El fondo de rescate de la zona euro decidido por los países de la Unión Europea, aunque esencial (...) es sólo un paliativo temporal para los pequeños países afectados, afirmó el Premio Nobel de economía Joseph Stiglitz al diario francés Libération en su edición del miércoles. En tanto en Bruselas el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, admitió que 2011 será un año muy doloroso y complicado para la mayor parte de socios de la Unión Europea (UE), sumidos en una grave crisis económica.Los líderes de la UE acordaron en diciembre poner en marcha a mediados de 2013 ese fondo, que remplazará al mecanismo creado en mayo pasado por un periodo de tres años, de 750.000 millones de euros, para acudir al rescate de los países de la zona euro al borde de la bancarrota (Grecia, Irlanda).
Sin embargo, el peligro subsiste en la zona euro, según Stiglitz. La incertidumbre es la misma que hace seis meses. Se sabía entonces que Irlanda iba a padecer una violenta crisis. Se sabía que eran indispensables reformas para que fuera viable a largo plazo la zona euro, añade.
La situación sigue siendo precaria, pese a que España tuvo la suerte de entrar en la crisis con un excedente presupuestario y un débil porcentaje de deuda con respecto a su producto interior bruto (PIB) y que Italia, muy endeudada, pudo limitar su déficit presupuestario, asegura el economista.
Según él, si Europa se debilita aún más, el cerco se irá cerrando. Y la ansiedad crecerá con respecto a la capacidad de los países atacados para hacer frente a sus deudas. Stiglitz cree que la vía de austeridad elegida por Europa, bajo la presión de los mercados, retrasará la salida de la crisis, debilitará a los elementos más vulnerables de la zona euro.
Entre las soluciones que propone, sugiere una acción concertada de reactivación en Europa, pero también en Estados Unidos, para invertir inyectando dinero en la educación, la salud, la investigación, las infraestructuras.
No obstante, según él, la ideología del libre mercado, que permitió las burbujas financieras, ata de manos a los políticos. Y, advierte de que el euro, si no hay políticas apropiadas e instituciones equilibradas (...), puede desaparecer.
En conferencia de prensa en Bruselas, el ex primer ministro luso comentó que el año que acaba de empezar se presenta lleno de retos, entre ellos la necesidad de llevar a cabo amplias reformas estructurales, además de una indispensable consolidación fiscal en los 27 socios. El 2011 no será un año fácil, de hecho será un año muy desafiante. En algunos casos también será doloroso en términos económicos, comentó.
No estamos luchando sólo por la estabilidad financiera, también estamos construyendo el futuro para una arquitectura más fuerte y duradera para la economía europea. Tenemos que tener esto en mente. Estamos continuando la consolidación fiscal necesaria. Necesitamos reformas estructurales para garantizar la competitividad de Europa y necesitamos también crecimiento, agregó.
Al mismo tiempo, se mostró confiado en la capacidad de Europa para afrontar la situación.
En la UE tenemos los instrumentos para actuar y si es necesario adoptaremos incluso nuevos instrumentos para garantizar la estabilidad financiera de la Eurozona. Ésta fue una decisión muy clara del último Consejo Europeo y estoy totalmente convencido de que hay una fuerte determinación de la eurozona y por supuesto de los gobiernos de España y Portugal, explicó.
EmisiónEn París, la Comisión Europea informó de la primera emisión de bonos de deuda destinada a financiar el fondo de rescate de Irlanda, la cual experimentó una demanda de unos 19.000 millones de euros (25.000 millones de dólares, tres veces superior a la oferta.
La emisión, realizada exclusivamente en euros, totalizó 5.000 millones de euros (6.650 millones de dólares) con un vencimiento de cinco años, y recibió la calificación de AAA por parte de las tres principales agencias de medición de riesgos –Fitch, Moody’s y Standard & Poor’s.
El préstamo ha sido completamente suscrito en cerca de una hora (y) la demanda ha sido tres veces superior a la oferta, explicó en rueda de prensa la portavoz comunitaria, Amelia Torres.
