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03 junio 2011

El Ejército: Carta de Juan Ángel Urruzola a Búsqueda

Sr. secretario de edición de Semanario Búsqueda

Sr Director,

Qué sorpresa tuve con la carta publicada en vuestra edición del miércoles 25.5.2011, firmada por el coronel Walter Forischi.

Una carta que pretende historiar la vida del ejército uruguayo pero saltándose a la torera -al decir de mi madre- una parte de la historia en la que fué protagonista esencial: en 1972 el coronel que escribe ejercía en el 6º de Caballería y fue quien me detuvo el 21 de junio, en el inicio de un crudo invierno. Tuve allí tres meses de capucha, torturas, plantones, electricidad, simulacros de fusilamiento, submarino (forma eufemística de nombrar la forma en que se mete de cabeza a un detenido encapuchado en un bidón de doscientos litros de agua con vómitos, orina, y el etcétera imaginable). En realidad el submarino lo hacían tanto en piletones para los caballos o en estanques, o en lo que fuera, y si cortaban el agua al cuartel, también una bolsa de nylon bastaba, sólo que en ese caso le llamaban ˝submarino seco˝.

Esta síntesis de los métodos de interrogatorio que este oficial y sus compañeros practicaban en el 6º de caballería podría ampliarse con, por ejemplo, lo que hacían cada vez que algo le sucedía a un militar en el país: se torturaba a todos los detenidos, y no para saber algo, sino ˝pa que aprendan˝.

Durante ese período estuve más de un mes desaparecido para mi familia y cuando finalmente decidieron incluirme en una lista de detenidos y mis padres pudieron enviarme ropa, a cambio recibieron mi muda, con un mes y pico de uso, ensangrentada por los castigos recibidos. Se imaginarán el impacto. Yo tenía 19 años. Eso llevó a mi padre a informar a Zelmar Michelini de la situación, y Zelmar denunció las torturas que yo sufría en el parlamento.

Esa misma noche o a la siguiente, los valientes torturadores del 6º de Caballería, en una de sus sesiones me gritaron :

˝¿Asi que sos amigo de Zelmar?... ese anda hablando de que nosotros te torturamos˝ y dale golpe o patada o lo que fuese. Para la triste historia de este país y aunque pasaron unos cuantos años, hay algo que me quedó grabado para siempre : ˝a tu amigo, decile que es boleta, tarde o temprano se la vamos a dar˝....

Esto sucedió a finales de julio o agosto de 1972..... sí bastante antes del golpe de Estado del año 1973.

¿Será que no se acuerda de nada el actual coronel Walter Forischi ? ¿No se acuerda de sus amigos y colegas torturadores del 6º de caballería ? ¿No se acuerda del capitan Alexis Grajales, del teniente Orlando, de Rodríguez, de Arocena, del teniente Flores, del cabo Ruiz, de Vázquez (quien sigue en el 6º de caballería actualmente, pero preso, ya que el 6º de caballería es hoy la cárcel para militares de Domingo Arena)? ¿No se acuerda del Teniente coronel Goldaracena, jefe de la unidad, que paseaba por las noches con sus perros por las barracas donde nosotros estabamos tirados, encapuchados, mojados, sucios, y él, calmo como propietario de una gran estancia recorriendo sus dominios, pasaba con sus botas brillantes, lo único que yo lograba ver bajo el borde de la capucha....

Ese jefe de cuartel decidió desconocer un fallo cuando la justicia le ordenó liberar a cuatro médicos que eran torturados en esa unidad.

En el 6º de caballería dejaron a algunos detenidos prácticamente como vegetales, violaron compañeras, a mí me torturaron delante de mi compañera, me hicieron firmar la libertad para luego llevarme a los bañados de Carrasco y ˝ejecutarme˝… me pusieron una pistola sobre la cabeza y dispararon. Después de eso el teniente Flores me dijo que él no me iba a interrogar más, que se había convencido de que yo sabía nada, pero al regresar al 6º el alférez Tobi Alvarez me dió una paliza, estando yo atado y encapuchado, para sacarse la bronca...dijo.

¿Porqué será que cuando hablan del Ejército Nacional lo ponen así con mayúscula y negrita, pero se olvidan de ciertos actos de servicio ?

En el 6° desaparecieron a Luis Eduardo González, ¿donde está? ¿Forischi no recuerda donde lo enterraron ?

A propósito de Dalmao: hay quien ha dicho que era un alférez, que no tocaba pito, pero en el 6º varios alférez torturaron, como el alférez ˝Tobi˝ Alvarez, sobrino del Goyo, otro de los que se ensañaban (hace un par de años apareció en un informativo con cara de « yo no fuí », diciendo que no tenía nada que ver con nada....) pero había muchos… Hubo hasta un oficial de reserva que trabajaba en lo civil durante la semana y el fin de semana calzaba las botas y la camperita verde y se venía al 6º a torturar. No me lo contaron...lo contaba él.

Podría mencionar otros ilustres cuarteles de colegas de Forischi, como los del 9º de caballería, donde me ingresaron un período, en los calabozos donde estaban los detenidos recientes. Allí estaban los compañeros del PCR totalmente destruidos por las salvajes torturas vividas en el interior del país (en la Base Santa Bernardina), allí en el calabozo vecino al mío escuché las violaciones a jóvenes que eran detenidas, e incluso una noche salieron ˝a levantar un puta para violarla˝, como me lo comentaron los soldados al dia siguiente....

