.

Jorge Zabalza