Según la vocera, el hecho muestra el éxito de la emisión y el reconocimiento de los mercados a la buena calificación de la UE, lo que permite creer que futuras emisiones serán cubiertas sin dificultades.
El tipo de interés con plazo fijado a diciembre de 2015 podría fijarse en torno a 2,50 por ciento. Esta tasa sería superior a la que suelen financiarse los Estados mejor considerados de la zona euro, pero mucho más favorable que las condiciones obtenidas por Irlanda, cuyo interés a cinco año llegaba el miércoles a 7,78 por ciento.
Fuente: La Jornada

No fue hace tanto tiempo cuando podíamos decir: “Ahora somos todos keynesianos”. El sector financiero y su ideología de libre mercado habían llevado al mundo al borde de la ruina. Los mercados claramente no se estaban corrigiendo. La desregulación había demostrado ser un fracaso abismal.
Las “innovaciones” desarrolladas por las finanzas modernas no conducían a una mayor eficiencia a largo plazo, a un crecimiento más rápido o a una mayor prosperidad para todos. Más bien, estaban destinadas a eludir las normas contables y a evadir y evitar los impuestos necesarios para financiar las inversiones públicas en infraestructura y tecnología –como Internet- que son la base del crecimiento real, no del crecimiento fantasma promovido por el sector financiero.
El sector financiero pontificó no sólo sobre cómo crear una economía dinámica, sino también sobre qué hacer en caso de una recesión (que, de acuerdo con su ideología, podía ser causada por una falla del gobierno, no de los mercados). Cuando una economía entra en recesión, las ganancias caen y los gastos –digamos, para los beneficios de desempleo- aumentan. Así crecen los déficits.
Los halcones del déficit en el sector financiero dijeron que los gobiernos deberían concentrarse en eliminar los déficits, preferentemente reduciendo los gastos. Los déficits cercenados restablecerían la confianza, lo que a su vez restauraría la inversión –y, por ende, el crecimiento-. Pero, por más factible que pueda sonar esta línea de razonamiento, la evidencia histórica repetidamente la refuta.
Cuando el presidente estadounidense Herbert Hoover intentó esa receta, sólo sirvió para transformar el crac del mercado accionario de 1929 en la Gran Depresión. Cuando el Fondo Monetario Internacional intentó la misma fórmula en el este de Asia en 1997, las crisis se convirtieron en recesiones y las recesiones devinieron depresiones.
El razonamiento que hay detrás de estos episodios se basa en una analogía errónea. Un hogar que debe más dinero del que puede devolver fácilmente tiene que recortar el gasto. Pero cuando un gobierno lo hace, la producción y los ingresos declinan, el desempleo aumenta y la capacidad de devolver el dinero, en realidad, puede disminuir. Lo que es válido para una familia no es válido para un país.
Los defensores más sofisticados advierten que el gasto gubernamental hará subir las tasas de interés, “desplazando” así a la inversión privada. Cuando la economía está en un nivel de empleo pleno, esta es una preocupación legítima. Pero no ahora: en vista de las tasas de interés a largo plazo extraordinariamente bajas, ningún economista serio plantea la cuestión del “desplazamiento” hoy en día.
En Europa, especialmente Alemania, y en algunos lugares de Estados Unidos, mientras los déficits y la deuda gubernamentales aumentan, también lo hacen los llamados a una mayor austeridad. Si se les presta atención, como parece ser el caso en muchos países, los resultados serán desastrosos, especialmente teniendo en cuenta la fragilidad de la recuperación. El crecimiento se desacelerará, mientras que Europa y/o Estados Unidos posiblemente hasta caigan nuevamente en una recesión.
El gasto en estímulo, el cuco preferido de los halcones del déficit, no fue la causa de gran parte del incremento de los déficits y la deuda, que son el resultado de “estabilizadores automáticos” –los recortes impositivos y los aumentos del gasto que automáticamente acompañan las fluctuaciones económicas-. De modo que, a medida que la austeridad vaya socavando el crecimiento, la reducción de la deuda será, en el mejor de los casos, marginal.