Yo estuve solamente un año detenido y después de una última sesión de torturas en Inteligencia de la calle Maldonado por miembros del ejército, salí directo del calabozo a un avión que me llevó a España. Un año después nos encontramos con Zelmar en el Tribunal Russell II, y junto a otros compañeros relatamos las ˝prácticas profesionales˝ de nuestros militares. Zelmar desnudó el mecanismo utilizado para montar un sistema de dominación y sometimiento como el que las fuerzas armadas uruguayas comenzaban a instrumentar, y mostró cómo la tortura y el terror eran piedras angulares del mismo.

De eso hablaba Zelmar en 1974 en el Tribunal Russell cuando decía :

“Nuestra obligación en este Tribunal Russell que tanto prestigio tiene a nivel internacional [...] es bregar para encontrar –y aquí es necesario la inteligencia y la imaginación‐ el método y la posibilidad de [...] decirles a los militares uruguayos, brasileros o chilenos, a los hombres que sintiéndose fuertes violan los acuerdos internacionales y el derecho, castigan, torturan, maltratan y matan, que hay posibilidad de una condena con efectiva sanción de tal manera –concluía Michelini‐ que la ley y el derecho internacional no sean letra muerta y que el hombre puede sentirse defendido [...].”

Cuando una sociedad se construye basándose en la impunidad, un torturador bien puede terminar escribiendo sobre Historia en Búsqueda, como lo hizo el coronel Forischi : el festejo del Bicentenario, escribió, ˝debió ser diferente, debió ser una oportunidad de exaltación patriótica pura y exclusivamente del Ejército Nacional, donde los medios de prensa priorizaran con orgullo la efemérides, estimulando en la población el verdadero sentimiento que debe aflorar en los buenos Orientales : el respeto y la ponderación del Ejército Nacional en su Bicentenario˝

Si no fuera para llorar, daría para reírse.

Juan Angel Urruzola

CI 1.326.330-6


Nota de Edición: Las fotografías que acompañan esta nota pertenecen a Juan Ángel Urruzola




18 julio 2010

Russell coloquios


Alberto Filippi, testigo del Tribunal Russell,
durante el coloquio en el Teatro Solís.
Foto: Javier Calvelo


El Solís sirvió de escenario para reconstruir la denuncia de Michelini en 1974.

“La tortura comienza siendo para el gobierno del señor Juan Bordaberry, dictador actual, y para los militares como un arma de lucha destinada a obtener información. [...]. Todo el aparato militar está destinado, por consiguiente, a perfeccionar los medios que sometan al hombre a un sometimiento siempre creciente, de tal modo que reducido a la impotencia, quebrado física y espiritualmente, termina por decir lo que no quería decir [...]. El ejercicio de la tortura es una actividad planificada, una conducta consciente, originada en los altos mandos, consentida, cuando no inspirada, por el propio señor Bordaberry”.

El párrafo forma parte de la denuncia que Zelmar Michelini realizó ante el Tribunal Russell II, celebrado en Roma el 10 de marzo de 1974. La fundación que lleva su nombre convocó ayer un coloquio para “recordar y profundizar” en el contenido de aquella instancia histórica, en la que Michelini viajó a Roma desde Buenos Aires a documentar la situación que entonces se vivía en nuestro país. El filósofo británico Bertrand Russell, en conjunto con Jean-Paul Sartre, llamó a fines de los años sesenta a un Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra para dar cuenta de lo que ocurría en la guerra de Vietnam.

La segunda edición del Tribunal Russell fue convocada por el profesor italiano Lelio Basso para investigar las violaciones de derechos humanos que se cometían en el Cono Sur en el marco de las dictaduras cívico-militares. Ayer, durante la ceremonia realizada en la sala de conferencias del Teatro Solís, estuvo uno de los testigos de aquella exposición de Michelini, el también profesor italiano Alberto Filippi. Su oratoria fue breve y la dedicó a ofrecer datos históricos sobre el origen del tribunal por entender que el audiovisual que reprodujo el discurso de Michelini era suficiente para ubicarse en tal contexto. “Este documento tendría que ser parte en todos los liceos del país”, apuntó Belela Herrera, moderadora del coloquio.

A diferencia de otras actividades enmarcadas en la construcción de la memoria, ayer se hicieron presentes representantes de otras colectividades políticas, además de las del gobierno. “No se me hubiera ocurrido no venir. Además soy socio de la fundación”, dijo a la diaria Juan Raúl Ferreira. También estuvo el ex ministro del Interior Guillermo Stirling. “Con Zelmar fuimos muy amigos. Y en especial yo fui su votante cuando estuvo en el Partido Colorado”, señaló a la diaria.

Gerardo Caetano identificó como una de las “coincidencias biográficas” entre Michelini y Russell la “defensa de la libertad”. Ambos tenían, según el historiador, una “visión tan radical de la libertad, que al uno y al otro es muy difícil imaginarlos frente a una imposición dictatorial”. Y evocó a su colega José Pedro Barrán para cerrar la idea: “En esta misma sala señalaba que las libertades son las pesadillas de la dictadura. Ellos son justamente las pesadillas de las dictaduras”.

Y concluyó: “Hay pocas causas que pueden llevar a un radicalismo inclaudicable. Una de ellas es ésta. No hay ningún valor que pueda ser intercambiable a la verdad y a la justicia. Mucho menos el de la paz. Porque la paz no puede ser otra cosa que la expresión radical y la vigencia de la verdad y justicia. Y esa lucha de construir una cultura de los derechos humanos como sustento de una visión humanista tiene que ser radical y tiene que servir para condenar cualquier violación a los derechos humanos, venga de donde venga. Porque debe ser un compromiso radical. Ése es, entre otras cosas, el legado de Zelmar Michelini”.

Lourdes Rodríguez

Fuente: La Diaria