13 agosto 2010

Uruguay: A 42 años del primer mártir estudiantil




MARCHA

Sábado 14 de agosto - 12 hs.

desde la UdelaR al Palacio Legislativo


El 14 de agosto de 1968 ­hará mañana 42 años del luctuoso episodio­, luego de una intervención quirúrgica en la que los médicos del Hospital de Clínicas intentaron por todos los medios salvarle la vida, el joven estudiante Líber Arce fallecía como consecuencia de una herida de bala producida por un agente policial.

El hecho había tenido lugar en los alrededores de la Facultad de Veterinaria, en la calle que hoy lleva su nombre, cuando se desarrollaba una movilización contra el autoritarismo que empezaba a imponerse en el país.

El policía homicida fue individualizado y resultó procesado por el juez de Instrucción de turno. Pero el crimen no fue obra de ese funcionario sino que debe ser visto y analizado en el marco de la creciente represión policial con la que el gobierno de Pacheco Areco pretendía contener el descontento social que sus medidas económicas generaban en los sectores populares.

El movimiento sindical, fortalecido en sus luchas y unificado desde 1965 en la Convención Nacional de Trabajadores (CNT), enfrentaba con valentía los desbordes autoritarios del gobierno; otro tanto puede decirse del movimiento estudiantil, cuyas luchas se habían originado en el reclamo de un boleto de transporte más accesible para los estudiantes.

Ante los reclamos, la soberbia gubernamental había respondido incrementando la represión. En junio había recurrido por primera vez al instituto de las Medidas Prontas de Seguridad, al amparo de las cuales procedió a la militarización de los trabajadores bancarios, impuso una rígida censura a la prensa, clausuró varios medios, encarceló dirigentes, persiguió a opositores, intervino la enseñanza pública, cerró temporalmente centros de estudio y un largo etcétera de ataques a la convivencia democrática, a las libertades públicas y a las garantías individuales.

En ese clima enrarecido, la movilización popular también fue profundizándose. Con los locales de estudio clausurados por el gobierno, proliferaron los "liceos populares", donde muchos docentes dictaban sus cursos de manera informal en sedes gremiales, religiosas o sociales. Del mismo modo, haciendo gala de gran creatividad, se puso en práctica la modalidad de clases callejeras: un grupo de estudiantes se reunía en una determinada esquina de la ciudad y allí, públicamente, un docente explicaba el teorema de Tales, el Renacimiento o las características geológicas del país; por supuesto que tales cursos impartidos en espacios públicos se convertían en formas de movilización y, sobre todo, en una formidable herramienta propagandística pues eran una manera de acercar los problemas y las razones de su lucha a una población desinformada.

Téngase presente que el régimen de excepción de las Medidas de Seguridad (que con el tiempo se convertiría en permanente) no se decretó para combatir a la guerrilla tupamara. El verdadero objeto de ese paréntesis cesarista ­previsto en le Constitución y del que Pacheco abusó al punto de llevarlo a categoría de lex máxima­ era disponer de un arma para combatir la respuesta popular y sindical al giro a la derecha que estaba dando el gobierno.

En medio de la efervescencia militante de aquellos tiempos, la muerte de Líber Arce fue un sacudón que impactó fuertemente en la sociedad y marcó un antes y un después. A partir de ese crimen el gobierno quedó aislado y redobló la apuesta represiva.

Aquel mismo año de 1968 vería la muerte, en similares circunstancias, de otros dos jóvenes estudiantes, Hugo de los Santos y Susana Pintos, abatidos por balas policiales.

Comenzaba así la espiral de violencia que desembocaría en el golpe de Estado del 73 y en los años de plomo subsiguientes.

Fuente: La República


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