La economía keynesiana funcionó: si no hubiera sido por las medidas de estímulo y los estabilizadores automáticos, la recesión habría sido mucho más profunda y más prolongada, y el desempleo, mucho más alto. Esto no significa que deberíamos ignorar el nivel de deuda. Pero lo que importa es la deuda a largo plazo.
Existe una receta keynesiana simple. Primero, desviar el gasto de los usos improductivos –como las guerras en Afganistán e Irak, o los rescates bancarios incondicionales que no reaniman el préstamo- hacia inversiones de alto rendimiento. Segundo, fomentar el gasto y promover la equidad y la eficiencia aumentando los impuestos a las corporaciones que no reinvierten, por ejemplo, y bajándoselos a las que sí lo hacen, o subiendo los impuestos a las ganancias de capital especulativas (digamos, en bienes raíces) o a la energía contaminante con un alto consumo de carbono, al mismo tiempo que se recortan los impuestos de los contribuyentes de menores ingresos.
Existen otras medidas que podrían ayudar. Por ejemplo, los gobiernos deberían ayudar a los bancos que prestan a pequeñas y medianas empresas, que son la principal fuente de creación de empleo –o establecer nuevas instituciones financieras que lo hicieran- en lugar de respaldar a los grandes bancos que generan su dinero a partir de derivados y prácticas abusivas con tarjetas de crédito.
Los mercados financieros se han esforzado en crear un sistema que ponga en práctica sus puntos de vista: con mercados de capital libres y abiertos, un país pequeño puede verse inundado de fondos en un momento, sólo para pagar altas tasas de interés –o no recibir más fondos en absoluto- poco tiempo después. En estas circunstancias, los países pequeños aparentemente no tienen alternativa: el dictado de los mercados financieros en materia de austeridad, si no quieren ser castigados con un retiro del financiamiento.
Pero los mercados financieros son un capataz severo y caprichoso. Al día siguiente que España anunció su paquete de austeridad, se les bajó la calificación a sus bonos. El problema no fue una falta de confianza en que el gobierno español cumpliera sus promesas, sino demasiada confianza en que sí lo haría, y que esto redujera el crecimiento y aumentara el desempleo de su nivel ya intolerable de 20%. En resumen, tras haber empujado al mundo en su actual descalabro financiero, los mercados financieros ahora les dicen a países como Grecia y España: malditos sean si no recortan el gasto, pero malditos sean si lo hacen también.
Las finanzas son un medio hacia un fin, no un fin en sí mismo. Se supone que son funcionales a los intereses del resto de la sociedad, no al revés. Domesticar los mercados financieros no será fácil, pero es algo que se puede y se debe hacer, mediante una combinación de impuestos y regulación –y, si fuera necesario, de intervención del gobierno para zanjar algunas de las brechas (como ya lo hace en el caso del préstamo a las pequeñas y medianas empresas)-.
No sorprende que los mercados financieros no quieran que los domestiquen. A ellos les gustan las cosas como han venido funcionando, ¿y por qué no debería ser así? En países con democracias corruptas e imperfectas, tienen los medios para resistir el cambio. Afortunadamente, los ciudadanos en Europa y Estados Unidos han perdido la paciencia. El proceso de atemperar y domesticar a los mercados financieros ya ha comenzado. Pero todavía queda mucho por hacer.
Joseph E. Stiglitz** Stiglitz es Premio Nobel de Economía y profesor de la Universidad de Columbia
Fuente: Project Syndicate
El economista estadounidense y Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, propuso crear una divisa internacional que sustituya al dólar como moneda de reserva mundial para de esta forma garantizar la estabilidad financiera.El especialista indicó que es necesario un nuevo sistema de reserva global, pues solamente las ayudas gubernamentales evitaron el desplome del andamiaje financiero internacional a causa de las inversiones de alto riesgo.
Stiglitz alertó además que la inyección de liquidez en los mercados de Estados Unidos y Europa puede provocar una burbuja especulativa, debido a las pocas oportunidades de inversión.
La misma idea de una moneda que reemplace al dólar es defendida por los líderes de China y Rusia, Hu Jintao y Dmitri Medvédev, quienes desconfían de la estabilidad del billete norteamericano.
El reconocido economista enfatizó que la actual crisis financiera internacional fue provocada por el capitalismo neoliberal impulsado desde Washington y por la desregulación de los mercados.
Stiglitz también instó a los gobiernos a llevar a cabo más acciones colectivas para combatir la crisis y acusó a los países del G20 de actuar con lentitud ante problemas fundamentales, como la caída de la demanda.
La crisis financiera internacional, que comenzó en 2007 con el desplome del mercado hipotecario en Estados Unidos, causó pérdidas millonarias en las bolsas de todo el mundo y ha llevado a la recesión a casi la totalidad de los países en América, Europa y Asia.
Fuente: ABN

El Premio Nobel de Economía estadounidense Joseph Stiglitz afirmó en Estoril que la economía mundial vivirá una recesión larga para pasar a otra depresión muy profunda.
Participante junto a otros especialistas en un congreso sobre los desafíos de la globalización, que tiene lugar hasta mañana en Estoril, Stiglitz advirtió que el mundo vivirá una caida libre de las economías.
En su intervención destacó que la doctrina de la derecha sobre la economía de mercado falló y auguró que no será fácil experimentar una recuperación basada en las exportaciones.
Sentenció que quienes provocaron la actual crisis ahora intentan resolverla con la misma ideología de falta de control, al tiempo que criticó al sector financiero estadounidense, a los mercados y gobiernos que permitieron la desregulación de la economía.
Stiglitz advirtió que para salir de la crisis deben adoptarse más iniciativas de apoyo al mercado hipotecario y la transformación de las deudas de los bancos en capital, para evitar inyectar dinero de los contribuyentes.
Fuente: PL
El Nobel de Economía, Stiglitz consideró que la estrategia de la Casa Blanca no funcionará mientras la economía siga débil, al tiempo que calificó de 'robo' a los estadounidenses el plan anticrisis propuesto el lunes por Geithner.El premio Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, calificó como un 'robo' para los contribuyentes el plan del gobierno estadounidense para sanear los activos tóxicos de los bancos, pues los expone demasiado al riesgo.
"El plan Geithner es muy defectuoso", sostuvo. "Francamente, esto es equivalente a un robo al pueblo estadounidense".
En declaraciones a la prensa, el catedrático agregó que "no creo que (este plan) funcione porque habrá mucho enfado de que se pongan tantas pérdidas sobre los hombros de los habitantes".
Según Stiglitz, uno de los más escuchados en el orbe por sus criterios sobre la actual crisis financiera global, la estrategia de la Casa Blanca difícilmente funcione mientras la economía siga débil.
Además de ser un desfalco, como refirió el Nobel, dos problemas rodean este plan, porque aún si limpiara las masivas deudas de los bancos, las crecientes preocupaciones por el panorama económico harán que las entidades monetarias todavía no tengan disposición a conceder nuevos préstamos.
El economista consideró que, mientras tanto, la perspectiva de una mayor carga impositiva para financiar planes de estímulo del Gobierno debilitará más a los consumidores.
Por otro lado, algunos legisladores republicanos también han expresado sus preocupaciones acerca de los incentivos ofrecidos por el Gobierno, que pueden terminar otorgando a los inversores privados más del 90 por ciento de los fondos para comprar los activos problemáticos.
La Oficina Oval confirmó este lunes un programa de entre 500 mil y un billón de dólares (un millón de millones), apoyado por capitales privados y federales, con el fin de remover los llamados activos bancarios tóxicos relacionados sobre todo con hipotecas.
Con un generoso financiamiento de entre 75 mil y 100 mil millones de USD que serán descontados del Plan de Rescate de 700 mil millones USD aprobado por el ex presidente Bush, esta iniciativa pretende liberar al sistema financiero de estos activos, que no son otra cosa que inversiones fallidas con garantías reales que respaldan total o parcialmente el mencionado activo.
Fuente: TeleSur